FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y
MEDIA, CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU
INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
1
FORESTATION AND DEFORESTATION IN ANCIENT AND MIDDLE AGES,
PARTICULARLY FOCUS ON ROMAN LAW AND ITS INFLUENCE.
FIRST PART
Por Mónica Villagra y Lucas Di Pasquantonio
()
Resumen: En el marco del proyecto “Límites al dominio, sus orígenes en el derecho romano, su proyección en
el Código Civil y Comercial de la Nación y su incidencia en la legislación de cuidado del ambiente y en la
encíclica papal ‘Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común”, nos proponemos indagar cómo fue concebida
la temática ambiental respecto a árboles y bosques, deforestación y reforestación, enfocándonos principalmente
en la limitación al derecho de dominio y la punición de la tala ilícita desde la Edad Antigua -especialmente, la
romana- hasta postrimerías del Medioevo y preludios de la Era Moderna.
Por razones de extensión, hemos dividido su publicación en dos partes. En esta primera, previo aclaraciones
conceptuales, etimológicas y filológicas, se analiza a los árboles y bosques como objeto de protección sagrado;
como objeto científico a partir de Teofrasto, teniendo en cuenta, especialmente, el proceso de expansión
agrícola; y la cuestión de la deforestación en la antigüedad, con puntual atención al recurso de la tala como
instrumento bélico romano. En la segunda, se abordará otra perspectiva, esto es, árboles y bosques como objeto
de regulación jurídica.
Palabras clave: Árboles Bosques Límites al Dominio Tala Ilícita Deforestación Reforestación
Derecho Romano Antigüedad Clásica Edad Media.
Abstract: Within the framework of the project Limits to ownership, its origins in Roman law, its projection
in Civil and Commercial Code of the Nation and its impact on the environmental care legislation and in the
papal encyclical 'Laudato si' on care of common house ”, we set out to investigate how the environmental issue
for trees and forests, deforestation and reforestation, was conceived, focusing mainly on limitation of the right
of ownership and the punishment of illegal logging since Ancient Age - especially the Roman even late Middle
Ages and preludes of the Modern Era.
For reasons of extension, we have divided its publication into two parts. In this first, prior conceptual,
etymological and philological clarifications, trees and forests are analyzed as objects of sacred protection; as a
scientific object from Theophrastus, taking into account, in particular, the agricultural expansion process; and
the question of deforestation in antiquity, with specific attention to the use of logging as a Roman war
instrument. In the second, another perspective will be addressed, that is, trees and forests as a subject of legal
1
Artículo recibido el 15 de Diciembre de 2019 y aprobado para su publicación el 4 de Febrero de 2020.
()
Mónica Villagra. Docente de ‘Derecho Romano’ y doctoranda de la Facultad de Derecho, UNC; estudiante
avanzada del ‘Profesorado’ y de la ‘Licenciatura de Letras Clásicas’ de la FFyH, UNC; miembro del “Instituto
de Derecho Romano Dr. Agustín Díaz Bialet” y de su grupo de investigación en la Facultad de Derecho, UCC;
miembro de ADRA, AIDROM y ‘Centro Michels de Estudios Clásicos’; autora de ponencias y publicaciones
sobre ‘Antigüedad Clásica’ y ‘Derecho Romano’; Abogada en ejercicio. Mail: villagra.monica@gmail.com.
Lucas Di Pasquantonio. Docente Titular de ‘Instituciones de Derecho Romano’ y docente Adjunto de ‘Derecho
Romano’ en la Facultad de Derecho y Cs. Sociales UCC; Docente de ‘Derecho Romano’ de la Facultad de
Derecho, UNC; miembro del “Instituto de Derecho Romano Dr. Agustín Díaz Bialet” y de su grupo de
investigación en la Facultad de Derecho, UCC; miembro de ADRA y AIDROM; autor de ponencias y
publicaciones sobre Derecho Romano; Abogado en ejercicio. Mail: lucasdipas@gmail.com
regulation.
Keywords: Trees Forests Limits to right of ownership Illicit Logging Deforestation Reforestation
Roman Right Classical Antiquity Middle Ages.
Artículo publicado bajo Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin
Derivar. © Universidad Católica de Córdoba
https://doi.org/10.22529/rdr.2020(2)03
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CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
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Revista de Derecho Romano Número II 2020
I. INTRODUCCIÓN
El Informe bianual de la Food and Agriculture Organization, FAO, en ‘El Estado de
los bosques del mundo 2018 - Las vías forestales hacia el desarrollo sostenible’’ pondera las
contribuciones que brindan los árboles y bosques a todos los habitantes del planeta al
fortalecer los medios de vida, suministrar aire y agua limpios, conservar la biodiversidad y
responder al cambio climático”, además de servir de fuente de alimento, medicina,
productos y servicios que contribuyen al desarrollo económico.
2
Debemos tener presente que el 40 % del oxígeno del Mundo es producido por bosques
húmedos
3
y que los bosques tropicales tienen un rol esencial para el equilibrio climático
porque contribuyen al reciclaje de dióxido de carbono y a la reducción del calentamiento
global que sufre la atmósfera del planeta”.
4
La superficie forestal total mundial (de la cual la Federación de Rusia, Brasil,
Canadá, EEUU y China, abarcan la mitad) es de unos 4000 millones de hectáreas que
representa un 30 % de la superficie terrestre
5
y constituyen el hábitat de 1600 millones de
personas, incluidos pueblos rurales e indígenas que dependen de aquéllos para su
supervivencia. Además, señala la ONU, “desde un punto de vista biológico, los bosques son
los ecosistemas terrestres más diversos, donde se albergan más del 80% de las especies
animales y vegetales”.
2
FAO. El Estado de los bosques del mundo 2018 - Las vías forestales hacia el desarrollo sostenible.
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Roma, 2018, P. x. Más
específicamente, como beneficios directos encontramos: liberación de oxígeno, fijación del CO2, depuración
del aire, reducción de efectos erosivos del agua y del viento, regulación de niveles hídricos, participación
decisiva en el ciclo hidrológico, retención de agua pluvial, regulación de cauces de los ríos, regulación del
clima, reducción de impactos acústicos, depuración de las aguas y suelos contaminados, sostenimiento de la
biodiversidad, entre otros muchos. DRNAS DE CLÉMENT, Zlata. Cuadernos de Derecho Ambiental III
Bosques. Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, Córdoba, 2011, p.
10.
3
DRNAS DE CLÉMENT, Zlata. “Protección internacional de los bosques” en Cuadernos de Derecho
Ambiental III Bosques. Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba,
Córdoba, 2011, p. 13.
4
ROSENBERG, Gloria “Convención internacional de maderas tropicales” en Cuadernos de Derecho
Ambiental III Bosques. Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba,
Córdoba, 2011, p. 63.
5
ROSENBERG, id., p. 69.
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Dicho organismo nos advierte que, lamentablemente, la desforestación continúa a
un ritmo de 13 millones de hectáreas al año y es responsable de entre un 12 y un 20% de las
emisiones de gases que producen el efecto invernadero y contribuyen al calentamiento
global”. Es por ello que, para lograr su concientización, se estableció el 21 de marzo como
‘Día Internacional de los Bosques’.
6
En el Informe FAO 2012
7
sobre la base de un exhaustivo análisis de la interrelación
con los bosques realizado por Williams, se había estimado que “a lo largo de 5.000 años la
desaparición total de terreno forestal en todo el mundo ha ascendido a 1.800 millones de
hectáreas, lo cual supone un promedio neto de pérdida de 360 000 hectáreas al año”,
aclarándose que el fenómeno de la deforestación “no constituye un fenómeno reciente, sino
que se remontan al principio mismo de la ocupación de la Tierra por humanos y conforman
uno de los procesos fundamentales de la historia de nuestra transformación de su
superficie”. El desafío actual es lograr el ‘manejo forestal sostenible’ y aprovechar productos
y servicios eco-sistémicos hacia una economía mundial más verde
8
pero, para eso, es
imprescindible conocer nuestro pasado histórico para entender el papel de los bosques y las
actividades forestales que nos han precedido, las causas y efectos de la deforestación,
desertización y el cambio climático.
Siguiendo una metodología filológico-exegética y sobre los dos ejes, sincrónico y
diacrónico, nos proponemos indagar cómo fue concebida la temática ambiental respecto a
árboles y bosques, prestando atención al proceso de la deforestación, y cuáles fueron las
soluciones propuestas para reforestación o replantío. Para ello, nos enfocaremos
principalmente en la limitación al derecho de dominio y la punición de la tala ilícita desde la
edad antigua hasta postrimerías del medioevo y preludios de la era moderna, con especial
hincapié en su evolución desde Roma -y su derecho- hacia la posteridad.
En razón de la extensión de nuestro trabajo, que fue producto de la investigación
6
http://www.un.org/es/events/forestsday/background.shtml; resolución A/RES/67/200 del 21 de diciembre de
2012.Consulta: 10-10-19.
7
FAO. El Estado de los bosques del mundo 2012 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación
y la Agricultura, Roma, 2012, p. 8.
8
FAO. El Estado de los bosques del mundo 2012 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación
y la Agricultura, Roma, 2012, p. vi.
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realizada en el marco del proyecto Límites al dominio, sus orígenes en el derecho romano,
su proyección en el Código Civil y Comercial de la Nación y su incidencia en la legislación
de cuidado del ambiente y en la encíclica papal ‘Laudato si’ sobre el cuidado de la casa
común” (2016), hemos considerado apropiada su edición en dos partes:
Una primera, en la cual, previo aclaraciones conceptuales, etimológicas y filológicas,
se analiza a los árboles y bosques como objeto de protección sagrado; como objeto científico
a partir de Teofrasto, padre de la botánica y los posteriores tratadistas de agricultura romana,
desde Catón a Paladio teniendo en cuenta, especialmente, el proceso de expansión agrícola;
y la cuestión de la deforestación en la antigüedad -con puntual atención al recurso de la tala
como instrumento bélico romano.
Una segunda, en la cual se toma al árbol y a los bosques como objeto de regulación
jurídica: desde la antigüedad prerromana hasta el derecho romano arcaico o quiritario,
clásico y posclásico o justinianeo- enfocado en las limitaciones y restricciones por razones
de vecindad, la protección interdictal y judicial contra la tala ilícita, tanto en el ámbito civil
como delictual. Luego, se aborda su regulación durante la Edad Media y albores de la
Moderna con el nacimiento de una conciencia ecológica que involucra las necesidades de
generaciones venideras para, finalmente, esbozar nuestras propias conclusiones sobre el
proceso y demostrar su utilidad para comprender nuestro acuciante presente que ya no admite
dilaciones.
II. PRIMERA PARTE
La concepción del árbol y los bosques
En lo que atañe al reino vegetal, la Real Academia Española
9
, define al ‘árbol’ como
Planta perenne, de tronco leñoso y elevado, que se ramifica a cierta altura del suelo”, en
tanto que sólo es considerado ‘arbusto’ cuando se trata de “planta leñosa, de menos de cinco
metros de altura, sin un tronco preponderante, porque se ramifica a partir de la base”. A
su vez, se delimita a planta’ como ser vivo autótrofo y fotosintético, cuyas células poseen
9
https://dle.rae.es . Consulta: 10-10-19
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pared compuesta principalmente de celulosa y carecen de capacidad locomotora”, como así
también, Árbol u hortaliza que, sembrada y nacida en alguna parte, está dispuesta para
trasplantarse en otra”.
En cuanto al bosque’, es precisado como un sitio poblado de árboles y matas”,
definiéndose a ‘mata’ como “1- planta que vive varios años y tiene tallo bajo, ramificado y
leñoso; 2- Planta de poca alzada o tamaño; 3- Ramita o pie de una hierba, como de la
hierbabuena o la albahaca; y 4- Porción de terreno poblado de árboles de una misma
especie”.
Etimología, alcance y derivados: enfoque filológico
Salvo ‘bosque’, cuya etimología resulta aún incierta, todos son términos derivados
del latín clásico: árbol’, de arbos -ŏsis , luego: arbor -ŏris; ‘arbusto’, de arbustum-i;
planta’; de planta-ae; o bien del latín vulgar tardío, caso de ‘mata’, derivado de ‘matta’,
quizás derivado de mantum (>manto), que significaba ‘estera’, como un manto que recubre,
cual tejido, el terreno boscoso.
10
Lo curioso es que nuestra lengua española concede a las palabras árbol, arbusto’
y ‘bosque’ el género masculino, en tanto que mantiene para ‘silva’ y ‘planta’ el femenino tal
como fuere recibido de la lengua latina clásica, al igual que lo mantiene para el vulgar ‘mata’.
