ARTÍCULOS
Consideraciones so6re e( fracaso escoCar1
<Dora Laino *
En lo que respecta al fracaso escolar, el texto formula algunas consideraciones desde
una aproximación conceptual que procura dar cuenta de los rasgos distintivos del aprendi
zaje de cada sujeto humano, en especial desde una psicosociología de los procesos
cognoscentes que sustente las prácticas profesionales de una clínica del aprender.
El reconocimiento que hagan de una criatura si/s familiares más cercanos, sus educa
dores, sus compañeros, condiciona la construcción de su éxito o fracaso escolar.
A partir de la comunicación intersubjetiva entablada entre adultos significativos e
infantes, púberes o adolescentes (ya sea entre padres e hijos como entre docentes y
alumnos) se producen inscripciones inconscientes estructurantes de la subjetividad como
de los esquemas de acción intelectual y de los habitus sociales de los aprendientes.
No es el niño quien define las relaciones educativas en las que se ve involucrado.
Tampoco, y por razones análogas, es el único responsable de los esquemas y habitus que
construye en su historia vital, ni mucho menos de la graduación de los contenidos que le
proponen para realizar sus aprendizajes. El entendimiento que logre en cada situación
dependede la inteligibilidad, de la subjetividad, de la sociabilidad y de la corporalidad
disponibles, como rasgos distintivos de sus posibilidades para aprender, en ese momento
de su trayectoria vital.
Aprendizaje - Fracaso escolar - Inteligibilidad - Subjetividad - Sociabilidad - Corporalidad
As regards school failure, the text states some considerations from a conceptual point
of view that intends to show the distinguishing characteristics of the apprenticeship in
every human being, especially from a psycho sociology of the cognitive processes that
supports the professional practices of a clinic of learning.
The recognition of a child on the part of its closest relatives, its educators, its
schoolmates, determines the construction of its school success or failure. As of the
intersubjetive communication established between significative adults and children,
' Se emplea la expresión fracaso escolaren razón de que, desde los os ochenta, la misma está vigente en
nuestra sociedad -de allí la multiplicidad de publicaciones referidas a esta problemática- para aludir a
resultados insatisfactorios, en el campo educativo, cuyas causas trascienden ai sujeto agente situado como
aprendiente.
* Licenciada en Psicología LIBA. Doctorando en Psicología. Docente de la Universidad Católica de Córdoba y
Profesora Titular concursada en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
E-mail: dlucial@fibertel.com.ar i
'PedeiqSjtCM,
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Consideraciones sobre ei fracaso escolar
pubescents or adolescents it arises effect of unconscious inscriptions that structures both
the subjectivity and the intellectual action schemata and social habitus of the learners.
It is not the child who defines the educative relationship in which it is involved. Besides,
and for similar reasons, the child is not the unique responsible of the schemata and habitus
that it builds in its living history, and by no means of the graduation of the contents it is
proposed to build its apprenticeship. The understanding obtained in every situation will
depend on the intelligibility, subjectivity, sociability and corporality available, as distinguishing
characteristics of its possibilities to learn, in that specific moment of its living trajectory.
Apprenticeship - School failure - Intelligibility - Subjectivity - Sociability - Corporality
El equilibrio y la permanencia de la sin
gularidad personal exigen la estabilización
de un entramado de relaciones de reconoci
miento recíproco, en las que los individuos,
únicos e insustituibles, lo pueden asegu
rarse, recíprocamente, su frágil identidad
como miembros de una comunidad. Sen
Habermas, esa vulnerabilidad crónica de la
integridad psico-social, inscripta en la pro
pia estructura de las interacciones media
das lingüísticamente, precede incluso a la
posibilidad de menoscabo (siempre más vi
sible) de la integridad corporal; pero queda
entrelazada con ésta.2 Es a como el reco
nocimiento que hagan de un niño sus fami
liares más cercanos, sus educadores, sus
compañeros, condiciona la construcción de
su éxito o fracaso escolar.
En lo que respecta al así llamado fraca
so escolar cabe formular, al menos, algunas
consideraciones desde diferentes puntos de
vista.
Los docentes, por su parte, cuando ca
recen de una formacn psico-social apro
piada para reconocer e incorporar a sus pc
ticas el acervo de saber y ios esquemas de
las acciones comunicativas que los chicos
traen de su mundo de la vida, no logran ela
borar propuestas pedagico-didácticas que
respeten la singularidad de los destinata
rios de sus mensajes educativos. Se produ
ce, entonces, una disonancia entre el acer
vo de saber (y las formas lingüísticas pro
pias de los chicos en su mundo de la vida) y
los contenidos y la forma de comunicación
que deben practicar en la escuela. La dife
rencia comienza a manifestarse, en prime
ra instancia, entre formas expresivas y
habitus3 distintos. Los chicos tienen una
expresión diferente porque en sus espacios
dosticos se habla con, y al lado de, ellos;
y las acciones comunicativas desarrolladas,
tanto para narrar como para argumentar,
son propias de ese campo doméstico del que
provienen, dada la posición que ocupa su
familia en el campo social.
