La tetra con sangre entra
La tetra con sangre entra
La tecnología cCiscipfinaria escotar, sujeto, saf>er, poder
Marta {Palacio *
El articulo expone los rasgos principales del pensamiento de Michel Foucault. Explícita
sus preocupaciones centrales a lo largo de toda su obra: saber cómo nos hemos constitui
do en sujetos a partir de ciertos discursos, saberes, prácticas, relaciones de poder y "tec
nologías del yo'\
Se analizan, particularmente, los procesos disciplinarios de tas instituciones de la Mo
dernidad -la escuela en particular- y cómo estas cticas y estrategias de poder iograron
disciplinar los cuerpos y conformar las identidades de tos individuos.
Sujeto - Saber - Poder - Disciplinas - Institución escotar
The article states the principal features of Michei Foucault's thought. It explains his
central concerns throughout his work: knowing how we have become subjects as from
certain discourses, knowledgef practices, relations of power and "technologies of the self".
Disciplinary processes of institutions belonging to Modernity are particularly anaiized
and how these tactics and strategies of power could discipline the bodies and make up the
individuals' identities.
Subject - Knowledge - Power - Discipline - School institution
* Periodista. Licenciada y Profesora en Filosofía. Doctoranda en Filosofía. Profesora de la Unlversload
Católica efe Córdoba, de la Universidad Nacional de Córdoba v del Centro de Estudios Filosóficos y
Teológicos (Argentina). E-mall: rnartapalacto@arnet.com.ar
Año III, 5, abrí/ 2005. Pág. 16-28
ARTÍCULOS
1. El pensamiento y la obra de
Michef Foucault
"Rotura con ef pasado, posibilidad de
lo nuevo" así define el pensar foucaultiano
uno de sus comentaristas de lengua hispa
na (Cfr. Morey en DELEUZE, 1987:12), El
esfuerzo teórico de IMichel Foucault (1926
1984) es orientado a deconstruir las evi
dencias de ios saberes dados en Occidente;
mostrar la conformación de sus sucesivas
capas arqueoiogicas; reaüzar una genealo
gía de sus orígenes cticos y concretos;
cuestionarlos en su verdad y certeza. La fi
nalidad es abnr el pensamiento, aunque
para hacerlo tenga que acudir -como su
maestro Friedrich Nietzsche- a filosofar con
el martillo.
Nos dice Foucault que la genealogía fue
el todo empleado por Nietzsche para re
tornar a la historia efectiva: la de la vida y
las relaciones de poder entabladas entre los
sujetos históricos de determinados peodos.
Ya no se trata más de fundar metafísica-
mente la historia ni de otorgar razones
teleoíógicas o meta-históricas a los aconte
cimientos. La historia debe reposar nueva
mente en el cauce del devenir, del cambio
incesante, de la contingencia azarosa de los
acontecimientos singulares. La historiografía
debe recuperar ia singularidad del aconte
cer y abandonar el deseo metafísico de cons
tantes universales meta-hisrico que ex
pliquen el todo (Cfr. FOUCAULT, 1992:7-29).
La genealogía nietzscheana abre el cau
ce a posteriores estudios históricos y
epistemológicos franceses: Koyre, Bachelard,
Canguilhem, Foucault y otros. Quizás entre
todos ellos descolia M. Foucault como uno de
los más originales y renovadores pensado
res de la última m«tad del siglo XX. Su pen
samiento atraviesa campos epistémicos hasta
entonces clausos y autónomos entre sí -psi
quiatría, medicina, histe ria, jurisprudencia,
filosofía, biología, linística, sociología’ , ar
ticulándolos en una búsqueda común:
ia
constitución ontoíógica de ta subjetividad. En
su saueda minuciosa de la diferencia, de
la racionalidad especifica, de la veridicción
de una época, de la particularidad cotidiana,
su mirada penetra -atravesándolos trans
versalmente- en los saberes y en las rela
ciones de pooer que se establecen entre los
sujetos.
Las investigaciones de Foucault se
orientan a inquirir filosóficamente los mo
dos de articulación hisrica entre saber,
poder y sujeto. Indagan en la historia los
vínculos entre las diversas formas de cono
cimiento, las relaciones de poder y los mo
dos de subjetivación.
Los alisis foucaultianos, a lo largo de
su proiífera y variada obra,1 nos descubren
cuán atravesados estamos de líneas y es
tructuras simbólicas, qué peso han tenido y
tienen sobre nosotros, hasta qué punto es
tamos hechos y rellenos de esta 'materia
simlica" depositada en la evolución histó
rica y socializada por los procedimientos
institucionales. Foucauft, como quizás Marx
o Weber, ha logrado sacar a luz, en un origi
nal procedimiento hisrico de visibWizar, en
las prácticas concretas y cotidianas de la
vida de los sujetos occidentales, la fuerza
que las representaciones simbólicas, éticas
y religiosas tienen soore los individuos-ob
jetos, cómo se han canalizado en los saberes
y oiscursos, bajo que tecnologías de poder
o procedimientos disciplinarios han sido
individualizados los sujetos y distinguidos de
las poblaciones, de qué modos o tecnolo
gías del yo han sido reeiaboradas por el
sujeto en un proceso estético auto-poiético.2
1 Véase la completa resa de su bibliografía realizada por Julio Torres Santomé (Cfr; Santomé en BALL,
1994:208-214).
