Lapoôreza en Córdo6a
(Entrevista a JlCtcia Çutiérrez
En ta presente entrevista, la Dra. Gutiérrez desarrolla los principales resultados
de su investigación sobre pobreza, publicada bajo el titulo: Pobre, corno siempre.,.
Estrategias de reproducción social en la pobreza1, llevada a cabo durante 1989-
2000 como tesis de doctorado en cotutela entre la Universidad de Buenos Aires y /'
École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, Francia.
La especialista detalla, entre otros aspectos, ¡as diferencias en la distribución
de capitales en la poblacn estudiada y sus estrategias y prácticas, señala el rol de
las ONGs, las visiones de las políticas públicas y el papel que, como educadores,
podemos ejercer frente a esta realidad.
En su investigación sobre la pobreza en
Córdoba ¿qué distribucn de capitales en
contró en la poblacn estudiada?
- La distribución de los capitales tiene
que ver con dos cuestiones: lo que se llama
el volumen del capital y lo que se denomina
la estructura del capital. Quisiera entonces
aclarar algunas cuestiones. La nocn de
capital alude a los recursos e incluye no sólo
los recursos materiales (el capital económi
co) sino también otro tipo de recursos: cul
turales, sociales y simbólicos.
En el caso concreto del análisis de la
pobreza, tomar en cuenta la variedad de
recursos con los que cuentan las familias
que viven en esas condiciones, supone sos
tener la tesis de que es necesario explicar y
comprender las estrategias de los pobres a
partir de lo que tienen y no tanto de lo que
les falta; de sus capitales, más bien que de
sus necesidades sicas insatisfechas.
En otras palabras, por poco que pudie
ra parecer a quienes vivimos en otras con*
didones objetivas, las familias pobres, con
sideradas en su unidad, cuentan con capital
económico en distinto grado (algunos son
propietarios de su vivienda y del terreno
donde se ubican, otros sólo de la casa pero
no de la tierra, otros ni de !a construcción ni
del terreno; tienen mayores o menores in
gresos -especialmente según la cantidad de
miembros que trabajan-; las viviendas son
de una u otra calidad, están más o menos
equipadas con electrodomésticos, poseen
todos los servicios o lo algunos, etc.), dis
ponen también de capital cultural diferente
(hay distintos niveles de escolarización, de
1 GUTIERREZ, Alicia, Pobre, como siempre... Estrategias de reproduccn sociat en la pobreza. Ferreyra
Editor, Córdoba, 2004.
Z k d ù u p u A ño III, 5, itb tií 2005. Pág, 67-73
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La pobreza en Córdoba
aprendizajes de oficios, etc.) y de lo que se
conoce con el nombre de "capital social".
Aq quisiera detenerme un poco más. El
capital social alude a relaciones ("amigos",
"conocidos", "parientes", poticos", etc.)
que una familia puede movilizar, en un mo
mento dado, y que le permite hacer valer
los otros capitales que posee. Es decir, el
capital social es uno de los tipos de recur
sos utilizables por los grupos familiares
para crear y poner en marcha distintos ti
pos de estrategias tendientes a hacer fren
te a sus necesidades cotidianas y de repro
ducción social.
Ya los clásicos análisis de una
antropóloga mexicana, Larissa Lomnitz,
autora de Cómo sobreviven los margina
dos (México, Siglo XXI, 1978), señalaban
que quienes viven en la pobreza crean di
ferente tipo de redes de intercambio recí
proco de bienes y servicios. Dichas redes
se presentan como recursos alternativos
claves para la resolución de los diferentes
problemas a los que se enfrentan las fa
milias pobres, debido a la inseguridad
económica crónica a ta que se ven some
tidas; movilizan los "recursos sociales"
uno de los pocos recursos accesibles a los
"grupos marginales", apoyándose en es
tructuras institucionales
"tradicionales" (parentes
co, vecindad, compadraz
go y amistad masculina)
que contribuyen así a ac
tualizarlas y reforzarlas.
