El discreto encanto de la biografía
Algunas consideraciones teóricas
en torno de los sujetos y sus narrativas
Gloria Borioli+
En el actual mapa de los discursos sociales abocados a los efectos de la globalizaciónf
numerosos pensadores ponen su mirada en conceptos tales como los relatos de vida, la
configuración de los sujetosf fas identidades 11quidas" que aparecen hoy revalorizados
por la microsociología, los estudios de género y las pcticas interdisciplinarias, otorgando
-también desde la investigación educativa- decibilidad a voces que a menudo desde la
periferia luchan por encontrar un lugar en la contienda discursiva.
¿De q y de qun hablan los sujetos cuando (se) hablan? En torno de este interrogan
te, las presentes reflexiones teóricas recorren el concepto de sujeto y repiensan el "género"
autobiográfico, a fin de revisar las potencialidades de los relatos de autoindagación como
aparatos del discurso de una voz que testimonia para otrosr a la vez que reflexiona sobre sl
Biografía - Narrativa - Aprendizaje
In the current scene of social discourses exposed to the effects of globalization, many
thinkers look at concepts such as life stories, the configuration of subjectivity, "liquid"
identities, concepts that appear today strongly revalued by micro-sociology, gender studies
and interdisciplinary practices* Indeed, from different academic fields -and also within
educational research-, attention is today paid to the social actors and to their singular
voices that often fight; from the periphery, to find a place in the discourse contest
Of what and of whom do subjects speak when they speak (to each other)? Regarding
this query, the theoretical reflections that we offer here are based on the contributions of
sociologists, philosophers and experts in autobiography, in order to review the potentialities
of self-inquiring stories" as devices of speech of a voice that testifies to others, while at
the same time reflects on itself.
Biography - Narrative - Learning
* Profesora y Licenciada en Letras Modernas. Maestranda en Comunicacn y Cultura Contemporánea,
Docente por concurso en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
E-maii: borioii@sinectis.com,ar
36 Año IV, N° 7, abrif 2006. Pág. 36-45
V
ARTÍCULOS
A modo de ingreso...
Tengo mucha dificultad para
parecerme a mí mismo.
- Ch. Bol tan ski -
sarroilos teóricos sobre los sujetos, las na
rrativas y las biografías, a fin de relevar un
estado de la cuestn que, reconociendo y
articulando estudios precedentes, propicie
la reflexión sobre la posibilidad de asumir
dichas categorías en un trabajo en terreno.
Numerosas son las elucubraciones en
torno de lo que los sujetos dicen de sí, de
las historias de vida, de la imposible na
rración de sí mismo" (ROBIN, 1996). Por
que el nero autobiográfico -signado por
la incompletud- "es tensión hacia la signi
ficación, intento de edificar un monumento
armónico basado en elementos inconexos,
abigarrados y variados de una vida que ini
cialmente no estaba destinada a ser fundi
da en el molde de la escritura" (MIRAUX
2005:37), Como dice San Agustín, 7a me
moria hace emerger no la realidad misma,
que pasó definitivamente, sino las palabras
suscitadas por la representación de la reali
dad, que/ al aboiirse, ha impreso en el espí
ritu determinados rasgos por mediación de
los sentidos". En otros términos, obligado a
textualizar su vida, a seleccionar y organi-
zar su parcela léxica, el individuo -a Ja vez
narrador y protagonista- estructura los he
chos no con la gica de la sinceridad, sino
con la del lenguaje.
Es este lugar de contiendas el que
relativiza la contabilidad científica del empleo
de la autobiografía en investigaciones de cam
po. Sin embargo, !a memoria, la identidad y
el relato -que conjugan historias personales
y experiencias sociales- pueden pensarse
como recursos privilegiados a la hora de in
dagar las representaciones, los abordajes y
los sentidos que los actores asignan a sus iti
nerarios, a sus prácticas. En efecto, se trata
de categorías mediante las cuales ios sujetos
revelan culturas, estructuras y constreñi
mientos del sistema, articulando lo individual
y lo social, el presente y eí pasado.
De ahí, entonces, nuestro intes por
recorrer en el presente arculo algunos de-
De sujetos, narrativas y biografías
Una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo.
