La diplomacia en la construcción
de las Relaciones Internacionales
argentinas: Rosario y el inicio
de los estudios internacionales en
Argentina
Melisa Deciancio
*
Resumen
En este trabajo se pretende abordar, en primer lugar, la relevancia que ad-
quirió la diplomacia, en tanto práctica y estudio, en la conformación de
un pensamiento sobre “lo internacional”. En segundo lugar, se abordará la
historia de la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas de
la Universidad Nacional del Litoral (UNL) en Rosario y la creación de la
primera carrera de formación diplomática y consular. Tercero, se profundi-
zará especícamente en la Licenciatura y el Doctorado en estudios consula-
res y diplomáticos de esa universidad como antecesores de la Licenciatura
y Doctorado en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de
Rosario (UNR), así como en sus principales impulsores. Cuarto, se indaga-
*
Investigadora Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y Técnicas
(CONICET). Actualmente es la Coordinadora académica de la Maestría en Relaciones In-
ternacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO/Argentina).
Código de referato: SP.279.L/20
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2020.50.03
STUDIA POLITICÆ Número 50 otoño 2020 pág. 43–75
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
44 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
rá sobre la Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas, pu-
blicada desde el Instituto de Derecho Internacional “Manuel Antelo” y las
publicaciones que sirvieron de plataforma para el desarrollo de los estudios
y debates sobre “lo internacional”. Por último, se ofrecerán las conclusio-
nes que se derivan del análisis
Palabras clave: diplomacia Relaciones internacionales Campo His-
toria
Abstract
This paper intends to address, in the rst place, the relevance acquired by
Diplomacy, as a practice and study, in shaping a thinking about “the in-
ternational”. Secondly, the history of the School of Economics, Trade and
Politics, at National University of the Litoral (UNL) in Rosario and the cre-
ation of the rst diplomatic and consular training course will be addressed.
Third, the degree and doctorate in consular and diplomatic studies of that
university will be specically studied as predecessors of the Bachelor and
Doctorate in International Relations of the National University of Rosario
(UNR), as well as in its main promoters. Fourth, the Journal of International
Law and Diplomatic Sciences, published by the Institute of International
Law “Manuel Antelo” of the UNL and the publications that served as a
platform for the development of studies and debates on “the international”,
will be investigated. Finally, the conclusions derived from the analysis will
be offered
Key words: Diplomacy – International Relations – Field – History
Introducción
A
medida que se abría el campo de debate académico y político sobre
lo internacional, la práctica diplomática así como sus fundamentos
conceptuales fueron ganando vigor más allá de la concepción institu-
cional que el derecho había marcado en los primeros pasos de la disciplina de
las Relaciones Internacionales
1
en sus inicios (Deciancio, 2016). Este trabajo
se propone indagar acerca de la historia de construcción del campo de las
Relaciones Internacionales en Argentina, con especial foco en la relevancia
que adquiere la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas
de Rosario en el período que va desde su creación en 1923 como parte de la
1
Se hace referencia a las “relaciones internacionales” (con minúscula) al referirse a los vín-
culos de un país, o miembro de ese país, con otro. “Relaciones Internacionales”, en cambio,
reere a la disciplina que estudia esos vínculos.
MELISA DECIANCIO 45
Universidad Nacional del Litoral (UNL), para luego pasar a formar parte de
la Universidad Nacional de Rosario (UNR) como epicentro del desarrollo
del campo en el país. Para ello se indagará, en primer lugar, la relevancia que
adquirió la diplomacia, en tanto práctica y estudio, en la conformación de un
pensamiento sobre “lo internacional”. En segundo lugar, se abordará la his-
toria de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y la creación en Rosario
de la primera carrera de formación diplomática y consular, pionera en desa-
rrollar estudios sobre lo internacional en Argentina. Tercero, se profundizará
especícamente en la Licenciatura y el Doctorado en estudios consulares y
diplomáticos de esa universidad como antecesores de la Licenciatura y Doc
-
torado en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario
(UNR), así como en sus principales impulsores. Cuarto, se indagará sobre la
Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas, publicada desde
el Instituto de Derecho Internacional “Manuel Antelo” de la UNL y las pu
-
blicaciones que sirvieron de plataforma para el desarrollo de los estudios y
debates sobre “lo internacional” desde Rosario. Por último, se ofrecerán las
conclusiones que se derivan del análisis.
Como se ha demostrado en trabajos anteriores
2
, los incipientes trabajos y es-
tudios sobre el acontecer internacional que emergieron en las primeras etapas
del proceso de constitución del campo de las RRII estuvieron fuertemente
inuenciados por el sesgo normativo del Derecho Internacional Público, pero
también por las necesidades de contar con un cuerpo profesionalizado de
funcionarios estatales especializados en dichos asuntos. Como resultado, la
emergencia de los estudios diplomáticos marcó un punto clave para el desa-
rrollo de la disciplina. Si en etapas anteriores las RRII estuvieron fuertemente
marcadas por los grupos intelectuales porteños formados en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Deciancio, 2016); a partir de la
década del 20, y aún fuertemente asociado al derecho internacional, es que
se evidencia el auge de la diplomacia y los estudios diplomáticos. Estuvieron
menos basados en la norma que en la acción y la exploración de sus márgenes
de maniobra, tanto en relación al mundo internacional como a las dinámicas
internas del Estado y a la práctica y necesidades del comercio internacional.
