
Olga Cossettini
Los cambios no eran de forma, no
quedaron en la superficie, tal como de
cía ella, no eran de horarios y progra
mas, sino de abrir la escuela a la vida.
Superando la escuela tradicional, bre
gó por una enseñanza en la que el alum
no fuera el centro de atención de la pro
puesta ocupando un primer lugar las ac
tividades artísticas en el marco de las
asignaturas existentes. En defensa de
una escuela activa, concebía que las
manifestaciones expresivas eran un ele
mento serenador que favorecía un cli
ma de trabajo armonioso.
Las actividades que llevaban a cabo
fomentaban la experiencia directa a tra
vés del contacto con el mundo natural y
sociocultural. Los trabajos de laborato
rio, los paseos por el río, la observación
detallada y sentida de la naturaleza, los
recorridos de los espacios públicos del
barrio que despertaban la sensibilidad
social y el espíritu solidario, hacían de
la escuela un espacio abierto vivenciado
con placer. El conocimiento se construía
a partir de la indagación y el descubri
miento implicando a los niños en todas
las tareas realizadas. La vida interior de
los niños y la actitud investigativa eran
pilares centrales de las acciones peda
gógicas.
Sostenía la misma idea de Lom
bardo Radice, llevar la vida a la escuela y
la escuela a la vida. La educación estéti
ca impregnaba la vida escolar y el acce
so al conocimiento no se delineaba en
cada asignatura. El contacto con el mun
do fuera del aula ponía en juego simul
táneamente las distintas disciplinas
como la Biología, la Matemática, la Geo
grafía, sin limitar las expresiones que
promovieran las capacidades imagina
tivas, expresivas, creativas. "El ambiente
escolar deber ser el mundo... y nuestros
niños han hecho del mundo que los ro
dea su rico mundo de exploración direc
ta" (Cossettini, 1935, p. 91).
A través de una relación de con
fianza y respeto, concebían el vínculo
educativo como una posibilidad de con
tribuir a la felicidad, al crecimiento y al
logro de la autonomía. El docente se
convertía en un guía que orientaba las
acciones de modo tal que se respirara
libertad disolviendo toda coacción y ofre
ciendo contención, con el fin de favore
cer lo que denominaban disciplina inte
rior. El maestro era responsable de crear
un clima en el cual los niños pudieran
expresar sus dudas, sin temor a errar o
a ignorar.
Cuando la maestra ayuda a sem
brar y a recoger, y a comprender;
cuando acompaña a cantar, a ju
gar y a reír, siempre y siempre,
esas maestras y esos niños están
hablando un lenguaje de sereni
dad y de gracia, están creando una
nueva forma de vida. (Cossettini,
1945, p. 26)
El desafío de educar era hallar el
justo equilibrio entre la atención a las
inquietudes e intereses de los alumnos
y los contenidos planificados. Conten
ción, escucha atenta, diálogo, actividad
creativa, indagación activa, descubri
miento; eran las acciones que permitían
el acceso al conocimiento en un espacio
abierto, democrático y solidario. Fran
cisco Romero muy bien describe la es
cuela de la Señorita Olga diciendo:
Los niños en esta escuela feliz,
con su sencillo aplomo, con su se
reno atareamiento, con el tono de
sus explicaciones y aún con sus