
REFLEXIONES
la vida del hogar, pero que necesariamente
supone también momentos especiales de diá
logo de los padres con los hijos.
No es una novedad que no todos los pa
dres se encuentran capacitados o no tienen
disposición para asumir esta responsabilidad.
La Iglesia los invita a no desentenderse de
esta delicada misión, a la vez que invita a la
escuela a colaborar subsidiariamente con esta
labor. Aquí es donde el docente junto a los
padres colabora en la formación en esta im
portante dimensión de la persona.
Toda escuela, por tanto, particularmen
te la católica con el compromiso evangeli-
zador que le es propio, junto con la familia
debe afrontar esta delicada misión. Conviene
que haya un acuerdo entre estos agentes
principales de la educación para el amor de
niños y jóvenes. Acuerdo que requiere la
intervención necesaria de los padres para
que la formación que desde la escuela se
imparta a los alumnos sea auténticamente
humanista y respete las convicciones y va
lores que sostiene cada familia en conso
nancia con sus opciones y creencias.
El episcopado argentino sensible a esta
temática ha encargado a especialistas la ela
boración de un programa y de material ade
cuado para los alumnos, padres, docentes
y catequistas para afrontar en las escuelas
católicas la educación para el amor y para
ofrecerlo a todas las personas, católicas o
no, que desean aprovechar este servicio y
este aporte.
Un aspecto a destacar es que la educa
ción para el amor debe atravesar transver
salmente toda la labor educativa de la es
cuela. Esto requiere un acuerdo fundamen
tal en los docentes para compartir valores
auténticamente humanistas y para brindar
una colaboración interdisciplinar que con
tribuya a la verdadera formación del alum
no y no sólo a la acumulación de una abun
dante información.
La Iglesia se sabe portadora de una
buena noticia, la del amor de Dios por no
sotros que nos invita a participar de ese
inefable don que transforma toda la exis
tencia humana dignificándola. Ese don toca
también la sexualidad dándole a la reali
dad corporal el sentido sublime de la res
ponsabilidad, como gustaba decir el queri
do y recordado Juan Pablo II. Responsabi
lidad que significa reconocer que el hom
bre encuentra el sentido más alto de su vida
recibiéndola por amor y dándola también
por amor. La educación para el amor debe
tender precisamente a ello. Tarea ardua,
pero decididamente maravillosa.
Carlos José Ñáñez
Arzobispo de Córdoba
Año III, N° 6, octubre 2005. Pág. 64-65
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ARZOBISPO DE CÓRDOBA
S.E.R. MONS. CARLOS JOSÉ ÑÁÑEZ
Nació en Córdoba el 9 de agosto de 1946; fue ordenado sacerdo
te el 17 de julio de 1971; elegido obispo titular de Lete y auxiliar
de Córdoba el 12 de diciembre de 1990; recibió la ordenación
episcopal el 24 de enero de 1991. Promovido a arzobispo coadju
tor de Tucumán el 20 de diciembre de 1995; asumió el 2 de fe
brero de 1996. Trasladado a la arquidiócesis de Córdoba el 17 de
noviembre de 1998; asumió el 12 de marzo de 1999. Es presi
dente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar.