INVESTIGACIÓN, EDUCACIÓN Y CAMBIO: DESAFÍOS Y OBSTÁCULOS PARA TRANSFORMAR LA REALIDAD EDUCATIVA
ANUARIO DIGITAL DE INVESTIGACIÓN EDUCATIVA. Número 6. Agosto de 2024. Página 269
En ese vínculo, la relación pedagógica constituye un modo particular de encuentro
y la palabra abre o cercena los márgenes de esa relación. En este sentido, interesa
recuperar la idea de transmisión como eje central del acto de educar. Al respecto Marta
Degl’ Innocenti sostiene que:
(...) la educación debe centrarse en la relación entre el sujeto y el
mundo humano que lo acoge; su función es permitirle construirse a sí
mismo como sujeto en el mundo y heredero de una historia en la que
sepa qué está en juego, capaz de comprender el presente y de
inventar el futuro.
(Marta Degl’ Innocenti, 2016, p. 2)
Esta conceptualización amplía la mirada tradicional de la educación y nos invita a
pensar la tarea pedagógica al interior de las escuelas en términos de movilizar todo lo
necesario para que el sujeto entre en el mundo, se sostenga en él e incorpore los saberes
elaborados por los hombres en respuesta a los interrogantes que han constituido la
cultura humana y los subvierte con respuestas propias (Marta Degl’ Innocenti, 2016, p. 3).
Resulta oportuno, entonces, movilizar las formas tradicionales de pensar al sujeto
mediante lecturas que no cristalicen diagnósticos o aspectos singulares, siendo preciso
pensar una y otra vez, siempre en la provisoriedad, aquello que siendo como es y por lo
tanto podría devenir de otros modos. Construir miradas, reflexiones y promover
pensamientos desde y hacia la perspectiva de la complejidad (Morín, 1982) posibilitan
mirar al alumno, en tanto sujeto que aprende, en términos de la relación singular de este
con el aprendizaje dentro de una determinada trama institucional, social, cultural, y no ya
como portador de un déficit, sea para comunicarse, para leer, para relacionarse, para
sumar, etc. En ese sentido, se podría considerar qué cambios, modificaciones,
alteraciones se pueden realizar en la escuela con el objetivo de ensanchar sus márgenes
para que todos y todas aprendan.
Habitar la tensión entre lo común y lo diferente que subyace a toda práctica
escolar, sin intención de resolver o disolver, es una invitación a construir preguntas para
ofertar un espacio diferente. El problema, siguiendo a Maciel (2001), tiene un valor
conceptual. Es la posibilidad de habitar un espacio donde pensar con otros, entre otros y
volver a pensar de otro modo que permita instituir un ámbito de intercambio. Y que allí
puedan circular saberes para disponer de un modo-otro los conocimientos pedagógicos y
didácticos que les docentes poseen para construir un espacio que aloje a las infancias, en