Refieren al efecto Ernout y Meillet en su Dictionnaire Etymologique de la Langue Latine’
que el género originario femenino se explica porque el árbol era considerado como un “être
animé, est ‘la productrice’ des fruits.”, pero que, ya en bajo latín, aparece como masculino.
11
Arbor se refiere a todo tipo de árboles, sean grandes o pequeños, den o no frutos,
incluyendo también la hiedra, los sauces y cañas. Las partes del árbol son truncus, rami folia.
10
BLÁNQUEZ FRAILE, Agustín. Diccionario Latino-Español-Español-latino, T.II. Ramón Sopena S.A.,
Barcelona, 1984, p. 1491.
11
Quizás influenciado por nombres en or, -oris o por nombres de árboles terminados en us que ya habían
abandonado el género femenino. ERNOUT, Alfred-MEILLET, Alfred. Dictionnaire Etymologique de la
Langue Latine Histoire de mots’, Klincksieck, París, 2001, p. 43. Es interesante el cuestionamiento de la
‘hipótesis animistade Meillet realizado a propósito de una lectura de Metamorfosis de Ovidio por BRETIN-
CHABROL, Marine. “Des arbres au féminin : la nymphe, les fruits, et le grammairien” en Serment et paroles
eficaces, Colección Métis, NS-10, 2012, Editions EHESS, p. 309-326
https://books.openedition.org/editionsehess/2778?lang=es Consulta :10-10-19
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En lengua latina existe toda una familia de palabras derivadas de la raíz arb- tales como,
entre otros: arbustus: plantado con árboles, recubierto de bosque, sin aludir a la pequeñez o
falta de tronco y, específicamente arbustum, referido a la plantación vitivinícola; arbutus y
arbuteus, árbol de fresas salvajes; arbúscula, refiriendo al árbol joven; arboretum, plantación
de árboles; arboreus, perteneciente a los árboles; arborator, que es aquél que tala los árboles.
A su vez, existía un verbo incoativo arboresco, que aludiría al proceso de transformarse en
árbol. De otra raíz, pero relacionado con los árboles, virgultum <de virga, es un conjunto de
ramitas jóvenes que crecen juntos y frutex se refiere a cualquier arbusto, produzca o no
frutos.
12
Por el contrario, la etimología de ‘bosque’, no provendría del latín clásico, sino quizás
del provenzal antiguo bosc, derivado de un latín tardío boscus, del franco busk, de raíz
germánica aunque incierta- busk.
13
En latín, los términos afines son: silva, saltus, nemus,
lucus, que, conforme refiere Gardin-Dumesnil
14
, aluden tanto a los bosques cuanto al árbol
o la madera que de él se extrae.
Silva sería el término genérico para aludir a los bosques -de allí nuestros términos:
selva y silvicultura-, como también, en forma figurada, a todo lo que es abundante. Saltus,
refiere a un desfiladero, o sea un pasaje estrecho que no se puede pasar sin saltar,
generalmente lleno de bosques y pastizales, tal como lo encontramos en César, Cicerón,
Virgilio y Plauto. Nemus, evoca precisamente una arboleda o bosque de árboles altos,
elevados y, también, a un bosque correctamente plantado, de allí deriva el poético nemoroso,
como cubierto de árboleda o relativo a los bosques. Lucus - sobre todo en Virgilio y Livio-,
alude a un bosque oscuro o un árbol consagrado a un dios”, o sea, al bosque o árbol
sagrado. Sin embargo según Lewis, además de ser Nemus una arboleda, también remite a un
carácter sacro como bosque consagrado a alguna divinidad, como el de Diana en Aricia,
12
GARDIN-DUMESNIL, Jean-Baptiste. “Latin synonimys with their different significations and examples
taken from the best latin authors”, Richard Taylor and Co, Londres, 1809, p.72; 260
13
Cfr. Bush (arbusto) en alemán e inglés; bosc, en catalán¸ bois en francés, bosco, en italiano, etc.
http://etimologias.dechile.net/?bosque
14
GARDIN-DUMESNIL, id., p. 581-582; 2173
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donde César tenía una villa (Cic. Att. 15,4,5).
15
Aebischer
16
analiza pormenorizadamente el origen de la palabra bosque y bosco, en
español y en italiano, respectivamente, en relación con nemus, saltus, silva y foresta. En
cuanto a la primera lengua, resalta que el ejemplo más antiguo que se encuentra del uso del
término bosque en español data recién de 1076, ya que antes emploient assez fréquentement
nemus pour dire ‘bois’”, en los textos medievales latinos, como así también usaban silva y
saltus, pour dîre ‘forêt, bois’”. Posiblemente, saltus fuera más usado popularmente que
silva, al punto que pasa a la forma vulgar sauto’ o soto’, y éste último término fue el más
usado en la toponimia española.
Sin embargo, nos enseña, en una colección de documentos catalanes y aragoneses
como el Liber Feudorum Maior, se conoce el término boschum y en la región situada
inmediatamente al Norte del dominio catalán, en Languedoc, “boschum apparaît bien plus
anciennement que dans la marca hispánica”, ya en 806 como ‘bosco’ o ‘boscho’. Todo esto
habla de una posible procedencia ‘franca’ del vocablo.
Rohlfs había intentado vincular las palabras griegas boské, boskíon, con la palabra
romana bosco, pero terminó por reconocer que la forma francesa atestigua contra el supuesto
origen griego. Wartburg considera que *bosk es de base germánica y Meyer-Lübke en su
diccionario, termina aceptando la existencia de un busk franco. Si fuera griego, refiere
Aebischer, debería haber llegado desde el sur de Italia, pero en los diez volúmenes del Codice
diplomático barese sólo se encuentra silva y su adjetivo, silvosus.
Este autor comienza a rastrear en distintos documentos de zonas de Italia para ver
cuándo y dónde habría comenzado a utilizarse el término bosque, y así, por ejemplo, en
ciertos documentos de 1121 y 1137 aparece en Italia la utilización de los términos boscum,
busco o Buzco, y en un texto de 1193, finalmente, hay un acta que remite a la fórmula
arbores fructíferos et infructíferos, silvas, busca, aquas aquimolos”, lo que deja ver que,
15
LEWIS, Charlton. T. SHORT, Charles A., A New Latin Dictionary. Founded on Andrews' edition of
Freund's Latin dictionary. Revised, enlarged, and in great part rewritten. Clarendon Press, Oxford - Harper &
Brothers Publishers, New York, 1891, p. 1200
16
AEBISCHER, Paul. Miscelánea. Instituto Internacional de Cultura Románica, Abadía de San Cugat del Valle,
1963, p. 77-85
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recién en el s. XII, bosco habría aparecido y que el desplazamiento de silva habría sido
producto de un lento proceso. En la zona de Arezzo, a partir de 907, se utiliza forestum, pero,
por otro lado, un derivado buscaria aparece mencionado en 1028, buscaliis, en 1030 y, en
1042, buscaria qui dicitur la Silva”. Luego, pasa al vocabulario toponímico.
Aebischer continúa analizando, al efecto, distintas zonas, como por ejemplo, en
Coltibuono bosco se impuso rápidamente; en la Toscana, silva se emplea hasta el s. X, y
recién aparecería bosco en un documento de 1038. En otras zonas aparecen giros como terris
cum buscaleis”, o la fórmula de gerbidis et buscalibus seu silvis” o un muy antiguo (884)
“terras arabiles et boscalias”,”boschetto” o “boscoreale”. No obstante, de todos modos,
considera que boscalia fue siempre posterior a silva o sus diminutivos: silvolas, silvugla,
selvola. Concluye que está excluido formalmente que sea de origen griego, pudiendo
precisarse que el término boscum, entro por la llanura del Po.
Hay una cosa segura, dice, y es que, en el léxico de los notarios bajo influencia del
latín de cancillería, los reyes y emperadores, cuando querían utilizar la idea de foresta’, le
llamaban “silva et forestis (-a)” en los títulos.
Pero si creemos que busk parece haber sido poco conocido en los dialectos del sur de
Alemania y que significaba ‘matorral’, y no ‘madera’, se debe admitir que bosco es un
préstamo del francés que habría entrado al Piamonte; en Lombardía y Emilia, hacia el año
900, quizás. Hacia el sur de los Apeninos, no logró imponerse ni establecerse sino tarde y
luego de un duro combate de palabras que, a la larga, designaron ‘forêt’.
El árbol y los bosques como objeto de protección sagrado en la antigüedad oriental
y clásica
Las numerosas referencias a árboles tanto en la Biblia como en el Corán dan muestra
acabada de su importancia en todas las culturas, destacándose no sólo las distintas especies
arbóreas y sus usos, sino también, en el plano metafísico y simbólico: basado en la
percepción del árbol como símbolo de la vida dada por el creador”.
17
17
MUSSELMAN, Lyton John. “Los árboles en el Corán y en la Biblia”, http://www.fao.org/3/y9882s
/y9882s11 htm#TopOfPage Consulta: 10-10-19
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Según reseña el biólogo botánico Musselman
18
, en la Biblia se cita el nombre de 22
árboles: algarrobo (Ceratonia siliqua); almendro (Amygdalus communis o Prunus dulcis);
árbol del incienso (Boswellia); ciprés (Cupressus sempervirens); ébano (Diospyros ebenum);
granado (Punica granatum); higuera (Ficus carica); manzano (Malus domestica); nogal
(Juglans regia); palma datilera (Phoenix dactylifera); pino (Pinus halepensis y P. pinaea);
pistacho (Pistacia vera); plátano (Platanus orientalis); roble (Quercus spp.) y sauce (Salix
spp.); sicomoro (Ficus sycomorus); tamarisco (.);Tamarix spp; terebinto (Pistacia atlantica,
P. terebinthus y P. lentiscus); y la tuya “(una madera oscura, mencionada solo en
Apocalipsis, 18:12, que podría ser Tetraclinis articulata, pero cuya identidad botánica es
desconocida)”.
Y, agrega que, en el Corán, se citan la palma datilera, la higuera, el olivo, el granado
y el tamarisco, además de otros exclusivos de dicho libro, como el talh (que no se sabe bien
si es o no una acacia), un arbusto espinoso, el sidr (probablemente Zizyphus spina-christi) y
el misterioso y horrible «árbol del Infierno» o zaqqm (As-Saffat, 37:65, Ad-Dukhn, 44:49,
Al-Waqi’a, 56:51)”.
Nos recuerda este investigador que, en Deuteronomio (12:2), se hace referencia
expresa a cómo los politeístas han dado culto a sus dioses, en colinas, montañas y “bajo todo
árbol frondoso”, y cómo, en el Génesis (1:29), los árboles aparecen como fuente de
alimentación primaria, además del uso del aceite, leña, carbón vegetal y material de
construcción, refiriendo especialmente la construcción del más famoso templo de cedro: el
de Salomón.
Por su parte, el Corán menciona a la leña, así como a los frutales como un don divino.
También estos libros sagrados han recurrido al uso metafórico y simbólico de los árboles, en
la comparación de la ‘buena palabra/buen árbol’ en el Corán (Sura:14:24-25); o en la Biblia,
vg. “florece el justo como la palmera, crece como un cedro del Líbano” (Salmos, 92:12), o
el árbol que ve en sueños el Rey Nabucodonosor y que el profeta Daniel interpreta que es el
mismo rey (Daniel, 4:22). Pero mucho más trascendente es el simbolismo bíblico del ‘árbol
de la vida’ en el Jardín del Edén (Génesis,3:22-24) o el ‘árbol del conocimiento del bien y
18
MUSSELMAN, id.
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del mal’ del cual habrían comido Adán y Eva (Génesis, 3:4-6,17-18).
En la mitología sumeria, relacionado a la diosa Inanna la cual descendió a la tierra
para morar como mujer mortal a la espera de su amor y su trono, también se encuentran
referencias a un árbol sagrado único huluppu (khuluppu). Este árbol de la vida está plantado
a orillas del Éufrates de cuyas aguas se nutre (podría ser un sauce). Pero un remolino de
viento lo arranca y lo arroja a las aguas turbulentas que lo arrastran río abajo. Una mujer
lo recoge, lo lleva a su jardín sagrado de Uruk y allí lo planta”. Esa mujer, es Inanna; su
hermano, Gilgamesh, después de acabar con la serpiente, Lilith, y el ave, Imdugud
19
, ambas
monstruosas, que vivían en el árbol, usa el filo de su hacha de la civilización para cortar el
árbol y tallar para su hermana su trono”.
20
En cuanto a la antigüedad grecolatina, sabemos que los orígenes legendarios del
pueblo griego y romano se encuentran indisolublemente vinculados a los árboles y bosques
sagrados. Por ello, Plinio
21
refiere que los árboles fueron los primeros templos de los dioses
y que, incluso en su propia época, se consagran árboles de altura excepcional a ciertos dioses.
