Fray Jo Antonio de San Alberto:
una opción para América latina
Elsa Clara Corbella *
Fray José Antonio de San Alberto es uno de los pedagogos más relevantes de
nuestra historia de la educacn del siglo XVIII. Personalidad que se distingu entre
nosotros por una actuacn muy eficaz e inteligente, que el olvido en que yace su
memoria resulta injustificable.
Fundador en 1782 de la Primera Escuela Pública -Colegio de Educandas de Santa
Teresa de Jesús- gratuita para las niñas nobles y pardas de Córdoba.
Sus ideas pedagógicas son un modelo para armar la humanizacn y la trascen
dencia del hombre, donde el amor es la base de la relacn educativa.
Desde el análisis pedagógico de su propuesta educativa, la dimensión antropogica
es el hombre criatura destinada a un fin superior; la dimensn axiogica, la educacn
es el medio excelente para alcanzarla virtud y la dimensn metodogica, aprender, a
través del entender y reflexionar, con lecciones dulces, claras, consecuentes y basada
en principios firmes ylidos.
Escuela pública - Enseñanza gratuita - Educacn de la mujer
Enseñanza y formacn
Fray José Antonio of San Alberto is one of the most outstanding educators in our
History o f Education of the XVIII Century. His personality was distinguished by his
effective and intelligent performance, so if we forget him, it turns out to be a serious
injustice.
* Doctora en Ciencias de la Educación. M agíster en D rogodependencia. E sp e cialista en Gestión y
Adm inistración de Sistem as Educativos. D ocente e investigadora de la U niversidad N acional de
Córdoba y la Universidad Tecnológica Nacional (Facultad Regional Córdoba), Córdoba, Argentina.
E-m ail: elsacorbella@ gm ail.com
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"Dtdéo^o^ o VI, N° 12, octubre 2008. Pág< 22-45
He founded the First Public School in Cordoba - "School o f Educandas of Santa
Teresa of Jesus" in 1782. It was free for noble and mulatto girls.
His pedagogical ideas are a pattern in which to think about humanization and
transcendency, being love the basis o f the educational relationship.
From the pedagogical analysis o f his proposal, the anthropological dimension
considers a man as a creature aiming at a superior purpose; the axiological dimension
Is an excellent mean to reach virtue and the methodological dimension deals with
learning through understanding and meditation, with sweet, dear, consequent lessons,
based on firm and solid principles.
Non-private school - Free education - Women's education
Teaching and training
Fray José Antonio de San Alberto es
uno de los pedagogos más relevantes
de nuestra historia de la educación del
siglo XVIII. Personalidad que se distin
guió entre nosotros por una actuacn
muy eficaz e inteligente, que el olvido
en que yace su memoria resulta injusti
ficable.
La simplicidad y la profundidad de
las ¡deas son matices de su personali
dad, expresn de la riqueza de aptitu
des con que su vida se manifes. Los
días dedicados con afán a la Diócesis
derdoba no oscurecieron ni hicieron
olvidar nunca la imagen del educador
por antonomasia, que su tiempo le re
conoció.
De las obras de Fray José Antonio
de San Alberto, las del educador y pen
sador se elevaron enseguida por enci
ma de las fronteras nacionales, presen
tándolo como un visionario de la educa
ción pública (popular), pero después ol
vidado por los cordobeses. La accn de
este ilustre varón, desbordante de rea
lizaciones, durante y después de su
paso por estas tierras cordobesas, com
pleta el perfil de su gigantesca indivi
dualidad y lo muestra a sus contempo
ráneos en la grandeza de su espíritu.
Pero desde el fondo de todas las dispo
siciones eclesiásticas, y de lo mucho que
resultó de su aplicación a la realidad,
avanzó siempre al primer plano la figu
ra del pedagogo.
Las circunstancias de la realidad de
Córdoba colonial, manifestadas por el je
suíta Gervasoni cuando llegó en 1729,
quien decía que era "la más miserable de
cuantas ciudades hay en Europa y en Amé
rica, porque cuanto se aquí es por de
más mezquino" (CHANETON, 1942:70), hi
cieron que Fray de San Alberto tuviera
una clarividencia genial. Genial porque
percib el problema más urgente y com
plejo, que era la necesidad de implantar
la instrucción primaria.
Merece ser caracterizado en las va
loraciones de nuestro medio y de nues
tro tiempo como el pedagogo por ex
'D ítiio cio l P e d a q ó y ie oí. A ñ o V I, N ° 12, o c tu b re 2 00 8 . P á g . 2 2 -4 5
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Fray José Antonio de San Alberto: una opción para América latina
celencia; diríamos que fue como el tipo
de "hombre social" de Spranger que,
ante todo y sobre todo, se dedicó al ser
vicio de sus semejantes. Perteneció a
esa clase de apóstoles para los cuales
el valor supremo es el amor a la huma
nidad. Por su accn, pero tambn por
sus documentos escritos, ocupa un im
portante lugar en la historia de la edu
cacn. En todas sus obras eclesiásti
cas quedan huellas de su labor y de sus
ideales educativos, en favor de quienes
más sufrieron y necesitaron.
Análisis pedagógico de la propues
ta educativa de Fray de San Alber
to. Fundamentos de su acción
"Todos los discursos que quieran
demostrar-mostrar-aclarar- comprender-
interpretar, deben tener una lógica pro
pia, y por lo tanto partir de un principio,
tener un fundamento"
(FLORES DÁRCAIS, 1995:3)
Buscar los fundam entos consiste,
en realidad, en un buscar las causas de
algo. En esta investigación pedagógica
buscamos las causas o fundamentos de
la acción pedagógica de Fray José que
se entrecruzan y conforman la trama de
su obra. Pero tambn es necesario en
contrar todas aquellas conexiones o li
gaduras vinculares que se establecen,
que permanecen, como lo invisible y
especialmente sobre el punto de parti
da para explicitar en forma clara y obje
tiva su pensamiento pedagógico.
Vale decir, concretamente, que en
todo accionar educativo se halla un su
jeto que se convierte en promotor, en
protagonista del mismo, el qun, que
procede concretamente, mediante ins
trumentos y caminos preferenciales y
probablemente intencionalmente elegi
dos (el cómo). Y como fondo, el por q
de la educacn, a fin que desde lo esen
cial su fundación obtenga su legitimacn
y su significado. Así es que antropolo
gía, axiología o teleología y metodoloa
se presentan como los tres pilares de la
pedagogía, cuya base descripta y
convalidada, desde un análisis ctico de
las obras de Fray Jo Antonio, permi
ten individualizar lo esencial y autóno
mo de su discurso pedagico.
