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Diálogos Pedagógicos. Año XX, Nº 40, octubre 2022-marzo 2023.
marse en acciones más interactivas y cooperativas, lo cual permite a los niños y
las niñas comprender el mundo social.
Las relaciones con los pares -entendidas como aquellas interacciones que se
dan entre dos o más sujetos de características similares (González, 2007)- influ-
yen directamente sobre aspectos como la competencia social, el comportamiento
antisocial y diferentes características psicológicas como la autoestima, la soledad
o la depresión (Nelson y Debacker, 2008). Así mismo, el hecho de tener amigos y
amigas y sentirse parte de un grupo resulta positivo para el desarrollo psicológico
y socioemocional de las personas, mientras que, por lo contrario, sentirse recha-
zado por los pares conlleva la manifestación de un comportamiento social negati-
vo (Marbán et al., 2011).
2.2. El juego en el desarrollo social de los niños y las niñas
El juego es la actividad más importante de los niños y las niñas durante su
infancia (García y Llull, 2009, López Chamorro, 2010; Mora et al., 2016 y Nabergoi,
2017). La actividad lúdica está presente en la vida de las personas desde el inicio
de la existencia de la humanidad como un medio de diversión (Chavarría Herrera
et al., 2019), siendo una actividad creativa natural (García y Llull, 2009; Mora et al.,
2016). El juego no requiere de aprendizaje por su carácter innato (Romero y Gómez,
2016; Mora et al., 2016), permite que los niños y las niñas se sientan libres (García
y Llull; 2009; Nabergoi, 2017; Samamé, 2019) y resulta altamente atractivo y
motivador para ellos (García y Llull, 2009; Platas, 2017; Mora et al., 2016). A través
del juego, los niños y las niñas expresan sentimientos, experimentan sensacio-
nes, viven la fantasía, transforman los objetos y la realidad, conocen su cuerpo y
sus posibilidades, se entretienen, potencian su imaginación, liberan energía y apren-
den (García y Llull, 2009 y Nabergoi, 2017).
Los aprendizajes que aporta el juego abarcan aspectos fundamentales para
el desarrollo integral de los niños y las niñas (García y Llull, 2009, Nabergoi, 2017
y Samamé, 2019). Algunos de ellos son las habilidades cognitivas y motoras
(Nabergoi, 2017), la iniciación en la resolución de problemas (García Márquez y
Alarcón Adalid, 2011; Mora et al., 2016; Platas, 2017; Nabergoi, 2017), la asimila-
ción de normas (Reina Ruiz, 2009; Delgado, 2011; Romero y Gómez, 2016), el
desarrollo de la personalidad (Platas, 2017) o el desarrollo de la autonomía y la
autoestima (Samamé, 2019 y Valles, 2019) entre otros.
Dependiendo del tipo de juego, se podrán aprovechar unas cualidades u otras
para favorecer el proceso de socialización. Carreras et al. (2010) señalan diferen-
tes aportaciones en relación a los juegos de representación, juegos de reglas y
juegos sociales cooperativos:
- Los juegos de representación (simbólicos, rol, dramáticos, ficción, etc.), estimu-
lan la comunicación y la cooperación, amplían los conocimientos sobre el mundo
social del adulto y promueven el desarrollo moral al hacer que los niños y las
niñas se pongan en el lugar de diferentes personajes, a la vez que facilitan el
autoconocimiento y el desarrollo de la conciencia personal.
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El juego cooperativo e inclusivo en los recreos como impulsor...