Segundo premio Categoría 2
Resumen del ensayo ganador
Rupturas necesarias
Ivana Cacciamani 1
Sergio Carlos Sánchez 2
El modelo de desarrollo adoptado
por los países ricos empieza a mostrar
síntomas de colapso. Basado en la ex
plotación exhaustiva de recursos natu
rales no renovables, cuyo abuso enve
nena el ambiente y provoca desequili
brios que están poniendo en peligro al
planeta, el paradigma empieza a ago
tarse. Frente a este escenario los paí
ses de la periferia podamos extraer
alguna ventaja.
La ventaja a la que nos referimos
tal vez sea precisamente nuestra des
ventaja en términos de desarrollo tal y
como lo consideramos hasta ahora. Es
decir, dado que no hemos profundizado
en el modelo importado de los países
centrales, estaríamos a tiempo de ele
gir otra línea de progreso, una que res
catara los mejores matices de aquella y
se preocupara por evitar sus disfuncio
nalidades.
Sumado a ello es necesario hablar
de otros vicios ligados a esa manera de
concebir el desarrollo, infortunios que
aparecen si el análisis se extiende a la
dimensión humana, es decir a la promo
ción de cualidades que hacen a la con
vivencia, a la vida en sociedad, al reco
nocimiento del otro como igual. Por lo
tanto, es lícito postular que el desarro
llo material no encuentra un correlato
en este plano, casi es posible afirmar
que al progreso alcanzado en un caso
1 Licenciada en Psicopedagogía. Profesora en Psicología y Ciencias de la Educacn. Profesora en
Educación Inicial. Profesora en Educacn Primaria. Inspectora Titular de Educacn Inicial (Zona
3029, departamento Unión, provincia de rdoba). Profesora de nivel superior no universitario. Bell
Ville, Córdoba, Argentina. E-mail: ivana3029@gmail.com
2 Profesor en Disciplinas Tecnológicas. Profesor en Psicología y Ciencias de la Educación. Técnico
Universitario en Conduccn de Instituciones Educativas. Diplomado Superior en Curriculum y Pc
ticas Escolares. Docente de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, San Francisco,
Córdoba, Argentina. E-mail: sercasan_134@hotmail.com
138
'DcáUoyóá, PecOzyóyccó¿. A ñ o VIII, N° 16, octubre 2010. Pág. 138-140
ESPECIAL
le corresponde una involución en el otro.
En consecuencia, todo indica que nos
encontramos más pobres en términos
culturales: más individualistas, más con
sumistas, más materialistas, más frag
mentados, menos reflexivos y menos
fraternos.
De modo que se podría decir que a
esta altura de los tiempos nos encon
tramos frente a una encrucijada cultu
ral: adoptar definitivamente una visión
del mundo, de la convivencia y de la
sociedad que está pensada y diseñada
según criterios que desconocen nues
tra concepción histórica y los valores que
heredamos de la conjuncn entre las
culturas que forjaron nuestra identidad,
como parece que ha sido hasta ahora,
o bien tomar una decisión que requiere
de esfuerzo, audacia y voluntad de ser
nosotros mismos.
Naturalmente que estamos hablan
do de una empresa que no resulta para
nada fácil, el modelo que se critica se
expande a través de instrumentos tec
nológicos que permiten la difusión de
contenidos, miradas sociales, conviccio
nes, opiniones, valores, ideas, etc., que
han contribuido a moldear el escenario
vigente. Ante esta situación cabe pre
guntarse cómo es posible competir con
semejante poder de persuasión, de ca
pacidad para operar sobre la psicología
de los individuos. Para ello haría falta
otro dispositivo cultural que disponga de
tanta o más potencia que los aludidos,
un dispositivo construido a la medida de
las necesidades, dotado de las condi
ciones que lo conviertan en generador
de un cambio que paulatinamente se
extienda hacia las distintas esferas de
lo social.
Nosotros postulamos que ese dis
positivo es la escuela, la que no obs
tante encontrarse en desventaja tecno
lógica y, por lo tanto, carecer del
atractivo del que disponen otras cante
ras en las que se acumula el conocimien
to, corre con otras ventajas, como por
ejemplo la intencionalidad, la cercanía
de lo personal, el efecto grupal, la obli
gatoriedad y, sobre todo, el alcanzar con
su acción a los ciudadanos de todas las
capas sociales.
Para que la escuela asuma un rol
protagónico en la consecucn de ese
proyecto hace falta recuperar su capa
cidad instituyente, a tras de la recu
peración de su argumento fundamen
tal, el que siempre la distinguió y puede
volver a destacarla frente al chisporro
teo tecnológico, nos referimos al valor
de la palabra como recurso comunica-
cional por excelencia, la palabra realza
da por la presencia y el gesto educativo
del que carecen los competidores más
desinstitucionalizados, más flexibles,
pero tambiéns dispersos, acríticos,
detenidos en la información, diluidos en
su propia capacidad de procesamiento
del dato.
Cuando postulamos la recuperación
del valor de la palabra estamos apun
tando a revalorizar la capacidad para
argumentar, para confrontar ideas, para
fundamentar con criterios lógicos la so
licitud, para interpelar a la realidad y
proponer alternativas a lo que se con
sidera posible de modificar, es decir, al
ejercicio de la ciudadaa en términos
civilizados. Creemos que el emprendi-
miento de este camino lo es posible
de la mano de los educadores, también
consideram os que para conseguirlo
'D iá ia y L í P cda yo y tco j. Año VIII, N° 16, octubre 2010. Pag. 138-140
139
Rupturas necesarias
hace falta intervenir en la formación de
los docentes. Necesitamos una forma
ción inicial rigurosa en materia de cono
cimiento específico y mucho más en lo
pedagógico, pero tambn rescatar el
prestigio de la profesión.
Lo que queremos decir es que la
enseñanza requiere de conocimientos
especiales, sólo el poseerlos hace posi
ble que el docente sea mucho más que
un procesador de contenidos para ser
un educador, o sea alguien capaz de
hacer que el conocimiento tenga senti
do. Una revalorización de la tarea do
cente que implique el reconocimiento
social tiene que partir de quienes toman
decisiones, demostrando interés por la
rigurosidad de la formación de base y
también preocupándose por asegurar
retribuciones que estén de acuerdo con
la importancia que tiene la función.
El accionar de esta clase de educa
dores, en el marco de diseños
curriculares apropiados, puede signifi
car un incipiente desanudarse de los
lazos de alienación cultural que nos
mantienen dentro de una visión falsa de
las cosas.
140
'PeeUigSyíCóá. A ñ o VIII, N° 16, octubre 2010. Pag. 138-140