Sobre lo acontecido en una escuela de Carmen de Patagones
So6re [o acontecido en una escuela
efe Carmen cíe (Patagones
Reflexiones a partir de un lamentable suceso en nuestra realidad actual
Hace muy pocos días, un suceso de violencia conmov al país entero: un joven
de 15 años disparó contra sus comperos de curso en un colegio de Carmen de
Patagones (Buenos Aires, Argentina) ocasionando la muerte de tres compañeros e
hiriendo a otros cinco.
Ante tal acontecimiento, el equipo editorial de Pe d* iy ó< ¡r¿M 4 . desea
compartir con ustedes una reflexión que, lejos de señalar un solo culpable, propone
reconocer ciertas significaciones sociales implicadas en el hecho.
Sen lo referido por los medios perio
dísticos, en los últimos dos años cambiaron
las conductas habituales de Júnior, el ado
lescente de 15 años que protagonizó la
masacre de la escuela Islas Malvinas de
Carmen de Patagones; tuvo un descenso en
el rendimiento escolar y most rechazo
hacia los hábitos propios de las personas de
su edad. El padre de Júnior es suboficial de
Prefectura Naval. Distintas versiones ase
guraban, además, que se trataba de un pa
dre autoritario con el que el chico había te
nido una discusión o un cruce violento en
los días previos a lo acontecido. Mucho an
tes, el padre fue convocado a entrevistarse
con una profesional del gabinete
psicopedagógico de la escuela, la especia
lista recomen un tratamiento para su hijo.
Hasta el martes 28 de septiembre, el trata
miento no había empezado.
El suboficial tenía la pistola 9 milíme
tros guardada en su casa, una propiedad
muy humilde y había llevado a su hijo a prac
ticar en un polígono de tiro.
En el pupitre, fotografiado por la pren
sa, Júnior escrib aquello de "lo más sen
sato que pueden hacer los hombres es sui
cidarse". Luego, cuando fue entrevistado por
la jueza, dijo: "todo pasó muy rápido y no
lo recuerdo". Desconocía el resultado de su
accionar, cuántos chicos podían ser los que
estaban muertos, pero que había mata
do. "En apariencia no es un chico que toma
ba, que fumaba, es un chico deportista",
aclaró la jueza. No se reportan anteceden
tes familiares de enfermedad mental; no
obstante, se trata de un adolescente que
desde su infancia evidenció severas dificul
tades para integrarse activamente al medio
social, especialmente a su grupo de pares.
El hermano menor, de 11 años, es otra de
las grandes víctimas: ha perdido el colegio,
ha perdido a sus amigos, a sus compe
ros, su barrio. La fam ilia entera es
shockeada, muy triste y no comprende qué
es lo que ha pasado.
El suceso se desencadena como con
secuencia de una combinación de aspectos
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AÑO I I- N° 4 - OCTUBRE 2004
REFLEXIONES
intervinientes de orden subjetivo individual,
familiar y social en el contexto de una ciu
dad que ha cambiado en los últimos años y
que ha experimentado otros episodios
taticos vinculados con adolescentes.
Los medios informaron que se realiza
ron las pruebas necesarias para la confor
macn de un psicodiagnóstico, a como
exámenes de laboratorio y un encefalo
grama. Los peritos buscan establecer si su
estado se encuadra en un caso de bordeline,
donde el contacto con la realidad permane
ce indemne, o de una patología más grave
de pre-esquizofrenia.
Junior haa dado indicadores y, en
general, se puede detectar el perfil de chi
cos que necesitan atención antes de llegar
a una situación de desborde. Aparentemen
te, la escuela se ocupó de él, fue considera
do por el gabinete, el que citó a su padre.
Pero esta atención no la recibió el grupo fa
miliar, que no llegó a advertir que tenía un
chico enfermo. De acuerdo con lo que se ha
dicho, era muy retraído, solitario, estudio
so, no era mal alumno.
Por otra parte, cabe salar que este
hecho puede no ser el único, porque los ado
lescentes, siendo más vulnerables aún que
otros integrantes de la sociedad, están pa
sando, como muchos, por un momento eco
nómico, social y cultural difícil, promotor de
patologías. Están en un contexto permanen
te de crisis. En lo social, vivimos en un es
tado de violencia permanente. El discurso
de los medios de difusión es violento y ello
genera s violencia.1 Ya Habermas, hace
años, había enunciado la existencia de pa
tologías inducidas sistèmicamente.
