Revista
Pelícano
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Revista Pelícano
Vol. 6.
El vuelo del Pelícano
ISSN 2469-0775
pelicano.ucc.edu.ar
Agosto 2020 Córdoba
Mónica Heinzmann
Médica, especialista en Medicina Interna.
Magister en Medicina Vascular por la
Universidad de Milán y Magister en
Bioética por la Universidad Nacional de
Córdoba.
DOI:
https://doi.org/10.22529/p.2020.6.06
Es hora de reflexionar sobre lo que
hacemos. Bioética, ambiente y
pandemia
It’s Time to Reflect on What We Do.
Bioethics, Environment and
Pandemic
Resumen
Desde sus orígenes la bioética fue
concebida como ciencia de la
supervivencia. Sus aportes recobran
vigencia ante la situación pandémica y de
crisis civilizatoria que cuestiona nuestros
modelos de producción y desarrollo. Nos
proponemos un breve recorrido por las
diversas vertientes actuales, desde la ética
ambiental, la ecoética, la bioética
ecológica y la Bioética fundada en los
derechos humanos y algunas
consideraciones éticas acerca de la
situación ambiental actual. Desde allí nos
parece oportuno destacar algunos
aspectos, tal vez poco considerados, y
que cobran relevancia en este presente de
transiciones y cambios, como son la
revisión del enfoque tradicional de la
salud a su valor como bien social y
comunitario, la discusión y aportes acerca
del bien común y los bienes comunes y
de la Justicia ambiental que urge
incorporar en los procesos productivos,
en la economía y la política.
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Palabras clave: bioética ambiental, salud comunitaria, bienes comunes, justicia ambiental.
Abstract
From its beginning, Bioethics was conceived as a science of survival. Their contributions
regain validity in the face of the pandemic situation and the crisis of civilization that
questions our production and development models. We propose a brief review of the
various current aspects, from environmental ethics, eco-ethics, ecological bioethic, human
rights & bioethics, and some ethical considerations about the environmental situation.
From there, it seems appropriate to highlight some aspects, perhaps less considered, and
that become relevant in this moment of transitions and changes, such as the review of the
traditional approach to health, to its value as a social and community good, the discussion
and contributions about of the common good and the common goods, and of the
environmental justice that it is urgent to incorporate in the productive system, as well as in
economy and politics.
Key words: Environmental Bioethics, Community Health, Common Goods,
Environmental Justice.
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Introducción
Dios perdona siempre, los hombres a veces, la naturaleza nunca
Esta frase tan popular encierra una verdad irrefutable que se muestra elocuente en este
tiempo. La recordó el Papa en una entrevista a propósito de la pandemia. La imagen de
perdón alude a que hubo una injuria, un daño. Que se diga falta de perdón para la
Naturaleza tal vez no significa un castigo, sino más bien una cuestión de equilibrios, de
leyes físicas y ecuaciones termodinámica. Pocas dudas nos quedan que la crisis del
antropoceno subyace en el origen de la pandemia, un virus nuevo con una propagación
impredecible y descontrolada.
La propuesta de este texto es plantear una aproximación de análisis desde la Bioética a
nuestra realidad ambiental a partir del actual contexto y revisar aspectos vinculados a las
consecuencias que estamos viendo y los impactos en nuestro sistema mundo y en la salud,
y también destacar los aportes de la disciplina en su actualidad y su contribución para
repensar nuestra controvertida relación e intervenciones para con nuestro medio. Si bien
intentar la evaluación de un proceso cuando está en pleno desarrollo es muy limitado,
podemos al menos hacer algunas consideraciones provisorias y sumar otra voz, desde una
mirada bioética “interesada” (Velasco 2019, en Hybris). Y decimos “interesada” porque
nuestra atención se sitúa en el lugar de las víctimas, quienes están allí por imposición de
otros, y la categoría de víctimas en este presente pandémico, nos alcanza a todes y también
a los seres no humanos.