Hay especies arbóreas que gozan de permanente protección”, expresa, por estar
consagradas a determinadas divinidades, como el roble a Júpiter, el laurel a Apolo, el olivo
a Minerva, el mirto a Venus y el álamo a Hércules”. Y también nos cuenta que a “silvanos,
faunos y una variedad de diosas, con sus potencias divinas, les han sido otorgados a los
bosques como por designio celeste”.
Saturno como dios arcaico de la agricultura y la cosecha romana, luego interpretado
como el equivalente al titán griego Cronos, fue venerado en la Roma precristiana durante las
Saturnalia -antecedente de la Navidad cristiana- y se le había asociado el Acebo o ilex
aquifolium como así también el Ciprés. En Grecia éste último, como árbol funerario
relacionado al mito de Cipariso, fue vinculado a Plutón y, en Roma, consagrado a Dis Pater,
19
KRAMER, Noah Samuel. La historia empieza en Sumer, p. 156-159.
20
MARTOS, Ana. Breve historia de los Sumerios. Epublibre, p. 24-25. http://www.librosmaravillosos.com
/brevehistoriadelossumerios/index.html
21
PLINIO, NH, XII, 1(2), 5; PLINIO. Historia natural, Trad. y notas de Manzanero Cano, García Arribas,
Arribas Hernáez, Moure Casas, Sancho Bermejo. Gredos, Madrid, 2010, p. 11.
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dios del inframundo, mantuvo esa tradición asociado a la tristeza, el luto y las exequias.
22
Cabe referir que, en ambos pueblos, las puertas de los templos eran construidos con
su madera. También estaba relacionado a los muertos el álamo, tanto en Grecia como en
Mesopotamia. El álamo negro, consagrado a Hécate, diosa griega de la muerte, la magia y
los hechizos; en Roma, a la Ninfa Egeria, diosa de las fuentes que vivía en un bosque
23
. Más
adelante, tanto el álamo como el ciprés, serían símbolos de resurrección, como también lo
fue el Olivo, árbol sagrado de Atenas, y el Olmo, consagrado a Hermes (Mercurio) como
mensajero de los dioses.
24
De Zeus o su equivalente Jupiter, se dice que meditaba bajo una encina o un roble,
ambos del género quercus, que por su dureza y resistencia fue relacionado a la fidelidad, tal
como ha sido resaltada su vinculación etimológica desde el indoeuropeo entre las palabras
drýs (gr. Árbol, luego, encina), déndreon (gr. árbol), treue (al. fidelidad), tree (ingl. Árbol)
y trust (ingl. confianza, pacto bajo fidelidad) por Benveniste
25
. También el dios Esculapio,
era representado portando una rama de roble y una de laurel, como símbolo de Zeus.
26
A su vez, en Roma, habría sido en un roble del Capitolio donde Rómulo colgó sus
armas después de vencer a su enemigo, Acrom. Al respecto, Frazer
27
sostiene que el rey
romano personificaba al propio Júpiter y es por eso que, incluso en época imperial, tanto los
generales victoriosos al celebrar su triumphum como los magistrados al presidir los ludi
circenses llevaban atributos jupiterinos que tomaban del templo capitolino. Iban con un carro
triunfal tirado por cuatro caballos coronados de laurel, vestidos de púrpura con aplicaciones
de oro y, en su mano derecha, blandían una rama de laurel y, en la izquierda, un cetro de
22
MINOR HERRERA VALENCIANO, M. L., “Uso del ciprés como árbol funerario en Roma Antigua: estudio
comparativo entre las obras de Virgilio, Lucano, Silio Itálico, Estacio y Valerio Flaco” en Káñina, Rev. Artes y
Letras, Univ. Costa Rica XLI (2) (setiembre-febrero): 67-85, 2017, p. 68-81
23
GRIMAL, Pierre. Diccionario de Mitología Griega y Romana. Paidós, Bs. As., 2004, p. 150
24
Sobre la importancia y el simbolismo de los árboles en la antigüedad:
https://biblioteca.acropolis.org/mitologia-los-arboles/ Consulta: 10-10-19
25
BENVENISTE, Émile. Vocabulario de las instituciones indoeuropeas. I. Economía, parentesco, sociedad.
II. Poder, derecho, religión. Sumarios, cuadros e índices preparados por Jean Lallot. Taurus, Madrid, 1993,
p.67-70
26
PÉREZ VÁZQUEZ, Isael Armando SÁNCHEZ LERALL, Rita María. “El bastón de Esculapio: su historia”
en Humanidades Médicas 2014; 14(1):220-237, p. 226
27
FRAZER, James George. La Rama Dorada. Magia y Religión. Fondo de Cultura Económica, México-
Madrid-Buenos. Aires, 1981, p. 185-187; 792.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
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Revista de Derecho Romano Número II 2020
marfil rematado con un águila, mientras llevaban en la cabeza una corona de laurel y, por
arriba, un esclavo sostenía una pesada corona de oro macizo que semejaba hojas de roble”.
Además de ello, la dinastía albana, legendario origen de la civilización romana, llevaba el
nombre de Silvii o bosque” y, por ello, Virgilio los presenta coronados de roble.
Remontándonos al episodio del héroe troyano Eneas, legendario fundador de la
progenie romana, al llegar a Cumas para buscar a la famosa Sibila, ansioso por descender al
Averno para encontrarse con su padre Anquises, Virgilio
28
refiere las palabras de aquella
señalando que: Todo el centro del Averno está poblado de selvas que rodea el Cocito con
su negra corriente” y le advierte a Eneas que Bajo la opaca copa de un árbol se oculta un
ramo, cuyas hojas y flexible tallo son de oro, el cual está consagrado a la Juno infernal; todo
el bosque le oculta y las sombras le encierran entre tenebrosos valles, y no es dado penetrar,
en las entrañas de la tierra sino al que haya desgajado del árbol la áurea rama”. Es ese el
tributo que pide Proserpina y que Eneas debe buscar sabiendo que si los hados te llaman, él
se desprenderá por sí mismo”. Por esta causa, guiado por una pareja de palomas, llegó hasta
la rama dorada con la cual pudo ir y volver del inframundo sin mayor inconveniente.
A su vez, Latino, legendario progenitor de la dinastía, habría tenido su santuario más
antiguo en el bosque, que puede suponerse fue un robledal. El monte Algidus, en el grupo
montañoso junto a las colinas albanas, estaba cubierto de umbrosas selvas de roble y, entre
las tribus que pertenecieron a la Liga Latina de los primeros tiempos, había una cuyos
miembros se denominaban a mismos "los hombres del roble. Además, en Roma, se recurría
a encender ramos o troncos de roble para conservación del fuego vestal.
29
Ligado a su fundador, el Ficus ruminalis o Higuera romural también fue sagrada en
Roma, pues se dice que habría sido la que habría cobijado a los gemelos Rómulo y Remo
cuando fueron abandonados por su tío Amulio. Es, incluso, considerada como una diosa,
Rumina, que proteje a los lactantes (humanos o no) y ayuda en su crianza, al punto que se la
puede observar en monedas del s. II a C, junto a la loba capitolina, los gemelos y Fáustulo,
28
VIRGILIO, En. VI,131-148; 190-204.
29
FRAZER, James George. La Rama Dorada. Magia y Religión. Fondo de Cultura Económica, México-
Madrid-Buenos Aires, 1981, p. 202.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
63
Revista de Derecho Romano Número II 2020
aunque, más tarde, se volvería símbolo de mal presagio.
30
Otros rituales se relacionan con árboles. Tal como sucedía en el santuario de Nemi,
que evoca a la Diana Táurica, en donde había un árbol tan fuerte del cual no podía romperse
ninguna rama. Si un esclavo fugitivo lo lograba, debía luchar combate con el sacerdote y, si
ganaba, quedaba reinando en el lugar como rex nemorensis, estableciendo, en definitiva, una
ley de sucesión por la espada que será mantenida hasta los tiempos del imperio.
31
A su vez, el pino estaba vinculado a Cibeles, como así también al dios del vino, Baco
(Dionisos) y, uno de los símbolos del dios Pan, era una corona de piña y se identificó con
Silvano de la arcaica religión romana, dios protector de selvas, bosques y tierras sin cultivar.
32
Quizás sea por eso que, el pinus pinea (pino piñonero) decore todo el paisaje romano y sea
un símbolo típico que bordea toda la vía Appia y es un elemento estético constante en los
jardines y plazas italianas. El patio de la piña con su columna corolada de una inmensa piña
es, incluso, un símbolo de prosperidad, fecundidad y prosperidad en el Vaticano.
Cabe resaltar que, a la vez que se protegían los árboles teniendo como divinidad
agrícola romana a Insitor, que tutelaba tanto la siembra como la replantación de los árboles
y era invocado por el flamen dialis junto a otros dioses agrarios en los sacrificios a Ceres;
por otro lado, honraban a Intercidua (Intercidona), diosa menor simbolizada con un hacha
que protegía la utilización de los bosques y, por tanto, la tala, pues se consideraba como
‘espíritu de la madera’, siendo venerada por leñadores y por carpinteros. Vinculada a la
fertilidad, cuando una mujer daba a luz, inmediatamente, tres hombres aparecían con
elementos simbólicos dando varios golpes a la puerta: uno con un hacha (tala); el otro con
un petelo (trituración del forraje) y el tercero con una escoba (acumulación de bultos de frutas
y granos).
33
30
CASQUILLO FUMANAL, Luis, “Rhome, Rumon, Ruma. Una aproximación global al origen del nombre
de Roma”, en: Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 17, 2004-2005, PP.129-159, p. 146-147.
31
FRAZER, id. p. 25.
32
GIL SÁNCHEZ, Luis. “La transformación histórica del paisaje: la permanencia y la extinción del pino
piñonero” en PAGEO, Francisco Marín y otros. “Los montes y su historia: Una perspectiva política, social y
económica”, I Jornadas forestales, Universidad de Huelva, Empresa Nacional de Celulosas S.A., Huelva,
p.164-165.
33
OSSIA. Biografía Universale Antica e Moderna. Parte Mitológica. Volume LXVII. Giambatista Missiaglia,
Venezia, 1838, PP. 267-268; SECHI MESTICA, Giuseppina. Diccionario Akal de Mitología Universal, Tit.
Or. Dizionario Universale di Mitologia, Akal, Madrid, 1990, p. 143.
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Los árboles y bosques como objeto científico: Teofrasto, Padre de la Botánica
Legatario de todos los escritos de Aristóteles y su sucesor en la dirección del Liceo
peripatético al que presidió durante 36 años, el meteco Teofrasto (Éreso, Lesbos, 372/371
288/87), siguiendo la línea de investigación de su maestro acerca de la naturaleza, es
considerado en el mundo occidental como el Padre de la Botánica por su Historia plantarum,
cuyo libro II, habla de árboles cultivados; el III, de los árboles silvestres; el IV, de los
arbustos; el VI1 de las hierbas y leguminosas y el VIII, de los cereales.
También escribió De
causis plantarum, entre muchas otras de temas variopintos. Es probable que hubiera
conocido el Rizotomicón del médico Diocles de Caristo que contendría el herbolario más
antiguo (s IV a C) y que, quizás, habría sido recogido en el libro IX de la Historia, como así
también que hubiera recibido influencias, entre otros, de un fisiólogo y filósofo pitagórico
del s. V, Menestor, de Fanias y del presocrático Hipón, entre otros.
34
Cabe resaltar que se encontraba en una inmejorable posición como discípulo de
Aristóteles y, vinculado a Alejandro Magno, por lo que, aprovechando sus viajes, “tuvo a su
disposición todo el material científico recogido en su expedición por los sabios que
acompañaron al rey en su conquista de Asia”. Su obra, por tanto, no es sólo una enciclopedia
botánica que incluye el análisis de 500 especies indígenas y foráneas: su anatomía, fisiología,
distribución geográfica de las plantas, edafología, etc., sino que también aborda cuestiones
de orden práctico relacionados con la agricultura en todos sus aspectos: estudio del terreno,
orientación del mismo, labores previas, estercolamiento” y también “cuestiones adventicias
pero importantes, dado su reflejo en la industria”, como el estudio de las “ agallas”.
35
Además de estudiar la naturaleza de árboles cultivados y silvestres, método de
propagación, valor económico y alimenticio, enfermedades, tales como “la sofocación
producida por el excesivo calor del sol, el helamiento por el rigor de las heladas, la
exuberancia del follaje que ocasiona la pobreza de la fructificación, la podredumbre, el
ataque de los insectos”, se aboca en forma expresa a tratar las injurias a las que hay que
34
TEOFRASTO. Historia de las Plantas Introducción, traducción y notas por José María Díaz-Regañón
López. Editorial Gredos Madrid, 1988, p. 1-20.
