REFLEXIONES
Una Universidad para el cambio *
Reflexión del Lic. Rafael Velasco, SJ
Rector de la UCC
A 50 os de la fundación de la Universidad Católica de Córdoba, el Lic. Rafael
Velasco SJ, Rector de esta casa de altos estudios, centra su reflexn en la necesi
dad de repensar la misn de esta Universidad como formadora de agentes de
cambio social, reforzando su propósito de ayudar a generar una mirada crítica so
bre el contexto que permita llevar a cabo acciones transformadoras.
"El infierno de los vivos no es algo por venir: hay uno, el que ya existe aquí,
el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos.
Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es cil para muchos: aceptar
el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es
riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué,
en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio"
- ítalo Calvino, Las ciudades invisibles -
La Compañía de Jesús, casi desde sus
comienzos, vio con claridad la importancia
de la educación.
Cabe aclarar que la Compañía no sur
ge como una "orden de educadores" sino
como una orden apostólica. El lugar del je
suíta, para San Ignacio, era la calle, la mi
sn; por eso le parecía contrario a ese es
píritu asumir obras que significaran estabi
lidad en un mismo lugar.
Pero pronto comienzan a pedirle a la
Compañía que asuma Colegios para la for
mación de la juventud. San Ignacio ve en
los colegios una gran oportunidad de "ayu
dara las almas".1 Estos colegios que tenían
una estructura muy diversa a las actuales,
* Con especial gratitud al Lic. Ricardo Moscato; educador y amigo.
1 Término usado por San Ignacio que hoy podría traducirse como una ayuda a las personas en su sentido
más hondo (el alma) y a su vez más Integral, ya que lo espiritual y lo corporal están Inseparablemente
imbricados.
Una Universidad para el cambio
comienzan a fundarse con el apoyo econó
mico de nobles y cardenales para que la
educacn pudiera ser gratuita y de calidad.
Luego se le encomenda a los jesuítas las
primeras universidades.
Desde esos ogenes la educacn ha
sido algo inherente a los Jesuítas como
medio de anunciar la Buena Noticia de Je
sús de Nazareth.
¿Por qué y para qué educamos?
Anima a la Compañía de Jesús la con
vicción de que la educacn es fuente de
cambio, social, político, cultural y espiritual.
De esa convicción se nutre la aceptación del
desafío planteado por un grupo de laicos de
fundar, hace ya cincuenta años, esta Uni
versidad Católica de Córdoba.
La Educación como fuente de trans
formación
Educar (de educere: sacar de adentro)
es un modo privilegiado de ayudar a que
las personas se ayuden a mismas. Darles
palabras para que puedan hacer oír su voz.
Educar es hacer posible la palabra. Se edu
ca para que el educando reconozca su pro
pia voz, la informe, la forme, y la haga oír.
Implica, también, capacidad de escucha de
las voces de los otros. De lo contrario no se
abandona el círculo de la autorreferencia
narcisista que absolutiza la propia visión del
mundo y deviene en intolerancia de muy
diversos signos.
Este principio, de que la educación es
la clave, vale en todas las direcciones y para
todos los grupos sociales. Sobre eso quisie
ra explayarme desde una mirada sobre la
Universidad que intenta -por definicn- for
mar agentes de cambio social.
La otra cara de la moneda
Una de las grandes intuiciones de la
pedagogía ignaciana2 es comprender que
el proceso de educación se da en un "Con
texto". Y que nadie escapa de eso. Es falso
el paradigma del conocimiento aséptico. Se
piensa desde donde se vive, se piensa des
de una cultura, desde un mulo de expe
riencias; desde ahí se crea pensamiento;
eso influye en la enseñanza.
El contexto afecta, conforma a los alum
nos, los docentes, los directivos del centro
educativo. Hay un contexto íntimo, familiar
y otro más amplio, tan amplio como la mi
rada posible de los actores del proceso. Para
quien vive en un barrio privado o en el cen
tro de la ciudad y va todos los días al Campus
de la Universidad, hay un primer contexto
demarcado.
Los medios de comunicación, por su par
te, nos acercan de alguna manera otros con
textos -que nos amplían la mirada, porque
nuestro pequeño mundo se inserta en uno
s amplio- y esos contextos irrumpen en
los hogares, las conversaciones, las diver
siones, el modo de pensar.
Ciertamente el contexto condiciona las
experiencias. En un contexto de inseguri
dad y miedo, el pobre puede significar más
bien una amenaza para alguien de una po
sición socioeconómica más holgada, no así
cuando se nos "acerca" a través de los me
dios masivos de comunicación. Un ejemplo:
los pobres de Calcuta son más "simpáticos"
y nos mueven más a compasión porque nos
parecen "inofensivos" (porque están lejos y
2 El PPI refiere cinco pasos en el proceso de aprendizaje: Contexto, Experiencia, Reflexn, Accn y
Evaluación. "Paradigma Pedagógico Ignaciano. Planteamiento práctico. Ed. Bonum, Madrid, 1993.