La bioética surge como una “ciencia de la supervivencia”. La idea de Potter que plasmó
su nombre fue la de construir un vínculo –un puente: a bridge to the future”– entre el mundo
de la tecnociencia que comenzaba a dominar el conocimiento biológico emergente y el de
los valores y principios promovidos por las humanidades, “pensar y reflexionar sobre lo
que estamos haciendo” sabiendo que de este diálogo dependería el futuro de la especie (y
de las especies). (Potter, 1971) Indudablemente la idea de Potter sigue teniendo tintes
proféticos. También en Europa, en 1927, Fritz Jahr pensó una Bioética y preconizó un
Imperativo Bioético que pedía respetar por principio a cada ser viviente como un fin en
mismo y tratarlo como a un igual. Si bien en su desarrollo inicial la bioética adquirió las
características de una Ética Biomédica, la idea de Potter de orientación ecológica,
evolucionó hacia una Bioética Global, (1978) y hoy revaloramos el análisis crítico y la
reflexión ética indispensable para la actual crisis civilizatoria.
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Cuando la Bioética llega a Latinoamérica, el encuentro con los problemas para la vida de
las comunidades asediadas por el desarrollo capitalista y las políticas neoliberales que
generan inequidad, explotación, despojo e injusticia fueron determinando la reapertura de
su campo de estudio y de praxis hacia una Bioética social.
En Latinoamérica se desarrollaron también una bioética de Intervención, de protección
y la Bioética que se arraiga en los derechos humanos. La Declaración de Bioética y
Derechos Humanos de (DUBDH) de Unesco, el primer instrumento ético internacional
que vincula bioética y derechos humanos, y aporta directivas a la comunidad internacional,
trazó emblemáticamente la línea del horizonte bioético, declarando la incuestionable
relación entre los derechos y libertades fundamentales y la bioética, el rol de los estados en
su responsabilidad social, los deberes y derechos en las prácticas de investigación en seres
humanos, el respeto por las diversidades y el pluralismo, la especial consideración hacia la
vulnerabilidad humana y la protección de las generaciones futuras, la biosfera y la
biodiversidad.
También la perspectiva de una Bioética desde las víctimas que fuimos desarrollando
intenta posicionar como sujeto ético a las víctimas del sistema, que siempre estarán y
tendremos entre nosotros y en nosotros a la hora de indicar por donde van las
prioridades. (Heinzmann 2019).
Bioética y Ambiente
La relación de la Bioética con las cuestiones ambientales está en la razón misma de su
origen. Como bien lo expresa Leff:
La cuestión ambiental, más que una problemática ecológica, es una crisis del
pensamiento y del entendimiento, de la ontología y de la epistemología con las que la
civilización occidental ha comprendido el ser, a los entes y a las cosas; de la racionalidad
científica y tecnológica con la que ha sido dominada la naturaleza y economizado el
mundo moderno; de las relaciones e interdependencias entre estos procesos materiales y
simbólicos, naturales y tecnológicos (2007, p.6).
Desde diversas posiciones la reflexión ética y epistemológica sobre la relación de nuestra
civilización con la naturaleza, tuvo creciente producción, pero muy poca incidencia en los
decisores y dueños (o apropiadores) de recursos y bienes comunes. Los aspectos comunes
son la crítica y la denuncia al modelo antropocéntrico y sus consecuencias.
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Gran parte de la actual crisis ecológica-ambiental viene dada por el modelo
antropocéntrico que sometió e instrumentalizó a todos los demás seres que pueblan la
tierra, bajo las premisas de “civilización”, “progreso”, “modernización” o
“tecnificación” de los instrumentos y de los mismos recursos de los cuales se vale el ser
humano en su lucha insaciable por dominar, conquistar o avasallar a los demás seres “no
humanos” y que carecían de derechos, valores y principios (Gómez Arévalo, 2014,
p.70).