2 Véase el interesante artículo de Frederic Gros en que distingue el uso filofico y el histórico de los
conceptos de Msubjetivacíóri',J "tecnologías del yo" y Velación <3e sE" (Cfr GROS, 2002:229-237),
PcJoféftcta. Año III, NO 5, ¿tbrii 2005. Pág. 16-28
?7
La ¡etra con sangre entra
Foucault cuestiona el a priori con el que
nacemos y vivimos buena parte de nuestra
vida. Sospecha del "monadismo biográfico":
esa creencia de que somos "estructuras or
gánicas autosufidentes". En realidad esto
responde a una representación abstracta,
ilusoria, elaborada por las ciencias huma
nas nacidas en los siglos XVIII y XIX. Para
Foucault el "hombre" no existe; es decir, no
existe ese sujeto abstracto definido o por
su racionalidad, o por su naturaleza, o por
la evolución biológica. El que existe es el
sujeto concreto en determinada situacn y
condiciones reales de vida.
Un universo de sedimentos simbólicos
de poderes-saberes nos ha penetrado y ca
lado hasta lo más hondo de nuestra
corporeidad. Cuando en 1977 publica la en
trevista "Las relaciones de poder penetran
en los cuerpos" (Cfr. FOUCAULT, 1992:153
162), Foucault explícita cómo en la evolu
ción de sus obras, a partir de La Historia de
la locura en ía época clásica (1964), El orden
de! discurso (1970), Vigilar y castigar (1975)
hasta el primer volumen de La historia de la
sexualidad (1976), su intes se orienta a
entrever el Interior' en lo 'exterior', el juego
de la reversibilidad de los pliegues históricos
y ontologicos de los sujetos, el
disciplinamiento político de nuestra sociedad
burguesa, la administración de la energía hu
mana, las pautas y reglas de la vida institui
das como estados de derecho no siendo más
que estados de hecho. A lo largo de su obra,
Foucault asume un viraje en su concepción
del poder, -en un principio admitido como un
vector negativo y represivo-,3 para repre
sentarlo en sus últimas obras como una fuerza
de productividad, de producción de saberes,
de instituciones disciplinarias; en suma, el
poder como productor de subjetividad,
m
Nuestras instituciones occidentales nos
han instituido como sujetos, y nosotros nos
hemos "asujetado", frgado a través de pro
cesos éticos de constitucn del yo al orden
instituido merced a los circuitos entre la
verdad y el poder, o mejor dicho, entre los
saberes y las relaciones de poder. En esta
circularidad de relaciones que refuerzan al
infinito el orden simbólico instituido nos ha
llamos como sujetos* La malla de redes de
poder-saber-discursos son las 'autopistas'
por las que transitamos las diversas posi
ciones de sujeto sin poder salimos de ellas,
a no ser por el pensamiento crítico libera
dor (Cfr FOUCAULT, 1990:141-150)*
En este sentido Foucault se inscribe en la
gran tradición crítica kantiana: pensar para
liberar, no ya de la minoridad racional, sino
del peso de las estructuras histórico-cultura-
les ignoradas y no elegidas. Esfuerzo tinico
del pensamiento por erguirse bajo las pesa
das losas de las certezas y los mandatos his
ricos. cLogrará su cometido el pensamien
to ctico? ¿Podremos ser más libres de lo que
nos creemos por el lo hecho de cuestionar
lo dado? ¿Jaquear con el análisis introspecti
vo los propios procesos históricos de consti
tucn de nuestras identidades en los que han
intervenido las naturalizaciones, las ficciones
del lenguaje, los procedimientos disciplinarios
de las instituciones que nos han instituido?
Tal pareciera ser la apuesta del pensamiento
y la obra de Michel Foucault.
Interroga a la historia desde un particu
lar punto de partida: el sujeto actual. Su
mirada inquisitiva se desplaza por la historia
con el propósito de responder a la pregunta:
¿cómo hemos llegado a ser lo que somos?*
Para responderla estudiará las instituciones
totales surgidas en la modernidad clásica.
3 Este viraje de una concepción del poder como "opresor" a una concepcn del poder como "productor"
le acarreó numerosas criticas de los sectores Intelectuales marxistas más ortodoxos (Cfr TARCU5,
1993:249 y Acanda en AA.VV., 2000:73-119), *
* Véase el excelente estudio introductorio al pensamiento foucaultiano de Patxl Lanceros, publicación
de su tesis doctoral presentada en la Universidad de Deusto (Cfr. LANCEROS, 1996:91-93).
* D iᣠ*9* 4 .X 1 yrn ¿o*J. A ñ o III, N° S, abt 2005. Pég. 16-28
ARCULOS
Posicionado en la tradición crítica, aun
que manifestando que su Filosofía no es un
sistema sino un método o una caja de he
rramientas (Cfn FOUCAULT, 1992:173),
Foucault cuestiona la revolución burguesa y
el Estado moderno como sustitutos del pa
raíso perdido. El Estado, y sus instituciones
-la brica, la rcel, el hospital, la escuela,
etc.- constituyen la sustitución ética y políti
ca del mundo religioso anterior propio del
Anden Régime. El Estado y las instituciones
modernas se han erigido como absolutos en
un "discurso humanista" que justifica la
muerte de los individuos en las guerras, el
sacrificio corporal en el gimen laboral ca
pitalista, la exclusión de los sujetos
inadaptados ai sistema, la marginacion de
los miserables, el exilio de los locos, el
disciplinamiento de los sujetos en un mun
do de control y vigilancia infinita sobre los
cuerpos. En Vigilar y castigar dice Michel
Foucault: "Ha habido, en el curso de la edad
clásica, todo un descubrimiento del cuerpo
como objeto y blanco de poden Podrían en
contrarse cilmente signos de esta gran
atencn dedicada entonces al cuerpo, al
cuerpo que se manipula, al que se da for
maf que se educa, que obedecef que res
ponde, que se vuelve bil o cuyas fuerzas
se multiplican" (FOUCAULT, 1988:140).
