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Diálogos Pedagógicos. Año XX, Nº 40, octubre 2022-marzo 2023.
la escuela secundaria: ya sea una reunión de estudiantes, el funcionamiento de un
centro de estudiantes o un grupo de debate. Son instancias que, en general, no
están contempladas como parte del diseño curricular, sino, más bien, son activida-
des extras que, en algunos casos, cuentan con el apoyo de algunos docentes.
Este apartado, nos preguntamos acerca de la escuela y su lógica de repro-
ducción, justamente, porque nos surge la pregunta acerca del sentido de la parti-
cipación democrática en la escuela secundaria: nos cuestionamos nuevamente y
decimos ¿es acaso un espacio para la libertad del ser humano en términos políti-
cos o es un placebo que funciona como un peldaño más en la estructura de repro-
ducción en la que está inserta la escuela como institución? A simple vista, pode-
mos decir que es un lugar para que los estudiantes aprendan a vivir en democra-
cia y sepan que el consenso en política es clave para la convivencia social. Tam-
bién, podemos afirmar que se suelen formar sujetos 'críticos', es decir, estudiantes
con la posibilidad de ir más allá de la lógica de repetición de un discurso o conteni-
do e ingresar a un espacio de análisis.
Sin embargo, a medida que vamos preguntándonos sobre lo referido a este
último apartado, comienzan a mostrarse algunos elementos que marcan un nivel
de desigualdad y que no pertenecen, necesariamente, a la escuela. Estos ele-
mentos pueden ir desde la adquisición de un lugar de reunión hasta el capital
económico con el que cada estudiante cuenta en su seno familiar para afrontar los
gastos que, muchas veces, conlleva realizar una actividad extracurricular. Si avan-
zamos un paso más, también nos encontramos con las representaciones que se
tienen sobre la política en la familia y su relación con aquella. A medida que vamos
abriendo el panorama de análisis, nos encontramos que intentar afirmar que en la
escuela es necesario contar con un lugar de participación democrática es, al me-
nos, un aporte a la desigualdad o la repetición de ella en otro espacio escolar.
No obstante, lo dicho anteriormente no quita la posibilidad de garantizar los
espacios. Queda analizar el porqué de dicha garantía y el para qué de la necesi-
dad. En relación con los autores, ¿cómo evitamos que sea otro lugar donde se
reproduzcan relaciones de explotación?, o mejor dicho ¿podemos lograr tal cosa?
Según Althusser (2003), bastaría con intentar salir de la mera atomización de las
ideas dominantes o del sistema vigente, sin tener en claro qué significa tal tarea.
De cualquier modo, tanto Marx como Althusser intentan hacer un análisis de
las estructuras sociales para poder conocer, de manera pormenorizada, cómo son
las relaciones entre los seres humanos y, en el caso particular de la educación,
cómo esas relaciones dentro de la escuela no están marcadas por la neutralidad
ni sostenidas por la vocación docente, sino que es un espacio que genera contra-
dicciones y, en todo caso, refleja las tensiones y representaciones de las socieda-
des en la que está inmersa.
Finalmente, es menester preguntarnos cómo hemos desembocado en una
crítica a las instituciones escolares si hemos partido de ciertos aportes y reflexio-
nes sobre los DD. HH. Cabe decir que los DD. HH. son producto y resultado de un
proceso cultural. Sin embargo, también son el reflejo de las trayectorias hechas
por los sujetos sociales respecto a sus propias prácticas de socialización y a su
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Derechos humanos: entre la interculturalidad y la reproducción