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- XIX, Nº 37, abril-septiembre 2021. Pág. 27-39
- ISSN en línea: 2524-9274.
Año XIX, Nº 37, abril-septiembre 2021. Pág. 27-39. DOI: http://dx.doi.org/10.22529/dp.2021.19(37)03
Recibido: 21-06-2020 / Aprobado: 07-04-2021.
Artículo publicado bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar.
© Universidad Católica de Córdoba.
Aportes de Richard Rorty para la organización
de una biblioteca pública
Richard Rorty’s contributions to the
organization of a public library
Juan José Ramírez
1
No hay universo en el sentido orgánico, unicador, que tiene
esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su propósito;
falta conjeturar las palabras, las deniciones, las etimologías, las
sinonimias, del secreto diccionario de Dios.
(J. L. Borges, Otras inquisiciones, 1952)
Resumen
En el contexto del neopragmatismo de Richard Rorty, se analiza una propuesta alter-
nativa a los criterios habituales para la organización de una biblioteca. Se pretende
mostrar cómo, en el marco de esa proposición, pueden catalogarse textos en función
de sus usos y cómo las denominadas obras de cción pueden constituirse en un aporte
útil para una educación democrática.
En la historia de la cultura, existen textos con propósitos muy diferentes. Encontramos
escritos cuya intención apunta a promover un determinado tipo de conducta para la
vida pública y textos que buscan satisfacer el deseo de la autonomía privada de los
individuos. Entre los primeros, están, entre otros, los tratados losócos, los manua-
les de conducta moral y el tipo de escritos que prescriben conductas deseables para
1
Doctor en Ciencia Política. Licenciado en Filosofía. Licenciado en Ciencias de la Educación. Docente de la
Universidad Católica de Córdoba. Córdoba, Argentina. Correo electrónico: jjrcba@hotmail.com
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Aportes de Richard Rorty para la organización de una biblioteca pública
la vida pública; entre los segundos, podemos encontrar las denominadas obras de
cción y ensayos cuya intención es mostrar, con minuciosidad, cómo se desenvuelven
algunas formas de vida en la búsqueda de la perfección privada El presente trabajo
sugiere la posibilidad de que los tratados losócos y las grandes obras teológicas, lo
mismo que los manuales de moral o los escritos cientícos, pueden ser considerados
como contribuciones para nuestras fantasías privadas; mientras que géneros como la
novela, el cuento o los ensayos periodísticos pueden resultar particularmente prove-
chosos para estimular conductas sociales.
Palabras clave: biblioteca, liberalismo, democracia, novela.
Abstract
In the context of Richard Rorty’s neopragmatism, an alternative to the usual criteria
for organizing a library is offered. It is intended to show how texts can be cataloged
according to their uses, and how the so-called works of ction can become a useful
contribution to a democratic education.
In the history of culture, there are texts with very different purposes. We nd writings
whose intention is to promote a certain type of conduct for public life, and texts that
seek to satisfy the desire for the private autonomy of individuals. Among the former,
there are, among others, the philosophical treatises, the manuals of moral conduct,
and the type of writings that prescribe desirable conducts for public life. Among the
latter, we can nd the so-called works of ction and essays whose intention is to show,
in detail, how some forms of life unfold in the search for private perfection. This work
suggests the possibility that philosophical treatises and great theological works, as
well as moral manuals or scientic writings, can be considered as contributions to our
private fantasies; while genres such as novels, short stories, or journalistic essays can
be particularly helpful in stimulating social behaviors.
Keywords: library, liberalism, democracy, novel.
Introducción
El presente trabajo se organiza en cuatro partes. En la primera parte y a partir
de un texto autobiográco de Richard Rorty, se ofrecen argumentos para sostener
la conveniencia de la distinción entre el ámbito público y el privado. En un segundo
apartado, se describe la gura rortyana del ironista liberal. A partir de esta gura, se
insinúa la idea de que, en una cultura ironista y liberal, los textos pueden ser catalo-
gados no según criterios enciclopédicos con disposiciones metafísicas, sino según el
uso que se les pudiera dar. En un tercer momento, se pretende ofrecer un criterio para
la organización de textos congruente con los rasgos de una cultura ironista liberal.
En la cuarta y última parte, se sugiere la consideración de los denominados textos de
cción como obras que pueden resultar de utilidad no para proyectos privados, sino
para nes públicos.
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J. J. Ramírez
1. Un proyecto imposible: Trotsky y las orquídeas o la síntesis de lo público
y lo privado
En un trabajo autobiográco de 1992, Trotsky and the Wild Orchids
2
, Richard Rorty
aclara las razones de su perspectiva respecto de la relación entre losofía y política.
Rorty dice haber sido educado en una familia comprometida activamente con valores
políticos que promovían un sentido de la justicia social emparentado con el pensa-
miento trotskista o, al menos, socialista de la época. La importancia que tuvo para él
la sensibilidad social se pone de relieve en sus propias palabras: A los doce años yo
ya sabía que el sentido de la vida era luchar contra la injusticia social” (Rorty, 1998, p.
