Revista
Pelícano
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Revista Pelícano
Vol. 6.
El vuelo del Pelícano
ISSN 2469-0775
pelicano.ucc.edu.ar
Agosto 2020 Córdoba
Marcos Tomasoni
mtomasoni@yahoo.com.ar
Ingeniero químico recibido de la UTN
Fac. Reg. Cba. Desde hace 7 años se
desarrolla en al ámbito del asesoramiento,
diseño y montaje de proyectos
permaculturales, ecocomunidades, y
agroecologia.
DOI:
https://doi.org/10.22529/p.2020.6.03
Bioética de la fitodepuración de aguas
Bioethics of Water Phytodepuration
Resumen
Basado en principios de permacultura,
recuperamos la idea de que el agua es un
elemento clave en la trama de la vida, en
el planeta Tierra. Somos agua, más que
“poseemos” agua en nuestro cuerpo, es la
base para reconsiderar la memoria de las
estructuras que desde el agua, permiten
reproducir los ciclos vitales. Los usos de
suelo y formas de habitar actual, podrían
mejorar su impacto en el ciclo del agua,
utilizando principios de fito-depuración,
de bajo costo y tecnología accesible, para
permitir más rápida re-vivificación del
medio acuoso.
Palabras clave: Aguas (grises negras),
Fitodepuración, Permaculura, Cámara
Séptica.
Abstract
Based on permaculture principles, we
recover the idea that water is a key
element in the web of life in the Earth.
We are water, more than we “have”
water in our body, it is the basis for
reconsidering the memory of the
structures that, from the water, allow us
to reproduce life cycles. The current ways
of living and land uses, could improve
their impact on the water cycles, using
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low-cost phyto-purification principles and accessible technology, to allow faster re-
vivification of the wet-lands and all water systems.
Key words: Waters (Gray - Black), Phytodepuration, Permaculure, Septic Chamber.
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1- ¿Cuál es el problema con el agua?
Dice R. Van Potter (1971, pp.78-79)
Perhaps what is needed is not conservatism or liberalism but realism realism about the
nature of man and realism about the nature of the world we live in. We are not talking
about what every educated person ought to know and does not. There is not presently
available within a single cover any reliable authoritative summary of what one would
hope a college graduated, or even a high school graduated, might be expected to know
about man and his world and the relationship between order and randomness in each.
Knowing involves knowing what we do not know as well as what we do know, and
there is a little doubt that if a group of the best minds from seven continents were
mobilized, they could come up with surprisingly large areas of agreement on knowledge
and ignorance.1
Este reconocimiento del padre de la Bioética sobre la necesaria relación entre saber y
no-saber, entre ser humano y medio ambiente, impacta de lleno en la tensión que se genera
cuando ciencias y tradiciones, valores y datos, dudas y certezas, conservar o liberar,
fidelidad y rupturas, significa en la búsqueda de una síntesis que nos integre y contenga. En
el mismo sentido, Potter se preguntaba por aquello que podría ser un “conocimiento
peligroso”. Sin duda la respuesta no está en un solo lado, en una sola cultura ni en una sola
ciencia. Es menester cruzar miradas, intercambiar las perspectivas, integrar opuestos y
complementar perspectivas. Los humanos no somos sólo UNA cosa sino una síntesis
dinámica, que se cuestiona, que se auto-comprende, y que duda de misma. Fluir es una
de nuestras maneras de estar vivos. Como el agua, de la que somos parte, o que es parte
nuestra.
El campo de la reflexión bioética se pregunta por lo que nos constituye, no en sentido
meramente simbólico sino en el sentido material: aquello de lo que estamos hechos. Una
parte importante del planeta está formada de agua, y también una parte importante de
nosotros/as. Más aún, solo porque existe el agua, existe la vida en cualquiera de sus formas.
1 Quizás lo que se necesita no es conservadurismo o liberalismo, sino realismo: realismo sobre la naturaleza
del hombre y realismo sobre la naturaleza del mundo en que vivimos. No estamos hablando de lo que toda
persona educada debería saber y no sabe. Actualmente no disponemos dentro de lo que se puede apreciar,
una síntesis confiable de lo que uno esperaría de un graduado universitario, o incluso de lo que un graduado
de secundaria debería saber sobre el ser humano, su mundo y la relación entre el orden y la aleatoriedad en
cada caso. Saber implica, tanto saber lo que no sabemos, como aquello que sabemos, y no hay la menor duda
de que si un grupo de las mejores mentes de los siete continentes se movilizara juntos, podrían llegar a grados
sorprendentemente grandes de acuerdo sobre el conocimiento y la ignorancia. (traducción libre de J. C.
Stauber)
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¿Existirá alguna relación entre la calidad del agua, su cuidado o su regeneramiento, y
nuestra calidad de vida, nuestra re-creación, inter-acción y sustentabilidad? El Agua es
símbolo de vida, de proceso infinito, de variaciones versátiles y del misterio que nunca cesa
de manifestarse nuevo: correr, limpiar, transformarse, vivificar o fructificar. ¡Cuánto
ignoramos aún del agua, como de los procesos humanos y culturales! ¡Cuánto más
necesitamos saber de sus interacciones maravillosas y de la simple maravilla de su poder!