35
TEOFRASTO. id., p. 20-22.
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añadir las producidas por el hombre: mutilaciones, golpes, descortezamiento circular que
impide a la savia ascender y provoca la muerte del árbol”, incluso el estudio de las maderas,
productos industriales y alimenticios, sustancias aromáticas, etc. Su fuerte influencia se
observa en los autores del s. I a. C. como Varrón en su De Re Rustica e, incluso, hay autores
que observan su influencia en el libro II de las Geórgicas de Virgilio. También llega su
alcance a autores posteriores como Galeno en su De alimentorum facultatibus, Ateneo y
Plinio ‘el viejo’ en su Historia Naturalis, donde se observan tres modos de acercarse al
maestro: 1) traduciendo literal o casi literalmente; 2) parafraseando al autor griego; 3)
intercalando datos obtenidos de otros escritores”.
36
Acercándonos brevemente a la obra del autor, siguiendo la traducción de Díaz
Regañón, nos resulta interesante cómo el griego describe a los árboles:
La raíz es la parte por medio de la cual la planta toma el alimento, y el tallo aquella
que lo transporta. elemento continuo que sale de la tierra y está sobre ella, porque ésta
es la parte que aparece más corrientemente, así en las plantas anuales como en las perennes.
Si se habla de árboles, esta parte se llama «tronco». Llamo «ramas» a las partes que nacen
de éste, a las cuales algunos apellidan «brazos». Por «ramita» entiendo el brote que surge
de la rama considerada como una unidad, especialmente cuando tiene la duración de un
año. Éstas son las partes más propiamente constitutivas de los árboles”.
37
Al estilo aristotélico, intentando definir en forma general aunque no concluyente- y
categorizar de género a especie, en el cap. III, los clasifica en: árboles; arbustos, subarbustos
y hierbas. Árbol’ es el que consta de un solo tronco y surge de la raíz; tiene nudos y ramas
y no puede ser arrancado fácilmente” y, como ejemplo, da: el olivo, la higuera y la vid;
‘arbusto’, por su parte, “es una planta que nace de la raíz con muchas ramas”, vg. la zarza,
el paliuro; subarbusto “es la planta que surge de la raiz con muchos troncos y con muchas
Ramas”, caso del tomillo salsero y la ruda; ‘hierba’ “es la planta que surge de la raíz sin
tronco, con hojas; en ella el tallo es el portador de la semilla”, por ej. el trigo y las
legumbres. Se pueden clasificar según el tamaño, la robustez, la duración. Aclara que las
36
TEOFRASTO. Id., p. 23-42.
37
TEOPH., HP, I, 1.9.7.
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definiciones no son taxativas, pues algunos subarbustos y legumbres tienen un solo tronco y
semejan, en su fisonomía al árbol, incluso tienen ramas, “pero tienen una vida más corta que
el árbol.”
38
Respecto al Lacio, nos llamó la atención alusión a los árboles de la isla de Córcega
que, señala, son los más grandes de todos: “porque si es verdad que el abeto y las piceas del
Lacio alcanzan gran tamaño y son más altos y bellos que los abetos y piceas del Sur de Italia,
se dice que éstos no son nada comparados con los de Córcega” y agrega:
se afirma que, deseando los romanos fundar una ciudad en la isla, se dirigieron a
ella con veinticinco naves, y era tan enorme el tamaño de los árboles, que, cuando navegaron
por ciertos golfos y puertos, corrieron peligro de ver rotos sus mástiles. Y se dice que la isla
entera está densamente cubierta de árboles y es como una especie de selva salvaje. Por lo
cual los romanos desistieron de fundar la ciudad”.
39
La expansión agrícola y los Tratados de Agricultura
El paisaje, la naturaleza y la economía romanos
“¿No está plantada Italia con árboles, tal que toda parece un huerto?”
Tal es la descripción que hace Varrón en su Re rusticarum (I, 2.6.6-7).
La preeminencia de la agricultura desde los orígenes del pueblo romano ha sido
puesta de relieve por todos los investigadores. El contexto en época monárquica es el de una
pequeña comunidad agrícola con escasa apertura al comercio, estricta división de clases
sociales y donde la ganadería era privativa de las clases elevadas. La familia romana
primitiva, como refiere Alföldy en su Historia Social de Roma’
40
, constituia una unidad
económica, social y de culto”, incumbiendo a su paterfamilias el cuidado de las res
familiaris, la bonorum administratio, y la dirección de la actividad económica de la familia,
en especial, la explotación de los campos de cultivo” y, cuando comenzaron a comercializar
sus productos agrícolas, “la ganadería, sal, manufacturas etruscas y demás productos
38
TEOPH., HP, I, 3.1.6.
39
TEOPH., HP, 5, 8.1.15-2.
40
ALFÖLDY, Géza. Historia Social de Roma-Versión española de Alonso Troncoso V. Alianza, Madrid,1996,
p. 96.
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pasaban a un segundo plano”. Los romanos, explica Acuña Barrantes
41
, “optimizaron las
técnicas agrícolas. Introdujeron el arado, molinos más eficaces, como el de grano, la prensa
de aceite, técnicas de regadío y el uso de abono.”
Alföldy
42
aclara que la lucha de estamentos que llevaron al movimiento ascensional
de la plebe y la consecuente profunda transformación del estado fue una lucha entre los
distintos grupos de campesinos libres”: por un lado, los patricios, nobleza de sangre y de
la tierra”, por otro, la plebe, ciudadanos corrientes” con derechos políticos limitados, pues
hacia el siglo IV a. C. Roma era todavía un “estado agrario, en que la inmensa mayoría de
la población vivía del cultivo de la tierra y del pastores y en el cual la propiedad del suelo
constituía la fuente principal y al mismo tiempo el distintivo más importante de riqueza”.
Las siembras más importantes fueron el trigo, la vid, el olivo, árboles frutales,
hortalizas, legumbres y lino. Paoli
43
reseña que el consumo habitual era de frutos como la
manzana, pera, cerezas, ciruelas, uva, nueces, almendras, castañas, y que, incluso, conocían
el membrillo con el que hacían mermeladas e importaban albaricoque y dátiles de zonas
cálidas. Agrega que la villa romana siempre estuvo rodeada de terreno, ya fuera un hortus
rusticus, o bosquecillos (nemora) con plantas de lujo, laureles, plátanos, pinos, jardines
con setos de arrayanes cortados geométricamente y cuadros de flores”.
Brunt
44
, por su parte, describe el paisaje italiano en épocas de la república donde:
“Los bosques ocupaban mucho más terreno por entonces; la abundancia de madera
resultaba sumamente valiosa para la nación y debe de haber sido una importante fuente de
recursos para los propietarios individuales. La tierra sin duda se despejaba continuamente
y el suelo virgen rendía ricas cosechas, la desastrosa erosión tan visible hoy en las colinas
italianas fue a menudo un efecto demorado”, y aclara que en los últimos años de la
República, los hombres se lamentaban que el transcurso del tiempo hubiera agotado las
41
ACUÑA BARRANTES, Henry. “La historia de la economía desde roma hasta los cristianos” en Revista
Logos, Ciencia & Tecnología, vol. 6, núm. 1, julio-diciembre, 2014, PP. 95-107, Bogotá, p. 96.
42
ALFÖLDY, id., p. 22, 31,51.
43
PAOLI, Ugo Enrico. Urbs. La vida en la Roma Antigua. Edición ilustrada con 118 grabados y 40 láminas
fuera de texto, traducción: Farrán y Mayoral, Iberia-Joaquín Gil, Barcelona, 1944, p. 54,90.
44
BRUNT, P. A. Conflictos sociales en la República Romana, traducción: Masera, Eudeba, Buenos Aires,
1973, p. 53-54.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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tierras”.
Nos cuenta que, ya en el s. III, se había anexado la Campania con su rico suelo
falernio, donde se hacía parte del más noble vino italiano” y que, con la incorporación de
Capua, al norte de aquella, se había obtenido el “suelo más fértil de Italia” como lo pintaba
el propio Virgilio al referirse a que estaba pleno de granos, poseído por olivos y prósperos
rebaños expresando: Es allí continua primavera/y sobrevive el verano/Paren al año dos
veces las vacas/y dos también/ son las cosechas del manzano”.
45
Se anexó también el Valle
del Volturno que producía el mejor aceite de oliva.
Por ello, consideramos apropiado sintetizar la evolución económica romana,
partiendo desde el Estado agrario, para luego pasar al trueque arcaico y, más adelante,
fortalecerse con la artesanía, el comercio y dar paso a una economía monetaria para,
finalmente, durante las Guerras Púnicas, consolidar su poderío naval, con incremento del
comercio y expansión territorial.
Cabe resaltar que, al inicio de ese conflicto, el territorio montañoso del Sur de la
península era una región densamente forestada, pero el pastoreo de ovejas y la necesidad de
ampliar las zonas arables en Italia se obtuvo probablemente mediante el desmonte de
bosques y el drenado de pantanos: las vides y los olivos ocuparon más tierras. La vid se
había plantado cerca de Roma durante la monarquía; el olivo se había importado de
Grecia”, refiere Brunt
46
y pone en evidencia que si bien en toda Italia la agricultura era la
base de la economía, la agricultura no era la principal razón de la inmensa riqueza romana.
Aún menos lo eran el comercio y la industria”, pues las actividades más lucrativas de los
romanos eran la guerra y el gobierno”.
Ese modelo primero de producción agraria fue una “constante mantenida a lo largo
de toda la Antigüedad e incluso hasta la revolución industrial de la época moderna”.
47
La
base de la alimentación de la cada vez más densa población lo constituían los cereales, si ya
45
BRUNT, BRUNT, P. A. Conflictos sociales en la República Romana, traducción: Masera, Eudeba, Buenos
Aires, 1973, p. 55.
46
BRUNT, id., p. 56-65.
47
ALFÖLDY, Géza. Historia Social de Roma-Versión española de Alonso Troncoso V. Alianza, Madrid,1996,
p. 51.
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CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
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no provenientes de la propia Italia, de las Provincias: Egipto, principalmente, pero también
la Galia y la Germania, sobre todo proveedores de las legiones provinciales. Los cultivos más
rentables eran la vid y el olivo, alimento indispensable para todo mediterráneo, sea que esté
en Britania o en el Rin, sea romano o provincial romanizado: Son la riqueza de las regiones
con clima y suelos favorables, como lo dicen los textos (Columela), los restos arqueológicos
(lagares e instalaciones agrícolas) y los restos de naufragios cargados de ánforas (a veces
con mención escrita del contenido y de su procedencia)”. Los olivares permanecieron hasta
la invasión vándala del s. V, favorecidos por constituciones de Vespasiano que incitaba a
cultivar nuevas tierras.
48
También se expandieron los viñedos por la “Galia Transalpina (región de Gaillac,
valle del Ródano y en Hispania (sur de Andalucía y Cataluña) y, si bien un edicto de
Domiciano habría pretendido limitarlo, Probo (276-282) permitió que sean cultivados en
cualquier parte y “por ello se extiende por el norte, en Borgoña, en el valle del Mosela, pues
los soldados del Rin y de Britania eran grandes consumidores.
49
Todas las provincias contribuían a la prosperidad de Italia como corazón del Imperio,
fuerza centrípeta del mediterráneo que integró las zonas de Oriente y Occidente imperial. De
las nuevas provincias del Norte y occidente se intercambiaba también, entre otras
provisiones: madera y frutos, ya que eran riquísimas en bosques.
Walbank
50
nos brinda un excelente pantallazo de la economía imperial de la periferia
y de la fuerza centrípeta que ejercía la gran urbe de Roma e Italia. Refiere que la Pax Augusta
trajo descanso de las guerras y prosperidad, transformando a Egipto en granero de Roma para
alimentar la capital durante 4 meses al año. Era, además, con exclusividad, el único
exportador de papiro, “prácticamente la única fuente de papel en el mundo antiguo”, que ya
desde los Ptolomeos había pasado a ser producción monopólica estatal. A más de ello, poseía
una importante industria textil de lino, y de todo producto de la rica tierra “excelentes vinos,
48
KAPLAN, Michael. (Dir.); RICHER, Nicolas. (coord.) El mundo romano. Traducción: Julio Mangas
Manjarrés, Universidad de Granada, Granada, 2003, p. 243.
49
KAPLAN-RICHER, id., p. 243.
