
conectarse con todos los seres, sin renegar
de todos los resultados del horizonte con
temporáneo. Amar a la naturaleza, en lugar
de torturarla y esclavizarla. Tal vez al tiem
po que la globalización pasa por la fase de
grandes agrupaciones de países, el hombre
gire sus intereses de la materia al espíritu.
2. Lo que vendrá
Los viejos principios, bien, verdad, be
lleza, continuarán desapareciendo, y tam
bién el concepto de "Uno", ya ocultado tras
la pluralidad postmoderna. El racionalismo
seguirá avanzando sobre la intuición y teje
rá una oscura nube conceptual, aunque va
cía. Aum entará el papel capital de las
computadoras, que favorecerán la devas
tación de la naturaleza al acelerar más aún
el tiempo de la máquina, de por sí más rá
pido que los ritmos que fueron de la biosfera,
en la concepción de Panikkar.
Sin conocer la computadora, Heidegger
se había referido a Ge-ste/l como a una
sustentación de la tecnología, y no como
plataforma de inicio de un nuevo estadio
positivo, conforme al pensar de Gianni Va-
ttimo. Más de un investigador -Ray Kurzweil
entre ellos- sostiene que pronto las com
putadoras alcanzarán la inteligencia huma
na, y que un problema central de la filosofía
de este siglo será diferenciar un hombre de
una máquina.
Pronto com enzará a em plearse la
nanoingeniería (elem e n to s de una
milmillonésima de metro) en implantes en
nuestros cuerpos y en nuestra memoria, y
los robots se procrearán (Cfr. TIPLER, 2001).
En el campo de la ingeniería genética a dia
rio nos vemos sorprendidos. La biosfera está
dando un gran salto cualitativo. En los labo
ratorios se están transgrediendo los reinos
biológicos: se está combinando información
genética e ntre d istin ta s especies. El
ciberántropos será una realidad. Muchos de
nuestros hijos vivirán en ese mundo.
Es momento de situarnos ante la vida
y el mundo desde un ángulo diferente: inte
grarnos al universo, que nos penetre la luz
y el viento; debemos acercarnos a todos
los seres, somos hermanos en la energía
cósmica, un mismo filamento conecta a la
ameba y a la estrella pasando por el hom
bre. Nuestros antepasados "sentían la in
fluencia del Universo y a esa presencia le
dieron el nombre de Dios" (PLYKIN, 2001),
sostiene Víctor Dmitrievich Plykin (Doctor
en Ciencias Técnicas, miembro de la Aca
demia Internacional de Información adjun
ta a la ONU), y declara que veinticinco años
de estudios lo llevaron a diseñar un nuevo
modelo de universo, porque lo que nom
bramos materia es una forma grosera de
energía; hay otros mundos de estados muy
sutiles de energía. No entiende Plykin por
qué muchos científicos sienten pánico por
la palabra Dios, mientras que se ha creado
la técnica que nos conduce al desastre. Ale
jados de Dios -continúa- luchamos unos con
tra otros y trasladamos esta lucha a nues
tros hijos desde el jardín de infantes, ense
ñándoles a ser siempre más -m ás rápidos,
más inteligentes, más bonitos-, luego, mar
keting, economía de mercado; pero quién
les habla de amor, se pregunta. Aprende
mos a pelear y maltratamos a la naturaleza
"sin tener la menor idea de cómo este Uni
verso está hecho (...) En Él hay relaciones
estrictas de causa y efecto, desde el núcleo
del Universo hasta la célula del organismo
(...) La Tierra es un organismo vivo... nos
conoce a cada uno (...) y nosotros (...) la
tratamos como si fuera un terreno muerto,
la pisamos, la explotamos. Así es nuestra
ignorancia" (PLYKIN, 2001).
Si comprendiéram os que verdadera
mente somos seres universales nos reali
zaríamos conforme a las leyes del Cosmos.
No es imposible que así suceda en algún
momento del espacio-tiempo. En el futuro,
decía el físico y matem ático Konstantin
Tsiolkovski, los seres humanos no tendrán
cuerpos: serán luminosos. Esto es: el ser
T’edoySyicoa.. A ñ o IV, N° 7, ab ril 2006. Pág. 46-52
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