En ei ultimo periodo de su vida y de su
pensamiento, su estudio se dirige hacia la
Grecia clásica y el período helenístico ro
mano con el fin de escudriñar las primeras
teorizaciones sobre las tecnologías del yo.
En el fondo su búsqueda histórica sobre ios
modos de ser del sujeto se orienta a ensan
char los márgenes de libertad del sujeto
moderno (Cfr. FOUCAULT, 1990:143).
Foucault está mirando al sujeto occidental,
blanco y europeo, del que realiza una her
menéutica de sí, persiguiendo algunas téc
nicas de sí mismo o "tecnologías del yo";
algunos saberes o ciencias en que el sujeto
se ha objetivado; algunos discursos sobre
si mismo. Pretende poner en escena la his
toria de las "técnicas de subjetividad" -las
formas y los procederes- en que el hombre
se constituyó en sujeto y objeto a sí mismo
en algunos momentos del decurso histórico
de occidente. Este estudio histórico lo hace
desde algunos textos de la antigüedad greco
latina, del cr-stíanismo medieval y de la
modernidad europea.5
El estudio que emprende Foucault en
su última etapa es una h:storia de los mo
dos según los cuales los individuos se cons
tituyen en sujetos de conducta moral: his
toria de ia ética o de la "estética de la exis
tencia". Foucault entrevé un ethosr un modo
de ser o espacio ético entre el código y el
comportamiento de los individuos, en el que
se configura eí individuo como sujeto rno-
ral. El sujeto moral se constituye a sí mis
mo sen el entorno en el que se halla, en
un dispositivo o red de discursos, prácticas,
reglamentaciones, enunciados, tradiciones
y decisiones. ¿Es intencional o pasiva esta
auto configuración de sí mismo en sujeto
moral? ¿Que elementos complejos y espe
cíficos la determinan?
2. El poder en la visión foucaultiana:
tácticas y estrategias disciplinarias
Michel Foucault de entrada se propone
pensar con mirada etnológica la historia del
pensamiento occidental, quebrando así toda
complicidad con los ooderes instituidos.
Para poder abrir espacio a la libertad,
Foucauft estudia el poder como algo his
ricamente producido: su estructura, sus
mecanismos y estrategias, sus vasos comu-
5 Los cuestlonamSentos que Michel Foucault realiza al cristianismo tienen que ver con la particular
relación entre auto-conocimiento y manifestación pública cíe la verdad de sí. Af respecto puede
consultarse el artículo de Marta Palacio (Cfr. PALACIO, 2004:413-422).
& ú íC < * $o 4 Pcrfsi&w c&J. Ano III iVd 5, abril 200S. Pag. 16-28
La letra con sangre entra
rucantes. Intentará mostrar cómo funcionan
las tecnologías de poder, es decir, las Tuer
zas coercitivas disciplinarias de los proce
sos de individualización de los sujetos y de
totalización de las estructuras del sistema
político moderno o instituciones de normali-
zac ón (estado, escuela, cárcel, psiqutri
co, hospital, justicia, etc.), con el proDósito
de pensar cómo podemos liberarnos de
ellas.
"A partir del siglo XVI y XVII, en ei
ercito, en las escuelas, los hospitales, los
talleres y otros espacios, se desplegaron
toda una serie de técnicas de vigilancia y
de control, de mecanismos de identificación
ae los individuos, de cuadriculación de sus
gestos y de su actividad, que fueron con
formando determinados tipos de producto
res'1 (FOUCAULT, 1996 (1):26).
Foucault sia su trabajo en relación con
los planteos weberianos: se interesa por ios
procesos de racionalización de occidente y
realiza una genealogía de la moral. El capi
talismo necesitó de sujetos productores con
figurados a paitir de un determinado ethos,
según lo puso de manifiesto Max Weber en
sus estudios sobre el capitalismo y la ética
protestante. El aporte foucaultiano abrirá el
campo a la investigación de las tecnologías
de poder o formas institucionalizadas de
disciplinamiento por las que se controla al
sujeto y se le inculca una determinada ra
cionalidad (Cfr. Mlvarez-Uría en FOUCAULT,
1996 (l):20-30).
Las tecnologías de poder son técnicas
de objetivación de los sujetos o procesos
disciplinarios, apoyadas sobre determinados
saberes o veridicciones sobre el sujeto. Di
chas tecnologías cuadriculan el campo so
cial en espacios y tiempos. Someten a los
sujetos a determinados tipos de fines o de
dominación de las instituciones considera
das letimas. Logran una modificación de
los individuos a partir del aprendizaje de
determinadas actitudes. El poder disciplina
rio, las "tecnologías de poder" atraviesan
los cuerpos y dejan grabada la norma en
las conciencias. "A estos métodos que per
miten el control minucioso de las operacio
nes del cuerpo, que garantizan la sujeción
constante de sus fuerzas y les imponen una
relación de docilidad-utilidad, es a lo que se
puede llamar las disciplinas" (FOUCAULT,
1988:141).
Define el poder como una "relación" que
se da entre sujetos sociales. Siempre se dan
entre los sujetos relaciones de poder, aun
que sus posiciones varíen según su ubica
cn en la red social. Las relaciones de po
der configuran el espacio de lo blico y de
lo social; penetran en las instituciones; se
articulan sobre los saberes y sobre los jue
gos de verdad. Son siemDre relaciones "aquí
y ahora", por lo tanto mobles, dinámicas e
históricas. Suponen el establecimiento de re
glas adoptadas e impuestas por los sujetos
según sus posiciones relativas.