50
WALBANK, Frank William. La pavorosa revolución. La decadencia del Imperio Romano en Occidente.
Versión española de Rolfe, D., Alianza, Madrid, 1984, p. 38-45; 71.
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PRIMERA PARTE
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Revista de Derecho Romano Número II 2020
fruta, aceitunas, ciruelas, higos y dátiles”.
Igualmente contribuía Oriente pues, desde Asia Menor, se exportaba: “vino, las uvas
pasas, los higos secos, la miel, madera”, entre otras variedades de drogas, metales, mármoles
y piedras preciosas. Grecia aún exportaba aceite (del Atica) y vino (de Chíos y Lesbos),
además de ganado y mil y mármoles de Himeto.”
Lo que se constituyó en zona de prosperidad sorprendente fue la Galia Narbonesa
- Provenza y Languedoc-, con sus industrias textiles, alfarería, producción de metal, pero
también con su intensivo cultivo de viña y olivo, además de sembradíos de trigo, productos
de ganadería y, sobre todo, la madera” pues, refiere Walbank, Los madereros que
trabajaban los bosques que todavía cubrían una gran parte del país, construían balsas, y los
troncos flotaban por los anchos ríos de Francia, para llegar finalmente a Italia y Roma,
donde servían de leña para calentar entre 800 y 900 baños público”.
Del Norte, la Britania anexada por Claudio fue gran productora de materias primas,
a cambio de productos manufacturados y, por su parte, Hispania, exportaba una variedad de
productos agrícolas e industriales y, así, desde Andalucía se traía: trigo, vino, aceite de oliva,
cera, miel, telas de lino, etc., pero de todos estos bienes, el aceite de oliva y el vino ocupaban
el lugar preeminente”.
Sicilia y Africa también eran productoras de trigo, además de aceite de oliva, frutas,
dátiles, higos, granadas, viñas y leguminosas; específicamente de Mauritania, provenía la
madera de cidro (citrus), entre otros productos. También nos explica este autor cómo el
intenso progreso de la periferia, sobre todo de Galia y Germania, trajo como consecuencia
que disminuyeran los viñedos y olivares italianos y se transformaran en latifundios para
cultivo de trigo bajo trabajo de esclavos.
Obras de agricultura y la consideración de los árboles y bosques:
Como podemos observar, fue tan importante la agricultura desde los tiempos arcaicos
que numerosos escritores acompañaron con sus obras dicho proceso: desde Catón
(postrimerías S. III y principios S. II a. C.) hasta el medieval Paladio (s. IV). Hay, también,
numerosas referencias agrarias y forestales en la Historia Naturalis de Plinio El Viejo. Todas
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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estas obras, sirvieron de fuente de los tratados medievales y modernos, habiendo sido
trasmitidos sus conocimientos a través de la copia o de la traducción.
Entre la terminología técnica agraria que podemos extraer del conjuno, encontramos:
Agricola, aquel que labra el suelo o cultiva el campo (ager colens> agricultor), en tanto que
ruricola (rus colens), era no sólo el que labra el suelo, sino también el que vive en el campo;
arator, es quien ara el campo, sea propietario o granjero, en tanto que, villicus, es el
encargado del campo y colonus, el granjero; Rusticus, es perteneciente al campo; rusticanus,
hombre concentrado en el campo, tal como se dice que era Mario; agrestis, rural, que crece
en el campo. Villicus, es también el aldeano, que vive en un pueblo.
51
Según la reseña realizada por Cubero Salmerón
52
en su capítulo introductorio a la
obra de Varrón, podemos citar como las figuras más trascendentes a:
1-Marco Porcio Catón ‘El censor’ (234-149 a. C.): La devastación y
despoblamiento de los campos romanos luego de las primeras guerras púnicas, lo habría
movilizado a elaborar un manual para su hijo y hacerlo blico para que pueda servir a
nuevos agricultores terratenientes “a los que había que decirles cómo había que hacer todo,
desde qué plantar hasta cómo fabricar una prensa para vino e incluso cómo hacer ofrendas
y sacrificios”.
De re rustica, su obra, es considerada como el primer tratado de Agricultura. Sostiene
en su Prefacio que: entre los campesinos se hallan los hombres más fuertes y los soldados
más valientes. Y dedicándose a la agricultura es como se consigue la ganancia más digna
de respeto”.
53
Ese, es el vir bonus, paradigma de la alta existimatio romana.
2-Los dos Sasernas y Cneo Tremelio Estrofa: Aunque solo conocemos su obra en
forma fragmentaria por cita de otros autores, hacia fin del s. II y principios del s. I a C, habrían
51
GARDIN-DUMESNIL, Jean-Baptiste, “Latin synonimys with their different significations and examples
taken from the best latin authors”, Richard Taylor and Co, Londres, 1809, p.161, 2159.
52
CUBERO SALMERÓN, José Ignacio. Rerum rusticarum Libri III- Marco Terencio Varrón, Trad. y coment.,
Junta de Consejería de Agricultura y Pesca, Servicio de Publicaciones y Divulgación, Sevilla, 2010, p. 27-30.
53
CAT., De RR., Pr. 4.
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Revista de Derecho Romano Número II 2020
escrito tratados agrícolas, los Sasernas, padre e hijo, como así también Tremelio Escrofa. Del
Tratado de los Saserna, a quienes se cita en plural, sólo tenemos noticias indirectas a través
de Columela y Plinio, y se habría publicado entre el 146 y el 57 a C.
3-Marco Terencio Varrón (116-55 a. C.): Este polígrafo del s. I a. C. de sólida
formación helenófila, fue considerado el más griego de los tratadistas” y, al decir de
Columela
54
, fue quien pulió’ (expolivit) la Agricultura, en su De rerum rusticarum,
sistematizando los conocimientos previos existentes al respecto. Su autor más citado, después
de su antecesor Catón, fue el griego Teofrasto.
La obra habría sido terminada entre el 40 y el 35 a. C., pero sin afán de ser destinado
al público general sino a un público erudito e intelectual, no rústico como el lector de Catón.
Al inicio del Libro I Varrón invoca a los dioses, entre los cuales dirige plegaria:
a Robigo y a Flora que, siendo propicios, la roya no daña ni cereales ni árboles, ni
florecen a destiempo. Por eso se instituyeron públicamente las fiestas Rubigalia para Robigo
y los juegos Floralia para Flora. Asimismo, venero a Minerva y a Venus, de las cuales la
una se ocupa del olivar, la otra de los huertos; en su nombre se instituyeron las Vinalia
rústicas.”
55
Resultan numerosas las referencias a los árboles, sus tipologías, la conveniencia de
la siembra, la época de cosecha, y a la belleza de la campiña italiana, vg. : ¿qué hay de
necesario para nuestras necesidades que en Italia no sólo no nazca sino que incluso no se
haga excelente? ¿Q escanda compararé con la de Campania? ¿Qué trigo con el de
Apulia? ¿Qué vino con el de Falerno? ¿Qué aceite con el de Venafro?”
56
La cuestión estética no está ausente, además de la economía doméstica, cuando
advierte:
“Pero las cosas que, con el cultivo, hacen más hermoso el campo no sólo lo hacen la
mayor parte de las veces más rentable, como cuando se plantan ordenadamente arboledas y
olivares, sino incluso más comercializable, añadiendo valor a la finca. En efecto, a igualdad
54
COL., RR., 1.1.12.7.
55
VAR., RR., I, 1.6.1.
56
VAR., RR., I, 2.6.3 - 7.1.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
73
Revista de Derecho Romano Número II 2020
de provecho, no hay quien no prefiera comprar a mayor precio lo que es atractivo que lo
que es feo aun siendo rentable”.
57
Sobre la siembra, aconseja su distribución en cuatro períodos y aconseja: cosechar
en verano, vendimiar en otoño en tiempo seco, y cuidar entonces ventajosamente de los
bosques; conviene que los árboles se corten a ras de tierra, y que las raíces se arranquen
con las primeras lluvias para que no pueda brotar nada de ellas. En el invierno, podar los
árboles sólo en los tiempos en que las cortezas, por las lluvias, no sufran ni helada ni
hielo.”
58
4-Publio Virgilio Marón (70-19 a. C.): El gran poeta de la Eneida también ensalzó
en sus Geórgicas, considerada por muchos su obra maestra, las labores agrarias de los
romanos y, aunque no escribió un tratado de agricultura, Columela lo admiraba no sólo
como poeta sino como fuente auténtica de conocimiento agrícola”. No obstante, los
posteriores tratadistas no lo tuvieron en cuenta en aspectos técnicos.
5-Cornelio Celso (ca. 25 a. C. 50 d. C.): Poco se sabe de otros autores
contemporáneos, pero fue un ‘autor enciclopédico’ que habría escrito un tratado completo
de 5 libros abarcando toda la disciplina, según refiere el propio Columela
59
, pero se ha
perdido.
6-Lucio Junio Moderato Columela (4 d. C. 60 d. C.): De Re Rustica de este
gaditano de la Bética hispana, fue “el texto agrícola más completo y perfecto de toda la
literatura antigua”, con un estilo retórico pulido, ni tan vivaz como Varrón, ni tan parco
como Catón. La obra es muy completa y abarca todos los aspectos, “incluyendo una extensa
descripción de industrias agrícolas y con auténticos cálculos económicos en ocasiones”. La
cuarta parte de la obra es dedicada al árbol de la vid.
Se consagró como “la máxima figura en obras de Agricultura” porque, en sus 12
57
VAR., RR., I, 4.2.1 6.
58
VAR., RR., I, 27.3.1 7.
59
COL., RR, 1.1.14.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
74
Revista de Derecho Romano Número II 2020
tomos, resume todo el saber romano antiguo y es fundamento para la historia de la
Agronomía. En efecto, contiene una amplia lista bibliográfica de tratados agrarios griegos,
romanos y púnicos. Por esto, ejerció inmensa influencia durante toda la Edad Media, no sólo
en el mundo cristiano sino en Al-andalus.
En su Libro III y parte del IV, trata especialmente sobre el cultivo de la vid, sistemas
de plantación y variedades, varias especies arbóreas (granado, higuera, almendro, peral,
manzano, melocotonero, etc.), poda y manejo económico”. Se le adjudica, además aunque
hay quien duda de su autenticidad-, un Liber de arboribus, más práctico y sin intención
retórico o artística, que refiere tanto a arboricultura cuanto a viticultura y cuyos contenidos
se superponen a los Libros III y V en ciertos aspectos, por lo que o bien se trata de una obra
de juventud de Columela o bien puede ser el fruto de una compilación llevada a cabo por un
epitomador anónimo posterior con menos competencias en la materia que Columela”
60
.
7-Gayo Plinio Segundo “El viejo” (23 d. C.-79 d. C.): En su magna compilación
Historia Naturalis, de múltiples facetas y saber enciclopédico, incluyó aunque sólo en un
segundo plano, la agrícola”, comprendiendo su Botánica desde el libro XII a XIX.
Transcribe no pocas veces las obras de Catón, Varrón, Aristóteles y Teofrasto. Gracias a él
pudieron restituirse muchas de las lagunas del texto romano de Varrón, por aquél tan citado.
Tuvo intensa influencia en la Edad Media y fue célebre por haber muerto ascendiendo a la
ladera del Vesubio sólo para acercarse a observar de cerca la erupción que arrasó Pompeya
y Herculano.
En su libro XII define las características de los árboles diciendo que son seres que,
sin carecer propiamente de espíritu vital supuesto que nada vive sin él, brotan de la
tierra, o más bien se le arrancan, para que no se silencie ninguna obra de la naturaleza”.
Reconoce que durante mucho tiempo los beneficios de la tierra pasaron inadvertidos, y
árboles y bosques se concebían como el principal don conferido al hombre. De ellos obtenía
lo primordial: el sustento; con su hojarasca hacía más confortable su cueva, y de su corteza
60
PANIAGUA AGUILAR, David. El panorama literario técnico-científico en Roma (Siglos I-II D.C.) “et
docere et delectare”. Ediciones Universidad Salamanca, Salamanca, 2006, p. 264-265.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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PRIMERA PARTE
75
Revista de Derecho Romano Número II 2020
se procuraba vestimenta” y aclara que, en su tiempo, todavía hay pueblos que viven así”.
61
Refiere al cínamo, con el cual se consagraban coronas adornadas con molduras de oro
en el templo del Capitolio y en el de la Paz, habla de las distintas especies y su uso como
madera y para obras suntuosas. También, a los bosques tallares de palmeras que, taladas,
vuelven a germinar.
