Revista de Derecho Romano Número I (2019)
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LA ENCÍCLICA LAUDATO SÍ, ECOLOGÍA INTEGRAL Y
DERECHO ROMANO
THE ENCYCLICAL LAUDATO SI, INTEGRAL ECOLOGY AND ROMAN LAW
Por Agustin Andrich y Christian Schulthess

Resumen: Nuestro trabajo consiste en un estudio sobre la naturaleza y alcance de encíclica papal Laudato Si,
del concepto de ecología integral en el escenario del Magisterio Social de la Iglesia y su vinculación a la
problemática ambiental. Realizamos un análisis de la problemática ecológica y su respectivo impacto humano
y social, desde la perspectiva de la encíclica y para concluir examinamos como fue el tratamiento de las aguas
y la cuestión forestal en el Derecho Romano, intentando encontrar enlaces con la concepción plasmada en el
documento estudiado.
Palabras Clave: Derecho Romano Medio Ambiente Encíclica Papal
Abstract: Our work consists of a study on the nature and scope of Encyclical Papal Laudato Sí, of the
concept of integral ecology in the scenario of the Social Magisterium of the Church, and its connection to the
environmental problematic. Conducting an analysis of the environmental reality, from a Christian perspective
and its respective human and social impact and finally, to conclude we examined how was the treatment of
water and the forest issue in Roman Law, which has been received by the Encyclical Laudato Si.
Key word: Roman law Environment Papal Encyclical
Artículo publicado bajo Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin
Derivar. © Universidad Católica de Córdoba
http://dx.doi.org/10.22529/rdr.2019(1)03

Andrich, Agustín. Abogado - Notario Universidad Católica de Córdoba (UCC) - Profesor Adjunto de
Derecho Romano, Cátedra “A”, Derecho Privado I, Cátedra “A” y “B” y Miembro del Instituto de Derecho
Romano “Dr. Agustin Diaz Bialet” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Universidad Católica de
Córdoba - Adscripto de Derecho Romano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba.
Adscripto de Derecho Civil de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba.
-Schulthess, Christian. Abogado, Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Miembro del Instituto de
Derecho Romano “Dr. Agustín Díaz Bialet” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad
Católica de Córdoba. Adscripto de Derecho Romano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de
Córdoba. Miembro del “Instituto Jacques Maritain”, profesor de Derecho y de Historia Argentina en Instituto
Santo Tomás Mail: caschulthe[email protected]
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I. INTRODUCCIÓN
El 24 de mayo de 2.015, durante el tercer o de su Pontificado, el Papa Francisco publicó
la Encíclica titulada Laudato Si (Alabado seas), la que, si bien es su segunda encíclica, es la
primera íntegramente trabajada por él toda vez que la anterior, Lumen Fidei, publicada el 5
de julio de 2.013, a menos de cuatro meses del cónclave que lo ungió como Obispo de
Roma, es fruto de desarrollos anteriores formulados por el saliente Benedicto XVI y viene a
completar la serie del Papa Emérito relativa a las virtudes teologales (integrada además por
Deus Caritas Est -2005-, Spe Salvi -2007- y Caritas in Veritate -2.009-). El propio
Francisco explica en Lumen Fidei que Benedicto ya había completado prácticamente
una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe … y, en la fraternidad de Cristo,
asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones.
1
Por ello es Laudato
Si la primera encíclica redactada íntegramente por Jorge Mario Bergoglio.
La impronta de Francisco se advierte en Laudato Si: sin perder inspiración religiosa
y afirmándose sobre sólidas bases teológicas y doctrinales, su estilo personal, abierto y
dialogal, le lleva a poner su mirada en el mayor desafío a futuro para la comunidad
internacional. Desde la década de 1970 el problema ambiental pasa a ocupar lugar central
en la agenda de los organismos y foros internacionales y motiva distintos eventos locales y
regionales, gubernamentales y no gubernamentales, al crecer la conciencia de la necesidad
de una acometida global: claramente el derecho interno de los estados, aisladamente, resulta
insuficiente para disminuir y revertir la afectación ecológica generada en los últimos siglos,
por el contrario, tal objetivo exige consensos y compromisos internacionales. Tímidamente
desde la conferencia de Estocolmo (1.972) se van consolidando algunas bases para un
sistema jurídico ambiental de proyección mundial, proceso jalonado por una creciente
actividad revelada, entro otros íconos, en la Conferencia del hábitat de Vancouver de 1.976,
la Comisión Brundtland creada por la Asamblea General de la ONU en 1.984, el Protocolo
de Montreal sobre la afectación de la capa de ozono de 1.987, la Conferencia de la ONU
sobre medio ambiente y desarrollo de 1.989 y las subsiguientes Declaración de Río,
Convención sobre el cambio climático, Convenio de Basilea, la Cumbre de la Tierra en
1
Cfr. Lumen Fidei, Nº 7.