Tal peculiaridad y autonomía tuvie
ron necesidad de una larga gestación
para emerger con suficiente claridad y
convertirse, hoy, en las ligaduras invisi
bles que subyacen y dan sentido a la
evolución de la educación popular en
América latina, especialm ente en Ar
gentina.
1- Dimensn antropológica de su
proyecto educativo
Para comprender mejor, en plenitud,
todo su proyecto educativo es necesa
rio ten er en cuenta el fundam ento
antropológico es decir el concepto de
hombre que subyace en sus escritos. En
ellos hay una manera clara y bien de
terminada de concebir al sujeto prota
gonista de la educación. En la base de
sus ideales educativos no se trata de
una nocn difusa, que se puede dedu
cir, sino que se trata de una opción au
téntica y justificada de hombre-perso
na, delimitada entre el individuo y la
sociedad, entre el uno y la pluralidad de
la realidad de fin del siglo XVIII.
Para Fray José, el hombre, el ser
humano es ante todo una persona, un
2 4 Ped¿iqáy¿M¿. o VI, N° 12, octubre 2008. Pag. 22-45
servidor de Dios y miembro de una so
ciedad organizada jerárq uicam en te.
Cuando hace referencia a los huérfanos,
expresa: "queriendo que todos los mira
sen como á unas personas sagradas, pri
vilegiadas y protegidas singularmente de
Dios y respetadas y atendidas como ta
les" (SAN ALBERTO, 1786:31).
Se capta y se observa permanen
temente, a través del análisis de sus
obras, la aspiración decidida a que el
hombre alcance su plenitud mediante el
cultivo de los valores genuinamente
cristianos, porque fue ante todo un hu
manista cristiano. Por lo tanto, cada
hombre puede crecer en humanidad,
valer más y ser más. En la base de toda
su pedagogía late, necesariamente, una
antropología cristiana.
El ser fundamento último de la realidad
y del sistema de Fray José: Dios y el
hombre
Utiliza para expresar sus pensa
mientos los textos bíblicos -en primer
lugar- pero sin dejar de apoyarse en
pensadores paganos como Platón, Aris
tóteles, en cuanto coinciden en expre
sar lo mismo aunque desde el solo ám
bito de la ran. En este sentido, Fray
San Alberto es un cristiano, testimonio
de la fe y de obras, en el seno del mo
dernismo.
Para Fray José, el ser y fundamen
to de la realidad es Dios y el hombre.
Tambn el hombre lo es, respecto de
las otras criaturas, en cuanto él es la
criatura más excelsa, colofón de las
obras de Dios, el vicario entre ellas y
Dios, la corona de la gloria de Dios.
Porque considera que, ante todo, el
hombre es una criatura de Dios, un ser
obligado a orientar espontáneamente
su vida a Dios, esto lo coloca en una
dependencia radical con él. Dependen
cia que no disminuye en nada su digni
dad humana ni su compromiso con las
realidades terrenas. Resulta así que, el
esfuerzo personal y responsable por el
crecimiento humano, abierto hacia la
trascendencia, le posibilita una mayor
plenitud, convirtiéndose en la síntesis
de todos sus deberes.
La naturaleza hum ana es, para
Fray San Alberto, lo más sublime, pero
reconoce que el hombre generalmente
no se conoce y no reconoce su digni
dad. De aquí que en los documentos
manifiesta su preocupación para que
aprendan a conocerse y en este senti
do, la necesidad de ayudar a los de
más para que se conozcan y realicen
la sublim idad de su naturaleza. Así
pues, nuestro Obispo, al inicio de su
comunicación con los fieles de sus dió
cesis, m ediante las Pastorales, esta
blec con claridad su objetivo. Si bien
con sus m ensajes pastorales quería
enseñar todas las cosas a todos, lo
principal consistía en hacer consciente
a los hombres de su dignidad, lo que
es, a la vez una finalidad humanista y
cristiana.
"¿Q Padre no desea ver y abrazara
sus hijos, y más si espera de ellos toda
aquella atención, respeto, amor y obedien
cia que inspira una buena educación; que
dicta la misma naturaleza, y que Dios tie
ne mandada por sus santas Leyes?"
(SAN
ALBERTO, 1786:13).
Con conviccn y claridad de ideas
expresa :"La segunda razón de estar el
Obispo tan estrechamente obligado á re
sidir materialmente en su Diócesi, y vivir
'D ió ío q o i Ttedayóeficoú. A ñ o V I, N ° 12, o c t u b re 20 08 . P á g . 2 2 -4 5
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Fray José Antonio de San Alberto: una opción para América latina
entre sus diocesanos, es para que estan
do presente y á la vista de todos y de to
dos, contenga, como dice S. Agustín, á los
inquietos , sostenga a los flacos, consue
le á los afligidos , y lleve como entre sus
brazos á los enfermos; para que haga ca
llar á los que se oponen á la sana doctri
na, afervorice á los tibios, instruya á los
ignorantes, apacigüe las diferencias que
se susciten en su Pueblo, reprima la inso
lencia de los soberbios, aquiete á los
intrigantes y reboltosos , consuele á los
pobres, defienda a los oprimidos, sosten
ga a los buenos con su autoridad, exercite
la paciencia con los malos, y ame final
mente á todos en Jesús Christo" (SAN AL
BERTO, 1786:135).
De esta forma, también manifiesta
que todos aquellos que tienen la misión
de formar hombres deben hacer vivir a
todos conscientes de esta dignidad y
excelencia y que deben dirigir todos sus
miedos para conseguir el fin de su su
blimidad.
En el ser del hombre, criatura destina
da a un fin superior
Reconoce que la ran humana le
hace ver al hombre que es una criatura
tan singular como él es, y que está des
tinada a un fin superior al de todos los
demás seres; esto es, estar unida a
Dios, cúmulo de toda perfección, para
que así goce eternamente de su gloria.
