
ARTÍCULOS
ración de la ciudadanía- se desplazan según
otro tipo de conveniencias del lazo social con
temporáneo. El fin de semana largo pesa
más que la fiesta nacional. El ciudadano ve
nerable se extraña; el consumidor, consulta
a su agente de viajes. Los feriados patrios
se han convertido en fines de semana lar
gos, en tanto lo importante no es aquello que
se conmemora, sino que ese día de inactivi
dad quede unido al fin de semana -tiempo
de consumo-" (LEWCOWICZ, 2004:25).
El viejo discurso histórico heredado
queda liberado de su antigua misión, deja
de ser necesario, en consecuencia, es obso
leto. Esto también explicaría algunos de los
por qué del tedio de los alumnos a la hora
de estudiar historia: ¿con qué objetivos ha
cerlo?, ¿cuál es el sentido? Ignorar algo que
socialmente ha perdido su valor es liberarse
de una carga inútil.
"En tiempos nacionales, la memoria his
tórica es una condición necesaria. En
tiempos técnicos-administrativos es casi
un estorbo. El tiempo nacionalmente ins
tituido es el de la 'situación': un instante
sucede a otro, el instante previo perma
nece como condición de sentido del si
guiente. Pero la institución actual del
tiempo es la de la 'sustitución'. La esen
cia de la cosa no es su historia, sino su
configuración actual: su Imagen. Un ins
tante sustituye al anterior, que cae en la
nada de lo insignificante. Lo cierto es que
el discurso histórico no puede asumir fun
ción instituyeme del lazo instantáneo"
(LEWCOWICZ, 2004:25).
Si no hay Estado, en tanto articulador
simbólico que dé sentidos y orientación a su
jetos, discursos e instituciones, es el Mercado
el que ocupa esa posición, por eso las reglas
de juego son otras y, en relación con lo que
decimos, en la dinámica de situaciones frag
mentadas, dispersas, la simbolización es
'situacional', más aún, no hay simbolización
entre situaciones, sino meramente situación.
Cuando las condiciones no refieren a lo tras
cendente, la ley deviene recurso incapaz de
producir ordenamiento simbólico. Cuando las
condiciones son inmanentes, queda habilita
da la capacidad simbólica de la regla, siem
pre determinada por la estrechez de un con
texto limitado, cuyo código será compartido
exclusivamente por los sujetos que compo
nen el campo situacional.
Una vuelta más en el análisis. Frente
a estas condiciones de desvinculación con
la producción de lazo social, Lewcowicz sos
tiene que los agentes del discurso histórico
han reaccionado espontáneamente, ensa
yando dos respuestas simétricas: la comer
cialización y la profesionalización. En el pri
mer caso, se ha intentado la adaptación de
los recursos del discurso histórico a los re
querimientos del mercado. Así ha prolifera-
do la 'historia de kiosco': biografías plaga
das de intimidad, curiosidad y exaltación de
características personales; no siempre es
critas por historiadores, sino por aficiona
dos, amateurs, periodistas, novelistas, etc.
que seducen al gran público con best sellers
atrapantes por su cotidianeidad intimista y
personal. A diferencia de lo que ocurría du
rante la vigencia del Estado-Nación, los
grandes personajes de la historia nacional
eran presentados en el relato histórico que
destacaba, no su moral ni su vida particu
lar, sino su papel y su accionar en el marco
de una trama que los tenía por héroes, com
prometidos con su tiempo y con el desafío
de crear la Nación, y a través de cuyo ejem
plo, se pretendía modelizar a las jóvenes
generaciones. Cuando otra línea de histo
riadores levantaba su voz opositora, desde
diferentes posicionamientos ideológicos,
otros héroes eran propuestos en su lugar
pero argumentando razones históricas que
los trascendían. Hoy no se leen biografías
para conocer los logros y fracasos de pro
yectos analizados desde una órbita
sociopolítica o económica; se lee para co
nocer hábitos, costumbres, rasgos indivi
duales desarraigados de los procesos his
tóricos que han caído finalmente en la
despolitización casi absoluta y, por ello, co
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