
Fray José Antonio de San Alberto: una opción para América latina
templanza, justicia, humildad, principios
que guiarán su vida, sin desviarse de
ellos hasta cuando sea anciano.
La educación como forma de interacción
del individuo con los demás: finalidad
individual y social
Fray San Alberto veía esta vida
como una preparación para la vida eter
na. Educar, en este contexto consistía
en facilitar el aprender para que todo
hombre se conozca, se rija y se enca
mine a Dios, por eso afirma: "si hoy no
sintiera en mi corazón estos vivos deseos
(...) si no el único, el mas propio para
buscar almas, recogerlas, instruirlas, sa
narlas y llevarlas a Dios" (SAN ALBERTO,
1786:27).
A partir de esta concepción, la edu
cación es lo esencial y debe lograrse con
el auxilio de Dios, mediante ciertos me
dios. Estos medios son las ciencias, la
honestidad y la religión, las cuales se
obtienen aprendiendo, practicando y ro
gando. Entonces, la educación es la vía
para llegar a ser plenamente hombre:
el fin o logro de la educación es, para el
hombre "ser la imagen de Dios"; repre
senta vivamente el modelo de perfec
ción, como él mismo reconoce y enfatiza,
apelando a citas bíblicas, como "sed san
tos, porque Yo, vuestro Dios, soy santo"
(Lev. 19,2).
A partir de esta premisa, Fray José
extrae las siguientes conclusiones: que
las condiciones naturales o legítimas de
la educación del hombre son: que sea
conocedor de todas las cosas, dueño de
ellas y de sí mismo y que se encaminen
hacia Dios, origen de todo lo creado, él
y todas las cosas. Por lo tanto, las es
cuelas deben formar hombres virtuosos,
prudentes en sus acciones, piadosos de
corazón.
Como observamos, reconoce que el
proceso de la educación es básicamen
te un proceso dialógico, que se da en
tre los hombres y que tiene como fin,
lograr un hombre cristiano y virtuoso.
Por eso después de apoyar su justifica
ción en Platón y Aristóteles, mediante
los principios de la razón, recurre al tes
timonio de las Santas Escrituras, para
desde allí, afirmar que todo el bien y todo
el mal del estado dependen de la bue
na o mala educación de la juventud, así
como "toda la hermosura ó fealdad de un
árbol quando grande pende de la buena ó
mala dirección que tuvo en los principios"
(SAN ALBERTO, 1782:286).
Las Casas de Huérfanos tenían una
finalidad, a la vez individual, religiosa y
social. Debían tender a formar a todo el
hom bre para una finalidad personal,
social y para la eternidad. Pero él debía
formarse desde sí mismo, esto es, des
de la voluntad de aprender y compren
der, asumiendo la necesidad de conver
tirse en una forma de vida. Por ello,
manifiesta que estas Casas tenían "ob
jeto y destino es recoger á los Huérfanos,
criarlos, instruirlos y educarlos, es una
obra conforme en todo á las verdades su
blimes de nuestra Religión (...) casas don
de dignamente se les provee abrigo a su
necesidad y a su educación" (SAN ALBER
TO, 1786:250), centros de humanidad
para que los niños y jóvenes se hicie
ran verdaderamente hombres de bien,
se trataba de un ideal humanista, pero
de un humanismo donde lo humano sólo
se comprendía en relación con Dios, por
lo cual el sello identificatorio de estas
Casas eran la caridad, la humildad, la
misericordia y la oración.
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'D¿áíoyo¿ ‘PedoqóyúM,. Año VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45