El hombre, según el relato bíblico
de la creación, es obra directa de Dios
y el fin del mismo se haya en recuperar
esa naturaleza, la que establece la
unión con Dios. Es importante enten
der bien en qué consiste esa naturale
za humana, pues la educación tendrá
por finalidad ayudar a lograr esa reali
zación. Nuestro Obispo afirma que "na
die ignora que el fin de la Religión, ya en
sus leyes, ya en sus máximas, no es otro
que el de convertir las almas, santificar
las, instruirlas, iluminarlas y dirigirlas al
último fin para que fuéron criadas por
Dios" (SAN ALBERTO, 1786:12). Tam
bién re-afirma su postura en relacn a
los fines de la educacn cuando, ex
presa : "iQué paz y quietud no puede pro
meterse una Ciudad, una Provincia, un
Reyno donde florecen la piedad y buenas
costumbres! Pues estas son siempre fru
to hermoso de la educación en los prime
ros años, de aquella educación, cuyo ob
jeto es cultivar el espíritu de la juventud,
ya inspirándola en las bellas ciencias, ya
formándola en las buenas costumbres" 1
(SAN ALBERTO, 1786:284).
En los numerosos escritos que nos
legó se puede encontrar este denomi
nador común: la preocupación por ele
var el nivel humano por intermedio del
proceso educativo. Busca ese respeto
por la persona y por su dignidad, desea
llevarla desde condiciones infrahumanas
a otras donde sea posible restaurar ese
rostro humano deteriorado, ante lo cual
repetía: "Dadme, por otra parte, una per
sona que haya tenido la desgracia de una
mala educacn en su juventud, y obser
vad p untualm e n te su con ducta, le
hallareis tal que apenas parezca hombre;
ingrato á Dios, infiel á su estado, abando
nado á sus pasiones, escandaloso en sus
costumbres (...); amigo infiel, ciudadano
1 El subrayado es nuestro.
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'D¿á¿oyo¿ T&edocfóyicoú. Año VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45
Fray José Antonio de San Alberto: una opción para América latina
templanza, justicia, humildad, principios
que guiarán su vida, sin desviarse de
ellos hasta cuando sea anciano.
La educación como forma de interacción
del individuo con los demás: finalidad
individual y social
Fray San Alberto veía esta vida
como una preparación para la vida eter
na. Educar, en este contexto consistía
en facilitar el aprender para que todo
hombre se conozca, se rija y se enca
mine a Dios, por eso afirma: "si hoy no
sintiera en mi corazón estos vivos deseos
(...) si no el único, el mas propio para
buscar almas, recogerlas, instruirlas, sa
narlas y llevarlas a Dios" (SAN ALBERTO,
1786:27).
A partir de esta concepción, la edu
cacn es lo esencial y debe lograrse con
el auxilio de Dios, mediante ciertos me
dios. Estos medios son las ciencias, la
honestidad y la religión, las cuales se
obtienen aprendiendo, practicando y ro
gando. Entonces, la educacn es la vía
para llegar a ser plenamente hombre:
el fin o logro de la educacn es, para el
hombre "ser la imagen de Dios"; repre
senta vivamente el modelo de perfec
ción, como él mismo reconoce y enfatiza,
apelando a citas bíblicas, como "sed san
tos, porque Yo, vuestro Dios, soy santo"
(Lev. 19,2).
A partir de esta premisa, Fray José
extrae las siguientes conclusiones: que
las condiciones naturales o legítimas de
la educacn del hombre son: que sea
conocedor de todas las cosas, dueño de
ellas y de mismo y que se encaminen
hacia Dios, origen de todo lo creado, él
y todas las cosas. Por lo tanto, las es
cuelas deben formar hombres virtuosos,
prudentes en sus acciones, piadosos de
corazón.
Como observamos, reconoce que el
proceso de la educacn es básicamen
te un proceso diagico, que se da en
tre los hombres y que tiene como fin,
lograr un hombre cristiano y virtuoso.
Por eso después de apoyar su justifica
cn en Platón y Aristóteles, mediante
los principios de la razón, recurre al tes
timonio de las Santas Escrituras, para
desde allí, afirmar que todo el bien y todo
el mal del estado dependen de la bue
na o mala educacn de la juventud, así
como "toda la hermosura ó fealdad de un
árbol quando grande pende de la buena ó
mala dirección que tuvo en los principios"
(SAN ALBERTO, 1782:286).
Las Casas de Huérfanos tenían una
finalidad, a la vez individual, religiosa y
social. Debían tender a formar a todo el
hom bre para una finalidad personal,
social y para la eternidad. Pero él debía
formarse desde sí mismo, esto es, des
de la voluntad de aprender y compren
der, asumiendo la necesidad de conver
tirse en una forma de vida. Por ello,
manifiesta que estas Casas tenían "ob
jeto y destino es recoger á los Huérfanos,
criarlos, instruirlos y educarlos, es una
obra conforme en todo á las verdades su
blimes de nuestra Relign (...) casas don
de dignamente se les provee abrigo a su
necesidad y a su educacn" (SAN ALBER
TO, 1786:250), centros de humanidad
para que los nos y jóvenes se hicie
ran verdaderamente hombres de bien,
se trataba de un ideal humanista, pero
de un humanismo donde lo humano lo
se comprendía en relacn con Dios, por
lo cual el sello identificatorio de estas
Casas eran la caridad, la humildad, la
misericordia y la oracn.
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'D¿áíoyo¿ PedoqóyúM,. o VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45
ARTÍCULOS
su p lir de ficiencias, para re accionar
ante la fuerza de las circunstancias.
Este es el misterio de los grandes hom
bres, ellos viven el problema de modo
diferente a los demás. Nuestro autor
fue, sin duda, uno de estos hombres
que se caracterizaron por la brillante
Inteligencia, por la carga de seriedad y
re sponsab ilid a d con que abordab a
cualquier tarea, por la atracción hacia
el saber que le hacía adivinar el valor
profundo que éste encierra y por el in
mensurable amor a Dios y al prójimo.
Podemos afirmar que el operar huma
no de su pensamiento-pedagógico, fi
losófico y teológico como así también
su actividad productiva y creativa es
n vinculados a dos factores, el objeti
vo y el subjetivo. Por un lado, es indis
cutible que en el posicionam iento o
aceptación de una teoría pedagógica,
en la solución de los problemas, en la
interpretación de los hechos, es ine
vitablemente el contacto con la propia
realidad. Por un lado, la actitud subjeti
va, personal de Fray José, es decir
aquello autobiográfico que está unido
a los intereses, a las preferencias y
elecciones sobre saber, a las lecturas
perseguidas, a la escuela frecuentada,
a las enseñanzas y a la formación reli
giosa recibidas, es decir a aquel "hu
mus" donde se vinieron procesando y
caracterizando las cualidades de este
carmelita.
