Revista Pelícano Vol. 1. El vuelo del Pelícano
pelicano.ucc.edu.ar Pp. 19 24
Agosto 2015 Córdoba
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Cuerpos
Experimentum corporis
Cualsea / Pensamiento contemporáneo
1
Modo de citar: Cualsea / Pensamiento
contemporáneo. (2015). Experimentum
corporis. Pelícano, 1. Recuperado de
http://pelicano.ucc.edu.ar/ojs/index.php/pel/
article/view/19/10
Resumen
El cuerpo no existe, esa es la intuición sobre la
que se construye el artículo. El cuerpo no
comparte el rango del ser ni del acto. No es un
objeto en medio de otros objetos, tampoco un
sujeto al lado de otros sujetos. El cuerpo no
tiene consistencia, no es: insiste. Los cuerpos,
cada cuerpo, es una potencia que insiste según
grados diferentes. ¿Y cómo opera esa
insistencia? Por imágenes; un cuerpo es una
potencia de emanación de imágenes y
producción del montaje abigarrado de las
mismas. Esa doble operación carece de
presupuestos y se hace cada vez. Un cuerpo es
la experimentación de ese cada vez. El artículo
intenta, por lo tanto, escribir un cuerpo, hacer
un catálogo posible de sus imágenes, de sus
insistencias; en ese sentido, no se trataría de un
concepto ni un saber sobre el cuerpo sino, más
bien, fragmentos de cuerpos, un auténtico
experimentum corporis.
Palabras clave: Cuerpos, escritura, catálogo,
imágenes, experimentum.
1
Cualsea/Pensamiento contemporáneo. Grupo de
lectura y amistad conformado en 2012, cuyas discusiones
buscan indagar en los continuos cruces entre filosofía,
literatura y psicología. Ha organizado un ciclo
denominado Lecturalia, desde donde se propuso: “Leer
para nada, en pos de nada. Ligar lo leído, repetirlo, para
luego retornar a lo que siempre nos está esperando ahí y
que exige un poco s de nosotros cada día”.
Integrantes: Emmanuel Biset / Juan Manuel Conforte /
Lorena Fioretti / Paula La Rocca / Natalia Lorio /
Franca Maccioni / Javier Martínez Ramacciotti /
Gabriela Milone /Ana Neuburger /Silvana Santucci.
Abstract
The body does not exist; that’s the intuition in
which this text is build. The body doesn’t share
the rank of being or act. Is not an object among
objects, neither a subject between subjects.
Body doesn’t have a consistence: it insists. The
body, each body, is a power that insists in
different degrees. How does this insistence
operate? By images; the body is a power of
emanation of images and the process of
mounting attached in it. That double operation
lacks of specifications and is made each time. A
body is the experimentation of that each time.
The article tries, therefore, to write a body, to
make a catalogue of it possible images, of it
insistence; in this sense, it’s not about a concept
or a knowledge of the body but rather
fragments of bodies; an authentic
experimentum corporis.
Keywords: body, writing, catalogue, images,
experimentum.
Vine, Tiresias, porque mi cuerpo habla
un lenguaje que no entiendo”
Cancha rayada, German García
Un cuerpo llega a ser por las imágenes del
cuerpo. A distancia de sí mismo, sólo se alcanza
momentáneamente por el puente armado con la
imaginería corporal, que a su vez se compone
con las hilachas de un cuerpo desmembrado.
Hipótesis: la carne monopoliza los materiales
con los que se construye la imaginería corporal.
Un cuerpo llega a sí mismo carnado, o lo que es
lo mismo: descarnado, descarnándose. La carne
es la finitud. La carne es la putrefacción. No
somos finitos porque morimos, devenimos
finitos porque sólo miramos el cuerpo por la
carne. Morir es un avatar del carnocentrismo.
Interrumpir ese dispositivo tecnotanático
implica erigir otra imagen del cuerpo desde la
cual despejar el espacio lógico de otra
experiencia posible del mundo y nosotros
mismos.
(-¿pero quién, nosotros?-)
***
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Pulso
Hay un tiempo que atraviesa nuestro cuerpo.