Aclarado esto, vuelvo
a lo que mencio en pri
mer término. Entre las fa
milias que he estudiado (se estudiaron un
total de 34 familias que constituyen más
del 90 % de la población de un barrio ubi
cado en la zona este de la ciudad de Cór
doba), considerando el volumen del capi
tal (es decir la cantidad total de los recur
sos), es claro que una primera distribucn
divide a las familias de la primera genera
ción en el barrio, por un lado, y las de la
segunda generacn, por otro. Las prime
ras son las familias más antiguas, más vie
jas, más capitalizadas (es decir, en térmi
nos generales tienen más cantidad de re
cursos), que, por las condiciones objetivas
específicas que han vivido, han acumulado
cierto capital económico bajo la forma de
tierra (tienen la propiedad colectiva del te
rreno donde se asienta el barrio) y de vi
vienda (participaron en planes de vivienda
que les permitieron acceder a ella con fa
cilidades) y lo que poda llamarse un capi
tal social colectivo que tiene la forma de
una Cooperativa de Vivienda y Consumo.
Las familias de la segunda generación son
las más nuevas, las más jóvenes, las me
nos capitalizadas, que han vivido en condi
ciones diferentes a las de sus padres, que
tienen una historia diferente, que viven un
ciclo vital distinto, circunstancias que los
llevan a implementar estrategias diferen
tes que las familias de su padres, algunas
de las cuales suponen rescatar la historia
apartada por los miembros de la primera
generacn.
Además de estas diferencias en térmi
nos de volumen, están las diferencias de
"estructura" del capital, es decir, de la can
tidad de cada uno de ios ti
pos de recursos. Así, hay
familias que tienen más ca
pital social y eso les permi
te generar ciertas prácticas
que son distintas a aquellas
que tienen más capital cul
tural, por ejemplo, que po
nen mucho tiempo y ener
gía en las estrategias esco
lares. Es decir, lo que se llama la estructura
del capital indica las líneas generales hacia
donde se dirigen las estrategias familiares.
Claro que, es importante aclararlo, la gente
no es necesariamente consciente de estos
mecanismos y actúa de manera "automáti
ca", haciendo lo que siente que "tiene" y
"puede" hacer.
«... quienes viven en la
pobreza crean
diferente tipos de
redes de intercambio
recíproco de bienes y
servicios...»
6X
Ano III, N° 5, abríI 2005. Psg. 67-73
- ¿Cuáles serían las diferencias en las es
trategias de la primera y de la segunda
generación de la poblacn considerada y
a qué factores las atribuye?
- En primer lugar, es claramente dife
rente toda la potica de gestión del hábitat,
lo que implica inversiones diferentes de ca
pitales y establecimiento y reforzamiento de
otras redes sociales. No disponiendo de igua
les condiciones estructurales que los miem
bros de la primera generación, a la hora de
formalizar sus parejas y comenzar a consti
tuir sus propias familias, la segunda genera
ción está orientada objetiva
mente hacia la utilizacn de dos
estrategias: ía corresidencia con
los padres de uno u otro cón
yuge, en el mismo barrio o en
otro lugar, o la construcción de
una pequa pieza en un te
rreno que no es propio.
Las nuevas parejas se ins
talan en la 'Vivienda precaria"
que había sido construida en los
primeros tiempos de apropiacn del terre
no -vivienda que fue siempre pensada como
transitoria, dentro de un terreno cuyas di
mensiones son aptas para sólo un grupo
familiar- o levantan una casita en condicio
nes muy elementales, en un terreno priva
do lindante que, hacia fines de la cada de
1990, es totalmente ocupada por vivien
das, la mayoría de las cuales pertenecen a
tos hijos de los socios de la Cooperativa de
Vivienda y Consumo. Con ambos tipos de
estrategias, los miembros de la segunda ge
neración retoman una historia social colec
tiva de la que sus padres habían logrado
apartarse una década atrás.
Otra diferencia importante tiene que ver
con la migración, Los miembros de la pri
mera generacn provenían fundamental
mente de zonas rurales y llegaron a la ciu
dad buscando mejores condiciones de vida.