Es notable la diversidad de expresiones que la preocupación ética por las cuestiones
ambientales y ecológicas fue adquiriendo, desde la Bioética global de Potter a la Ética
ambiental que se desarrolla a partir de Raquel Carson cuando plasmó en la Primavera
silenciosa (1968) su preocupación por el daño ambiental en manos del poder. Más
recientemente, autores como Alfredo Marcos, Nicolás Sosa, Martínez de Anguita entre
otros, destacaron el carácter biocéntrico del enfoque ambientalista. También la Etica
ecológica, como una ética del medioambiente que se funda en el ecocentrismo, o
geocentrismo, siguiendo los postulados de A. Leopold, donde los seres vivos merecen
consideración moral por ser miembros de la comunidad biótica y se encuentra en las bases
de la Deep Ecology, de Arne Naess y George Sessions, y en documentos como Carta de la
Tierra del 1992. Más recientemente, la Ecoética: biocéntrica, naturocéntrica, holística,
destaca cuidados y conservación, y se ocupa de las interconexiones del mundo ético
respecto a las interacciones del ser humano con la misma naturaleza y con el universo
(Gómez Arévalo 2015). En la vertiente Bioética estrictamente, Kotow en Bioética ecológica
se dirige al agente moral, en sus relaciones con los demás y con la naturaleza, sustentándose
en la bioética de protección hacia los más débiles y en una ética del consumo (M Kottow
2009).
Desde el paradigma del Buen Vivir, autores como Acosta, Gudynas, Estermann,
Mamani, Albó, entre otros, nos dicen que necesitamos “otra ética”, que sostenga otra
relación con la Naturaleza, vista como agente moral y sujeto de derechos y por lo tanto
demandante de justicia ambiental, que cuestione las estructuras convencionales de
conocimiento y de desarrollo y se asiente en la descolonización de saberes y prácticas y
asuma otra racionalidad para construir mejor convivencia (Farah Vasopollo 2011).
En la Declaración de Bioética y Derechos Humanos de Unesco del 2005, se destaca la
interconexión entre los seres humanos y demás formas de vida, la importancia del acceso
común a los recursos biológicos y científicos, el respeto por el saber tradicional y el papel
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de los seres humanos en la protección de ambiente, de la bioesfera y biodiversidad
(DUBDH art17. 2005). En relación a otros aspectos que contempla la Declaración, el lugar
de las cuestiones ecológico ambientales fue muy escaso, pero es lo que se pudo conseguir y
gracias al aporte de bioeticistas de los países periféricos. (Carta de Buenos Aires, 2004).a L
En la propuesta de una Bioética desde las Víctimas, destacamos una perspectiva
biocéntrica, ecocéntrica y relacional, que incluye la integridad de la comunidad de los seres
vivos y sus relaciones.
También desde las orientaciones experienciales encontramos al Ecologismo Popular,
desde las poblaciones indígenas y campesinas de América Latina, que defienden la
naturaleza como oikos, casa, a la que se pertenece y como lugar de reproducción social de
la vida, opuesta a la visión de fuente de recursos a extraer como sucede cuando las
empresas petroleras, mineras y de agronegocios se instalan en territorios ancestrales de
posesiones comunitarias (Junges, 2015, p 270).
Nuestra realidad ambiental: Contexto pandémico
Es indudable que estamos en un momento crucial de la historia de nuestra civilización.
Hablamos de “crisis pandémica”, porque involucra una crisis de todos nuestros sistemas de
vida, de producción, de relación, de salud, de convivencia, de comunicación y hasta de
organización social y política. Considerando la complejidad de sus consecuencias y las
dimensiones sin precedentes para el mundo o el sistema mundo que conocemos, se puede
hablar de un fenómeno “disruptivo”, y no solo de los procesos sino también de nuestras
certezas y de los modos de vida que veníamos transitando. Nuestras generaciones no han
visto antes tan desestabilizados sus proyectos personales y colectivos.
Otra particularidad de este fenómeno es que estamos desafiados por un agente que no
conocemos y que no controlamos.
Desconocemos su origen. Varios expertos indican que se trata de una zoonosis y si así
fuera, sorprende el paso brusco desde animales a humanos y el grado de virulencia de la
afección. También hay teorías sobre el posible origen “manipulado”, accidental o buscado,
con aristas conspirativas. Es evidente que la emergencia no es casual y que la aparición de
esta enfermedad está en relación con la crisis ecológica y con eventos climáticos y
ambientales extraordinarios, como los que vivimos con los incendios de Australia, de la
Amazonia y de California que la precedieron. Si bien todas las hipótesis albergan una parte
de la verdad, las evidencias nos muestran que una minúscula partícula de ARN,
multiplicándose y “viralizándose”, puso en vilo a la civilización.
