La difusión científica en Argentina
Reflexión de la Lic. Silvina María Ávila Paz
Con motivo de cumplirse la décima edición de 'Pedayáytcoi-, el equi
po editorial de nuestra revista desea compartir con ustedes esta reflexión en la cual
se analiza el panorama de la difusión científica en Argentina.
Se parte de la concepción de comunicación y se distinguen conceptos claves de
la comunicación científica para plantear finalmente algunos aspectos a mejorar para
elevar la calidad de las revistas especializadas nacionales.
"la ciencia muere si no se publican las Investigaciones;
más aún, la Investigación no existe si no
se publican los resultados"
- DELLAMEA, 2004 (2):2 -
Concepción de comunicación
Antes de referirnos a la comunicación
científica, consideramos necesario explicitar
lo que entendemos por comunicación: es la
interacción entre personas que permite el
entendimiento, la coordinación de la acción
y la socialización de los actores. "Bajo el
aspecto funcional de entendimiento la ac
ción comunicativa sirve a la tradición y a la
renovación de saber cultural; bajo el aspecto
de coordinación de la acción sirve a la ac
ción social y al establecimiento de la solida
ridad; bajo el aspecto de socialización, fi
nalmente, la acción comunicativa sirve al
desarrollo de identidades personale s"
(HABERMAS, 1999:497-498).
Es decir que los participantes interactúan
basándose en interpretaciones pre-estable-
cidas socialmente, por medio de las cuales
pueden entenderse y a las que ellos mismos
renuevan y enriquecen. Pero estos partici
pantes no viven aislados sino que son seres
sociales y mediante el cumplimiento de nor
mas legitimadas pueden integrarse a distin
tos grupos sociales y asegurar así la solida
ridad. A su vez, los actos comunicativos ha
cen que los participantes controlen sus com
portamientos individuales y ayudan a la for
mación de su personalidad. De este modo,
la comunicación favorece el desarrollo cul
tural, social e individual.
Pero para que la comunicación sea po
sible, los participantes de la interacción de
ben tener una actitud de orientación al en
tendimiento que los haga dependientes unos
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"D ióto ytu "Pedocfóqú:<u. A ñ o V, N ° 1 0, o c tu b re 2 00 7. P ág . 6 8 -7 2
REFLEXIONES
de los otros. Así, el hablante (o emisor) que
ejecuta el acto de habla necesita de la afir
mación o negación de su destinatario (re
ceptor, lector o público) con respecto al con
tenido de la comunicación y a la posibilidad
de mantener las secuencias de interacción.
De esta manera, se genera un acuerdo co
municativo, por el cual "los participantes
aceptan un saber como válido, es decir,
com o in tersu b jetiv am ente vincu lante"
(HABERMAS, 1999:481).
Esta concepción de comunicación, en
contraposición a la idea de comunicación
como proceso unilateral, como mero tras
paso de información que asegura una in
fluencia directa en un receptor totalmente
pasivo, nos lleva a la ¡dea de comunicación
como diálogo, es decir, como el intercambio
verbal entre al menos dos sujetos cuyas
marcas de participación aparecen en el
enunciado que es su producto. En dicho
enunciado, aparecen, a su vez, huellas del
discurso ajeno o citado, lo que remite a la
participación indirecta de otros sujetos (Cfr.
BAJTÍN, 1992).
Estos diálogos directos son los que
Bajtín llama géneros primarios o simples.
Pero a su vez, constituyen la materia prima
para la elaboración de géneros secundarlos
o complejos (Cfr. BAJTÍN, 1992), que sur
gen de una comunicación cultural, eminen
temente escrita, más compleja y organiza
da. Los textos escritos -que establecen la
comunicación artística, científica, socio-
política, etc - se basan, entonces, en diálo
gos previos y generan nuevas situaciones
dialógicas con sus lectores. Concebimos así
al enunciado como momento de un diálogo,
como eslabón en la cadena de mensajes
producidos antes y después de la comuni
cación verbal o intertextual.
Comunicación científica
Para hablar de comunicación científica,
creemos fundamental establecer las diferen
cias conceptuales entre difusión, divulgación
y diseminación científica.
Por divulgación científica entendemos
a la comunicación de informaciones científi
cas y tecnológicas dirigidas a un público nu
meroso y diverso a través de mensajes fá
cilmente asimilables. Entre las modalidades
de divulgación científica podemos mencio
nar, por ejemplo, libros didácticos, campa
ñas de concientización, documentales, se
minarios, cursos de perfeccionamiento, con
ferencias y congresos para no especialis
tas. Como modalidad particular de la divul
gación científica, se encuentra el periodis
mo científico, que se hace presente en no
tas en diarios y revistas masivas, progra
mas e informes especiales para radio y TV.
Por su parte, la diseminación científica
hace referencia a la comunicación de infor
maciones científicas y tecnológicas en len
guaje especializado, dirigidas a un público
selecto form ado por especialistas, tales
como cursos y carreras de posgrado y re
vistas especializadas.
