Revista
Pelícano
vol.6 (2020) - 4
Revista Pelícano
Vol. 6.
El vuelo del pelícano
ISSN 2469-0775
pelicano.ucc.edu.ar
Agosto 2020 Córdoba
Juan Carlos Stauber
juankstauber@gmail.com
Profesor y doctor en filosofía. Director del
Centro Educativo “Kumelen”. Especialista en
Bioética y ética ambiental.
DOI:
https://doi.org/10.22529/p.2020.6.01
Presentación Dossier
Bioética: sabiduría para sobrevivir
Dossier Presentation
Bioethics: Wisdom to Survive
En 1971 Van Rensselaer Potter propone
instrumentar la Bioética como un “puente
hacia el futuro”, concepto que dio título a
su obra fundamental. El mismo consta de
13 capítulos y termina con un “Credo
Bioético” de 5 “confesiones de fe” que
deberían ser compartidas y practicadas
por todos quienes hagan de la bioética
una construcción salvífica, para evitar el
colapso de la Humanidad (tal la severidad
de su análisis). El último capítulo de esta
obra se tituló: “Sobrevivencia como
objetivo para la sabiduría”. El libro ya
había comenzado a explicar desde sus
primeras líneas, que la Bioética era una
suerte de ciencia de la sobrevivencia, y
relacionaba Biología y Sabiduría a partir
de la acción. En el cap. 13, Potter
propone un análisis complejo pero muy
sugestivo que me gustaría replantear en
medio de esta situación actual de
Pandemia.
Para el autor, hay tres factores que
determinan la edad de oro del desarrollo
de una época: la competencia social, el
control ambiental y la satisfacción de las
necesidades grupales. La competencia
social es una función de sabiduría sobre
el uso del conocimiento (disponible y
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organizado). Cuando dicho factor va armónicamente de la mano del control ambiental y la
satisfacción de las necesidades sociales, la cultura alcanza su zenit. Pero dado que las
necesidades individuales se encuentran garantizadas por el complejo entramado de las
relaciones grupales, a medida que la complejidad crece, la autonomía del sujeto se ve
reducida y con ello su responsabilidad individual. El problema es que, si el factor del
control ambiental decae, sobre organizaciones de individuos menos autónomos, y con
responsabilidades diluidas, la sabiduría de disponer de los conocimientos organizados para
la supervivencia se ve también disminuida, al menos para los sujetos con menos poder en la
trama social. Si a ello le sumamos que las curvas evolutivas de las poblaciones entre una
edad de oro y otra son cada vez más abruptas y de rangos más cortos (los cambios son más
vertiginosos), las adecuaciones de los conocimientos disponibles también quedan
desencajadas u obsoletas. De esta forma, una civilización futura tendría menos garantías de
disponer del bagaje de sabiduría acumulado para su supervivencia, puesto que los tres
factores involucrados se encontran en un desfasaje temporal creciente. Potter sugiere que
este razonamiento podría considerarse como una teoría (bioética) de la historia. Y advierte
que si no desaceleramos el ritmo de desarrollo, en acuerdo con la capacidad de valernos de
los conocimientos organizados disponibles para una mejora en la condición de vida, la
ignorancia social desplazará a la competencia social, y un pobre control de las fuerzas
brutas de la naturaleza devastará todo intento de satisfacer las necesidades. Con ello, la
amenaza de un colapso mundial no resulta para nada extraña. “Sin embargo no hay razón
por la que debamos aceptar la inevitable caída de cada civilización, aunque reconozcamos
que hubo muchas razones por las que muchas civilizaciones han colapsado en el pasado.
1
Al retomar este análisis, en un estado de pandemia mundial, no podemos dejar de
reconocer que esta pan-demia estuvo precedida por muchas situaciones insanas que
afectaron a todas las civilizaciones de ciudadanos: un deterioro paulatino de la salud de
millones de seres humanos, la migración forzada por razones climáticas o bélicas, una
obsesión consumista desde un deseo insaciable, una pérdida de la sensibilidad social ante el
despilfarro energético o de materias primas, una creciente naturalización del armamentismo
y la violencia, el extractivismo irresponsable y lujurioso, etc. etc. Aunque tales situaciones
no parezcan revestir la gravedad del COVID19, sin embargo son causales del desfasaje
entre los tres factores del colapso civilizatorio que denunciara Potter. La pérdida de la
sensibilidad ante el impacto de nuestra acción destructiva en el mundo también ha sido una
1
Traduzco una cita de Potter 1971, p.191.
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pandemia que ha costado la vida de miles de personas. Por eso debemos reconocer que
estas causas no recaen con sus consecuencias de la misma forma para todos los habitantes.
