
Proyectando estas ideas al terreno pe
dagógico decimos que el alumno es un su
jeto que se afirma y se conoce a sí mismo
en la actividad vivida; que se reconoce en
la experiencia como yo soy y a la vez como
sujeto abierto, con una apertura a la reali
dad fundada en una serie de actos origina
les: salir de sí mismo; comprender; tomar
sobre sí mismo; asumir; dar y ser fiel. En
su movimiento de personalización se inte
gran rasgos individuales, rasgos de la eta
pa evolutiva, experiencias cognitivas, socia
les y emocionales que vive en el ámbito
escolar, familiar y comunitario; proyectos,
expectativas y metas, todos ellos combina
dos en una trama biográfica irrepetible.
2.1.2. Desde lo teleológico: el senti
do de la educación
La educación, en sentido amplio, cons
tituye un hecho básico para el ser humano;
más aún, representa un hecho consustan
cial con el propio desarrollo humano por
cuanto promueve y pone al sujeto en con
diciones de actualizar la riqueza cognitiva,
afectiva, social y espiritual propia de su na
turaleza. Una persona sola, librada al des
pliegue de su dotación genética, no alcan
zaría funciones exclusivamente humanas
tales como el lenguaje, los niveles superio
res del pensamiento abstracto, el compro
miso con valores.
Para Mounier la meta de la educación
"No es hacer sino despertar personas"
(MOUNIER, 1968:64). La intencionalidad es
contribuir a que esta persona se desarrolle
como un ser libre, responsable, respetuo
so, solidario y comunitario. Mientras "... el
primer cuidado del individualismo es cen
trar al individuo sobre sí, el primer cuidado
del personalismo, descentrarlo para esta
blecerlo en las perspectivas abiertas de la
persona" (MOUNIER, 1968:20).
En este marco la educación se apoya
en la capacidad que posee el alumno de ser
protagonista activo de un ir y venir perma
nente de acciones y reflexiones, proceso en
el cual quienes le rodean, profesores, pa
dres, pares, juegan un papel fundamental.
Dice Mounier: "La persona, por el movimien
to que la hace ser, se ex-pone. De tal ma
nera es, por naturaleza, comunicable, in
clusive la única que puede serlo (...) Las
otras personas no la limitan, la hacen ser y
desarrollarse (...) Casi se podría decir que
solo existo en la medida en que existo para
otros, y en última instancia ser es amar"
(MOUNIER, 1968:20). "De este modo la re
lación interpersonal positiva es una provo
cación recíproca, una fecundación mutua"
(MOUNIER, 1968:26).
Según este autor, "El amor pleno es
creador de distinciones, reconocimiento y
voluntad del otro en tanto que otro" pues
"se dirige al sujeto por encima de su natu
raleza, quiere su realización como persona,
como libertad, cualesquiera que sean sus
dones o sus deficiencias..." (MOUNIER,
1968:22). Desde esta mirada, tratar al alum
no "como a un sujeto, como a un ser pre
sente, es reconocer que no puedo definirlo,
clasificarlo, que es inagotable, que está hen
chido de esperanzas, y que sólo él dispone
de ellas: es concederle crédito" (MOUNIER,
1968:21).
En el contexto de una teoría muy dife
rente, el biólogo chileno Humberto Maturana
también ubica al amor como clave en la
educación. Sostiene que el amor como "la
aceptación del otro como un legítimo otro
en la convivencia, es condición necesaria
para el desarrollo físico, conductual, psíqui
co, social y espiritual normal del niño, así
como para la conservación de la salud físi
ca, conductual, psíquica, social y espiritual
del adulto" (MATURANA, 1997:26).
En síntesis, la educación concebida
como proceso teleológico, dinámico y
personalizante, se concreta en un espacio
relacional que promueve y energiza la cons
trucción de sí mismo como persona y como
"P&Uiyóqieoá,. Año III, N° 6, octubre 2005. Pág. 49-63 5 3