31). Independientemente de su compromiso público con determinados valores socia-
les, el joven Rorty tenía –también- intereses privados que, según él mismo relata, se
dirigían a las orquídeas silvestres que crecían en las montañas del noroeste de Nueva
Jersey.
Una de las primeras tareas intelectuales del joven Rorty consistió en el intento de
conciliar, o al menos relacionar de un modo no reprochable, su compromiso social con
sus intereses privados. En este sentido, “tenía un proyecto en mente: reconciliar a
Trotsky y las orquídeas.(Rorty, 1998, p. 31). Para llevar a cabo aquel proyecto, debió
rebelarse contra el pragmatismo en el que había sido educado por sus padres. Rorty
consideraba, en su juventud, que aquellas ideas no eran capaces de ofrecer un funda-
mento absoluto e irrefutable para sus opciones sociales. Abandonando el pragmatismo
por su incapacidad para argumentar de un modo convincente sobre sus intereses
políticos, el norteamericano se lanza a buscar las bases absolutas que le permitiesen
explicar sus preferencias políticas.
En aquella búsqueda, el joven Rorty advierte tempranamente que esos absolutos
losócos y morales eran, al igual que sus orquídeas silvestres, difíciles de encon-
trar y se topa con la dicultad de justicar de modo no circular los temas de debate.
Lo que ocurre es que advierte que cada uno de los intelectuales en los que buscaba
herramientas para concretar su proyecto de reconciliar sus preferencias políticas con
sus intereses privados “podía retrotraer sus puntos de vista a primeros principios que
resultaban incompatibles con los primeros principios de sus oponentes y que ninguno
de ellos lograba llegar nunca a ese lugar fabuloso más allá de las hipótesis” (Rorty,
1998, p. 35).
Advertido de la imposibilidad de argumentar de modo no circular a favor de sus
preferencias morales y políticas, Rorty decide que la prueba de una verdad no se halla
tanto en la deducción lógica de principios incuestionables como en la coherencia de la
propuesta. Puede decirse que es entonces cuando abandona las inferencias lógicas del
método propio de los metafísicos (Rorty, 1991, p. 96). El abandono de la búsqueda de
primeros principios evidentes y absolutos para concretizar su proyecto no fue sucien-
te para abandonar el proyecto en sí, pero sí para abandonar lo que Rorty considera el
pensamiento de los absolutos asociado a la losofía platónica.
En el descubrimiento de la Fenomenología del espíritu (Hegel, 1807), Rorty en-
cuentra la posibilidad de rencauzar su proyecto losóco de una manera menos pre-
2
Rorty, Richard. Trotsky and the Wild Orchids en Common Knowledge, Vol 1, Nº 3 invierno pp. 140-153. 1992.
La versión en español que se utiliza aquí corresponde a Rorty, Richard. Trotsky y las orquídeas silvestres en
Pragmatismo y política. Traducción al español de Rafael del Águila. Paidós, Barcelona 1998.
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tenciosa. Con el hallazgo de Hegel, el plan de armonizar lo público con lo privado
abandona su matriz metafísica para adoptar un giro historicista (Rorty, 1991, p. 15). El
objetivo sigue siendo el mismo: reconciliar los intereses privados con la vida pública,
solo que ahora ya no perseguiría la búsqueda de principios evidentes y absolutos, sino
que se contentaría con encontrar en la losofía de su tiempo las razones para hacer del
mundo un lugar mejor. Sin embargo, al poco tiempo, se descubre retornando a aque-
llas ideas en las que había sido formado por sus padres y contra las que se había re-
velado tempranamente, esto es, al pragmatismo de John Dewey. Este retorno coincide
con el encuentro de Derrida y el hallazgo de importantes semejanzas entre Dewey,
Derrida, Heidegger y Wittgenstein en la crítica a la losofía platónico-cartesiana. La
reconciliación con el pensamiento de Dewey lleva a Rorty a la idea de que su proyecto
losóco de reconciliar los intereses privados con la vida pública no había fallado por
errores de ejecución. No es que él no haya podido encontrar los argumentos losó-
cos, la cuestión es que el proyecto en constituía una equivocación. En este sentido
arma: “Llegué a la convicción de que la idea misma de fundir realidad y justicia en
una imagen única había sido un error” (Rorty, 1998, p. 38).
Según Rorty, en la historia de la cultura, existen obras con propósitos muy dife-
rentes. Están los textos como los de Foucault y de Heidegger en los que predomina el
deseo de autonomía privada y textos como los de Dewey y de Habermas cuya expec-
tativa es la de promover el desarrollo de las instituciones democráticas. En el tipo de
textos que escriben Heidegger o Foucault, lo decisivo es la pretensión de autonomía o
de autenticidad como un rasgo distintivo de los intelectuales que desean ir más allá del
límite que la educación y el entorno les han otorgado a sus creencias (Rorty, 2010, p.
