
Investigación educativa y responsabilidad..
lleva y trae la marea, o el actual debate
respecto del aborto, o en la invisibiliza-
ción de temas centrales) tiene un claro
sesgo cainita. La violencia de la exclu
sión muestra su más cruda faz para tan
tos chicos y jóvenes que están en las
calles, y sufren de la intemperie y el
desam paro, muchas veces atrapados
por la droga y las recaídas en la cárcel.
La sangre de Abel recuerda a la
humanidad que desde el principio está
en el ser humano la incapacidad de
aceptar al que tiene diversa cultura -es
decir diverso modo de ganarse la vida,
de vivir, diversas ideas políticas- y diver
so culto (diversa manera de relacionar
se con lo trascendente). Nos es difícil
convivir con los más débiles en la socie
dad, con las minorías, los diferentes, los
que piensan distinto.
En vez de cuidar unos de otros, en
particular de los más débiles, el otro -el
diferente- se transforma en una ame
naza, y -no pocas veces- en un enemi
go. El trato vejatorio que suelen sufrir
los emigrantes y las minorías étnicas (en
los países centrales y también en nues
tra sociedad, no nos engañemos) da
sobradamente la razón al mito.
El autoritarismo tiene su raíz en la
incapacidad de aceptar al otro, al dife
rente, al que tiene diversa cultura, di
verso culto, diversas ideas políticas y
de organización social. Nuestra actual
situación política y social habla por sí
misma. Esa situación tiene su reflejo
clarísim o en las in stitucion es edu ca
tivas.
Emmanuel Levinas dice -comentan
do el texto de Caín y Abel- que la pre
gunta de Dios "¿dónde está tu herma
no?" revela cuál es el pensamiento de
Dios respecto de la humanidad: los se
res humanos estamos llamados a res
ponder unos por otros. Caín debe res
ponder, es decir ser capaz de ponerse
en el lugar del otro, de su hermano;
haciéndose condente de que no es sólo,
sino con otro y que es interpelado a
ponerse en el lugar del otro. Esto es una
actitud ética. Así ve Dios a la humani
dad: unos haciéndonos cargo del lugar
del otro, com prendiéndonos desde la
fraternidad. Dios no concibe al ser hu
mano solitario, sino como ser hermano.
El ser humano construye su subjetivi
dad con otro, éticamente.
Ante la pregunta ética -por el otro
(qué hacer con el otro que adviene, con
el diferente)-, la respuesta de Caín
("¿acaso soy el guardián de mi herma
no?" -burlándose del oficio de su her
mano "pastor"= guardián) es meramen
te gnoseológica. Afirma: Yo soy yo y mi
hermano es mi hermano. No tengo nada
que ver con él. Somos distintos, por lo
tanto "cada uno responde sólo por sí
mismo", cada uno "hace su vida", atien
de a su propio juego y se las arregla
como puede. "Mi cultura es mi cultura y
no tengo nada que hacer con la del otro.
Y, aún más: si puedo imponerme al her
mano, no es asunto de Dios, ni de na
die más". Así es como el hombre se con
cibe frente a su hermano, dice el relato.
La respuesta de Caín señala un modo
de construcción (o más bien de de
construcción) de la subjetividad: desde
el individualismo, la incuria por el otro,
la cerrazón a mirar y velar por otro.
El mito señala crudamente que el
designio de Dios respecto del ser huma
no no es el mismo que el ser humano
tiene de sí mismo. En la figura de Caín
se da la negación de la posibilidad de
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ViÁéoyoi. PedaykfÚM.. Año VIII, N° 15, abril 2010. Pag. 102-111