Este lamentable acontecimiento suce
d en una institución, como muchas otras,
en la que los gabinetes psicopedagógicos
suelen atender más el aspecto "intelectual"
de los chicos y dejan afuera -en demasia
das ocasiones- el aspecto subjetivo y psico-
social. Las prácticas que desarrollan suelen
privilegiar lo cognitivo a la luz de las teoas
cognitivistas en expansión en las dos últi
mas décadas.
«...la presencia de profesionales
de la salud mental es innegablemente
importante en
los espacios educativos...»
En un contexto de crisis y aumento
de violencia, la presencia de profesionales
de la salud mental es innegablemente im
portante en los espacios educativos. Y en
salud mental, lo necesario es dirigir la aten
ción a los factores preventivos. Porque si
existen responsables, en el fondo de todo
esto, son los adultos que debieron tomar
las decisiones adecuadas en tiempo y for
ma, no ahora cuando los efectos aparecen,
sino con anterioridad a producir el desga
rramiento del tejido social y la generación
de patologías en los más vulnerables.
Ahora también puede decirse que hay
algo que no se escucha de lo que dicen los
chicos, algo que estamos desatendiendo, y
hay otro temor que está inquietando a los
padres de esa misma localidad: en los últi
mos os Carmen de Patagones pasó por
una repetición de suicidios. Uno de los me
jores amigos de uno de los chicos heridos
se suicidó pocos meses atrás. Hace un poco
más, una chica se arro al río. Pero Car
men de Patagones no es más violento que
otros lugares del país.
Desde la salud mental, es necesario tra
bajar en cuestiones preventivas porque des-
1 En algunas ciudades se habla de "contaminación sonora" o "contaminacn visual", pero muy pocos hablan de
la "intoxicación televisiva" que sufren nuestros niños y adolescentes, con permanentes mensajes de violencia
y transgresión a toda norma.
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Sobre lo acontecido en una escuela de Carmen de Patagones
de hace un tiempo considerable estamos
rodeados por la violencia en todas sus ma
nifestaciones: verbal, física, simbólica, etc.
Hay una naturalización de los hechos vio
lentos y una exacerbación del individualis
mo, que se fue incrementando desde la dé
cada del '70 y llegó a su apogeo en los no
venta. Hoy vivimos las consecuencias. Los
medios masivos difunden un modelo a se
guir, que culmina con la destrucción del vín
culo social inmediato, ocasionando la frag
mentación social.
Esta violencia ¿no es la consecuencia
de un proceso s amplio, que traspasa los
límites de una escuela pública, que transcu
rre en un tiempo más amplio que el del día
del acontecimiento?
Hay una invasn de la violencia, tan
to verbal como sica y simlica; desde
nuestros medios, nuestras instituciones de
seguridad, nuestros protagonistas de la vida
blica. Hubo una secuencia de situacio
nes violentas vinculadas con dictaduras,
desapariciones, la guerra de Malvinas, co
rrupción, atentados, la explosión de Río Ter
cero, desempleo, hambre, e impunidad. Se
podría llegar a decir que merecen la cate
goría de criminales muchos que deambulan
por espacios públicos, que aparecen en te
levisn, que contestan reportajes desde
Chile.
Frente a la proliferación de armas, los
educadores argentinos debemos oponer for
mas de prevención que eviten la cultura del
desprecio a la vida. Y ante la naturalización
de las transgresiones de todo tipo, recons
truir organizadores simbólicos que permitan
compartir convicciones de fondo éticas.
Ahora tambn se habla en los medios
de modificar una ley, de importar detecto
res de armas para nuestras escuelas bli
cas, se vuelve a los mismos temas como la
imputación a menores, más cárceles. Lle
gar a decir que las escuelas públicas, en
barrios pobres, sólo albergan futuros crimi
nales, es olvidar que nuestros más ilustres
asesinos fueron sujetos educados, con ex
celentes condiciones de vida. Sólo individua
lizar culpas actuales sería una buena mane
ra de tapar las raíces que, en realidad, es
tuvieron entre las causales de este suceso
en particular.
La violencia está presente, explícita o
implícitamente, en nuestra sociedad, sin dis
tinción de clases, edades ni género. Resu
mir este problema a un determinado sector
es una distorsionada y, tal vez, interesada
simplificación.
