
enfoque ¡ntercultural de la ética y la política, y su incidencia en
la pedagogía, dentro de la cual estoy situado yo mismo.5
La "lucha por el reconocim iento" es, en sus orígenes
hegelianos, una categoría que aparece, como un momento,
primero, en el proceso de constitución misma del sujeto como
razón, y, luego, en el proceso de realización efectiva de ese
sujeto-razón como "espíritu". En términos de la exposición
enciclopédica de su sistema, la categoría pertenece tanto al
campo dei espíritu subjetivo como del espíritu objetivo.
Para Hegel, la razón es el nombre propio del sujeto (como
buen pensador moderno), pero entendido como resultado de
un proceso, que lleva a ese resultado, y no como una certeza
inmediata de ser fundamento inconmovible, como el cogito car
tesiano, ni como una razón pura, definida como "trascenden
tal", y por lo mismo a priori, al estilo de la razón kantiana. La
forma en que Hegel define finalmente a la razón es como "indi
vidualidad que es en-sí y para-sí", es decir, sustancia que ha
devenido sujeto, pensamiento y libertad, pero sujeto que no
meramente niega la sustancialidad, sino que esa negación está
determinada por lo que niega, y entonces se realiza como su
jeto sustancial, es decir: cultura, sociedad, historia. Es lo que
Hegel llama "espíritu", que es realización efectiva (Wirklichung)
de la razón. Es decir: la sociedad, la historia, la cultura no son
fenómenos "naturales", sino que son el producto de la acción
de los individuos de esta especie que tiene "logos", es decir:
de individuos que piensan y hablan, actúan, y es su interacción
lo que produce "sustancialidad", que no es entonces "natural"
sino social e histórica, es decir: cultura.
Lo interesante es señalar que ese
"momento" de la lucha por el reconoci
miento, en ambos procesos, el de cons
titución como en el de realización, es
pensado como negativo, en el estricto
sentido dialéctico de negación determi
nada por lo que niega y, por lo mismo
susceptible de una negación de la negación, es decir, de ser
superado como mera negación, produciendo un "todo" que es
resultado más el proceso que lo produce.
5 Nos referimos al enfoque intercultural, que no es lo mismo que plantear el
llamado "multiculturalismo" en el registro del liberalismo político (Fornet
Betancourt, 2003, 2004; Cullen, 2007).
«Un diálogo educativo es tal porgue
educa, en tanto en él se pone en juego
una práctica socializadora mediante la
enseñanza de saberes legitimados
públicamente, práctica siempre
contextualizada histórico-
culturalmente.»
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‘Dtotaqoj 'Pcdapufteaj. Año VII, N° 14, octubre 2009. Pág. 137-1 50