165). En estos pensadores, la tendencia es considerar la socialización de los individuos
en términos despectivos. Sin embargo, al mismo tiempo, hay otros pensadores como
Dewey y Habermas que insisten en el deseo de una comunidad humana más justa y
más libre. Estos pensadores pretenden vincular el producto de sus esfuerzos intelec-
tuales con las formas de vida de la mayoría de las personas.
La propuesta rortyana ante la tensión entre lo público y lo privado es que “no in-
tentemos elegir entre ellos, sino, más bien, darles la misma importancia y utilizarlos
para diferentes propósitos” (Rorty, 1991, p. 16). Rorty considera que mientras algunos
pensadores pueden resultar valiosos para ilustrar la autonomía del individuo que se
crea y recrea a mismo, otros constituyen ejemplos valiosos del esfuerzo social por
hacer que las instituciones y las prácticas públicas sean más justas y menos crueles.
Para Rorty, no hay perspectiva losóca que permita reunir -en una única concepción-
las respuestas a los interrogantes por la perfección privada con las propuestas para la
creación de una sociedad más justa. Cualquier pretensión teórica de reunir en un único
vocabulario propuestas públicas con recomendaciones privadas constituye un esfuerzo
estéril. Para Rorty:
No hay forma de reunir a la creación de mismo con la justicia en el plano
teórico. El léxico de la creación de mismo es necesariamente privado, no
compartido, inadecuado para la argumentación. El léxico de la justicia es nece-
sariamente público y compartido, un medio para el intercambio de argumenta-
ciones. (Rorty, 1991, p. 16)
La renuncia a un discurso que pueda conciliar intereses privados y esperanzas
sociales constituye, también, el abandono de la expectativa por realizar algún tipo de
síntesis entre autores como Nietzsche y Heidegger con autores como Marx o Haber-
mas. Esto se debe a que “la relación existente entre los autores que escriben acerca de
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J. J. Ramírez
la justicia y los que escriben acerca de la autonomía se asemeja a la relación existente
entre dos tipos de instrumentos” (Rorty, 1991, p. 16). Se trata de instrumentos que
responden a intereses diversos. El tipo de herramientas que construyen pensadores
como Nietzsche, Heidegger o Foucault responde a propósitos muy diversos del ins-
trumental construido por Marx, Dewey o Habermas. La primera secuencia de autores
ejemplica al tipo de pensadores que “nos hacen ver que las virtudes sociales no son
las únicas virtudes (…) los del otro tipo nos advierten de las deciencias de nuestras
instituciones y prácticas [sociales]” (Rorty, 1991, p. 16).
2. El ironista liberal
La imposibilidad de sintetizar los intereses privados con las esperanzas públicas en
un proyecto único redunda en el trazado de la gura que Rorty denomina el ironista
liberal (Rorty, 1991, p. 139). Con el objeto de esclarecer esta gura, Rorty señala:
“Empleo el término ironista para designar a esas personas que reconocen la contin-
gencia de sus creencias y de sus deseos más fundamentales” (Rorty, 1991, p. 17). En
lo que hace a la denición rortyana de liberal, el norteamericano sigue a Judith Shklar,
para quien “los liberales son personas que piensan que los actos de crueldad son lo
peor que se puede hacer” (Rorty, 1991, p. 17).
El ironista liberal es el tipo de persona que asume la imposibilidad de fundamentar
sus propias esperanzas sociales de un modo no contingente, que tiene dudas radica-
les e insoslayables respecto del conjunto de palabras que emplea para justicar sus
acciones, sus creencias y su modo de vida. Es aquel que no encuentra en su propio
vocabulario algún argumento capaz de resolver o disolver las dudas sobre su propio
léxico último, no concibe su propio vocabulario como más cercano a la realidad que
otros vocabularios alternativos. Un ironista renuncia al intento de formular criterios
para elegir entre léxicos últimos. Para él, “es posible hacer que cualquier cosa apa-
rezca como buena o mala redescribiéndola” (Rorty, 1991, p. 92). El ironista es nomi-
nalista e historicista, descree de la posibilidad de encontrar criterios para elegir entre
léxicos alternativos, asume su incapacidad para escapar del propio lenguaje y de la
contingencia y de la historicidad de ese mismo lenguaje.
Para un ironista, que además es liberal, la vida de una sociedad liberal no se en-
cuentra necesariamente emparentada con la racionalidad moderna y, en este sentido,
cree posible seguir defendiendo las instituciones de una sociedad liberal aún después
de haber abandonado el léxico de la Ilustración. Desde un punto de vista ironista, las
libertades políticas que ofrece una sociedad liberal no requieren de fundamento racio-
nal. Para Rorty: “Desde nuestra perspectiva, lo único que importa para la política libe-
ral es la convicción ampliamente compartida de que llamaremos verdadero o bueno a
todo lo que resulte de la libre discusión” (Rorty, 1991, p. 102).
La expresión libre discusión hace referencia al tipo de debate que se desarrolla
cuando las instituciones de una sociedad son libres y la comunicación social no tiene
distorsiones. Se trata, simplemente, del tipo de discusión y comunicación que se logra
cuando se dispone de instituciones políticas democráticas y de las condiciones que ha-
cen posible que esas instituciones funcionen sin ningún tipo de limitación extrínseca.
