Ser joven en América latina
a comienzos del tercer milenio
Susana Carena *
María Magdalena Pisano **
Adriana Tessio Conca ***
Este artículo intenta una aproximación sobre algunos rasgos de una nueva cultu
ra juvenil emergente en América latina. Conflictividad, apatía política, deserción esco
lar, postergación de la procreación, desempleo masivo, crisis normativas, conductas de
riesgo, son características que definen a la juventud. Los jóvenes se encuentran
inmersos en paradojas y contradicciones del nuevo orden global, situados y demanda
dos como actores protagónicos de las transformaciones y/o expuestos a diversos gra
dos de vulnerabilidad y exclusión.
El objetivo es contribuir para una mayor toma de conciencia de aspectos de esta
realidad y del contexto en el que se manifiesta para colaborar con la transformación de
las demandas en alternativas que impliquen tareas formativas y definicn de políticas
de juventud.
Es necesario repensar su formacn, teniendo en cuenta a cada uno en su origina
lidad, su historia personal y social, reconociendo la posibilidad de asumirse como per
sonas dueñas de su libertad, capaces de comprometerse con el mundo en que viven.
Juventud - Cultura - Globalización - Integración social - Educación
Doctora en Ciencias de la Educación. Docente e investigadora de la Universidad Católica de rdoba.
Directora de la Maestría en Investigación Educativa de la Facultad de Educacn de la Universidad
Católica derdoba, Argentina. E-mail: susanacarena@ciudad.com.ar
.Licenciada en Psicopedagogía. Docente e investigadora de la Universidad Católica de Córdoba. Miem
bro del Centro Cife Reduc de la Universidad Católica de Córdoba, Argentina.
E-mail: maggyplsano@hotmail.com
* Magíster en Investigacn Educativa. Licenciada en Ciencias de la Educación. Docente e investiga
dora de la Universidad Católica de Córdoba. Directora del Centro Cife Reduc de la Universidad
Calica de Córdoba, Argentina. E-mail: atessio@hotmail.com
Dtáfoyvá T^edacc/íc. Año VII, N° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33
Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
This article intends to depict some important features of a new youth culture in
Latin America. Conflicts, political indifference, school desertion, delayed procreation,
massive unemployment, normative crisis, risk behaviors are characteristics that defi
ne youth. Young people are immerse in paradoxes and contradictions of the new global
order. They are also situated and requested as main actors o f transformations and/or
exposed to different levels of vulnerability and exclusion.
In order to contribute with the transformation of the demands in alternatives that
involve formative work and definition of youth policy, some aspects o f this reality and
its context are shown .
It is necessary to think over young people's formation, taking into account their
own personal and social history, so as to recognize the possibility of assuming
themselves as persons, owners of their freedom and committed with the world where
they live.
Youth - Culture - Globalization - Social integration - Education
i
Introduccn
Estamos transitando una época de
cambios y paradojas. Indudablemente
los acontecimientos que vivimos ponen
en evidencia que nos encontramos en
el umbral de una nueva época en la que
muchas de las explicaciones y sentidos
otorgados a la realidad han perdido su
legitimidad y muchos modos de ordena
miento de la vida social han tomado un
carácter diferente.
Por un lado, se observan rasgos de
la cultura llamada posmoderna que duda
de toda cosmovisn que pretenda ofre
cer sentidos últim os, desvalorizando
toda verdad que no se sostenga empí
ricamente y toda interpretacn religio
sa o metafísica del mundo y de la vida.
La cultura posmoderna pareciera estar
centrada en la búsqueda de la satisfac
ción inmediata de las necesidades y del
propio bienestar psíquico y corporal, en
la idea de que hay que vivir el presente
con el máximo de placer y el mínimo de
esfuerzo, sin proyectos de realización
personal a largo plazo, ni tradiciones que
los condicionen.
Por otra parte, el fenómeno de la
globalización, más allá de sus conno
taciones económicas, ha impactado en
todos los ámbitos de la cultura. En ge
neral, las fronteras del mundo se han
ampliado; el conocimiento se ha conver
tido en motor central del crecimiento
tanto personal como social; los avan
ces científico-tecnológicos han influido
sobre la biología, la farmacología y la
medicina, permitiendo un mayor control
de las enfermedades; se ha transfor
12
V id & y o i Año V il, N° 13, abríI 2009. Pág. 11-33
mado la economía y el mercado laboral;
las informaciones y las ideas tienen la
posibilidad de difundirse en el momen
to en que se producen. En este marco,
"se han redefinido los patrones de con
sumo y agudizado las diferencias en el
acceso de oportunidades y en las con
diciones de vida entre los grupos en
ventaja socioeconómica y aquellos que
no lo esn" (Krauskopf, 1999, p. 119).
Los/as jóvenes se encuentran in
mersos/as en estas paradojas y contra
dicciones del nuevo orden global: en un
sentido son situados/as y demandados/
as como actores protagónicos de las
transform aciones; en otro, miles de
ellos/as viven expuestos/as a diversos
grados de vulnerabilidad y exclusn, lo
que puede ser considerado uno de los
problemas más acuciantes para Améri
ca latina.
Cuando los mecanismos de cambio
de edad y de responsabilidades frente
a la sociedad no coinciden con los me
canismos habituales de integracn so
cial -probablemente influenciados por
que los caminos de tránsito de la edu
cacn al empleo, de la dependencia a
la autonomía y de la incorporación de
nuevos valores se vuelven dificultosos
para e llo s /a s- aparecen cond uctas
disruptivas y los/as jóvenes pasan a ser
objeto de discusión y análisis. Estas ca
racterísticas ciertamente impactan en
la emergencia de una nueva cultura ju
venil.
Conflictividad y apatía política, de
sercn escolar, postergación de la pro
creacn, desempleo masivo, crisis nor
mativas o conductas de riesgo son al
gunas de las características que definen
a la juventud en nuestro tiempo.
En toda América latina los estudios
sobre esta etapa de la vida han pasa
do por un período de latencia y hoy
resurgen con fuerza en el ámbito aca
démico (Candau, 2004). En general pue
den distinguirse en esos trabajos dos
tendencias: la primera privilegia un en
foque genérico de la juventud y la se
gunda lo hace con la variedad y la es
pecificidad de las diferentes experien
cias juveniles (Candau, 2004).
Desde este artículo y a partir de la
responsabilidad que nos cabe como
educadores e investigadores, intenta
mos aproximarnos a algunos rasgos de
una nueva cultura juvenil que emerge
en el contexto de América latina, según
los estudios recuperados en los últimos
años desde la Red Latinoamericana de
Documentación e Información Educati
va y en otra bibliografía que circula en
medios académicos. Su objetivo es ha
cer un aporte a una mayor toma de con
ciencia de algunos aspectos de esta
realidad y del contexto en el que la mis
ma se manifiesta para colaborar con la
transformación de las demandas que en
ella se esconden, en alternativas que
impliquen tareas formativas y definición
de políticas de juventud.
1. ¿Juventud o juventudes?
