
la voluntad, y proponen un camino de apro
piación de la propia realidad. Esto significa
que ef proceso educativo ofrecido en los
colegios de la Compañía, a la par que pro
porcionaba una sólida formación académi
ca, conducía a conocerse profundamente a
sí mismo y a encontrar el sentido de la vida,
So que sin duda modelaba la personalidad y
el modo de ser.
Es posible entonces interpretar el fin edu
cativo de la Ratio Studiorum: juntar virtud y
letras, formar en la excelencia en la educa
ción y en el desarrollo espiritual conjuntamen
te; educar personas virtuosas y al mismo tiem
po académicamente competentes.
A quienes interpretaban diariamente los
códigos de la Ratio estas prácticas le daba
una experiencia y un hábito que los llevaba
a tomar su profesión como una misión per
sonal, donde no existía diferencia alguna
entre su consagración a un quehacer coti
diano y sus ideales religiosos e intelectua
les. Según Miguel Petty (Cfr. Petty en UNI
VERSIDAD CATÓLICA DE CÓRDOBA,
2001:187) su primera lección pedagógica fue
despertar la comprensión de que la labor
educativa se centra, sobre todo, en las per
sonas, tanto de directivos como de profe
sores y estudiantes, en su crecimiento y en
su maduración a quienes él reconoce como
los verdaderos protagonistas de la educa
ción, cada uno desde sus funciones propias,
dentro de un conjunto con espíritu y objeti
vos comunes. Todos ellos constituyen la
común unidad educativa, donde todos son
educadores en mutua interacción personal.
La Ratio Studiorum fue un sistema edu
cativo encaminado principalmente al desa
rrollo humano integral de tos jóvenes estu
diantes, a través de una educación que no
era meramente intelectual, sino que tam
bién se orientaba a la formación de la vo
luntad y de los afectos, a la educación del
carácter y a la formación religiosa. Intenta
ba instruir, al mismo tiempo que educar, unir
el pensar con el hacer, el saber con el sen
tir, procurando la formación de ciudadanos
probos y virtuosos.
La práctica del discernimiento que Ig
nacio propone en los Ejercicios Espirituales
y que iba de la mano de los aspectos aca
démicos, puede ser considerado un instru
mento pedagógico que despertaba proce
sos formativos vinculados a la interioridad
de la persona. El discernimiento no estaba
tomado como un mero conocimiento inte
lectual sino como el camino hacia el juicio
recto sobre sí mismo y sobre una situación
de vida, donde actúan el corazón, el enten
dimiento y la voluntad en la búsqueda de la
voluntad de Dios y en el compromiso con
ella a través de la libertad.
Este “modo de proceder" en los estu
dios se sostenía en el descubrimiento del
hombre -con todas sus potencialidades, fí
sicas, afectivas, intelectuales y sociales-
como un ser capaz de discernir acerca del
sentido de su vida y de las cosas y de po
nerse al servicio de ese sentido interpre
tando en cada caso los tiempos, los lugares
y las personas presentes en cada realidad.
El conocimiento de la obra educativa
de la Compañía de Jesús y su repercusión
en el tiempo, tras 1a lectura de la Ratio, per
miten inferir que estas prácticas de discer
nimiento llevadas a cabo conjuntamente con
los procesos educativos de los que forma
ban parte, fueron las que contribuyeron a
imprimir un sello específico en quienes par
ticipaban de esta educación y donde es po
sible radicar la fuerza capaz de impulsar los
frutos reconocidos luego.
Éste ha sido quizá el meollo de la res
puesta que la Compañía de Jesús ha dado a
las necesidades de cada cultura y de .cada
sociedad a lo largo de tres siglos. A nuestro
entender puede ser considerado como el le
gado jesuíta a la educación en América.
Original recibido: 30 - 07 - 2004
Original aceptado: 05 - 11 - 2004
‘PedeiQÓfieoi. Año 111, N a S, abril 2005. Pég. 29-41
39