- A. Pizarnik -
En el siglo XVIII, cuando el Romanticis
mo centra su mirada en el individuo empíri
co, comienza a despuntar una conciencia his-
rico-social, una comprensión de la existen
cia sustentada en la relacn entre hombre y
mundo: tiempos de adhesn a verdades dog
máticas e intemporales y de novelas de se-
cuencia ineluctable; programas narrativos fi
jos para leer, para vivir, para decir la vida -
una vida que por entonces aún aparece do
tada de sentido, en la doble acepción de sig
nificación y de direccionafidad-. Descifrarse
uno mismo mediante la literatura autógrafa
(ARIES; DUBY, 1989:V,11) parece haber sido
uno de los motivos de la producción de me
morias, diarios íntimos y livres de raison des
de finales del siglo XVI; textos que, con la
inmediata transcripción cotidiana, se elabo
ran sen los esquemas simples de la vida
diaria, con sus rutinas y su prosaísmo.
A comienzos del siglo XXI, en cambio,
el escenario es bien otro: dentro de una cons
telación de factores, la obturación de los es
pacios blicos, los consumos culturales vin
culados con las nuevas tecnologías y la
despacificación de la vida cotidiana propician
sujetos autorreferenciados y viajeros seden
tarios que, mediante narrativas propias y
ajenas, se asoman a otras redes de intelec
ción. Además, la puesta en cuestn de
megaconceptos -la solidaridad, la familia, el
Estado- que a lo largo de la modernidad arti
jPetüi$Q<pcCó4. Año IVr 7f abril 2006* Pág. 36-45
37
El discreto encanto de la biografía
cularon nculos y sustentaron paradigmas,
incluye no sólo los grandes relatos sino tam
bién tantos otros ejes de la vida social. Así,
las identidades nacionales, los discursos
hegenicos, ios grandes prositos en tor
no de los cuales los individuos se aglutinaban
ceden lugar a miradas microsociológícas, in
dagaciones de lo cotidiano, voces de las mi
noas, Es entonces cuando, ante la falta de
héroes extendidamente seductores, los re
latos del hombre de la calle empiezan a ser
escuchados; es entonces cuando surgen los
estudios postcoloniales que otorgan la pala-
bra a la periferia; es entonces, en fin, cuan
do -en un deslizamiento deleuziano hacia lo
menor-, las narrativas y las biografías de la
gente común dejan de acallarse para decir
sus verdades y echar luz sobre los itinera
rios propios y ajenos, Como dice Goffman:
"Ya sea que el desarrollo de la biografía vital
de un individuo viva en la mente de sus alle
gados o en los archivos de personal de una
organización (...), ese individuo es una enti
dad alrededor de la cual es posible estructu
rar una historia: hay un cuaderno que lo está
esperando listo para ser llenado. Se convierte
indefectiblemente en objeto de una biogra
fía" (1993:79).
Del sujeto
Pronto sabré qun soy.
- 3.L Borges -
Ahora bien, ¿de q hablamos cuando
hablamos de sujeto? Desde la filosofía y con
implicaciones en campos disciplinares tan
diversos como la educación, fas artes vi
suales y la literatura, en los últimos años el
concepto de sujeto está siendo revisado.
Pensadores como Derrida, Foucault y Rorty
reformulan los clásicos supuestos carte
sianos que concebían al sujeto como dado
e individual, por oposición a la tendencia hoy
vigente a pensarlo como construido y so
cial. Estas dos diadas -individual/social y
dado/construido- posibilitan el trazado de
un itinerario del que aquí lo recuperare
mos algunos hitos.
En primer lugar, en esta somera
retrospeccn, el psicoanálisis se nos apare
ce como una fuerza descentradora de la no
ción de sujeto porque cuestiona la unidad de
la conciencia con dos avances nodales. Por
un lado, si nuestras alternativas de pensa
miento y accn están determinadas por ia
sinergia de una multitud de factores situa
dos por fuera de la voluntad, no hay garan
tías para afirmar que exista una fuente, un
núcleo que constituya el centro del sujeto: el
yo se configura como un espacio vacío, como
un regulador y mediador, como un escena
rio de fuerzas en pugna. Por otro lado, el
proceso de identificación en virtud del cual
un sujeto asimila un aspecto de otro y se
transforma siguiéndolo como modelo tam
bn quiebra las certezas anteriores al psi
coalisis vinculadas con la concepción de la
subjetividad, porque abre el acceso al indi
viduo que se edifica tomando al otro ya como
figura, ya como contrafigura, pero en defini
tiva referenclándolo para edificar-se.