No sólo el tiempo inexorable y finito que se
proyecta en el término de una vida, tiempo
cronológico que se alberga en nuestro cuerpo e
inscribe marcas en él. Además, hay otro tiempo
que marca un ritmo diferente y se figura en el
pulso. Ambos tiempos, solapados, conviven en
nosotros. El pulso compone una temporalidad
singular, una serie rítmica que yuxtapone en su
movimiento tanto una presencia como una
ausencia. Lo que pensamos como una
continuidad no es más que un intervalo. La vida
entonces estaría marcada por la interrupción. El
pulso no se proyecta sobre una línea, más bien
se inscribe en la cesura, en la detención. Es un
tiempo heterogéneo. Y si bien cuenta de una
medida, podemos sentirlo y medirlo, no se
encuentra en un lugar a definir, recorre el
cuerpo pero no se inscribe en un órgano
determinado. Se relaciona íntimamente con el
corazón, pero como resto de su trabajo, como
su producto. Cada latido, en su intermitencia, se
despliega como una onda expansiva que circula
por el cuerpo, imprimiéndole al pulso cierta
plasticidad. Su expresión es la sangre que fluye y
produce ese ritmo sincopado que acompaña
cada latido. Es la exposición de ese movimiento
de contracción, de la dialéctica singular que
componen sístole y diástole.
El pulso entonces significa fuerza, potencia.
También agitación, salto, golpe, cambio de
estado. Si bien su movimiento en el tiempo
constituye una frecuencia que efectivamente se
traduce en una vida, su ritmo no responde a
una idea de continuidad. La detención de ese
palpitar asume aún más fuerza que el propio
latir. El silencio de ese intervalo termina por
configurar el tiempo del que están hechos todos
los cuerpos.
***
Piel.- Órgano. Grafo.
Composición infinita de membranas. Película
imperceptible que distancia las cosas. Superficie
que envuelve el cuerpo impidiendo su
descomposición. Envoltura que disemina el
cuerpo en el espacio y el tiempo. Matriz de
contención y dispersión de órganos, músculos,
huesos, nervios, venas. No hay cuerpo: hay
pieles. Hay pieles formando y deformando
cuerpos. Frontera entre el adentro vesicular y el
afuera sensible. La piel constituye los seres, los
habita. Mediación con el mundo, con los otros,
con uno mismo. La piel de la piel: el vello.
Ventanas: heridas, sudores, respiración.
Posibilidad e imposibilidad del tacto. La piel
cuida y vulnera. Extensión que mueve y reposa.
Barrera que protege del mundo. Lugar de
apertura al mundo. Intervalo que separa del
mundo. La piel toca, huele, ve, escucha,
saborea. Extensión rugosa: surcos, lunares,
pecas, verrugas. Cada quien exuda: lo poroso.
La piel: lengua silenciosa, lenguas mudas.
Infinitas capas que se pliegan unas sobre otras
para hacer del sendero un lenguaje. La piel es
un trazado reticular de líneas de lenta escritura.
La piel escucha y anota, por partes, por
sensibilidades. Tejido que abre y cierra,
comunica, y dibuja un idioma. Se huele, se toca,
se escucha, se saborea, se ve: no hay saber de la
línea. No dice, no calla, no escribe: surca. Cada
extremidad tiene su piel, cada órgano tiene su
piel, cada vena tiene su piel: piel sobre piel
sobre piel. Entre una y otra lo invisible, lo
inexistente. El vacío: el pliegue que traza la
huella. Se presume su lectura. El cuerpo no
puede, no sabe, no es: hay pieles. Sólo piel,
composición infinita de capas que inscriben los
jeroglíficos de cada existencia, siempre
destinada a borrarse. En cada parte seguir las
líneas, sólo seguirlas, para descubrir la
imposibilidad del cuerpo y la lengua.
***
Pupo
Y desde el lugar más espeso de ese tejido se
eleva luego el deseo del sueño como el hongo
de su micelio.
Freud
Una cicatriz en el vientre aloja al pasado en el
centro de lo que somos. Una marca indeleble
señala con su trazo bifronte hacia el origen
(acuático, uterino) que se sacrifica al comienzo
de la vida (atmosférica, autónoma) en la tierra.
Ombligo: llaga que se retrae, rodete hundido que
figura con su forma los trazos de una unidad
perdida en el corte que anuda, liga y separa,
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abre del otro a lo otro, como otro. Nudo
expuesto en el que persiste algo imposible de
desenredar; maraña en la que conviven lo
vivido y lo no conocido, lo olvidado y lo
inmemorial, lo anterior y lo porvenir. En tanto
límite inexorable de la interpretación que
impide la clausura, su imagen expone una única
certeza: no somos, como Adán, los primeros,
nuestra panza no es lisa como la suya.