62
Del Laurel, comenta que el emperador Tiberio solía usar una corona de laurel por
miedo a los rayos, al igual que relata cómo se posó en el regazo de Livia Drusila un pájaro
sujetando en su pico una rama de laurel cargada de bayas”, y que, entendido como un
signo, “los arúspices ordenaron cuidar el ave y su descendencia, y, además, que se plantase
aquella rama y que se cultivara ritualmente”. De allí surgió la costumbre de ceñir los
Emperadores su cabeza con tal corona. El bosque de laurel, el Loretum, en el Aventino,
perduró y se empleó en purificaciones.
63
Plinio observa a la Naturaleza como todopoderosa, generadora de vida y panteísta,
hasta el punto que hace una bella prosopopeya de Pomona (HN, 23,2) C’est moi qui procure
à l’homme le plus de plaisirs, c’est moi qui produis le vin et l’huile, et aussi les dattes et tant
de fruit variés”.Admira la fuerza casi inteligente de la Naturaleza pero también el genio
humano que se observa, por ejemplo, en la fecundación artificial de palmeras, en la invención
del papiro, ya que el papel resulta “essentiel pour le dévelopement de la civilisation”.
64
La cuestión ambiental no está ausente en este autor. Apunta Chevallier, al respecto,
que Plinio está particularmente atento al hábitat (situs) de las especies y a la influencia del
medioambiente, resaltando, por ejemplo, el role del microclima en la desaparición de los
olivares de Larissa “en raison d’un changement climatique”.
65
Tambien refiere a la explotación de la madera y sus diversos usos: para calefacción,
61
PLIN., HN, 12,1.2-2.1.
62
PLINIO. Historia Natural, Libros XII-XVI Trad. y notas de F. Manzanero Cano-García Arribas-Arribas
Hernáez-Moure Casas, Sancho Bermejo, Gredos, Madrid, 2010, p. 76-77,124.
63
PLINIO, id., p. 337-338.
64
CHEVALIER, Raymond. « Le bois, l’arbre et la forêt chez Pline» en J. Pigeaud et J. Oroz, eds. Pline l’Ancien
témoin de son temps. Bibliotheca Salmanticensis, Salamanca-Nantes, 1987, p. 163-169.
65
CHEVALIER, id, p. 149.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
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76
Revista de Derecho Romano Número II 2020
iluminación, carbón vegetal; para construcciones marinas, ya que gracias a los árboles -dice
Plinio
66
- podemos surcar mares y acercar las tierras unas a las otras, como por ejemplo: con
la acacia espinosa negra que no se deteriora jamás en el agua, el cedro de Egipto y Siria o el
pino silvestre de las costas italianas; para carpintería, ya que es con los árboles que se
construyen las mansiones para los hombres y los templos para los dioses; para escultura, ya
que con madera de cedro -que es eterna- se hacen las estatuas de los dioses; para soportes de
escritura, vg. el papyrus de Egipto o la madera de alerce que es incorruptible como tabla para
pintura; y, también, para ebanistería, construir carruajes, armas, instrumentos músicales,
entre otros diversos artefactos o subproductos como resinas, gomas, etc. Por otra parte, los
árboles proporcionan alimentos (vino, aceite de oliva, limón, frutas, aceite de sésamo, a más
de servir para medicina, farmacopea, perfumería, y hasta vestimenta.
67
8-Gargilio Marcial: Fue un erudito polígrafo del s. III del cual recibimos pocos
fragmentos, vg. el De hortis, supuestamente, parte de un manual más extenso. Influenció a
Paladio y más tarde en el musulmán Al Awan. También tenemos fragmentos de Medicinae
ex holeribus et pomis, que revelan “la aparición de nuevos cultivos en el campo romano.”
9-Rutilio Tauro Emiliano Paladio: Sobre la base de Columela, surge en el s. IV este
gran tratadista que tendrá mucha influencia en la edad medieval, con su Opus agriculturae
que adopta el estilo de los Los trabajos y los días de Hesíodo, como si fuera un almanaque
agrario.
Como vive en la época de decadencia del Imperio, con el campo atomizado y que ya
preludiaba las autarquías medievales, parece que tuvo gran repercusión por ser un texto
práctico y más accesible, sin ser muy científico ni filosófico, por lo que No en vano fue el
texto más copiado durante la Edad Media”, del que se conservan más manuscritos.
Sumado a estos precedentes, reseña Cubero Salmerón, la edad media tuvo algunos
otros buenos autores, como el Anatolio de Beirut, el Junius de Al Awam, que algunos lo
66
PLIN., HN, 12,5.
67
CHEVALIER.id., p.152-163.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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PRIMERA PARTE
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Revista de Derecho Romano Número II 2020
tienen como Columela” y que escribió un Tratado de 12 libros, traducido al siríaco y al árabe,
base de la Geoponica de Casiano Baso (s. X).
La cuestión de la Deforestación en la Antigüedad
itur in antiquam silvam, stabula alta
ferarum;
Procumbunt piceae, sonat icta
securibus ilex
Fraxinaeque trabes, cuenis et fissile
robur
Scinditur, advolvunt ingentis
montibus ornos
“Se dirigen a una antigua selva,
guarida impenetrable de las fieras. Caen
derribados los pinos, resuenan, heridos por
el hacha, la encina y los troncos de los
fresnos; rasgan las cuñas el hendible roble
y ruedan monte abajo los gigantescos
olmos VIRG. , En. VI,
179-182
Nada consideramos más gráfico que estos versos virgilianos para representar la
herida que causamos a la tierra perturbando el ecosistema mediante la deforestación. Es una
elegía al mejor estilo teocríteo alejandrino a la que el vate agrega el eco ensoñador de una
nostalgia que idealiza los paisajes”
68
, en este caso, el de los desaparecidos bosques.
Señala Murga
69
que, en Eneida VI, el del descenso de Eneas al Averno, es el paisaje
napolitano lo que se está describiendo: el de los llamados Campi flegrei o campos del fuego,
zona volcánica a la cual se accede a través de un túnel que perfora la colina de Posillipo, en
los que el poeta centra su atención en dos zonas: Cumas, donde está la Sibila, y el Averno,
formado por un desbordamiento del infernal río Aqueronte.
Evocando a Eneas, dice, Virgilio transpola la situación del troyano a su propio
contexto augústeo. La zona era, en tiempos del poeta, objeto de tala indiscriminada por la
orden de Augusto a Agripa de construir urgente y sigilosamente varios barcos improvisando
un escondido astillero en dicho lago Averno, cuyos abundantes bosques proporcionarían
todo el maderamen necesario para la construcción de navespara ser trasladadas por un
68
MURGA, Félix Fernando. “Virgilio en Nápoles”, en I Simposio Virgiliano. Conmemorativo del Bimilenario
de la muerte de Virgilio. Universidad de Murcia, Secretariado de Publicaciones, Murcia, p. 103.
69
MURGA, Félix Fernando. “Virgilio en Nápoles”, en I Simposio Virgiliano. Conmemorativo del Bimilenario
de la muerte de Virgilio. Universidad de Murcia, Secretariado de Publicaciones, Murcia, p. 102-107.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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PRIMERA PARTE
78
Revista de Derecho Romano Número II 2020
breve canal hacia el mar y poder burlar a Sexto Pompeyo.
Gracias a estas naves pudo aquél vencerlo en Naulocos (36 a C) y, luego, a Marco
Antonio y Cleopatra en Actium (31 a. C.). El geógrafo Estrabón cuenta cómo era ese
impenetrable bosque de altísimos árboles que recubría las escarpadas laderas del lago del
infernal Plutón, antes de que Agripa talara los bosques y abriera la galería subterránea que
comunicara el Averno con la fortaleza de Cumas.
Se advierte que aquella utilitaria transformación del paisaje del Averno debió de
parecerle una penosa transformación”, pues ya en la Ecloga X, 8 esa especial sensibilidad
hacia la sonoridad de los bosques le había suscitado proclamar, pondera Murga, que “los
árboles también saben sentir y que, cuando un poeta los invoca en su canto, ellos le
responden siempre: “Non canimus surdis, respondent omnia silvae”.
70
La inmensa hecatombe de árboles a causa de la tala indiscriminada para erigir la
gigantesca pira del infortunado Miseno, hijo de Eolo y trompetero de Eneas, que relata
Virgilio evocando la de su contemporáneo Agripa, era sentida intensamente. En honor de
aquél, al noroeste del golfo de Nápoles, se emplazaría el cabo homónimo al que Virgilio lo
llama ‘aéreo monte’. Ésta, es una de las tantas deforestaciones que sufrió la antigüedad
grecolatina y que da cuenta la literatura.
A los fines de precisar los conceptos, conviene resaltar que la FAO define al proceso
de deforestación como la conversión de los bosques a otro tipo de uso de la tierra o la
reducción permanente de la cubierta de dosel, por debajo del umbral mínimo del 10%.
Considera, entonces, que “la historia de la humanidad es la historia de la utilización de los
diversos bosques del planeta y sus múltiples productos”, al mismo tiempo que “es también
la historia de la deforestación y las graves consecuencias ambientales que ésta puede tener,
siendo causa, en ocasiones, del colapso de una sociedad”.
71
Del Informe FAO 2012
72
donde, como hemos señalado, se hace un análisis diacrónico
70
MURGA. Id., 108.
71
FAO. Documento de Trabajo de la Evaluación de los Recursos Forestales No. 180 -FRA 2015 Términos y
Definiciones, Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Roma, 2012, p. 6.
72
FAO. El Estado de los bosques del mundo 2012 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación
y la Agricultura, Roma, 2012, p. 49.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
79
Revista de Derecho Romano Número II 2020
pormenorizado en su cap. 2 “Los bosques y la evolución del mundo moderno”, se desprende
que la evolución histórica desde la sociedad preagraria -incluidos los pueblos cazadores-
recolectores que dependen para su supervivencia de los bosques- varía cuando pasa a ocupar
el primer plano la demanda de terrenos agrícolas propia de una sociedad agraria en la cual
cobra importancia, vg., el tema del regadío.
El desmonte de zonas forestales para plantar cereales comenzó cuando los pueblos
del Neolítico ocuparon las tierras que iba dejando la última edad de hielo. Estas actividades
humanas iniciales modificaron la composición de los bosques y la superficie forestal. Tal fue
el caso del Cercano Oriente y el Mediterráneo pues, hace 5 000 años, el denominado
Creciente Fértil, estaba cubierto por grandes extensiones boscosas y que ya hacía tiempo que
se utilizaba el fuego para desmotar superficies boscosas, con fines agrícolas, para facilitar la
caza y la recolección de alimentos.
Con el advenimiento de las edades del Bronce (aprox. 3300 a. C.) y la Edad del Hierro
(aprox. 1200 a. C.), se obtuvieron “nuevas herramientas para talar árboles y utilizar la
madera. Casi sin excepción, la ascensión de los antiguos reinos vino impulsada por la
explotación de los bosques y su reconversión en terrenos agrícolas. El agotamiento de los
recursos forestales coincidía normalmente con la decadencia de estos reinos” y, de este
modo, según fueron ganando preponderancia, Creta, Chipre, Grecia y Roma, sus economías
se basaban en la explotación de abundantes recursos forestales situados en África
septentrional y la cuenca del Mediterráneo”.
73
Se sabe que Alejandro Magno utilizó a
Chipre como punto estratégico para construir barcos de madera con los frondosos robles que
había en la isla, de los cuales, hoy, ninguno queda.
Como se necesitaba madera para embarcaciones, para generar calor, para cocinar,
para construir edificios, alimentar hornos, se impul la expansión hacia el N y el O,
mientras que la riqueza y el poder de una civilización tras otra crecieron y menguaron a la
par que la explotación de sus bosques.
Se afirma, igualmente, en dicho Informe que:
“las malas prácticas agrícolas y el pastoreo incontrolado en antiguos terrenos
73
FAO. Id., p. 10.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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PRIMERA PARTE
80
Revista de Derecho Romano Número II 2020
forestales fueron, a menudo, causa de erosión del suelo, pérdida de fertilidad y,
posteriormente, desertificación. La misma pauta se repitió en el caso de la ascensión y caída
de Roma. La expansión del Imperio Romano por toda Europa occidental tuvo que ver, en
parte, con la necesidad de acceder a los bosques de la península itálica y toda la ribera del
Mediterráneo. La deforestación aumentó a raíz de la costumbre de los romanos de cortar
los árboles dejando despoblada una distancia considerable desde los márgenes de los
caminos para evitar posibles emboscadas. Cuando Roma cayó en el siglo V, algunos bosques
de la región se recuperaron a lo largo de varios siglos.”