Para la cohesión de los miembros de una sociedad liberal, no se necesitan fundamen-
tos metafísicos o epistemológicos, solo se requiere de herramientas que favorezcan la
libre participación de esos ciudadanos en su entorno social:
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Aportes de Richard Rorty para la organización de una biblioteca pública
El aglutinante social que mantiene unida a la sociedad liberal ideal (…) consiste
en poco más que el consenso en cuanto que a lo esencial de la organización
social estriba en dar a todos la posibilidad de crearse a mismos según sus
capacidades, y que esa meta requiere, aparte de paz y prosperidad, las liber-
tades burguesas clásicas. Esa convicción no se basaría en concepción alguna
acerca de determinados nes humanos universalmente compartidos. (Rorty,
1991, p. 102)
En una sociedad liberal, la discusión de los asuntos públicos debe atender dos
cuestiones centrales: el equilibrio entre las necesidades de paz, de bienestar y de
libertad en el caso de que alguna de estas metas deba sacricarse a favor de las de-
más y las formas de estimular la igualdad de oportunidades para que los ciudadanos
puedan desarrollar sus intereses.
El ironista representa la gura opuesta a la del metafísico. El metafísico es un pen-
sador que arma la existencia de un mundo en el que existen cosas que comportan
esencias reales e independientes del vocabulario con el que se hace referencia a esas
cosas. Los metafísicos entienden que una de las tareas de la losofía es proporcionar
un elemento de cohesión social. Existe una diferencia signicativa entre una perspec-
tiva liberal ironista y una conguración liberal de carácter metafísico. El ironista liberal
cree que es posible evitar la crueldad y la humillación de los otros a través de la redes-
cripción; para un ironista, el reconocimiento de ser susceptible de actos de crueldad y
humillación es una condición suciente para promover conductas que eviten ese tipo
de comportamiento hacia otras personas. En la perspectiva liberal de un pensador
metafísico, el reconocimiento de un sentimiento común constituye un motivo endeble
para promover actos benévolos. Para un liberal metafísico, el deseo de evitar la cruel-
dad y la humillación de los otros requiere de un respaldo argumentativo que ponga en
evidencia una esencia humana común.
En una cultura metafísica, la poesía, la novela y cualquier otro de los denominados
textos de cción constituyen obras al servicio de las fantasías privadas de la gente; los
tratados teológicos y losócos -así como los manuales de moral- son, en cambio, el
tipo de obras que pueden argumentar adecuadamente en favor de una determinada
forma de vida social. En una biblioteca metafísica, los textos de cción se agrupan en
anaqueles distantes de aquellos que comportan obras dedicadas a regir la vida públi-
ca. Por el contrario, en una cultura ironista, cualquiera de los denominados textos de
cción que contribuya en la descripción de actos de crueldad y humillación entre seres
humanos puede resultar útil para nes públicos. En este sentido, una biblioteca iro-
nista liberal puede organizar sus textos no en función de un reejo de algún supuesto
orden natural, sino en función del uso que pueda hacerse de las obras literarias que
conforman la cultura de la comunidad.
3. Los estantes de una biblioteca ironista y liberal
Para Jorge Luis Borges (1984): “La imposibilidad de penetrar el esquema divino
del universo no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos” (p.
708). En 1952, el mismo Borges sospechaba de la justicia que pudiera comportar el
hecho de que la decimocuarta edición de la Encyclopaedia Britannica” haya suprimido
el artículo sobre John Wilkins. Esta sospecha se justica en la abundancia de las felices
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J. J. Ramírez
curiosidades
3
que contiene su obra especulativa. Entre esas curiosidades, se encuen-
tran la teología, la fabricación de colmenas transparentes y la empresa de establecer
los principios de un lenguaje universal que el mismo Wilkins acometiera en 1664.
La clasicación lingüística de Wilkins puede parecer caprichosa; no obstante, “no
hay clasicación del universo que no sea arbitraria y conjetural
4
(Borges, 1984, p.
708) y, a menos que no se asuma la imposibilidad de “penetrar el esquema divino del
universo”, la idea de que existe una única manera de catalogar textos resulta más que
dudosa
5
.
En una cultura liberal de carácter metafísico, la teología, la losofía y la ciencia
constituyen saberes que tienen la función de trascender las preferencias privadas de
los individuos con la expectativa de alcanzar un ámbito universal y común a todos
los seres humanos (Rorty, 1991, p. 112). La representación adecuada, por parte de
estas disciplinas, de la auténtica esencia humana constituye el fundamento racional
para una ética con la obligación moral de desarrollar una solidaridad humana global.
En este marco cultural, las esperanzas sociales están ligadas de modo necesario con
el conocimiento teórico que comportan la teología, la losofía y la ciencia. En una cul-
tura liberal de carácter ironista, en cambio, las relaciones que existen entre la teoría
y la esperanza social y entre la literatura y la perfección privada son inversas a las de
una cultura liberal de carácter metafísico. En una cultura ironista liberal, las discipli-
nas que tienen la tarea de promover conductas solidarias “son las disciplinas que se
especializan en la descripción intensa de lo privado y lo individual” (Rorty, 1991, p.
