
- XIX, Nº 38, octubre 2021-marzo 2022. Pág. 1-19 11
Carolina M. Cernusco Carreras
Los textos que los estudiantes escriben están representados por géneros acadé-
micos (Navarro, 2014, p. 31), pero también se identican algunos otros géneros que
se constituyen en los géneros profesionales (Parodi, 2008, pp. 32-34). Los profesores
ponen en evidencia que, a través de la demanda de elaboración de estos escritos, pro-
mueven en sus estudiantes la incorporación de “formas socialmente consensuadas de
construir, negociar y comunicar el conocimiento en la [universidad] y en los contextos
[futuros] profesionales” (Hyland, 2004, citado en Navarro, 2014, p. 15), vinculando
-de este modo- a los estudiantes con el campo de la investigación, con el campo pro-
fesional futuro.
También se indagó en qué momentos se solicita a los estudiantes realizar estos
escritos, ante lo cual los profesores -en su mayoría- explicitan que aparecen en ins-
tancias de evaluación: parciales, trabajos prácticos o exámenes promocionales. Esto
llevaría a pensar que la escritura es un instrumento que queda reducido a la función
de monitoreo y control de lo aprendido por los estudiantes.
Si bien la mayoría de las demandas de escritura se circunscriben a instancias de
evaluación, al analizarse las actividades de escritura, se identica que en estas ins-
tancias los estudiantes deben producir textos que involucran procesos cognitivos de
mayor complejidad que se constituyen en importantes experiencias de aprendizaje de
las prácticas de escritura propias del ámbito académico y profesional de la pedagogía
social.
En relación a las actividades de escritura, a diferencia de la lectura, los profesores
elaboran actividades para promoverla al igual que brindan algunos espacios de acom-
pañamiento de dichos procesos. Estos consisten en tutorías en clase de supervisión de
escritos o bien de manera virtual en la que los estudiantes entregan sus producciones
y son corregidas y enviadas por correo electrónico por los profesores. Si bien es posi-
ble identicar algunos de estos procesos de acompañamientos, estos no son prácticas
generalizadas en la carrera. A través de estos procesos de asistencia, los profesores
ofrecen a sus estudiantes la posibilidad de “aprender a conocer y respetar las formas
de escribir y las convenciones de la propia disciplina” (Castelló, Bañales Faz y Vega
López, 2009, p. 133).
Durante las actividades de escritura y en la entrega de las producciones, los profe-
sores expresan que los estudiantes presentan dicultades para comunicar sus ideas de
manera clara, precisa, como así también arribar a textos coherentes y con cohesión,
y un desconocimiento de los géneros discursivos. Esto signicaría que los profesores
consideran que sus estudiantes deberían saber escribirlos, sin tomar conciencia de que
la producción académica que se les demanda a los estudiantes en la universidad impli-
ca nuevas exigencias propias de la comunidad disciplinar en la que se están formando.
A través de la escritura, ellos consideran que los estudiantes desarrollan la com-
prensión, logran identicar enfoques diferentes y se aproximan de este modo a teorías
elaboradas por los referentes teóricos. Señalan -así mismo- que les permite promover
un pensamiento crítico, reexivo, plantear dudas, interrogantes, cuestionar, construir
conocimientos, problematizar. En este sentido, consideran que la escritura posibilita a
los estudiantes desarrollar habilidades cognitivas, ya que “promueve la adquisición de
nuevos saberes, tanto en relación al tópico desarrollado, como con el dominio de los
elementos lingüísticos” (Flower y Hayes, 1994, citado en Zunino y Muschietti, 2013,
p. 24). Pero, al mismo tiempo, sus apreciaciones son coincidentes con el modelo de
transformación de Bereiter y Scardamalia (1992, pp. 45-47), en el que la escritura