En este contexto, se estima que, específicamente en Europa, hace 2.000 años los
bosques ocupaban un 80 % del territorio europeo; al día de hoy ocupan un 34 %, excluida
la Federación de Rusia” y, paralelo al aumento de la densidad de población y su necesidad
alimentaria, el proceso de desertificación fue aumentando gradualmente durante la Edad
media para ampliar la zona arable.
Consideramos que hay una cuestión de vital importancia para comprender el proceso
de devastación de la tierra que se ha dado en la historia: el antropocentrismo avalado por el
sistema de creencias religiosas o teológicas que no inculcaron jamás a sus fieles o seguidores
el cuidado del medio ambiente. Se trata de un ejercicio teórico” dice Aguiló Bonet
74
- en
el que están implicados problemas de gran envergadura filosófica, tales como el significado
de la naturaleza y el territorio, la concepción de la divinidad o el lugar y responsabilidad
del ser humano y el resto de especies en el cosmos”.
Se ha sostenido -a nuestro criterio, acertadamente- que lo que ha facilitado el proceso
de devastación de la tierra son “el antropocentrismo y la desacralización de la naturaleza”.
Desde el fuerte antropocentrismo del génesis (1:26) con la creación del universo donde es el
ser humano el único ser ante el cual dios pone toda la obra creada a su servicio, queda
teológicamente legitimada, de este modo, una ética de la dominación humana: la
superioridad ontológica que Dios le confiere está vinculada directamente a su condición de
imago Dei, pues Dios creó al ser humano y sólo a éste a su «imagen» y «semejanza»,
74
AGUILÓ BONET, Antoni Jesús. «Actitudes antropocéntricas y biocéntricas en las teologías judeocristianas
de la naturaleza: una aproximación crítica». Ludus Vitalis, vol. XVII, num. 31, 2009, 170-198. p. 170.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
81
Revista de Derecho Romano Número II 2020
haciéndolo, en consecuencia, un ser especial y distinto.” Esta concepción quedaría
fuertemente arraigada en la teología cristiana medieval con San Agustín de Hipona,
Buenaventura de Fidanza y Santo Tomás de Aquino, pero ya traía una herencia de la
filosofía neoplatónica y la cosmología geocéntrica de impronta aristotélicoptolemaica”,
pone de relieve Aguiló Bonet.
75
Tal postura utilitarista, diríamos ántropo-teocentrica, se halla plasmada en plena tardo
república romana cuando Cicerón en De Natura deorum
76
, concibe a la Naturaleza sólo en
beneficio de los seres ‘racionales’ que son los dioses y los hombres.
En efecto, luego de referir la organización celeste y pasar al plano ‘terrenal’, describe,
en primer lugar, a los árboles como “los vástagos de aquello que se cría de la tierra los que
proporcionan estabilidad a cuanto sobre ella se sustenta, y los que extraen de la tierra su
jugo mediante el que se alimenta cuanto se apoya sobre sus raíces; y los troncos se recubren
mediante una capa o corteza, para estar más resguardados de los fríos y de los calores”.
Haciendo una laudatio a las manos del hombre concebidas como los dones que por
naturaleza ha recibido, pondera su utilidad ya que con ellas: “talamos innumerables árboles,
silvestres y frutales para conseguir la madera que empleamos en parte para quemarlos de
forma que calienten nuestros cuerpos y cuezan nuestro alimento, y en parte para edificar de
forma que podamos cobijarnos en casas y desterrar así de nosotros el frío y el calor”.
Añade, el arpinate, que:
“la madera es, además, de gran valor para construir naves, cuyos viajes nos proveen
abundantemente de medios de sostenimiento de todas clases y procedentes de todas las
partes de la tierra; y nosotros solamente tenemos el poder de controlar los productos más
violentos de la naturaleza, el mar y los vientos, gracias a la ciencia de la navegación, y
utilizamos y disfrutamos de muchos productos del mar. Análogamente, el dominio de todas
las comodidades producidas en la tierra está en manos de la especie humana. Nosotros
gozamos de los frutos de las llanuras y de las montañas; los ríos y los lagos son nuestros;
sembramos trigo, plantamos árboles, fertilizamos el suelo regándolo, ponemos diques a los
75
AGUILÓ BONET. Id., p. 170-172.
76
CIC. ND, II, 60, 120- 133; 150-152; CICERÓN. Sobre la Naturaleza de los dioses. Introducción, traducción
y notas de Ángel Escobar. Gredos S.A., Madrid, 1999, p. 257- 280.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
82
Revista de Derecho Romano Número II 2020
ríos y rectificamos o desviamos sus cursos.”
Y, a modo de corolario, expresa: En una palabra, por medio de nuestras manos,
intentamos crear, como quien dice, un segundo mundo dentro del mundo de la naturaleza.”
Observamos, entonces, que se concibe en el hombre una función co-creadora con los dioses.
Pese a estas loas ciceronianas, otros insignes romanos eran, también, conscientes del
efecto de la deforestación. Así lo advertimos cuando Columela, finalizando su libro II
77
,
expresa:
los bosques habiendo sido talados por el hierro han dejado de alimentar a su madre
con sus hojas y que las que caían de los arbustos y árboles en otoño y quedaban encima de
la tierra trastornadas después con los arados, se han mezclado y como, incorporado con la
tierra de la capa inferior que por lo común es de menos sustancia, se sigue que privada de
sus antiguos alimentos esta misma tierra se esteriliza. No por la fatiga, pues, como
muchísimos han creído, ni por la vejez, sino seguramente por nuestra pereza nos
corresponden con menos liberalidad los campos.
Podemos observar, entonces, que esta realidad que arrastramos desde la antigüedad
hoy, acuciante, y que nos lleva a la obligatoria necesidad de una toma de conciencia ecológica
y a la búsqueda de un régimen forestal sustentable que no perjudique el medio ambiente ni
para nosotros, ni para nuestra posteridad-, no fue totalmente desconocida en el mundo
antiguo.
Ello fue puesto de relieve por The Smithsonian Institution cuando en 1978 organizó
y convocó a un symposium puntual: “Deforestation, Erosion, and Ecology in the Ancient
Mediterranean and Middle East”. Esta fue la oportunidad inicial para brillantes aportes
desde la arqueología y los estudios interdisciplinarios, de los cuales ha capturado nuestra
atención un artículo de J. Donald Hughes
78
bajo el epígrafe: How the Ancients viewed
Deforestation? que da cuenta de la severa deforestación en la cuenca del mediterráneo
77
COLUMELA, Los doce libros de agricultura que escribió en latín Luicio Junio Moderato Columela.
Traducción: Juan Ma. Álvarez de Sotomayor y Rubio T. I y II. Imprenta de D. Miguel de Burgos, Madrid, 1824,
p. 82.
78
HUGHES, Donald J. “How the Ancients viewed deforestation”, Journal of Tield Archaeology, Vol. 10, n° 4
(Winter, 1983) pp. 435-445, Taylor & Francis, Ltd., http://jstor.org/stable/529465.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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PRIMERA PARTE
83
Revista de Derecho Romano Número II 2020
descripta por autores de la antigüedad clásica desde Homero en s. VIII a C al emperador
Teodosio II en s. V , enfocado su análisis en cómo evaluaron los antiguos las causas y efectos
dentro de cada contexto, y qué actitud o práctica tomaron para resistir al fenómeno de la
deforestación.
Entre otros autores, cita a Teofrasto, quien habría llamado la atención acerca de la
desaparición de ciertos árboles de Cyrene, allí donde se estableció la ciudad y que la gente
aún recordaba que sus algunos techos se hicieron con ellos; y que también refiere
específicamente a la tala de árboles en la isla de Córcega, que era la de arbolada más densa
y alta: “Sin embargo, algunos se adentraron en la isla y talaron una gran cantidad de
árboles, acotando un pequeño espacio”, pues como ya dijéramos, aventajaba “con mucho
en la producción de árboles, a otras regiones.”
79
Alude también: a Platón cuando observa la deforestación en Atenas en el Critias
80
evocando la exuberancia de vegetación anterior, plena de montes “llenos de sombríos
bosques… montañas,… cubiertas de árboles poderosos, que se cortaban para levantar
vastísimas construcciones, muchas de las cuales están aún en pie”, donde había árboles
frutales de mucha elevación y extensos pastos para los ganados.”; a Dionisio de
Halicarnaso
81
, que, puntualmente en relación a Roma, cuenta que el monte Aventino había
estado cubierto de árboles y que, en su época, ya se encontraba cubierto de edificios.
Recuerda aquel lugar conocido como ‘arboleda de Laurel’, a la que ya vimos que Plinio
mencionaba en su Historia Natural
82
y, además, se alarma de que las fuentes de madera
valiosa habían sido agotados”; a Estrabón
83
, en su Geografía, cuando se lamenta por cómo
se consumían los bosques de Pisa para construir edificios dentro de Roma o villas de ‘lujo
persa’ en el campo.
Para comprender lo que significaba la deforestación para el mundo antiguo, acota
79
TEOPH., HP, 5.3.7.1; Cirene fue una de las cinco colonias de la antigua Grecia, ubicadas en la actual Libia,
que dio nombre a ‘la Cirenaica’ y cuyas ruinas forman parte del Patrimonio Mundial por declaración de
UNESCO de 1982.
80
PLAT., Critias, 111b-d.
81
DION.HALIC., AR, 3.43.2.
82
PLIN., HN 15.138.5; 13.28.5.
83
ESTRAB., Geog.,5.2.5, C223.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
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Revista de Derecho Romano Número II 2020
Hughes, es necesario recordar las dos ideas dominantes:1) la consideración de que los
bosques se encontraban habitados por dioses y, por tanto, eran considerados como temene
o templa , sentimiento reverencial popular que permitió la conservación de ciertos bosques y
que fue mantenido como ya referenciáramos- hasta la época de Plinio
84
; 2- que los bosques
fueron el hábitat originario de la humanidad, pues la historia de hombres nacidos de robles
era ya antigua en los días de Homero
85
y, entre los romanos, Vitrubio
86
resaltaba que los
hombres, a la manera antigua, nacieron como animales en los selvas, cuevas y bosques”.
Aludiendo al mito hesiódico de las edades
87
, evoca una perdida Edad de Oro en l cual los
árboles tenían función primordial como “madres adoptivas de la humanidad, proveían
regalos de comida, abrigo y vestimenta”
88
y que, cuando la cosecha de bellota falló y Saturno
echó a la gente del bosque, expulsándolos del entorno idílico
89
, el hombre se vio obligado a
aprender a arar; usar sierras y cuñas para talar árboles y secar maderas. Aquella expulsión,
refiere este investigador, puede ser vista como el inicio de la civilización.
En resumen, afirma que los autores clásicos ya consideraban como causas humanas
del proceso de deforestación en la antigüedad, es decir, las que estaban vinculadas a intereses
y actividades humanas: 1- la agricultura: a- el despeje de terreno para lograr la cosecha de
trigo y, respecto de lo cual, los escritores de tratados de agricultura aconsejan muchas formas
de reducir el espacio arbolado en un suelo apto para arar
90
; b- el pastoreo, lo que ya era
considerado por Teofrasto como la causa mayor de daño a los árboles y, también por Varrón
91
para quien el más destructivo era la cabra por su gran apetito, llegando, incluso, luego, a ser
consideradas signo de mal presagio; c- el uso comercial de la madera y otros productos del
árbol, donde la tala de árboles: era una tarea especializada y los madereros se enorgullecían
de su trabajo” e involucraba: i-el transporte de la madera en barco a través de los ríos a los
puertos para llegar a los centros poblados, lo que fue muy facilitado por el estado romano; ii-
84
PLIN. HN, 12.3.1.
85
HOM. Od. 19.163.
86
VITRUB. Arch. 2.1.1.
87
HES., Erga,143-144.
88
PLIN., HN,12.1.1-6; Virg., G., 1.139-150.
89
VIRG. En., 8.313-327; Hes. Erg. 146-147.152.
90
Col., RR, 2.2.8.1-7.
91
Varr., RR, 2.pr. 4.2.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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PRIMERA PARTE
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Revista de Derecho Romano Número II 2020
la construcción de barcos, también promovido por el estado, cuyos emperadores facilitaban
la explotación privada de los bosques, por medio de arrendamientos, ventas, o concedían
reducción de impuestos, y refiere que, según cuenta Eratóstenes, existieron leyes que habrían
fomentado la deforestación permitiendo a cualquiera cortar madera libre de impuestos; iii-el
comercio e industria en gran variedad de usos de la madera y otros productos forestales; iv-
el uso de la madera como combustible en la industria de la cerámica y la metalurgia; d- la
guerra: a los soldados se los preparaba para cortar madera y los bosques eran deliberadamente
destruidos utilizándose la madera para construir los castra y los aparatos de asedio. Además
de todas esas causas atribuidas al hombre, existían otras naturales como fueron la
depredación de la fauna del bosque, los insectos, y los incendios.