Una condicn sine qua non para la ar
monía en los resultados educativos alcan
zados es que la enseñanza, en general,
parta del mundo de la vida del aprendiente,
ayudándolo en la construcción de nuevos
1 ase: HABERMAS, rgen. "¿Afectan las objeciones de Hegel contra Kant también a la ética del discurso?"
En Aclarad ene 5 a la ética del discurso. Editorial Trotta, Madrid, 2000.
3 El rmino habitus se emplea en el sentido que le otorga Pierre Bourdieu,
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ARTÍCULOS
conocimientos. Se hace necesario pensar,
así, una escuela diversa, con docentes que
puedan atender las particularidades de los
educandos reconociéndolos en su singulari
dad como personas.
No es excepcional que los maestros
carezcan de una preparación psicológica
adecuada, ni de una formacn especial para
desempeñarse en plurigrado (habitual en
zonas rurales). Los aborígenes, por ejem
plo, no comprenden lo que la escuela les
brinda porque tanto sus habitus, como sus
esquemas4 y significantes cotidianos, son
diferentes a los requeridos en el aula y la
propuesta escolar no suele contemplarlos.
Un gran porcentaje de ellos no termina la
escolaridad obligatoria. n cuando finali
cen el nivel primario, la asimilación defor
mada, por las disonancias en la construc
ción, hace que este conocimiento logrado
no les sirva para desempeñarse en su co
munidad de origen, ni les alcance para te
ner acceso a una sociedad urbana tecnifi-
cada que se rige por organizadores simbó
licos ajenos a su mundo de la vida. Apenas
pueden llegar a leer con dificultad y a su
mar; pero esto no basta para integrarse
laboral y socialmente en condiciones de
igualdad.
El libro de lectura para chicos de comu
nidades aborígenes, se ha dicho muchas
veces, es conveniente que contribuya a evi
tar el desentendimiento entre el mundo de
la vida del que provienen los alumnos y el
de sus docentes en la escuela; es aconseja
ble entonces, que sea bidialectal e
intercultural. Sin embargo, y ya en otro tipo
de población, ¿qué sucede con los niños de
zonas rurales o urbano-marginales? Como
se ha señalado, también en muchas opor
tunidades, la mayoa de los libros que cir
culan en el campo escolar muestran la vida
cotidiana y el mundo de un chico urbano
estereotipado: sus formas de comunicación,
sus habitus y su mundo familiar y social son
por completo ajenos al mundo de la vida
rural o urbano-marginal de un gran número
de alumnos; por una parte, por el lenguaje
empleado, pero también por los referentes
enunciados y los habitus exigidos.
IMos encontramos aqcon recursos que
pueden generar un problema relacional, en
tre educador y educando, que -entre otras
cosas- incidirán en la graduación de la se
cuencia de transformaciones esperadas en
términos de aprendizajes logrados. Más allá
de ello, la dificultad para graduar correcta
mente las acciones propuestas en situacio
nes educativas no constituye una exclusivi
dad de los docentes. Suele darse, cierta
mente con excesiva frecuencia, en la edu
cación informal desarrollada en el espacio
familiar.
Sin que exista intencionalidad concien-
te, ni evidente displacer en el ejercicio de
las funciones parentales, muchas veces pue
den producirse situaciones de violencia en
el proceso de socialización y subjetivación
de los niños, ya sea por ignorancia o sim
plemente por no llegar a prevenir adecua
damente, a partir de! acervo de saber con
que cuentan los adultos, el acontecer de cier
tos hechos. En la medida en que esos he
chos no sean elaborados luego por el sujeto
involucrado, en un trabajo psicológico que
lleve a procesarlos adecuadamente, deja
rán huellas mnémicas, eficaces en la pro
ducción de efectos a lo largo de la vida de
esos sujetos-agentes. Fundamentalmente,
por una insistencia repetitiva que es, como
lo dijera Freud, más allá del principio del
placer.s
El término esquema se emplea aquí en el sentido que le otorga Jean Piaget.
s El concepto al que se hace referencia es desarrollado por Freud en: FREUD, Sigmund. Más allá del principio de
placer. Tomo XVIII. Obras Completas. Editorial Amorrortu, Buenos Aires, 1986.