Comencemos por una pregunta más simple: ¿Cual es la idea de “agua” que nosostres
tenemos habitualmente, y cuál la de su uso? Por el tema de que “somos agua”.
Tomando en cuenta la evolución de nuestra especie, podemos afirmar que la relación
del ser humano con su entorno configura claramente su experiencia y desarrollo.
Muchas personas tienen una cierta idea acerca de que el “ser antiguo” (los ancestros),
del que sabemos algo por la herencia de saberes y prácticas, algo por la academia, y algo por
las ciencias ocultas, desarrolló una relación con su entorno basada en un diálogo armónico
y acompasado a los ritmos de la naturaleza. Pero hablar del “ser antiguo” es un
reduccionismo. Existieron culturas, pueblos, y hasta naciones de las que se sabe que la
valoración de su entorno les perfiló una cosmovisión de integridad positiva con su tierra,
mientras que otras culturas ya desde temprano tuvieron bien en claro su inclinación a
guiarse por las demandas de yo individual (poder egoico), y experimentaron, miles de años
atrás, el decaimiento social como efecto del decaimiento ambiental. No podemos hablar de
un pasado color de rosa, ni sostener livianamente que todo tiempo pasado fue mejor.
Entre las culturas de relación más armónica con su entorno, conocemos a los pueblos
de la América profunda, que aún hoy subsisten en selvas y valles de nuestro continente, así
como otros pueblos del mundo, que podríamos denominar “culturas-raíces”, por su arraigo
al territorio y el respeto por los ritmos de su entorno natural. Entre las culturas más
propensas a conducirse por el imperio del yo y sus deseos omnipotentes, según
Broswimmer (2002) en su libro Ecocidio, 24 de las 36 reconocidas como “grandes
civilizaciones de la humanidad”, desplomaron su poderío por causa de la presión que
realizaron sobre su ambiente. Para quien quiera bucear en estas experiencias, el ejemplo
arquetípico del decaimiento de una cultura por destrucción ambiental, suele citarse la
cultura antigua de la Isla de Pascua, dado que todo pasó dentro de los límites de una isla
pequeña, con paralelismo significativo con la “isla” que podría representar nuestro planeta,
en términos de espacio finito.
En este trabajo deseamos abordar nuestra relación como sociedad moderna con el agua,
uno de los elementos esenciales del ambiente, y en ello, uno de los elementos esenciales de
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la vida. Hacer un mapeo sobre las formas de relación de la sociedad moderna con el agua
en su dimensión de consumo masivo, podría contemplar las distintas formas de
explotación y tratos con fuentes naturales de la misma, sistemas de transporte y
movimiento en infraestructura de redes, comercialización y distribución de agua en
espacios públicos, industrias y poblaciones urbanas y rurales, y las alternativas de descarga
del fluido a los medios naturales luego de su uso. En este trabajo solo acotaremos este
espectro a los términos de consumo y desecho en el hogar.
Cuando damos talleres sobre tratamientos de agua, el disparador que proponemos es la
pregunta “¿qué es el agua?”. Las respuestas de les asistentes comienzan por obviedades
técnicas (lo que la escuela nos dijo), y llegan a categorías espirituales, metafísicas, propias
del camino de cada quien. Y es este el cuadro de referencia que asumimos para el “ser
humano moderno de occidente”, un ser que viene deconstruyéndose en su intimidad
(algunes incluso ya han podido llevar esa deconstrucción a una escala familiar o
comunitaria), lo que está reconfigurando su relación con su entorno, con su ambiente.
2- ¿De qué hablamos cuando decimos “agua”?
Entonces si preguntamos ¿qué es el agua? abiertamente, en una clase, en la mesa familiar,
en el asado después del picadito, en la cola del banco, recogeremos miradas exactas de
dónde está parado cada quién en su relación con su medio.
El positivismo, (aún) actual modelo hegemónico de pensamiento en la academia y el
estado, redujo al agua a una molécula (hache, dos, o = H2O) en términos descriptivos, y a
un “recurso” en términos de gestión social (el recurso hídrico). Más allá de lo inexacta,
inapropiada, y hasta técnicamente falente de esta reducción, es este enfoque que nos
enseñan desde nivel Inicial en los colegios, y lo repiten hasta el último día en las facultades
(al menos las Técnicas), la madre del deterioro de la entidad agua. Cabe relacionar a esta
instancia, que con la degradación del agua como matriz de vida, sobreviene la degradación
de los ambientes y la salud de las poblaciones.
En otra escala de las miradas, traigo una anécdota que experimentamos en un colegio
quichua-parlante, de la ciudad de Quito, Ecuador. Habiendo ido a realizar una devolución
sobre un proyecto de diseño permacultural de la chacra del Colegio Sachay Huasi (casa del
saber en Quichua), el maestro que revisaba el documento observó:
-Está bueno el diseño, nos gusta, mas ¿no hay otra manera de llevar el agua a los
cultivos que no sea con manguera?
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Marcos, el diseñador en Permacultura, quien guiaba el diseño, responde que podían
estudiarlo, y que tal vez podían hacer acequias empedradas para mover el agua. Pero le
pregunta: ¿por qué no querían el sistema con mangueras?