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1.992, o el Protocolo de Kioto en 1.997, entre otros. Los Objetivos del Desarrollo del
Milenio entre sus propósitos enuncian la erradicación de la pobreza extrema y del hambre y
garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, diseñando un riguroso programa de
evaluación de cumplimiento que, precisamente en 2.015, año de publicación de la Laudato
Si, atravesaría una instancia clave. Francisco es consciente de que el problema ecológico
constituye una cuestión impostergable y advierte que no estamos frente a un problema
exclusivamente ambiental, digamos, abordable exclusivamente desde las ciencias naturales,
sino que es, ante todo, un problema social y cultural y tras este convencimiento, se detiene
a mirar, explicar y proponer lineamientos superadores de acción, desde la perspectiva del
Magisterio Social de la Iglesia
2
.
En el presente nos proponemos describir, en primer término, la naturaleza y
alcances de la encíclica, en Laudato Si y la ecología integral en el escenario del Magisterio
Social de la Iglesia. Signo de apertura a la comunidad mundial en relación a la
problemática ambiental. Partiendo de la estructura formal de la encíclica, desarrollaremos
los tres grandes aspectos bajo los que puede dividirse el abordaje de los temas en la misma
contenidos: un análisis de la realidad: lo que le está pasando a nuestra casa, una
apreciación, desde la mirada cristiana, de los motivos que han generado el daño ambiental
con su correlativo impacto humano y social y finalmente, caminos a transitar proponiendo
en ellos instancias de superación de este gravísimo dilema mundial, todos los cuales
convergen a nuestro ver- en un concepto central y novedoso en su formulación: ecología
integral. En una segunda parte, La encíclica Laudato Si, y los antiguos precedentes
ambientales romanos. nos proyectamos, desandando siglos en la construcción de la cultura
occidental, hacia Roma y así, en una aproximación a sus antiguas realidades sociales,
culturales y jurídicas, específicamente en relación al empleo del agua y de la riqueza
forestal, intentamos hallar, n embrionariamente, aproximaciones al concepto de ecología
integral. En esta senda, nos valemos del material recopilado, leído y analizado en el marco
del trabajo de investigación desarrollado desde el Instituto de Derecho Romano Agustín
Díaz Bialet de la Universidad Católica de Córdoba, titulado Límites al dominio, sus
2
El Código de Derecho Canónico (1.983) establece en el Canon 747,2 que “Compete siempre y en
todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso los referentes al orden social, así
como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanods, en la medida en que lo exijan los derechos
fundamentales de la persona o la salvación de las almas.”
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orígenes en el Derecho Romano, su proyección en el Código Civil y Comercial de la
Nación y su incidencia en la legislación en el cuidado del medioambiente y en la encíclica
papal Laudato Si sobre el cuidado de la casa común. Finalmente, nos arriesgamos a
formular una conclusión que la que intentamos rescatar los aportes que, desde la antigüedad
romana, puedan aparecer vinculados al concepto de ecología integral plasmado en Laudato
Si.
II. LAUDATO SI Y LA ECOLOGÍA INTEGRAL EN EL ESCENARIO DEL
MAGISTERIO SOCIAL DE LA IGLESIA. SIGNO DE APERTURA A LA
COMUNIDAD MUNDIAL EN RELACIÓN A LA PROBLEMÁTICA AMBIENTAL.
A partir de la invención de la “máquina a vapor” (James Watt, 1.769) se desata la
llamada “revolución industrial” que, jalonada en una vertiginosa sucesión de inventos y
avances técnicos, transforma la Historia desde sus derivaciones no sólo técnicas sino
económicas, sociales, ideológicas y políticas, dando también inicio a diversos problemas
ambientales. Crecientes escenarios de marginación, explotación laboral e injusticia social,
activan la sensibilidad de los católicos frente al impacto de las nuevas situaciones, en la
estructura y organización de las sociedades modernas. Partiendo de estas novedades surgen
corrientes que advierten la necesidad de actuar en la emergencia y se lanzan al ruedo
impulsando la educación popular, la formación de sindicatos y de organizaciones de
solidaridad. Asimismo, la Iglesia ante los nuevos problemas sociales derivados de las
transformaciones emergentes de la industrialización, no guarda silencio sino que, desde su
lugar, comienza a dar su mirada y juicio en distintas encíclicas que abordan estos desafíos.