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Jaime Breilh, epidemiólogo ecuatoriano, dice que “la mesa estaba servida” (Breilh 2020)
para esta pandemia. Los efectos de la crisis ecológica manifestados en el cambio climático y
sus consecuencias produjeron una crítica inestabilidad biológica que así como se manifestó
en incendios, sequías, aumentos de la temperatura del aire y del agua de los océanos, podía
también provocar que una zoonosis se transformara en una noxa altamente peligrosa. Para
confirmarlo, en análisis recientes de datos satelitales y sanitarios, se pudo documentar el
impacto de la deforestación de la cuenca amazónica en la transmisión de la malaria, dato ya
relevado en varias investigaciones (Zimmer 2019).
Las alteraciones en la biodiversidad y de los ecosistemas producidas por las actuales
formas de producción han sido determinantes, se sabe que casi la mitad de todas las
enfermedades animales que han pasado al ser humano desde mediados del siglo pasado han
tenido su origen último en la modificación del uso de la tierra para la agricultura y en los
cambios en los hábitos alimentarios y la caza. Cuanto mayor sea la biodiversidad el efecto
diluyente de la multiplicidad previene el paso de enfermedades de una especie a otra
(Keesing, 2010, p647). La misma OMS lo reconoce y advirtió que aparecieron más de 30
nuevas enfermedades infecciosas humanas, la mayoría de ellas con origen en los animales.
Se insiste en detectarlas precozmente, así como en prevenir situaciones como la
deforestación que fomentan su desarrollo.
Si bien la comunidad científica internacional viene alertando sobre la crisis ecológica y el
cambio climático y los efectos ecodepredadores de los actuales sistemas de producción
(IPCC 2019)1, los tomadores de decisiones políticas, gobiernos y corporaciones no los
escuchan: Desde el negacionismo estructurado a los que eligieron patear el problema para
adelante, con alevoso descaro, los intereses económicos y privados siguen prevaleciendo
por encima del interés por la vida de especies y planeta.
La desestabilización del equilibrio ambiental tiene en su origen la feroz competencia de
empresas y laboratorios.
La globalización, los procesos depredadores, la financiarización de la economía, las
organizaciones ficticias, donde los lugares decisorios los ocupan CEOs de empresas y
no representantes democráticos, que controlan y regulan los mercados, constituyen el
gran contexto, allí donde el único mercado verdaderamente libre es el de los capitales.
En ese marco la misma salud es vista como un producto comercial y no como un bien
social (Rapoport, 2020).
1 Panel intergubernamental sobre Cambio Climático. Ver https://www.ipcc.ch/srccl/
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Desconocemos su mecanismo de acción: si bien mucho se discute sobre los orígenes y
los contextos, se sigue estudiando su fisiopatología a partir de sus manifestaciones clínicas
variadas y muy dependientes de la interacción con quien se infecta, por lo que se van
sumando hipótesis provisorias.
Desconocemos como tratarlo: se están probando fármacos y se buscan vacunas, que se
sabe serán difíciles de conseguir por las características de estos virus con alto grado de
mutaciones. Los intentos de tratamiento en muchos casos lograron mitigar las expresiones
clínicas, pero a diferencia de otras enfermedades, aquí la urgencia domina la escena y los
tiempos para probar terapias son muy lentos. Por esto se proponen tratamientos que
llamamos “compasivos”, porque no están probados y no se aseguran los resultados, para
intentar mitigar los síntomas y frenar la evolución del proceso en situación de crisis. Por
otro lado, hay mucha controversia acerca de su patogenicidad y mecanismos de contagio, y
si por un lado seguirá afectando a personas vulnerables, también podría seguir mutando,
volverse menos agresivo y permitir el desarrollo de inmunidad comunitaria (o de rebaño
como se la llama).
Para completar las breves consideraciones sobre la cuestión pandémica valga destacar
que se está observando una pérdida de confianza de las personas, no solo en las
instituciones democráticas sino en las organizaciones históricas y se reporta la emergencia
de nuevos liderazgos, vinculados a los colectivos comunitarios, y a las organizaciones
virtuales. Ramonet destaca que "las organizaciones internacionales y multilaterales de todo
tipo (ONU, Cruz Roja Internacional, G7, G20, FMI, OTAN, Banco Mundial, OEA, OMC,
etc.) no han estado a la altura de la tragedia, por su silencio o por su incongruencia.