-Porque con el agua adentro de las mangueras no podemos hablar”, respondió el
maestro. Imagínese el lector, la sorpresa de Marcos al verse confrontado con la idea de
“hablar con el agua”.
Esto ocurre porque existen tantas cosmovisiones sobre el agua, como pueblos en el
planeta. Para este caso, la comunidad andina, el agua es una entidad. Para otras, el agua es
un elemento arquetípico. Para otras miradas, el agua es el canal de sanaciones, el dominio
de los seres que gobiernan la abundancia. Según la ciencia propuesta por Rudolf Steiner2 el
agua es portadora de mensajes en términos de memoria. El agua adquiere memoria, y
traslada la información que memorizó. Este es el principio de la medicina homeopática. El
agua se memoriza con sustancias, es decir que alteran en un sentido sico su estructura
micro, y esa memorización es la que afecta a la patología para la que se usa dicha dilución
homeopática. Este principio fue discutido y ridiculizado por la Academia científica
mundial, que persiguió incluso en la década de 80s y 90s, a quien osase demostrarlo3. Varios
hechos fueron espectáculos de persecuciones y difamaciones de científicos que
demostraron esta memorización, entre los que tal vez, el ataque por parte de la revista
Nature al Dr. Benveniste4 sea el caso más icónico.
En esa misma década, un japonés vendedor de aparatos electrónicos para terapias, le
puso imágenes a la discusión (sin formar parte de ella), y por desenvolverse en un ámbito
no académico, pudo tomar fama mundial y expandir las memorias del agua. Hablamos de
Masaru Emoto (2013) y su fototeca de cristales de agua afectados por intensiones, palabras,
música y emociones.
Sin adentrarnos en la simbología que el agua representa para diversas culturas del
mundo, retomemos aquello de más arriba: nuestra comprensión del agua como causa de
nuestro trato hacia ella.
2 Rudolf Steiner (2001) Curso sobre agricultura biodinámica. Madrid: Rudolf Steiner.
3 Recuérdese al propósito el escándalo desatado por el recientemente fallecido Mario Bunge sobre los cursos
de medicinas alternativas que se enseñaban en la UNC años atrás, Véase, por ej.: Clarín on line del 21/4/2010
https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/polemica-cursos-medicina-alternativa-
universidad_0_HJmGZiI06Fg.html
4 Benveniste, J. (1988) Dr. Jacques Benveniste replies. Nature pp. 334:291.
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3- ¿Qué hicimos con el “recurso agua”?
El enfoque de nuestra sociedad occidental moderna sobre el agua, está dominado por la
mirada positivista y reduccionista que nuestra cultura tiene sobre lo tangible. Desde el
Jardín Maternal hasta la Universidad, se nos presenta al agua como un ser in-orgánico, no
vivo (factor abiótico), con su trilogía característica: incolora, inodora e insípida. Creciendo
con esa mirada del agua, nos llevará varias nuevas lecturas, saberes y experiencias, poder
ver un ser en lugar de un mero fluido. Es decir, romper con nuestra ignorancia de las demás
dimensiones del agua como forma de existencia dentro de este planeta tan original.
Ahora bien ¿qué es un recurso y qué podemos hacer con él? Pues un recurso es materia o
energía al servicio de demandas y necesidades antrópicas, propicio de ser usado,
usufructuado, alterado, permutado, comprado, vendido, degradado, o vuelto a desechar,
para cumplir esas demandas y necesidades. Sin embargo, con un ser, el enfoque empieza a
cambiar. Si se trata de una entidad con existencia, que puede reconocerse como sagrada
(representación o don de lo divino), o al menos una entidad par o de suma esencialidad,
entonces, las posibilidades se enriquecen.
Al tan punto hemos usado vorazmente el “recurso agua”, que en la industria argentina
durante décadas ni siquiera tenía costo significativo en la matriz económica, y en la mayor
parte de la historia industrial de nuestro país, la legislación sobre su tratamiento era débil, y
en la práctica se permitieron vertidos fuera de control como algo naturalizado. Una
consideración semejante nos llevaría a repensar críticamente la matriz de nuestra
cosmovisión sobre el agua, como pilar fundamental sobre el que se despliega el ecocidio
que realiza la megaminería, la industrialización urbana, y las actividades relacionadas al
agronegocios (feetlot, agroquímicos, transgénicos). No ahondaremos en este artículo sobre
el uso y abuso que hacemos del agua en el sector industrial, sino que nos quedaremos con
lo que hacemos a nivel domiciliario. Pero evidentemente no hay parangón entre los usos
descomunales de agua que hace la industria y la megaminería, al lado del humilde uso
domiciliario, que habitualmente es desigual, pues no es el mismo acceso al agua según las
clases sociales o las regiones más pobres y marginales.5
5 Valga, solo como ejemplo, la cita de la Red Bioética de Unesco: “No se trata de si nuestro nivel de riqueza
nos permite pagarlo, sino de que es un bien común, un bien que no pertenece o mejor dicho no debe pertenecer
a nadie, como lo son la tierra y el aire. Los grandes comerciantes que manejan los capitales que dicen
imprescindibles para la economía (cosa falsa porque sabemos que lo que mueve la economía no es el capital
sino el trabajo), quieren apoderarse ahora del agua, considerando que puede ser “explotada”, (no es casual
este término en este contexto), por empresas privadas y quitando las decisiones de manos de los estados que
se supone representan a las poblaciones (y algunas veces lo hacen). Fuente: Red Bioética Unesco (2019), El
agua como derecho humano, en https://redbioetica.com.ar/el-agua-como-derecho-humano/ Recuperado el
1/8/2019
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El agua es vida, así versa un lema popular al que poco le rendimos devoción. Somos agua,
otro concepto popularizado que nos identifica con ella en términos de elemento
constitutivo de nuestra corporeidad. Técnicamente lo somos, pues nuestro cuerpo posee
alrededor de un 65% de agua, casi en la misma proporción que la superficie del planeta.
