
- XIX, Nº 38, octubre 2021-marzo 2022. Pág. 58-72 67
Silvia Beatriz Alcota
Bruner (1989) es poseedor de una extensa obra que abarca diferentes campos de
investigación. En este trabajo, trataremos de concentrar la información que el autor
brinda acerca del juego.
A diferencia de Piaget, el enfoque teórico de Bruner sobre el desarrollo se centra en
que la acción sobre los demás no parte de precisiones internas, sino de determinantes
externos que son canalizados por el adulto.
Para este autor, la actividad motriz siempre tiene un objetivo, un n determinado,
le atribuye la función de guía del desarrollo y sostiene que procesos cognitivos com-
plejos y usos pragmáticos de elevado nivel de complejidad aparecen principalmente
en contextos de juego (Wood, D.; Bruner, J. S.; Ross, G., 1976). Considera que la
participación del adulto puede enriquecer el juego y facilitar a los jugadores alcanzar
metas que -sin su colaboración- estarían más allá de sus expectativas.
Su participación contempla organizar la tarea de manera que quienes participan
puedan resolver la mayor parte por sí mismos, lo que promueve la sensación de al-
canzar el éxito: “Las tareas se resuelven conjuntamente en el curso de la interacción
educativa, por lo que el rol del profesor es más colaborativo que evaluativo” (Gutiérrez
Jiménez, A; Quintero Gómez, M.; Rúa Zapata, X., 2018, pág. 32).
Para Bruner (2002), la capacidad de generar reglas no es exclusiva del campo
del lenguaje, sino que se trataría de una capacidad generalizada del sujeto que se
maniesta igualmente en el desarrollo motor, ya que ejerce un control sobre sus habi-
lidades -que depende del contexto en el que se producen- dado que la regulación del
movimiento tiene como objetivo una meta denida. Esto generará avances, retroce-
sos, combinaciones y ajustes de las acciones, además de la persistencia y la repetición
encaminada hacia el logro, a alcanzar la meta.
Además, arma que el verdadero juego sería el que no pone límites a la autono-
mía del jugador, porque el juego es en sí mismo la acción, comprende un enfoque de
ella y no una forma de actividad. De allí la relevancia del profesor y/o practicante de
Educación Física para seleccionar, organizar y sistematizar los juegos en función de los
aprendizajes previstos y de la claridad en la diferencia entre juego y ejercicio.
El autor establece las funciones del juego a partir de la asociación entre juego, len-
guaje y pensamiento. Explica que “es una forma de utilizar la mente e, incluso mejor,
una actitud sobre cómo utilizar la mente. Es un marco en el que poner a prueba las co-
sas, un invernadero en el que poder combinar pensamiento, lenguaje y fantasía” (Bru-
ner J., 2002, pág. 219). Asume que en el juego las consecuencias no son tan serias
en cuanto a los errores y fracasos, que no tiene resultados que generen frustraciones
para el niño, por lo tanto, es un medio ideal de exploración e intervención. Además, en
el transcurso del juego, los jugadores ajustan sus acciones como medio para conseguir
el n previsto, por lo que sería difícil no alcanzar la meta.
A la vez, considera que, a pesar de su variedad, el juego -generalmente- no es
aleatorio, que más bien responde a un plan. Es el escenario ideal para transformar
el mundo según los intereses de quienes juegan, a diferencia de lo que se hace en el
aprendizaje, en el que quien aprende se transforma para adaptarse al mundo. Final-
mente, lo analiza como resolución de problemas, dado que parte de la diversión de
jugar es superar los obstáculos que la misma situación lúdica presenta y que permite a
cada niño ser él mismo. Por ello, al momento de proponer juegos, el docente y/o prac-
ticante de EF atenderá a las formas de promover problemáticas cognitivas y motrices