
Humanos en la educación formal y no
formal, reforzamos el com promiso de
construir una democracia participativa y
una ciudadanía activa. Alim entamos,
tam bién, la esperanza de to dos/as
aquellos/as que están dispuestos/as a
desarrollar una práctica educativa par
ticipativa y dialógica, a través del estu
dio cuidadoso del campo político en to
dos los espacios de interacción social.
Esa visión de la democracia participativa
nos lleva a la necesidad de ampliar el
concepto de ciudadanía, de tal manera,
que sobrepase el principio de reciproci
dad y simetría entre derechos y debe
res. A la ciudadanía no se la identifica
únicamente con la obligación política que
existe entre ciudadanos y estado, sino
también con la acción política entre ciu
dadanos/as, lo que lleva a una nueva
valoración del principio de comunidad y,
juntamente con este, los principios de
igualdad, autonomía, solidaridad y res
peto hacia la diferencia (Oliveira, 2006,
p. 69).
De este modo, los contenidos pro
puestos en los procesos formativos se
sitúan en la línea de un conocimiento
emancipador que, a partir de la óptica
de los Derechos Humanos, ayude a for
talecer la democracia participativa, en
un mundo dominado por el conocimien
to como regulación.
Según esta concepción, y tal como
afirma Paulo Freire (1997, p. 43), al re
ferirse a la formación permanente, el
momento clave en la formación de los/
as educadores/as es aquel en el que
se realiza una reflexión critica sobre la
propia práctica. Una reflexión que su
pone examinar las teorías implícitas, los
estilos cognitivos y los prejuicios (de
jerarquía, sexismo, machismo, intoleran
cia, discriminación, exclusión, etc.). Y esa
reflexión crítica no se limita a la rutina
del aula, sino que traspasa las paredes
de las instituciones y penetra toda la
construcción social y los intereses que
subyacen a la educación y a la realidad
social, con el objetivo de construir pro
cesos emancípatenos. En esta línea, es
muy importante también la construcción
de espacios de intercambio de experien
cias y discusión entre iguales, así como
la elaboración e implementación del pro
yecto político-pedagógico de la escue
la, a la luz del enfoque de educación en/
para los Derechos Humanos.
Otro aspecto im portante también
que resalta la pedagogía freiriana en
relación con la formación de profesores/
as es la investigación:
No hay enseñanza sin investiga
ción ni investigación sin enseñan
za. Esas tareas se encuentran una
en el cuerpo de la otra. Mientras
enseño, continúo buscando, bus
co nuevam ente. Enseño porque
busco, porque indagué, porque in
dago y me indago. Investigo para
constatar; constando, intervengo;
interviniendo, educo y me educo.
Investigo para conocer lo que aún
no conozco y comunicar o anunciar
la novedad. (Freire, 1997, p. 32)
Así, no solo es importante ayudar a
form ar subjetividades curiosas, capa
ces de preguntarse e indagar, sino
también capaces de actuar y compro
meterse con la realidad. Por eso, otra
dimensión que se apunta como funda
mental en la formación del /de la edu
cador/a es su conciencia de sujeto polí
tico para ejercer con com petencia su
profesión. Paulo Freire (1997, p. 86)
nos recuerda:
'Dúí?oc/a¿ ’PecOzc/óyccod.. Año VII, N° 13, abril 2009. Pág. 3 4-46
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