
Entendemos aquí por "poesía comprometida" -algunos prefie
ren llamarla "poesía social"-, a la que tuvo su auge hacia la mitad de!
siglo XX, y que pretende testimoniar realidades colectivas, Pero baje
ese rótulo caben diversas interpretaciones: 1) Llamar poesía "com
prometida" a la que tiene por norte y objetivo primordial la preocu
pación más aguda de nuestro tiempo, el deseo de justicia ("la injus
ticia es un ateísmo práctico" decía el P. Arrupe), de paz, de terminar
con la opresión, impulsada por un anhelo noble y justo, expresado a
veces hasta con furia si es preciso, pero sin convertirla en poesía a
jornal de odio o resentimiento. 2) Puede llamarse también, agudizando
el concepto, a la poesía de contenido político que suele caer frecuen
temente en extremismos. 3) Finalmente, puede llamarse "poesía com
prometida" o "social" a la que, sin inspirarse directamente en impe
rativos políticos o sociológicos, se dirige abiertamente al pueblo, para
hacerlo partícipe del gozo poético.
Con frecuencia estas interpretaciones aparecen entremezcla
das al punto que es difícil establecer límites precisos entre ellas.
Por lo menos ta última de las acepciones suele ser imperativo co
mún a todos los que se hallan adscriptos a esa corriente de com
promiso.
Con todo, la expresión "poesía comprometida'' -lo veremos a
la luz del pensamiento de Maritain-, es equívoca y anémica ya que
la poesía en cuanto tai, no admite el compromiso social, político,
religioso, Ideológico, etc. En todo caso po
dríamos hablar de poetas comprometidos a
través de su poesía, pero ésta, "se mueve
en una universalidad ajena a todo partidis
mo, en una objetividad ajena al compro
miso" (IBÁÑEZ LANGLOIS, 1964:113), por
que, como decía León Felipe * en un poema no hay bandos. Sólo
hay una causa: la det hombre. Y, por ahora, la de la miseria del
hombre". (Y el mismo Sartre, tan estrictamente defensor de la lite
ratura comprometida desde su visión sincrónica del quehacer lite
rario, coloca aparte al quehacer poético, como ajeno a todo com
promiso).
De todos modos, se acepte o no el nombre, la corriente de "poe
tas comprometidos" constituyó, hacia la mitad del siglo XX, una reali
dad alimentada por circunstancias ajenas a la literatura misma: el
horror de las guerras mundiales, las tensiones internacionales, et mundo
desgajado, la generación desarraigada, "los hombres sin más destino
que apuntalar ruinas" como decía Blas de Otero, la marginación, la
opresión de los más débiles, los abusos de muchos que declaman la
caridad y ni siquiera cumplen con ta justicia, los que ponen su fin
último en lo económico y que, incluso llamándose cristianos, como el
hijo de la parábola, viven obsesionados por la herencia del Padre
cuando lo único necesario es el Padre mismo.
«Entenderemos aquí por 'poesía
comprometida' (...) a Ia que tuvo
su auge hacia la mitad def siglo XX,
y que pretende testimoniar
realidades colectivas.»
Z k d to q tH & e d* a 5 f¿e a* . A ño til, NB
5
, abril 2005. Pág. 85-93