Así, la explosión demográfica, la urbanización, la revolución científico-técnica, la
secularización, el hambre, el analfabetismo, la pobreza y el subdesarrollo pasan a ser temas
de consideración eclesial en cuanto comprometen la dignidad de la persona. El Papa León
XIII fue el gran innovador con la encíclica Rerum Novarum (1.891), donde aborda el tema
de la cuestión social y obrera suscitada con la industrialización y, desde entonces, es
incesante la publicación de encíclicas dedicadas a cuestiones sociales, como las de Pío XI
Quadragesimo Anno (1.931) donde analiza la nueva legislación protectora de los
trabajadores inspirada por la Rerum Novarum, Mit brennender sorge (1937) censurando al
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Nazismo o Non abbiano bisogno (1.931) criticando al fascismo, las de Juan XXIII quien
publicó Mater et Magistra (1961), la que aborda varios problemas sociales abogando por
un decoroso nivel de vida para los trabajadores agrícolas y promueve el internacionalismo y
Pacem in Terris (1.963) que analiza los derechos del hombre y sus deberes correlativos. En
línea con estas encíclicas precedentes, el Concilio Vaticano II dedica no pocas expresiones
al abordaje de diversos problemas políticos, sociales y económicos. Del Papa Paulo VI se
destaca la Populorum Progressio (1967) sobre el progreso de los pueblos y los derechos
humanos, mientras que Juan Pablo II enriqueció las miradas y análisis de sus predecesores
con la Redemptor hominis de 1.979, condenando el totalitarismo y la violencia, Laborem
excercens, sobre el trabajo humano y Sollicitudo Rei Socialis, sobre los problemas sociales
a fines del siglo XX. Estas encíclicas junto a una inconmensurable cantidad de cartas,
mensajes y discursos, van configurando un cuerpo de enseñanzas que se conoce con el
nombre de Magisterio o doctrina- Social de la Iglesia, al que adscribe la Laudato Si,
debiéndose aclarar que este Magisterio no constituye ni una filosofía social, ni una
ideología, ni un punto medio entre liberalismo y socialismo, ni una praxis política, sino que
configura un cuerpo de enseñanzas de naturaleza moral y social, en clave religiosa. Cabe
destacar que estos documentos, que contienen un conjunto sistemático de verdades, valores
y normas, y se fundan en los valores del Evangelio y del derecho natural, no tienen como
destinatarios exclusivos a los miembros de la Iglesia sino que van dirigidos a los pueblos y
a los gobiernos, como un aporte para construir una sociedad más justa.
En Laudato Si, aclara Francisco que: Hace más de cincuenta años, cuando el mundo
estaba vacilando al filo de un crisis nuclear, el santo Papa Juan XXIII escribió una
encíclica en la cual no se conformaba con rechazar una guerra, sino que quiso transmitir
una propuesta de paz. Dirigió su mensaje a todo el “mundo católico”, pero agregaba “y a
todos los hombres de buena voluntad
3
. En tren de estos mismos objetivos explica que la
Laudato Si va dirigida a cada persona que habita este planeta.
4
Expone que esta encíclica
se agrega al Magisterio social de la Iglesia
5
y lo ratifica repasando, en los números 4, 5 y 6
diferentes mensajes sobre la materia emitidos por sus predecesores, a partir del Papa Pablo
VI hasta Benedicto XVI. Precisamente cuando empieza a despertar en el mundo la
3
Laudato Si, Nº 3.
4
Ibídem.
5
Ibídem, Nº 15.
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conciencia a partir de los primeros daños ecológicos de magnitud apreciable, esto es, los
años setenta, incluso antes de la Conferencia de Estocolmo, Pablo VI ya efectúa en sus
escritos referencias al problema ambiental: en Octogesima adveniens (1.971) expone que
Debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza (el ser humano) corre el riesgo
de destruirla y de ser a su vez víctima de esa degradación, asimismo en su discurso a la
FAO del 16 de mayo de 1970 advierte acerca de la posibilidad de una catástrofe ecológica
bajo el efecto de la explosión de la civilización industrial e incluso más temprano, en
Populorum Progressio (1.967) señala la urgencia de un desarrollo integral y anuncia la
gravedad del monocultivo (Nº 7). Excluyendo el breve pontificado de Juan Pablo I, la
problemática ecológica es tratada con mayor profundidad por Juan Pablo II, en un contexto
internacional de creciente conciencia del problema ambiental, quien expone que el hombre
parece no percibir otros significados de su ambiente natural, son solamente aquellos que
sirven a los fines de un uso inmediato y consumo
6
, proponiendo una conversión ecológica
global
7
y, entre otras diversas expresiones sobre la cuestión, sostiene, en 1.991, que el
desarrollo debe tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexión con un
sistema ordenado
8
. En tiempos de Benedicto XVI el problema es moneda corriente en los
foros internacionales y preocupación prioritaria de la comunidad mundial por lo que sus
aportes son específicos y de irrefutables bases: concebirlo como una cuestión, ante todo,
social y cultural, y por ello expone que la degradación de la naturaleza está estrechamente
unida a la cultura que modela la convivencia humana
9
y sostiene que El derroche de la
creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros,
sino que sólo nos vemos a nosotros mismos
10
.
Si bien los antecedentes magisteriales que se citan (y otros varios que, brevitatis
causae, omitimos), implican poner el arado en la tierra, es Francisco en Laudato Si, su
encíclica sobre el cuidado de la casa común, quien logra arar en profundidad, ya que no
solo efectúa un diagnóstico acabado de la magnitud del problema sino que ensaya desde la
realidad y en clave filosófica, antropológica y teológica una mirada crítica que desentraña
las causas profundas de tan arduo desafío mundial; lo hace en seis capítulos titulados,
6
Redemptor hominis, Nº 15.
7
L´Obsservatore Romano, 19.01.2001, p. 12.
8
Centesimus annus, Nº 37.
9
Caritas in veritate.
10
Discurso al clero de la Diócesis de Bolzano-Bressanone, 06.08.08.