Para ios miembros de la
segunda generacn, la
búsqueda de un buen
trabajo constituye tam
bn una estrategia aso
ciada a !a migración,
pero que presenta dife
rencias: ahora se trata
de una migración urba-
na-urbana, de varones
jóvenes, que van a la
gran ciudad sin una ocu
pación conseguida de antemano, aunque
con contactos que facilitan su inserción*
Otra cuestión importante es la historia
de la familia en sí. El ciclo vital por el que
transitan las unidades domésticas de la se-
gunda generación, definido como de for
«... es claramente
diferente toda ia
potica de gestión del
hábitat, lo que implica
inversiones diferentes
de capitales y
establecimiento y
reforzamiento de otras
redes sociales
.*.»
ALICIA B* GUTIÉRREZ es Profesora y Licenciada en Historia por la Facultad de Filo
soa y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Doctora en Socio
logía por /' École des Hautes Études en Sciences Sociales y Doctora de la Universidad
de Buenos Aires-Área Antropología, Actualmente se desempa como Profesora de
Socioloa de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC y dirige el Programa
",Pierre Bourdieu" del Centro de Investigaciones de la misma institución. También es
Investigadora Categoría II, Sistema Nacional de Estímulos a la Investigación, Inves
tigadora del Centre de Sociologie Européenne du Colge de France y miembro
evaluador de importantes comisiones nacionales. Se desempeñó como Profesora
Visitante en varias universidades argentinas y europeas. Ha publicado numerosos
libros y artículos científicos. E-maif: aliciagutierrez@arnet.com.ar
Tkdtóqw P cd tv fé ú ta u . Ano 111, N° S, abril 2005. Pág. 67-73
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La pobreza en Córdoba
mación o de crecimiento, con la presencia
de hijos pequeños que exigen cuidado y
atencn condiciona fuertemente el conjunto
de las estrategias de repro
ducción social y fortalece la
presencia de la mujer-ma
dre en el hogar.
En ese contexto, el es
pacio estratégico femenino
que trasciende el ámbito es
trictamente familiar puede
abrirse en la medida en que
se logre compatibilizar con su funcn de mu-
jer-madre. A, entre las mujeres jóvenes,
ese espacio se encuentra limitado a poner
en marcha estrategias de obtención de in
gresos que pueden ser consideradas exten
sivas a las tareas domésticas y se realizan
en la propia casa, a la posibilidad de traba
jar afuera gracias a la ayuda que recibe de
la madre-propietaria de la casa en ía que
vive, al ejercicio de la prostitución de noche
y mientras el marido se hace cargo del cui
dado de los nos y a la participación pun
tual y de tiempo reducido en las estrategias
colectivas (por ejemplo, en la gestión de un
comedor), mientras, simultáneamente, es
tán a cargo de los hijos*
El ciclo vital hace también que estas uni-
dades domésticas participen en los distintos
programas especiales destinados a los niños,
que constituyen ios únicos recursos prove
nientes del Estado: en el Dispensario Munici
pal (programa de "'control de crecimiento de
nos sanos"), en la escuela (PAICOR) y en
los programas alimentarios que tienen a los
menores como principales destinatarios.
- ¿Qué nos puede decir de tos fenómenos
de agudización de la pobreza que se vivie
ron en nuestro país en ios os noventa?
¿Cómo se vieron reflejados en tas prácti
cas de la población analizada?