En el terreno educativo su pensa
miento y quehacer revelan una tenaci
dad y continuidad inigualables y ex
traord in arias. Es el hom bre de una
idea, que de una manera casi obsesiva
tiene siempre ante sí. Su calidad de hu
manista y educador es evidente. A pe
sar de esto, sus ideas educativas no
forman un todo orgánico y sistemático;
se ocupa de la educación, no tanto
desde el punto de vista especulativo,
sino en el orden práctico y activo, como
respuesta a necesidades que reclaman
un compromiso firme y decidido, confir
ma que "al estaba todo por hacer". Con
fía que la educacn es capaz de hacer
milagros. En este sentido, Fray José
concibe a la educacn en una direccn
m arcadam ente sociológica. Establece
un fuerte y estrecho vínculo entre los
hechos educativos y la realidad de la
vida humana asociada: "la piedad y
buenas costum bres son siempre fruto
hermoso de la educación á que los fiso
fos llaman origen de la civilidad" (SAN AL
BERTO, 1786:287).
Da la sensación, al analizar los tex
tos albertianos, que conocía por expe
riencia io que dos siglos después diría
Jean Piaget: "al desarrollo del ser huma
no está en funcn de dos grupos de fac
tores: los hereditarios y de adaptacn bio
gicos (...) y los factores de transmisión
o de interacción sociales, que intervienen
desde la cuna y juegan un papel cada vez
más importante en el curso del crecimien
to y en la constitucn de las conductas y
de la vida mental. Hablar de un derecho a
la educacn, es ante todo, constatar el
papel indispensable de los factores socia
les en la formacn del individuo" (PIAGET,
1981:11).
Fray San Alberto va a reiterar esta
idea de que la conducta se adquiere
por transm isión externa, de genera
ción en generación, es d ecir por la
educacn y sólo se desarrolla en fun
ción de unas interacciones sociales:
"hallar entonces en el mismo vecindario
un Preceptor, que por amor, por zelo ó
por interés se aplicarla á la instrucción y
á la enseñanza de los nos; la instruc
'Dcríioyoj: "piH aaochco¿ . Año VI, N ° 1 2, o c tu bre 20 08 . P ág . 2 2 -4 5
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Fray José Antonio de San Alberto: una opción para América latina
cn de estos, que precisa y naturalmen
te se comunicaría ó se transfundirla, por
decirlo así, de padres á hijos (...) que ios
estimularía á no ignorar los unos lo que
sabían los otros, para que la ignonimia ó
la parábola de sus convecinos; todos es
tos auxilios y fomentos, de que carecen
(...).en la soledad del campo, bien pron
tamente harían ver que había ya am a
necido la lu z " (SAN ALB ER TO ,
1786:379). Aquí reconoce que el hom
bre tien e una capacidad potencial,
que necesita para su desarrollo de la
intervención de un conjunto de rela
ciones sociales. En algunas de sus ex
presiones es implícita esta idea, que
sostiene que el individuo no puede
adquirir sus estructuras mentales más
esen ciales, sin a p ortes exteriores,
que exige un cierto ambiente social de
formación, como lo es la familia, la es
cuela. Exclamaba en forma sostenida,
ipobrecitos! porque ellos no tenían la
culpa de haber nacido en el campo,
donde no podían concurrir a la escue
la, ni conocer un maestro y lo reflejaba
de la siguiente manera: "ipobrecitos!...
¿qué culpa es en ellos haber nacido en el
campo, no cursar otras escuelas que las
de sus humildes chozas, ni tener Maes
tros que árboles y peñascos, no oir otras
lecciones, que las de unos M aestros
igualmente rústicos, y quando mas las
pasageras de un Cura ,á quien vén y
oyen poquísimas veces?" (SAN ALBER
TO, 1786:376).
Pero siempre surge en todos sus
escritos la persona que se realiza, en
relación a su contacto con los otros,
dando un lugar predilecto a la educa
ción y a la instrucción, como elemento
clave en este proceso. Fray de San Al
berto con pocas y sencillas palabras,
pero de significado muy profundo, pin
ta con diversos tonos y matices la tris
te realidad del hombre de campo, a la
vez que dimensiona la acción de la ins
trucción, de la educación y de la rela
ción con los otros, en el proceso de la
personalización y socializació n , d e
clarando:'^/ la miseria, la soledad y la
falta de trato ó de instrucción no lo tu
vieran reducido á ser nada ó poco lo que
puede, lo que hace y lo que sabe" (SAN
ALBERTO, 1786:372).
Tipología humana del método de Fray
José: un proceso di agico
En las fuentes relativas a la educa
ción, instruccn y asistencia de las Ni
ñas Huérfanas se observa una clara
humanidad, que intentamos resumir en:
- hombre ignorante, pero "una creatura
de Dios",
- capaz de superar ese estado de ig
norancia,
- y de proyectarse en el mundo, trans
formado por la buena educación en
personas "virtuosas"; con tal que se
cumplan algunas condiciones básicas
a partir de la accn de sus educadores,
que podríamos enumerarlas así:
- Adoptar desde el primer momento una
actitud de humanidad, sabiendo que
es necesario el amor, la verdadera ca
ridad y la justicia. Por sobre todo, lo
ha de ser en obras y palabras y es
pecialmente con el enfermo, con los
niños y los huérfanos, en lo espiritual
como en lo temporal, "sin que les falte
cosa alguna, ni tengan que hechar de
menos el amor, la ternura, el regalo y
cuidado de sus propias madres" (SAN
ALBERTO, 1786:114).
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Z'crísíúccoj. o VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45
Fray José Antonio de San Alberto: una opcn para América latina
ni tintura que la natural. Desechar el mé
todo de preguntas y respuestas que
sea árido, duro, abstracto, poco conci
so, que no motiva y incita a trabajar a
las niñas y niños. Porque ellos deben
sentir después de algún tiempo y de
mucha explicacn, que lo saben, lo en
tienden, que evaan sus palabras y las
reflexionan.
Es interesante observar cómo en to
das sus obras evidencia la necesidad de
aprender, a través del entender y reflexio
nar, a pesar de que en las pcticas so
ciales y culturales superviven ideas do
minantes que ejercen influencias en su
pensamiento.
Fundamentos de su metodología: de
sarrollo de las actividades del conoci
miento
El método es fundamental en edu
cación y como tal supone el camino que
se sigue con el fin de lograr mejores
resultados. En relacn a Fray José, el
mismo no es explícito como tal, pero
es infundido en las Cartas Pastorales.
Lo esencial y medular del mismo es
consignado en ocasión de publicar una
Instruccn, en el año 1784.