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respectivamente: Lo que le está pasando a nuestra casa, El Evangelio de la Creación, Raíz
humana de la crisis ecológica, Una ecología integral, Algunas líneas de orientación y
acción y Educación y Espiritualidad ecológica. Desde estas perspectivas, Laudato Si
consolida el innovador concepto de ecología integral, quizás la más completa respuesta a la
crisis y propuesta de protección ambiental.
III. UN ANÁLISIS DE LA REALIDAD: LO QUE LE ESTÁ PASANDO A
NUESTRA CASA
11
No es nuevo el concepto de “aceleración” de la historia, conforme al cual es
incesante el incremento del ritmo del cambio actual, denominado por algunos, según
Francisco, rapidación, la cual no tiene, precisamente, como norte ni el bien común ni el
desarrollo humano integral e impacta en un deterioro mundial y pérdida de calidad de vida.
La contaminación y su impacto en el cambio climático, las cuestiones del agua y de
la pérdida de la biodiversidad, el deterioro de la calidad de vida humana y la degradación
social junto a una inequidad planetaria son expresiones de un maltrato de la casa común
generando un clamor por otros rumbos ante la debilidad de las reacciones de la comunidad
internacional reflejadas en el fracaso de sucesivos empeños mundiales. La contaminación,
sea por factores atmosféricos, depósitos de sustancias que acidifican los suelos y los
agrotóxicos en general, genera graves efectos sobre la salud, en especial de los más pobres
y refleja que la tecnología resuelve problemas, pero crea otros. La tierra, nuestra casa,
recibe cientos de millones de toneladas anuales de residuos. La cultura del “descarte” afecta
no sólo a las cosas sino a seres humanos excluidos. Existe un consenso científico sobre el
calentamiento del sistema climático, con el llamado “efecto invernadero” y la
deforestación, afectando recursos imprescindibles en derivaciones globales que impactan,
en especial, sobre los países en desarrollo. La cuestión del agua es otro de los indicadores
del agotamiento de los recursos naturales, lo que ha generado la tendencia a su
privatización conforme las leyes del mercado e interpela a todos los países hacia una acción
urgente para su preservación. Inquieta también a Francisco, especialmente, la pérdida de la
biodiversidad, desde la desaparición de selvas y bosques que implica la correlativa
11
Laudato Si, Nº 17 al 61.
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desaparición de especies, daños agravados desde el desarrollo de monocultivos, hasta la
degradación de los océanos. Y junto estos procesos, remarca la Encíclica el deterioro de la
calidad de la vida humana y la degradación social, en especial en zonas menos visibles
donde viven los descartados de la sociedad. Y en esta degradación natural y social, la
cuestión del crecimiento demográfico que quiere limitarse mediante la reducción de la
natalidad sin advertir que es, sin embargo, compatible con un desarrollo integral y
sostenido, resultando que no es ese el problema, sino el consumismo emergente de la
inequidad. Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra junto al gemido de los
abandonados del mundo, en razón de que nunca se ha maltratado nuestra casa común tanto
como en los últimos dos siglos. Es un hecho el grave deterioro de nuestra casa común.
IV. APRECIACIÓN, DESDE LA MIRADA CRISTIANA, DE LOS MOTIVOS
QUE HAN GENERADO EL DAÑO AMBIENTAL CON SU CORRELATIVO
IMPACTO HUMANO Y SOCIAL
12
La convicción de la viabilidad del diálogo “ciencia y fe” permite visualizar los
posibles aportes, desde la riqueza de la cultura de cada pueblo, de motivaciones valiosas
para el cuidado de la naturaleza. La sabiduría de los relatos bíblicos, portadores de un
varias veces milenario camino de ascenso cultural del pueblo hebreo, desentrañan las
relaciones del hombre con Dios, con el prójimo y con la tierra y la ruptura de la armonía, al
haber pretendido el hombre ocupar el lugar de Dios. El dominar la tierra y cuidarla,
protegerla, preservarla, guardarla y vigilarla constituye un mandato impetrado en las
antiguas leyes hebreas respetuosas del orden creado y de las leyes que lo rigen. Por
ejemplo, el año sabático, para la agricultura, no es obra de un capricho sino recaudo
esencial para sostener la fertilidad de la tierra. Corresponde al hombre descifrar el misterio
de la creación para respetar el valor y la fragilidad de la naturaleza y desde ese punto
generar la conciencia de que el progreso material debe tener límites en razón de la
interdependencia entre los diversos seres creados y el orden mismo de la Creación. El
respeto a las leyes de la naturaleza, es aceptación de Dios quien las ha impreso en un orden
del cual el hombre es parte, pero respecto del que debe adherir, a diferencia de los restantes
12
Laudato Si, Nº 62 al 162.
