
El discreto encanto de la biografía
y éste fueran el mismo, como si -seres
diacrónica y sincrónicamente inmutables- en
nuestro trabajo, en nuestra vida emocional,
en nuestra profesión no hubiera interveni
do la urgencia, lo impensable, el azar, Sa
bemos, sin embargo, que en distintos mer
cados, nuestra vida puesta en palabras
devendrá distintos textos porque deberemos
colocarnos diversas máscaras y responder
a variadas demandas. Por eso construimos
tantas historias de vida como destinatarios
e intencionalidades surjan: hombres
modulares sin perfil ni atributos predeter
minados, ”con demasiados rasgos y aspec
tos, de modo que casi todos elfos pueden
ser mantenidos durante algún tiempo, siem
pre listos para ser usados o eliminados, se
gún la necesidad del momento" (BAUMAN,
2001:167). Sociedad multirred regulada por
autoadscripciones móviles; pertenencias
provisorias y a veces hasta paradójicas;
atracciones y repulsiones de un individuo
que se modela según sus necesidades: "me
forjó muchas caras esta sumisa piel", apun
ta desde la poesía Olga Orozco,
Así, ante la exigencia de suscribir que ía
vida tiene un sentido, acorde con un proyec
to original y pasible de una lectura lineal, los
biografiados ficcionalizan su historia procu
rando sortear la disyunción entre esa prime
ra persona que enuncia y su informe sobre
sí, entre el yo narrador y el yo objetivado:
inducción de efecto de verdad y puesta en
cuestión de la identidad que nos permite afir
mar que al hablar del pasado, mentimos a
cada paso. Entonces, al trabajar esos dis
cursos sobre la vida de los sujetos, no sólo
sentimos legítimo problematizarnos en qué
medida es un sujeto: también somos inter
pelados por su historia personal, para pre~
guntarnos si su vida produce autobiografía o
si -a la inversa- el proyecto autobiográfico
determina su vida. En este orden de cosas y
en nuestra condición de investigadores, re
cordando aportes teóricos de Bourdieu -so
bre la eficacia del discurso-, Benveniste -
sobre el discurso marcado-, Goffman -acer
ca de la representación en la vida cotidiana-
y otros, procuramos permanecer en conti
nua alerta a las tergiversaciones a que está
sujeto el discurso, a lo que se dice y a lo que
se calla, a las palabras y también a los to
nos, los volúmenes, las pausas, las miradas,
las autocorrecciones que despliegan los da
dores de relatos, a partir del supuesto de
que ese diálogo informativo que produce una
narrativa tiene que ver con el sentido de la
vida, incluso si el mismo relator no es cons
ciente de ello: una vida con decisiones y tra
bajos, con azares y necesidades que los su
jetos transforman en experiencia, en relato,
en discurso.
Las consideraciones precedentes
enmarcan el abordaje de la biografía y la
autobiografía. Ahora bien, en el caso parti
cular de las historias profesionales de los do
centes a ios fines investigativos, hay, ade
más, otras constricciones que deben aten
derse. Desde la filosofía, Foucault, por ejem
plo, analiza el cuidado de la imagen de sí en
tanto ”vigilancia sobre lo que uno piensa y
sobre ¡o que acontece en el pensamiento"
(1996:36), en tanto corpus de operaciones
por las cuales "uno se hace cargo de sí mis
mo, se modifica, se purifica, se transforma o
se transfigura" (1996:36), Desde el campo
pedagógico, Carlos Marcelo García plantea
el desarrollo de los profesores como un pro
ceso dialéctico en movimiento constante en
el que los sujetos juegan con constructos
personales y teorías implícitas, tomando con
ciencia sobre los cambios y las mejoras y
reflexionando sobre las propias estrategias
de enseñanza, o sea que la autobiografía apa
rece aquí vinculada con la implicación activa
del profesor en su propio aprendizaje profe
sional (Cfr. MARCELO GARCÍA, 1995:336).
Además, Arnaus considera '7a autobiografía
(como) proceso de formación y aprendizaje
sobre la propia experiencia educativa gene
rada dentro y fuera de fa escuela"(1999:618)
y argumenta su funcionalidad en la posibili
dad de la biografía de atar el pasado, el pre
sente y el futuro.
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PcrfScfq SfieM ,. Año IV, N° 7f abrit 2006* Pág. 36-45