
Transposición epistemológica en la textualización
pretensión de pensarse y hablar por sí
mismo sin referencia alguna. En defini
tiva, textualización y despersonaliza
ción llevan a promover el aprendizaje
sólo de m odo positivo en donde el
error ha de ser pensado como carencia
en relación a lo pleno que es el texto.
Se puede decir también que la objeti
vación por la puesta en texto del cono
cimiento es la fuente de publicidad del
mismo que se presenta en contraposi
ción con los conocimientos personales
o de carácter privado de su adquisi
ción. La textualización opera nueva
mente como norma del conocimiento y
de lo que significa conocer produciendo
control social de los aprendizajes. "Un
texto tiene un principio y un fin (proviso
rio) y opera por encadenamiento de razo
nes. Si se concibe al aprendizaje como
equivalente al progreso que manifiesta la
estructura propia del texto, éste permite
medir a aquél y hace posible una didácti
ca e se ncialm e n te -isom o rfa- cuyús
acompasamientos determina" (CHEVA-
LLARD, 1997:73); en otro términos di
remos que la textualización adquiere la
forma de programabilidad de la adqui
sición del conocimiento.
A modo de ejemplo descrito sucin
tam ente podemos reflexionar acerca
de la concepción de historia que mu
chos de nosotros hemos conocido en el
paso por la escolarizaclón formal del
sistema educativo. Sin duda que una
es la historia que realmente ha aconte
cido en la denominada "Revolución de
Mayo", en donde si uno pudiera volver
en el tiempo encontraría intereses de
poder, juegos ambiciosos de distintos
sectores sociales, un veintidós, veinti
trés y veinticuatro de mayo en donde
emergen situaciones, prácticas y for
mas de enunciación que entrañarían
hoy una sensación de rareza, de extra
ñam iento de nuestro entendim iento,
en definitiva una historia de usos y cos
tum bres que nos son desconocidos,
que fueron velados al sentido de la ins
trucción pública. Sin embargo si nos
detenem os a observar y an alizar la
producción textual de manuales esco
lares y libros de enseñanza de la histo
ria en general nos encontram os con
una historia que narra un hecho políti
co, que resalta sus héroes o persona
jes destacando la figura de ilustre, etc.,
y entonces nos hacemos sucesivas in
terrogaciones de sentido en el orden
de: ¿quién y por qué dicen que son
ilustres?, ¿quiénes son los hom bres
que hicieron la revolución?, ¿cuál era la
realidad social , política, cultural y edu
cativa de la época? Cabe que nos pre
guntemos por el contexto, por los suje
tos, por la red de problemáticas que se
entrecruzan. SI duda alguna, cuando
las respuestas emergen descubrim os
otra historia, la que no está escrita, la
que aconteció fuera de la Plaza de
Mayo, en cada uno de los hogares, en
la mentalidad de los distintos actores
sociales. Y entonces volvemos al texto
y vem os cómo se ha objetivado una
realidad y en ese proceso se ha ahoga
do y/o sacrificado: sujetos, hechos, co
sas, hábitos, sentires, decires, y aún
más si este simple ejemplo lo conside
ramos en la realidad de la enseñanza
vemos los efectos hasta nuestros días:
algo así como una historia sin historia,
despersonalizad a, descon textual iza
da, objetivada en carácter de verdad
incuestionable y transmisible interge-
nera cio n alm e nte . Podríam os de te
nernos en esta historia y tratar de
componer las partes o elementos del
rompecabezas que siempre fueron de
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7}¿ó(oyo¿ 7^cdaúoy¿co¿. A ño VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 62-67