- XIX, Nº 37, abril-septiembre 2021. Pág. 27-39
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Aportes de Richard Rorty para la organización de una biblioteca pública
tenciosa. Con el hallazgo de Hegel, el plan de armonizar lo público con lo privado
abandona su matriz metafísica para adoptar un giro historicista (Rorty, 1991, p. 15). El
objetivo sigue siendo el mismo: reconciliar los intereses privados con la vida pública,
solo que ahora ya no perseguiría la búsqueda de principios evidentes y absolutos, sino
que se contentaría con encontrar en la losofía de su tiempo las razones para hacer del
mundo un lugar mejor. Sin embargo, al poco tiempo, se descubre retornando a aque-
llas ideas en las que había sido formado por sus padres y contra las que se había re-
velado tempranamente, esto es, al pragmatismo de John Dewey. Este retorno coincide
con el encuentro de Derrida y el hallazgo de importantes semejanzas entre Dewey,
Derrida, Heidegger y Wittgenstein en la crítica a la losofía platónico-cartesiana. La
reconciliación con el pensamiento de Dewey lleva a Rorty a la idea de que su proyecto
losóco de reconciliar los intereses privados con la vida pública no había fallado por
errores de ejecución. No es que él no haya podido encontrar los argumentos losó-
cos, la cuestión es que el proyecto en sí constituía una equivocación. En este sentido
arma: “Llegué a la convicción de que la idea misma de fundir realidad y justicia en
una imagen única había sido un error” (Rorty, 1998, p. 38).
Según Rorty, en la historia de la cultura, existen obras con propósitos muy dife-
rentes. Están los textos como los de Foucault y de Heidegger en los que predomina el
deseo de autonomía privada y textos como los de Dewey y de Habermas cuya expec-
tativa es la de promover el desarrollo de las instituciones democráticas. En el tipo de
textos que escriben Heidegger o Foucault, lo decisivo es la pretensión de autonomía o
de autenticidad como un rasgo distintivo de los intelectuales que desean ir más allá del
límite que la educación y el entorno les han otorgado a sus creencias (Rorty, 2010, p.
165). En estos pensadores, la tendencia es considerar la socialización de los individuos
en términos despectivos. Sin embargo, al mismo tiempo, hay otros pensadores como
Dewey y Habermas que insisten en el deseo de una comunidad humana más justa y
más libre. Estos pensadores pretenden vincular el producto de sus esfuerzos intelec-
tuales con las formas de vida de la mayoría de las personas.
La propuesta rortyana ante la tensión entre lo público y lo privado es que “no in-
tentemos elegir entre ellos, sino, más bien, darles la misma importancia y utilizarlos
para diferentes propósitos” (Rorty, 1991, p. 16). Rorty considera que mientras algunos
pensadores pueden resultar valiosos para ilustrar la autonomía del individuo que se
crea y recrea a sí mismo, otros constituyen ejemplos valiosos del esfuerzo social por
hacer que las instituciones y las prácticas públicas sean más justas y menos crueles.
Para Rorty, no hay perspectiva losóca que permita reunir -en una única concepción-
las respuestas a los interrogantes por la perfección privada con las propuestas para la
creación de una sociedad más justa. Cualquier pretensión teórica de reunir en un único
vocabulario propuestas públicas con recomendaciones privadas constituye un esfuerzo
estéril. Para Rorty:
No hay forma de reunir a la creación de sí mismo con la justicia en el plano
teórico. El léxico de la creación de sí mismo es necesariamente privado, no
compartido, inadecuado para la argumentación. El léxico de la justicia es nece-
sariamente público y compartido, un medio para el intercambio de argumenta-
ciones. (Rorty, 1991, p. 16)
La renuncia a un discurso que pueda conciliar intereses privados y esperanzas
sociales constituye, también, el abandono de la expectativa por realizar algún tipo de
síntesis entre autores como Nietzsche y Heidegger con autores como Marx o Haber-
mas. Esto se debe a que “la relación existente entre los autores que escriben acerca de