No pasa desape rcibid o para él
que la labor de catequizar, instruir y
educar supone la ciencia y tambn el
arte de llevar como de la m ano al
alumno por el camino que lo conduce
al encuentro con la fe. Encuentro que
debe e sta r en co n so n a ncia con la
edad, intereses y necesidades del su
jeto: "hemos tenido que acomodarnos á
su edad, y á su condicion en muchas co
sas, tanto en el estilo como en el méto
do, procurando en este y en aquel toda
la dulzura, claridad, conexton y senci
llez,5 que sin desdecirse la dignidad y
gravedad de los asuntos que se tratan,
les facilite y les suavice la natural repug
nancia, que todos tienen al estudio"
(SAN ALBERTO, 1786:414).
La pretensión esencial era la ins
trucción y la educación de los nos para
convertir sus almas, santificarlos, edu
carlos, instruirlos, iluminarlos y dirigirlos
al fin último. Este ideal educativo, tan
justo como ambicioso, era para todos
los nos y niñas, porque era esencial
cultivar el espíritu de todos, inspirándo
les las bellas ciencias y formándolos en
las buenas costumbres.
Mas ¿cómo? Es el propio Fray Jo
Antonio quien explícita la esencia
metodogica de su pedagogía, al edu
car e instruir conforme a los siguientes
principios:
- Con un inicio temprano -en la niñez-
pero cada cosa en su tiempo propicio.
- Con atencn a las características de
la edad y a las condiciones de cada
uno, partiendo de lo más simple a lo
más complejo, de lo concreto a lo s
abstracto.
- Con ordenamiento del trabajo esco
lar y demás actividades personales,
religiosas, recreativas, sociales. Dis
tribuyendo el tiempo armónicamente,
sin excesivos lapsus de interrupción
entre instruccn, trabajos manuales,
oficios religiosos y recreación.
5 El subrayado es nuestro.
36
o VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45
ARTÍCULOS
- Con una dosificación de los conteni
dos de manera gradual, favorecien
do el aprendizaje, mediante mucha
explicación para que los educandos
puedan lograr el saber, el entender,
el evaluar y el reflexionar, para no fa
vorecer la memorización.
- Con un estilo y un método de ense
ñanza que se caracterice por la dul
zura, la claridad, la conexión y la sen
cillez, con el fin de facilitar y suavizar
los aprendizajes.
- Procurando que las lecciones sean dul
ces, claras, consecuentes, breves y
casi todas iguales en la extensión,
para lograr y mantener una actitud
positiva de los educandos frente a la
situación de aprendizajes.
- Promoviendo el entendimiento, la re
flexión y excluyendo el aprender de
memoria.
Cualidades de un estilo de enseñanza
No deja de ser sig nificativo que
nuestro Obispo, se interese no sólo
por el mensaje, sino tambn por la for
ma en que éste es transmitido. Tener
en cuenta, la forma en que se posibilita
la accn educativa, es considerar esos
elementos psicopedagógicos, que con
dicionan la recepción y la estructura
ción del mensaje, supone una gran in
tuición. Esto requiere una facilidad,
una cotidianidad y un profundo conoci
miento práctico de esos dos mundos
que deben entrar en contacto: uno, el
mensaje cristiano que desea expresar
y comunicar sencillamente, y ese otro
mundo del alumno descubierto, en el
que ha penetrado y al que hace un es
fuerzo por conocer y adaptarse. Este
esfuerzo de Fray José viene determina
do e impuesto por varios elementos
que se articulan en su propuesta peda
gógica: la estructura del contenido, la
familiaridad y sencillez en el estilo, la
concisn o claridad en el método y la
suavidad y la dulzura en las palabras,
condiciones que si bien los niños son
poco capaces de "saber comparar, ni
discernir entre el estilo y método dulce ó
áspero, claro u obscuro, sencillo ó enfáti
co, sin embargo naturalmente perciben y
gustan de la dulzura, de la claridad, de la
sencillez y de la conexíon" (SAN ALBER
TO, 1786: 415).
Las razones que explican la predi
leccn que sienten los niños hacia un
estilo de enseñanza de esta índole son
descriptas magistralmente, con recursos
expresivos metaricos, que impactan y
dejan perplejo al lector. Son como dul
ces melodías que invaden el espíritu y
llaman a todo docente a un repensar y
un reflexionar sobre la accn educati
va. Así enuncia su vivo, elocuente y sig
nificativo mensaje: "porque la dulzura les
suaviza el trabajo, la concision se les abre
via, la sencillez se les entretiene, y la
conexíon se les facilita" (SAN ALBERTO,
1786:417).
Utilizando como medio la imagen
sensible, sintetiza las peculiaridades
de ese modo o forma que el educador
debe adoptar en la práctica docente.
Así aco n seja que cada lección sea
para ellos "un terrón de azúcar o un pa
nal de miel" para que motivados e inte
resados o "engolosinados" continúen
con la siguiente lección; donde cada
sentencia o parte de la lección sea
para ellos "un peda cito de cristal trans
parente y luminoso" para que puedan
mirarla, analizarla, entenderla y pene
trarla a fondo y donde cada palabra
PedoyoCfLeoJ. Ano VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45
Fray José Antonio de San Alberto: una opción para América latina
sea como "una gota de leche" para que
observando en ella blancura, suavi
dad, sencillez y fortaleza, jamás apar
ten de la boca.
Luego continúa con otro símil o sím
bolo donde compara cómo debe ser para
los nos la secuencia de las preguntas
y respuestas o las de una clase o de
una lección: "como sortijas de cortina, que
con solo tirar y aprender la una, todas las
demás seguidamente, y sin mas trabajo
se les viniesen a la memoria" (SAN AL
BERTO, 1786:416).
Todas estas imágenes sensitivas
tern de azúcar, panal de miel, un pe-
dacito de cristal, una gota de leche y
sortijas de cortina son símbolos con los
que intenta expresar dulzura, claridad,
sencillez y conexión. Porque la dulzura
les suaviza el trabajo, la concisión le
otorga facilidad, la conexión se lo facili
ta y la sencillez los motiva, los predis
pone, los entretiene.
Luego de reflejar en forma clara y
sencilla el fundamento o las cualida
des del estilo de enseñanza, denuncia
con firmeza y seguridad que "con solo
esto se dexa ver lo mucho que se nece
sita para enseñar á los nos con utili
dad, y quanto yerran los que piensan
que no hay cosa tan fácil" (SAN ALBER
TO, 1786:417).
