
Sobre lo acontecido en una escuela de Carmen de Patagones
de hace un tiempo considerable estamos
rodeados por la violencia en todas sus ma
nifestaciones: verbal, física, simbólica, etc.
Hay una naturalización de los hechos vio
lentos y una exacerbación del individualis
mo, que se fue incrementando desde la dé
cada del '70 y llegó a su apogeo en los no
venta. Hoy vivimos las consecuencias. Los
medios masivos difunden un modelo a se
guir, que culmina con la destrucción del vín
culo social inmediato, ocasionando la frag
mentación social.
Esta violencia ¿no es la consecuencia
de un proceso más amplio, que traspasa los
límites de una escuela pública, que transcu
rre en un tiempo más amplio que el del día
del acontecimiento?
Hay una invasión de la violencia, tan
to verbal como física y simbólica; desde
nuestros medios, nuestras instituciones de
seguridad, nuestros protagonistas de la vida
pública. Hubo una secuencia de situacio
nes violentas vinculadas con dictaduras,
desapariciones, la guerra de Malvinas, co
rrupción, atentados, la explosión de Río Ter
cero, desempleo, hambre, e impunidad. Se
podría llegar a decir que merecen la cate
goría de criminales muchos que deambulan
por espacios públicos, que aparecen en te
levisión, que contestan reportajes desde
Chile.
Frente a la proliferación de armas, los
educadores argentinos debemos oponer for
mas de prevención que eviten la cultura del
desprecio a la vida. Y ante la naturalización
de las transgresiones de todo tipo, recons
truir organizadores simbólicos que permitan
compartir convicciones de fondo éticas.
Ahora también se habla en los medios
de modificar una ley, de importar detecto
res de armas para nuestras escuelas públi
cas, se vuelve a los mismos temas como la
imputación a menores, más cárceles. Lle
gar a decir que las escuelas públicas, en
barrios pobres, sólo albergan futuros crimi
nales, es olvidar que nuestros más ilustres
asesinos fueron sujetos educados, con ex
celentes condiciones de vida. Sólo individua
lizar culpas actuales sería una buena mane
ra de tapar las raíces que, en realidad, es
tuvieron entre las causales de este suceso
en particular.
La violencia está presente, explícita o
implícitamente, en nuestra sociedad, sin dis
tinción de clases, edades ni género. Resu
mir este problema a un determinado sector
es una distorsionada y, tal vez, interesada
simplificación.
«Frente a la proliferación de
armas los educadores argentinos
debemos oponer formas de
prevención que eviten la cultura
del desprecio a la vida.»
Como educadores debemos reflexionar
y sentirnos responsables de una situación
social que está signada por la violencia.
Somos partícipes activos cuando realizamos
prácticas culturales que naturalizan hechos
violentos. Muchas veces reproducimos una
cultura impregnada en valores destructivos,
que nos lleva a descreer de un horizonte de
realizaciones guiadas por ideales, por una
illusio que sostenga un futuro para nues
tros descendientes. Esta cultura, mediante
sus prácticas, naturaliza el individualismo,
el "no te metás", el no respeto por los dere
chos humanos; nos lleva a competir salva
jemente para sobrevivir en un capitalismo
tardío cada vez más carente de legitima
ciones (Habermas).
Es hora de comprender qué es lo que
causó este lamentable hecho. Más que las
catástrofes naturales, el sida o los contami
nantes, la principal causa de defunción tem
prana es la violencia, en alguna de sus for
mas. Un tornado o una inundación destro
zan viviendas, pero finalmente pasan. La
violencia queda. Es el mundo en el que les
tocó nacer a las nuevas generaciones. El
5%
AÑO II - N° 4 - OCTUBRE 2004