Quizás por ello su extrañeza singular no ha
cesado de espejarse en palabra, símbolo, figura
que promete una (im)posible comunicación
entre los tiempos, los dioses, los hombres y los
muertos. Ombligo-origen-centro incluso de lo
increado; ombligo innumerables veces
refractado como monte-ombligo de la tierra,
como estrella-ombligo del cielo, como piedra-
ombligo sagrado. Atadura de la que, se dice, se
gestan como champiñones los deseos, las
imágenes, el erotismo y los sueños. Vestigio de
un final, en suma, que expone al mundo y se
pluraliza en él para contradecir, una vez más, al
dicho popular que advierte contra los riesgos de
querer ser “el ombligo del mundo”. Ni
ombligo, ni mundo: en sus pliegues y repliegues
se vuelve germen de los mundos y prueba de su
pluralidad.
Más acá o más allá de la cultura y su legado
simbólico, en el espacio-tiempo singular que
compartimos y en nuestra lengua, al espesor de
su extrañeza oponemos el saboreo inicial del
sonido: pu-po; luego el gesto infantil de meter el
dedo, hurgar en lo desconocido y sonreír.
***
Boca
Bucca, antiguamente mejilla, cavidad hinchada,
insuflada. Aire de la boca, boca que cruza el aire
para abrirse al mundo. Boca que aún no articula
palabra. La boca-mejilla deberá encontrar el os,
oris, y combinar el sonido consonante labial de
la B (sonido obstruyente, labios sonando en el
apretar de uno contra otro) para abrirse de la
baba a la oración. La boca nunca habló ni habla
exclusivamente. Hay boca cerrada apretando el
pezón que alimenta, como así también hay boca
cerrada apretando los dientes que rechinan (por
furia, por frío, por sueños pesados). Hay boca
abierta de sueño, boca cerrada sin moscas. Hay
boca entreabierta que escupe, que entredice.
Hay boca con tierra, con palabras; boca de aire,
con burbujas. Hay boca hecha agua, por el
deseo, por el hambre. Hay boca de agua en la
desembocadura de río y boca dura de la piedra
que se agrieta en su entrada. Hay boca abierta
enervando los nervios de la lengua hacia el
sonido; hay lengua fuera de la boca que lame el
amor y el dolor; hay lengua enrollada sobre su
propio gusto en la boca cerrada. La lengua está
pegada al fondo de la boca. La boca puede estar
pegada al suelo, en un perder que muerde el
polvo. Hay boca llena a la que se le prohíbe
hablar y hay bocca chiusa a la que se le permite
cantar, tan sólo murmurando. Hay boquitas
pintadas y bocazas descolocadas. Hay boquillas
que afinan el humo y bocados que se sacan al
alimento, al cuero, al cuerpo que se ama. Hay
un dios en la boca que juega al lenguaje y hay
ausencia de dios en la boca que pronuncia su
muerte. Hay boca limpia de higiene y boca sucia
de insultos. Boca de sonido, de grito, de
susurro; boca de silencio, de cerrazón, de
desprecio. Boca bucal y boca vocal: boca de
cavidades y boca de cuerdas, boca de aire y
boca de voz. ¿Dónde comienza la boca, dónde
finaliza? ¿Cómo hace la boca, aún sin la
prominencia que subsiste en los animales, para
guardar todo: aire, agua, tierra, fuego, deseo,
rabia, terror, ternura? La boca besa y muerde,
habla y calla, engulle y expulsa. Se respira por la
boca, se duerme boca arriba, con la boca
abierta. Se exhala el último aliento por la boca.
Una boca contra un espejo puede avisar la
muerte, y al morir, la boca se queda abierta: por
esa cueva ya no pasa la vida, hay apertura de
nada, al vacío. Una boca cerrada puede hablar
(mística: hablar con la boca cerrada). Una boca
abierta puede no decir nada (hablar por hablar).
Una boca puede besar con los besos de una boca
(Cantar de los Cantares) y puede bacciare tutta
tremante (Dante). Una boca puede morderse los
labios (queilofagia) o morderse la lengua
(contenerse). La boca puede comerse a
misma (antropofagia in extremis) o comer otra
boca (deseo in actu). Boca enferma: amarga,
seca, dulce, mojada. Boca loca lanzada a la
suerte (in bocca al lupo). Miedo en la boca: boca
de la noche, boca del lobo. ¿Quién sabe todo lo
que toca una boca, todo lo que bordea, todo lo
que saborea, todo lo que sabe, y al fin, todo lo
que puede?