112). Desde esta perspectiva, las novelas, las producciones etnográcas de los antro-
pólogos y cualquier obra literaria que estimule la sensibilidad al dolor de los otros son
las disciplinas que comportan las expectativas de construir un mundo más humano.
En esta cultura ironista y liberal, la losofía -lejos de constituir el fundamento de las
esperanzas sociales- se convierte en un instrumento para el alcance de la perfección
privada. Entendida de este modo, una determinada perspectiva losóca es equiva-
lente a las orquídeas silvestres de las montañas de Nueva Jersey que tanto admiraba
el joven Rorty y la organización de una biblioteca ironista liberal puede albergar en un
mismo estante obras de Platón o Kant y un volumen sobre la botánica de las orquídeas
del este de los Estados Unidos.
3
No hemos de subestimar las curiosidades de Borges ni las de John Wilkins, ya que en entre ellas se encuentran
los motivos que provocaron la risa de Michael Foucault y dieron origen a Las palabras y las cosas.
4
Un ejemplo de la arbitrariedad con la que los seres humanos clasicamos el universo se ofrece en la película
estadounidense Forrest Gump. En un pasaje del lm dirigido por Robert Zemeckis y protagonizado por Tom
Hanks, el personaje describe el lluvioso clima de Vietnam en los siguientes términos: “One day, it started
raining, and it didn’t quit for four months. We been through every kind of rain there is. Little bitty stinging
rain, big ol’ fat rain... Rain that ew in sideways.” “And sometimes rain even seemed to come straight up from
underneath. Shoot, it even rained at night.
5
Son conocidas las diversas controversias sobre el destino de la biblioteca de Aristóteles. En estas, se destaca
la versión de quienes han atribuido a Andrónico de Rodas el catálogo no cronológico, sino temático de la obra
del estagirita. La edición y el catálogo de Andrónico han llevado a algunos estudiosos a sostener la atractiva
propuesta de que el nombre metafísica reere no a una temática de los escritos aristotélicos, sino más bien al
lugar que el texto ocupaba en la biblioteca. Véase Los escritos perdidos de Aristóteles de Báez, Fernando en A
Parte Rei Volumen 24, Año 2002.
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Aportes de Richard Rorty para la organización de una biblioteca pública
Existen dos formas alternativas y diferentes de concebir el diseño de una biblioteca
liberal: “Los metafísicos piensan que las bibliotecas están divididas según disciplinas,
en correspondencia con los diferentes objetos de conocimiento. Los ironistas las con-
sideran divididas según tradiciones” (Rorty, 1991, p. 159).
La biblioteca del ironista liberal puede dividirse, entonces, en dos grandes sec-
ciones. La primera de esas secciones contiene el tipo de obras que contribuyen a la
autonomía de la persona, es decir, los libros que promueven una actitud ironista. Se
trata de libros “importantes para las contingencias individuales que producen fantasías
individuales” (Rorty, 1991, p. 159). La segunda sección de esa biblioteca está integra-
da por el tipo de textos “que nos ayudan a volvernos menos crueles” (Rorty, 1991, p.
159).
La segunda sección de la biblioteca, que -en consonancia con la denición de Ju-
dith Shklar- puede denominarse la sección liberal, se compone de dos estantes. Un
primer estante contiene el tipo de libros que advierten a una comunidad acerca de
los efectos de las prácticas y las instituciones sociales sobre los demás; un segundo
estante alberga los diferentes textos que señalan algunos de los efectos que pueden
llegar a tener las individualidades privadas sobre otras personas.
El primer estante de esta segunda sección de la biblioteca puede incluir desde no-
velas que retraten las prácticas públicas que resultan crueles para algunas personas
hasta los informes periodísticos y gubernamentales que den cuenta de la humillación
que muchas veces provocan algunas de las prácticas sociales que se consideran na-
turales. Este estante puede incluir -también- textos referidos a distintas formas de
esclavitud, obras que se reeran a las condiciones de pobreza en que viven muchas
personas y textos que informen sobre la discriminación que sufren o pueden sufrir
algunas personas a causa del funcionamiento de las instituciones públicas.
El segundo estante de la sección liberal de esta biblioteca aloja, sobre todo, “obras
de cción que muestran la ceguera de determinado tipo de personas ante el dolor ex-
perimentado por otro tipo de personas” (Rorty, 1991, p. 159). Se trata de la especie
de libros que retratan formas concretas de crueldad para con un tipo particular de
personas y que muestran:
El modo en que nuestros intentos de autonomía, nuestras obsesiones privadas
por el logro de determinada forma de perfección, pueden hacernos olvidar el
dolor y la humillación que estamos causando. Son libros en los que se dramati-
za el conicto entre los deberes para consigo mismo y los deberes para con los
demás. (Rorty, 1991, p. 160)
Son comunes las bibliotecas en las que se organizan los libros separando en una
sección moral la especie de textos cuyo propósito es evitar la crueldad -tanto social
como individual- de los tipos de textos que tienen un propósito estético.