Dicho esto ¿qué consecuencias tendría para nuestra antropología y para nuestras
concepción del si, un trato agresivo con nuestra constitución?
Ningún desarrollo inmobiliario tendría éxito sin el suministro de agua. El agua como
derecho humano básico también sería otro eje de trabajo futuro. En este documento
fraccionaremos el abordaje solo a las acciones que realizamos con el agua para devolverlas a
su medio: el tratamiento de aguas grises y negras.
4- Una forma de hogar muy nueva
Cuando damos talleres de Permacultura, nos gusta jugar con la siguiente imagen. Si
hiciésemos una línea del tiempo entre las primeras culturas comunitarias (lo más semejante
a nuestros pueblos) y la actualidad, deberíamos cubrir cerca de 14 mil años, según la
antropología académica. Si ahora trasladamos ese tiempo a una distancia de 14 metros (algo
así como catorce trancadas, o algo más de tres autos en fila), el tiempo que ocupa nuestra
moderna sociedad de consumo, puede representarse con apenas 15 cm (la distancia entre la
punta de tu pulgar y el extremo de tu índice, estirados), que es el mismo tiempo de
llevamos consumiendo petróleo bajo una lógica comercial. Quince centímetros en catorce
metros es muy poco para demostrarnos que nuestro modo de reproducir la cultura sea
viable en el tiempo. En ello, el estereotipo de hogar que poseemos actualmente ocupa aún
menos metraje en esa línea. Hablo de casas con cañerías para la instalación de agua,
abastecimiento de red, tanques plásticos de almacenamiento, bacha lavaplatos, bacha
lavamanos, inodoro y bidet con aguas, duchas, y la cantidad de grifos suficientes para no
alejar el agua de ningún rincón. Este tipo de viviendas reemplazó a la casa rural con su
abastecimiento de agua de pozo, el circuito de agua dentro de la casa con jarras y bateas, y
el escusado para los desechos humanos.
Ahora bien, con el impacto que la masificación de “este tipo” de consumo de agua
generó, necesitamos preguntarnos: si el agua limpia, y se lleva lo sucio, lo muerto o lo seco.
¿a dónde va a parar, y qué calidad adopta? Este modelo de vivienda tiene asociado un
modelo de manejo de aguas que con el tiempo, generó impactos irreversibles en términos
negativos, sobre las aguas subterráneas y superficiales.
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Luego de pasar por las etapas de usos dentro de la vivienda, el agua se carga de
sustancias que le hacen perder su naturaleza, incluso llegando a contaminarla a niveles
patogénicos. En sus usos domésticos, utilizamos agua para limpiar utensilios y alimentos,
ropa, y en el baño, además de la higiene personal, el agua se utiliza como medio de
transporte de las heces y la orina. Son estos últimos usos lo que genera las llamadas aguas
negras, por considerarse al agua luego de mezclarse con heces humanas. Esta mezcla genera
un fluido, técnicamente denominado efluente cloacal, que se contamina a un nivel de riesgo
patogénico, es decir, que puede cargar y ser el medio de reproducción de bacterias
patógenas.
El problema aumenta aguas abajo del tren de abordaje, ya que para el diseño tradicional
de tratamiento de aguas domiciliarias, se implementó el uso de cámaras sépticas, a donde
llegan todas las aguas de la vivienda. Entonces, el resto de flujos de agua que no pasaron
por el inodoro (más del 80% del total), terminan convirtiéndose en aguas negras por el solo
hecho de mezclarse en esta etapa. De haberse separado antes, el 80% de las aguas podría
tener un tratamiento diferenciado y más proclive a su reutilización.
La implementación de cámaras sépticas surge en la primera mitad del siglo pasado como
una solución importante para esta problemática. Una cámara séptica es una pileta enterrada,
diseñada para favorecer una descomposición de la materia orgánica presente en el agua
servida, por acción de bacterias anaeróbicas. Esto genera un efluente de descarga, que en el
mejor de los casos, logra un tratamiento que disminuye en un 70% la materia orgánica
disuelta. Por limitaciones técnicas, una cámara ptica no puede realizar un tratamiento
total de este parámetro, y no puede eliminar el riesgo de patógenos. Por lo pronto,
debemos sumar un tratamiento posterior a esta etapa para devolverle al agua que usamos
en casa, al menos, la condición de mínima concentración de materia orgánica disuelta, y
poder verterla al ambiente, nuevamente sin riesgo de contaminarlo. Sin embargo, la mara
séptica, que en su momento resolvió un gran problema de vertido de aguas crudas, según
en cada región de la provincia y del país se fue implementando, con este modelo de
tratamiento, generó 3 distintos abordajes sobre su etapa siguiente. Los veremos a
continuación.
