
Consideraciones sobre el fracaso escolar
Supongamos un episodio en el que una
criatura de ocho años recibe la orden de po
ner a hervir alimentos en una olla a presión
para preparar la comida de un grupo familiar
que se encuentra de vacaciones, alquilando
una casa, en una ciudad turística.
No sólo el hecho de cocinar no forma
parte de las actividades cotidianas y habi
tuales de esta niña, sino que en realidad
nunca lo ha hecho antes. A ello se suma la
circunstancia de estar en una ciudad, en una
casa y con una vajilla y batería de cocina
que no son las propias y que, en consecuen
cia, no forman parte de su mundo de la vida.
Puede decirse que no existió, por parte de
ningún adulto, una enseñanza previa en el
empleo de ese tipo de utensilios ni mucho
menos la construcción de hábitos de coci
nar utilizándolos. Es más, en el ejemplo de
referencia, ni siquiera el hábito de cocinar o
preparar algún tipo de alimentos estaba
construido. Dados los antecedentes de la
situación, el hecho de que la acumulación
de presión lleve a hacer saltar la tapa de la
cacerola no constituirá algo excepcional.
Consideremos, más analíticamente, diferen
tes elementos que intervienen en esta si
tuación, tomada como un ejemplo entre
muchos posibles, desde la perspectiva de
nuestro modelo de análisis.6
En la dimensión de la inteligibilidad, se
hacen necesarios esquemas de acción y un
acervo de saber que posibiliten emplear este
tipo de elemento de la batería de cocina,
además de permitir significar adecuadamen
te las precauciones a tener en cuenta para
el manejo del mismo.
En la dimensión de la corporalidad, a
los ocho años, por lo general, no se cuenta
aún con la fuerza ni con los esquemas o
disposiciones perceptivo-motrices que per
mitan sostener con facilidad el peso de una
cacerola llena, para proveer alimentos a todo
un grupo familiar.
En cuanto a la sociabilidad, como se
ha mencionado, la niña se encuentra en un
lugar en el que, por no ser su mundo de la
vida, no puede moverse "como un pez en
el agua"7. No son objetos con los que des
pliega acciones cotidianamente y, además,
nunca construyó los hábitos necesarios
como para poder desarrollar con éxito la
tarea que le encomiendan, mucho menos
sin el acompañamiento de un adulto que
mediatice enseñando cómo hacerlo, ade
más de brindarle la contención subjetiva
que evite la aparición de angustia. Es por
ello que, en la dimensión de la subjetivi
dad, no es excepcional que aparezca an
gustia por tener que asumir una tarea con
respecto a la cual no dispone de los orga
nizadores de acción necesarios (esquemas
y habitus) ni del apoyo de un adulto que,
con disposición afectuosa, le vaya facilitan
do la construcción de los mismos. A ello se
agrega, subjetivamente, la referencia fa
miliar de que las actividades de elabora
ción de alimentos fueron muy reconocidas
como exitosas cuando las desarrollaba,
años atrás, su madre ya fallecida. Con lo
cual, el hecho de cocinar ha quedado fuer
temente asociado a la madre, cuya ausen
cia se hace más doiorosa ante la tarea que
le encomiendan, incrementando el monto
de angustia experimentada.
Si a ello se suman los retos y repri
mendas del padre por el resultado negativo
de la experiencia, se puede comprender con
facilidad la razón por la cual esta misma
persona, al crecer, nunca experimentó pla-
6 El modelo de análisis referido se presenta en: LAINO, Dora. “La estructuración de la inteligibilidad". En Aspec
tos Psicosociales del Aprendizaje. Editorial Homo Sapiens, Rosario, 2000.
7 Expresión empleada por Pierre Bourdieu para aludir a la puesta enjuego de los habitus en el mismo campo en
el que fueron construidos.
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AÑO IJ - N° 3 - ABRIL 2004