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seres, desde su inteligencia y libertad. El carácter de creatura del hombre mismo debe
moverlo a una comunión universal al que le es propio dar un destino común a los bienes
que interpele los hábitos injustos de una parte de la humanidad. La mirada de Jesús
entronca con esa tradición hebrea y por eso propone reconocer la relación paterna de Dios
respecto de todos los seres creados
Los síntomas de la crisis ecológica deben ponderarse desde el ámbito de la
inteligencia y libertad del hombre que, contradiciendo las reglas de la naturaleza, ha
engendrado una cultura que termina por ser dañosa al medio ambiente. Hay un poderío
tecnocrático que es el responsable de la afectación del ecosistema, al negar sus propios
límites y generar un progreso alejado de una ética solidaria, de una cultura y de una
espiritualidad que encaucen el poder humano hacia objetivos de bien común que exigen el
respeto ambiental. Y este paradigma llega a dominar también a la economía y a la política
que solo miran el rédito y no las consecuencias negativas que la obtención del mismo suele
generar, por eso se verifica un superdesarrollo de derroche y consumismo que contrasta con
realidades de miseria, la técnica domina la libertad del hombre y el mismo asume
soluciones injustas. Este antropocentrismo, para Francisco, ha situado la técnica por encima
de la realidad. Por ello, la crisis ecológica es exteriorización de la crisis ética, cultural y
espiritual de la modernidad y no hay solución que no pase por un saneamiento integral ya
que la degradación ambiental es consecuencia de la degradación social. Una ecología
integral no debe limitarse solo a lo ambiental, sino abarcar lo económico, lo social y lo
cultural, en sus recíprocas relaciones, incluyendo los pequeños detalles de la vida cotidiana,
hasta la materialización del ideal de bien común.
V. CAMINOS A TRANSITAR
13
La creciente conciencia del planeta como patria de toda la humanidad exige
soluciones que abracen una perspectiva global. Se exigen consensos que lleven a una
agricultura diversificada y sostenible, a formas renovables y no contaminantes de energía, a
la protección adecuada de los recursos forestales, al acceso al agua potable y a la reducción
de la desertificación y del cambio climático, en otros términos lograr diálogos que
13
Laudato Si, Nº 163 a 232.
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favorezcan nuevas políticas naciones y globales. En el orden de los valores estas nuevas
políticas no deben subordinarse a la economía sino al servicio de la vida y ello exige un
cambio en el estilo de vida que debe gestarse desde una nueva educación, que se centre en
la alianza entre la humanidad y el ambiente, en una suerte de “conversión ecológica” que
permita arribar al bien común.
VI. LA ENCÍCLICA LAUDATO SI, Y LOS ANTIGUOS PRECEDENTES
AMBIENTALES ROMANOS.
A) EL PROBLEMA DEL AGUA.
Avanzado el siglo XXI, el problema del agua, indispensable para la vida humana y
sostén de los ecosistemas, tan antiguo
14
como nuevo, no ha sido en un todo resuelto. En
Laudato Si se remarcan consecuencias de la disminución del recurso, la falta de acceso al
agua potable, la calidad del agua disponible para los pobres que provoca muertes todos los
días, la contaminación de las aguas subterráneas y fluviales por vertidos químicos y en lo
económico, la tendencia a privatizar el recurso y regularlo según las leyes del mercado, lo
que podría constituir nuevas fuentes de conflicto.
En todas las culturas antiguas, por ser vital, el agua tuvo especial consideración. De
hecho ellas nacieron en asentamientos pximos a fuentes de agua: ríos Tigris y Éufrates en
la Mesopotamia, Nilo en Egipto, Amarillo en China, o bien mares como el Mediterráneo en
Grecia, e incluso en zonas desérticas, los pozos de agua, como reiteradamente resulta, por
ejemplo, en las narraciones de la antigüedad hebrea contenidas en el Pentateuco
15
. Roma
fue fundada a orillas del río Tíber, en lugar conveniente para la defensa, el que, a la vez, le
14
Sostiene ARISTÓTELES en Metafísica, Libro I 3, 983b: de los primeros que filosofaron, la mayoría
pensaron que los únicos principios de todas las cosas son de naturaleza material: y es que aquello
de lo que están constituidas todas las cosas que son, y a partir de lo cual primeramente se generan
y en lo cual últimamente se descomponen, permaneciendo la entidad por más que esta cambie en
sus cualidades, eso dicen que es elemento, y eso el principio de todas las cosas que son… Tales, el
introductor de este tipo de filosofía, dice que es el agua los más antiguos hicieron progenitores
de todas las cosas a Océano y Tetis Anaxímenes y Diógenes afirman que el aire es anterior al
agua … Hipaso el metapontino y Heráclito elefesio (afirman) que lo es el fuego y Empédocles, a su
vez, añadiendo la tierra como cuarto de los ya mencionados (afirma) que son los cuatro. Aerem,
ignem, terram y aquam constituían los elementos constitutivos de todos los seres, para los
presocráticos.
15
(Gn. 1,6-8; 24,12-1; Mt. 3,13-17).
