Los jóvenes y la lucha por la inclusión
educativa, social y laboral en Argentina
El influjo de la desigualdad socioeconómica y la
invisibilización política e institucional
Pablo Christian Aparicio 1
En Argentina, como en el resto de los países de América Latina, es conocida la
afirmación que sostiene que los jóvenes constituyen verdaderos actores estratégicos
del desarrollo, y por ello, están llamados a participar activamente en el proceso de
transformación social, económica y cultural.
Sin embargo y más allá de este decoro retórico, las deplorables condiciones y
posibilidades de participación educativa y laboral que el mundo adulto, el Estado, la
sociedad y el mercado en general les heredan, resultan irrisorias, para cumplir tan
enorme pretensión.
En este escenario, la invisibilización política e institucional de las demandas, las
potencialidades y los intereses de los jóvenes propenden a perpetuar -en lugar de
resolver- problemas estructurales como la pobreza, la desigualdad y el desempleo.
Juventud - Educación - Trabajo - Desigualdad social
Política de la juventud
In Argentina, like in the rest o f Latin American countries, the youth is esteemed
to be a strategic partner in their countries development, being therefore called to
contribute in the process of social, economical and cultural transformation.
1 Doctor en Ciencias Sociales. Investigador Postdoctoral en el Instituto de Ciencias de la Educación,
Universidad de Salamanca, España. Investigador del Centro de Investigaciones Sociales y Educati
vas (CISEN) y del Consejo de Investigación de la Universidad Nacional de Salta (CIUNSA), Argentina.
Docente interino de la Universidad de Tubingen, Alemania.
E-mail: pabloaparicio@usal.es; pablo-christian.aparicio@uni-tueblngen.de
*D¿áhxyo4 “Pedoyoyicoá. Año vil, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
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Los jóvenes y la lucha por la inclusión educativa.
Nevertheless, despite this rhetoric honor, the poor conditions and possibilities of
active participation in the educational system, as well as meager prospects in the
general labor market, prevent the youth from successfully fulfilling this role.
In this scenario, politics' and institutions' short-sight causes the youth's demands,
possibilities and interests to linger, rather than resolve fundamental issues such as
poverty, inequality and unemployment.
Youth - Education - Labour - Social inequality - Youth policy
«Procuremos más ser padres de nuestro porvenir,
que hijos de nuestro pasado.»
(Miguel de Unamuno)
1. Primeras palabras
En la actualidad, la educación está
llamada a generar permanentem ente
respuestas a los desafíos que deman
dan los procesos de integración social,
económica y cultural.
En un escenario caracterizado por
la presencia de un Estado debilitado, in
congruente y cllentelista, por el desmo
ronamiento de las instituciones tradicio
nales de socialización, por el influjo de
los intereses del mercado en la regula
ción de los procesos sociales y por la
ausencia de políticas de Estado en las
diferentes áreas sociales que superen
la visión pragmática y partidaria, el di
seño de estrategias que apoyen los pro
cesos de inclusión de los grupos juveni
les -quienes están más expuestos a los
riesgos y la exclusión social- se torna
una tarea indelegable.
Indelegable debe ser tam bién la
búsqueda conjunta de orientaciones y
propuestas de cambio que hagan eje
en los intereses de los jóvenes, que
visualicen los límites y las potencialida
des de los grupos humanos y que se
comprometan en el fortalecim iento de
las redes sociales e institucionales a ni
vel local.
Dentro del campo educativo, a pe
sar de registrarse algunos progresos
vinculados a la extensión de las ofertas
del sistema educativo, a la introducción
de políticas orientadas a la moderniza
ción profesional, tecnológica y curricular
y una mayor concatenación entre el tra
bajo de investigación, los procesos de
formación profesional y las estrategias
de investigación de las prácticas edu
cativas, en los hechos, sigue prevale
ciendo un proceso de acumulación del
capital social y cultural por parte de los
grupos más aven tajado s y m ejor
posicionados en la estructura social, que
no ha podido superarse a través de los
d ifere n tes prog ram as de acción
implementados.
54
ùÀrtiocioJ Pedayóycco4. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
ARTÍCULOS
Este cuadro problemático se ha ido
extendiendo entre los jóvenes, sin que
hayan mediado políticas capaces de re
vertir la situación, lo que trae como con
secuencia la vigorización de las brechas
que separan a los sectores incluidos de
otros grupos, que pelean desde la vul
nerabilidad por no caer en la exclusión,
y que buscan sin hallar los medios efec
tivos para doblegar sus condiciones
desmedradas de vida.
Por este motivo, la construcción de
vías socioeducativas para apoyar la par
ticipación de los jóvenes en la vida social,
económica y laboral constituye una de las
metas más sobresalientes para poder ga
rantizar la participación plena, la cohesión
social y la sustentabilidad de las relacio
nes humanas.
2. La transformación de las trayec
torias juveniles en contextos de
desigualdad
La sociedad argentina a inicios del
siglo XXI se caracteriza primordialmente
por su profunda segmentación, hetero
geneidad y exclusión que impregnan las
formas de organización de la vida social y
la disposición biográfica de los actores.
Del mismo modo, estos condicionantes
impactan significativamente en la propa
gación de las incertidumbres y de los ries
gos, y recalan en la ausencia de referen
tes institucionales y políticos comprome
tidos con la modulación de las transicio
nes de los jóvenes desde el sistema edu
cativo hacia el mercado de trabajo y la
vida adulta.
La vertiginosidad de los cambios re
gistrados en el nivel político y social pro
pulsados desde la intromisión de las re
formas estructurales de fuerte basamen
to neoliberal catapultó la individualiza
ción de las responsabilidades sociales,
la ausencia del Estado, la indefensión de
los sectores más desaventajados, la fal
ta de discursos colectivos y el desmem
bramiento de las estructuras institu
cionales y políticas cohesionantes.