Existen dos maneras de contrastar los libros que reeren a la moral y los libros
que tienen nes estéticos. Aquellos bibliotecarios que distinguen entre la conciencia
-entendida como una facultad humana esencial- y el gusto estético -entendido como
una facultad opcional- tienden a dar prioridad, en sus bibliotecas, a las obras que se
ocupan de asuntos morales y relegan a un estante inferior aquellos textos que tienen
un carácter estético. En cambio, los bibliotecarios que consideran que la esencia de lo
humano es el deseo de autonomía del ironista y que para el alcance de dicho deseo
son irrelevantes las relaciones con otras personas organizan sus bibliotecas de manera
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J. J. Ramírez
opuesta. Estos últimos bibliotecarios hacen de la sección estética de su biblioteca un
lugar central y otorgan a los textos referentes a asuntos morales un estante secun-
dario.
Estas dos formas de organizar una biblioteca son escasamente útiles para el ironis-
ta liberal y esto se debe a que: “Según la emplean tradicionalmente tanto los “moralis-
tas” como los “estetas”, esa distinción [entre moral y estética] no hace sino oscurecer
la distinción (…) entre lo que es relevante para la autonomía y lo que es relevante para
la crueldad” (Rorty, 1991, p. 160).
Para Rorty, las personas no son portadoras de un yo nuclear que comporta faculta-
des cognitivas, morales o estéticas para la búsqueda de creencias verdaderas, de ac-
ciones correctas y de belleza. Esta imagen de la persona es propia de los bibliotecarios
que dividen bibliotecas y organizan libros en secciones ordenadas jerárquicamente,
pero se trata de una imagen que “deja poco espacio tanto para la ironía como para la
prosecución de la autonomía” (Rorty, 1991, p. 160).
La biblioteca del ironista liberal no divide sus estantes jerárquicamente en conso-
nancia con el orden de importancia que tienen las facultades de una supuesta esencia
humana. El lugar que un texto tenga en esta biblioteca será asignado solamente en
función de la respuesta a la pregunta “¿A qué propósitos sirve este libro?” (Rorty,
1991, p. 161).
La organización de textos en una biblioteca ironista y liberal, como la que propo-
ne Rorty, está signada por un humanismo profundo que comporta “una preocupación
persistente por los congéneres y la necesidad de extender el espectro de nuestra com-
pasión y empatía hacia aquellos que sufren la injusticia económica, la humillación y la
crueldad gratuita” (Bernstein, 2013, p. 235).
4. La novela como herramienta didáctica para una educación ciudadana
Existe una disputa entre quienes sostienen que el desarrollo de una cultura lite-
raria es un hecho positivo para la política democrática y quienes desconfían de los
aportes que este tipo de cultura puede realizar para generar y mantener el clima de
tolerancia propio de las sociedades democráticas.
Quienes desconfían de los aportes que una cultura literaria pudiese hacer para
con la política democrática entienden que la tolerancia y la solidaridad que impulsa
la democracia se favorecería más y mejor de una cultura centrada en descubrimien-
tos cientícos. Aquellos que destacan la importancia de la ciencia y de la objetividad
cientíca para el establecimiento de un clima de tolerancia social sostienen que la
argumentación es un elemento esencial tanto para la ciencia como para la democra-
cia. Estos pensadores entienden que la literatura, a diferencia de la ciencia, tiene una
actitud hostil para con los procedimientos argumentativos.
Aun cuando Rorty comparte la idea de que la argumentación es esencial para los
proyectos de cooperación social, sostiene que la redención –entendida como el con-
junto de creencias dotadas, siquiera hipotéticamente, de la capacidad de poner n,
de una vez por todas, al proceso de reexión sobre lo que conviene o no hacer con
nuestras vidas- es un asunto individual y privado. Del mismo modo en que la Ilustra-
ción difundió la tolerancia religiosa al considerar que las necesidades de la sociedad no
deben ser equiparadas con las necesidades del individuo, la cultura literaria promueve
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Aportes de Richard Rorty para la organización de una biblioteca pública
la difusión de una tolerancia losóca y cientíca para la deliberación social. Se cree
conveniente que los ciudadanos de una comunidad democrática puedan soslayar sus
intereses losócos o cientícos para cualquier deliberación política. En términos de
Rorty: “Esto implica reconocer que los ciudadanos de una sociedad democrática de-
berían dejar en casa sus esperanzas privadas de autenticidad y autonomía al reunirse
para deliberar acerca de lo que es preciso hacer” (Rorty, 1991, p. 185).
Para los miembros de una cultura literaria, el único aporte de relevancia que la
ciencia puede realizar a la política reside en proporcionar un modelo de honestidad,
tolerancia y conanza; sin embargo, esa contribución es una cuestión que no depende
de los resultados cientícos, sino del tipo de procedimientos que son propios de los
miembros de una comunidad cientíca.