La juventud emerge históricamen
te como un actor social necesario de
analizar desde que el desarrollo de los
sistemas educativos tiende a generali
zar el acceso a la enseñanza, lo que
origina un proceso de "moratoria de res
ponsabilidades", que en épocas ante
riores no se daba. El abordaje de este
grupo como objeto de estudio no es
posible hacerlo desde la homogeneidad
D íá b ty u f'tdao.á^ccoi. Año VII, N ° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33
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Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
ni desde criterios unívocos como ia
edad, la escolaridad o cualquiera de
otros datos con que se acostumbra a
homogeneizarlos dado que la hetero
geneidad y el pluralismo son caracterís
ticas intrínsecas del mundo juvenil (Sie
rra Pardo, 2001). Su análisis implica con
siderar una multidimensionalidad de fac
tores que incluyen aspectos biológicos,
psicológicos, sociales y culturales; ya
que, como señalábamos en un trabajo
anterior,
homogeneizar a los grupos juveni
les teniendo en cuenta lo la base
generacional implica un sesgo im
portante, puesto que los/las jóve
nes, n cuando comparten la con
dición de la edad, presentan ras
aos diferentes según si se los ana
liza teniendo en cuenta la clase so
cial, el género o la pertenencia a
grupos étnicos o culturales. (Care
na et al., 2003, p. 9)
Para aproximarnos a una concep-
tualización más precisa sobre la juven
tud, podemos partir de una diferencia
ción entre edad biológica y edad social. La
primera im plica una condición vital,
cronogica: desde allí la juventud pue
de pensarse como un período de la vida
en que se está en posesión de un ex
cedente temporal, por ello se dice que
la juventud tiene una moratoria vital, la
muerte es algo que es distante en el
tiempo produciendo en los/as jóvenes
una característica sensación de invulne-
rabilidad (Margulis, 1996). La edad so
cial, en cambio, tiene en cuenta lo que
cada sociedad delimita en el reconoci
miento de sus actores, que en este caso
es el momento de ingreso al mundo
adulto, lo que establece una moratoria
social.
El límite entre la juventud y la adul
tez se ha asociado históricamente al
inicio de la vida laboral y la conforma
ción de una familia. Este período, en
las generaciones anteriores, se inicia
ba a edades más tempranas que en la
actualidad. Hoy, la prolongación del
proceso educativo, las percepciones de
incertidumbre económica y laboral y las
mayores aspiraciones de los/as jó ve
nes han hecho que progresivam ente
se postergue la edad promedio en que
el joven "se hace adulto" mediante el
trabajo y la creación de su propia fami
lia,1 realidad que en este momento no
es aplicable a todo el universo de jóve
nes. Siguiendo a Margulis, al abordar el
estudio del mundo juvenil se deben
considerar los aspectos cronológicos y
los p resociales (que con stitu yen la
base "dura") sobre los cuales habrán
de asentarse los aspectos sociale s.2
De tal modo, la materia de la juventud
es su cronología, en tanto moratoria vi
tal, y la forma en que se inviste es
1 Al respecto, la Organizacn Mundial de la Salud considera que la adolescencia culmina oficialmente a
los 25 años.
z Utilizando este criterio se puede distinguir a los jóvenes de los no venes por medio de la moratoria
vital y a los social y culturalmente juveniles de los no juveniles por medio de la moratoria social.
venes no juveniles serían aquellos que, procedentes de sectores populares, no gozan de la moratoria
social y no jóvenes juveniles serían aquellos integrantes de sectores medios y altos que ven disminui
do su crédito vital (Margulis, 1996, p. 22).
14
DcóCoto.34- A ñ o V II, N ° 13, a b ril 2009 . Pa g. 1 1-3 3
ARTÍCULOS
sociocultural. A partir de esto puede
entenderse a la cronología sin cultura
como pura m aterialidad estad ística
(Margulis, 1996).3
Para el mencionado autor, la defini
ción de la juventud implica considerar:
- La edad.
- Los aspectos generacionales, es decir,
la edad procesada por la cultura.
Cada momento histórico condiciona
las distintas maneras de ser joven.
La generación hace referencia a las
diferentes épocas de socialización
de los sujetos, cada generación in
corpora d ife re n te s códigos, d e s
trezas, lenguajes, gustos; ser inte
grante de una generación distinta
implica diferencias en el plano de la
memoria, porque no se han vivido
las mismas experiencias que las ge
neraciones anteriores. Al respecto,
Jean Jacques Racial considera que la
adolescencia, en un momento histó
rico y cultural determinado, está si
tuada en el punto de contacto de por
lo menos dos generaciones y desde
al explora carencias, vacíos y pro
mesas no cumplidas de padres, fami
lias y sociedades (Krichesky, 2005, p.
37). La generacn es una estructura
transversal, experiencia histórica,
memoria acumulada.
- La clase social del origen: esto deter
mina una moratoria, es decir un es
pacio de posibilidades otorgadolo
a ciertos sectores sociales. Así, los es
tratos más favorecidos otorgan a los/
as jóvenes la posibilidad de poster
gar exigencias tales como trabajo,
matrimonio, para que se dediquen al
estudio. Por el contrario, los sectores
populares tienen acotadas sus posi
bilidades, debiendo ingresar tempra
namente al mundo del trabajo, a obli
gaciones familiares (casamiento, hi
jos, etc.).
- El género: el ser joven también de
pende del ser varón o mujer. La mu
jer no puede escapar de los límites
de la juventud que lleva instalados
en su cuerpo. La maternidad implica
una espera diferente, una urgencia
distinta, ya que el tiempo de ser ma
dre se agota y presiona.
La ubicación en la familia: es en ella
donde se articulan todas las variables
que definen la condición de juventud
y se ve claramente el interjuego de
generaciones.
- El conjunto de instituciones en las que
transcurre la vida social: la escuela, el
ámbito laboral, las instituciones reli
giosas, los partidos políticos, los clu
bes y asociaciones interm edias, el
ejército, son instituciones en las que
se sigue un orden vinculado a la
edad, a ciertas normas, a sanciones.
"La condición de juventud no puede
ser reducida a un solo sector social o
ser aislada de las instituciones, como
si se tratara de un actor escindido,
separado del mundo social, o sólo
actuante com o sujeto autónom o"
(Margulis, 1996, pp. 29-30).
Desde esta perspectiva se puede criticar a los planteos culturalistas al centrar su definicn en los
elementos característicos de la moratoria social, olvidando que hay una energía del cuerpo que es en
cierto modo independiente de la clase social.
I. Año VII, N° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33
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nómenos tales como la violencia, el in
cumplimiento de las reglas sociales,
que pueden interpretarse como mani
festaciones de una juventud anómica.
Dina Krauskopf, por su parte, rese1
ña cuatro perspectivas para enfocar el
análisis de las problemáticas de esta
etapa: la adolescencia como período
preparatorio, la juventud como etapa
problema, la juventud como actor es
tragico del desarrollo y la juventud ciu
dadana.
En la primera, la adolescencia es vis
ta como un peodo en transición entre
la niñez y la adultez. Esta perspectiva
tiene, según Krauskopf, una limitación
fundamental dada por el hecho de que
actualmente el saber no está sólo del
lado de los adultos, puesto que la rapi
dez de los progresos cnicos y científi
cos obliga a los adultos a una formación
permanente, lo que hace que sea cada
vez menos posible distinguir la adoles
cencia de la edad adulta en función de
la preparación para la vida. Sen plan
tea esta autora "el reduccionismo del
paradigma de etapa preparatoria surge
como una postergación de los derechos
de los niños y jóvenes, al considerarlos
carentes de madurez social e inexper
tos" (Krauskopf, 1999, p. 122).
El paradigma que enfoca a la juven
tud como etapa problema centra su mi
rada en la consideración de la crisis
normativa. La juventud se enfoca des
de problemas como embarazo, delin
cuencia, drogas, deserción escolar, etc.