Un segundo hito en la historia de la cri
sis de esta nocn se yergue con eí último
Nietzsche que piensa al sujeto como enti
dad ficticia dotado de unidad ilusoria; cues-
tionando la soberanía de la conciencia, re
futando ese instituido, Nietzsche concibe al
sujeto no como consolidado sino como uni
do por la imaginación, es decir, no como una
información incuestionable sino como una
interpretación fuertemente signada por la
voluntad de poder que tiene diversas mani
festaciones en la experiencia humana,
A modo de tercera estación en nuestro
excursus, encontramos en Foucault otros
mojones fundantes, cuando habla del des
vanecimiento dei sujeto como conciencia so
berana, cuando propone conceptos -algunos
de los cuales procuramos reconocer en las
biografías de los profesores-, tales como cui
38
o IV, N° 7, abril 2006. Pág* 36-45
ARTÍCULOS
dado de sí, tecnoloas del yo y sistemas de
exclusn y cuando plantea tres modos de
objetivacn que transforman a los seres hu
manos en sujetos: el autorreconocimiento,
los métodos de investigación y las pcticas
divisorias -categorías que tambn vienen ilu
minando nuestra indagación en curso-.
Por último, también otras voces más
recientes problematizan la noción de suje
to. Desde la deconstrucción, Derrida sugie
re la imposibilidad de un yo único y unifica
do, para instaurar, en cambio, un yo signado
por ía escisn y fa incompletud. Proceden
te de los estudios culturales, Stuart Hall con
cibe las identidades como los nombres que
damos a las diferentes maneras en que nos
ubicamos en las narraciones dei pasado y
somos ubicados en ellas, de manera que el
yo dado es una ficcn cultural y lingüística
constituida mediante procesos narrativos. Y
en el ámbito de los estudios de género, Liz
Bondi plantea las políticas ídentitarias como
una categoría abierta y procesual, "fluida y
maleable" (1996), como un proceso conti
nuo de hacernos y rehacernos en nosotros
mismos y en nuestra relación con el otro.
Asimismo, al trabajar las identidades políti
cas, Ernesto Laclau teoriza sobre el sujeto
no como una unidad de referencia sica
extensional o sustancial sino como una ac
ción social de carácter instituyen te cuya fun
ción es producir la reactividad de lo sedi
mentado, con lo cual instala una diferencia
ción entre dos conceptos que a menudo se
confunden: por una parte, concibe la identi
dad como una instancia marcada por la per
manencia, por la asignación social, por la
pretericidad; por la otra, piensa la subjeti
vidad como una concreción, una apertura,
una actualización que se restituye cada vez
que se afirma y se desvía. Finalmente, des
de la sociología y partiendo del impacto de
la globalización en la permanente recons
trucción de la psiquis, Giddens hipotetiza un
yo moderno frágil, quebradizo, vuelto so
bre sí mismo, individualista y autorreferido,
vulnerable y narcisista.
De las narrativas
Escribir es adoptar poses (...) Toda
palabra deja traslucir su objetivo,
la intención de quien la escribe, en
aras de una finalidad superior que se le
escapa y que justifica esa traición.
- H. Bianciotti -
Suscribiendo una de las actuales lí
neas de trabajo en investigación educati
va -aqlla que desagrega aportes de al
gunos enfoques de las ciencias del
lenguaje-, hemos seleccionado las narra
tivas, entendidas como secuencias de he
chos, como progresiones lineales, como
historias que suscitan la atención y que
propician la comprensión. En este sentido,
apoyamos nuestro abordaje interdiscipli
nario y nuestra opción metodológica en di
versas teorías tales como la de Bruner,
que desde el psicoculturalismo instala la
narrativa en un lugar primordial, señalan
do que se trata de "una forma de pensar
(...) una estructura para organizar nues
tro conocimiento" (BRUNER, 1997:138), o
sea un vehículo para la creación de signi
ficado, y la de Perkins, que piensa las na
rrativas como representaciones potentes
destinadas a cultivar la comprensión y a
facilitar la construcción de imágenes men
tales.
