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Diálogos Pedagógicos. XVIII, Nº 36, octubre 2020-marzo 2021.
En este caso, las maneras en que se organiza a los niños para participar en
las actividades de aprendizaje son de varios tipos: todos juntos, en parejas y en
subgrupos, donde predomina la agrupación de todos juntos. El acomodo y dispo-
sición conjunta de las mesas en el centro del espacio influye en este tipo de orga-
nización, en donde los niños se sientan alrededor de las mesas para realizar las
actividades que son señaladas por las facilitadoras.
A partir de este tipo de organización, Molina (1997, pp. 121-122) resalta lo
que denomina "actividad en compañía", ya que las actividades no se realizan para
cumplir una finalidad en colaboración en donde la interdependencia tiene un lugar
privilegiado. Para esta autora, este tipo de actividad que se hace en compañía y
que simplemente coincide en el espacio y en el tiempo puede ejercer una influen-
cia mutua. Al respecto, precisa lo siguiente: "a veces la actividad de uno de los
participantes motiva la actividad del otro" (1997, p. 122). Es de destacar que esta
influencia puede ser positiva o negativa. El ritmo con que un alumno realiza deter-
minada actividad puede desalentar a otro compañero que va más atrás en el
proceso de su realización; también puede incitar a la distracción. En esta forma de
organizar la participación, se privilegia la interacción docente-estudiante. Aunque
asimétrica, el niño o la niña pueden ejecutar una tarea gracias a la colaboración y
asistencia de un adulto (Molina, 1997, p. 135).
Mediante el análisis de los registros de observación, se aprecia que, en estos
procesos formales de interacción, aunque sigue prevaleciendo una enseñanza
centrada en las acciones del docente, en tanto es esta figura quien determina el
qué, cómo, cuándo, con qué y con quién hacer; este, al ubicarse en el mismo
espacio en donde se sientan los niños, hace suponer que asume una posición de
iguales, puesto que, al no separarse de ellos, establece una relación próxima,
cercana y de confianza, lo cual se hace evidente cuando se sienta junto a un
determinado niño para ayudarle y animarle a que termine con éxito una actividad:
"F: Ahora Vanne, di araña y ve en el espejo cómo se hace tu boquita [le acerca el
espejo; la niña se tapa la cara y se agacha]. F: No pasa nada , mira yo voy a decir
araña ¿ya te fijaste como muevo mi boca?; bueno, ¿ya te animas a decir araña frente
al espejo? V: Sí". (1:55)
Diferente a la organización social en donde cada niño realiza la actividad de
acuerdo a su ritmo, interés y habilidad en compañía del resto de sus compañeros
y bajo la guía del docente, se aprecia, en los registros de observación, la organi-
zación por parejas o en tríos para realizar, de manera conjunta y coordinada, una
determinada actividad: "M: Ahora nos vamos a poner en parejas, todavía no agarre-
mos las letras" (13:62). Según Molina (1997), con este tipo de organización/parti-
cipación, se pretende que ningún alumno decida por su cuenta y en independen-
cia de los demás. El supuesto es que, en esa coordinación entre dos o más inte-
grantes del pequeño grupo, se establezcan negociaciones, consensos y acuer-
dos, por ello es que considera que este tipo de organización representa un impor-
tante punto de encuentro interpersonal en donde las acciones de cada uno no
solo están concatenadas con las de los demás, sino que unos y otros se necesi-
tan, se dejan influir e influyen (p. 123). Para Azeredo (2003), este tipo de relación
que se consigue a partir de la organización social representa -de manera genuina-
M. G. Valdés Dávila, L. F. Gómez López, M. d L. Centeno Partida
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