LIC. SILVINA MARÍA ÁVILA PAZ
Licenciada en Comunicación Social.
Editora de la revista científica 'D c á é o y & í 'P e e 0 x y ¿ c [ ¿ c o & , Facultad
de Educación de la Universidad Católica de Córdoba, Argentina.
E-mail: dialogos@uccor.edu. ar
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El término difusión científica hace refe
rencia a un proceso amplio y comprensivo,
que incluye a los otros dos conceptos (Cfr.
DELLAMEA, 2004 (1)),
Las revistas científicas en Argentina
Las revistas científicas son el medio de
diseminación científica más importante y re
conocido para publicar y difundir los resul
tados de investigaciones teóricas y empíri
cas. A partir de las consideraciones del
Centro Argentino de Información Científica
y Tecnológica dependiente del CONICET, po
demos afirmar que "el conocimiento es una
poderosa herramienta que no debe ser pro
piedad de un grupo cerrado, por el contra
río, su difusión debe propender a la apro
piación de ese conocimiento por los ciuda
danos. Son las revistas científicas los órga
nos reconocidos y más aceptados por los
investigadores para la difusión rápida y
confiable de los resultados de la investiga
ción" (CMCU-COm CEX,
2005:1).
En América Latina, la actividad científi
ca presentó un significativo incremento en
las últimas décadas. Sin embargo, en pro
medio, el número de investigadores es un
poco más del 10% de la cantidad de inves
tigadores de Europa y EEUU y las publica
ciones no superan el 3% del total (Cfr.
CETTO; HILLERUD, 1995).
En nuestro país, si bien se está toman
do cada vez más conciencia de la importan
cia de la diseminación del conocimiento a
través de publicaciones especializadas, la
ausencia de políticas científico-tecnológicas
sumada a los problemas de energía y ios
elevados costos de edición, impresión y dis
tribución, amenazan la continuidad de las
publicaciones y atentan contra la genera
ción de nuevos proyectos gráficos.
Por otra parte, la falta de unicidad en
relación a las normas de presentación y cri
terios de selección y evaluación de los tra
bajos de las distintas publicaciones, dificul
ta la tarea de los autores y miembros del
comité evaluador.
Este problema se evidencia aún más
en las ciencias sociales, ya que la estructu
ra textual reconocida para la elaboración y
presentación de artículos se ha fijado te
niendo en cuenta los criterios provenientes
de las ciencias exactas. De esta forma, las
ciencias sociales y humanas quedan al mar
gen de esta organización textual propues
ta, lo cual complica tanto la escritura de ar
tículos, como su selección y evaluación.
A su vez, consideram os importante
unificar la denominación y designación de
tareas de los miembros del equipo edito
rial, ya que la reducción de estas diferen
cias permitiría comprender la lógica de tra
bajo de cada publicación, lo que facilitaría
así la tarea de todos los actores involucrados
en el proceso editorial.
Otro aspecto a resolver que se presen
ta tanto a autores como a evaluadores es la
falta de formación y capacitación en escri
tura científica. Con la finalidad de subsanar
algunos de estos inconvenientes, el Centro
Argentino de Información Científica y Tec
nológica (CAICYT) del CONICET realiza pe
riódicamente cursos de capacitación espe
cialmente destinado a autores, editores y
lectores de revistas científicas, tendientes a
elevar la calidad de estas publicaciones.
También el CAICYT es el órgano encar
gado de elevar las publicaciones argentinas a
LATINDEX (Sistema Regional de Información
en Línea para Revistas Científicas de Améri
ca Latina, el Caribe, España y Portugal).
LATINDEX ofrece tres productos básicos:
el directorio, que proporciona los datos
normalizados de una amplia variedad de
revistas académicas o de interés acadé
mico; el catálogo, con información adicio
nal sobre publicaciones que han sido se
leccionadas y clasificadas según criterios
internacionales de calidad editorial; y el
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índice de recursos electrónicos que brinda
acceso directo a revistas con texto com
pleto en línea.
Según datos obtenidos el 29 de agosto
de 2007, de las 15.863 publicaciones que
figuran en el directorio, 2.431 son argenti
nas y sólo 105 son publicaciones argentinas
de educación. Pero lo más preocupante es
que del total de revistas argentinas en di
rectorio, sólo 226„cumplen los criterios de
calidad editorial necesarios para figurar en
el catálogo (9,3 %) y tan sólo 8 revistas
argentinas de educación integran dicho ca
tálogo (Cfr. LATINDEX, 2007). P e -
es una de esas 8 publicaciones.
Si bien se evidencia un incremento en
la recepción de trabajos para publicar y una
creciente consulta a revistas especializadas,
estas cifras demuestran que aún queda un
largo camino por recorrer. Es momento de
tomar conciencia de la importancia que es
tas publicaciones tienen en la difusión y el
desarrollo de la ciencia y de perfeccionar
nos como autores, editores, lectores y
evaluadores para poder aportar, cada uno
desde su lugar, al progreso del conocimien
to científico.
Lic. Silvina María Ávila Paz
Córdoba, 12 de septiembre de 2007
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