Esta perspectiva tiene dos limitaciones
fundamentales: por un lado, favorece
la estigmatizacn de la juventud y por
otro, genera prácticas de intervención
que al enfocar problemas específicos tie
nen poco impacto en el desarrollo inte
gral del adolescente.
La juventud como actor estratégico
del desarrollo destaca a los/as jóvenes
como actores protagónicos en la reno
vación permanente de las sociedades,
en esta época de reestructuración eco
nómica y globalización. Por ello, debe
apuntarse al desarrollo de las capacida
des de aprender a aprender y al forta
lecimiento de los recursos sociales de los
grupos juveniles
La perspectiva sobre la juventud
ciudadana parte del reconocimiento ex
plícito de niños y adolescentes del de
recho de ciudadanía, concretada en la
Convención de los Derechos del Niño.
No se trata sólo de un ejercicio formal
de la ciudadanía concretada en el dere
cho al voto sino de una participación
crecientemente decisoria en la que to
man preem inencia las relaciones cívi
cas, las capacidades y los derecho ju
veniles y la ampliación de los atributos
de ciudadanía, la que es vista como un
sector flexible y abierto a los cambios,
donde se evidencian capacidades para
intervenir protagónicamente en distin
tas situaciones, construir dem ocrática
mente su calidad de vida y aportar al
desarrollo colectivo.
2. Los/as jóvenes en una cultura
posmoderna y globalizada
El tercer milenio ofrece serias difi
cultades al Intento de alcanzar la com
prensión del mundo juvenil. El desarro
llo personal de los/as jóvenes -que se
lleva a cabo en un permanente intercam
bio con el medio y con la cultura- ocurre
en este tiempo en un momento de pro
fundos cambios, cuya importancia pue-
V iálotfM PaOzyáyicoi. Año V il, N° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33 1 7
Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
de compararse a los ocurridos en los ¡ni
dos de la modernidad, cuando la revo
lucn científico tecnológica dio un giro
en el modo de comprender al mundo,
filosófica y científicamente. Estos cam
bios afectan, por ende, a los valores vi
gentes de la sociedad.
En general, los valores presentes
en la vida de las personas, funcionan
como criterios orientadores de la con
ducta y se relacionan con los estilos de
vida, con las costumbres y con la cultu
ra de la comunidad. Estos valores se
vinculan con sus representaciones de la
realidad, con sus principios éticos y las
creencias propias de la dimensión reli
giosa, entendiendo por tal aquélla que
alude a los últimos sentidos y explica
ciones del mundo y de la vida.
En una sociedad donde se conju
gan los rasgos de la posmodernidad con
los de la globallzacn económica, los va
lores que se manifiestan en la vida coti
diana se encuentran distantes de una
dimensn trascendente, y próximos a
todo aquello que signifique el logro de
gratificaciones perentorias y de éxito
personal. Es poco probable en conse
cuencia que, a partir del permanente
Intercambio con el mundo y sus valores,
se despierte en la interioridad de los/
as jóvenes la voluntad de consagrar la
vida a grandes ideales o utopías que
vayan más al del presente y sus ne
cesidades inmediatas. En un medio so
cial con estas características y acorde
con las expectativas contemporáneas,
es frecuente que en los/as jóvenes se
manifiesten nuevos intereses y organi
cen su tiempo procurando alcanzar las
gratificaciones que estiman que la ju
ventud debe brindarles.
Por otra parte, en el marco de la
globalización las m odificaciones que
abren oportunidades de un mejor de
sarrollo llevan consigo fuertes desigual
dades en la distribución de las rique
zas y de los beneficios que los adelan
tos significan y que, por lo tanto, acen
túan la marginalidad y la exclusn sin
tener en cuenta las realidades huma
nas. En este sentido, Rubiolo (1998)
observa que lagica del mercado, que
se sostiene en los valores de la eficien
cia y de la competitividad, deja de lado
-entre las principales finalidades de la
acción humana- los sentidos que alien
tan el valor de la ética, lo que se pone
de manifiesto en un incremento de ac
titudes individualistas, con una notable
ausencia de preocupación por lo comu
nitario y lo potico, en un proceso de
acomodacn a una sociedad regida por
la búsqueda del éxito económico, indi
vidual e inmediato (Allende, Brígido,
Carena, Juárez, 1997). En estas situa
ciones de desigualdades, que afectan
las condiciones de una vida digna de
muchos sectores de la población, son
los niños, los/as jóvenes y los ancia
nos los más desprotegidos por la so
ciedad.4
4 De acuerdo con las encuestas de hogares de 18 países latinoamericanos la pobreza alcanza al 41% de
los jóvenes en 2002. Esta cifra equivale a 58 millones entre los que se encuentran 21 millones 200 mil
pobres extremos. Entre los pobres el 60% -en el año 1999- son menores de 25os. La indigencia
juvenil urbana es del 10% y la rural es de 27%.
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Año VII, N° 13, abrí! 2009. Pag. 11-33
ARTÍCULOS
En los últim os quince años, las
transformaciones económicas, sociales
y culturales han impactado en las insti
tuciones sociales y, entre ellas, han afec
tado también al interior de la familia.
Han cambiado las representaciones so
ciales acerca de la autoridad, y por lo
tanto la imagen que los hijos tienen res
pecto a la autoridad paterna ha varia
do tambn. Tampoco puede ya soste
nerse en la provisió n de ingresos
económicos. La mujer, por su parte, ha
accedido m asivamente al mundo del
estudio y del trabajo compartiendo su
función de madre con otras actividades,
lo que ha influido en la organizacn de
la vida familiar. Asimismo se han incre
mentado el número de divorcios lo que
ha aumentado también el mero de los
hogares unipersonales.5
No obstante que se presenta aún
como el marco de convivencia habitual
en los años jóvenes y que parece des
empeñar aún un papel relevante en sus
vidas en la transmisn de los valores,
muchas familias han perdido su valor
como espacio de contención afectiva y
de seguridad, lo que, sumado a las con
diciones económicas adversas, coloca a
muchos/as jóvenes en situacn de ries
go y vulnerabilidad. Estas característi
cas, además de los cambios en los con
sumos culturales y la mayor libertad que
poseen en el ejercicio de su sexualidad
parecieran tener una relación directa
con las representaciones que los/las
venes elaboran acerca de mismos y
de la sociedad, lo que puede vincularse
a la construccn de un nuevo estilo de
vida y una nueva manera de estar en el
mundo. La comprensión de esta reali
dad con la intención de colaborar con la
definición de nuevas alternativas forma-
tivas, hace necesario pensar en las iden
tidades juveniles de este tiempo que ya
no se sostienen en los valores tradicio
nales, dada la situación actual signada
por el cambio económico, cultural y fa
miliar.
En el análisis sobre esta realidad y
en dlogo con el contexto en el que la
misma se manifiesta se han priorizado
algunas dimensiones de la vida de los/
as venes, considerando que se vincu
lan fuertemente con la cultura juvenil
emergente. En el mismo nos detenemos
en los consumos culturales a los que
destinan su tiempo libre, en los nuevos
modos que tienen los/as jóvenes de
relacionarse con su cuerpo y con la
sexualidad, y en las modalidades que
asume su inserción en la vida de la so
ciedad.
Un nuevo estilo de vida juvenil
Ver televisión, escuchar música, leer,
ir al cine, bailar, hacer deportes, "cha-
tear", "navegar" y operar video juegos,
son las prácticas de consumo cultural en
los usos del tiempo libre, mencionadas
con mayor frecuencia por muchos/as
jóvenes.