(Ramonet 2020). Pero no podemos obviar la insoslayable discusión sobre el escenario del
poder, donde algunos autores destacan la consolidación del llamado Nuevo Orden mundial
y la emergencia de sociedades mediadas por Inteligencia Artificial (IA), el llamado
“capitalismo de Vigilancia” de S. Zuboff. Si de IA se trata suben al estrado no solo los
metacapitalistas tecnológicos americanos (GMAFIA, por las iniciales de las corporaciones),
sino también el Partido Comunista Chino (PCC). Los líderes del metacapitalismo, también
llamados globalistas totalitarios y del PCC comparten una visión de progreso utilitarista,
materialista y mecanicista basado en la sociometría, y muy pronto, en la biometría. (M
Lukas de Pereny, 2020). Byung-Chul Han en su Psicopolítica destaca que el poder, además
de no precisar más encierro, tampoco precisa hoy, al menos en gran medida, coerción, pues
ya no es el cuerpo sino la psique su objeto privilegiado (Byung-Chul Han, 2014).
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Estas consideraciones y evidencias nos mueven a repensar los fines y los límites del
avance tecno científico, y sobretodo nuestra capacidad como comunidad humana, de
reflexionar sobre los mismos. Y aquí nuevamente la Bioética retoma su intención original
de llamar a repensar nuestras conductas en las ciencias y hacia la vida, donde como
destacamos no puede disociarse el drama sanitario que vivimos, con los impactos que el
modo de producción y consumo dominante ejercen sobre los ecosistemas. Por lo tanto la
salida de esta crisis, o el camino, tiene que incluir cambios profundos en nuestro modo de
estar en el mundo.
En nuestro país eso implicaría, entre otros aspectos, dejar de impulsar el extractivismo.
En este momento sin embargo, todas las actividades extractivas han quedado exceptuadas
de las medidas de aislamiento por la pandemia, continúa el desmonte, la explotación de
hidrocarburos y la megaminería, la producción industrial de carnes y la agroindustria mal
llamada de producción de alimentos. Todas estas actividades están íntimamente
relacionadas a la crisis climática y están favorecidas por las decisiones políticas. Como bien
lo expresan algunos colectivos defensores de la relación con la tierra: Somos millones en
todo el mundo las y los que creemos que hay una “normalidad” a la que no podemos
volver” (Huerquen 2020).
Excursus sobre el “huésped”
Las diferentes reacciones y efectos que se observan ante la agresión viral del Covid 19 en
las personas muestran que la interacción del agente con el “huésped” es el punto donde
gravita el tipo de desarrollo de la enfermedad.
Si bien los grupos científicos y las empresas farmacéuticas están en plena carrera para
conseguir tratamientos y vacunas, son muchas las cuestiones que siguen sin aclararse, como
por ejemplo, porqué algunas poblaciones son más susceptibles que otras, con diferencias de
localización geográfica, de grupos etarios, incluso reconociendo que hay diversas
susceptibilidades relacionadas con las condiciones previas de salud (o enfermedad). Pero es
notable que se presta muy poca atención a uno de los factores determinantes del proceso
de enfermedad, el “huésped”!. Para que alguien desarrolle una enfermedad es necesaria la
interacción de una noxa (el virus), con un huésped, (la persona) y un determinado ambiente
o contexto. También en el proceso de enfermar, la dinámica es relacional.
Y justamente es poco lo que se divulga sobre las condiciones del huésped, que sabemos
es tan importante como la virulencia del patógeno. A demostrarlo está el hecho que, en las
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mismas condiciones y ante un mismo agente, no todos se enferman y si lo hacen, no se
enferman igual.
No somos organismos tan sencillos que con ponernos en una cápsula o cubrirnos con
una máscara exoneramos el contagio. Somos bastante complejos. En este sentido cabe
recordar que los aspectos que influyen en nuestra capacidad de defendernos y
resguardarnos de agresiones externas son muchos, desde aspectos genéticos a factores
emocionales y desde condiciones psíquicas a los aspectos nutricionales.
