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Ser joven en América latina a comienzos del tercer milenio
En el intento de conceptualizar a la
juventud es también importante consi
derar las representaciones de las so
ciedades y las definiciones que los es
tudios tejen al respecto. Algunas teo
rías de la adolescencia (Muss, 1968),
anteriores a los procesos de globali-
zación y a la presencia de una cultura
posmoderna, se detienen en los senti
dos que tiene esta etapa, como etapa
evolutiva en el desarrollo de la perso
nalidad, y reconocen entre sus proble
máticas centrales la búsqueda de la
propia identidad, la crisis de autoridad
con relación a las generaciones ante
riores, la definición de un proyecto per
sonal de vida y el ingreso a la vida
adulta. Estos estudios reconocen, en
tre los procesos de maduración, al de
sarrollo orgánico vinculado con la ma
duración sexual, la posibilidad de ejer
cer la función sexual y generar una
vida nueva; el proceso de desarrollo
social que posibilita alcanzar la inde
pendencia, instalarse en el mundo con
un espacio propio, fundar una familia e
ingresar en el mundo del trabajo; y el
desarrollo de la personalidad ético-reli-
giosa, a través de la cual se perfila la
orientación hacia los valores y la adhe
sión a determinados principios que den
un sentid o a su conducta (Carena,
1999). Desde estos enfoques se consi
dera que los años juven ile s son el
tiempo cuando el ser humano descubre
que es capaz de una conducta moral
autónoma (Furter, 1968).
Autores como Braslavsky (1985),
Candau (2004) o Krauspkof (1999) pre
sentan los múltiples matices en las ma
neras de concebir al mundo de los/as
jóvenes. Cecilia Braslavsky señala que
se han construido diferentes mitos so
bre la juventud. Menciona, por una par
te aquel enfoque que la analiza como
manifestación dorada
según la cual ésta
es una etapa que permite posponer res
ponsabilidades y obligaciones para la
vida adulta; otro mito es el de la juven
tud gris por la que los/as jóvenes apa
recen como los depositarios/as de to
dos los males, un segmento poblacional
en el que repercuten particularmente la
crisis valorativa y la sociedad autorita
ria; finalmente alude a la juventud blan
ca, que percibe personajes puros y ma
ravillosos, que tienen en sus manos la
construcción del futuro que sus padres
no pudieron forjar.
Vera María Candau, por su parte,
delim ita los diferentes m odelos que
han tenido vigencia desde la segunda
mitad del siglo XX. En los años 50, se
miraba a este grupo etario como "los
rebeldes sin causa", considerándolos
predispuestos a transgredir las nor
mas sociales. La década de los 60, y
parte de los 70, permitió ubicar a los/
as jóvenes como partícipes significati
vos de profundas transformaciones so
ciales y culturales; estos años se ca
racterizaron por la presencia de grupos
hippies y pacifistas y, en el caso parti
cular de América latina, tuvieron un es
pecial protagonismo los movim ientos
estudiantiles de oposición a regímenes
autoritarios. Los años 80 hacen un giro
en la mirada de la juventud, caracte
rizándola como individualista, pragmá
tica, consumista, conservadora e indi
ferente a la participación sociopolítica.
En la década de los 90, si bien aparece
una mayor movilización que se observa
en la presencia juvenil en las calles, si
guen presentes el individualismo y la
fragmentación; agregándose otros fe
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'D iá ¿ 0 tf0 4 T-'edaífaytcaí. A ño VII, N° 1 3 , a bril 2009. Pag. 11-33