De este modo y circunscriptos en un
contexto dominado por la urgencia de
satisfacer necesidades elementales, se
relativaza el acceso a la educación como
un derecho asequible y objetivable, y
se pone en cuestión la plausibilidad de
mejorar vía formación educativa las con
diciones de participación social y la con
creción de los proyectos de vida.
En esta trayectoria, los jóvenes
procedentes de sectores populares y
los hogares más humildes se ven pro
gresivamente confrontados con el dile
ma de continuar o no sus estudios, so
bre todo cuando se ven forzado s a
priorizar la opción laboral por razones
im postergables, antes que continuar
apostando por el proseguimiento de la
formación educativa.
En un clima de ¡ncertidumbre y des
aliento, los jóvenes dudan en que la ad
quisición de nuevas credenciales educa
tivas puedan mejorar sus chances labo
rales. Alentados por esta idea, muchos
de ellos incursionan en el mercado de tra
bajo buscando obtener algún tipo de in
greso sin una perspectiva concreta de
ascenso y progreso social (OIT, 2007). En
la medida de las posibilidades recurren a
sus familias con la esperanza de encon
trar el apoyo para seguir estudiando,
pero, en la mayoría de los casos, esto se
torna inviable e insostenible a largo pla
zo (Salvia & Tissera, 2000; Salvia, 2002).
'D iá ío y o i ‘P e d a y á c fic a i. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
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Los jóvenes y la lucha por la inclusión educativa..
El auge del mercado de trabajo in
formal, la precariedad, la ocasionalidad y
la inseguridad entre estos jóvenes se
corresponden con la ausencia de meca
nismos que posibiliten la continuación y/
o complementación calificante de estudios
paralelos. La aceptación de cualquier tra
bajo por la urgencia de percibir alguna
remuneración se fundamenta en la ame
naza permanente de la pobreza y el des
empleo que por añadidura trae apareja
do la privación del ingreso y la segrega
ción absoluta de la vida social (Cepal &
OIJ, 2005; Naciones Unidas, 2005).
En el caso de los grupos juveniles
que forman sus propias familias, asidua
mente experimentan diferentes dificul
tades al momento de obtener un crédi
to o buscar una vivienda, a lo que se
añade el agravante de la precariedad
laboral y económica, y la escasa alter
nativa de ampliar el grado de educación
alcanzado e interrumpido.
Entre las mujeres jóvenes, el em
barazo temprano, el desarrollo de ta
reas en el hogar, la dependencia a las
obligaciones y responsabilidades coti
dianas y la vigencia de una mentalidad
patriarcal disminuyen las posibilidades
de superar las condiciones de exclusión.
Especificando, las mujeres procedentes
de estratos sociales humildes al cuida
do de los herm anos más pequeños,
prestan apoyo en las tareas del hogar,
desarrollan actividades productivas y
generan ingresos económicos, y de este
modo intentan llevar adelante sus es
tudios (Banco Mundial, 2006).
El círculo vicioso de la exclusión en
cuentra en estos factores sus causas
preponderantes, puesto que la mayo
ría de estas/os jóvenes no puede esca
par de la pobreza e intenta como pue
de sobrellevar las condiciones denigran
tes de vida que se anudan también al
asistencialismo político, al cortoplacismo
de proyectos y programas, a la recu
rrente inviabilidad financiera y a la ca
rencia de políticas sustentables que
identifican cómo el Estado pretende dar
solución a problemas estructurales (Kes-
sler & Roggi, 2005).
Privados del trabajo digno, despro
vistos de redes sociales e institucionales
de contención, carentes de credencia
les educativas actualizadas y congruen
tes a las exigencias del mercado labo
ral, los jóvenes vulnerables quedan des
plazados de la vida social v_^e refugian
-sin posibilidades ni alternativas de su
peración- en la clandestinidad y en los
márgenes de lo formal, de lo legal y de
lo prohibido.
Por su parte, la sociedad y el Esta
do se muestran pasivos ante el impac
to de la exclusión social que atisba las
nuevas generaciones, tendiendo sutil
mente a estigmatizar la pobreza y las
condiciones socioeconómicas de origen
de las personas como factor causante
de la situación de precariedad que se
vivencia y hereda. Desde esta mirada
que condena los brotes anómicos en
gendrados por la crisis social, se avala
la necesidad de reforzar el control del
orden a través del incremento exacer
bado de la vigilancia, de la represión y
del castigo del delito, vale decir, por me
dio de la prevención de todo aquello que
pudiera alterar la cohesión social den
tro de un orden injusto y excluyente
(Sennett, 2003).
Ahora bien, pretender que los jó
venes en este contexto adquieran los
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‘Dcótoyoé ‘Pedagóyiou. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pag. S3-71
ARTÍCULOS
medios cognitivos, sociales y culturales
que les permitan organizar de modo
efectivo sus procesos de transición des
de los cen tros ed ucativo s hacia el
mercado de trabajo y la vida adulta, se
torna muchas veces bastamente proble
mático cuando no inviable.
3. El caso de la reforma educativa
de los '90 y el aporte de la Ley de
Educación Nacional
En la actualidad, y desde el posicio-
namiento de la nueva propuesta educa
tiva Ley de Educación Nacional, se con
sidera imprescindible integrar las formas
emergentes de organización social en un
plano local, regional y global, los nichos
culturales e identitarios polivalentes y los
nuevos procesos de socialización, iden
tificación y comunicación.
En una dirección semejante se pon
dera como nodal afianzar una oferta
educativa que no escinda, sino interpre
te e incorpore críticam ente, aspectos
relacionados con el mundo circundante
a la vida educativa escolar. Vale decir, la
educación debe dar apertura a nuevos
escenarios y espacios sociales donde
los sujetos sociales se referencian, se
identifican y se retroalimentan cotidia
namente.