Dice el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si nº 104:
no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el
conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos
dan un tremendo poder. Mejor dicho, dan poder a quienes tiene el conocimiento, y
sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el
conjunto de la humanidad y del mundo entero. Nunca la humanidad tuvo tanto poder
sobre misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien […] ¿En manos de quiénes
está y puede llegar a estar tanto poder? Es tremendamente riesgoso que resida en una
pequeña parte de la humanidad.
A este análisis del Papa le responde la realidad económica mostrando que 8 personas en el
planeta han acumulado más dinero que 3500 millones de personas (la mitad más pobre de
la humanidad), y que de las 150 instituciones más poderosas del globo, menos de un tercio
corresponden a Estados nacionales (sobre los cuales a población puede tener cierto control
a través de la participación política, cosa imposible de ejercer sobre las corporaciones
privadas). Los demás son empresas millonarias, cuyos dueños o accionistas están
amparados por el anonimato y cuyas decisiones no podrán ser demandas jurídicamente
pues saben cómo desligarse, endilgando el peso sobre quienes ejercen los gerenciamientos:
seres descartables.
Con ello. Se comprueba que el riesgo advertido por Potter en su inauguración de la
Bioética se comprueba diáfanamente en la crisis actual. Es menester que respondamos a
esta situación asumiendo con coraje un movimiento mundial de acción bioética.
Este es el propósito del dossier que el/la lector/a tiene en manos: generar una mayor
conciencia de la perspectiva crítica que emerge de la realidad de las víctimas del injusto
modelo de acumulación, basado en un sistema de explotación violenta y avarienta. Pero
que tiene como correlato, una población dócil e insensible, cuando no ignorante, de su
impacto en el mundo, por acción u omisión del modelo de vida, producción y consumo.
Por eso hacemos un análisis desde lo colectivo como derecho primario, en simbiosis con el
medio ambiente, y orientados por criterios de calidad de vida desde la soberanía popular,
con sentido de justicia heurística, pero también de misericordia social, al distinguir
responsabilidades históricas.
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El biólogo Federico Kopta nos presenta la urgencia que adquiere la participación
ciudadana en la resolución de problemas ambientales generados por intereses mezquinos o
miopes, donde no siempre los Estados defienden el derecho y las necesidades de las
mayorías.
El ingeniero químico Marcos Tomasoni enseña con argumentos claros y sencillos, que el
Agua es uno de nuestros elementos constitutivos y, más aún, que somos parte de sus
estados. Por eso nos desafía, desde la permacultura, a pensar una bioética del cuidado del
agua, superando la idea de recurso y asumiendo formas naturales de revivificarla.
El filósofo y teólogo brasileño José Roque Junges nos ofrece una plataforma de crítica al
limitado abordaje que se hace globalmente del COVID19 al que se combate como mero
incidente, sin cuestionar la estructura privatista y economicista desde la que se generaron
sus condiciones de impacto posible. Por eso propone pensar desde la categoría de Hommo
communis, como nueva matriz para una visión eco-centrada de la naturaleza, y de un sistema
de salud que asuma el cuidado de la reproducción de la vida desde la responsabilidad
ambiental.
La abogada Lucrecia Aboslaiman nos invita a reflexionar algunas de las directrices que en
el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación proponen en materia de salud. Su
singularidad radica en la coherencia del tratamiento, sobre la base del abordaje basado en
los Derechos Humanos, particularmente el derecho a la salud. Este aspecto, tan caro a la
legislación Argentina desde la recuperación de la Democracia, sin embargo aún cuenta con
las trabas propias de la pragmática economicista y privatista, a la que la autora desafía desde
el derecho público.
La médica Mónica Heinzmann aporta, además, una crítica al abordaje de ésta o cualquier
pandemia, considerando una perspectiva integral de la salud, donde no sólo se ponga
énfasis en los elementos que nos enferman, sino en las condiciones de posibilidad y, sobre
todo, en aquello que nos mejora el sistema inmunológico. Por ello analiza el contexto
pandémico actual desde un recorrido histórico de una bioética integral y ambiental, para
testimoniar el valor de considerar la salud como bien humano social, y no como bien de
mercado. Esto es, desde la primacía de lo común, desde un modelo de justicia ambiental.
En todos los casos, como las y los lectores percibirán, la perspectiva de análisis recupera
el legado fundacional de Van R. Potter sobre la importancia de la inter-trans-disciplinariedad,
y sobre todo, de la mirada heurística y holística del complejo fenómeno de la vida
planetaria, y de la vida humana en particular. Es nuestro deseo que, por el testimonio de la
sistematización escrita de estos saberes, nuestra revista contribuya a ampliar el legado de
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conocimientos disponibles para que las nuevas generaciones posean mayores recursos en
sus esfuerzos por sobrevivir, en un mundo que la necedad de los actuales adultos hemos
malogrado en heredarles dentro de un criterio de sustentabilidad eco-sistémica donde la
vida valga más que el dinero, lo comunitario más que lo privado, y la felicidad social más
que el placer personal.