- XIX, Nº 37, abril-septiembre 2021. Pág. 1-13
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Leer para ganar: el juego como dispositivo didáctico en la educación superior
niendo en cuenta estas limitaciones, es posible observar que los resultados, en diálogo
con el marco teórico en el que se sustenta, evidencian la pertinencia y el valor de la
propuesta tanto para la docente a cargo como para los estudiantes que participaron
en ella. Se destaca particularmente el hecho de que los estudiantes, motivados por el
juego y la competencia, leen para cada clase, leen a conciencia y aprenden, porque la
lectura actúa como conocimiento previo para un aprendizaje signicativo y, además,
reconocen otros aprendizajes como, por ejemplo, aprender otros modos de aprender.
La riqueza que abre el juego dentro del aula justica darle espacio en escenarios
académicos universitarios, favorecedores de motivación, dinámicas de grupo, atención
crítica reexiva y apropiación de aprendizajes signicativos. Sostenemos que, si el
planteamiento es adecuado y responde a objetivos concretos, las actividades lúdicas
se convierten en estrategias de enseñanza y aprendizaje justicadas en la clase uni-
versitaria (Clerici, 2012; Corchuelo-Rodríguez, 2018; Rubio, 2012).
Además del valor propio del dispositivo didáctico analizado en esta investigación,
se destaca el compromiso de los educadores con el desarrollo de habilidades para la
lectura. La comprensión lectora, tal como se abordó en esta investigación, se inscribe
en el contexto académico: un ámbito marcado por la exigencia comunicativa en el que
circulan textos con rasgos lingüísticos, discursivos y retóricos muy particulares y que
son propios de las prácticas de comunicación que se dan en ese contexto (Navarro,
2014; Parodi y Burdiles, 2015). Las prácticas discursivas en el ámbito universitario
requieren de un aprendizaje especíco.
En consecuencia, existe consenso para sostener que, al inicio de los estudios su-
periores, es un objetivo central introducir, de manera sistemática, a los estudiantes
en la lectura y producción de géneros académicos orales y escritos. Si la universidad
no ofrece instancias en las que los estudiantes puedan desarrollar las competencias
necesarias para la etapa de formación que se proponen transitar, solamente tendrán
éxito quienes por tradición familiar, por el ámbito social al que pertenecen o porque
hayan sido beneciados por una escolaridad privilegiada podrán continuar con su ca-
rrera hasta graduarse. El escaso manejo de habilidades discursivas en el contexto
cientíco-académico excluirá a los demás de la universidad (Moyano, 2007). La lectu-
ra, entendida como sistema complejo que requiere conocimiento especializado, puede
convertirse en un canal de expulsión en el sentido que le imprime Sassen (2014).
Independientemente del área disciplinar en que nos desempeñemos, la práctica de
la lectura es una responsabilidad compartida (Carlino, 2003a, 2004; Cassany y Mora-
les, 2008; Moyano, 2010; Parodi y Burdiles, 2015), como también lo es el desarrollo
de competencias para leer propias de cada asignatura en particular. Se trata de apren-
dizajes continuos, desde la escuela primaria a la universidad, y transversales, ya que
atañen a todos los campos disciplinares. Esto implica que debemos proponer la lectura
en nuestra disciplina y también debemos enseñar cómo hacerlo.
Ser lector académico es el resultado de un proceso complejo que reconoce en su
base otros procesos de iguales características desarrollados en etapas previas de la al-
fabetización. Es necesario ofrecer a los estudiantes herramientas para abordar textos
académicos y cientícos. La recuperación del valor de la lectura no radica solamente
en el hecho de ser un medio para acceder a la información, sino como instrumento
poderoso para generar y transformar conocimiento, mejorar la calidad de los aprendi-
zajes e involucrar a los estudiantes en su propio proceso de formación. La lectura es
una habilidad esencial de la que debe ocuparse la educación; es un instrumento que