A pesar de la coherente form ula
ción de las metas y los fundamentos
políticos, teóricos y metodológicos, su
transpolación en el complejo universo
de la práctica educativa devela consi
derables limitaciones basadas en la in
suficiente coordinación de los proce
sos de enseñanza, aprendizaje, eva
luación, planificación e innovación de
acuerdo a un estándar que garantice
la equidad dentro del sistema educati
vo. Al respecto, la carencia de un sis
tema de compensación de las caren
cias y restricciones locales -a nivel re
gional, provincial y municipal- que fa-
voreza las condiciones fundam entales
de la práctica educativa incide en la
conservación de su carácter desigual y
d esig uala d or que re viste la o ferta
educativa pública.
La falta de transversalidad, de con
gruencia y de complem entariedad en
tre las metas políticas, las condiciones
de viabilidad inherentes en las diferen
tes jurisdicciones y el grado de involu-
cramiento de la comunidad local en la
definición de la propuesta educativa han
propendido también a pronunciar la des
igualdad y las contradicciones que ope
ran a nivel institucional, curricular y pro
fesional (Aparicio, 2008; Tenti Fanfani,
2003).
De modo análogo, la débil concate
nación entre el sistema educativo y las
condiciones económicas, laborales, so
ciales y políticas cambiantes trunca la
elaboración de propuestas que efecti
vamente posibiliten la inclusión y la par
ticipación de ios grupos más desaven
tajados. La disociación planteada entre
la teoría y la práctica educativa y los in
tereses y objetivos perseguidos por la
institución escolar y el resto de las ins
tituciones sociales dificulta una mejor
adecuación de la oferta educativa a las
múltiples demandas estructurales y sub
jetivas correspondientes a la vida de los
actores juveniles. Cabe agregar que
estos divorcios y taxaciones no son pri
vativas del nivel educativo secundario,
sino que están presentes en toda la di
mensión de los ciclos superiores y uni
versitarios de formación (Dussel, 2005;
Gallart, 2002).
'DiáCot/oa . Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
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Los jóvenes y la lucha por la inclusión educativa..
La presente crisis educativa se plie
ga a una crisis social de mayor enverga
dura que afecta a la sociedad en su con
junto y que se traduce en la acumula
ción de desventajas y aplazamientos de
la participación plena en los beneficios
ligados a la educación, la salud, la vivien
da, al trabajo, a la seguridad social, etc.
Y en concordancia con recientes informes
elaborados en la región, se podría ar
güir que este cuadro conflictivo se inten
sifica entre los sectores populares que,
además, quedan segregados tanto de
las ofertas de formación educativa y ca
pacitación profesional así como también
de los puestos de trabajo productivo, se
guro y decente (Unesco, 2007, Cepal &
Unesco, 2005).
Si bien la tasa de matriculación en
el sistema educativo primario y los pri
meros años del secundario se ha incre
mentado considerablemente en los úl
tim os años, esta m ejoría parece no
haber podido contrarrestar las elevadas
tasas de deserción escolar, el desgra-
namiento de los contenidos y las tasas
de repitencia que han tendido a acumu
larse significativamente entre los gru
pos más desaventajados tanto en los
centros urbanos como en el campo. Para
ejemplificar, se podría exponer que
Todavía persisten diferencias signi
ficativas entre las distintas zonas
geográficas. Los jóvenes que viven
en zonas rurales dispersas tienen
mayores probabilidades de no asis
tir a la escuela: 10,3 por ciento más
alto que el promedio nacional de 7
por ciento en el caso de los niños
de entre 6 y 17 años de edad en
2001 (...). Santiago del Estero, Mi
siones, Tucumán, Chaco, Formosa y
Corrientes se encuentran en des
ventaja respecto del nivel educati
vo en comparación con el resto del
país. En Santiago del Estero, el 16
por ciento de los niños de entre 6 y
17 años se encuentra fuera del sis
tema formal educativo, comparado
con el 8 por ciento en Santa Fe. La
situación es aun peor en el caso de
los adolescentes de entre 15 y 17
años: en Santiago del Estero, el 45
por ciento no asiste a la escuela;
en Tucumán, el 40,7 por ciento; en
Misiones, el 39,1 por ciento; y en
Chaco, el 32,8 por ciento. (Banco
Mundial, 2008, pp. 43-44)
El efecto, que la desigualdad socio
económica incida significativamente en
el modo como las personas participan
diferencialmente de los beneficios del
sistema educativo confirma la siguiente
hipótesis: si no existe un sustrato de
com pensación am plio y efectivo que
equipare los puntos de partida desigua
les -entre los individuos- muy difícilmente
se podrán reducir las brechas entre los
sectores incluidos de los excluidos.
La distribución meritocrática de los
beneficios educativos opera explícita e
implícitamente y devela el carácter he
terogéneo e inequitativo que encarna
el sistema educativo argentino y que
posteriormente se proyecta en la repro
ducción de formas diferenciadas de par
ticipación social, laboral, económica y cul
tural.
Las desigualdades en los logros
educativos, ya grandes de por sí,
van en aumento. Las personas per
tenecientes al quintil de menor po
der adquisitivo completan un pro
medio de 7,9 años de educación,
en comparación con aquellos pro-
5 8 Pedayóyico¿. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
ARTÍCULOS
venientes del quintil de mayor po
der adquisitivo que completan un
promedio de 13,3 años; es decir
que hay una brecha de casi un 70
por ciento. Y la brecha en términos
de rendimiento es mayor: el incre
mento en los logros académicos no
benefició a todos los grupos de di
ferente poder adquisitivo por igual.
Los tres quintiles más ricos suma
ron 1-1,2 años de escolaridad; los
dos más pobres, sólo 0,7-0,8 años.
(Banco Mundial, 2008, p. 46)
En este escenario socio-histórico
particular, la desigualdad educativa se
traduce en una multiplicidad de desigual
dades sociales que condicionan la per
petuación de una estructura social con
tradictoria y de procesos de segrega
ción social. Precisando, los efectos de
la presente crisis propenden a que los
sectores desfavorecidos vean aun más
reducidas y amenazadas las escasas al
ternativas de apropiación objetiva de las
herramientas sociales y cognitivas im
partidas desde la escuela y los centros
de form ación profesional; lo que a
posteriori se plasma en una mayor pro
pensión al desempleo, a la pobreza, a
la precariedad y a la incertidumbre (Sal
via & Tami, 2005; Casanova, 2004).