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permitía proyectar su expansión hacia las aguas de los mares y conservando las ventajas de
la posición mediterránea con salida fluvial al mar Tirreno, al resultar ese río navegable a
partir de la isla Tiberina. El emplazamiento elegido permitió, entre otras ventajas, un mejor
abastecimiento de agua, aún elevando las edificaciones a las colinas por los riesgos de las
crecidas que luego amenguaron con la construcción de sistemas de drenaje. Por el
desarrollo del asentamiento el agua comienza a obtenerse en manantiales de montaña,
creando, para consumo humano, sistemas notables de abastecimiento y distribución
mediante canales subterráneos que experimentaron un asombroso proceso de mejoras
técnicas, con galerías de infiltración, piletas drenadoras, señalización exterior de conductos
soterrados, sifones, puentes acueductos
16
, que no solamente constituyeron una fuente
directa de empleos temporales y permanentes por los trabajo de mantenimiento y limpieza
de ductos de larguísima extensión el acueducto Aqua Marcia registraba 99 Km. de
extensión y por él fluían, según cálculos de Frontino, unos 1.320.593 metros bicos cada
veinticuatro horas
17
-, sino que exigieron una verdadera organización para su cuidado,
conformada por los curator aquarium y los aquarii. Muchas familias, adicionalmente, en
sus atrios construían piletas, cisternas o aljibes para acumular agua de las lluvias. El sistema
debió generar los recursos para su mantenimiento, exigiéndose no solo el pago del servicio,
tarifado según la dimensión del caño (de barro o plomo) de entrada de agua a la
construcción, sino incluso desde impuestos destinados a tal fin como el tributum aquarum o
el tributum cloacarum. Ponderaron no solo el valor del agua potable y de su necesidad
vital para el consumo humano, sino también el evitar, al menos en el entorno de sus
ciudades, los efectos contaminantes de las aguas servidas y por ello, a la par de los ductos
portadores de agua, se erigieron, tempranamente, desde tiempos de Tarquino el Soberbio
último rey estrusco- cloacas que recogían las aguas servidas de viviendas, baños públicos y
lavanderías
18
, en tiempos de Julio César ya se soterraban, a fin de su conducción hasta el río
16
MARCO VITRUVII PULLIONS (s. I a.C.) en su tratado De Architectura, el primero conocido en su
género, dedica el libro 8vo. a tratar el empleo de las aguas, destacándose en lo que aquí concierne
su capítulo 6to., donde desarrolla diferentes conceptos técnicos relativos a la conducción del agua,
sea mediante tuberías de plomo, que ya desaconsejaba por ser perjudiciales a la salud, o bien
cañerías de barro o canales de albañilería. La obra completa, en latín y español está disponible en:
http://aparejadoresacc.com/wp-content/uploads/Vitruvio_Polion_Marco.pdf
17
Cfr. Cantú Cesar, Historia Univeral, T. VII, pág. 566.
18
Tito Livio, en “Historia de Roma desde su fundación”, sostiene que a la plebe le resultaba
menos duro levantar con sus propias manos los templos de los dioses que después, cuando tuvieron
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Tíber. Roma tenía tantos conductos subterráneos que Plinio la llama urbs pensilis
19
. La
expansión de Roma implicó, llevar estas obras de ingeniería hídrica a sus dominios, como
lo testimonian hoy numerosos monumentos como el acueducto de Túnez, de 132 km. de
extensión, construido en tiempos del emperador Adriano, el de Aspendos, en Turquía, con
un sifón de 1.670 metros, o los famosos acueductos de Mérida y de Alcántara en España
20
.
Si el agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque
es indispensable para la vida humana y para sostener los ecosistemas terrestres y
acuáticos
21
, es claro que en Roma esta exigencia se cumplimenta y claramente es
ratificado desde la magnitud de su expansión geográfica y su crecimiento interno que no
hubieran sido posibles un pueblo expuesto a problemas de salud severos. Una arquitectura
adecuada, un eficaz control de parte de funcionarios destinados a ese fin, una gestión eficaz
de recursos económicos y una preocupación incesante por mejorar los sistemas de provisión
de agua en la ciudad, se conjugaron para que, más allá de los privilegios, los habitantes de
Roma pudieran desarrollar una cultura interesada en alcanzar niveles razonables de
salubridad y satisfacer, desde esta perspectiva, básicos presupuestos de una ecología urbana
sustentable.
En perspectiva jurídica, hallamos igualmente respaldo a estas razones. En el Libro
Segundo de las Instituciones de Justiniano puede leerse: Et quidem naturali iure comuna
sunt omnium haec: aer, aqua, profluens et mare, et per hoc litora maris. Nemo igitur ad
litus maris accedere prohibertur, cita según la cual, por derecho natural son cosas comunes
a todos: el aire, agua, ríos y el mar junto a sus orillas, por lo que a ninguno puede prohibirse
el acceso a la orilla del mar. Las fuentes romanas revelan una básica clasificación de las
cosas en res intra patrimonium y res extra patrimonium, atendiendo a si podían situarse, o
no, dentro del patrimonio particular de una persona; equivalente y más precisa es la
clasificación que distingue res in commercio y res extra commercium, res nullius las in
commercio que no son de propiedad de nadie y las res derelictae que han sido dejadas por
su dueño. A su vez, dentro de las res extra commercium se hallan las res humani iuris,
que pasar a obras no tan grandiosas y más trabajosas,: … la conducción subterránea de la cloaca
máxima, desagüe de todas las inmundicias de la ciudad…” (Lib. I, 56,2).