Para responder a la pregunta: "¿quié
nes somos nosotros en este presente?"
Foucault desmonta la articulación entre
saberes verdaderos, relaciones de poder y
formas de subietivacion, En consecuencia,
cuestiona la racionalidad política y moral
dominante intentando sacar a ia superficie
las raíces de las racionalidades (genealogía
del poder) para liberarnos de la imposición
individualizante y totalizante del poder polí
tico moderno.
Esta racionalidad específica supone
formas jurídicas, formas discursivas, for
mas de las veridicciones, Formas morales,
etc., en que el poder se transforma, se
mimetlza y se expresa. El poder reside en
las palabras, en las miradas, en los cuer
pos, en los deseos, en las virtudes, en las
normas, en las sensibilidades, en las per
cepciones. El ooder cobra cuerpo y fuerza
cuando se articula en discursos, en conoci
mientos, en coacción, en legalidad, en epis
temología, en instituciones. Todos los su
jetos somos actores de relaciones de po
der y todos las padecemos. Son relaciones
reversibles porque son "relaciones". El po
i ü O Prt¿at»¿cHeo¿. Año I/I, N° S, abril 2005. Pág. 16-28
ARCULOS
der no es una sustancia que se adquiere y
se conserva, No es una entelequia. No es
una realidad suprasensible y metafísica. El
poder es una forma de vinculacn históri
ca que atraviesa los cuerpos y las mentes
y que configura el modo de ser de los su
jetos. El poder es un modo de posiciona-
miento con el otro. No hay poderes igua
les. Hay múltiples relaciones de poder que
se actúan en diversas circunstancias y tiem
pos. El espacio privado y el espacio públi
co están surcados por infinitos lazos de
poder que se anudan y forman nodos
interactivos. Todos estamos metidos en la
malla o red de poder. Todos estamos igual
mente implicados. La mala conciencia es
pensar que el poder lo ejercen algunos y
otros son los sometidos, los alienados. El
pensamiento dualista y maniqueo estable
ce la polaridad y la fija ad eternum. El
naturalismo ontologizante termina imagi
nando una gran masa humana sujeta y so
metida a un poder omniabarcante y abs
tracto: marxismo, liberalismo, globa-
lización. La realidad es una compleja ur
dimbre de relaciones de poder: lo pode
mos tener "visualizaciones" provisorias de
las relaciones de poder en que está in
volucrado un sujeto.
Con su tesis de que el poder es una
"microfísica" desontologiza al poder; lo
arranca de la perspectiva sustancialista que
se nos <mpone por la cosificación de los dis
cursos, por las declaraciones de la verdad,
por ía legalizacn de los saberes, por la
sustantivación de la ética El poder no es
una sustancia srno una estrategia, unas tác
ticas, unas técnicas, una red siempre tensa
de relaciones, de lucha permanente. He aq
lo genuino del pensamiento foucaultiano del
poder.6 No asocia el poder sólo con una cla
se dominante, sino que ubica la mirada en
describir y explicar cómo el poder se mani
fiesta y acompaña también la posicn de
los dominados (Cfr. FOUCAlfLT, 1988:33).
Para Foucault el poder se ejerce como
una tecnología precisa fdisciplina escolar,
métodos punitivos y de castigo, control so
cial) sobre los cuerpos de los ciudadanos,
basándose en un discurso científico o saber
que la contiene. De algún modo responde a
una "ingeniería de lo humano y de lo so
cial" ciencia cuyo objeto es el hombre y
cuyo método es la previsión, organización,
clasificación, y tipificación de las acciones
humanas. A partir de este saber se delinean
las estrategias de poder que se aplicarán
sobre los cuerpos: tecnologías políticas del
cuerpo para lograr su docilidad, utilización
y sumisión.
Ei poder no lo es negativo, coercn
o represión, sino que para Foucault es una
fuerza productiva sobre fos sujetos, porque
los atraviesa y los constituye. Destruye la
visn maniquea ingenua: "nosotros somos
los buenos, ellos son los malos". El poder
considerado como "relaciones de poder" que
atraviesan los cuerpos y desciende en el
espesor de la sociedad, se localiza en todas
partes: Estado, indi\¿.duosf instituciones, ley,
gobierno* 7 iene un mecanismo específico de
funcionamiento: ei de tácticas y estrategias
(Cfr FOUCAULT, 2002:112-125),
Foucault rompe con la visión clásica
socrática que opone, por un lado, el saber
libre y desinteresado, sin contaminación con
el poder; y por otro, al poder como una fuer
za negativa que enloquece y entorpece la
razón. "Hay que admitir más bien que
poder produce saber (y no simplemente fa
voreciéndolo porque lo sirva o aplicándolo
$ Gilles Deleuze -de quien Foucault reconoce haber sido un pluralista cuando aún él era comunista (Cfr
FOUCAULT, 1996 (2):148)~ señala que Foucault fue el primero en teorizar sobre e> poder como una
estrategia y no ya como un todo homogéneo, "Y cuando en 1975 Foucault vuelve a una publicación teórica,
creemos que es el primero en inventar esa nueva concepción dei poder que buscábamos sin acertar a
encontrarla nt a enunciarla" (DELEUZE, 1987:50).
A ñ o 111, N ° 5, ¿itoril 2005. Pág. 16-28
2 ?
La fetra con sangre entra
porgue sea utif); que poder y saber se im
plican directamente el uno al otro; que no
existe re faen de poder sin constitución
correlativa de un campo de saber, m de sa
ber que no suponga y no constituya al mis
mo tiempo unas relaciones de poder"
{FOUCAULT, 1988:34).