Ha quedado dem ostrado también
que, en el caso específico de los jóve
nes procedentes de hogares rurales y
pobres, donde el nivel educativo de los
padres es insatisfactorio, la imposibili
dad del acceso a los bienes del merca
do de trabajo y de consumo se condice
con una exclusión estructural más pro
funda, que tiende a reproducir y antici
par socio-históricamente las trayecto
rias de estos individuos en el medio
social.
Estos aspectos restrictivos ponen en
jaque el potencial transformador que his
tóricamente la sociedad y el Estado con
firieron a la educación como estrategia de
desarrollo, axioma de integración y fac
tor de movilidad social (Tedesco, 2003a).
4. La metamorfosis del trabajo y la
redefinición de las transiciones ju
veniles
En la actualidad las transiciones de
los jóvenes están caracterizadas por
dos tendencias paradigmáticas. Por un
lado, se confirma que la acumulación de
credenciales educativas aproxim adas
desde el sistema de formación ya no ga
rantiza una incorp oración directa y
exitosa al mercado de trabajo; lo que a
su vez pone en cuestión la expectativa
de ascenso social y laboral que tradi
cionalm ente encarnaba la educación
como mecanismo de promoción y desa
rrollo socioeconómico y profesional.
De este modo las trayectorias juve
niles pasan a ser más bien de tipo
laberíntica, reversible, contradicto
ria que a nivel metafórico se aseme
ja al movimiento de un "yo - yo" (...)
La nueva característica de las tran
siciones se basa en una dinámica
discontinua, irregular y provisoria
que está fuertemente constreñida
al género, las variables demográfi
cas, las características cultural e
idiosincrásicas, el nivel educativo de
los padres y el contexto social próxi
mo, el nivel socio económico familiar,
la procedencia étnica, el nivel y el
acervo cultural, las posibilidades de
participación en la vida material y
simbólica y la subjetividad de los ac
tores. (Aparicio, 2007c, p. 90)
“Dcdfoyoé fiedayáytcoó. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
59
Los jóvenes y la lucha por la inclusión educativa..
Mientras que por otro lado, se cons
tata que la profundización de la des
igualdad social impacta en la estructura
de oportunidades, en las disposiciones
de los actores y las instituciones, y en
las formas de participación objetivas que
existen para poder acceder a los bie
nes sociales como el trabajo, la educa
ción, la seguridad, la vivienda, etc.
(Cepal & Agencia Española de Coope
ración Internacional y Secretaría Gene
ral Iberoamericana, 2007).
La hegemonía de un modelo social
y laboral excluyente parece disolver la
relación planteada entre el nivel educa
tivo alcanzado, el tipo de empleo adqui
rido y las posibilidades de objetivar los
proyectos de vida.
Por su parte, los mecanismos de
selección laboral no sólo se apoyan en
el grado académico obtenido y en el tipo
de establecimiento educativo al que se
asistió, sino que también se fundamen
tan en las condiciones socioeconómicas
de procedencia, en la apariencia física,
en el acervo cultural propio y familiar, en
el lenguaje, en el género, en el lugar de
residencia y en las redes sociales próxi
mas. El carácter prescriptivo de la admi
sión al mercado de trabajo se comple
menta con una serie de estigm atiza-
dones, imaginarios y biografías antici
padas -explícitas e implícitas-, que de
terminan con antelación no sólo la in
corporación sino también el desem pe
ño que tendrán los actores dentro del
ámbito productivo y de la vida social
(Gautié, 2004).
La pervivencia de una tendencia a
la conservación del empleo informal y de
la discriminación laboral según los dictá
menes arbitrarios y variables determi
nados por el sector empleador no ha
podido mitigarse del todo. En esta línea,
la incorporación de programas públicos
de formación destinados al mejoramien
to de las posibilidades de trabajo y a la
elaboración de programas orientados a
fomentar y modular la inserción laboral
de los jóvenes con mayores dificultades
no pudo resolver el problema de fondo,
cimentado en la informalidad y en la
precariedad prevalecientes como meca
nismos de inclusión y destino fatal para
los sectores más vulnerables, no sólo
inmanentes al desarrollo socioeconómi
co imperante en Argentina sino en toda
la extensión de América Latina (Kliks-
berg, 2005a, 2005b).
El resultado obtenido por estas es
trategias ha sido débil y poco significa
tivo, especialmente si se ponderan las
dimensiones y las características de las
dem andas in s a tis fe ch a s de grupos
heterogéneos y que son afectados por
múltiples carencias circunscriptas en el
ámbito familiar, barrial, institucional, po
lítico, cultural, civil, habitacional, econó
mico y laboral.
En otros términos, el deterioro ge
neralizado del mercado de trabajo ha
provocado un refuerzo de la discrimina
ción de los sectores más vulnerables,
puesto que comúnmente sólo los jóve
nes dotados de mejores recursos eco
nómicos y referentes sociales y cultura
les son quienes acceden exitosamente
a dichos programas y beneficios. Los
jóvenes pertencientes a los grupos so
ciales medios y altos son los únicos que
pueden verificar en su propia biografía
y trayectoria educativa que el acceso a
la educación es correlativa a la supera
ción de las limitaciones de participación
social, al mejoramiento de sus horizon
6 0 T>úiío<¡fM T^&iaqóyieal. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
tes laborales y a la objetivación de sus
itinerarios biográficos. Empero, el detri
mento preeminente que caracteriza el
actual mercado de trabajo y sus meca
nismos de reclutamiento ha provocado
que las tareas laborales destinadas a
los jóvenes se engendren en el marco
de la precariedad y la desprotección.