El consumo más importante es la
m úsica, la que viene asociada a la
5 En América latina, en el año 2002 más de la mitad óe los venes entre 15 y 29 años viven en familias
nucleares, un 33 % en familias extendidas, un 3.3 % en familias compuestas, un 1 % en hogares
unipersonales y un 4.2 % en hogares sin núcleo conyugal (CEPAL, 2004).
'Dloyoi 'PecUuyicM. Añ o VII, N° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33
19
Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
estereofonía, los Walkman, los Instru
mentos electrónicos, los videoclips, los
MP3. Los/as venes prácticamente nun
ca dejan de escuchar música aunque lle
ven a cabo otras actividades al mismo
tiempo. Wortman (2001) sostiene que
en la sociedad contemporánea lo joven
se define a través de la música, algu
nos hasta se visten según la música que
escuchan. La globalizacn cultural, vin
culada a la producción económica, llega
también a través de la industria de la
música cuyo consumo acentúa las dife
rencias vinculadas a los Intereses y las
facilidades técnicas que otorga la tec
nología disponible.
La televisión es tambn entre las
actividades que ocupan más tiempo en
su vida cotidiana (CEPAL, 2004). El ho
gar ha pasado a representar un espa
cio de intenso consumo de tecnologías
de la comunicacn las que no se limitan
a la TV y la radio en su sentido tradicio
nal, sino que se expanden a través de
un nuevo concepto de "selección a la
carta" en el consumo de TV por cable,
videos, DVD, Internet y otros disposi
tivos.
Al respecto, Silvia Bleichmar (1999a)
hace referencia a los reality show, pro
gramas de televisn que dan cuenta de
situaciones que son pura permanencia
y desenlace, sin relación de causalidad:
las cosas ocurren y un día culminan,
pudiendo hacerlo de las maneras más
extrañas. Estos programas donde los
protagonistas se pasan horas sin vir
tualmente hablar de nada; donde ade
más no hay que hacer nada, sino ser
como uno es, y existir nada más, hoy
deslumbran a los/as jóvenes. En ellos
ha desaparecido el relato trascendente
y heroico y esto facilita representacio
nes que incluyen la banalización com
pleta de la vida.
A través de la televisión los/as jó
venes son los principales destinatarios
de los avisos con los que las agencias
de publicidad legitiman las conductas de
consumo que impone la lógica de mer
cado. A partir de las campañas publici
tarias están expuestos a una serie de
propuestas padeciendo, en muchos ca
sos, de restricciones m ateriales para
concretarlas (Rubiolo, 1998).
Rubiolo (1998) sostiene que para la
mayoría de los/as jóvenes la TV es el
medio de contacto y de ingreso en el
mundo social, es el modo de conocer y
de experimentar la diversidad de acon
tecimientos y realidades a las que las
generaciones anteriores no tenían ac
ceso. C onsidera que este m edio de
comunicación social Interviene en la de
finición de la realidad, en la elaboracn
de las representaciones sociales y en
los procesos de socialización, ya que
define de manera implícita o expcita los
modelos que terminan siendo Interna
lizados por niños, adolescentes y jóve
nes, los que proviniendo en muchos ca
sos de series o telenovelas, colaboran
con la Incorporación de sentidos, pau
tas y normas en el proceso de sociali
zación, definiendo criterios de verdad
que no corresponden con la realidad sino
que son aceptados y compartidos con
el grupo al cual pertenecen.
Otra actividad que demanda el tiem
po de los/as jóv en es es el uso de
Internet, el que se ha extendido en la
actualidad a espacios comerciales cono
cidos como "ciber", que ponen a dispo
nibilidad de todos los/asvenes este
recurso, habiéndose transform ado en
20
7^eiyóyt¿04.. A ño VII, N° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33
ARTÍCULOS
centros de reunión de amigos y, en mu
chos casos, en su segundo hogar. El
tiempo que pasan frente al televisor o
navegando por Internet hace pensar
que éstos ocupan el lugar de compañe
ros cómodos y no exigentes en momen
tos de aburrimiento y que se sienten
incapaces de eliminarlos o al menos mi
tigar el tiempo que les dedican.
Estos consumos culturales, al mis
mo tiempo que les permiten participar
de universos simbólicos, colaboran con
la generación de identidades colectivas
efímeras y cambiantes, poco consolida
das, fragm entarias y bastantes cerra
das que les llevan a tener dificultades
para armonizar con el resto de la socie
dad, en especial con los adultos (CEPAL,
2004).
Asim ismo ellos/as pasan todo el
tiempo posible con sus amigos/as. Mo
vidos por la necesidad de acompaña
miento se integran a grupos en los que
comparten códigos y se traspasan co
nocimientos y valores. Los/as jóvenes
se reconocen como pertenecientes a un
grupo, lugar de encuentro que los aco
ge como una familia. En algunos casos,
se unen a grupos de música, en otros a
grupos de fútbol en los que el fenóme
no tbol excede al partido en sí. Otras
veces, en su intento de formar parte de
una comunidad, se integran en tribus
juveniles, concebidas como espacios
donde sienten aceptados y confortables
entre pares, en medio de una sociedad
a la que sienten hostil.
Es conocida la trayectoria, en la con
formacn de grupos juveniles y depor
tivos, que han tenido en la región la igle
sia y los clubes. Estos han constituido
espacios de socializacn y de formación
personal muy importante para muchas
generaciones. Muchas de estas Institu
ciones en el último tiempo han perdido
la significación que tenían, pasando a
ser lugares donde se incrementa la com
petencia y el individualismo a través del
logro de mejores rendimientos deporti
vos, en detrimento de la reunión, la ca
maradería, la solidaridad y la partici
pación.
En el ámbito personal, la relación
que establecen los/as jóvenes con su
cuerpo ha variado en las últimas déca
das. Chicas y muchachos manifiestan
diferentes conductas, ya sea debido a
la valoración que hacen del mismo, a los
desórdenes alimentarios que muchos de
ellos presentan o a las conductas de
riesgos que los hacen vulnerables a cau
sas de muertes tempranas.
Los medios de com unicación han
influido para convertir a la juventud en
un modelo social que aparece como el
valor suprem o, que se extiende a la
sociedad entera. Todo lo joven es valo
rado como lo único que tiene sentido,
en consecuencia en muchos ambientes
los/as jóvenes -y también los adultos-
exageran el cuidado del cuerpo en or
den a la necesidad de a lcan za r los
estándares de belleza que la sociedad
impone (Rubiolo, 1998) como parámetro
de la aceptabilidad social, lo que permi
te inferir que la autoestima y la satis
facción con uno mismo esn estrecha
mente relacionadas con la aceptacn y
satisfacción de su yo físico.
La preocupación que m anifiestan
por el cuerpo y que se observa tambn
en un incremento de las actividades
deportivas no se extiende del mismo
modo al cuidado de la salud física. Si bien
72(0<¡f0¿ PedayótfÚM- Año VII, N° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33
21
Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
en general se hallan mejor provistos de
salud, son más vulnerables a las muer
tes por accidentes, agresionessicas,
uso nocivo de drogas, enfermedades de
transmisión sexual, embarazos preco
ces, y otros (CEPAL, 2004), El documen
to de la CEPAL señala que la pandemia
del VIH-Sida y el incremento de la vio
lencia -que en algunos países de la re
gión como Colombia y El Salvador alcan
zan niveles catastróficos- son las dos
causas más importantes de mortalidad
juvenil en la región.