«Frente a la proliferación de
armas los educadores argentinos
debemos oponer formas de
prevención que eviten la cultura
del desprecio a la vida.»
Como educadores debemos reflexionar
y sentirnos responsables de una situación
social que está signada por la violencia.
Somos partícipes activos cuando realizamos
prácticas culturales que naturalizan hechos
violentos. Muchas veces reproducimos una
cultura impregnada en valores destructivos,
que nos lleva a descreer de un horizonte de
realizaciones guiadas por ideales, por una
illusio que sostenga un futuro para nues
tros descendientes. Esta cultura, mediante
sus prácticas, naturaliza el individualismo,
el "no te metás", el no respeto por los dere
chos humanos; nos lleva a competir salva
jemente para sobrevivir en un capitalismo
tardío cada vez más carente de legitima
ciones (Habermas).
Es hora de comprender qué es lo que
cau este lamentable hecho. Más que las
castrofes naturales, el sida o los contami
nantes, la principal causa de defunción tem
prana es la violencia, en alguna de sus for
mas. Un tornado o una inundación destro
zan viviendas, pero finalmente pasan. La
violencia queda. Es el mundo en el que les
to nacer a las nuevas generaciones. El
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REFLEXIONES
diario norteamericano Chicago Sun-Times
consignó que "mientras Estados Unidos
mentía sobre las armas de exterminio en
Irak, en el mundo hay más de ocho millo
nes de armas químicas".
«Resumir este problema a un
determinado sector es una
distorsionada y tal vez interesada sim
plificacn. »
Y las frases en el pupitre de Júnior ha
blaban de la mentira como soporte de la fe
licidad humana, de la muerte, del suicidio.
El pasaje al acto de un chico de 15 años en
Carmen de Patagones ha colocado a los adul
tos de nuestra sociedad en un estado de
perplejidad y confusión. Muchos esperan que
se ubique el mal en el mismo chico, que pres
criban el remedio inmediato y les permitan
volver a dormir en paz. Ignoran que el mun
do subjetivo de nior es inalcanzable para
el enfoque positivista hoy imperante. Que
lo se acercarán a los efectos de un proce
so extendido en el tiempo, pero que la com
prensión que permite prevenir no viene de
la mano de los enfoques objetivistas pro
movidos por la tradición positivista, ni de
las explicaciones centradas en lo cognitivo
(Júnior era buen alumno), ni en las
neurociencias, como tampoco en las cues
tiones genéticas. Es del orden de lo social y
simbólico el camino que nos acercará a com
prender y prevenir hechos lamentablemen
te irreversibles; el tener en cuenta los efec
tos subjetivos de muchas acciones encami
nadas a fines, que no contemplan el ejerci
cio cabal de los derechos humanos, en pc
ticas sociales efectivas que inciden en la
constitución psíquica de las nuevas genera
ciones.
En un artículo escrito a fines del 2001 y
publicado por la Revista de Epistemología
Moebio, n° 15, de la Universidad de Chile,
en el o 2002, concluía diciendo:
"para que un sujeto pueda seguir una
forma de accn (es decir, que un sujeto
pueda seguir la misma forma de acción)
ésta ha de valer intersubjetivamente por
lo menos para dos sujetos. Porque el otro
es soporte y garante de la continuidad
de actuar siguiendo esa forma de acción,
en la medida en que hay un involucra-
miento de cada uno con el otro, un com
promiso que sostiene la vigencia de esa
forma de acción y la convicción que lleva
a practicarla. Cuando los agentes, que son
modelos de identificación de los sujetos
en proceso de constitución, desertan del
seguimiento de las normas, esas conti
nuidades de la acción se pierden. Esta
responsabilidad, también, les cabe a los
dirigentes corruptos que, con su accio
nar trasgresor, han ocasionado perjuicios
que van mucho más allá de lo estricta
mente económico."
Hoy vuelvo a decirlo.
Lic. Dora Laino *
Miembro del Comité Editorial
Revista D ó z t & y & i
Córdoba, 5 de octubre de 2004
* Licenciada en Psicología UBA. Doctorando en Psicología. Docente de la Universidad Católica de Córdoba y
Profesora Titular concursada en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
E-mail: dlucial@fibertel.com.ar
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