Empleadas en contextos tan diversos
como la socializacn primaria -a través
de los cuentos de hadas-, la psicoterapia
-en el discurso del analizado- y la vida
cotidiana -mediante la anécdota, la broma
o el ejemplo-, en general, en el campo
educativo, las narrativas operan como en-
granajes para generar reflexión, utilizar
simulaciones y proveer entornos de apo
yo, cumpliendo a la vez la funcn de
in
formar y transformar. Dicho de otro modo:
no sólo incorporan al sujeto al mundo de
la cultura, al ofrecerle datos -ya sea por
medio de textos religiosos, literarios o di-
72¿M& p.*4 Año IV't N° 7, ubrií 2006, Pég. 36-45 3 9
»
El discreto encanto de la biografía
dácticos-, sino que además modifican su
percepción de la realidad y sus estados
afectivos, generan el sentimiento de per
tenencia a una comunidad e instalan al
individuo en coordenadas mporo-espa-
ciales diferentes de las propias. Ahora
bien, para este trabajo en particular, he
mos considerado la narración a la vez
como objeto de análisis y como posible
método de investigacn; por ello recu
peramos los planteos de Connelly y
Clandlnin que al analizar los relatos de
experiencias, plantean que "los seres hu
manos somos organismos contadores de
historias, organismos que, individual y
socialmente vivimos vidas relatadas"
(1995:11).
Ahora bien, ¿q significa narrativi-
zar?, ¿de qué hablamos cuando hablamos
de relatos? Tradicionalmente en el ámbi
to lingüístico-literario, los géneros se han
pensado como modalidades de organiza
ción de un texto de acuerdo con la inten
ción del autor. Hoy, en cambio, en un es
cenario signado por la proliferación y el
estallido, se concibe a los neros como
"formas culturalmente especializadas de
proyectar y comunicar aspectos de la
condicn humana" (BRUNER, 1997:155).
En este sentido y con Bajtín, asumimos la
narración en tanto tipología discursiva
que informa sucesos instalados en el
tiempo y ocurridos a ciertos personajes
que sufren un cambio, desde una situa
ción inicial a una situacn final. Es decir:
una narración es casi siempre la historia
de una transformacn y remite a accio
nes y hechos considerados como proce
sos, lo cual acena el aspecto dramático
y temporal de! relato; es una prosa que
expone un suceso; es "un texto que se
refiere o parece referirse a cierta serie
de acontecimientos que se producen fue
ra de él" (SCHOLES, citado por GUD-
MUNDSDOTTIR, en MC EWAN; EGAN,
1998:53).
De las (auto) biografías
Sería todo mucho más sencillo si no
te hubieran inculcado esa historia de
llegar a algún sitio (...) Todas esas
historias sobre tu camino. Encontrar tu
camino. Ir por tu camino. (...) Los otros
son los caminos, yo soy una plaza, no
llevo a ningún sitio, soy un sitio.
- A. Baricco -
La pctica de discursivizar la propia
vida reconoce antecedentes tan remotos
como las Confesiones de Agustín de H i po
na (siglo V); cae en el olvido durante lar
go tiempo y resurge en el Renacimiento y
el Siglo de las Luces, con la Vida de Cellini
(siglo XVI) y las Confesiones de Rousseau
(siglo XVIII). En las últimas cadas he
mos asistido a un rebrote de la autobio
graa, no considerada aquí género sino
más bien rasgo transversal que atraviesa
y vincula poesía, diario íntimo, historia de
vida, novela, relato de viaje, cuaderno de
bitácora y otras textualldades. Una exten
dida hipótesis al respecto presume que se
trata de una reemergencla vinculada con
la recuperacn de las voces de la singula
ridad, con la revalorización de las mino
as, con la construccn de una historia
que, apartada de los postulados hegelta-
nos, abra sus oídos a las evocaciones de
los sujetos comunes -inclusive de los na
dies- y posibilite la búsqueda de regulari
dades a partir de las heterogeneidades
que los informantes nos dan. Dicho de
otro modo: la pregnancia de lo narrativo y
de lo biogfico en las actuales pcticas
investigativas nos permite trabajar con
retazos de vidas ajenas, con nostalgias y
olvidos, con emociones y retrospecciones
que (análisis mediante) procuramos luego
hilvanar con el objeto de inferir patrones
que, en nuestro caso, nutran la cuestión
de los aprendizajes en escenarios de tra
bajo.