Al vincular saber y poder del modo en
que io hace, Foucault desmantela la noción
de sujeto abstracto universa!, sin espacio y
sin tiempo, a-hístónco, no-inserto en insti
tuciones. El sujeto es producto de las rela
ciones de poder-saber. Foucault cuestiona
la concepción moderna de la orimacía del
sujeto, en que el sujeto es el que produce
el saber, útil o reactivo al poder, y nos pro
pone pensar que el proceso conflictivo del
poder-saber es el que determina las formas
y íos campos del conocimiento. El analisis
que propone de la microfísica del poder como
"cerco potico del cuerpo implica zafar de
las grandes categorías con que hasta ahora
se ha pensado el poder: ideologia-violen-
cia, propiedad, contrato, conquista (Cfr.
FOUCAULT, 1988:35).
Puede deerse que Foucault a lo largo
de toda su obra, al estudiar la nistona del
pensamiento, ha querido realizar una "on-
tología cíe nosotros mismos" en tres ámbi
tos que se vinculan entre sí: verdad, po
der, ética. Investiga cómo nos hemos cons
tituidos en sujetos de conocimiento, mo
nos hemos constituido en sujetos por Jas
relaciones de poder que actuamos, y cómo
nos hemos constituido en sujetos de accio
nes morales iCfr* Morey en FOUCAULT,
1990:25-26},
Al estudiar las relaciones entre racio
nalidad y poder, tal como las concibió ia Ilus
tración, Foucault se diferencia de los críti
cos frankfurtianQs que investigaron sobre
la racionalidad en general (Cfr. FOUCAULT,
1990:97). Por el contrario, nuestro autor
segmenta los campos de experiencia en
que la racionalización de la sociedad o de la
cultura se planteó: locura, enfermedad, cri
men, sexualidad, etc., para detectar en ellos
las tecnologías de poder aplicadas (pcti
cas y discursos) y la racionalidad específica
que constituyeron a los individuos en suje
tos hisricos (procesos de subjetivaciun
historíeos o distintos modos de ser sujeto).
El sistema de poder y de subjetivación
de los individuos, articulado a un saber es
pecífico, se hace vulnerable cuando se
visibilízan sus elementos enterrados por la
historia ya que quedan expuestos a la libre
voluntad del sujeto consciente que puede
preguntarse: ¿Quién impone las reglas de
lo verdadero o falso de los discursos de
poder? ¿Qué luena de intereses ocultan?
¿Cuál es la política de verdad que se impo
ne? Foucault sitúa su investigación hisrica
del saber y del poder en el sistema capita
lista de vida moderna para que se amplíen
los margenes de libertad de los sujetos que
han recibido una identidad asignada por fos
procesos de producción social de la subjeti
vidad.
3. Las tecnologías disciplinarias de
la escuela moderna
Entre los procesos disciplinarios que
investiga Foucault, le concede particular
atención a la Escuela e instituciones educa
tivas de la modernidad clásica. La mentali
dad y los procedimientos de la Escueía de
fa modernidad han sido enfocados
críticamente por Foucault echando luz so
bre tas técnicas disciplinarias aplicadas so
bre fos cuerpos para ef control de los indivi-
duost que estaban agazapadas tras los plie
gues de los objetivos deí discurso educati
vo humanista clásico.
'la letra con sangre entra". Lo que nues
tro refrán popular refiere es que sólo se
aprende si ef cuerpo experimente disciplina
y sufrimiento. Al sujeto no le basta estar
convencido de la utilidad de los saberes es
colares. No le es suficiente el querer apren
der a partir de las "buenas razones" esgri
22 Año III, Ne 5, abril 2005. Pag. 16 28
ARTÍCULOS
midas por la normatividad social. El cuerpo
debe vivenciar hasta la "sangre" la literalidad
de la lección dada. Sólo a se proauce el
aprendizaje. El refrán desnuda una menta
lidad que no solam ente operó como
legitimadora de una pedagogía -la que sur
ge en la época clásica de la modernidad-
que aceptaba como "normal" la violencia del
maestro sobre los cuerpos de los educandos,
sino que incluso la recomendaba para obte
ner el éxito deseado por los educadores,
los padres, la sociedad, en definitiva, por el
Estado.
El punto que señala Foucault es la sutil
variación de la violencia sangrante a la coer
ción disciplinaria sobre los cuerpos: la "san
gre" se ahora sustituida proyectivarnente
por las percepciones, las sensaciones, los
automatismos corporales, las fantasías, los
sentimientos, los deseos, las representacio
nes conscientes e inconscientes, El poder,
la fuerza de coercn sobre ios individuos,
se ha metamorfoseado en metodoloa di
ctica, en disciplina pedagógica, en una
forma de anátomo-poder, en una tecnolo
gía política institucionalizada* Los reglamen
tos disciplinarios de la escuela de la moder
nidad, a veces escritos, otras veces dichos
por directores y maestros, han estado siem
pre presentes como parte de un procedi
miento para lograr el objetivo: un sujeto
normativizadop normalizado, homogéneo,
que respondiera a las exigencias de la so
ciedad y del Estado moderno.* En definiti
va, lo que se lograba eran "cuerpos dóci
les", a la vez que sumisos, útiles, eficaces e
inteligentes.