El novelista checo Milan Kundera ha sugerido que “la novela es el género caracte-
rístico de la democracia, el género más estrechamente vinculado a la lucha por la li-
bertad y la igualdad” (Rorty, 1993, p. 104). Para Kundera, el tipo de saber que pone en
juego la novela es diferente del saber teórico propio de los lósofos. El lósofo quiere
verse a mismo como alguien que trasciende la realización de un proyecto privado,
desea enmarcar sus expectativas personales en un contexto más amplio. En esta as-
piración, relaciona sus obsesiones privadas (su losofía) con la existencia de alguna
entidad oculta que determina el curso de los asuntos humanos. Las metáforas más
comunes que han aportado los lósofos son metáforas de acercamiento a algún tipo de
entidad no humana; son metáforas que, de algún modo, clausuran la validez de otras.
Rorty cree que:
Desde el punto de vista de Kundera, el enfoque esencialista de los asuntos
humanos por parte del lósofo, su intento de sustituir la aventura, la narrativa
y el azar por la contemplación, la dialéctica y el destino constituye una forma
insincera de decir: lo que me importa a tiene prioridad sobre lo que te im-
porta a ti, me da derecho a ignorar lo que te importa a ti, porque yo estoy en
contacto con algo –la realidad- con lo cual tú no estás. (Rorty, 1993, p. 111)
El discurso losóco comporta un gusto por la teoría que contrasta con el gusto del
novelista por la narrativa. La actitud del lósofo está emparentada con la del sacerdote
ascético (Rorty, 1993, p. 108). El lósofo, en la obsesión por hallar un léxico que pueda
dar cuenta de entidades que expliquen de manera correcta el curso de los aconteci-
mientos humanos, tiende a olvidar que su búsqueda no es sino un proyecto más entre
tantos otros proyectos privados y, por consiguiente, olvida el carácter obsesivo de su
propia búsqueda.
Los proyectos privados de los lósofos, en muchos de los casos, han resultado de
utilidad social. Aun cuando la actitud ascética del lósofo lo impulse en la búsqueda de
un vocabulario distinto y ajeno al vocabulario de su comunidad, su búsqueda puede
resultar un aporte comunitario. En este sentido, Rorty expresa lo siguiente:
El resultado de intentar encontrar un lenguaje diferente al de la tribu ha sido
enriquecer el lenguaje de generaciones posteriores de esa tribu. Cuantos más
sacerdotes ascéticos pueda permitirse apoyar una sociedad (…) tanto más rico
y diverso es probable que resulten el lenguaje y los proyectos de esa sociedad.
Las derivaciones de los proyectos privados de puricación tienen a la postre una
enorme utilidad social. (Rorty, 1993, p. 109)
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El gusto por la teoría y las metáforas que los sacerdotes ascéticos persiguen para
situarse más allá de su comunidad, en principio, no constituyen ningún obstáculo para
la convivencia social. Sin embargo, esa disposición propia de algunos intelectuales
deviene en síntoma de una patología social violenta en el momento en que se extravía
en su propia obsesión, olvida que su proyecto tiene un alcance privado y que no puede
(ni debe) ser impuesto a sus conciudadanos. Este olvido y sus consecuencias hacen
que las aspiraciones teóricas se conviertan en herramientas inútiles y hasta riesgosas
para la vida social.
Para Kundera, las ventajas sociales de la novela respecto de géneros literarios
como la losofía estriban en el hecho de que “La novela es el paraíso imaginario de los
individuos, es el territorio en el que nadie posee la verdad (…) en el que todos tienen
derecho a ser comprendidos” (Kundera, 1989, p. 121). El paraíso que Kundera designa
con la expresión novela no es distinto del paraíso que conforma la utopía democrática
rortyana. Así como en la novela de Kundera, en la utopía democrática de Rorty, nadie
puede atribuirse algo como “La Verdad” para su propio proyecto privado:
Una utopía democrática sería una comunidad cuyas principales virtudes inte-
lectuales serían la tolerancia y la curiosidad, más que la búsqueda de la verdad
(…) en semejante comunidad todo el mundo puede hacer lo que desea si no
perjudica a nadie mientras lo hace. (Rorty, 1993, p. 112)
La novela, en tanto género literario en el que nadie posee la verdad, comporta
una contribución para el recuerdo de que el tipo de proyecto propio de los lósofos
no es otra cosa que una obsesión privada. En la interpretación de Rorty, la novela, tal
como la concibe Kundera, es un escenario en el que conviven múltiples idiosincrasias
discursivas ávidas de novedad. En este sentido, la novela no evalúa las metáforas por
un mayor o menor acercamiento hacia algún tipo de entidad prelingüística ni tiene la
pretensión de acallar voces erróneas. La novela es un género que estimula, de manera
indenida, el surgimiento de nuevas metáforas y este estímulo comporta una receta
terapéutica para la prevención de proyectos privados que han olvidado lo que son. Si
se abandona la expectativa del sacerdote ascético de hallar un vocabulario incontami-
nado de propósitos e intereses humanos, entonces, se puede comprender que:
El relato que uno se cuenta a mismo respecto de quién es y por qué actúa
como lo hace –la novela de la propia vida- no es sino una de las muchas po-
sibles narraciones que pueden referirse. [Y] se admitirá que el parecer de los
hombres y las mujeres honestos podría diferir en cuanto a la determinación
de cuál de esos relatos haya de considerarse verdadero. (Rorty, 2010, p. 119)
En la medida en que se pueda constatar que el propio proyecto privado convive
con una multiplicidad diversa de otros tantos proyectos, se dejará de insistir en la jus-
ticación del proyecto propio para ejercer algún tipo de dominación sobre los demás.