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***
Útero
“Mi cuerpo, implacable topía”
(Foucault)
Hay el cuerpo, los cuerpos, el sexo, los sexos y
el (im)posible encuentro. Y sin embargo... en
ese encuentro fallido algo se (re)produce, algo
se instala y abre ese pliegue que es el útero. La
regla es que ese espacio permanezca plegado,
cerrado, vacío. Lo excepcional es que se abra,
acoja, reciba, contenga, cuide, pero también, se
contraiga, expulse, suelte, aborte. Cuando se
despliega, algo del orden de la hospitalidad
acontece: propiedad de una experiencia pero al
mismo tiempo desalojo y éxodo de cualquier
mismidad. Relativa hospitalidad finita, pues ella
debe concluir. Inauguración de un espacio cuya
clausura está anticipada.
Parir, dejarse en el parto una parte, restos
líquidos bañan el espacio y señalan su presencia:
agua, sangre, mocos, sudor. Retorcer, volver a
torcer o insistir en el torso, en el centro, allí
donde se ubica la continuidad de la vida.
Descubrir que existe una fuerza que fuerza la
salida más allá del saber. La experiencia está,
entonces, del lado del sabor. Dolor. Parir, “dar
a luz”, salir de la oscuridad, de ese pliegue del
que ya no se vuelve: deviene otra cosa. Restan
heridas, cicatrices, marcas. ¿Se trata de un don
en ese dar a luz? Allí donde también se juega lo
real del cuerpo, se nace. Carne de otra carne.
¿Parientes? ¿Qué parimos? Se pare la vida en la
palabra o la vida de las palabras en ese lugar que
engendra desde el vacío para volver finalmente
al vacío. Porque parir es gestar un nombre,
nombrar y también llamar, demandar, hacer
venir mediante el gesto de la palabra y la carne
lo otro al mundo, quizás, lo otro del mundo. El
útero como el espacio posible de toda utopía,
pero como su anverso, como esa topía despiadada
cuya presencia absoluta señala la certeza que
dan los cuerpos en juego: pura verdad
intransferible e imprevisible.
***
Pelo
“Debo confesar que sentí algo raro cuando vi
mi cabellera tendida sobre la mesa. Me pareció
como si me habían cortado una pierna”.
Josefine (Mujercitas)
“El pelo está ahí, agazapado en alguna parte”.
Alan Pauls
Con tallo, raíz y punta, con debilidad o
fortaleza. Quebradizo, sombrío, iluminado,
etéreo, imposible, seductor, rebelde, pesado,
seco, sin carácter. El pelo nos educa.
Nos da un orden y una orden: hay que
lavarlo, secarlo, cepillarlo, cortarlo, perfumarlo,
juzgarlo o eliminarlo. Sostener una imagen que
sale de adentro de la cabeza y otras tantas,
menos visibles, que brotan del cuerpo. El pelo
es un objeto caído, cedido, cesible y no
reintegrable del cuerpo. Nunca el mismo pelo
retorna al mismo lugar. El pelo se vuelve
sistemáticamente una parte postiza del cuerpo
y una potencia latente.
El pelo crece -nos dicen. Pero no siempre.
Es común perder entre cincuenta y cien
cabellos por día. Excepto las plantas y las
palmas estamos impermeabilizados por una
capa de pelos. El pelo se acomoda, se alisa, se
tiñe, se nutre, se humedece, se barre, se impone:
stone, savage, car, bocha o taza.
Barba, barba candado, bigotes o patillas.
Marx, Fidel Castro, Hitler, Hendrix,
Cantinflas o Charly García.
El pelo se hace presente, se acaricia, se
enreda, se toca, se revisa, se tira, se arranca, se
huele, se masajea, se modifica, se trenza, se
oculta, se ata. Se realizan costosas pelucas
cosidas de pelo natural o se lo fabrica
artificialmente de plástico para muñecas. Se
hacen peluches. Cada tanto se ponen de moda
géneros peludos como el plush o el chifón de
invierno. Y hay quienes se operan pelos con
láser. Se los extirpan o injertan definitivamente.
Hay pelo biológico, pelo mecánico, pelo
mágico, pelusa, pelillo, pelecho, pelambre.
Un pelo puede hacer mucho: tirar más fuerte
que bueyes, cocinarse en una sopa, confirmar
una identidad, provocar un despido, tapar una
cañería, atragantar a un gato, estrangular a un
dedo, verse involucrado como parte de pago en
un sistema de intercambios o promesas.
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También puede hacer cosas por mismo: el
pelo se aviva, se arremolina, se infla, se demora,
se para, se opone, se pone a contrapelo, se queda
enganchado a otro.