5- Algo huele mal… en nuestra casa
En grandes ciudades, donde se implementaron las redes colectoras de líquido cloacal, el efluente
de las cámaras sépticas sigue su curso hacia un punto de concentración mayor y total de las
aguas domiciliarias, donde el Estado monta costosas plantas industriales y lagunas de
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estabilización para finalizar el tratamiento. Estas plantas, con el tiempo van quedando
obsoletas (el caso de Bajo Grande en la Córdoba Capital es tal vez el más difundido) o
demandan ampliaciones y actualizaciones de su infraestructura. En ellas, el consumo y uso del agua
aumenta década a década, tanto en su valor neto como en el promedio por habitante.
El principio rector del tratamiento de todo tipo de residuo (solido, liquido o gaseoso),
enseña que un tratamiento es más eficaz y económico
(tanto en costos monetarios como
energéticos)
cuanto más cerca está de su punto de origen, de su generación. Luego, con cada etapa de
alejamiento del origen del residuo, el costo (monetario y energético), aumenta en un orden
de magnitud. Visto desde esta premisa, las redes y plantas municipales de tratamiento de
efluentes cloacales, si bien resuelven el tema a nivel político, porque es el Estado quien
asume el tratamiento del efluente cloacal, requieren un costo monetario y energético de dos
a tres órdenes de magnitud mayor que si pudiésemos resolverlo en el mismo hogar dónde
se genera el efluente. Otro de los riesgos asociados a este abordaje, es que cualquier
eventualidad tanto en la red como en la planta de tratamiento, produce liberación de
efluente en la vía pública, y/o vertido de grandes caudales de efluente crudo (sin
tratamiento) aguas debajo de las plantas.
En poblaciones serranas, la etapa siguiente a la cámara séptica es la sangría o albañal. Este
tratamiento consiste en una red de cañerías ranuradas a medio metro por debajo del nivel
del suelo, que reposan sobre un lecho de unos 60cm de piedra bola. El principio de
tratamiento secundario a la cámara séptica, consiste en una segunda degradación biológica
(ahora aeróbica), que se produce por colonias de microorganismos que se generan en los
intersticios de las piedras de la sangría, previo a su infiltración final en el suelo. Ello está
favorecido por los altos valores de infiltración de agua que poseen la mayoría de suelos
serranos y periserranos, y por las grandes distancias en las que se suelen encontrar las napas
de aguas subterráneas en estas zonas. Pero no ocurre lo mismo en otras regiones. Esta
técnica, si bien es superadora desde el punto de vista de energético y económico -por
resolver el tratamiento a metros de donde se genera el efluente- tiene dos contrapartidas. La
primera, es que no se hace uso ni seguimiento sobre el agua tratada. En el mejor de los
casos se colocan achiras (u otras plantas de suelo saturado como carrizos, totoras, calas,
orejas de elefantes) que aportan belleza y biodiversidad a los patios, al tiempo que
consumen parte del efluente. En segunda instancia, con el tiempo, las ranuras de la cañería
se van tapando, disfuncionalizando los tramos de la sangría, hasta su saturación, generando
en la mayoría de los casos, que las mismas deban rehacerse al cabo de entre 5 a 10 años.
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El tercer modelo de tratamiento domiciliario de aguas, tal vez el más dañino para el
ambiente, se dio en las poblaciones rurales de la llanura, donde la etapa siguiente a la
cámara séptica se resolvió vertiendo el efluente directamente al subsuelo, en lo que se
conoce como perforación o sondeo. En estos casos, las napas freáticas (aguas del subsuelo)
suelen estar muy cerca de la superficie (incluso cercanas al metro en épocas húmedas), las
que previo al desarrollo inmobiliario eran las napas de consumo humano. Por ello se buscó
enviar la salida de las sépticas a napas por debajo de los 20 o 30 metros. Así se realiza una
perforación del subsuelo con una barra metálica de aproximadamente 8 o 10 cm de
diámetro, hasta llegar a la profundidad deseada, donde se descarga el efluente. Esto genera
una contaminación tacita del agua de subsuelo, que en la mayoría de las poblaciones del
interior de la provincia de Córdoba, significó una práctica de sacrificio para estas napas,
generando plumas de contaminación de aguas subterráneas de tamaños y profundidades
dantescas. Podemos entender que, en los dos siglos pasados, poseer agua de buena calidad
a pocos metros de nuestros pies, fue tal vez, una de las principales valoraciones de un lugar
para determinar su potencialidad urbana y rural. Este modelo de tratamiento de aguas
domiciliarias, junto con las prácticas agrícolas basadas en sustancias toxicas, y las
actividades industriales, en los últimos 30 años transformaron ese manto sagrado de agua
subterránea en un subsuelo contaminado que ya no podrá utilizarse hasta que la naturaleza
pueda regenerar sus características organolépticas y fisicoquímicas de agua prístina.
