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Diálogos Pedagógicos. XX, Nº 40, octubre 2022-marzo 2023.
das en todos los planos de la sociedad; entre ellos, el educativo y las prácticas de
investigación. De manera singular, los equipos de investigación transitaron por
pasajes de interrupción de sus tareas a momentos de interrogación sobre la pro-
secución de nuevos modos de trabajo. En particular, este espacio, el que motiva el
presente trabajo, lleva adelante una trayectoria de catorce años en torno a las
temáticas de desarrollo profesional docente, integración curricular y formación de
equipos de investigación. En un primer momento, incorporó a maestrandos en
carácter de cumplimiento de prescripción curricular, como parte de sus procesos
formativos y, en un segundo momento, todos ellos, junto a una egresada, se
integraron como miembros activos.
El confinamiento establecido por el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio
(ASPO) encuentra al equipo de investigación en pleno proceso de formación de
profesionales (maestrandos y egresados) desde un conjunto de opciones y pro-
puestas de trabajo. Ante las nuevas condiciones, se toman algunas decisiones,
como la reconfiguración metodológica y el despliegue de la innovación tecnológica
en tanto dispositivo para abrir la posibilidad del encuentro en la distancia, de crear
espacios y de sostener la continuidad del trabajo. Tiempos y espacios se
redefinieron, se propusieron nuevas dimensiones, se transformaron los modos de
investigar y hacer circular el conocimiento, el acceso a archivos digitalizados, el
resguardo del trabajo, la experiencia de compartir colectivamente y de desarmar
las distancias territoriales entre los investigadores y los investigados. Ello intenta
deconstruir algunas situaciones diferenciales en el recorrido y permite descubrir
potencialidades en cada estudiante profesional.
Desde la perspectiva de la formación, la investigación se entiende como un
oficio que se adquiere en una práctica reflexiva, que, al principio, es apoyada por
un experto y que la enseñanza de este proceso se produce tanto por un conjunto
de conocimientos codificados como tácitos (Fernández Fastuca, 2016). En este
sentido, supone la inserción en una comunidad de investigadores que permite
una práctica sistemática, contextualizada y que promueve aprendizajes situados.
Un aspecto importante en la formación es reconocer que los posgrados han
contribuido a la investigación y, por ende, a la formación de investigadores. González
Ortiz (2019) recupera a Reynaga Obregón (2002) para señalar que los posgrados
son espacios destacados para la formación de investigadores y lo expresa en la
siguiente cita:
Los estudios de posgrado son considerados como la cúspide de los proce-
sos de formación, se conciben potencialmente como la preparación
metodológica para la investigación, el desarrollo de la misma y su vincula-
ción con aquellos sectores de la sociedad que requieren de nuevos conoci-
mientos, desarrollos tecnológicos y/o innovaciones. (Reynaga Obregón,
2002, citado en González Ortiz, 2019, p. 132)
Más adelante, González Ortiz (2019) expresa que, en la experiencia de las
maestrías en México, los espacios curriculares "proyectan a la investigación como
herramienta para conocer las realidades en las que se desarrollan los procesos
educativos" (p. 133) y como aporte para la elaboración de sus tesis. Posterior-
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Calneggia, Lucchese. Di Francesco, Gigena, Müller, López, Toledo Ledesma, Valero