Ciertamente, muchas veces la pren
sa muestra jóvenes que ponen de ma
nifiesto conductas transgresoras: agre
diendo a otros, ejerciendo la violencia,
delinquiendo, haciendo uso de armas,
etc. Los conflictos que se suscitan en el
patio de la escuela o a la salida de la
misma cada vezs intentan resolver
se con conductas violentas no habitua
les hace un tiempo. En reuniones socia
les, lugares bailables o espacios de di
versn, para evitar posibles actos de
agresión entre ellos muchas veces se
hace necesario contar con personal de
seguridad.
Algunos autores (Azocar, 2001) se
preguntan si no es posible concebir la
violencia como una estrategia alterna
tiva de integración social o como una
manifestación individual reactiva, ante
la desigualdad encontrada en la bús
queda de integración como sujetos o
como ciudadanos en una sociedad y las
fuertes condiciones de exclusn que se
originan en la modernización,.
Para Silvia Bleichmar (1999b) ni la
pobreza, ni la falta de trabajo o el con
sumo de drogas -ind u d a ble m en te
causales de primer orden de la delin
cuencia juvenil- permiten explicar total
mente el ejercicio de la violencia. Ella
estima que, además de esa realidad, se
han operado cambios en las represen
taciones de la relación del sujeto con la
sociedad lo que compromete la espe
ranza que la sociedad civil deposita en
las nuevas generaciones.
No puede negarse que la posibili
dad de participar en situaciones de vio
lencia -ya sea como ctima o como vic
tim ario- sea uno de los rasgos que
caracterizan a la juventud de este tiem
po, siendo estas conductas, y al decir de
José W einsteln (1999), una amenaza
para el tema de la ciudadanía.
En este planteo, no se puede de
jar de hacer referencia a tres gran
des problemas de salud que también
afectan a los/as jóvenes, y que tiene
que ver con el consum o excesivo de
diferentes sustancias: drogas, tabaco
y alcohol. Este tem a, en los últim os
años se ha transform ado en un tema
de interés y relevan cia en nuestra
sociedad, por los frecuentes abusos y
los distintos tipos de dependencia a
los que da lugar, como tam bién por
su influencia en el aum ento de con
ductas agresivas. Rubiolo (1998) con
sidera que en el contexto cultural ac
tual no puede extrañar la presencia
de estos fenóm enos realm ente auto-
destructivos que pueden observarse
en determ in ados se ctores de la ju
ventud actual. Ciertam ente frente a
ellas la sociedad aún no sabe qué
hacer.
En el análisis de un nuevo estilo de
vida juvenil, resulta ineludible la consi
deración de las conductas vinculadas al
amor y la sexualidad, dimensiones que
22
"DloCfM "Peda/jó(f¿coi. Añ o VII, N° 13, abril 2009. Pág. 11-33
influyen profundamente en esta etapa
ya que la iniciación sexual y la nupcia
lidad son dos de sus componentes esen
ciales.
Los estudios csicos de la psicolo
gía juvenil asignaban valor a un perío
do que denominaban pubertad cultural
la que, separando en unos años la ma
duracn sexual biológica del adolescen
te del inicio en el ejercicio de la sexuali
dad, colaboraba con el desarrollo de la
intelectualidad abstracta y del idealis
mo, favoreciendo los procesos de iden
tidad personal y permitiendo el acceso
a una madurez mental que supone la
posibilidad de intimidad con otro sin la
difusión del propio yo y la elaboración
de un proyecto personal de vida.
La socialización de las nuevas ge
neraciones fuera de los modelos tradi
cionales los expone desde una edad
temprana a diferentes entornos donde
se acepta una mayor libertad sexual.
Esto lleva a los adolescentes de ambos
géneros a comenzar cada vez más tem
pranamente una vida sexual activa, a
través de relaciones ocasionales que no
se sostienen en vínculos afectivos, que
no se orientan tampoco al compromiso
que supone la formalizacn de una re
lación de pareja, reduciendo en muchos
casos la sexualidad a la genitalidad.
En la actualidad y en parte debido
a la influencia de los medios de comuni
cacn, para los/as jóvenes de casi to
dos los sectores sociales, iniciarse en el
ejercicio de su sexualidad supone asu
mir el hecho de ser joven sin plantear
se -como en tiempos anteriores- otras
perspectivas que lo asociaban con la
conformación de la pareja, la materni
dad o la paternidad además de vincu
larla con aspectos ético-religioso.
Esta temprana iniciacn sexual trae
como consecuencia, por un lado, el au
mento de la maternidad adolescente que
se ha registrado en algunos países de
América latina, principalmente en jóvenes
de grupos socio-económicos bajos y con
menor nivel educativo. Sus efectos afec
tan especialmente a las jóvenes madres
a quienes aleja -tanto a ella como a sus
hijos- de las probabilidades de salir de la
pobreza.6 Por otro, la temprana Iniciación
sexual va acompañada de una menor
valoracn del riesgo de contraer la en
fermedad de Sida y, paralelamente, el
aumento de número de personas que
contraen el VIH, entre las que se cuen
tan a jóvenes de ambos sexos.
Aún no se tiene conocim iento de
estudios o investigaciones que hayan
abordado posibles Influencias de la ini
ciación sexual temprana en el desarro
llo de la personalidad juvenil y en la
m odalidad de e stablece r rela cion es
estables y maduras en la vida adulta.
No obstante, y dado que la sexualidad
alude a una dimensión personal vincu
lada a elementos éticos y culturales,
sería muy im portante para completar
nuestro análisis encontrar respuesta a
una serie de interrogantes tales como:
¿existe en la actualidad alguna dife
rencia entre varones y m ujeres jóve
nes en la manera de vivir su sexuali-
6 Las encuestas de juventud señalan que los venes que han constituido su propia familia -una pareja
con o sin hijos- representan una proporcn relativamente baja del total (CEPAL, 2004).
7}¿átoyo& "Pedayótfic&í. Año V il , N° 13, abril 2009. Pag. 11-33 2 3
Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
dad?; ¿los/as jóvenes, establecen al
guna relación entre el ejercicio de la
sexualidad con el hecho de estar o no
enamorados?; ¿se relaciona la educa
ción religiosa con estas conductas?;
¿tiene algo que ver la Iniciación tem
prana en el ejercicio de la sexualidad
con la conformación de la personalidad
juvenil?; ¿dónde reciben los/as jóv e
nes la educación sexual que manifies
tan en su conducta y en sus opinio
nes?; y por último, ¿en qué medida los
medios de comunicación influyen en el
modo particular de vivir la sexualidad
en este momento de la vida?
Avanzando hacia otras dimensiones
de este nuevo estilo de vida nos dete
nemos en las actitudes que se obser
van frente a su insercn en el mundo
social y su compromiso con el mismo.
Algunos estudios (Krauskopf, 1999;
Sandoval, 1999, Kozel, 1996, Banco Ale
mán, 1999) marcan como rasgos predo
minantes de estos tiempos la apaa ciu
dadana y falta de compromiso, integra
ción y participación ante las organizacio
nes tradicionales provocados por la pér
dida de legitimidad de estas estructuras
que no esn cubriendo adecuadamen
te las motivaciones y necesidades de los
actores. Según Bajolt y Franssen ((s/f)
citado por Sandoval, 1999)
estamos viviendo el tránsito de un
modelo cultural basado en la razón
social (es legítimo aquello que es
útil a la colectividad, es decir con
tribuye a su progreso y obedece a
su razón) a otro fundado en la
autorrealización autónoma (es le
gítimo aquello que el individuo juz
ga bueno para su desarrollo per
sonal). (p. 161)
En este marco se produce la socia
lizacn en la vida cívica, potica y co
munitaria de la juventud.