Si una de las preguntas de inicio fue: ¿existirá alguna relación entre la calidad del agua, su
cuidado o su regeneramiento, y nuestra calidad de vida, nuestra re-creación, inter-acción y
sustentabilidad? Ahora podemos respondernos no sólo afirmativamente, sino ahondando
en el vínculo entre un tipo particular de uso, generación y consumo de los medios para
reproducir la vida, y el impacto negativo que ha tenido sobre la calidad del agua que nos
constituye.
6- Un nuevo enfoque sobre el tratamiento domiciliario de aguas
Sin embargo, el modelo degradante del agua, al que le rendimos culto en nuestras
sociedades bajo el eslogan del “desarrollo inmobiliario”, posee alternativas en muchísimas
culturas, técnicas y tecnologías. Por el alcance de este documento y nuestras experiencias,
presentaremos brevemente nuestro trabajo actual sobre el tratamiento de aguas
domiciliarias, que responde a principios de la Permacultura.
Nuestro camino en el tratamiento de los efluentes tiene ya cerca de 15 años desde que
comenzamos a trabajarlo, primero haciendo formación y abordaje académico para el
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manejo industrial, y luego migrando a un abordaje permacultural para hogares que deciden
optar por este camino. Así complementamos los conocimientos técnicos académicos con la
sapiencia popular, su valoración y la comprensión del agua como un ser a respetar, cuidar, y
vivificar, posteriormente a su uso.
Hasta aquí, es importante aclarar algunos conceptos que hemos utilizados respecto a
nuestras acciones sobre el agua. Desde un punto de vista técnico, conceptos como tratar,
sanear y vivificar agua, implican una serie de acciones sobre el efluente, que varían en
los objetivos sobre los indicadores de la calidad del agua final. Podríamos resumir diciendo
que el tratamiento de aguas tiene como objetivo acondicionar la calidad del líquido sobre sus
parámetros fisicoquímicos tabulados por normativas. El saneamiento, en cambio, persigue,
además del acondicionamiento de esos parámetros, devolverle al agua sus características
organolépticas (incolora, inodora, insípida). Mas, para los objetivos de la vivificación, el agua
final debe restablecer su condición de elemento natural, es decir, que más allá de sus
parámetros fisicoquímicos y organolépticos, el agua vuelva a configurarse en sus
propiedades sutiles por medios naturales, como entidad viva en su sentido original.
El primer criterio que nos proponemos es disminuir el consumo innecesario dentro del
hogar. Para esto, tal vez una de las principales alternativas es la implementación del baño
seco. Esta técnica, busca alternativas a las demandas del agua como medio de transporte de
heces y orina. Para esto, se acondicionan con varias técnicas, un lecho de defecación, que
estéticamente puede ser similar a los tronos de sanitarios tradicionales, para que, luego de
realizar nuestras deposiciones solidas, se promueva un compostaje equilibrado en
nutrientes básicos y de mínima emanación de olores desagradables. Las deposiciones
líquidas se guían con separadores de orina, que la recogen y almacenan en recipientes para
su posterior uso como fertilizante líquido. Podríamos escribir un artículo entero solo
explayándonos sobre el paradigma de la implementación y tipos de Baños secos, sus
características, sus beneficios, sus opciones, más, por ahora, solo resaltaremos la opción de
no generar aguas negras en nuestros hogares. Esto, además de reducir hasta un 20% a 30%
el volumen de efluentes, impide que el resto se transforme en aguas negras, facilitando su
tratamiento y vivificación.
En caso que la familia no quiera optar por un cambio de bitos respecto al baño, el
diseño del tratamiento de efluentes sugiere separar las corrientes de aguas grises de las aguas
negras. Esta práctica tan simple, disminuye la complejidad de las soluciones a niveles de
mínimo costos, simples tecnologías, y nulos riesgos ambientales.
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El tren de tratamiento de las aguas grises que hemos puesto a punto posee tres etapas,
que promueven la separación de sólidos, grasas y aceites, degradación de materia orgánica,
y vivificación del agua.
La primera etapa para estos objetivos, consiste en la implementación de un Clarificador de
Paja como primer tratamiento de las aguas de la cocina. El agua que pasa las bachas de la
cocina de nuestros hogares carga la mayor proporción de contaminantes de las aguas grises.
Se suman dos complejidades para la depuración de esta corriente. La primera es que las
aguas de la cocina van asociadas al uso de jabones y detergentes, sustancias que tienen
como propiedad solubilizar grasas y aceites en el agua, es decir, mezclar lo que no se
mezcla. Y la segunda complejización, es que, por lo general, el agua de la cocina posee
temperaturas altas (en relación a la temperatura ambiente), promoviendo mayores
concentraciones por dilución, de sustancias en el agua. Cuando estas sustancias llegan a las
perforaciones o sangrías, saturan de grasas las superficies de absorción, y son las causantes
de las anegaciones y disfunciones de estas etapas. Con el objetivo de separar estas
sustancias lo antes posible del agua, diseñamos e implementamos una cámara muy pequeña
(del tamaño de un cajón de manzanas) la que llenamos de paja, para fomentar que el
trayecto del efluente por esta cámara sea tortuoso, y de esta forma favorecer el
desprendimiento de todos los sólidos que tienden a decantar y flotar. Hemos bautizado a
esta etapa “clarificador de paja”, porque al estar tan cerca del punto de generación del
efluente, genera un agua libre de sólidos y sustancias inmiscibles en ella, pasando a la etapa
siguiente con mayor índice de claridad.