En toda acción ed u cativa cada
m aestro debe observa r que, según
nuestro pedagogo estén presentes
los principios fundamentales en cuan
to a las capacidades de las nas y los
nos. Es decir que después de algún
tiem po y de m ucha exp licación se
debe ob serva r si han lo g rado los
aprendizajes, que entienden, que son
capaces de examinar detenidamente
la razón de cada palabra para juzgarla
o evaluarla y que son capaces de re
flexionar. En relación a esta última,
desde el campo del conocimiento, per
mite el análisis completo de todas las
cuestiones de la propia conciencia.
Este es un término que utiliza con fre
cuencia y es dirigida a distintos des
tinatarios, por ejem plo cuando dice:
"iay hijos míos! Reflexión es esta capaz
de humillaros y confundiros, si quereis
no cerrar los oídos á los gritos y remordi
mientos de vuestra conciencia" (SAN
ALBERTO, 1786:260).
Tambn hace referencia al saber
y ai entender, actividades del conoci
miento, es decir que tienen la facul
tad mental de conocer, que se mani
fiesta mediante la explicación de he
chos, la elaboración de juicios y la for
mulación de reglas. A estos principios
se le suma otro relevante en el proce
so de aprendizaje, es el de conside
rar la capacidad intelectual en rela
cn a la edad y condiciones de cada
educando.
A modo de conclusión podemos afir
mar que en Fray José Antonio de San
Alberto siempre están presentes ideas
que subyacen en su pensamiento y que
convergen especialmente en lo relativo
al m étodo con Jan Amos Comenius,
cuando dice: "Lo que puede infiltrarse e
infundirse suavemente en las almas se
introducía violentamente, o mejor, se
embutía y machacaba. Lo que poa ser
expuesto clara y lucidamente se ofrea a
los ojos de modo obscuro, confuso, intrin
cado como verdaderos enigmas (...) por el
método que sea natural (...) y mezcle con
prudencia lo útil a lo dulce" (COMENIUS,
1986:57).
38
"D¿ó(o<¡fO¿ "Pedaqóqicoi,. o VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-4S
Ideas pedagógicas de Fray de San Al
berto: un m odelo para arm ar: la
humanización y la trascendencia
Toda su obra está atravesada e
impregnada por el amor, siendo la base
de toda relación educativa. "Dios-Amor
es fuente del amor, Queridos míos, amé
monos los unos a los otros, porque el
am or viene de Dios (...) el que ame a
Dios, ame tambn a su hermano" (1-
Juan.4, 7-21). Así como en este pasaje
de las Sagradas Escrituras, en otro
mom ento también se habla del don
más grande y precioso: el amor, es
cuando Pablo entona su himno al amor,
para muchos es el capítulo más maravi
lloso y entre ellos está Fray José.
Fe, esperanza y amor, los tres movi
mientos imprescindibles de todo cristia
no. El mayor de ellos es el amor, el más
importante que llegará a su perfeccn
cuando se accede a la presencia de Dios.
En este himno al amor, Pablo menciona
quince características dei amor cristiano
(versículos 4 al 7), son las siguientes: es
sufrido, benigno, no tiene envidia, no es
jactancioso, no se envanece, no es in
decoroso (o sin gracia), no insiste en sus
derechos, no se irrita, no guarda rencor,
no es injusto, goza de la verdad, todo lo
sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo
lo soporta.
Todas las cualidades de este amor
podemos verlas reflejadas, realizadas,
actualizadas y encarnadas en la vida y
en las obras de Fray José Antonio. En la
Carta Pastoral reitera que:
"educar bien
los niños, imprimiendo en ellos amor á las
virtudes; porque éstos en breve se hacen
hombres, vienen á componer el pueblo (...)
á éstas las tratará con el amor de una
verdadera madre, y con aquella igualdad
en todo que pide la verdadera canda" (SAN
ALBERTO, 1786: 285).
¡Qué lograda síntesis de la pro
puesta de Pablo en su postura educati
va! A través de ella se visualiza una de
las notas esenciales y constitutivas del
proceso de la educación, es el tipo de
relación que se establece entre educa
dor-educando y entre los alumnos en
tre sí, fundamentada en el amor. De en
trada se advierte que dado su universo
simbólico, el enfoque tiene un acento
marcadamente cristiano pero, no por
eso, al margen de la corriente del pen
samiento humanístico. Para Fray José,
la mansedumbre, la confianza, la pacien
cia, la gratuidad y la humildad son las
notas más relevantes del amor.
El amor es el eje direccional en la
pedagogía de Fray de San Alberto y se
convierte en el elemento aglutinante de
todos los demás factores que conver
gen en la accn educativa.
En lo profundo del proceso se esta
blece un diálogo, un hacer en común en
el que participan dos actores, por lo tan
to es polar, dinámico y convergente. De
allí surge que el ideal es que el hombre
vaya siendo una persona cada vez más
perfecta, a imagen de su Dios. Esto es
claramente reafirmando que el objetivo
de toda educacn genuina es la de hu
manizar y personalizar al hombre, sin
desviarlo, antes bien, orientándolo efi
cazmente hacia su fin último que tras
ciende la finitud esencial del hombre.
Entonces, la educación resultará
más humanizadora en la medida en que
se abra a la trascendencia, es decir a la
verdad, al Sumo Bien mediante el amor.
Por lo tanto, también humaniza y per
'Diaío^óJ "PedaqúM,. Año VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45
39
Fray José Antonio de San Alberto: una opcn para América latina
sonaliza al hombre cuando logra que
éste desarrolle plenam ente el pensa
miento y adquiera hábitos de compren
sión y de comunn con la totalidad del
orden real por los cuales el mismo hom
bre humaniza su mundo. Desde esta
concepción, el educador desempeña una
misión humana y evangelizadora, según
el Obispo San Alberto. Desde esta pers
pectiva se hace necesario que todo edu
cador instaure un diálogo franco y
perceptivo, a fin de que toda la comuni
dad educativa asuma sus responsabili
dades educativas y logre transformar
se, junto con sus instituciones (familia-
escuela-iglesia) y recursos, en una au
ntica
"ciudad educativa" (EPISCOPADO
LATINOAMERICANO, 1979:290).
Para esto es preciso sumar otra
cualidad a la humildad con que el maes
tro debe actuar y relacionarse con sus
alumnas-alumnos y ésta es el amor, sin
el cual su trabajo pierde el significado.
Sin lugar a duda Fray José afirmaba que
sin el amor el educador no puede ejer
cer su ministerio ni puede sobrevivir a
las negatividades de su quehacer. Con
sidera como elemento clave al amor para
que se produzca una correcta relacn
entre los agentes de la acción educati
va, para esto sostiene que "no con pun
tos de imperio, de denominación, de alti
vez, de vanidad o rencor, sino con puntos
de caridad, de amor, de humildad, de dul
zura y de mansedumbre" (SAN ALBERTO,
1786:255).