Si bien han existido desde antiguo,
durante los siglos XVII, XVIII y XIX las
disciplinas llegan a ser las fórmulas ge
nerales de la dominación. Es llamativo
que éstas técnicas se implementen en las
diversas instituciones de la modernidad
con una analogía procedimental extraor
dinaria
"La disciplina es una anatomía políti
ca del detalle" (FOUCAULT. 1988:143). El
objetivo de la disciplina es encauzar ta con
ducta. Para ello recurrirá a diversas técni
cas de disciplinamiento de ios cuerpos. Ante
todo distribuirá los individuos sobre los es
pacios individualizados y jerarquizados; or
ganizará los tiempos de aprendizaje, de
recreación, de aaiestramiento, de descan
so; establecerá ios ritmos y las pausas;
codificará detalladamente las posiciones y
los gestos corporales vinculándolos a de
terminados símbolos (de pie, sentados,
cabeza erguida, hombros para atrás, bra
zos cruzados, codos, manos, rodillas);
colocará a tos individuos institucionalizados
bajo una visibilidad permanente en que el
control de la mirada de unos sobre otros
no se detendrá nunca; registrará minucio
sa y continuamente las conductas de los
sujetos en documentos oficiales y regis
tros, tos que acreditarán el circuito de los
individuos dentro de las instituciones y a
su vez so«»dificará las identidades de los
mismos.
Aparecen en las instituciones la clausu
ra, luqar diferente y cerrado sobre sí mismo;
división del espacio disciplinario según los
cuerpos o espacio anatico. Cuadriculación del
espacio laboral productivo, lugares separa
dos y distinguidos entre sí sen las funcio
nes que desempeñarán los sujetos, lo que
provoca la descomposicn individualizante de
7 Sobre ios fines sociales de la educacn y de la organización de la escuela moderna puede verse el
excelente estudio de Tedesco (TEDESCO, 1987:13-45). Asimismo, véase: CARR, 1995:96-111.
8 Al estudio de estas técnicas de disciplinamiento corporal,cnicas de "anatomopoder", ejercidas por
las diversas instituciones totales (la fábrica, la escuela, el psiquiátrico, el hospital, la cárcel), Foucault
dedicará la obra Vigilar y castigar (1975), que seguiremos principalmente en nuestra exposicn de
este punto del artículo (Cfr. FOUCAULT, 1988: í 37-230).
. Año ITI, N ° 5, ¿ibrif 2005. Pag. 16-28
23
La tetra can sangre entra
la fuerza de trabajo. Ubicación de los cuerpos
según el rango lo que los obliga circular en
un circuito de relaciones (Cfr FOUCAULT,
1988:147). Meticosidades para encauzar la
conducta. "La organizacn de un espacio se
rial fue una de las grandes mutaciones técni
cas de la enseñanza elemental (...) Ai asignar
lugares individuales, ha hecho posible et con
trol de cada cual y el trabajo simultáneo de
todos* Ha organizado una nueva economía
del tiempo de aprendizaje. Ha hecho funcio
nar el espacio escolar como una máquina de
aprender, oero también de vigilar, de
jerarquizar, de recompensarv (FOUCAULT,
1988:151).
Se trata de que los alumnos ocupen un
orden dentro de otro mayor o alineamien
to: jerarquías de los saberes, méritos, ca
pacidades. La distribución de rangos opera
como táctica de recompensa y de castigo a
la vez. La penalidad es jerarquizante, pues
to que homogeneiza los sujetos según los
delitos cometidos y la pena correspondien
te. La "norma" adquiere poder para regula
rizar, homogeneizar y disciplinar Lo "nor
mal" se instituye como un principio de coer
cn sobre los sujetos (Cfr. FOUCAULT,
1988:186-189).
Las disciplinas fabrican espacios com
plejos: funcionales y jerárquicos a la vez.
Economizan el tiempo y garantizan la obe
diencia de los individuos. Proyectan la idea
lización de valoraciones y jerarquías. La
constitución de "cuadros vivos" permite la
organización de la multiplicidad y la locali
zación de los individuos. Nacimiento de una
microfísica del poder celular f Cfr. FOUCAULT,
1988:153).
La actividad se controla con la regu
laridad temporal: ritmos, ciclos, períodos.
Los gestos y movimientos corporales de
ben ajustarse a la exactitud de los tiem
pos de produccn. No debe haber pérdi
da de tiempo: la uH<dad es por encima
de todo valor "El tiempo penetra el cuer
po, y con él todos los controles minucio
sos del poder" (FOUCAULT, 1988:156). El
tiempo de la disciplina militar se extiende
poco a poco a la pctica educativa: pro
gramas, logros, ciclos, etc., califican a los
-ndividuos según series preestablecidas,
que son secuenciadas y progresivas. El
tiempo que sostiene esta tecnología de
poder y control, es lineaimente uniforme
de modo tal que permita la evolución pro
gresiva de los sujetos ahora indivi
dualizados (Cfr. FOUCAlJiT, 1988:163
165). El ejercicio se impone como técnica
repetitiva y gradual a los cuerpos. Las c
nicas de sujeción desembocan en )a cons
trucción de un cuerpo-máquina, cuya
operatoria está mensurada, cronometrada,
para que produzca el máximo de utilidad.
La disciplina sobre los cuerpos logra ais
larlos como piezas necesarias de una ma
quinaria: su valor reside en la posición que
ocupa, la regularidad en que se moviliza,
la utilidad temporal,9 La disciplina permi
te instalar una maquinaria de control en
las instituciones disciplinarias: microsco
pio de las conductas que serán observa
das, registradas y encauzadas. Foucault
Indica que la vigilancia montada por estas
instituciones es parte del proceso de pro
ducción capitalista, que necesita de ella por
la complejidad de la producción e impor
tancia de la propiedad privada,10
En las escuelas esta táctica es incor
porada. Inscríbese en el corazón de la
práctica de enseñanza una relación de
vigilancia, definida y regulada; no como
una pieza agregada o adyacente, sino
como un mecanismo que ie es inherente
9 "Ei cuerpo se constituye como pieza de una maquina muttisegmentana* (FOUCAULT, i9ñS:I69),
10 ''La vigilancia pasa a ser un operador ecomico decisivo, en ia medida en que es a la vez una pieza interna dei
aparato de producción y un engranaje especificado dei poder disciplinario" (FOUCAUIJ, 1988:179-180}.