19
Cfr. Cantú César, Historia Universal, T. VII, pág. 564.
20
Cfr. Altamira Rafael, Historia de la Civilización Española, Suc. De Manuel Soler Editores,
Barcelona, 1.904.
21
Laudato Si, Nº 28.
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cosas comunes y por tanto excluidas del tráfico jurídico por pertenecer, por derecho natural,
a todos los hombres: como hemos citado, el aire, el agua, los ríos, el mar y sus riberas. En
sus valores culturales, entonces, existía coincidencia entre la vida y el derecho romano con
lo propuesto en Laudato Si, por cuanto existía en Roma disponibilidad de agua potable, el
recurso era cuidado, se trataba de un bien común a todos los habitantes, no se encontraba
privatizado en tanto eran los funcionarios públicos los encargados de proveerlo y todos
contribuían para el sostenimiento del mismo.
B) LA CUESTIÓN FORESTAL
En una mirada integradora, Laudato Si acude al concepto de pérdida de la
biodiversidad, cuestión mucho más profunda que la pérdida de selvas y bosques toda vez
que ésta implica, además, la desaparición de miles de especies vegetales y animales que se
pierden para siempre por la acción humana. La interacción de los seres vivos en cada
ecosistema provoca que determinadas intervenciones humanas afectando a una especie,
desencadenen rupturas de equilibrios que terminan por impactar en todas las demás.
Francisco ejemplifica con la Amazonia y la cuenca fluvial del Congo y la diversidad que
emerge de su enorme complejidad e importancia para el ecosistema mundial cuyo cuidado
es elemental para la preservación de las especies. Ciertamente la importancia de los
bosques fue advertida en las culturas antiguas quienes en ocasiones, asignaban a algunos de
ellos carácter sagrado, así, Homero refiere que el héroe Odiseo se hallaba en Dodona a
inquirir del gran Zeus, a través de la encina copuda del dios, cómo era conveniente que
entrara en la tierra de Itaca…
22
Platón enseña en los bosques sagrados del héroe
legendario Academus, que rodeaban su tumba. En la Roma monárquica fueron los bosques
los lugares destinados al culto de los dioses, y mantuvieron ese carácter, luego, como
oráculos y también lugares de culto, como el existente a los pies del Palatino, junto al
atrium de las vestales, que subsistió hasta tiempos de Nerón, cuando en el año 64 fue
destruido por el gran incendio. Según los evangelios cristianos el “monte de los Olivos” era
un reconocido paraje, que, incluso fue elegido por Jesús para ir a orar con sus seguidores
antes de ser arrestado (Lc. 22, 39). Los celtas efectuaban sus rituales en bosques sagrados,
22
Odisea XIV 327-330
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al igual que otras diversas culturas antiguas, incluso del África negra, en las que ciertos
bosques eran asociados con los dioses. Sin embargo, el carácter sagrado de algunos
bosques, no fue obstáculo para que otros fueran explotados. Y es así como Estrabón y otros
griegos advertían que la tala de árboles a fin de construir embarcaciones o para fundir
metales, destruyó los bosques generando una grave erosión que afectó con los sedimentos a
los ríos reduciendo la población de peces. Antiguas narraciones de Teofrasto, Catón,
Virgilio, Plinio, Cicerón, entre otros, dan cuenta del gran consumo de madera en las
regiones controladas por el Imperio Romano que, algunos estiman, llegó a afectar el 50%
de los bosques del Mediterráneo
23
. Como es fácil concluir del último dato expuesto, no
existió en Roma una conciencia ambiental ni un interés firme en la protección de los
recursos
24
, en este caso árboles y bosques
25
. Si bien el derecho romano es prolífero en
acciones relativas a la tala de árboles, y ellas se remontan hasta su primer ordenamiento, y
van demostrando algunos avances, siempre en la dirección de proteger el derecho de
propiedad en razón del empleo del recurso para su dueño, sea por la penalización del daño
sea por la reparación patrimonial del mismo, siendo incluso sus detalles materia de opinión
entre los jurisconsultos los que llegan a reflejarse en el Digesto, no es sino hasta los tramos
finales de la Edad Media, cuando aparecen atisbos de miradas específicamente
conservacionistas de los recursos en las Siete Partidas, cuerpo normativo de esencia
romanista pero que integra las dimensiones humanístico-filosófica y teológica del
cristianismo, en el cual se señala ya la importancia paisajística de los árboles y
aprovechamientos de los mismos ajenas al interés económico y el deber de evitar dañarlos,
incluso, por la causación de incendios.
VII. A MODO DE CONCLUSIÓN.
23
Cfr. López Cadenas de Llano, Filiberto: “La erosión en España” en “Riesgo Geológico – Instituto
Geológico y Minero de España”, ETIMSA, Madrid, España, 1.987, pág. 166.
24
Sin perjuicio de lo expuesto, diversos estudiosos cómo Dioscórides, que se ocuparon de estudiar
el mundo vegetal y su relación con la salud humana, cuyos estudios y conclusiones obran en sus
escritos titulados “Plantas”.