- Esos procesos comenzaron mucho
antes, hacia fines de la década de 1970,
Entre 1980 y 1990, durante la llamada "dé
cada perdida", ía mayor parte de los países
de América Latina sufrieron una aguda con
tracción económica, una dis
minución y concentración de
los ingresos y una mayor
inequidad en el reparto de
los mismos, a lo que se su
maron las políticas de ajus
te, que no fueron acompa
ñadas por medidas que es
tuvieran destinadas a en
frentar sus consecuencias
sociales negativas, todo lo cual se tradujo
en un aumento de la pobreza y de la indi
gencia, en números absolutos y relativos, y
tanto en zonas urbanas como rurales*
Convertido en un fenómeno fundamen
talmente urbano, junto a la "vieja pobre
za" o pobreza estructural, aparece la "nue
va pobreza" a io largo de toda la década
posterior
Argentina no queda al margen de es
tos procesos y, con sus especificidades,
transcurre un camino de empobrecimiento,
sustentado en mecanismos de achicamien
to y concentración económica, paso del "Es
tado de Bienestar" al "Estado de Malestar"
(surgido de los efectos negativos de la con
junción de elementos tales como compor
tamiento proclico, vaciamiento presupues
tario, descentralización de los servicios,
privatización total o parcial de los mismos,
ritualización de los ministerios sociales, uti
lización de ONGs y de las familias como
efectores de bienestar, focalización restrin-
gida y flexibilización de las relaciones de
trabajo), reestructuración del mercado de
trabajo en torno a los polos de la exclusión
total (con el importante aumento de la tasa
de desempleo) y la inclusión pardal o de
fectuosa (subempleo, trabajo informal,
cuentapropismo de baja productividad) y
una caída generalizada y dispersión de los
ingresos* Este camino de empobrecimiento
afecta a grandes sectores de la poblacn,
«. pude ver en 1990
(*) que esas familias
eran
r en
general, más
pobres aun que en los
comienzos de la
década de 1990..,»
7 G Año III, 5, ahnt 2005, Pag, 67-73
tanto al histórico conjunto de hogares con
necesidades básicas insatisfechas; cuanto a
los "nuevos pobres" que retornan o se in
corporan a) universo de ta pobreza.
Asír pude ver en 1999, cuando realicé
un último estudio intensivo con esas fami
lias, que eflas eran, en general, más po
bres aun que en ios comienzos de la déca
da de 1990, cuando había comenzado mi
investigación.
En ese momento, la desocupación se
extendió a fa mayoría de ios hombres que
tenían un empleo efectivo y con proteccn
social, y las nuevas condiciones del merca
do laboral los empujaba a poner en marcha
actividades por cuenta propia y caer en la
informalidad, haciendo "changas" eventua
les en ía construcción o convirtiéndose en
vendedores ambulantes durante todo ef día
en el centro de la ciudad o en vendedores
clandestinos de "ravioles" (Je cocaína en la
oscuridad de la noche, desde la ventana de
su casa, o, en su defecto, a aceptar contra
tos a término, sin cargas sociales y sin pro
tecciones frente al despido.
Las oportunidades laborales para las
mujeres tambn haan disminuido y la
ocupación como empleada doméstica, que
era ampliamente extendida como trabajo fe
menino entre las mujeres
de la primera generación y
sus hijas, ya no se presen
taba tan claramente como
posibilidad de obtener ingre
sos, El trabajo como prosti
tuta en las wiskerías de la
zona era una de las estra
tegias dominantes entre las
mujeres más jóvenes, que
permitía obtener un dinero
irregular e inestable, pero
más concreto y seguro que la esperanza de
ser elegida para cumplir una función en las
varias actividades que tenía "'proyectadas"
ía red local cooperativa, a partir de los limi
tados, intermitentes y focalizados recursos
que proporciona el Estado a los pobres, tras
el accionar y la legitimación de las organi
zaciones no gubernamentales.
Fue muy impactante ver a la mayoría
de los jóvenes, inmersos en fa profunda
desocupación, el desconcierto, la desazón,
el descreimiento, !a desesperanza, el alco
hol y la cocaína. Se sentían obligados a po
ner en marcha estrategias que sus padres,
a su edad, habían dejado atrás: se prolon
gaba la corresidencia familiar como forma
que adopta la estrategia habitacional, o se
precarizaba la misma con la construcción
de una pequeña pieza sin espacio ni servi
cios en un terreno privado vecino o se re
tornaba a Ja vivienda materna. Con todo
elfo, se fortalecían las redes de intercambio
a ¡as que hice referencia,
Los grupos familiares de la primera
generación, los más viejos que estaban más
capitalizados, han ido perdiendo el escaso
capital económico que habían logrado acu
mular (salvo la propiedad de la tierra y la
vivienda), Además, históricamente despro
vistos de protección social por sus condicio
nes de trabajo, se encuentran sin ia posibi
lidad de tener un ingreso monetario regu
lar, con sus hijos venes cada vez más po
bres, y obligados a establecer y reforzar re
laciones de intercambio entre parientes,
vecinos y conocidos, de ios
pocos bienes materiales
que se pueden conseguir o
producir.