Aquí justamente radica uno de las cuestiones que nos interesa destacar. Si desde la
antigüedad se dice que el alimento sea tu medicina y desde la modernidad que somos lo
que comemos, las cuestiones acerca de la comida son cruciales. No se ha observado
esmero alguno desde quienes tienen el deber de proteger a las poblaciones o desde los
medios de comunicación masivos en destacar y aconsejar sobre optimización de salud
psicofísica para ser menos susceptibles o estar mejor preparados para un proceso de
eventual infección o enfermedad.
Los temas relacionados con la alimentación en esta línea están retomando interés en
especial, entre los jóvenes y quienes tienen miradas no tradicionales hacia los temas de
salud y en los grupos y comunidades que están fomentando la soberanía alimentaria y la
producción de alimentos con sistemas agroecológicos y respetuosos de los ritmos y la vida
de la naturaleza. Entre los más grandes estudios realizados sobre la agricultura: la
Evaluación internacional del conocimiento, ciencia y tecnología para el desarrollo
(IAASTD), promovido por Naciones Unidas, se insiste en la necesidad de una profunda
reforma de las políticas agrícolas para el siglo XXI, instando a los gobiernos a fortalecer
las ciencias agroecológicas, que demostraron poder incrementar la productividad pero de
forma sostenible.2
Algunas contribuciones de la Bioética
Seguramente la Bioética contribuye como lugar de encuentro y reflexión, siendo el diálogo
y la deliberación sus principales herramientas metodológicas. Un diálogo que requerirá la
escucha de otras voces, que incluya al saber científico pero que contemple con renovada
atención a los saberes tradicionales, los de las comunidades que están experimentando
nuevas formas de organización, colaboración y solidaridad, y permita que tengan voz
también los excluidos y las víctimas de nuestro destrato con la naturaleza y con las demás
formas de vida. Se habla de Ecología de saberes, (Souza Santos 2010), e implica una
2 IAASTD. Ver http://www.globalagriculture.org/report-topics/
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participación armónica y relacional en las instancias de diálogo y de nuevas organizaciones
que surgen desde comunidades y grupos de interés, así como de los afectados y las víctimas
del extractivismo, del avasallamiento hacia la salud humana y ambiental de los pueblos
fumigados y otros muchos s. Desde estos colectivos de víctimas, afectados y
reclamantes de derechos surgen los principales movimientos que están produciendo
cambios culturales y estructurales en pro de una mejor convivencia, respetuosa de la
relacionalidad extendida.
También el aporte bioético se hace destacando valores y principios, sea de análisis y
discernimiento, y en especial de algunos menos reconocidos y que será necesario recuperar
en este tiempo.
Ciertamente los temas de derecho a la salud, Justicia distributiva y reparativa, respeto
por los derechos y libertades individuales, acceso equitativo a los servicios y sistemas de
salud, principios como el precautorio, la responsabilidad, la transparencia, la revalorización
de la realidad de la salud y la necesidad de su construcción y tutela colectiva, así como la
responsabilidad social de los estados en asegurar derechos inalienables, vinculados a los
aspectos sanitarios, científicos, sociales y culturales, todos convocados.
Nos interesa destacar en este trabajo algunas contribuciones para la reflexión en este
momento, en el cual la Bioética no solo cuente para las normativas y la justicia distributiva,
sino que desde su enfoque ambiental acerque nuevas posibilidades. Incluiremos entonces el
valor de la salud comunitaria, la dimensión del bien común, y los bienes comunes y la
Justica ambiental.
El valor de la salud. La salud como bien social y humano y no como bien de mercado
La inclusión de los determinantes sociales de la salud, su dimensión comunitaria y colectiva,
nos llevan a redefinir lo que entendemos por salud, no solamente desde las definiciones
clásicas, sino también desde el conjunto de relaciones que contribuyen a una vida saludable,
las relaciones interpersonales y la relación con el ambiente. No podemos tener salud sin
ambiente sano, y la responsabilidad por su tutela es parte de la responsabilidad social de los
estados (como declarado en la DUBDH, art 14). Si incluyéramos a la salud comunitaria,
debería verse reflejado en las decisiones y orientaciones en las políticas de salud, que
tendrían que privilegiar a los determinantes sociales, económicos y ambientales, desde el
acceso al agua, el alimento, el aire y el ambiente sano, al valor de la sustentabilidad en la
producción de alimentos, la soberanía en la elección y el acceso al alimento. Fomentar la
salud es más importante que invertir en enfermedad, aunque necesitamos también tener
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hospitales y recursos, que se vieron desfinanciados en nuestros países como las evidencias
lo muestran. La misma educación para la salud y la de los agentes de salud, está fundada en
reconocer y tratar enfermedades, y menos en potenciar los determinantes de salud.