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Consideraciones sobre el fracaso escolar
Supongamos un episodio en el que una
criatura de ocho años recibe la orden de po
ner a hervir alimentos en una olla a presión
para preparar la comida de un grupo familiar
que se encuentra de vacaciones, alquilando
una casa, en una ciudad turística.
No lo el hecho de cocinar no forma
parte de las actividades cotidianas y habi
tuales de esta niña, sino que en realidad
nunca lo ha hecho antes. A ello se suma la
circunstancia de estar en una ciudad, en una
casa y con una vajilla y batería de cocina
que no son las propias y que, en consecuen
cia, no forman parte de su mundo de la vida.
Puede decirse que no exist, por parte de
ninn adulto, una enseñanza previa en el
empleo de ese tipo de utensilios ni mucho
menos la construcción de bitos de coci
nar utilizándolos. Es más, en el ejemplo de
referencia, ni siquiera el hábito de cocinar o
preparar algún tipo de alimentos estaba
construido. Dados los antecedentes de la
situacn, el hecho de que la acumulación
de presión lleve a hacer saltar la tapa de la
cacerola no constituirá algo excepcional.
Consideremos, más analíticamente, diferen
tes elementos que intervienen en esta si
tuación, tomada como un ejemplo entre
muchos posibles, desde la perspectiva de
nuestro modelo de análisis.6
En la dimensión de la inteligibilidad, se
hacen necesarios esquemas de acción y un
acervo de saber que posibiliten emplear este
tipo de elemento de la batería de cocina,
además de permitir significar adecuadamen
te las precauciones a tener en cuenta para
el manejo del mismo.
En la dimensión de la corporalidad, a
los ocho años, por lo general, no se cuenta
aún con la fuerza ni con los esquemas o
disposiciones perceptivo-motrices que per
mitan sostener con facilidad el peso de una
cacerola llena, para proveer alimentos a todo
un grupo familiar.
En cuanto a la sociabilidad, como se
ha mencionado, la na se encuentra en un
lugar en el que, por no ser su mundo de la
vida, no puede moverse "como un pez en
el agua"7. No son objetos con los que des
pliega acciones cotidianamente y, además,
nunca construyó los hábitos necesarios
como para poder desarrollar con éxito la
tarea que le encomiendan, mucho menos
sin el acompañamiento de un adulto que
mediatice enseñando mo hacerlo, ade
más de brindarle la contención subjetiva
que evite la aparición de angustia. Es por
ello que, en la dimensión de la subjetivi
dad, no es excepcional que aparezca an
gustia por tener que asumir una tarea con
respecto a la cual no dispone de los orga
nizadores de acción necesarios (esquemas
y habitus) ni del apoyo de un adulto que,
con disposición afectuosa, le vaya facilitan
do la construcción de los mismos. A ello se
agrega, subjetivamente, la referencia fa
miliar de que las actividades de elabora
ción de alimentos fueron muy reconocidas
como exitosas cuando las desarrollaba,
os atrás, su madre ya fallecida. Con lo
cual, el hecho de cocinar ha quedado fuer
temente asociado a la madre, cuya ausen
cia se hace más doiorosa ante la tarea que
le encomiendan, incrementando el monto
de angustia experimentada.
Si a ello se suman los retos y repri
mendas del padre por el resultado negativo
de la experiencia, se puede comprender con
facilidad la ran por la cual esta misma
persona, al crecer, nunca experimentó pla-
6 El modelo de análisis referido se presenta en: LAINO, Dora. La estructuración de la inteligibilidad". En Aspec
tos Psicosociales del Aprendizaje. Editorial Homo Sapiens, Rosario, 2000.
7 Expresión empleada por Pierre Bourdieu para aludir a la puesta enjuego de los habitus en el mismo campo en
el que fueron construidos.
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cer en la práctica de elaborar alimentos, en
la tarea de cocinar El ejemplo elegido, en el
que la protagonista es una na con condi
ciones de vida correspondientes a un grupo
familiar con capital ecomico y cultural de
clase mea, puede ser transferido a otras
condiciones derivadas de la posesión de di
ferentes capitales por parte del grupo de per
tenencia. La exigencia de poner en juego
esquemas y habitus que nunca se constru
yeron conduce a situaciones de malestar en
las que, frecuentemente, se agregan hue
llas de tipo subjetivo que reactualizan he
chos trauticos desencadenantes de an
gustia.