Entre ías familias de la
primera generación y las de
la segunda generación, la
polarización de ías relacio
nes de dependencia lleva
incluso a construir nuevas
formas de unidad domésti
ca, como la de "olla común": los distintos
grupos familiares que conviven aportan todo
los recursos que tienen y construyen una
misma fuente de alimentación para todos
los miembros. Por otro lado, el aumento de
«,f.
la polarización de
tas relaciones de
dependencia lleva
incfuso a construir
nuevas formas de
unidad doméstica,
como fa de fa
1oiia común\„»
Año 1JI, N n S, ,tbríi 2005. g. 67-73
7 ?
La pobreza en Córdoba
Jos parientes, la disminución de los ingre
sos monetarios de las familias y el deterio
ro del mobiliario y del equipamiento domés
tico, lleva a una redefmición y recomposi
ción de los lazos familiares que tiene con
secuencias en la reestructuración dei espa
cio sico, haciendo más débil y menos ex
clusiva la separación de espacios propios y
espacios comunes y ampliando las funcio
nes de cada uno de ellos en las familias
corresidentes.
- ¿Y en el caso de la educación cómo se
manifestaron ?
- Indudablemente también la educa
ción entra en este contexto de crisis, Tal
vez lo más importante sea que los miem
bros de la segunda gene
ración hacen la misma tra
yectoria laboral tipo que
sus padres, a pesar de ha
ber acumulado mayor ca
pital escolar. Con suerte los
varones consiguen "chan
gas" y las mujeres un tra
bajo como empleadas do
mésticas, a pesar de que
muchos de ellos han termi
nado la escuela secundaria, Pero ocurre
que se insertan en un mercado de trabajo
donde las exigencias de escolarizacn han
aumentado, los títulos escolares se han de-
valuado, y el marco de precarización es
cada vez mayor.
- ¿Qpapel desemparon las ONGs en
el período abarcado?
- Las llamadas ONGs para el desarrollo
integran un conjunto que constituye un uni
verso institucional cuyo foco principal de
actuación es colocado en la "transferen
cia de capacidades" a ios "sectores popula
res" con ei objetivo de que a través de su
propio esfuerzo puedan mejorar sus condi
ciones de vida. Abordan una serie de temá
ticas que incluye bitat, nero, derechos
humanos, salud, educación / capacitacn,
medio ambiente, asesoramiento legal, in
formación y produccn.
Muchos autores señalan que et
protagonismo que cobran las ONGs a partir
de la década de 1980 en nuestro país, está
asociado, por un lado, a la clausura política
y sindical ocurrida en la última dictadura
militar y por el otro, aunque más reciente
mente (década de 1990), a su rol de
subsidiaridad frente al retraimiento del Es
tado de Bienestar
Algunas críticas son muy fuertes. Cier-'
tos autores como Petras señalan que, finan
ciadas por parte de los Estados Latinoame-
ricanos, ONGs internaciona
les, organismos multinacio
nales y gobiernos estado
unidenses y europeos, la
mayoría de las ONGs
enfatizan "proyectos" no
movimientos, de alguna
manera "movilizan" a la
gente para producir en los
márgenes, a través de la
autoexpiotación (auto-ayu
da) y las micro-empresas, desviando la aten
ción de los orígenes y de las soluciones de
la pobreza (mirando hacia abajo y hacia
adentro, en vez de hacia arriba y hacia fue
ra), despolitizando y desmovilizando a la po
blacn pobre y convirtiéndose en ía "cara
comunitaria" del neoliberalismo.
Creo no es posible caracterizar al es
pacio de las ONGs como uniforme, sino que
hay que reconocer que el mismo es alta
mente heterogéneo.
