
110 STUDIA POLITICÆ Nº 51
que estas permiten diagnosticar el problema, proponer una solución, agluti-
nar recursos (técnicos, económicos y humanos) y, nalmente, convertir la
problemática en una oportunidad que benecie no solo a las y los propios
jóvenes, sino a la sociedad en su conjunto (Abad, 2002).
Históricamente, el campo de la juventud dentro de las políticas públicas ha
estado marcado por constantes debates y posicionamientos. En especial por
la cantidad de deniciones que existen sobre el concepto de juventud. La de
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nición que se adopte no solo inuye en el tipo de políticas que se implemen-
tan, sino también en la construcción social de la propia juventud (Wallace &
Bendit, 2011).
Ante este panorama, se pueden encontrar múltiples deniciones sobre las
políticas de juventud. Siurala (2005), por ejemplo, señala que estas políticas
son aquellas que generan oportunidades para que las y los jóvenes puedan
adquirir conocimientos y experiencias que los ayuden a integrarse correcta
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mente en la sociedad y en el mercado de trabajo. Balardini (2003), por otra
parte, destaca que estas políticas son aquellas que ejecutan acciones y pro-
cesos orientados a la promoción del desarrollo juvenil. Mientras que Bendit
(1988; 2006) expresa que son las encargadas de dar respuesta a los intereses
de la juventud dentro de la sociedad.
En este estudio, sin embargo, nos referimos a las políticas de juventud como
aquellas acciones que, por un lado, crean una igualdad de oportunidades en
la educación y el mercado de trabajo y, por el otro, promueven la inclusión
social, la ciudadanía activa y la solidaridad entre las y los jóvenes (Comisión
Europea, 2013). Cabe destacar que, a pesar de las diferencias, todos los auto
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res anteriores coinciden en que las políticas de juventud deben promover el
desarrollo de conocimientos, habilidades y competencias entre este colectivo
para que sean agentes activos de la sociedad (Balardini, 2003; Siurala, 2005).
Dentro de esta situación, las políticas de juventud tienen tres enfoques funda
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mentales: transicionales, etapa-problema y armativas. Las políticas transi-
cionales, tradicionalmente, hacen referencia a políticas centradas en el ocio,
el tiempo libre, el asociacionismo juvenil y el voluntariado (Bango, 1997).
A posteriori, este enfoque evolucionó ligeramente hacia un concepto más
integracionista, donde las políticas también estaban orientadas hacia la edu
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cación, el mercado de trabajo y el acceso a la vivienda (Planas-Lladó, So-
ler-Masó & Feixa-Pàmpols, 2014). No obstante, en estas políticas la juventud
tiene una escasa o insignicante participación sobre su propio desarrollo ha-
cia la etapa adulta, siendo solamente receptores estáticos (Krauskopf 2003).