Ante el avance de la crisis del trabajo
decente y productivo y la necesidad de
acceder al ingreso, estas tareas cons
triñen y atisban el horizonte de la inte
gración social y laboral de las nuevas
generaciones (Jacinto, 2004).
Los programas inaugurados en el
área de capacitación y formación juve
nil orientados a fortalecer los procesos
de inclusión al mercado laboral, a pesar
de su carácter novedoso, se presenta
ron como ofertas desarticuladas e irre-
levantes y no lograron anclarse definiti
vamente en las demandas y expectati
vas de los jóvenes.
En esta perspectiva, la participación
social de los actores juveniles ha sido
recurrentemente diezmada y restringi
da a través de la disposición de instan
cias y espacios institucionales reducidos
para la toma de decisión y que, además,
se reflejan en la forma y las prioridades
que dominan el diseño de los progra
mas de formación profesional. De este
modo, las jurisdicciones provinciales y
municipales, las instituciones y los ac
tores educativos y sociales en general
se remitieron a acompañar la implemen-
tación de programas desde afuera ha
cia adentro que reprodujeron consigo
la lógica coercitiva extendida desde el
centro hacia la periferia basadas en la
transpolación de métodos, contenidos,
competencias, tecnologías e insum os
teóricos y curriculares.
En otros términos, las estrategias
y los modelos de apoyo y contención
educativa y laboral fueron normalmen
te predefinidos "al margen" de la reali
dad histórica, social, laboral y educati
va de los jóvenes, vale decir, en un cam
po ajeno y neutral que repercutió en la
escasa adhesión de los intereses socia
les específicos del sector como asi tam
bién en una débil identificación de los
contextos, demandas y proyectos bio
gráficos imperantes.
A modo de ejemplificación se pue
den mencionar los proyectos de ca
pacitación ejecutados en el marco de
algunos programas juveniles duran
te la década del '90 y principios del
2000 como por ejemplo Chile Joven
(Chile), Proyecto Joven (Argentina),
Opción Joven y luego Projoven (Uru
guay), Plan de Empleo Juveniles (Ve
nezuela), Programa de Capacitación
Laboral para Jóvenes (Colombia),
los programas de formación y capa
citación laboral implementados en
Perú, Paraguay y Brasil cuyos obje
tivos se concentraban en la supera
ción de la pobreza, el mejoramiento
de las condiciones de empleabilidad
de los sujetos y la ampliación de las
posibilidades de participación en el
mercado laboral formal, productivo
y decente. (Aparicio, 2007a, p. 18)
A pesar de haberse planteado los
propósitos de dinamizar la diversifica
ción y la eficientización de las ofertas
educativas tanto formales como no for
males, y mejorar la interacción entre el
dispositivo público, el sector empleador
y las instituciones educativas o los cen
tros de formación, no se logró forjar las
bases, las condiciones y las garantías
necesarias para una cooperación de
Diáloyoi 7*edayóyúo¿. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
61
Los jóvenes y la lucha por la inclusión educativa..
carácter transversal, co-responsable y
sostenible en el tiempo.
Pero no todo fue un fracaso. Exis
ten algunos ejemplos exitosos que de
muestran que, con una debida coordi
nación y anuencia estratégica por par
te del Estado, es posible elaborar pro
gram as de form ación pertine ntes y
contextúales. En esta perspectiva se
han organizado algunos observatorios
locales sobre el m ercado del empleo
buscando anexar las iniciativas de for
mación con las trayectorias educativas
recurrentes, los perfile s form ativos
atractivos y las demandas locales.
En los últimos años, la incipiente
elaboración de algunos proyectos inte
rinstitucionales dentro del ámbito local
se elaboraron con la finalidad de articu
lar los circuitos educativos, aproximar la
demanda de la comunidad, relevar la
dem anda de los propios jóv en es y
orientar los procesos productivos ha
ciendo eje en la definición de competen
cias y trayectorias formativas que va
yan entroncadas a las demandas con
cretas del medio social.
Desde esta óptica, por ejemplo, se
replantearon algunas orientaciones del
currículum ligadas a la formación educati
va y profesional, tratando de enfatizar la
necesidad de relevar sistemáticamente
los requerimientos locales y de flexibilizar
el conjunto de dispositivos institucionales
y burocráticos constitutivos de la política
educativa.
En modo semejante, la arm oniza
ción y la regulación de los planes de
estudio correspondientes al nivel formal
educativo y a los programas de forma
ción y capacitación dentro del nivel in
formal buscaron fortalecer las competen
cias de las instituciones y las jurisdic
ciones federales en las tareas concer
nientes a la administración de los recur
sos, la comercialización de algunos ser
vicios, el relacionamiento social, laboral
y administrativo, la organización legal de
las tareas, la capacitación de los recur
sos humanos, las estrategias de plani
ficación y de evaluación del rendimiento
del trabajo, el monitoreo de los proce
sos productivos, etc. (Gallart, 2008;
Rossaro & Salvia, 2006).
Desafortunadamente, la mayoría de
estas iniciativas no se sostuvo en re
des sociales o en políticas de Estado y
careció tanto de los medios idóneos
para institucionalizar las actividades rea
lizadas, así como también de una visión
estratégica en torno al desarrollo local.
Si bien estas propuestas persiguie
ron vincular las instituciones educativas
y los centros de formación con las em
presas locales y las dem andas de la
comunidad, las experiencias concreta
das se trataron más bien de experien
cias aleatorias, de proyectos pilotos y
actividades incipientes, que adolecieron
de un marco político y programático -
garantizado por el Estado- capaz de
otorgarles continuidad en el tiempo, sis-
tematicidad e institucionalización a ni
vel territorial (Jacinto, 2002).
Por esta razón, consideramos que
está aún pendiente seguir trabajando en
la profundización y en la ampliación de
las iniciativas locales, evitando cooptar la
creatividad y la localización de las accio
nes. Esta empresa resulta determinante
para el futuro desarrollo de experiencias
innovadoras y transformadoras que po
drían garantizar mayores espacios e ins
tancias de participación de los jóvenes.