2 4 'P ed t* yó$cG 9 ¿. Año I I I S, abril 2005,. Pég. 16-26
A
ARTÍCULOS
y que multiplica su eficacia" (FOUCAULT,
1988:181), El sistema de !a vigilancia
funciona como una maquinaria: una red
de poder, en la que unos se apoyan so
bre otros, y donde el poder se hace múl
tiple, automático y animo. La vigilancia
establece un engranaje en que "tos vigi
lantes son perperMamente vigilados"
{FOUCAULT, 1988:182). El aparato disci
plinario es el que produce ef poder y ubi
ca a los individuos en ese campo perma
nente y continuo sin recurrir, en general
a la violencia.
La Escuela se torna una escuela
"examinatoria".11 "& examen combina las
cnicas de la jerarquía que vtgila y tas de
ta sancn que normaliza, Es una mirada
normaiizadora, una vigilancia que permtte
caiitcarf clasificar, jerarquizar y castigar.
Establece sobre los individuos una visibili
dad a través de la cual se los diferencia y
se los sanciona " (FOUCAULT, 1988:189). El
examen es el nudeo permanente de sa
ber-poder: permite al maestro trasmitir su
saber, y a la par, establecer sobre los alum
nos un campo de conocimientos sobre los
que puede sancionarlos. El examen garan
tiza el traspaso de los saberes del maestro
al alumno
Los mecanismos del examen ponen
de manifiesto una articulacn entre una
forma de ejercicio del poder y un cierto
tipo de formacn del saber: los alumnos
son visibilizados permanentemente, ocu
rriendo así una inversión con el ejercicio
tradicional del poder que se mostraba a
si mismo en un gran despliegue os
tensivo. Ahora, el poder disciplinario
opera haciéndose invisiole; el principio
de visibilidad se ha desplazado sobre
aquellos a los que se somete. El examen
permite individualizar y documentar las
capacidades, habilidades, destrezas y
conocimientos de los individuos escola-
rtzados. De este modo, la escuela bace
ingresar toda una ciencia y un arte de lo
individual, un conocimiento minucioso de
los individuos o "casos" (Cfr. FOUCAULT,
1988:193-196),
Los procedimientos de individualiza
ción, llevados a cabo a comienzos del si
glo XIX han permitido al poder disciplina
rio de las instituciones (asilo psiqutrico,
penitenciaría, correccional, escuela vigila
da, etc.) individualizar a tos excluidos en
base a una división binaria: loco-no loco;
p elig roso-i nof en si vo; normal-anormal, y
recurrir a una distribución diferencial coer
citiva: quién es; dónde debe estar; mo
vigilarlo; etc. El anormal es marcado y vi
gilado. Foucault considera al Panóptico de
Bentham como el modelo arquitectónico
de este ejercicio del poder (Cfr. FOUCAULT,
1988:203). Cada sujeto está constante
mente visibilízado y perfectam ente
individualizado por uin poder desindivi
dualizado. El efecto mayor del panóptico
es que induce al vigilado a un estado cons
ciente y permanente de visibilidad que
garantiza el funcionamiento automático del
poder. Surge una sujeción real de una re
lación ficticia: la conciencia inquieta del
visto-vigilado que nunca sabe cuándo lo
vigilan y observan. Ya no es necesario
ejercer la fuerza física para obligar al con
denado, ai loco, al obrero, al escolar, El
poder se ha hecho sutil e invisible y su
fuerza es m icrofísica, incorpórea. El
panoptismo importa un mecanismo de a
mayor saber por ía observacn del indi
viduo, mayor poder sobre él, puesto que
el mecanismo de control ha penetrado en
los comportamientos. Es una nueva "ana
tomía política" cuyo objeto son las rela
ciones de disciplina (Cfr. FOUCAULT,
1988:213),
11 "...La escueta pasa a ser una especie de aparato de examen ininterrumpido que acompaña en toda su longitud
ta operación de enseñanza* (FOUCAULT, 1988:191).
. A ño III, 5, abril 2005. &ág. 16-28 25
i
La letra con sangre entra
4r A modo de conclusn
En este ensayo hemos pretendido in
terpretar los cleos del pensamiento de
Michel Foucault,13 los objetivos que animan
su obra, y las teorizaciones relativas a la
escuela como institucn de la modernidad.
No es una mera síntesis de su posición teó
rica sino una reconstrucción hermenéutica
de la misma a partir de la lectura y análisis
de diversos textos del autor consultados/
En particular, hemos prestado especial aten
cn a las ideas expuestas en Vigilar y Cas
tigar ya que esta obra se centra en el estu
dio de las prácticas disciplinarias propias
de las instituciones surgidas en la moder
nidad. El propio Foucault ha sido honesto
en su autocrítica al esbozar cómo sus
planteos pudieron sólo asumirse como exa
geradas denuncias de un panoptísmo del
control social, clarificando sus genumos in
tereses al estudiar el poder en occidente
los que se orientaban más bien hacia una
critica emancipadora del sujeto contem
poráneo a partir de un genealógico análisis
histórico que a una mera denuncia.14 En
sus últimas obras -especialmente en los
vomenes segundo y tercero de Historia
de ¡a sexualidad- el interés del autor se
centrará de lleno en los "modos de rela
cn ética" o modos en que nos hemos re
lacionado con nosotros mismos en deter
minados períodos sen una particular ex
periencia histórica para entender lo que
somos, cómo nos hemos hecho hisrica
mente.