Esta es la presencia de un amor que
pone sus miras en la satisfacción y la
expansión de los otros. Un amor que
quiere ayudarles a alcanzar su propio
fin y el fin trascendente.
Se ve que esta primacía que otorga
al amor fue una constante de su vida,
pues en una carta al Rey presentando
la Relacn de Méritos y Circunstancias
del Doctor Jacinto Fernández de Quiroga,
destaca entre otras cualidades "la pie
dad y caridad con que trata y mira a su
feligresía, y el celo y amor con que asiste,
mirando por todos los medios posibles por
el bien espiritual y temporal de todos ellos"
(SAN ALBERTO, 2003:575).
¿Se puede crear un clima, un con
texto o una dinámica interaccn don
de se asuman las propias lim itacio
nes? El O bispo aragon é s lo cree
posible cuando dice que el Pastor será
bien visto y amado por sus feligreses,
aunque tenga otras fragilidades y pe
cados, pero siem pre y cuando logre
establecer con ellos una relación amo
rosa. Y en otro m om ento, expresa:
"pastor aborrecido, ganado perdido, Pas
tor amado, rebaño ganado" (SAN ALBER
TO, 1786:597).
Para Fray Jo' este punto adquie
re gran im portancia por las co n se
cuencias que de él se derivan, motivo
por el cual lo aborda una y otra vez. Si
el clima está enrarecido, las posibilida
des educativas no se darán porque
esa interferencia o falta de comunica
cn lo impide. Nuestro Pastor tampo
co dejó de considerar que no todo tipo
de autoridad favorece esa relación
maestro-alumno, de ahí que, en oca
siones declare expresamente las con
trad icciones que en este cam po se
puedan dar. Por eso, en uno de sus
textos describe con precisn y agude
za las dos desviaciones hacia las que
pueden derivar estas relaciones: "la
dem asiada condescendencia" por un
lado o el "excesivo rigor" por otro (SAN
ALBERTO, 1786:626).
4 0 'Dcófoy Pedayóyíeoú. o VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45
Es necesario recordar que se trata
ba de una sociedad tradicional, de na
turaleza fuertemente prescriptiva, con
valores firmes e indiscutibles, donde el
predominio del educador sobre el edu
cando era notorio. Sin embargo, pre
tende establecer un tipo de relación ba
sada en el amor, llegando así a una
síntesis superadora: "importa señores,
que los curas traten a sus feligreses con
agrado, con dulzura y afabilidad, perjudica
tratarlos con imperio, con desagrado y con
aspereza" (SAN ALBERTO, 1786:286).
Considera que el ejercicio de la au
toridad educativa es obra de amor y no
de poder. Está convencido de que la
autoridad no radica en las personas
sino en los valores y fines que movili
zan esas funciones. Es decir, no es un
valor que se sustente en sí mismo sino
en el servicio que presta. En síntesis,
deja en claro que el ejercicio del poder
no puede degenerar en autoritarismo.
Este es un mensaje muy claro destina
do al maestro, que recibe la autoridad
para sus educandos, pues debe usarla
para ellos y no sobre ellos; así ellos
sen los más celosos defensores del
educador. Rechaza todo tipo de arbi
trariedad, venga de donde viniere, in
clinándose en cambio, por una autori
dad objetiva que esté en funcn de los
valores a los que representa y sirve
con amor y sin violencia.
En esta introduccn hemos podido
constatar que el am or en el pensa
miento albertiano no es algo acciden
tal, muy al contrario, se convierte en
savia que impregna todo el quehacer
educativo. Se trata de un amor, tras
cendiendo lo pedagógico que se inser
ta en lo axiológico y se convierte a,
en instrumento de elevacn moral.
A partir del análisis, los textos y los
testimonios de vida de Fray José pue
den resumirse en pocas palabras como
las siguientes: autenticidad, coherencia y
compromiso, es decir un hombre ubica
do realmente tras su palabra, que lo res
paldó en todo lo que fue y lo que tuvo,
que no la utilizó como medio para deter
minar quién es y q quiere. Este es el
modelo que propone para el maestro.
En cuanto al significado de la vida
espiritual y humana su demanda se con
centró en comunicación, com unidad,
amor. Ésta fue su existencia humana:
la confiada y gozosa comunicacn y ia
identidad de propósito con el Padre y la
plena comunicación con los semejantes,
a través de la apertura a ellos en servi
cio de amor. Para quien vivió de esta
m anera, la verdadera existencia es
aquella en la que un hom bre libre y
gozo, por sobre barreras y limitaciones
se solidariza con la necesidad del próji
mo y responde a ellos.
Sorprendente porque no señaló al
necesitado como ocasn de ejercer un
comportamiento requerido, sino que lo
movía la activa disposicn de solidari
dad, de a-proximarse, como la forma de
existencia humana -de projimidad- en
la que verdaderam ente se expresa el
amor a Dios y al hombre. Anunció y tes
timon con su vida y con su palabra, la
humanidad que brotaba del encuentro
con Dios. Por su testimonio y su predi
cación, el número de hombres y muje
res que se abrían a ia gracia del cris
tianismo, al igual que las niñas que se
instruyeron y educaron en las Casas de
Estudio se multiplicaron: "como las es
trellas del cielo, incontables como las are
nas de las orillas del mar" (Carta a los
Hebreos 11, 12).
¿yí'afo^új T^edac/óyicoi. o VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-45
41
Fray José Antonio de San Alberto: una opcn para América latina
Fue consciente de que el hombre
era el camino que debía recorrer en el
cumplimiento de su misión, la promoción
humana, la cual tendía a la liberación
integral de la persona. Ésta es la base
fundamental de su pedagoa. Y siem
pre mirando a ese hombre concreto, el
Pastor constató la difícil y delicada rea
lidad social por la que atravesaba la
Córdoba colonial donde existían amplias
capas de población en la pobreza, la
marginacn y la ignorancia. Su vida fue
la decisn de sembrar en América lati
na la vida nueva de la fe, la esperanza,
la educación m ediante la virtud y el
amor. Ésta es la función del educador.
Pero Fray San Alberto afirma que
todo educador ha de ser un buen mode
lo, es decir que ha de realizar en mis
mo altos valores. Sólo así, él podrá pro
yectar esos valores en sus educandos,
elevando su vida y lanzándolos siempre
hacía lo mejor. El ejemplo y la amorosidad
cobran su alcance y sentido, por refe
rencia a esos valores que lo sustentan,
los cuales deben ser compartidos por los
sujetos que lo rodean.