62 T>iáloqo¿ ‘PedaqóyitM. Año V il, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
5. Los jóvenes como partícipes del
desarrollo social: una meta pen
diente en la agenda política
La participación juvenil se presenta
en el ámbito de las políticas educativas
y sociales como un tema central de re
ferencia desde donde se definen, o de
berían de definirse, las estrategias de
intervención.
La generalización taxonómica y la
recurrencia ambigua a argumentos re
lacionados con la no-participación inten
cionada y voluntaria por parte de la
mayoría de los jóvenes revela la exis
tencia de preconceptos y estigmas liga
dos a la imagen socialmente construida
por los adultos en torno a ellos que en
el fondo no son más que sujetos desin
teresados, descomprometidos, pasivos
o peligrosos (Kessler, 2004).
Al respecto, se podría exponer que
la imagen del joven peligroso en un mo
mento de crisis económica, inseguridad
social y desamparo de muchos secto
res vulnerables, puede ser el indicio de
criminalización de la juventud que, ade
más, sataniza la imagen del joven, se
culpabiliza y condena su actitud y com
portamiento social, tabulando su diver
sidad histórica, política y cultural (Apa
ricio, 2005a; 2006b).
El supuesto rechazo deliberado de
los jóvenes a todo tipo de intervención
política, coadyuva a legitimar una percep
ción equívoca y desvinculada de los fun
damentos del comportamiento y de la
reacción que los mismos tienen dentro de
la esfera pública, vale decir, en el interior
de las acciones y los programas políticos.
La estigmatización de los jóvenes
no sólo culpabiliza a estos actores por
su pasividad y desinterés, sino que tam
bién perpetúa una forma de visualizar
la realidad de modo taxativo y arbitra
rio. El joven como sujeto incapaz de
generar una estructura de prioridades
para la realización autónoma de su exis
tencia desaprovecharía los medios exis
te ntes a nivel ed ucativo , laboral,
institucional y político y, por ende, sería
una suerte de cómplice de los «proble
mas que lo afectan.
Estas miradas contradictorias acer
ca de los jóvenes operan en la escena
pública, política e institucional; y expli
can y justifican la presencia o ausencia
de los actores juveniles en los espacios
objetivos de decisión, organización y
consenso social.
El desfase entre las exigencias y
expectativas de la sociedad en relación
a los jóvenes y aquello que la sociedad
misma ofrece y dispone a nivel de opor
tunidades de inclusión y participación
social pueden dar cuenta del origen y
las dimensiones de esta situación pro
blemática (Zaffaroni, 2006).
En Argentina, al igual que en mu
chos otros países de América Latina, los
jóvenes son corrientemente exhortados
a viva voz -pero sólo a nivel discursivo-
a ser actores protagonistas del presen
te, y se les llama la atención por la falta
de participación y por el distanciamien-
to que existe en relación con las estruc
turas políticas e institucionales.
La recrim inación que la sociedad
practica recurrentemente contra los jó
venes no se condice con un análisis de
la escasez de espacios y de oportuni
dades institucionales y objetivas que
restringen la participación de la juven
tud en la vida política y social. En este
7}(álayo¿ T^edac/áyícoi. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
63
Los jóvenes y la lucha por la inclusión educativa..
sentido, el desentendimiento y la des
preocupación que comportan las gene
raciones adultas parecen vislumbrarse
como una causa significativa de la con
servación de las difíciles condiciones
económicas, sociales, laborales y cultu
rales que atraviesan a los jóvene s
(Aparicio, 2005b; Hopenhayn, 2005).
Más allá de lo que el mundo adulto
interpreta o pretende entender de los
jóvenes, al no existir una intervención
real y efectiva de los actores juveniles
en las instancias y estructuras políticas
de decisión, se plantea una ruptura o
un hiato que influye en la legitimidad de
la intervención de las políticas y las ins
tituciones del Estado.
En este contexto, los jóvenes son
conscientes y críticos de la baja repre
sentación que gozan los dispositivos
políticos y los programas de ayuda, pro
moción y asistencia social dispuestos
por el Estado. La escasa concatenación
entre las acciones políticas y sus con
textos de vida se ve potenciada funda
mentalmente por un relevamiento su-
perfluo de la pluralidad inherente a las
demandas, las potencialidades y las res
tricciones de los jóvenes que ahonda el
aislamiento de los jóvenes en el ámbito
político e institucional y coarta la posibi
lidad de transformación que deberían
encarnar los programas y las acciones
de intervención pública.
En suma, la distancia y la ruptura
planteadas entre los jóvenes y el Es
tado, entre los jóvenes y el mundo adul
to, pueden ayudarnos a dirim ir sobre
la reincidente negativa y hostilidad por
parte del colectivo juvenil a participar
de diferentes proyectos, acciones y pro
gramas.
Debido a ello, la no participación de
los jóvenes en los espacios de decisión,
exponen más una respuesta efecto que
una "respuesta causa", ante la hege
monía de un sistema social que no los
incluye ni reconoce, que les exige res
puestas y adaptaciones permanentes y,
paralelamente, les niega el acceso a los
beneficios sociales y la objetivación de
los derechos.
Entonces, el déficit de la participa
ción juvenil no reposa exclusivamente
en la predisposición, en el deseo y/o en
el compromiso de los jóvenes, sino que
resulta de la concatenación responsa
ble entre a) las instituciones sociales y
políticas comprometidas con la atención
y promoción de las necesidades del sec
tor y los procesos de organización, b)
las prácticas decisionales y c) las formas
de interacción que se generan entre
estos actores.
La actitud pasiva de los jóvenes
está anudada a la incapacidad de gene
rar estrategias y propuestas de supera
ción y transformación de sus propios con
textos problemáticos de vida. La perple
jidad de los actores juveniles se condice
con el marco de limitaciones prevalecien
tes en el medio social e histórico.
