
ESPECIAL
le corresponde una involución en el otro.
En consecuencia, todo indica que nos
encontramos más pobres en términos
culturales: más individualistas, más con
sumistas, más materialistas, más frag
mentados, menos reflexivos y menos
fraternos.
De modo que se podría decir que a
esta altura de los tiempos nos encon
tramos frente a una encrucijada cultu
ral: adoptar definitivamente una visión
del mundo, de la convivencia y de la
sociedad que está pensada y diseñada
según criterios que desconocen nues
tra concepción histórica y los valores que
heredamos de la conjunción entre las
culturas que forjaron nuestra identidad,
como parece que ha sido hasta ahora,
o bien tomar una decisión que requiere
de esfuerzo, audacia y voluntad de ser
nosotros mismos.
Naturalmente que estamos hablan
do de una empresa que no resulta para
nada fácil, el modelo que se critica se
expande a través de instrumentos tec
nológicos que permiten la difusión de
contenidos, miradas sociales, conviccio
nes, opiniones, valores, ideas, etc., que
han contribuido a moldear el escenario
vigente. Ante esta situación cabe pre
guntarse cómo es posible competir con
semejante poder de persuasión, de ca
pacidad para operar sobre la psicología
de los individuos. Para ello haría falta
otro dispositivo cultural que disponga de
tanta o más potencia que los aludidos,
un dispositivo construido a la medida de
las necesidades, dotado de las condi
ciones que lo conviertan en generador
de un cambio que paulatinamente se
extienda hacia las distintas esferas de
lo social.
Nosotros postulamos que ese dis
positivo es la escuela, la que no obs
tante encontrarse en desventaja tecno
lógica y, por lo tanto, carecer del
atractivo del que disponen otras cante
ras en las que se acumula el conocimien
to, corre con otras ventajas, como por
ejemplo la intencionalidad, la cercanía
de lo personal, el efecto grupal, la obli
gatoriedad y, sobre todo, el alcanzar con
su acción a los ciudadanos de todas las
capas sociales.
Para que la escuela asuma un rol
protagónico en la consecución de ese
proyecto hace falta recuperar su capa
cidad instituyente, a través de la recu
peración de su argumento fundamen
tal, el que siempre la distinguió y puede
volver a destacarla frente al chisporro
teo tecnológico, nos referimos al valor
de la palabra como recurso comunica-
cional por excelencia, la palabra realza
da por la presencia y el gesto educativo
del que carecen los competidores más
desinstitucionalizados, más flexibles,
pero también más dispersos, acríticos,
detenidos en la información, diluidos en
su propia capacidad de procesamiento
del dato.
Cuando postulamos la recuperación
del valor de la palabra estamos apun
tando a revalorizar la capacidad para
argumentar, para confrontar ideas, para
fundamentar con criterios lógicos la so
licitud, para interpelar a la realidad y
proponer alternativas a lo que se con
sidera posible de modificar, es decir, al
ejercicio de la ciudadanía en términos
civilizados. Creemos que el emprendi-
miento de este camino sólo es posible
de la mano de los educadores, también
consideram os que para conseguirlo
'D iá ia y L í P cda yo y tco j. Año VIII, N° 16, octubre 2010. Pag. 138-140
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