El lugar y la discusión del Bien común y de los bienes comunes
En bioética nos ocupamos de dirimir cuál es el bien para determinada persona en el aquí y
ahora de su situación sanitaria, entonces también es momento de dirimir cuál es el bien
para la familia humana, vista en su integridad y en nuestra actualidad. El capitalismo utilizó
como dinámica operante la privatización del poder de propiedad sobre la vida. Los
procesos de mercantilización de la vida se vieron favorecidos por la tesis según la cual nada
tiene valor sin intercambio. Las consecuencias son las conocidas. Sin embargo, la cuestión
del Bien común está ingresando también en la economía con la necesidad de incluir a la
ética en la economía. (Zamagni, 2012)
La noción de Bienes comunes y de su gestión, fue destacada por E. Olstrom (única
mujer Nobel en Economía) que pudo validar en experiencias concretas la posibilidad de su
gestión colectiva, en circunstancias donde el manejo de recursos comunes, como el agua,
en manos de las comunidades lograba perpetuar su uso y adaptarlo a las necesidades
exitosamente a través de consensos colectivos. Estos conceptos está siendo revalorizados y
revisada su gestión3. Bienes comunes y derechos humanos son indisociables (Petrella
2009). Otra cuestión que nos remite a decisiones estructurales y políticas, seguimos
considerando “recursos” para explotar a muchos bienes comunes, y el estado descuida su
tutela. Las comunidades empoderadas y organizadas son las que defienden los bienes
comunes con estrategias de militancia y luchas muchas veces muy desiguales. Estamos
necesitados de avanzar en la relación sociedad-estado para cuidar y gestionar los bienes
comunes, pero el camino se muestra muy arduo.
Un aspecto aún para poner en discusión bioética: la redefinición del Bien Común de la
Humanidad, en función de una adecuada relación con la naturaleza. Es una tarea esencial
frente a los daños ecológicos y a sus consecuencias y para considerar la capacidad
regeneradora del planeta y el equilibrio climático. Como dice Enrique Dussel (2016), lo
3 En esta categoría y como bienes públicos comunes, se incluyen las semillas, la biodiversidad, el aire, los
bosques, el conocimiento, servicios públicos como el agua, la energía, los trasportes, las comunicaciones, la
salud, la educación, la cultura, todo lo que ahora entra en el “sistema de necesidades/capacidades”. Son
bienes comunes que deben salir de la lógica de la mercancía y entrar en una perspectiva de gestión común
según varias modalidades, que no implican necesariamente la estatización, sino el control colectivo. (Houtart,
2014)
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que se debe asegurar es la producción, la reproducción y el desarrollo de la vida humana de
cada sujeto ético”… en esto estriba el Bien Común de la Humanidad.
Justicia ambiental
El principio de Justicia que aplicamos en las relaciones sanitarias y las cuestiones de
políticas y recursos en salud, tiene otros alcances cuando el sujeto es la Naturaleza. Los
derechos de la Naturaleza ingresaron en la estructura legislativa de Ecuador y Bolivia, con
matices diversos, pero con la novedad de reconocer a la Naturaleza como sujeto de
derecho y requirente de reparación en caso de daño o injuria. También hablamos de
Justicia, y ambiental, como criterio y principio que instaura la exigencia de introducir los
costos ecológicos de toda actividad humana en los cálculos económicos. No habrá
verdadera solución para la crisis ambiental sin una transformación radical en el modelo
económico que considere la naturaleza como un límite a los procesos económicos y que
incluya la entropía en los lculos de los procesos productivos (Junges, 2015, p.265). En
las bases de algunas propuestas innovadoras, como la economía circular podemos
encontrar una cierta perspectiva reparatoria e incluyente de los costos ambientales, ya no
como meras externalidades. Algunas experiencias sociales de economías comunitarias y
solidarias incorporan la justicia ambiental en sus procesos. Es clave para la perspectiva del
“Buen vivir”, pero lejos estamos de que sea introducida en los procesos de la economía
formal, se necesita una transformación de las categorías epistémicas y pragmáticas. Leff
remarca la necesidad de una “estrategia epistemológica” que permita construir una
racionalidad ambiental, donde la relación entre los dilemas humanos éticos y técnicos y
las consecuencias ambientales no sean encarados como aspectos separados sino
mutuamente relacionados (Leff , 2007).
