
Vivir a esperar nada. Una mirada al adolescente desde el cine
no y sin él no podrían existir, de mane
ra tai que se mantienen mediante la
creación y la conservación de la dife
rencia con el entorno y utilizan sus lími
tes para regular dicha diferencia (Cfr.
LUHMANN, 1996). Somos parte del en
torno, dice Luhmann, somos un factor
contingente porque "los sistemas son",
más allá o más acá de nosotros, por
que el principio homeostático que re
gula la lógica de la permanencia del sis
tema, seguramente generará los me
canism os adaptativos que fagociten
brotes disruptores y revulsivos.
Entonces, ante la erosión de las ins
tituciones, la masmediación de la cultu
ra y la falta de modelos, se abren por lo
menos dos líneas potentes: por un lado,
una oferta identificatoria y masivizante
originada en la televisión o en las ban
das musicales; por la otra, el espacio
de los pares enlazados por una triba-
lidad que opera como espacio de resis
tencia frente a la invertebración, a la
intemperie, al vacío, para denunciar el
etnocentrismo de clase y postular, como
el Romeo protagonista de Am ar te due
le, que, aunque "a nosotros nos tocó
chingarnos", hay posibilidades de cons
truir otras redes, de habitar un para
digma diferente, alentado por otros va
lores; hay posibilidades de pensar, en
suma, que "las cosas no tienen que ser
como todos dicen que son. Mi corazón
es igual al tuyo, ni más caro ni más ba
rato". Adolescentes (cuántos adolescen
tes) que dibujan su propio subsistema
cultural autocontrolado, autoconstruido,
autoorganizado; que instauran un lugar
material y simbólico por fuera de esas
leyes adultas: en suma, adolescentes
que parecen encarnar el aserto de
Giddens sobre la emergencia de indivi
duos narcisistas y vulnerables.
Adolescente tácito: "como que no
está"
Si antes el adolescente procuraba
"identificarse con", en un proceso de
edificación que modelizaba a los mayo
res, para Obiols y Dolto hoy los niños y
ad ultos procuran ad o le scentizarse.
Buscador buscado, modelo mediático,
target privilegiado del marketing, el ado
lescente se encuentra en un estado de
"m oratoria social" (MARGULIS, 2003)
porque ya dejó la infancia pero toda
vía no se integra al mercado laboral.
En esa tierra de nadie, que cada vez
parece más extensa, prioriza el deseo
y la satisfacción y vive en un eterno
presentism o porque su fu turo está
forcluido, porque el mañana no es pen-
sable. Huyó lo que era fírme, y solamen
te / lo fugitivo permanece y dura, afirma
ba Quevedo.
Un "divino tesoro" en crisis y en
expansión, marcado por dificultades -de
inserción en el sistema, de comunicación
con otras franjas etarias, de hallazgo
del propio camino-: tal es el escenario
enunciado por Maya, la protagonista de
Abre tus alas (Nir Bergman, Israel), ado
lescente autora de una canción -leit
motiv de la película- en la que dialoga
con su padre muerto: Tengo tanto para
decirte / Cada día hay más para contar /
Sueño que soy pequeña y que me desva
nezco con el tiempo / Sólo tengo una cosa
para decirte / Cada día estás más lejos.
También en Nadar solo (Ezequiel
Acuña, Argentina), el protagonista es un
nómade urbano que procura encontrar
referencias, afiliarse, armar familia. Tin
está term inando el secundario en un
colegio privado -del que pronto lo
echan- y es bajista de una banda de
rock con la que canta:
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Tkóloyoi PedayayÚM. Año VI, N° 11, abríI 2008. Pág. 63-71