25
Ello no implica negar la autoridad de filosofos y sabios como Lucrecio, que llegaron a sostener
que “En el principio la tierra produjo la raza de las plantas y su verde esplendor sobre los cerros, y a
través de los llanos brillaron los prados florecidos con su tinte de verdura, y luego se les encomendó
a los árboles variopintos la gran carrera de crecer a rienda suelta por los aires…” (La Naturaleza,
V,785.
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Ahora bien ¿podemos concluir, desde las modalidades del empleo del agua que los
romanos tenían conciencia ecológica, en el sentido del concepto de “ecología integral”?
¿Cabría igual respuesta en relación al empleo de árboles y bosques y su tala para el empleo
útil de su madera? Si la sociedad debe tomar conciencia de que está incluida en la
naturaleza, que es parte de ella, tenemos que aún cuando en la Antigua Roma no se pensaba
en el medio ambiente con los criterios de nuestros tiempos, ni se contaba con regulaciones
específicas como en la actualidad, los romanos gozaban de los recursos sin dimensionar
riesgos de abusar de los mismos ni eventuales consecuencias que ello generaría; más bien
se diría que buscaron y encontraron eficientemente soluciones prácticas a las que, para
entonces, eran sus necesidades, a las que acomodaron su modelo de desarrollo, producción
y consumo. Pero lejos estuvieron de arribar a un concepto ambiental de ecología integral.
Sabios y pensadores romanos lograron aproximarse, en ocasiones, a ciertos conceptos de la
ecología, pero sin llegar a perfeccionar miradas conservacionistas: es así como Lucrecio
llego a afirmar que “… la tierra con razón tiene el nombre de madre que swe gano, porque
ella sola crió la raza humana y alumbró casi a tiempo justo de los animales”.
26
Por cierto no
se plantearon un uso racional de los recursos, no consideraban el impacto ambiental de sus
procesos económicos, ni miraron la capacidad de regeneración de los recursos, premisa de
un desarrollo sostenible. Ciertamente la ecología social es necesariamente institucional
27
y
los sistemas normativos debe orientar los desarrollos culturales a partir de los valores
sociales, de modo que la satisfacción de las necesidades a lograrse desde la explotación de
recursos naturales pueda armonizar con un mundo concebido como “la casa de todos”. Hoy
es necesario no solo una legislación clara en protección de las aguas y bosques sino
también firmeza política para lograr el respeto de esas leyes, lo que demanda la generación
de una conciencia colectiva que preceda a una intervención colectiva en la protección
ambiental.
En Roma no existió una conciencia colectiva en la protección ambiental, por el
contrario, los romanos no trepidaban, primero en las calles y luego en las cloacas que
desembocan en el Tíber, arrojar toda clase de residuos y sus propias aguas servidas, todo lo
cual, en definitiva, implicaba contribuir con la silenciosa y larga contaminación del
26
Lucrecio, La Naturaleza, Libro V, 815.
27
Laudato Si, Nº 142.
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Mediterráneo, que lleva, desde la antigüedad de residuos encontrados, de unos 2.800 años
que afectaron, sin dudas, su biodiversidad
28
. Tampoco se inhibieron a la hora de talar los
montes, provocando en la región del Mediterráneo la desaparición de la mitad de ellos
durante la época imperial, ni de en ciertos contextos bélicos incendiar bosques enteros para
privar a sus enemigos de los recursos forestales, convirtiendo así a la desaparición de
especies vivas en una estrategia de guerra. Sin embargo, situándonos en el desarrollo de la
civilización en los tiempos que nos ocupan, es comprensible que por la aún escasa
población y precario desarrollo de las ciencias y una religión que los situaba como amos y
no siervos de la Creación, no percibiesen la relevancia de sostener el equilibrio en los
ecosistemas, aún cuando legaron dispositivos protectores, aún en interés particular, de los
recursos forestales, y llegaron a concebir a los recursos hídricos como un bien social y no
individual. Difícilmente podemos sostener que en los últimos siglos hemos sido mejor que
los romanos en materia de protección ambiental, por el contrario, siendo ya desde el
avance de las ciencias, de la propia conciencia del daño ambiental, de la verificación
cotidiana de la afectación de los recursos, de la extinción de especies, del cambio climático,
del calentamiento global, males que afectan a toda la humanidad- una plena evidencia la
del daño ambiental que nos involucra y perjudica, ni si quiera así la contemporaneidad,
contra ello, se ha decidido por concretar acciones efectivas, organizadas y coordinadas para
mitigar esa afectación ambiental.
En la cosmovisión práctica de los romanos, en su inquieto espíritu expansionista, en
la exaltación de la grandeza de sus generales y potentes ejércitos, en sus ocupaciones por
mantener los equilibrios del poder político y económico en su vasto Imperio, no llegaron a
compenetrarse del espíritu del Santo de Asís, reflejada en el Cántico de las Criaturas, pero
tampoco lo ha logrado la contemporaneidad:
Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.
28
Cfr. Laudato Si, Nº 40.
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Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.
Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
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