40
PeUctyÓyicoi.. Año IV, N° 7, abril 2006. Pág. 36-45
El discreto encanto de la biografía
y éste fueran el mismo, como si -seres
diacrónica y sincrónicamente inmutables- en
nuestro trabajo, en nuestra vida emocional,
en nuestra profesión no hubiera interveni
do la urgencia, lo impensable, el azar, Sa
bemos, sin embargo, que en distintos mer
cados, nuestra vida puesta en palabras
devend distintos textos porque deberemos
colocarnos diversas scaras y responder
a variadas demandas. Por eso construimos
tantas historias de vida como destinatarios
e intencionalidades surjan: hombres
modulares sin perfil ni atributos predeter
minados, con demasiados rasgos y aspec
tos, de modo que casi todos elfos pueden
ser mantenidos durante algún tiempo, siem
pre listos para ser usados o eliminados, se
gún la necesidad del momento" (BAUMAN,
2001:167). Sociedad multirred regulada por
autoadscripciones móviles; pertenencias
provisorias y a veces hasta paradójicas;
atracciones y repulsiones de un individuo
que se modela según sus necesidades: "me
forjó muchas caras esta sumisa piel", apun
ta desde la poesía Olga Orozco,
A, ante la exigencia de suscribir que ía
vida tiene un sentido, acorde con un proyec
to original y pasible de una lectura lineal, los
biografiados ficcionalizan su historia procu
rando sortear la disyuncn entre esa prime
ra persona que enuncia y su informe sobre
sí, entre el yo narrador y el yo objetivado:
inducción de efecto de verdad y puesta en
cuestn de la identidad que nos permite afir
mar que al hablar del pasado, mentimos a
cada paso. Entonces, al trabajar esos dis
cursos sobre la vida de los sujetos, no sólo
sentimos letimo problematizarnos en qué
medida es un sujeto: también somos inter
pelados por su historia personal, para pre~
guntarnos si su vida produce autobiografía o
si -a la inversa- el proyecto autobiográfico
determina su vida. En este orden de cosas y
en nuestra condición de investigadores, re
cordando aportes teóricos de Bourdieu -so
bre la eficacia del discurso-, Benveniste -
sobre el discurso marcado-, Goffman -acer
ca de la representacn en la vida cotidiana-
y otros, procuramos permanecer en conti
nua alerta a las tergiversaciones a que está
sujeto el discurso, a lo que se dice y a lo que
se calla, a las palabras y también a los to
nos, los vomenes, las pausas, las miradas,
las autocorrecciones que despliegan los da
dores de relatos, a partir del supuesto de
que ese dlogo informativo que produce una
narrativa tiene que ver con el sentido de la
vida, incluso si el mismo relator no es cons
ciente de ello: una vida con decisiones y tra
bajos, con azares y necesidades que los su
jetos transforman en experiencia, en relato,
en discurso.