En cuanto a los efectos que producía la deforestación, Hughes advierte que los
antiguos ya observaron: 1-su interferencia en cuanto a provisión de agua, como lo consideran:
Vitrubio, quien sostenía que el rol de los bosques era proporcionar y preservar el flujo de
manantiales; o Plinio, quien consideraba que, cuando las cuencas hidrográficas son
deforestadas, sobreviene la ruina; o el mismo Teofrasto que ya había postulado que el cambio
climático de Philippi era producto de la tala de árboles a su alrededor que había causado la
sequía de las aguas y el calentamiento climático; 2- la escasez en la obtención de madera,
tenida en cuenta como mercancía, vg. Plinio cuando da cuenta de cómo se había agotado la
madera de citrus de Mauritania.
Hay que tener presente que esta escasez complicaba a la industria naviera, y era
necesario generar una nueva estrategia para buscar bosques donde conseguir madera para sus
navíos y, por ello, se procedía a conquistar la tierra y establecer colonias para explotación
maderera, o bien hacer acuerdos diplomáticos para lograrlo, vg. cuando Antonio regala a
Cleopatra los bosques de Cilicia para fortalecer la flota egipcia.
Finalmente, en su análisis, Hughes refiere que algunos gobiernos trataron de regular
la conservación de los bosques y tomar medidas para protegerlos. Tal el caso de Egipto
ptolemaico donde habría existido un gran programa de forestación e, incluso, había leyes que
obligaban a solicitar autorización para cortar la madera aún en tierras privadas y hasta se
multaba al que permitía que el fuego se extendiera a la madera de un vecino. Además, resalta
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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que, en algunos lugares, según refiere Columela, el agricultor no limpiaba toda la tierra y se
dejaba una parte forestada. Algunos lo hacían para dejar un coto de caza con animales
salvajes; otros, hacían parques o plantaban árboles de muchas especies para hacer una silva
barbárica artificial, muy de moda a partir del imperio.
La tala de bosques como instrumento bélico
Excepto por una breve descripción del roble y la higuera cerca de las puertas Esceas
de Troya
92
, lo que trasunta en toda la Ilíada de Homero es la devastación de su vegetación,
no sólo por efecto de la guerra misma, sino por la necesidad de talar madera para elevar las
numerosas piras funerarias
93
, señala Bocchetti
94
.
En relación a Atenas, Tucídides
95
relata cómo quedaron devastados los campos áticos
a causa de la guerra contra Esparta y que, en completa ruina, quedó toda Grecia al ser arrasada
por los ejércitos desde las Guerras Macedónicas hasta las Mitridáticas (s. III a I a. C.), al
punto que Cerca del año 100 d. de J. C. Dión de Prusa (Crisóstomo) escribe de una ciudad
eubea (quizás imaginaria) donde se había permitido que las dos terceras partes de su tierra
se convirtieran en desierto”, aludiendo al proceso de desertificación quizás a consecuencia
de la tala indiscriminada realizada a causa de las guerras.
96
Como se puede apreciar, la desertización de la zona bélica era una consecuencia
inmediata y habitual en toda la antigüedad y nada ajena al mundo romano: más aún, fue su
característica fundamental para lograr dominar al orbe circundante, como bien señala
Teyssier en ‘Los secretos de la Roma antigua’
97
.
Una de las armas secretas del ejército romano”, -dice este autor- era la dolabra,
92
HOM., Il., 11.166-171.
93
HOM., Il., 23.117-122.
94
BOCHETTI, Carla. El espejo de las musas. El arte de la descripción en la Ilíada y Odisea, Centro de Estudios
Griegos, Bizantinos y Panhelénicos, Facultad de Filosofía y Humanidades, Fotios Malleros, Universidad de
Chile, 2006 e-book http://nrs.harvard.edu/urn-3:hul.ebook:CHS_Bocchetti.El_Espejo_de_las_Musas.2006, p.
36, 139.
95
TUCID. 2.47, 55; 3.1.
96
WALBANK, La pavorosa revolución. La decadencia del Imperio Romano en Occidente, versión española
de Rolfe, D., Tit. Orig. The awful revolution- The decline of the Roman Empire in the West, Ed., Alianza,
Madrid, 1984, p. 41- 42.
97
TEYSSIER, Eric. Los secretos de la Roma Antigua, Edaf, Madrid, 2016, E-book, Sec. 7.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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instrumento ambivalente que consta de dos hojas de hierro sostenidas por un mango corto:
de un lado tiene un pico y, del otro, un hacha; y que formaba parte del equipamiento de todo
legionario “de ahí que puedan tanto talar árboles o ramas como excavar la tierra”.
Lo usaban para construir el campamento (castrum) para cobijar a la legión:
Una parte de los hombres echaba mano de la dolabra para excavar un foso (fossa)
mientras los otros retiraban la tierra en cestos de mimbre. Esa tierra se amontonaba junto
a la zanja y se construía un talud (agger). Para estabilizarlo, los soldados cubrían el
montículo con hacer de hierba. Mientras tanto, siempre armado con sus dolabra, otros
legionarios talaban árboles que transportaban hasta el campamento. Los troncos servían
para edificar fortines que protegían las entradas. Y las ramas se trenzaban para fabricar
una empalizada (vallum) que plantaban en lo alto del talud”.
Munidos de esta ‘arma’, en De bello gallico, Julio César da muestra cabal de esta
costumbre romana de arrasar con los campos al paso del ejército, ya no sólo para levantar las
fortificaciones sino para destruir el medio de supervivencia de los pueblos de la Galia y
Britania y lograr someterlos al poderío romano. La tala de los árboles se ve, entonces, como
un hecho común y habitual de la estrategia bélica, aunque sabemos que no fue privativo de
este ejército sino de muchos pueblos de la antigüedad.
98
En 1, 37.2.1, refiere la queja de los eduos de que los harudes talaban su territorio; en
2. 5.3.1 César aconseja a los eduos que rompiesen por tierras de los beoveses y empezasen a
talar sus campos; en 2.9.5.2, se relata cómo los enemigos intentan pasar las tropas detrás de
cuarteles para romper el puente, o bien, talar los campos remenses que proveían de
bastimentos al campamento; en 3, 28 1.1-29.1.1, después de sosegada toda la Galia, cómo
merinos y menapios rebeldes se guarecían en los bosques , a consecuencia de lo cual César
taló sus campos, quelas aldeas y, recién, retiró a su ejército; en 4, 38.1.1-3.3, refiere al
envío deTito Labieno con las legiones para someter a los merinos rebeldes que ya tenían
secas las lagunas que en otro tiempo les sirvieron de guarida, y cómo fueron reducido los
menapios, que también se escondían en la espesura de los bosques, talándose sus campos,
98
CESAR. La Guerra de las Galias, con notas de Napoleón. Trad. Muniáin Balbuena. Orbis S.A., Barcelona,
1986.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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siendo destruidas sus mieses, e incendiadas sus habitaciones; en 5,19.1.1-3.4, cuenta cómo,
en la lucha contra Casivelauno, quien también llevaba su gente a las selvas, mientras la
caballería del César devastaba y talaba la campiña, se decidió que tales talas y quemas en
daño del enemigo sólo se alargasen cuanto pudiera llevar el trabajo y la marcha de los
soldados legionarios; en 6, 3.3.1, refiere a cómo César ordena a Cayo Trebonio a talar la
región adyacente de los aduáticos; y , en 8, 24,4, a cuando marchó a talar y destruir las tierras
de Ambiorix , fugitivo, arrasando con gran crueldad las tierras, hombres y ganados, para que
fuera un castigo ejemplar y todos le culparen al fugitivo de la calamidad que les causó.
En Polibio, también encontramos referencias a la deforestación bélica: cuando vg.
relata que, al inicio de las guerras púnicas la Italia era talada muchas veces por la escuadra
enemiga, mientras que el África al cabo no experimentaba extorsión alguna”, así como
cuando Amílcar Barca “con las tropas navales partió a talar la Italia, asoló el país de los
locres y de los brucios” o cuando “taló la costa de Italia hasta el país de los cumanos” y
por eso decidieron los romanos echarse al mar como los cartagineses; o cuando, ya
comandados por Aníbal, los cartagineses talaron los campos de Mila”. A su vez, refiere que
igual obraron los romanos una vez apoderados de Aspis, cuando comienzan a talar la
campaña y, sin resistencia, “arruinaron muchas quintas magníficamente construidas”.
También da cuenta de la tala de la campiña griega por parte del espartano Cleomenes.
99
Igualmente, Tito Livio
100
, respecto a los hechos de la Segunda Guerra Samnita (321-
304 a. C.), nos cuenta que, cuando los ejércitos romanos quedaron cercados entre los dos
estrechos pasos en las Horcas Caudinas, “con colinas boscosas a cada lado y una cadena
continua de montañas alrededor de ellos”, al avanzar, encuentran el paso que habían elegido
bloqueado por una barrera enorme de árboles talados y con grandes masas de rocas
apiladas contra ellos”.
Todos estos relatos sirven claramente para darnos una idea cabal de la magnitud y
extensión de la deforestación operada al paso de los ejércitos romanos a todo lo largo y ancho
del Imperio.
99
POLIBIO DE MEGALÓPOLIS. Historia Universal bajo la República Romana Tomo I, Aleph, 2000, p. 36,
46, 48, 88, 222.
100
LIV., Ab UC., 9.
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
CON ESPECIAL ATENCIÓN AL DERECHO ROMANO Y SU INFLUENCIA.
PRIMERA PARTE
89
Revista de Derecho Romano Número II 2020
III. CONCLUSIONES DE LA PRIMERA PARTE
Hemos considerado trascendental el abordaje de la cuestión forestal desde distintas
perspectivas u órbitas de enfoque, teniendo en cuenta al árbol o al bosque como objeto
consagrado a la divinidad o como objeto científico en los tratados de Agricultura o Botánica,
de lo que se puede deducir que desde la antigüedad hacia la Edad Media ha existido un paso
de lo sagrado a lo profano donde la protección de aquello consagrado a la divinidad se ha ido
desacralizando paulatinamente en el sentimiento popular y oficial, permitiéndose el avance
de la agricultura en cada vez mayores latifundios por la necesidad alimentaria de la densidad
demográfica en aumento.
También hemos probado cómo el aumento del territorio explotable con fines agrarios
fue de la mano de la expansión militarizada que, a su vez, dejaba devastados amplios
territorios al paso de sus dolabras recurriendo a la tala indiscriminada como método de
sometimiento de los enemigos, como así también, de qué modo las necesidades de ampliación
de la flota marina y la apertura comercial mediterránea, a la par del aumento de necesidad de
madera para distintos usos, provocaron la deforestación y desertización de amplias zonas
por ambiciones imperiales y lujos, sin medir las consecuencias ambientales que se estaban
provocando.
No obstante, al analizar el problema de la deforestación en la Antigüedad, ahondando
en sus causas y sus efectos, hemos visto que el mundo antiguo no fue completamente
insensible a la cuestión ambiental y que la literatura grecolatina, da buena muestra de ello y,
aunque en forma incipiente y con claridad, reconocen los efectos sobre las cuencas hídricas
y el cambio climático y constituye un avance hacia la concientización, como así también que,
en ciertos lugares, como en Egipto, existieron algunas medidas para impedir el avance de la
desertización.
En la Segunda Parte buscaremos completar el proceso en cuanto al enfoque jurídico,
es decir, a los árboles y bosques como objeto de regulación jurídica, desde las primeras
disposiciones bíblicas que sancionan la tala ilícita, como la de Deuteronomio (20:19-20) que
FORESTACIÓN Y DEFORESTACIÓN EN LAS EDADES ANTIGUA Y MEDIA,
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PRIMERA PARTE
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prohíbe la tala de frutales durante el asedio a la ciudad enemiga, por su importancia como
fuente de alimento, pasando luego por las disposiciones del Código de Hammurabi, ley 59,
con la condena de una indemnización equivalente a una mina de plata a quien tale un árbol
sin consentimiento de su dueño, para, finalmente, abordar en forma pormenorizada la
cuestión jurídica en el Derecho Romano desde las disposiciones de la Lex Duodecim
Tabularum hasta el Corpus Iuris Civilis, en los interdictos de arboribus caedendis y de
glande legenda, la actio de arboribus succissis, la actio furti y la lex aquilia, y el análisis
del Derecho medieval e intermedio, en la represión de la tala ilícita y los incendios, en las
Partidas y los Fueros, y llegar al nacimiento de la conciencia ambiental plena en la Novísima
Recopilación.