La reiteracn de este tipo de hechos
en los que, por la ignorancia de los adultos,
los nos quedan sometidos a situaciones
de violencia, lleva a la generación de neuro
sis de angustia, fobias, y dificultades parti
culares en diferentes campos de accn. En
la relación asimétrica adulto/niño, quien tie
ne la autoridad y se supone que sabe, es el
adulto; el niño queda atrapado en una vi
vencia de imposibilidad de respuesta apro
piada, que le genera angustia y probables
evitaciones8 de situaciones alogas a
posteriora La eficacia de las huellas mnémi-
cas inscriptas en este tipo de situaciones
producirá efectos en otras escenas poste
riores, ocasionando dificultades para la rea
lizacn de cierto tipo de acciones y para vin
cularse, sin que aparezca displacer, a cier
tos temas y actividades que resultan insig
nificantes para otros. Justamente, porque
para éstos no resultan significantes movili-
zadores de los sentidos que se actualizan
en el sujeto al haber transitado escenas pre
vias, como la descripta anteriormente, en
su historia personal.
La situación que tomamos como ejem
plo se refiere a una criatura que se encuen
tra, según Freud, en plena etapa de
latencia, Podríamos citar otros ejemplos en
edades más tempranas, sobre todo si qui
siéramos referirnos, en particular y más ex
plícitamente, al proceso de subjetivacn.
Como se sabe, es en los primeros años de
vida en los que se implantan las primeras
huellas mnémicas que definin la singular
subjetivación de cada persona. Sin embar
go, nuestra intención no es insistir en la di
mensión subjetiva en particular, aunque
constituya un a priori indispensable; sino to
mar en cuenta, simulneamente y en cual
quier momento de ía trayectoria de vida de
los sujetos agentes, las cuatro dimensiones
que postulamos en trabajos anteriores,9
Todo ello en una aproximación conceptual
que procura dar cuenta de los rasgos dis
tintivos del aprendizaje de cada sujeto hu
mano, en especial desde una pstcosociología
de los procesos cognoscentes que sustente
las prácticas profesionales de una cnica del
aprender; y sin dejar de tener en cuenta
que la singularidad de los seres humanos
no se produce por la regulación efectuada
por mecanismos genéticos que establezcan
lo que será propio de cada individuo en par
ticular. Como sujetos de lenguaje y acción10,
sostiene Habermas, los seres humanos
constituimos nuestra identidad al crecer
como miembros de una sociedad, con una
comunidad de lenguaje, en un mundo de Ja
vida intersubjetivamente compartido* En
este sentido, por nuestra parte, afirmamos
* En tanto mecanismo de defensa propio de las acciones fóbicas, desde una psicopatología psicoanalítica.
9 Las dimensiones referidas son desarrolladas particularmente en; LAINO, Dora, Aspectos Psicosociates del
Aprendizaje. Editorial Homo Sapiens, Rosario, 2000. Capítulo IV; y en: LAINO, Dora, ía psicopedagogía en la
actualidad\ Editorial Homo Sapiens, Rosario, 2003. Capítulo I,
10 Los seres humanos son definidos aquí como "sujetos de lenguaje y acción" ya que ponen en juego lenguaje
y acción y porque están sujetados por los despliegues de enunciaciones y de acciones que otros humanos
realizan. i
Consideraciones sobre el fracaso escolar
que en ia relación intersubjetiva entablada
entre adultos y nos (ya sea entre padres
e hijos o entre docentes y alumnos) se pro
ducen inscripciones inconscientes estruc
turantes tanto de la subjetividad como de
los esquemas de accn (intelectual,
comunicativa u otra) y de los habitus so
ciales; y que a ello hay que agregar su vin
culación con la graduación de los conteni
dos propuestos, como aspectos fundamen
tales en la causalidad del fracaso escolar.
Si nos detenemos a releer los aspectos
enunciados precedentemente, podemos re
conocer que no es sólo el no -más bien
todo lo contrario- quien define las relacio
nes intersubjetivas en las que se ve
involucrado. Tampoco, y por razones aná
logas, es el único responsable de los esque
mas cognoscentes y habitus sociales que
construye en su historia vital, ni mucho me
nos de la graduación de los contenidos que
le proponen para realizar sus aprendizajes.
Y, sin embargo, nos encontramos con la pa
radoja de que se culpa ai mismo sujeto por
las dificultades que pueda experimentar en
un proceso de enseñanza-aprendizaje.
Como solía recordar Piaget que señalaba
Clapade: cuando un perro no aprende se
lo culpa a quien to tiene que amaestrar, pero
cuando es un no el que no aprende se lo
culpa ai mismo niño por ese resultado y,
muy excepcionalmente, al adulto que fue
responsable de conducir e) proceso de
aprendizaje.
(BibCiograa
BOURDIEU, Pierre. Meditaciones pascalianas. Anagrama, Barcelona, 1999.
BOURDIEU, Pierre. Et sentido práctico* Taurus, Madrid, 1991.
BOURDIEU, Pierre; WACQUANT LOÏC, 3.D. Respuestas. Grijalbo, México, 1995.
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