Si bien repararnos en los límites
metodológicos de su obra -cuestn admiti
da por el autor como una razón pontica- su
lectura nos deja el sabor de la libertad. Nos
anima a imaginarnos en los márgenes de lo
instituido; a dibujarnos de nuevo; a cortar
con la cadena culposa de la 'mala concien
cia'; quizás, a trazar nuevos maDas
identitarios que nos reubiquen en una reali
dad social de principios de siglo tan pasmo
sa como aplastante.LS
Ei valioso aporte de Foucault a la edu
cación io constituye su legado de un mode
lo de análisis de las instituciones escola
res, en cuanto "instituciones disciplinarias",
del que teóricos e investigadores sociales
han aplicado a los ámbitos educativos con
novedosos resultados.16 Como dice Julia
Varela -eximia estudiosa de la obra
foucaultiana- en el prólogo de Foucault y la
educación: "En países como los de Améri
ca Latina y España, en los que una visn
12 El propio Michel Foucault en el artículo "Foucault" escrito por él para el D’caonaire des phiiosophes,
París. PUF, 1984, Dajo el seudónimo de Maurice Florece, dice: "Michel Foucau*t (...) ha planteado (...)
cuáles son los procesos de subjetivacn y de objetivación que hacen que et sujeto pueda llegar a ser, en tanto
que sujeto, objeto de conocimiento (...) Ha intentado asimismo analizar la constitución del sujeto tal como
puede aparecer del o tro fado de una partición normativa y llegara ser objeto de conocimiento en su condición
de loco, de enfermo o de delincuente- y elfo a tras de prácticas como las de la psiquiata, la mediana cnica
y el sistema penar (FOUCAULT, 1999:364).
13 Véase la bibliografía final de este artículo.
Cfr. FOUCAULT MicheL "Lo que digo y lo que dicen que digo". En: TARCUS, 1993'247-254. La mia no
es en absoluto una afirmacn esquemática, como se podría pensar: se basa en análisis históricos concretos;
he demostrado, por ejemplo, que desde el Cinquecento, el problema del arte de gobernar, et problema de mo
gobernar, con q cnicasj instituyendo qué procedimientos, con qué instrumentos, etc.t era uno de tos
problemas decisivos del mundo occídentaf; cómo gobernar y mo aceptar ser gobernados (TARCUS,
1993:250).
15 En Historia de la sexualidad. Ef uso de ios placeres, Foucault se pregunta sobre la filosoa: Pero cqué es
la losofia hoy -quiero decir ia actividad filosófica si no el trabajo crítico del pensamiento sobre si mismo?
¿Y no consiste, en vez de legitimar lo que ya se sabe, en emprender el saber cómo y hasta dónde sería posible
pensar distinto?" (FOUCAULT, 1984:12).
16 ase los diversos estudios compilados por Stephen Bali en Foucault y la educación (1994).
26 (tso+4 PeefaféfiCOd. Año 1 1 1 N° 5, abril 2005, Pag. 16-28
ARTÍCULOS
ahisrica de los sistemas educativos se ha
convertido en endémica, y en los que el
peso del idealism o, o m ejor del
esplritualismo (y más recientemente de un
positivismo primario), hace estragos, los
e,dos y controvertidos análisis genea
gicos no dejan de ser un estímulo y un
reto para todos aquellos que nos resisti
mos a creer que la suerte está echada. Y
es que uno de los aspectos positivos de
estos análisis (...) es que al diagnosticar el
presente, al poner de relieve la génesis y
funcionamiento de ias instituciones educa
tivas, permiten resistirá la unilateral creen
cia de que los sistemas de enseñanza es
n fatalmente avocados a producir des
igualdades y a generar desidia y fracaso,
como si éste fuese su destino inexorable"
(Varela en BALL, 1994:14).
Evaluar críticamente los aportes de
Michel Foucault en los diversos campos
cuyo genio ingresa con maesta y brillan
tez es una tarea ardua y compleja, por
ia variedad de sus incursiones teóricas y
por los virajes de su propio pensamiento
graficados en la evolución de sus obras:
de la búsqueda de los ogenes, al estu
dio de los discursos, al análisis de las
prácticas no-discursivas, al estudio del
poder/saber, al estudio histórico de las ex
periencias éticas de diversos periodos
griego, helenístico, cristiano de sus últi
mos escritos.
Muchos críticos han salado atinada
mente que no hay un único Foucault (Cfr.
BUVNCHOT, 1988), io que por otra parte pa
rece ser la voluntad explícita de este origi
nal filósofo que, al enmascararse tras seu
nimos, al echar mano de diversos méto
dos, al enfrentar múltiples áreas, no ha
querido ser encerrado en un "sistema de
ideas" ni que se lo rotulase de un modo
definitivo. Tal es el mite de la crítica a su
pensamiento. Como afirma uno de sus co
mentaristas, David Couzens Hoy: "¿os crí
ticos deben ser primeros intérpretes, y las
críticas de un aspecto particular no pueden
contar en contra de otros aspectos y tam
poco ser obviados por estos" (COUZENS
HOY, 1988:8).
Original recibido: 29 - 07 - 2004
Original aceptado: 15 - 11 - 2004
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