El pelo es material heredable y está sujeto
cambio. Con pelo no siempre se nace, se hace.
No es fácil vivir en pelicidad. Nuestro pelo actual
puede venir de otro tiempo, ser pelo futuro de
una especie extinta.
Como atributo, nos brinda certificación,
desconocimiento o extrañeza. Hay pelos
raciales, faciales, razas de pelos, pelos
intrauterinos, pelos públicos y pelos privados.
Almohadas de pelos, pelos íntimos, pelos
perdidos, pelos pegados, pelos incómodos,
pelos guardados. Hay, también, pelos
rezagados, pelos fuera de lugar, pelos útiles, pelos
falsos, pelos funcionales, pelos necesarios, pelos
de ocasión, pelos de trabajo. Pero a veces, hay
pelos que nos enamoran y allí, entonces, como si
nada supieran, comienzan a sostener los hilos
que los arrastran a los sueños.
***
Ojos
Potencia de un don: dar vista, ilustrar, iluminar
o hacer ver. ¿Pequeño calco que duplica el oculus
mundi?, ¿miniaturas de sol?
Globo mágico y trágico: abrir los ojos, nacer
a una realidad, la de estar dentro; despertar en el
que se desencadena el habitar el cuerpo y su
peso; cerrarlos para no ver, mirar para otro lado
para no temer; apretar los párpados para que el
afuera no inocule su mal; videncia de lo
indeseado, del desastre, del destino
(imposibilidad de cerrar los párpados); pero
también ojos desorbitados, defasaje del rumbo,
de la mirada; ojos ciegos, imposibilidad de la
visión, dislocación, baile desorbitado del globo
ocular.
Clausura absoluta de la mirada en la muerte:
visión que ya no ve. Los ojos son esa oscuridad
desfondada, tumba circular irisada que promete
su pupila negra, su punto sin luz, el más oscuro.
Órbita del mirar y el ver en que se juega el
contacto con el afuera. Modulaciones de la
atención y el tacto: clavar los ojos como parar la
oreja, ambliopía voluntaria del mirar para otro
lado sin querer ver. Mirada huidiza y
temblorosa, pero también ojos con intención e
intensión propia (“se le van los ojos”).
Expectación y deseo. Forma del contacto, de la
extensión: tocar con los ojos, desnudar con la
mirada, dilatar en lo expuesto a la luz y en lo
oculto a ella.
¿Órgano pulsional de la mirada? Abrir y
cerrar, intermitencia deseante: el deseo tiene
ojos que mira ojo en ojo: en el ojo de la
tormenta el ojo se deja envolver por ese ciclón
(ojo) del deseo, círculo deseante. ¿Golosina
caníbal? Suave nervadura del núcleo de la
mirada. Entornados en un estrabismo radical
revelan la mirada interior que se entierra no ya
en el cuerpo sino en las imágenes del deseo,
abriéndose hacia el adentro de la caverna de sus
imágenes.
***
Lunar
Inmenso, dimensión <mensura > medida <
mensura < mensual = mes > menstruar < mes
= mensual <men = mon> moon = Luna
>Lunes < Luna >Lunar< Luna > Leuk <lūc-
lǔc> lux, lumen <lūc-lǔc>luceo<lūc-lǔc> Luna =
moon<mon = men> neomenia= plenilunio <
Luna >lunático
Inmenso, como dimensión, deriva de
mensura, así como medida; o como mensura de
mensual, del mes. Menstruar, que viene de mes,
una vez, que, a su vez, viene de men o mon,
del indoeuropeo. Moon, luna en inglés y Lunes,
el día de la luna. De la luna, lunar: cuerpo en el
cuerpo, objeto nocturno que forma una constelación de
cuerpos opacos que sugiere distancias desde dentro.
Superficies oscuras, sin luz, mancha, mácula, marca, del
Cuerpo: corpus: la multitud de imágenes que es un
cuerpo. Cuerpo celeste. Luna, lunar: Punto de partida.
Luna: nom. Leuk-s-no. Leuk, cuya raíz, lūc,
brillar, da origen a luz y a lucir. Bajo los efectos
de las fases lunares, lucir se asemeja a lunático
en cada intervalo.
***
Mierda
¿Y qué de esos objetos que hacen cuerpo y son
sus deshechos? ¿Qué de la mierda, la
menstruación, el esperma, la voz, la mirada, (sin
dejar por fuera las flatulencias y eructos que
serían los deshechos del alma)?