Respecto a las instituciones públi
cas (policía, fuerzas armadas, justicia
y administración pública) y a toda acti
vidad política, la valoración que los/as
jóvenes efectúan evidencia falta de
confianza hacia ellas y sus dirigentes.
La pérdida de legitimidad de estas es
tructuras debido a la corrupción, la in
eficacia para la gestión ha minado la
confianza de la población que se ha
ido alejan do y perdiendo el interés
por el accionar de los partidos políti
cos (Banco Alemán, 1999; Del Águila,
1996).
Rubiolo (1998, p. 72) considera que
a los/as jóvenes siempre les llamó la
atencn la hipocresía de los adultos y
hoy les impacta tambn el cinismo y la
pérdida de sentido moral que se ob
serva en la vida social, política, econó
mica, donde se dejan de lado principios
morales elem entales en pro del bien
propio. A las nuevas generaciones les
impacta la ausencia casi total de escrú
pulos para transgredir normas morales,
que, por otro lado, se siguen predican
do; así como el doble discurso de la so
ciedad que se transmite a través de la
familia y de la educación y que va ge
nerando un sentimiento de vacío y de
escepticismo respecto a las posibilida
des de intentar o generar cam bios y
mitiga los sentimientos de esperanza
e ilusiones respecto a la posibilidad de
construir un mundo mejor. Los/as jóve
nes viven esta situacn con sentimien
tos de desencanto no fácil de superar
y no visualizan cursos de accn posi
bles que sostengan su esperanza y su
confianza.
24
V ió & y o í PecUtfóyictU. Añ o VII, N° 13, abril 2009. Pag. 11-33
Por un lado, pareciera que los/as
jóvenes no proyectan sus conductas
hacia un futuro a largo plazo. Su hori
zonte es abocado al tiempo presen
te y a lo inmediato (Candau, 2004). La
proyección que tienen a la vista es se
manal y es dividida en un tiempo nor
mativo de trabajo y/o estudio y un tiem
po festivo para el que no existen nor
mas ni límites (Candau, 2004). Por el
otro, sus proyectos hacia un futuro ma
nifiestan un individualismo que no su
pone dejar de lado el esfuerzo perso
nal, sino asumirlo orientándolo única
mente hacia el logro de sus propias
metas, dejando de lado toda posible
conducta solidaria.
Para muchos/as jóvenes, las exi
gencias del medio implican destinar todo
el tiempo y las energías disponibles a
alcanzar lo que la sociedad considera
exitoso para él/ella. Esto significa no
disponer de tiempos para otros compro
misos aparte de los que esa meta de
manda (Allende et al., 1997) y supone
distanciarse de los problemas y las cau
sas que dicen defender (Elzo, 2002).
Las conductas que se observan en
los/as venes respecto a una escasa
participación en los problemas de la so
ciedad, y a un ejercicio de la ciudadanía
sin compromisos personales, pueden
entenderse debido al paso de ser con
siderados protagonistas del cambio po
lítico y social a ser sujetos de derecho y
objeto de políticas, aunque esto último
n no tenga vigencia.
Ciertamente el panorama que he
mos presentado respecto a un nuevo
estilo de vida juvenil en estos aspectos
no corresponde a la realidad que pre
sentan todos los/as jóvenes. No obs
tante considerarse que la apatía por los
problemas sociales es un signo de este
tiempo en algunos medios se observa
en chicas y m uchachos un despertar
hacia una cierta valoración de nuevas
formas de actuacn social. Estaríamos
ante una "ciudadanía latente" (Sando-
val, 1999) según la cual los/as jóvenes,
aunque aún no hayan encontrado nin
guna motivación concreta, o canales de
participación adecuados, muestran una
disposición favorable a la acción par-
ticipativa. Se observa también una ten
dencia a participars en organizacio
nes de voluntariado que en organiza
ciones políticas, aunque la concreción de
sus expresiones en situaciones cotidia
nas aún sea incipiente y asumida en
muchos casos como una actividad en
tretenida que no implica compromisos a
largo plazo. Muchos/as de ellos/as pre
sentan también una mayor aceptación
por las diferencias y mayor tolerancia
hacia distintas opiniones.
Rubiolo (1998, p. 73) observa que
en este clima de escepticismo y falta de
esperanza hay jóvenes que estudian,
trabajan, se esfuerzan, algunos viven
sus compromisos hasta el heroísmo, y
otros vienen y van llevados por la moda,
por las propuestas de la TV, por las ape
laciones de la publicidad, sin mucha cla
ridad respecto hacia dónde marchan y
q sentido tiene lo que hacen o dejan
de hacer.
3. Los/as jóvenes en su integración
social en la cultura actual
La integración de los/as jóvenes en
la sociedad,s allá de su medio fami
liar, se realiza por dos vías: una en cier
to sentido informal y sin pautas fijas tle-
Tádoy. Ped'Zyayicaí. A ño VII, N ° 13, a bril 2009. Pág. 11-33
25
Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
ne que ver con los distintos modos que
se eligen o se permiten para entablar
relaciones de amistad con sus pares y
con su participacn en distintos espa
cios sociales y sus instituciones forma
les. La otra, definida por la misma so
ciedad, supone recorrer los caminos pro
puestos por la educación y por las di
versas modalidades de desempeño la
boral. Las modalidades como los/as jó
venes se vinculan con estos ámbitos son
definltorias para el rumbo que toman
sus vidas.
Respecto al ámbito de la educacn
a comienzos del tercer milenio se ob
serva que es entendida cada vez me
nos como un derecho de todas las per
sonas y cada vez más como un proceso
de capitalización que entrega habilida
des humanístico científico, tecnológicas
y ético-sociales (Larrañaga, 1999), ne
cesarias para la participación ciudada
na y para la Inserción en el mundo del
trabajo.
La sociedad, valorando las poten
cialidades de las generaciones venes,
les otorga una moratoria particular para
que puedan dedicarse a la adquisición
de estas habilidades que les permitirán
un efectivo desempeño laboral.
No obstante el reconocimiento le
gal del derecho de todos a la educación,
en tiempos de globalización económica
un número importante de jóvenes no
tienen acceso a esta moratoria social.
En América latina, por ejemplo, hay mu
chos jóvenes y nos que deben inser
tarse en el mundo del trabajo muy pre
maturamente como un requisito para la
supervivencia (Rubiolo, 1998). Estas si
tuaciones afectan sus derechos al ingre
so y/o permanencia en los sistemas es
colares deteriorando de esta manera la
igualdad de oportunidades y la equidad
de sectores importantes de la poblacn,
lo que se expresa a través de altos ni
veles de abandono escolar, bajo rendi
miento y deterioro de la calidad de la
enseñanza y del aprendizaje, los que
constituyen diferentes formas de fraca
so escolar, que de este modo acentúan
los procesos de exclusión educativa.
Ciertamente, la mayoría de los países
de la región enfrenta hoy un problema
grave de deserción escolar existiendo
fuertes contrastes en los logros educa
tivos en perjuicio de los/as jóvenes de
sectores más pobres y los/as jóvenes
rurales.