6. Los jóvenes frente a los contex
tos de desigualdad socioeconómica
e invisibilidad política e institucional
La insuficiente cohesión que brindan
las instituciones sociales y educativas cir
cunscriptas en el ámbito de la formación
de los jóvenes y la inefectividad de las
políticas sociales, educativas y laborales
destinadas a resolver los problemas de
integración parecen haber ahondando la
64
‘Pee(aqóífico¿. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
frustración y el desencanto que experi
mentan las generaciones más jóvenes.
La toma de conciencia de que la partici
pación en el sistema educativo cada vez
más es un paracaídas que un trampolín
en el proceso de inclusión social y labo
ral, influye sustancialmente en la pronun
ciación de la crisis de credibilidad y de
ausencia de perspectivas.
Empero, en los hechos, se consta
ta que los jóvenes desprovistos de co
nocimientos, disposiciones y competen
cias cognitivas elementales se encuen
tran en una relación clara de desventa
ja frente a los otros sectores y grupos
mejores calificados que están en condi
ciones de participar íntegramente en la
vida institucional, política y laboral.
La desigualdad entre los jóvenes
condiciona no sólo la facultad y la forma
de decir y representar el mundo, sino
también en el modo en cómo estos su
jetos históricos a su vez son dichos y
representados por el mundo. La omisión
de los jóvenes como actores autóno
mos, sujetos con derechos y referentes
de políticas evidencia una ruptura más
profunda que va más allá de las meras
privaciones materiales. De allí que el pe
ligro mayor de la no participación - capi
talización juvenil de los recursos y he
rramientas educativas elementales no
resida sólo en el incremento cuantitati
vo de los grupos desafiliados y en la plu-
ralización de las circunstancias de ex
clusión, sino y fundamentalmente en fac
tores vinculados a:
a) la presencia de criterios políticos ho
mogéneos y homogeneizantes que no
integran ni revelan la compleja, cam
biante y heterogénea realidad de los
jóvenes;
b) la insuficiente inversión social y el bajo
grado de innovación prevalecientes en
los programas, proyectos e iniciativas
políticas destinados a la formación y
promoción socio-educativa de las nue
vas generaciones;
c) la endeble com plementariedad con
otros campos públicos y sectores so
ciales constreñidos en el ámbito de
la formación juvenil;
d) la descoordinación estructural re i
nante en y entre las instancias de
decisión, planificación, evaluación y
financiam iento de los proyectos y
programas de empleo, tanto aque
llos dependientes de las diferentes
jurisdicciones como del Estado na
cional (Poggi, 2006).
Desde lo postulado, se deduce que
no sólo es necesario sino inexorable
generar, desde la educación para los
jóvenes, el desarrollo de espacios alter
nativos de formación y capacitación ba
sados en sus inquietudes, sugerencias
y necesidades; en la idiosincrasia; las
interacciones sociales; los proyectos y
las trayectorias biográficas; en las iden
tidades culturales y las múltiples formas
de participación social que hoy más que
nunca requieren mayor coordinación
técnica, respaldo institucional y orien
tación profesional.
Del mismo modo se requieren me
canismos de intervención política con ca
pacidad de captar los intereses de dife
rentes sectores de la com unidad que
participan en la vida de los jóvenes, pen
sando en colaboraciones e intercambios
a partir del aporte del sector empresa
rio, de los sindicatos, de las dependen
cias ministeriales e institucionales per
tenecientes al Estado nacional y provin
'D i á lo y u i PedMfáyicot. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
65
Los jóvenes y la lucha por la inclusión educativa..
cial, de las iglesias, de los clubes de
portivos, de los medios de comunicación,
de las universidades y de las O NG 's,
entre los más relevantes. Fortalecien
do el consenso intersectorial entre los
actores antes mencionados, se podrían
construir nuevos ámbitos de interven
ción educativa.
Un aspecto nodal de la reforma edu
cativa implementada en Argentina du
rante la década del noventa, cristaliza
da en el Ley Federal de Educación y su
plida a partir de la introducción de la Ley
de Educación Nacional, consiste en re-
valorizar la dimensión de lo local y lo
contextual como punto de referencia
inexorable para el diseño, la programa
ción, la evaluación y la viabilización de
la nueva política educativa.
En esta perspectiva, la descentrali
zación resulta estratégica para conti
nuar fo rta leciend o los procesos de
reafirmación de la autonomía federal, la
propagación de la autogestión a nivel
institucional y la democratización de las
decisiones en escenarios locales.
El ímpetu cedido a estos cánones
hacía pensar en la posibilidad real de
aproximar las premisas fundantes de la
política y del sistema educativo a las ne
cesidades de las comunidades. Vale de
cir, la búsqueda de genuina aproxima
ción de las prioridades educativas a las
características de la comunidad y el me
dio local se basaba en la necesidad de
fomentar el reconocimiento de las nece
sidades emergentes y particulares, am
pliar hacia el interior los consensos con
las diferentes contrapartes civiles y pri
vadas y ensayar trabajos de coopera
ción con otros agentes institucionales y
públicos (Tedesco, 2003b; Dussel, 2005).
Sin embargo, el profundo grado de
segmentación, superposición y desigual
dad heredado de una reforma fracasa
da bloquea la posibilidad de transfor
mar a corto o mediano plazo estructu
ras políticas y administrativas aún da
ñadas por las transformaciones estruc
turales. En este sentido, queda aún pen
diente trabajar en el fortalecimiento de
las competencias de gestión local, así
como también de las alianzas con acto
res civiles en pos de optimizar las pro
puestas educativas.
Reflexionar y desarrollar respuestas
a las problemáticas antes señaladas re
quiere, en primer lugar, sistematizar las
acciones y los programas correspondien
tes a la política educativa (toda la com
plejidad de sus dispositivos), visualizando
los aspectos histórico-sociales que la
contextualizan y accediendo así a los dis
tintos niveles de complejidad.