La novela de Kundera es “un paraíso de individuos en el que nadie tiene derecho a
dominar” (Rorty, 1993, p. 113).
Para Rorty:
Una sociedad que tomase su vocabulario moral de las novelas más bien que de
tratados ontoteológicos u óntico-morales no se formularía preguntas sobre la
naturaleza humana, sobre el objeto de la vida humana o sobre el signicado de
la vida humana. Más bien se preguntaría qué podemos hacer para aguantarnos
mutuamente, cómo podemos disponer las cosas para estar lo más cómodos en-
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Aportes de Richard Rorty para la organización de una biblioteca pública
tre nosotros, cómo pueden cambiarse las instituciones para que el derecho de
cada cual a ser comprendido tenga mejor oportunidad de ser atendido. (Rorty,
1993, p. 117)
Para los miembros de una comunidad que han dejado atrás el impulso de imponer
sus propias fantasías privadas a sus conciudadanos, el horizonte político de la comu-
nidad no requiere de autoridad epistemológica alguna. En cambio, para los miembros
de una comunidad democrática, el único problema político reside en tolerar fantasías
alternativas y no en eliminar las fantasías de los demás en aras de algo como la verdad
(Rorty, 2002, p. 111).
La propuesta rortyana es, en palabras de Richard Bernstein, la de un humanista
que soñó con un tiempo en que los lósofos nalmente pudieran renunciar a su obse-
sión con la representación, la verdad, la objetividad y la realidad” (2013, p. 236) para
apuntar su mirada hacia aquellas herramientas que puedan hacer de los miembros de
la propia comunidad personas más solidarias.
5. Conclusiones
Para Richard Rorty, cualquier perspectiva losóca que intente conciliar, de manera
no circular, los intereses privados con la vida pública constituye un proyecto imposi-
ble. Una comunidad democrática que asume la distinción entre lo público y lo privado
puede distinguir en su bagaje cultural entre textos en los que predomina la búsqueda
de autonomía privada y obras cuyo propósito es promover las instituciones públicas de
la propia comunidad. Estos diferentes productos culturales no deben provocarnos la
tentación de elegir entre unos u otros. La propuesta rortyana consiste en darle a esos
productos la misma importancia y usarlos con nes diferentes.
La imposibilidad de sintetizar los intereses privados con las esperanzas públicas en
un proyecto único redunda en el trazado de la gura que Rorty denomina el ironista
liberal, gura que el mismo norteamericano contrapone a la del liberal metafísico.
Para un liberal metafísico, la losofía comporta, entre sus funciones, la tarea de
proporcionar argumentos que aseguren la cohesión social. Este tipo de pensador de-
sea evitar la crueldad y la humillación a través de una sólida cadena argumentativa
que aspira a evidenciar una esencia humana común. Para un ironista liberal, en cam-
bio, la herramienta pública más conveniente para evitar los actos de crueldad no es la
argumentación, sino la redescripción. En este sentido, el reconocimiento de mismo
como alguien susceptible de actos de crueldad y humillación es una condición sucien-
te para promover conductas que eviten ese tipo de comportamientos.
La organización de una biblioteca en el marco de una cultura metafísica comporta
la idea de que la poesía, la novela y otros de los denominados textos de cción consti-
tuyen obras al servicio de las fantasías privadas de la gente, mientras que los tratados
teológicos y losócos son el tipo de obras que pueden argumentar adecuadamente en
favor de una determinada forma de vida social. Por el contrario, en la organización de
una biblioteca en el contexto de una cultura ironista, cualquiera de los denominados
textos de cción que contribuya en la descripción de actos de crueldad y humillación
entre seres humanos puede resultar útil para nes públicos. Una biblioteca ironista li-
beral organiza sus textos no en función de un reejo de algún supuesto orden natural,
sino en función del uso que pueda hacerse de las obras literarias que conforman la
cultura de la comunidad.
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Para Rorty, en una biblioteca ironista liberal, la cción puede ser catalogada como
un producto cultural de valor público. En tanto género literario en el que nadie posee
la verdad, ella comporta una contribución para el recuerdo de que el tipo de proyecto
propio de los lósofos no es otra cosa que una obsesión privada. En la interpretación
de Rorty, los textos de cción constituyen un escenario en el que conviven múltiples
idiosincrasias discursivas. Estos textos no albergan la intención de conmensurar metá-
foras o la pretensión de acallar voces erróneas.
Referencias bibliográcas
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