Las conclusiones de algunos estu
dios (Pieck, 2001, pp. 95-153) muestran
el peso que tienen las variables de po
breza, sexo y localidad de residencia en
el rendimiento educativo. La juventud
pobre es la que manifiesta los más ba
jos indicadores educativos: mayor retra
so escolar, más bajos niveles de esco
laridad, menosos promedio de estu
dios, viéndose en muchos casos obliga
dos a abandonar tem pranam ente la
escuela para ingresar al trabajo.7
Estas desigualdades se agudizan si
se incorporan las variables sexo y las
7 En América latina el 80% de los venes urbanos proviene de hogares donde los padres cuentan con un
capital educativo insuficiente (menos de 10 años de estudio) y entre el 60 y 80 % no alcanza el umbral
educativo básico para acceder al bienestar. La educación -aún gratuita y obligatoria- sigue siendo un
insumo caro para las economías familiares.
V c á & fc í PedoqóyiuM. Año VII, N° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33
ARTÍCULOS
variables de contexto: son las mujeres,
y las del medio rural las que presentan
los más bajos indicadores en educacn
y trabajo. La poblacn femenina rural
de México -entre otras- presenta los
peores índices de desempeño educati
vo, las peores condiciones de participa
ción productiva y laboral, y los más al
tos Indicadores de exclusión (Bonfil,
2001).
Dentro de la población joven de
ese país -com o ocurre en otras de la
regn- se encuentran jóvenes campe
sinas, jóven es indígenas y jóvenes
m igrantes que tienen situ aciones de
vida, expectativas laborales y educati
vas diferenciadas respecto a las otras
mujeres de la región, lo que marca su
vida respecto a su trabajo y a su edu
cacn y condiciona todas las dimensio
nes de su vida futura (Bonfil, 2001).
Por otro lado la imagen y las expec
tativas de las familias respecto a la edu
cación de los hijos parece ser tambn
una variable importante. Silvia Bleichmar
(1999b) estima que la deserción esco
lar que se observa es más bien un sig
no de la caída de la esperanza de pa
dres y de estudiantes respecto a los
beneficios que la misma educación pue
de aproximarles a su vida. Para esta
autora no es la pobreza la que genera
la deserción escolar sino "la miseria
irredenta y sin esperanzas".
Otro de los aspectos importantes a
tener en cuenta son las representacio
nes sociales acerca de la relación que
puede establecerse entre educación y
las expectativas laborales futuras. En
general, las familias de clase media y
también algunas de sectores populares
envían sus hijos a escuelas secundarias
con la imagen de los efectos que una
buena educación tiene en el logro de
buenos puestos de trabajo y en el me
jor desempeño laboral. Lamentablemen
te, esta visión no resulta congruente con
la realidad actual, debido fundamental
mente a la reducción de la demanda de
trabajo calificado con respecto al au
mento de la oferta de mano de obra con
titulación. La educación en el último
tiempo más que dar posibilidades rea
les para mejorar laboralmente o modifi
car su condición social adquiere un va
lor "credencial". La obtención del título
generalm ente posiciona m ejor a sus
portadores para obtener un empleo,
pero no garantiza acceder a "los mejo
res empleos".
Jacinto (2001) señala que para al
gunos estudiantes el hecho de culminar
los estudios secundarios implica poder
alcanzar a empleos de una cierta cali
dad. Para otros, en cambio, el título no
significa más que permanecer en pues
tos de muy bajo nivel de calificación. En
general, éstos son los/as jóvenes po
bres, protagonistas de la expansión de
la escuela media pero cuyos esfuerzos
en el tránsito por las aulas les han otor
gado menor dito en el campo laboral.
Así como la situación educativa que
se advierte en la región no es alenta
dora para los/as jóvenes, otro tanto
ocurre con las posibilidades de inserción
laboral. Ernesto Rodríguez (Pieck, 2001)
señala que el desempleo es uno de los
principales problemas que afecta a los
más de cien millones de jóvenes que
habitan el continente latinoamericano.
En América latina el porcentaje de
venes bajo la línea de pobreza va de
un 22,1% en Chile a un 40% en Pe
íaicte. Año VII, N° 13, a bril 2009. Pág. 11-33
27
Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
urbano, mientras la tasa de desempleo
de los/as pobres se ubica entre el 8,4%
en Chile y el 46,6% en la Argentina
(Gallart, 2001).
Estudios de la CEPAL (2004) resal
tan el alto nivel del desempleo y sub-
empleo juveniles y la alta precariedad
de los/as venes que logran ocuparse,
la que se expresa en inestabilidad la
boral, bajas remuneraciones y escasa
cobertura de la seguridad social.
En términos geográficos la mayor
falta de oportunidades de educación y
de empleo remunerado se produce en
las zonas rurales lo que se traduce en
una inserción laboral demasiado tempra
no, sobre todo en los hombres (CEPAL,
2004). Las mujeres jóvenes siguen re
gistrando condiciones de insercn más
desfavorables que los varones, aun con
los mismos niveles de educación. Cier
tamente, el sector social al que los jó
venes pertenecen y, por ende, el hogar
de origen incide claram ente en estas
oportunidades.
En general, los/as jóvenes de ho
gares acomodados disfrutan de condi
ciones laborales más favorables que
sus pares más pobres (CEPAL, 2004).
En estos sectores sociales la situacn
se presenta diferente. No obstante,
las mayores dificultades para pasar del
ámbito educativo al laboral y la deman
da de mayor formacn impuesta por la
creciente competitividad en el empleo
tienden a retrasar la edad en que se
independizan económicamente y habl-
tacionalm ente de sus padres (CEPAL,
2004).
Al término de la enseñanza media,
la tendencia es a extender la moratoria
laboral. En la medida en que la situa
ción familiar lo permita, tienden a ingre
sar a la enseñanza superior. La posibili
dad real de que esto suceda constituye
un punto de quiebre que para muchos
anticipa el ingreso al trabajo (Álvarez,
Ibáñez & Sepúlveda, 2000).
Puede considerarse también como
un rasgo de la nueva cultura juvenil el
sentido que los/as jóvenes atribuyen al
trabajo, lo que ha cambiado en el últi
mo tiempo. Encontrar un lugar donde
trabajar hoy no representa una posibi
lidad de expresar una vocacn sino más
bien una oportunidad para adquirir di
nero. Esto los lleva a postergar su in
serción laboral definitiva y desvincula al
trabajo que realizan de sus intereses
profesionales y de su proyecto perso
nal, lo hace que la relacn con el mismo
sea débil sin generar fuertes compro
misos.
A modo de epílogo
Es probable que la mirada que he
mos efectuado desde los discursos lati
noamericanos tiempo haya dejado cier
ta inquietud. No hemos encontrado en
estos discursos ios años dorados don
de el alma juvenil caminaba hacia la
madurez desde un territorio abonado
por sueños de gloria (Kaplan, 1979), con
la esperanza de participar en la cons
trucción de un mundo diferente. Hemos
develado más bien otras realidades ju
veniles, otros/as jóvenes con otros in
tereses, en otra época.
La etapa de la vida corresponde,
con alguna variacn a los mismos años:
el tiempo en que la sociedad, como an
helo o como deuda, otorga una mora
toria en las responsabilidades; uno de
28
'Díótoyod- Año VII, N° 13, ab ril 2009. Pág. 11-33
los momentos clave en la estructuración
de la personalidad que se realiza en
permanente intercambio con el medio y
con la cultura; la etapa de la vida que
tiene especial importancia en los proce
sos de formacn personal ya que hace
probable el inicio de la reflexn, del ejer
cicio de la propia libertad y de la ela
boracn de los proyectos personales;
el momento que -según Pierre Furter
(1968)- es condición de la conducta
moral; el período donde las generacio
nes adultas y la sociedad en general,
ponen sus esperanzas en las posibili
dades que radican en ellos como hom
bres y mujeres del mañana.