Este clarificador solo lo implementamos para el agua de la cocina, porque no hemos
tenido resultados considerables para las aguas de duchas, lavabos y lavarropas, las otras
corrientes que suelen llevar algo de sólidos. En el tren de tratamiento, juntamos todas las
corrientes en una cámara de inspección y las dirigimos hacia una etapa de fitodepuración. Esta
técnica, como su etimología sugiere, consiste en un tratamiento del efluente por su
contacto con plantas de suelo saturado. La técnica recibe el nombre de Fitodepuradora o
humedal artificial, puesto que es un medio donde se recrean ciertas condiciones de los
humedales naturales. Estos últimos consisten en un suelo saturado de agua donde se
desarrollan especies vegetales propias de este medio. Al pasar el agua por un humedal, entra
en contacto con la microbiología de la rizósfera de las plantas, que acondicionan las
características fisicoquímicas y biológicas del agua, y vivifican la misma por una
complejidad de fenómenos físicos, y reacciones químicas y biológicas. Los humedales
artificiales, además de generar la degradación óptima de la materia orgánica disuelta en el
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agua, imposibilitan la proliferación y supervivencia de microrganismos patógenos, por
acciones de la radiación solar sobre el lecho, junto a reacciones de oxidación de la rizósfera
de las plantas. Con esta técnica el agua es acondicionada a características similares a las
naturales, y puede ser dispuesta para un vertido a subsuelo, a aguas superficiales, a riego, o
consumo animal sin riesgo alguno de afectar estos medios.
El diseño permacultural propone el criterio de que cada elemento genere varias
funciones. En ello, las fitodepuradoras para el tratamiento de aguas domiciliarias, en un
elemento que genera paisaje (belleza), alimentos y medicina -puesto que podemos incluir
especies como mentas, cola de caballo, achiras, o regar con ellas frutales- biodiversidad,
bordes biológicos, agua de consumo animal o riego, además de darle sentido y uso a las
aguas que pasan por nuestros hogares.
Para el caso de las aguas negras, desde este abordaje tenemos dos opciones de
tratamiento, ambos se diferencian luego de la implementación de la cámara séptica. Con
esto debemos decir, que la división de aguas grises de negras, nos orientan en diseñar e
implementar cámaras sépticas hasta un cuarto más pequeña que lo habitual. En el primero
de ellos, podemos implementar una fitodepuradora para el tratamiento de aguas negras. No
existe diferencia sustancial en tratar aguas negras de grises con fitodepuración. Sin ahondar
en variables de diseño, la principal, podría resumirse en que la superficie de las
fitodepuradoras (para aguas grises y negras) se asemejan para un caudal de aguas grises
cuatro veces superior a aguas negras. Para ejemplificar, en el caso de una familia de tres o
cuatro personas, una Fitodepuradora de aguas grises posee aproximadamente tres metros
cuadrados, superficie semejante a la necesaria para tratar el caudal de aguas negras de esta
familia.
En caso que la familia no quiera o no pueda disponer de espacio o predisposición para
hacer una Fitodepuradora para aguas negras, la opción es realizar algo semejante a una
sangría, pero reducido en espacio y complejidad, que es lo que llamamos “puntos de
infiltración”. Estos puntos, surgen luego de medir y cuantificar la capacidad de infiltración
del suelo donde se hará el vertido. Esto genera pozos de aproximadamente 80 centímetros
de diámetro por uno de profundidad (en la mayoría de casos), rellenado con piedra bola
(semejando una sangría) sobre la que se vierte la salida de la cámara séptica. Alrededor de
este punto colocamos especies vegetales de suelo saturado con el objetivo de captar la
mayor cantidad posible del efluente que satura el entorno del punto de infiltración, por el
que, el volumen de agua que no evapo-transpiran las plantas, se transforma en materia vegetal
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que podrá ser funcional a cierto objetivo de diseño (cortina forestal, sombra, biodiversidad,
ornamentos, aromas, alimentos).
Es de subrayar que los costos en materiales de estas técnicas son tan mínimos, que el
abordaje económico de las mismas también es un elemento a favor en el cambio de
perspectivas. Debemos resaltar, además, la simplicidad y el nulo mantenimiento de estas
técnicas, y aun en ello, como toda técnica, este abordaje es mejorable, y es de esperar que
irá evolucionando en el tiempo hacia sistemas más robustos y diversificados en términos de
diseño, tecnificación, y comercialización.
Es de esperar también que en el momento, tanto la Academia como el Estado se
apropien de estas técnicas, las potencien, las lleven a otros niveles de desarrollo, y evalúen
la infinidad de opciones de implementación que posee en cada contexto. Como ha pasado
en otros países, tal vez la industria pueda tomarlas y en su implementación, expandir su
poderío como principal técnica de saneamiento de aguas industriales.
