
Educación y pobreza: concepciones subyecentes en políticas y prácticas escolares
de instalar, utilizando palabras de Raggio
(1998:26), una forma de "caridad basada
en la visualización del dar", lo cual, según
explica esta autora, refuerza la dependen
cia física y psíquica de quien recibe al que
dar "siempre a disposición de ia discrecio-
nalidad del que da". De este modo, la es
cuela, que debiera preparar a los alumnos
para comprender la complejidad de los con
textos de pobreza potenciando acciones de
promoción y de inserción social, estaría pro
fundizando identidades "dependientes" y
"demandantes", no muy distantes de aque
lla visión fatalista de la cultura de la pobre
za que instala al pobre en una condición
naturalizada, impidiéndole escapar de la
misma, y que, como hemos referido ante
riormente, convierte al lugar de nacimiento
en lugar de destino.
En cuanto a las modalidades que asu
me la participación comunitaria, lejos se
encuentran las experiencias referidas de las
recomendaciones (presentes particularmen
te en las nuevas versiones de los progra
mas compensatorios) que enfatizan la rei
vindicación de los saberes populares y su
potenciación en la acción cooperativa es
cuela-comunidad. En las acciones escolares
que hemos mencionado, no parecieran ca
pitalizarse suficientemente los conocimien
tos de las propias comunidades, dado que,
en su mayoría, las propuestas se encuadran
en actividades de extensión escolar. Por otra
parte, la participación se reduce casi exclu
sivamente a las madres, con lo cual se marca
otra brecha importante entre las acciones
cotidianas de las escuelas y las recomen
daciones recientes sobre el trabajo en pro
yectos que involucren a la escuela con fa
milias, movimientos asociativos, administra
ciones comunales, etc.
José Rivera (1999) señala que la escue
la debería recuperar las experiencias y for
mas de conocimiento utilizadas por los po
bres para sobrevivir su desempleo, puesto
que tales acciones incorporadas en los con
textos escolares podrían ser de mayor utili
dad que muchos programas oficiales. Esto lle
varía, por ejemplo, a que la escuela enseñe y
promueva la capacidad para idear proyectos
y estructurar alternativas organizacionales
sencillas que posibiliten a los estudiantes, y
como extensión a sus familias, aprender la
lógica propia del desarrollo de emprendi-
mientos productivos, dotándolos de las com
petencias necesarias para hacer frente a los
cada vez más agudos problemas de empleo.
Además, no toda la educación transcurre en
los centros educativos, hay otras institucio
nes y grupos que ayudan a la distribución del
conocimiento: medios de comunicación de
masas, redes de información digital, bibliote
cas, editoriales, iglesia, empresas, entidades
políticas; por lo que es importante la conver
gencia y complementariedad de los saberes
y estrategias de estos agentes con los pro
piamente escolares.
Otro aspecto sobre el que es preciso
reflexionar es el referido las características
que debe tener la oferta curricular para que
los alumnos puedan apropiarse de los con
tenidos capitalizándolos en experiencias re
levantes para su vida actual y en la posibi
lidad de mejores oportunidades de inser
ción social a futuro. No se trata sólo de dar
matemáticas, lengua y ciencias, sino que se
debe pensar en adecuar los desarrollos te
máticos a las necesidades específicas de
estos sectores. En este sentido, Roggi
(2000:12) considera que se deberían pro
porcionar saberes referidos a:
- Conocimientos de lengua que permitan la
correcta expresión articulando mensajes
operativos en relación con pares, con di
rigentes políticos, con grupos empresarios,
etc. Para ello se deberán desarrollar com
petencias en la comprensión de textos,
que incluyan desde artículos informativos,
mensajes radiales y televisivos, hasta ma
nuales con instrucciones de trabajo. No
se trata, plantea Roggi, de sofisticación ni
refinamiento en la expresión, sino del de-
16 'Pcd¿iyác}cco¿. Año III, N° 6, octubre 2005. Pág. 9-21