Cuando pensamos en un proyecto
educativo integral, imaginamos una es
trategia amplia y transversal que vaya
más allá de la mera preparación para el
desempeño laboral y productivo de las
personas, y que, por lo mismo, exceda
la impartición de herramientas cognitivas
necesarias para competir y resolver pro
blemas de forma efectiva en términos de
rendimiento, rentabilidad y optimización
del capital humano.
7. A modo de síntesis
En la actualidad, los jóvenes sufren
el impacto de las transformaciones eco
nómicas, productivas y laborales y ellos
también son quienes más padecen los
embates de la pobreza, la exclusión, el
desempleo y el desgranamiento pau
66
‘DióloyM T^edaqóyúMi. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
ARTÍCULOS
latino de las redes de contención insti
tucional, civil y política.
La descoordinación de las propues
tas y los esfuerzos políticos en el área
de formación educativa de los jóvenes
a nivel informal y formal demandan so
luciones estructurales que se com pro
metan con la pluralidad de los contex
tos y que posibiliten la inclusión de los
actores involucrados en el proceso de
diseño, transposición y evaluación de
las políticas educativas y sociales.
Diversas investigaciones elabora
das sobre los problemas de la integra
ción experim entados por los jóvenes
subrayan el aporte positivo de la edu
cación en la inclusión social, que ade
más trae aparejada la conquista de
mejores oportunidades laborales y so
ciales a largo plazo.
A pesar de que la educación ha de
jado de operar como una institución ca
paz de ofrecer oportunidades equitati
vas de carácter universal y medios legí
timos para mejorar la participación de
los jóvenes en la vida social, ésta sigue
representando una vía idónea para la
integración social.
Ya no es más la vía de integración
social por antonom asia, se convierte
ahora en un medio de progreso relati
vo, que requiere del apoyo de otros
medios de promoción para poder con
quistar la finalidad de incrementar las
chances de participación social plena
(Salvia & Tuñón, 2002).
Ha quedado evidenciado que la
educación por sí sola ya no resulta sufi
ciente para garantizar un futuro auspi
cioso en referencia a las perspectivas
de participación social y laboral de la
actual generación de jóvenes. Así, por
ejemplo, la segmentación social de las
experiencias de formación y la diversifi
cación de las oportunidades de acceso
a redes de información y conocimiento
demuestran y exponen que los circui
tos de distribución del conocimiento es
tán permeados por un sustrato de des
igualdad y parcelamiento.
En este sentido, la inclusión de los
jóvenes debe ser asumida en el marco
de una estrategia sinérgica basada en
la concatenación de:
a) estrategias públicas y privadas des
tinadas al apoyo integral de los jóve
nes, a partir de un ensamble de ac
ciones y programas;
b) reformas laborales y sociales que fa
vorezcan la orientación en la transi
ción de los jóvenes, como por ejem
plo, políticas activas de promoción del
crecimiento económico, créditos para
estudio y especialización, programas
de entrenamiento laboral, etc.;
c) apoyo local a las redes y a las iniciati
vas civiles y sociales que consideren
y privilegien la participación de los
jóvenes;
d) expansión de formas de mediación so
cio educativa que se generen desde la
escuela y que estén en articulación con
las demás organizaciones sociales (con
trapartes) que interactúan en la proxi
midad de los mundos de la vida juveni
les (Aparicio, 2007b).
El sistema educativo posee una do
ble función indelegable: la primera se
refiere a la promoción de los procesos
de socialización de los jóvenes, y la se
gunda se perfila a favorecer la transición
hacia el mundo laboral y la vida adulta.
i. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 53-71
67
Los jóvenes y la lucha por la inclusión educativa..
Ahora bien y pensando en la situa
ción específica de los grupos más vul
nerables, se precisa garantizar mayor y
mejor escolaridad y, paralelam ente a
ello, se debería generar para todos una
formación más integral, vinculada al de
sarrollo humano, cultural, social y local
que supere la simple distribución de ha
bilidades prácticas, de informaciones
pertinentes, de competencias técnicas
y de conocimientos generales.
Aprender a aprender implica apren
der a reflexionar sobre sí y el mundo, e
involucra inexorablemente poder organi
zar las propias competencias, intercam
biar ¡deas, resolver colectivamente con
flictos y proyectar intereses y anhelos. Sin
pretender menospreciar el valor objetivo
que tienen el capital social y cultural en
virtud a las exigencias laborales, produc
tivas y económicas, creemos que en Ar
gentina se tendría que seguir avanzan
do en la consolidación de una perspecti
va socio-pedagógica más amplia e
implicante. Sólo así la educación podrá
convertirse en una alternativa instituyente
y creíble frente a la impronta descollante
de la marginalidad y la dualización social.
La recuperación del contenido ins
tituyente de los procesos educativos,
pensando en ias actuales demandas,
escenarios y trayectorias sociales de
los jóvenes, debería favorecer la cons
trucción de mecanismos políticos e ins
titucionales efectivos, la habilitación de
espacios de negociación y debate a ni
vel intra e Ínter institucional, el incre
mento y la diversificación de las opor
tunidades de capacitación e investiga
ción para el p ersonal docen te y
directivo, la inclusión de nuevas direc
trices m etodológicas, tecnológicas y
curriculares que aproximen el mundo
de los jóvenes a la escuela; vale decir
que hagan de la escuela y de la educa
ción un referente cotidiano, confiable e
identificante, capaz de dar sentido a
los proyectos biográficos y los anhelos
sociales.
Para la validación de los jóvenes como
actores estratégicos del desarrollo es una
condición
sirte qua non avanzar en la ela
boración de una propuesta educativa idó
nea, atractiva e instituyente, con capaci
dad de visibilizar la oportunidad que en
carna la formación de las nuevas gene
raciones en el arduo proceso de construc
ción de una sociedad más incluyente,
pluralista y democrática.
Original recibido: 23-10-2008
Original aceptado: 02-03-2009
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