7- La bio-ética tras la técnica
Las prácticas que como sociedad tenemos con nuestro ambiente, desnudan aspectos
relevantes de nuestra cosmovisión como cultura moderna. Quienes van transitando un
cambio de perspectiva de este paradigma hacia uno más holístico, se ven motivados a
mudar sus prácticas del estar y hacer, en relación con el ambiente. Algunos de esos
cambios, se contagian y refuerzan en la práctica colectiva, y pueden incluso ser adoptadas
por el Estado o instituciones que las expanden hacia la totalidad de la sociedad. Ejemplo de
esto, son los avances en materia de tratamiento de residuos sólidos, que hasta hace tres
décadas, no formaban parte de las agendas de todo los niveles de gobierno y hoy, por la
presión de prácticas ciudadanas se han normalizado en cada comunidad del país. En ese
camino, la valoración del agua como bien indispensable, viene ascendiendo en escalas de
valoración social, que obliga a revisar todos los tratos que tenemos para con ella, en sus
diversas matrices y suministros.
Acotando específicamente al trato hacia el agua como desecho domiciliario, las técnicas
hasta hoy canonizadas, son deficientes para devolverle a esta entidad su dimensión natural,
y en algunos casos, muestran incluso un desprecio o subvaloración de la cultura moderna
hacia su esencialidad. En tal sentido, volviendo al párrafo introductorio, del texto de R.
Van Potter (1971), podemos decir que aún no nos adueñamos de nuestras ignorancias, y no
consideramos que estos aspectos tan elementales, como un vínculo responsable con el
agua, deba ser parte de lo que un ser humano aprenda en su formación básica para vivir en
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sociedad. Delegamos toda responsabilidad en el Estado, e ignoramos las consecuencias de
lo que ello implica.
Las técnicas propuestas por la permacultura, en particular las descriptas en este
documento (fitodepuración), avanzan en un diálogo de vinculación para con la dimensión
natural del agua, poniendo a los habitantes de una casa (oicos en griego, de donde vienen
eco”), en relación visible con una línea de tratamiento y devolución del agua a su medio, a
partir de elementos del paisaje (plantas). Esta visibilización del ciclo aguas debajo de su
hogar para con sus efluentes, configura en el usuario de una fitodepuradora una actitud
empoderante y responsable de sus acciones, en un nivel regeneración menos pesado en sus
consecuencias ambientales. Un tratamiento de aguas vivo, como el propuesto por la
permacultura, es belleza, alimento, aves libando flores, ranas, es decir, un microecosistema
sumando bordes de biodiversidad al patio de un hogar, que le configuran robustez y
regeneración biológica al mismo. Entonces, lo que era un problema visto desde la
perspectiva inmobiliaria comercial (cloacas, sangría, perforación) se convierte en un
elemento de paisaje, de abundancia, solo con la adopción de otra técnica, y en ello
reconfigura la emocionalidad de conexión del ser con naturaleza, en un ambiente
desprovisto de ese poder (la infraestructura civil) hasta entonces.
8- Conclusión
En las últimas décadas, el sujeto moderno occidental ha sido sobre-expuesto a una
valoración negativa e individualista sobre el daño que genera al ambiente. El bombardeo de
información sobre los efectos degradantes de la modernidad sobre el entorno, impregna en
el inconsciente colectivo una sensación de victimario ambiental. La potencialidad de
regeneración de ese mismo ser no posee publicidad ni rumor popular para balancear el
mensaje negativo de nuestra forma de estar en el planeta. La sensación de acciones locales
insuficientes, que los voceros de los poderes hegemónicos alientan sobre cada individuo, va
socavando la creencia en las acciones inmediatas y de esfera personal y colectiva que
podemos asumir.
Frente a ello, el paradigma permacultural empodera estas acciones locales, personales y
comunitarias, cotidianas, como sustancia madre para el cambio regenerativo que el planeta
debe atravesar en los próximos años, sino hoy, presente sacudido, todo revuelto y
acondicionado, para refundar la cultura. En este camino, el ser humano se encuentra
profundamente cuestionado por su alimentación, por sus residuos, por la educación y la
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salud, suya y de su familia, por el ciclo y fuente de los materiales con que está hecha su casa,
por el tratamiento de sus efluentes.
La reconceptualización del agua, de recurso a entidad, de hache-dos-o(H2O) a un ser
con el que dialogar, resulta una transformación profunda de la cosmovisión y el paradigma
moderno, primero en un nivel intelectual, que luego materializa sensaciones, emociones,
para terminar enriqueciendo el ámbito sutil que diluye la frontera de las experiencias
corporales en las espirituales.
En este punto, podemos decir que todo nuevo abordaje respecto a las perspectivas de
nuestra conexión con la materia, que incluyan nuevos niveles de valoración de nuestro
ambiente y los seres que lo habitan, será un ejercicio, una gimnasia hacia la sensibilización
de la experiencia humana.
Referencias bibliográficas
BROSWIMMER F.J. (2002). Ecocidio. Laetoli, S.L.
CITRO M. y EMOTO M. (2013). La ciencia de lo invisible. Obeliso, S.L.
HOLMGREN, D. (2002). Principios de Permacultura. Kaikron
MOLLISON, B.; Slay, R.M. (1994). Introducción a la Permacultura. Tagari Publications
Van POTTER R. (1971). Bioethics: a bridge to the future. New Jersey: Prentice Hall