Algunas reflexiones acerca
de la educación para el amor
Reflexión de Mons. Carlos JoÑáñez
Arzobispo de Córdoba
En esta reflexión Monseñor Carlos José Ñáñez responde desde la fe y la ense
ñanza de la Iglesia a las inquietudes que surgen en la sociedad respecto a la educa
ción para el amor.
El Arzobispo de Córdoba señala la importancia de entender a la sexualidad
como una dimensión de la persona -y no sólo como una función- y nos invita a
asumir responsablemente desde la escuela junto a la familia la delicada misión de
colaborar en la formación de esta importante dimensión humana.
Agradezco la invitación del Sr. Decano
de la Facultad de Educación de la Universi
dad Católica de Córdoba para expresar al
gunas reflexiones sobre la educacn para
el amor en vistas a ser publicadas en la re
vista "Diálogos Pedagógicos".
Mis reflexiones no son las de un espe
cialista, sino tan solo las de un pastor que
junto a sus hermanos obispos es preocu
pado por responder desde la fe y desde la
enseñanza de la Iglesia a las inquietudes
que surgen al respecto en la sociedad y que
se expresan, a veces, en la formulacn de
diversos proyectos de ley a tratar en las
legislaturas provinciales o en el Congreso
de la Nación.
Un primer punto a tener en cuenta es
que muchas de esas inquietudes o proyec
tos hablan indistintamente de educación
sexual o de salud o derechos reproductivos.
La terminología no es indiferente. En estos
casos se puede observar una cierta pers
pectiva reductiva. Más que de educacn se
están restringiendo a información. A su vez,
hablar solo de salud reproductiva o de de
rechos rep rod u ctiv os es cie rta m e n te
empobrecedor de una dimensión tan impor
tante como es la sexualidad humana.
La enseñanza de la Iglesia prefiere y
opta por hablar de "educación para el amor",
por cuanto ve la sexualidad como una di
mensión de la persona y no tan solo como
una funcn. Siendo una dimensión de la per
sona, la sexualidad humana está penetrada
de espiritualidad y es un ámbito privilegiado
para la vivencia de la libertad y el amor.
Otro punto importante es el de discernir
qun debe dar esta formacn. En conformi
dad con la enseñanza de la Iglesia, sostene
mos que la familia es la primera responsa
ble de la educacn y por tanto ella, en espe
cial los padres, es la encargada en primer
término de afrontar esta indispensable ta
rea. Tarea que se cumple en lo cotidiano de
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ZteífofOd PtcOzyóyicoi.. Año III, N° 6, octubre 2005. Pág. 64-65
REFLEXIONES
la vida del hogar, pero que necesariamente
supone también momentos especiales de diá
logo de los padres con los hijos.
No es una novedad que no todos los pa
dres se encuentran capacitados o no tienen
disposición para asumir esta responsabilidad.
La Iglesia los invita a no desentenderse de
esta delicada misión, a la vez que invita a la
escuela a colaborar subsidiariamente con esta
labor. Aquí es donde el docente junto a los
padres colabora en la formacn en esta im
portante dimensión de la persona.
Toda escuela, por tanto, particularmen
te la católica con el compromiso evangeli-
zador que le es propio, junto con la familia
debe afrontar esta delicada misn. Conviene
que haya un acuerdo entre estos agentes
principales de la educación para el amor de
niños y jóvenes. Acuerdo que requiere la
intervención necesaria de los padres para
que la formacn que desde la escuela se
imparta a los alumnos sea aunticamente
humanista y respete las convicciones y va
lores que sostiene cada familia en conso
nancia con sus opciones y creencias.
El episcopado argentino sensible a esta
temática ha encargado a especialistas la ela
boracn de un programa y de material ade
cuado para los alumnos, padres, docentes
y catequistas para afrontar en las escuelas
católicas la educación para el amor y para
ofrecerlo a todas las personas, católicas o
no, que desean aprovechar este servicio y
este aporte.
Un aspecto a destacar es que la educa
cn para el amor debe atravesar transver
salmente toda la labor educativa de la es
cuela. Esto requiere un acuerdo fundamen
tal en los docentes para compartir valores
auténticamente humanistas y para brindar
una colaboracn interdisciplinar que con
tribuya a la verdadera formación del alum
no y no lo a la acumulación de una abun
dante información.
La Iglesia se sabe portadora de una
buena noticia, la del amor de Dios por no
sotros que nos invita a participar de ese
inefable don que transforma toda la exis
tencia humana dignificándola. Ese don toca
tambn la sexualidad dándole a la reali
dad corporal el sentido sublime de la res
ponsabilidad, como gustaba decir el queri
do y recordado Juan Pablo II. Responsabi
lidad que significa reconocer que el hom
bre encuentra el sentido más alto de su vida
recibiéndola por amor y dándola también
por amor. La educación para el amor debe
tender precisamente a ello. Tarea ardua,
pero decididamente maravillosa.
Carlos José Ñáñez
Arzobispo de Córdoba
o III, 6, octubre 2005. g. 64-65
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ARZOBISPO DE CÓRDOBA
S.E.R. MONS. CARLOS JOSÉ ÑÁÑEZ
Nació en Córdoba el 9 de agosto de 1946; fue ordenado sacerdo
te el 17 de julio de 1971; elegido obispo titular de Lete y auxiliar
de Córdoba el 12 de diciembre de 1990; recib la ordenación
episcopal el 24 de enero de 1991. Promovido a arzobispo coadju
tor de Tucumán el 20 de diciembre de 1995; asum el 2 de fe
brero de 1996. Trasladado a la arquidcesis de Córdoba el 17 de
noviembre de 1998; asum el 12 de marzo de 1999. Es presi
dente de la Comisn Episcopal de Pastoral Familiar.