Uno de los aportes más contundentes en cuanto a nuestra relación con el ambiente y las
causas de la crisis socio ambiental, con una clara denuncia al sistema mundo capitalista ha
sido la Encíclica Laudato Si, que subraya la interconexión entre todos los seres vivos, como
comunidad de vida, y cuestiona al progreso que ha provocado tanta inequidad. Propone
una ecología integral y repensar nuestras formas de producción y consumo como bases
para reconducir el cuidado de nuestra casa común.
Estos aportes de la reflexión bioética al problema ambiental que nos atraviesa nos
estimulan a repensar la construcción de una sociedad planetaria, con otras posibilidades de
gobernanza y con nuevos acuerdos y principios superadores. Esta idea, que para colectivos
como la de los Jóvenes por el clima, empieza a requerir alguna expresión, subyace en
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iniciativas como la Carta de la tierra de 1992, el “Acuerdo de los Pueblos”, firmado por los
representantes de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los
Derechos de la Madre Tierra en Bolivia, 2010, La declaración universal del Bien Común de
la Humanidad y de la Tierra, del 2009, propuesta por Boff y Scotto a Naciones Unidas. Y
recientemente la Carta de los habitantes de la Tierra, movilizada por Petrella con aportes de
ciudadanos de diversos países, sobretodo periféricos, con propuestas contundentes.
Ciertamente las propuestas esperan tener impacto en realizaciones concretas pero en tanto,
como las utopías, tiene la misión de hacernos seguir caminando.
Una referencia en particular al lugar de las mujeres, que se han destacado en esta
situación pandémica, como líderes innovadoras, con estrategias de comunicación, cercanía,
y capacidad de ponerse al lado de los ciudadanos para enfrentar la crisis, como vemos en
las responsables de países donde mejor se está gestionando la pandemia, como A. Merkel,
Tsai Ing-wen y Jacinta Arden entre otras.4 Sirva la mención para recordarnos que el rol de
lo femenino está mostrando nuevas posibilidades en cuanto al cuidado de la naturaleza, de
la comunidad de vida y en la construcción de relacionalidad y racionalidad planetaria, así lo
constatamos también en muchas mujeres agricultoras, campesinas, artesanas, dirigentes,
artistas, operarias o profesionales.
Para concluir, asumimos que el paradigma del desarrollo humano de la modernidad con
su progreso material y científico indefinido sustentado en la falacia de un planeta inagotable
y por la eficacia limitada de una economía de competencia (elemento particularmente
masculino) está dando signos de agotamiento. De ahí la necesidad de un cambio
epistemológico y estructural para asegurar a largo plazo la continuidad de la vida de la tierra
y de la humanidad. No se trata de retornar en las cavernas, sino de redefinir los
fundamentos (Houtart, 2014).
La crisis del coronavirus crea una nueva oportunidad para hacer un cambio de
paradigma desde la era mecanicista e industrial de separación, dominación, avaricia y
enfermedad, hacia la era de una civilización planetaria basada en la conciencia planetaria,
somos una familia terrestre cuya salud está sostenida por la interconexión ecológica, la
diversidad, la regeneración y la armonía (V Shiva, 2020). Seguiremos recorriendo el
camino de concientización, educación, sensibilidad, organización y gestión.
Es el tiempo de la cooperación que supere a la competencia, por otro lado, la naturaleza
es maestra en lo que a cooperación se refiere. La reflexión bioética, puede ayudarnos en
este nuevo aprendizaje, es hora de repensar lo que hacemos y de hacernos las preguntas
4 Ver https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52295181
Revista
Pelícano
vol.6 (2020) - 91
pertinentes, individual y colectivamente. Es una nueva hora para la bioética. Se ha vuelto
necesaria.
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