En este análisis hemos encontra
do, por un lado, una sociedad en la que
se conjugan los rasgos de la posm o
dernidad con los de la globalización
económica; una cultura inmersa en un
proceso de crisis de valores y también
de sus instituciones; un mundo que
hace escaso el uso de la propia libertad
en la elección del estilo de vida perso
nal, que no ha podido solucionar aún
los problemas que se originan en la
distribucn de las riquezas y la exclu
sión de millones de personas de la po
sibilidad de gozar de una vida digna y
en paz.
Por otro lado, hemos descubierto un
nuevo rostro de los/as jóvenes. Mu
chos/as estudian, trabajan y se esfuer
zan. Muchos/as viven sin rumbo fijo, lle
vados por la moda, por las propuestas
de la TV, por las apelaciones de la publi
cidad. Sin mucha claridad respecto ha
cia dónde marchan (Rubiolo, 1998). Los
hemos encontrado comprometidos con
situaciones de violencia y adicciones,
vulnerables a enfermedades y acciden
tes. Muchos/as de ellos/as constituyen
el eje central de problemas de exclusión
que se presentan en el ám bito de la
educacn y del trabajo.
El informe de CEPAL (2004) plan
tea una serie de paradojas, y/o tensio
nes que viven los/as jóvenes de hoy:
- La juventud goza de más acceso a
educación y menos acceso a empleo.
- Los/as jóvenes gozan de más acce
so a informacn y menos acceso al
poder.
- Los/as jóvenes cuentan con más ex
pectativas de autonom ía y m enos
opciones para materializarlas.
- Los/as jóvenes son más dúctiles y
móviles pero al mismo tiempo más
afectados por trayectorias migratorias
inciertas.
- Los/as jóvenes son más cohesionados
hacia adentro, pero con m ayor
impermeabilidad hacia fuera.
- Los/as jóvenes parecen más aptos
para el cambio productivo, pero más
excluidos de éste.
- Los/as jóvenes observan una expan
sión de consumismo simbólico y a la
vez una restricción en el consumo ma
terial.
Frente a esto la juventud constituye
el destinatario principal de las nuevas
estrategias de desarrollo, sustentadas
en una apuesta a la inversn de capital
humano, como clave para ganar compe-
titividad y recuperar el crecimiento eco
nómico estable (Rodríguez, 2001).
Todas estas contradicciones y pa
radojas, plantean grandes desafíos: en
un sentido, es necesario tomar concien
cia de la relevancia de los/as jóvenes
para construir una sociedad equitativa
V iáto yoi Vedayoycau. Añ o VII, N° 13, ab ril 2009. Pag. 11-33
29
Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
donde se respeten los derechos de to
dos a una vida digna y donde los avan
ces científico-técnicos y la organizacn
económica se orienten hacia el desarro
llo de una cultura de paz y a la mejora
de la calidad de vida de todos los hom
bres. Desde estas expectativas es ne
cesario encarar una sustancial transfor
macn de las políticas públicas de ju
ventud.
Siguiendo a Rodríguez (2001), sa
bemos que durante la década de los
90 se comenzaron a poner en práctica
una serie de programas sectoriales de
promocn juvenil, en los que se invir
tió gran cantidad de recursos, especial
mente en esferas ligadas a la reforma
de la educación media, al desarrollo de
programas preventivos de salud ado
lescente, a la ejecucn de programas
innovadores y masivos de capacitación
laboral, y más recientemente, de pre
vención y tratam iento de la violencia
juvenil. No obstante, la desarticulación
de los esfuerzos es evidente, por un
lado, y preocupante por el otro, lo que
ha llevado a cuestionar la labor secto
rial y los modelos de de gestión tradi
cionales, tratando de promover nuevos
m odelos de gestión, basados en la
reformulación de los roles de las diver
sas instituciones públicas y privadas
intervinientes, procurando una utiliza
ción más adecuada de los recursos dis
ponibles.
En este marco las áreas temáticas
prioritarias al momento de formular y
diseñar poticas y programas juveniles
deberían ser:
- La inversión en educación y salud
como claves para la formación del ca
pital humano.
- Fomentar la integración social como
clave de una emancipación juvenil
adecuada, y que opere fundamental
mente en el plano laboral.
- La prevención de la violencia juvenil.
- Fomentar la participación ciudadana,
como clave del fortalecimiento ciuda
dano.
En otro sentido, e intentando des
cifrar en el nuevo estilo de vida juvenil
las demandas de formación, se arriba a
la conclusión de que se hace necesario
ofrecerles un camino de desarrollo per
sonal que atienda a la formación para
el trabajo y la vida comunitaria, aun en
medio de condiciones sociales y econó
micas adversas.
Para favorecer este desarrollo per
sonal sería deseable que las institucio
nes y los centros que se ocupan de la
educación de la juventud incorporaran
en su quehacer itinerarios formativos:
- Que generen espacios de reflexión
sobre problemas que afectan a los/
as venes y también a la comunidad.
- Que planteen situaciones que posi
biliten el ejercicio de la libertad en sus
elecciones personales y los acompa
ñaran a transform arse en sujetos
autónomos y responsables.
- Que ofrezcan ocasiones de ejercitar
el respeto y el servicio a los otros y a
la comunidad, favoreciendo actitudes
de compromiso personal y social.
- Que despierten en su interior la in
quietud por la búsqueda de los sen
tidos de las cosas, del mundo y de
sus propias vidas, creando la necesi
dad de extender su mirada hacia el
futuro en un proyecto personal.
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ARTÍCULOS
Hacer realidad estos itinerarios for-
mativos supone, en primer lugar, procu
rar una educación, que más allá de la
instrucción, tenga en cuenta la necesi
dad de los/as jóvenes de contar con
espacios de contencn afectiva y de
dlogo con quienes pueden asumir la
responsabilidad de acompañarlos.
Los/as jóvenes deben ganar una
nueva forma de ver el mundo y de anali
zar su papel dentro de él, orientado
siempre y sea cual sea su lugar, a trans
formar las condiciones que impiden la
humanización, la dignidad y la justicia
(Sierra Pardo, 2001), pero para esto es
cuchar atentamente su sentir y su pen
sar se convierte en la clave que permite
abrir todas las puertas (Rivera, 1999).
En segundo lugar, este itinerario
formativo exige personas que se com
prometan con esta tarea desde el dis
cernimiento sobre la realidad, la firm e
za en la orientación que proporcionen,
la búsqueda de coherencia personal en
la propia vida, siempre en una actitud
de servicio a la vida del otro. "Los/as
venes requieren de quienes los guíen,
apoyen, escuchen, acompañen, formen
y demuestren que es posible proyec
tarse en un futuro, a pesar de los obs
culos" (Duro, 2005, p. 38).
En este tiempo, se hace necesario
repensar la formación de los/as jóvenes,
hombres y mujeres del mana, a partir
de la nueva cultura juvenil que se está
gestando y en diálogo con el contexto
en el que están inmersos. Es necesario
hacerlo teniendo en cuenta a cada uno
en su originalidad, desde su historia per
sonal y social, y reconociendo la posibili
dad que tienen de asumirse como per
sonas dueñas de su libertad, capaces de
comprometerse con el mundo en que vi
ven. Ése es el lugar donde podemos
encontrarlos, desde nuestra responsa
bilidad como docentes e investigadores.
Original recibido: 12-02-2008
Original aceptado: 28-05-2008
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