
122 Diálogos Pedagógicos. Año XX, Nº 39, abril-septiembre 2022.
Cada uno de los talleres planteados constituyen nuevos espacios transicionales
que ofrecen una trama dada por las constantes que estructuran el programa y los
criterios de intervención, un holding (Winnicott, 1996) donde los niños, de la mano
del terapeuta, puedan apropiarse de un juego artístico, los mandalas, para des-
plegar su capacidad ficcional y complejizar su capacidad de simbolización y de lazo
social. El participante deberá llevar a cabo una conquista gradual de los medios
que le permita idear, proyectar y llevar adelante su mundo. La intención es que se
sirva del mandala como marco de su creación y comunicación del propio universo,
con el aporte del educador, de suplementos mediatizados por su experiencia (his-
toria personal, conocimientos, emociones, competencias) y por su amor al arte
(Porello, 2019).
Este dispositivo está inspirado en la tradición de los mandalas, de la mano de
la artista Agó Páez Vilaró. Su obra es parte de la mencionada herramienta tera-
péutica porque, a partir de un encuentro lúdico con un producto cultural determi-
nado y concreto, es fundamental en el trabajo con niños. La referencia a la autora
busca inspirar y permite contextualizar la creación de la obra, descubrir los cami-
nos creativos que la artista ha transitado, el aporte de sus maestros y las influen-
cias recibidas. Los mandalas, en esta propuesta, están presentados como un jue-
go artístico que ofrece un soporte-espacio proyectivo y constructivo a través del
cual se propicia la emergencia de huellas, marcas y trazos que se convierten en
diversos registros de autoría.
La obra y vida de la artista son entendidas como suplementos, recursos
ficcionales y materiales disponibles para ponerse en juego en las diferentes sesio-
nes del programa. Aportes simbólicos-culturales-ficcionales que amplían el marco
de referencia del niño como fuentes de identificación, que condicionan la riqueza
de su imaginación. Este aporte de suplementos propiciará el despliegue de facto-
res emocionales, sociales e intelectuales, como la capacidad de simbolización y la
creatividad (verbal, gráfica, constructiva y dramática). También, facilitará al educa-
dor indicadores que le permitan registrar u observar el grado de apropiación-trans-
formación de estos materiales (datos, recursos, procedimientos y reglas de crea-
ción) en cada niño.
Apropiarse de un producto cultural, de un juego, de un conocimiento, de cier-
tos materiales, de un modo de vivir o de crear supone una inspiración o identifica-
ción que conmueve y promueve una búsqueda subjetiva que le otorga un sentido
propio. Esto implica un proceso creativo en el cual el sujeto puede ligarlo a sus
ideas, recuerdos; establecer una asociación y combinarlo con la propia experien-
cia y, a partir de ello, distinguir lo nuevo que le sorprende o le aporta.
Con esta propuesta, se busca favorecer el encuentro con los otros y la cultura
y, específicamente, con el universo artístico, desde una dimensión lúdica y coope-
rativa, para que cada sujeto confíe en su capacidad de pensar, hacer y crear, al
mismo tiempo que reconoce en los otros las mismas capacidades. Esta confianza
es condición para la salud en el aprender porque permite al sujeto disponer y
combinar sus diferentes experiencias, conocimientos y habilidades para respon-
der creativamente a una situación o desafío que lo interpela. Salir a buscar en los
El juego artístico en el ámbito escolar...
Pág. 117-128