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La menarca, la polución; el juego de los
ciclos que espera la contingencia propicia para
desatar los nacimientos, los abortos; sí, los
abortos también. La mirada, esperando el
contacto vertiginoso con el otro. La voz
abriéndose al lenguaje. La mierda, producto
primero, abriendo la relación y el comercio.
Bataille decía que somos una herida abierta. Las
rajas del cuerpo son la herida por la cual
sangramos: el culo, la vagina, el meato, el ojo, la
boca. Bordes por donde se deslizan esos
objetos que hacen cuerpo. Que cuerpean.
Objetos que no son externos, ni internos, sino
que operan ese pliegue, ese entre, ese espacio
otro que llamamos de lo humano.
Excremento, mierda, son palabras que
podrían agrupar pero que no llegan a dar la
dimensión necesaria de esos objetos. Hacen
referencia a lo que el cuerpo selecciona y lo que
despide hacia su exterior. Son los restos, lo
inservible, lo inútil, aquello de lo que debemos
despojarnos. Pero los restos del cuerpo hacen
cuerpo, sin esos restos el cuerpo se configuraría
en un interior sin mundo.
La primera mierda que sale del cuerpo
humano es el meconio. Meconio deriva del latín
meconium y esta del griego mekonion que significa
jugo de adormidera, opio. La asociación entre el
líquido expulsado por el bebé y el opio o el jugo
de adormideras se debe al color verdoso que
caracteriza a ambas. El meconio es una de las
primeras producciones del cuerpo; es la primera
técnica que compone un producto final, es la
base de la cultura.
En ese sentido, una vez salido el meconio, el
cuerpo no para de devenir, de acontecer. La
cultura es ese espacio que sobra de un cuerpo.
Es la mierda soporífera donde lo humano no
deja de advenir.
***
Uñas
Las uñas están ahí como una presencia anómala
incrustada en la piel, en el punto exacto donde
un cuerpo alcanza la barranca y podría perderse
en la altura del afuera. Las uñas están ahí como
un fragmento de tiempo anacrónico, laminilla
mineral, garras de bestias prehistóricas, piedras
pulidas de los primeros minutos del planeta.
Son un enlace con una larga duración arcaica pero
son así también la promesa de una sobrevida:
convertida la piel en volutas de nada, a
seguirán las uñas. El cuerpo, la piel, se
degradan, pierden su fuerza, se pliegan,
prontamente comienzan el ritual preparatorio
de su desaparición; las uñas insisten, crecen, se
lanzan a lo abierto, quieren lo abierto, son lo
abierto en la clausura de la carne: inquietud de
las uñas, son el apeiron trabajando los límites de
una finitud humana, demasiado humana. No
Infinito, sino infinitud, las uñas son un
suplemento prostético por el cual los cuerpos
interrumpen su signatura de sello irreductible
de mortalidad; algo en nosotros nos garantiza
un pasado impropio y una posterioridad
incalculable
Si el siglo XX comenzó confinándonos en
un ser-para-la-muerte, comprendiendo la larga
tarea del morir como nuestra más íntima
posibilidad, ¿no anuncian las uñas algo del
orden de nuestra más éxtima imposibilidad, lo
que nos expropia no sólo del Ego sino de lo
humano, de lo orgánico, de la vida,
lanzándonos a lo arcaico, a la larga duración del
tiempo? Flujo anorgánico, correntadas de
materia informe, partículas elementales al borde
mismo de cualquier composición: he ahí la
memoria anamórfica del inconsciente material
que cargamos con las uñas y que es, al mismo
tiempo, su potencia de sobrevida.
¿Podemos hablar de un dios tallado en las
uñas, como se habló de un dios tallado en la
piedra y que es la piedra? Si lo hacemos, y no
vemos por qué no hacerlo, deberíamos hablar
de un dominio de lo sagrado que coincide
punto por punto con la extensión infinitesimal
de la materia, y cuya fe rezaría: creer en el
mundo, sabiendo que el mundo no agota el
mundo pero que aquello que lo excede es,
también, el mundo. En las uñas están grabadas
las nuevas tablas de la ley.
En la futura zona de desastre y devastación,
sólo quedarán las piedras y las uñas
custodiando, mecidas por la aridez del viento
desértico, la cifra de una sobrevida ilimitada;
guardianas de la puerta de la infinitud, ésta se
encuentra, como en la fábula kafkiana,
mínimamente entornada para cualsea, para cada
uno de nosotros.
-¿pero quién, nosotros?-