REFLEXIONES
se nos acercan mediados por la TV). El que
limpia los vidrios en los semáforos, en cam
bio, puede ser o un "negro vago" o alguien
al que la vida y la injusticia han castigado
duramente. Es cuestión de perspectivas.
El contexto, repito, afecta la experien
cia y el juicio que se forma. Y las experien
cias necesitan ser reflexionadas. Por eso es
importante lograr una reflexión que parta
de la experiencia pero con cierta distancia
de la misma, que ayude a una interpreta
ción adecuada, que genere una acción de
terminada. Sin esta distancia la reflexn
puede llegar a quedarse solamente en una
respuesta emotiva, pero poco lúcida.
Aquí juega un papel muy importante la
óptica desde la que se dan los elementos
de la reflexión y el proceso mismo. La re
flexión -digámoslo desde el principio- tam
poco es aséptica y neutral. Se puede re
flexionar la realidad de la injusticia desde
los parámetros legales, teóricam ente
asépticos, o desde un parámetro científico
numérico (porcentajes, IMBI, etc.). Ahora
bien, esa reflexión tiene otro "color" y otro
"calor" si hay rostros concretos detrás. Por
eso la educación debe generar experiencias
que puedan ser objeto de reflexión. Expe
riencias que involucren "rostros".
Pero el prisma de reflexión... ¿Cl
será? Indudablemente en nuestra Universi
dad hay un prisma particular, un punto de
vista teñido por el Evangelio. Ésa es la Luz
que alumbra (debería) nuestra reflexión.
Los jesuítas hemos definido nuestra
particular mirada del Evangelio como: "ser
vido de la fe y promocn de la justicia que
la misma fe exige".3 Esta definición no es
menor y está llamada a ser un "lente" des
de el que se debe interpretar nuestra ac
ción pedagógica.
La reflexión conduce a una acción, que
será experiencia nueva. Será acción para
bien o para mal, una acción que sumará a
nuevos caminos de solidaridad y justicia o
será "otro ladrillo en la pared" de la injusti
cia y la separación social.
Toda acción aporta al contexto; para
bien o para mal. Incluso la inacción del
LIC. LUIS RAFAEL VELASCO, SJ
Rector de la Universidad Católica de Córdoba
Es Profesor de Filosofía por la Universidad del Salvador y Licencia
do en Teología por la Pontificia Universidad de Comillas (Madrid).
Fue Rector del Colegio del Salvador, Buenos Aires; Vicerrector
de Medio Universitario de la Universidad Católica de Córdoba y
Profesor de Teología I en las Facultades de Ciencias Químicas,
Medicina e Ingeniería de la UCC.
También fue Fundador y Director de la revista "Huellas
Ignacianas" del Colegio del Salvador y miembro de los Grupos Literarios "El Sello, el
Cráneo y la Sed" y "Bajopalabra".
Participó como disertante en diversas jornadas y talleres y publicó numerosos libros
y artículos en revistas, boletines y medios masivos de comunicación.
Cfr. Compañía de Jesús. "Congregación General XXXII". Decreto 4o. Roma, 1974.
D có tu q o i tiPedo^óqccM . A ñ o IV, N° 7, a b ril 2006. Pág. 6 1 -6 5 63
Una Universidad para e/ cambio
descompromiso, de la mirada puesta sólo
en el fin de semana y en la diversión. Esa
inacción ya es acción, y aunque parece no
tener que ver con la reflexión ni con la ex
periencia no es una acción ¡nocente.
Este particular contexto argentino y la
tinoamericano hace necesario plantearse
educar en la solidaridad.
Al hablar de educar en la solidaridad
nos referimos a procurar ayudar a gene
rar una mirada critica sobre el contexto y
favorecer experiencias que puedan poner
en cuestn los prejuicios que nacen na
turalmente del propio contexto y situa
ción. Favorecer una reflexión que lleve a
acciones transformadoras. Ése es el pro
sito -que debe ser confesado explícita
mente- de la Universidad Católica de
Córdoba.
Por lo tanto hay que tomar conciencia
del contexto en el que somos y transitamos
nuestra misión y generar experiencias para
ampliar esa mirada sobre el contexto y fa
vorecer la reflexn. Nuestros graduados
deberían egresar habiendo realizado algún
tipo de experiencia, desde su propia incum
bencia acamica, inserta en la realidad de
los más desfavorecidos.
Esa accn que se genera debe ser eva
luada. La Evaluación es un tipo de reflexión
sobre la acción. Esta evaluación mira a los
efectos de la acción en el contexto, ponien
do en tela de juicio -cuando es pertinente-
el valor de las experiencias previas; pone
en cuestión los juicios realizados a raíz de
las mismas y ayuda a re orientar las accio
nes futuras.
En este marco, entonces, es honesto
plantearse algunas preguntas claves: La
Universidad, ¿produce pensamiento para
transformar la realidad o repite pensamiento
fosilizado para mantener el orden estable
cido? ¿Educa en la creatividad solidaria (que
no excluye para nada el éxito), o se dedica
a entrenar sobrevivientes en la selva del
mercado? ¿Piensa, conoce y siente en tér
minos de Argentina o se diluye en el pen
samiento globalizador hegenico? ¿Es, en
definitiva, una voz diferente de las voces
que consagran el pensamiento único?