Presentamos en forma muy breve
la base de la pedagogía albertiana: el
amor. El abordaje del mismo siempre
está presente en el desarrollo de este
trabajo, pero se le otorga este espacio
para brindar un mayor acercamiento al
fundamento que sostiene y direcciona
a la propuesta educativa albertiana.
Fundacn en Córdoba de La Casa de Ni
ñas Hrfanas. Desde el gran día, el de
la fundación, han transcurrido 226 os
Ese día las majestuosas campanas
de Córdoba fueron echadas al vuelo,
con su dulce y armonioso tañido anun
ciaban a la ciudad el significativo acon
tecimiento. En estos momentos, era
dem asiada la emoción que Fray José
experimentaba y extraordinarios los fru
tos que esperaba recoger como para
que despreciara una ocasn única como
la que el fausto acontecimiento le brin
daba.
La ceremonia inaugural fue celebra
da el 21 de abril de 1782, ésta estuvo
rodeada de todo esplendor, en la que
se desplegó toda la pompa de la litur
gia, para que el recuerdo de aquel día
se grabara profundamente en la retina,
en el corazón y en la memoria de las
educandas y de toda la poblacn de la
ciudad.
Tambn crea una escuela externa:
para las nas cordobesas, junto al inter
nado, para que asistieran las nas de
la sociedad cordobesa; y otra de par
das, para las hijas del pueblo. Con esta
escuela se abre la posibilidad de que
nas de la nobleza y del pueblo acce
dan, todas, a la educacn e instruccn,
bajo las mismas condiciones. Aquí resi
de la grandeza y los esfuerzos de nues
tro Obispo porque estaba seguro de que
la mujer debía participar de la educa
cn, sin distincn de condicn social,
ya que tenía los mismos derechos que
los hombres.
La mujer como educadora. Maestras
hábiles y virtuosas de sus propios hijos
Profundizando el análisis de las pro
ducciones, encontramos en nuestro au
tor una proyeccn que indica un cam
bio aun mayor, que supera y rompe así
con los moldes tradicionales. Se trata
42
Dhiyoa ‘PedaqáqiCM o VI, 12, octubre 2008. g. 22-45
ARTÍCULOS
de que a la educacn femenina le asig
na una doble finalidad: la preparación
de la mujer como educadora de los su
yos y de la sociedad en que se desen
vuelve: "de aquí es fácil inferir lo mucho
que sabrán estas niñas, y el gran bien que
podn hacer, quando despues de haber
vivido seis ó ocho años en estas casas,
salgan á tomar aquel estado á que las lla
me Dios, ó les proporcione su fortuna, y
se derramen por las Ciudades y por los
campos, de donde vinieron como tablas
rasas, y sin mas color ni tintura que la
natural" (SAN ALBERTO, 1786:401).
Nuevamente afirma con certeza
que si la educación potencia sus capa
cidades, facilita la adquisicn de des
trezas, cada una de las niñas se ca
paz de "instruir, enseñar y aun refor
mar todo un partido, y quando menos,
que serán una Maestras hábiles y virtuo
sas de sus propios hijos" (SAN ALBERTO
1786:402). Pero su escuela no sólo edu
a las niñas sino que en ellas se for
maron las maestras, sin condición de
clase social y fueron ellas las que se
ocuparon de la educación e instrucción
de las niñas.
Conclusn. Fray José Antonio de
San Alberto, una opción para Amé
rica latina
En Córdoba, a fines del siglo XVIII,
la presencia del Obispo Fray José de San
Antonio marcó la iniciacn de un proce
so de trascendencia para la educacn
para todos.
Porque... al fundar escuelas se pro
ponía levantar centros capaces de dar
a cada niño o niña la educacn y el ofi
cio que mejor conviniese a su naturale
za y a su talento.
Porque... sus ideas pedagógicas se
concretaron en la creacn de la escue
la pública, gratuita para la mujer parda
y noble, lugar donde concurrían sin dis
criminacn, todas participando, de igual
modo, de la educacn y la instruccn.
Porque... la relacn pedagógica se
basa en el amor.
Porque... la educación resulta más
humanizadora ya que se abre a la tras
cendencia, es decir a la verdad, al Sumo
Bien mediante el amor.
Porque... también humaniza y per
sonaliza al hombre cuando logra que
éste desarrolle plenamente su pensa
miento y adquiera hábitos de compren
sión y de comunn con la totalidad del
orden real, es decir, el mismo hombre
humaniza su mundo.
Porque... América latina excluía a la
mujer de la educacn y la instrucción, él
luchó y trabajó incesantemente para que
todas, nobles y pardas accedieran a ella.
Porque... para Am érica latina, en
esos tiempos, el pueblo nada significa
ba, por la exclusn de que era objeto
por parte de las instituciones vigentes
y de las clases más acomodadas.
Porque... la educación e instruccn
era posible para todos, por ello, las ideas
y obras de Fray Jo fueron una opción
para América latina.
Porque... Fray San Alberto, fue un
educador al que y ante este hecho, Joa
quín V. González, en sus Discursos Aca
démicos hace referencia de este "¡lus
tre personaje" de la siguiente manera:
"Y como todos los iluminados de este gé
nero, piensa, predica y ejecuta la idea, y
halndola buena, se sacrifica por ella. En
San Alberto, se descubre que el pensa
Dútfoyoú 7*edayúo¿. Año VI, N° 12, octubre 2008. Pág. 22-4S
43
Fray José Antonio de San Alberto: una opcn para América latina
miento y la pasión dominantes son la edu
cación del pueblo, el relevamiento moral
de la masa desheredada y excluida. Nin
n otro ejemplo semejante aparece en
esta parte de América hasta Vértiz, y más
allá - continúa- este hombre extraordina
rio para su tiempo, (...) concebía pues, al
expirar el siglo colonial, un tipo de escuela
común que hoy todavía constituye la pre
ocupación de muchos educadores públi
cos, la escuela útil de la clase popular, que
instruye lo suficiente la inteligencia como
para marcar rumbos en la vida, y dota de
las aptitudes manuales bastantes para
iniciarse en las industrias que le conquis
ten la fortuna personal, y le hagan un fa
vor eficiente en el trabajo productivo de la
comunidad" (GONZÁLEZ, 1935:288).
Original recibido: 17-09-2007
Original aceptado: 15-07-2008
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