También es necesario reconocer que
no son claros los resultados del avance en
el área social de las ONGs, dadas las ca
ractesticas del contexto socioeconómico
y político que se ha vivido, que no lo se
traducen en un crecimiento del mero de
«... los miembros de la
segunda generación
hcen la misma
trayectoria labora tipo
que sus padres, a
pesar de haber
acumulado mayor
capital escolar...»
7 2 Año III, S, abril 2005. Pag. 67-73
ONGs sino también en modificaciones en
su funcionamiento interno y en relación con
el Estado nacional y los organismos de
financiamiento internacional. Lo Vuolo
menciona que en los pro
pios planes sociales del Es
tado aparece la promoción
de instancias de articula
cn con las ONGs, las que
se ubican entonces en un
confuso espacio de repre
sentación de los grupos
más subordinados y de le
gitimación de la propia ac
cn estatal, y se erigen, de
ese modo, en instrumentos
de gestión y administracn
de la pobreza y con ello, de control social.
Por otra parte, en gran medida, las ONGs
consolidan un modelo asistencial que hace
de la participación y del esfuerzo individual
la clave para resolver el problema de la
pobreza.
- ¿Qué nos puede decir sobre las visiones
que sustentan en general las políticas con
tra la pobreza ?
- Esta cuestión está muy bien trabaja
da en el libro de Lo Vuolo y otros autores,
llamado La pobreza de la política contra la
pobreza (Buenos Aires, CIEPP-Miño y
Dávila, 1999). La síntesis sea que, frente
al agudo problema de la pobreza, prevale
ce en el país, como en los otros países de
la Región, una visión "asistencial-represi-
va" del mismo, donde la pobreza se ve
como un peligro social y político para la
"gobernabilidad" del sistema, visión influi
da por las llamadas visiones "tecno-liberal"
-que alega que la solución del problema lle
gará en el largo plazo como resultado del
crecimiento económico, el empleo y los
micro-emprendimientos que revalorizan
los activos económicos de los pobres- y
"caritativa" -que valoriza principalmente la
solidaridad moral como ética personal de
los donantes y promueve la fraternidad
entre los propios pobres alenndolos a su
auto-organización económica, favorecida
por las acciones de las organizaciones no
gubernamentales que par
ticipan en la aplicación de
las políticas dirigidas hacia
los pobres*.
Como esn teñidas de
estas visiones, las políticas
dirigidas contra la pobreza
son, en realidad, dicen los
autores, políticas pobres de
la pobreza, conjunto de pro
gramas dispersos, desarti
culados, sin una coordina
ción global, con escasa asignación de re
cursos, focalizados al extremo y ligados a
un uso clientelístico, donde una de las ca
racterísticas sobresalientes es la de consti
tuirse como técnicas de gestión de la po
breza y de control social.
- En este contexto actual, ¿q podemos
realizar desde nuestro rol como educado
res, en los distintos niveles del sistema,
para afrontar y superar esta situacn?
- Los educadores solos no podemos
afrontar ni mucho menos superar esta situa
cn. Hay serios problemas estructurales, de
larga data, cuya solucn puede venir sólo a
partir de la implementación de políticas con
cretas, que comprometen niveles de deci
sión que exceden el ámbito propio de los edu
cadores. La solución pasaría en todo caso
por un trabajo colectivo donde, dados los
cambios necesarios (fundamentalmente eco
micos y poticos o, mejor, de política eco
nómica) en los distintos niveles del Estado,
los educadores nos comprometamos a acom
parlos desde nuestros lugares concretos
y a partir de nuestras tareas especificas. Eso
no quiere decir que tengamos que esperar
que "vengan" los cambios: podemos incitar
los, reclamarlos, exigirlos.
«Los educadores solos
no podemos afrontar
ni superar esta
situación (...) esto no
quiere decir que
tengamos que esperar
que 'vengan
'
fos
cambios: podemos
incitarlos, reclamarlos
,
exigirlos...»
P e d n a ó & ie a á , Añt> III, 5, abril 2005. g. 67-73
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