La cuestión, en el fondo, es si la Univer
sidad anuncia o no el Evangelio. Si posibilita
experiencias formativas tan genuinamente
humanas que remitan a la experiencia del
Dios Cercano que revela su Rostro en los
rostros. Fe y Cultura; de eso se trata.
¿Universidad solidaria?
¿De qué hablamos cuando hablamos de
solidaridad?
Muchas veces me temo que entende
mos algo así como una objetivacn del otro
convirtiéndolo en una "víctima de nuestra
caridad". Lo cual no eleva sino que empo
brece más.
Sospecho, también, que cuando los
mismos que gobiernan o gestionan estruc
turas de opresión e injusticia se congratu
lan de ser solidarios, hay algo que no fun
ciona. Cuando la solidaridad es dar cosas y
no enseñar a pensar, y no se favorece un
modo diferente de hacer (acción) entonces
es más de lo mismo. Estamos hablando de
una "escuela de enfermeros" de un sistema
que crea enfermos día a día.
Son necesarios los enfermeros, y los
ayudantes en primeros auxilios, pero es más
necesaria la salud. Es decir, es más necesa
rio generar educacn para todos, riquezas
para todos, trabajo para todos, posibilida
des para todos, que dar el plan social, que
tal vez es una necesidad imperiosa en un
momento determinado; sin embargo cuan
do se transforma en moneda de pago para
crear fuerzas leales, todo se ha desvirtua
do muy peligrosamente.
En la Universidad Católica formamos
politólogos, abogados, contadores, agentes
educativos, licenciados en administracn,
dicos, etc. ¿Desde nde lo hacemos?
¿Q clases de experiencias favorecemos
en nuestros alumnos? ¿Qué tipo de re
flexn? ¿Qué acciones concretas se deri
van de esa reflexión?
En la UCC pretendemos influir signifi
cativamente en el medio. Esto implica que
la Universidad debe mirar el "afuera" (con
texto) conciente de que ese "afuera"
interactúa con el "adentro". Lo queramos o
no, antes de comenzar a hablar ya estamos
atravesados por la cultura en la que somos,
por aquello que nos constituye seres en si
tuacn. Por lo tanto la Universidad debe
ayudar a una mirada crítica del contexto y
sus prejuicios.
Esta mirada crítica ayudará a generar
una acción lúcida, nacida de la reflexión, y
por ello eficaz. Nuestro modo particular de
mirar, que impregna la reflexión y la acción,
y es criterio de evaluación, está signado por
el deseo de favorecer "el diálogo entre la
Fe y la ciencia, la Fe y la cultura, promo
viendo la justicia que la misma Fe redama ".4
El modo de acercarse y actuar de la
Universidad en la realidad es particular. El
camino de la Universidad es el camino aca
démico, el de la transmisión y creación de
conocimiento, el mundo del pensamiento
pero orientado a la acción; he ahí lo propio
de una Universidad jesuíta que pretenda ser
responsable socialmente.5
Pero esa acción no es sólo fruto del
pensamiento. Es necesario un impulso. Ese
impulso por lo general surge de la afectivi
dad que nos mueve hacia un fin. El deseo
surge cuando es suscitado. Por eso la ex
periencia debe favorecer el dejarse afec
tar por la realidad. Dejándose afectar se
hace posible sentirse cercano, prójimo.
lo desde ahí es posible una auténtica
experiencia transformadora, una experien
cia preconceptual de Dios que se haga so
lidaridad.
Si tomamos prestado el ejemplo del
Buen Samaritano podremos decir que "en
su camino" la Universidad se encuentra con
el hombre apaleado por la exclusión, la pre
cariedad de la vivienda, la falta de acceso a
la salud, a la educación, a la seguridad. Se
puede pasar de largo y seguir enfrascados
en los estudios que conduzcan solamente a
un futuro profesional promisorio o dejarse
afectar y acercarse para ayudar con lo que
se tiene.
Es de notar que la parábola señala una
verdad importante: prójimo no se nace, se
hace. Sólo el que se deja afectar por la ex
periencia se acerca; se "aprojima".
Por lo tanto, formar responsablemente
desde el contexto implica formar "prójimos"
que se dejen afectar por la realidad y se
acerquen a ayudar con lo que son y tienen:
conocimientos específicos, una formacn
intelectual en una determinada disciplina...
y sus propias personas. Ni más, ni menos.
Lic. Luis Rafael Velasco, SJ
Rector
Universidad Católica de Córdoba
4 Cfr. Compía de Jes. "Congregación General XXXIV". Decreto 2. Roma, 1995.
5 Por cierto que este énfasis sobre lo que podríamos llamar investigacn y docencia aplicada, no
descarta ni menosprecia a la investigacn básica, fundamental para el progreso del conocimiento, ni
los aportes que la Universidad debe hacer en vistas a generar conocimiento que favorezca el desarrollo
de recursos y produccn de bienes.