
alumno, significados que, también, van a connotar y dar direc-
cionalidad a la relación pedagógica, enfrentamos la primera y
más arriesgada cuestión. ¿Cómo pensamos al otro en tanto
niño, adolescente o joven? Al otro situado en esta época cul
tural y social; al otro como parte de una generación y en rela
ción con los adultos; con nosotros, los adultos como enseñan
tes; al otro como proyecto vital e identitario.
Es una interrogación, si se quiere,
en términos de reflexión filosófica y hu
manitaria. Como ejemplo, me pregun
to, ¿pensamos la infancia como minori
dad, incapacidad, falto de resolución y
responsabilidad o, aún peor, como in
fancia difícil, conflictiva, violenta, peli
grosa a la que debemos imponerle lími
tes como meta educativa prioritaria? O, ¿podemos atrevernos
a pensarla com o potencialidad de experiencia, de sueños,
imaginación y creación, aunque hoy esto no se visualice como
realizables sino como proyecto de futuro? Podemos pensarla
como "infancia en sí"; en su pleno derecho a vivir, a ser, a ex
perimentar. O, lo contrario, "la infancia para sí", para mí mis
mo; para resolver mis intereses laborales, económicos, per
sonales. O, aun peor, para negarle la experien cia auto
educativa bajo el motivo pesimista, disfrazado de protección,
de "yo, ya viví esto", "no hay nada por hacer", "tú no sabes,
pero así son las cosas".
Ubicar al otro aprendiente "para sí" -aunque sea para jus
tificar mi pesimismo e impotencia categorizándolo como difícil e
ineducable en la escuela- es un posicionamiento odioso y des
deñable que pocos nos atreveríamos a admitir. Sin embargo,
más allá de las progresistas nuevas leyes educativas, de de
clararse adalides en la defensa de los derechos del niño y los
jóvenes, de los discursos y los expertos, sospecham os que
quienes ocupan las posiciones de alumnos, han sido desplaza
dos del centro de la escena escolar y hasta sacados del esce
nario mismo. Aunque, de paso, responsabilizándolos por fraca
sar y abandonar la escuela, pese a "nuestros sacrificados es
fuerzos" por retenerlos. Desde uno, posicionar al otro "para sí"
(para mí) no necesita pedagogía; basta con instructivos de ta
reas y actividades, ejercicios y estándares de logros y desem
peños; seleccionados sólo desde lo que se y se hacer o desde
lo que siem pre hice. Aquí no hay praxis ed u cativa, sólo
activismo curriculary, para ello, no necesito pedagogía.
«Un diseño didáctico para la enseñanza
deberá basarse no sólo en los
contenidos disciplinares, sino en la
creación de significados acerca de su
valor. Encontrar las claves de estos
valores es pensar pedagógicamente.»
V tá io yo i. P e d a y a y Ú M . . Año VIII, N° 15, abril 2010. Pág. 14 9-169 1 6 3