Las consideraciones precedentes
enmarcan el abordaje de la biografía y la
autobiograa. Ahora bien, en el caso parti
cular de las historias profesionales de los do
centes a ios fines investigativos, hay, ade
más, otras constricciones que deben aten
derse. Desde la filosofía, Foucault, por ejem
plo, analiza el cuidado de la imagen de sí en
tanto vigilancia sobre lo que uno piensa y
sobre ¡o que acontece en el pensamiento"
(1996:36), en tanto corpus de operaciones
por las cuales "uno se hace cargo de sí mis
mo, se modifica, se purifica, se transforma o
se transfigura" (1996:36), Desde el campo
pedagógico, Carlos Marcelo García plantea
el desarrollo de los profesores como un pro
ceso dialéctico en movimiento constante en
el que los sujetos juegan con constructos
personales y teorías impcitas, tomando con
ciencia sobre los cambios y las mejoras y
reflexionando sobre las propias estrategias
de ensanza, o sea que la autobiograa apa
rece aquí vinculada con la implicacn activa
del profesor en su propio aprendizaje profe
sional (Cfr. MARCELO GARA, 1995:336).
Además, Arnaus considera '7a autobiografía
(como) proceso de formacn y aprendizaje
sobre la propia experiencia educativa gene
rada dentro y fuera de fa escuela"(1999:618)
y argumenta su funcionalidad en la posibili
dad de la biografía de atar el pasado, el pre
sente y el futuro.
42
PcrfScfq SfieM ,. Año IV, N° 7f abrit 2006* Pág. 36-45
ARTÍCULOS
Conclusiones provisionales
,t,ía trascendencia ha estallado en
mil fragmentos (...) como las esquirlas de
un espejo donde todavía vemos reflejarse
furtivamente nuestra imagen, poco antes
de desaparecer.
- J. Baudrillard -
En diversos estudios sobre memoria,
sobre género, sobre lo cotidiano, sobre la
historia reciente, las tres categorías anali
zadas -sujeto, narrativa, biografía- suelen
constituir una recurrencia. Se trata de con
ceptos fuertemente problematizados des
de distintos campos disciplinares y valori
zados en una doble funcionalidad; como
objetos de reflexión teórica y como dispo
sitivos metodológicos. En torno de los
constituyentes de esta tríada, se ha dicho
que 7a educación es la construcción y re
construcción de historias personales y so
ciales" (CONNELLY; CLANDIN1N, 1995:11),
que ¡a información vinculada con la identi
dad personal y social está interferida por el
encubrimiento, el enmascaramiento y el
control (Cfr. GOFFMAN, 1993) y que las au
tobiograas instalan un "diálogo crítico en
tre experiencia personal e historia y con
texto social" (ARNAUS, 1999:619), Por
eso, Rivas Flores afirma que las biografías
configuran "una estrategia para dar voz a
los propios docentes, como participantes
de la realidad educativa, a partir de la cual
es posible reconocer los diferentes contex
tos en que estas se han desarrollado/ me
diante un proceso de deconstrucción ideo
lógica. Voces que no representan sino el
conjunto de sentimientos, puntos de vista,
modos de interpretación de la realidad en
la que viven, de percibirse a sí mismos
como partícipes de esta realidad, de sus
relaciones con los otros participantes, etc.
En definitiva, voces que ponen de manifies
to la propia vida de los profesores y sus
condiciones" (RIVAS FLORES: 2000),
Sin embargo, y pese a la creciente im
portancia otorgada a la recoleccn de la voz,
al testimonio de actores y testigos, a la
emergencia de relatos autobiográficos ora-
les y escritos, quedan abiertos no pocos
desafíos al "método biográfico": ¿cómo ana
lizar las palabras dichas y su régimen de
verdad?, ¿de q manera asumir ía recons
trucción del decir del otro -con esa ajenidad
ínsita- sin aplanar sentidos ni renunciar al
análisis crítico?, ¿q recaudos tomar fren
te a la tentación de explicarse a sí mismo?
Tales interrogantes -formulables posi
blemente a todo discurso- permanecen
como una contienda abierta no lo en esta
perspectiva teórica sino quizás más aún a
la hora de pensar sus restricciones en la
tarea investigativa, Quizás por ello es que
en este itinerario sobre la discursivización
de la subjetividad, la fabricación de una
vectoriaiidad biográfica, nos remite a aquel
poema de Borges:
Como en los sueños
ni siquiera el vacío:
detrás de las puertas no hay nada,
Como en los sueños
detrás del rostro que nos mira
no hay nadie.
Originai recibido; 29-06-2005
Origina/ aceptado: 25-11-2005
*
Año IV, 7, abril 2006. Pag. 36-45
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