La creciente necesidad de formar un cuerpo capacitado y especializado que
ejerciera la tarea de representar al país en el mundo condujo a la creación de
2
Ver “Las Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en
la historia del campo de las Relaciones Internacionales argentinas”, en Revista de Historia
del Derecho, (52), julio–diciembre, 2016. http://inhide.com.ar/portfolio/revista–de–histo-
ria–del–derecho–no–52–julio–diciembre–2016/.
46 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
carreras y cursos universitarios especializados. En efecto, los diplomáticos
fueron, en los comienzos, el núcleo de personas que mejor representaron
simbólicamente lo que hoy conocemos como RRII. Así, hasta su plena ins-
titucionalización, fue la diplomacia la que ocupó el campo. A partir de este
momento comenzó a delinearse un campo intelectual cuyo objeto de estudio
se centraba en “lo internacional” y donde se erigió a los diplomáticos como
actores relevantes en la reproducción de sus ideas. Desde el principio, el cli
-
ma de desarrollo de las RRII estuvo marcado por la promoción de la asocia-
ción profesional para el estudio de la diplomacia como tema y como grupo.
En este marco, la historia de la disciplina atravesó uno de sus puntos más
relevantes en su –aún incipiente– proceso de autonomización e institucio
-
nalización con la creación de la Licenciatura y el Doctorado en Estudios
Consulares y Diplomáticos en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) en
el año 1923 en la ciudad de Rosario. En consonancia con lo sucedido duran
-
te los años conservadores en Buenos Aires, los intelectuales–diplomáticos
formados en derecho en la UNL provenían de las más destacadas familias
de la provincia de Santa Fe, especialmente de la ciudad de Rosario, desde
donde se esbozaron los cimientos de la disciplina con un gran contenido
autonomista
3
.
Rosario emergía entonces como una de las principales ciudades de la Ar
-
gentina, dueña del segundo puerto más importante del país y punto focal de
las exportaciones agrícolas producidas en la región del litoral. La ciudad se
había conformado hacia mediados del siglo XVII y fue nalmente fundada
el 5 de agosto de 1852. Constituida principalmente por inmigrantes, se nutrió
del intercambio cultural e intelectual que le imprimió su diversidad y las
experiencias de sus habitantes (Glück, 2015). Era una ciudad con una ele-
vadísima proporción de residentes extranjeros y una aún mayor cantidad de
hijos de inmigrantes, con asociaciones y colectividades de las más variadas
nacionalidades, empresas y capitales de origen extranjero, uno de los puertos
de ultramar más importantes del Cono Sur y con un cuerpo consular que tuvo
notoria incidencia en distintos aspectos del quehacer social, al punto de inter-
venir en el movimiento pro Universidad en Rosario
4
. Fue precisamente en la
3
Es de esta universidad y del Doctorado en estudios Diplomáticos y Consultares que años
más tarde egresó y desarrolló su carrera diplomática y académica Juan Carlos Puig, quien
esbozó la Teoría de la autonomía heterodoxa. Ver puig, J. c., (1980). Doctrinas internacio-
nales y autonomía Latinoamericana. Caracas: Universidad Simón Bolivar.
4
El movimiento “pro universidad de Rosario” tuvo lugar en la década de 1910 con el obje-
tivo de la creación de la Universidad Federal de Rosario, mediante el apoyo de destacadas
MELISA DECIANCIO 47
década del 20 que, con la edad de oro del puerto de la ciudad, empezaban a
concretarse los sueños y proyectos de la dirigencia de la ciudad.
Hacia nes de esa década ya se encontraban en funcionamiento las principa
-
les universidades estatales del país, dando todas ellas un ímpetu signicativo
a la actividad cientíca. La Universidad Nacional de Córdoba venía funcio
-
nando desde la época colonial; la Universidad de Buenos Aires ya contaba
con más de medio siglo formando a la elite porteña; la Universidad de La
Plata, que había sido fundada por Dardo Rocha en 1897 y luego “re lanzada”
por Joaquín V. González hacia principios del siglo XX, marcaba su rumbo
con un programa mucho más academicista que las de sus compatriotas; y la
Universidad Nacional del Litoral comenzaba a surgir. Luego de la Reforma
Universitaria de 1918, que se tradujo en la autonomía y democratización
de las universidades nacionales, las décadas siguientes, hasta mediados del
siglo XX, estuvieron marcadas por el surgimiento, en el ámbito académico,
de diferentes cursos de ciencias sociales (también llamadas en ese enton-
ces “Ciencias de la Cultura” o “del Espíritu”) (Guardamagna, 2011). En ese
marco, ganaron presencia los nuevos enfoques marxistas que comenzaron a
cobrar fuerza luego de la Revolución Rusa de 1917 (Altamirano, 2005).
Estos desarrollos se dieron en un contexto internacional sacudido por di
-
versos acontecimientos que impactaron más allá de las fronteras nacionales
en las que ocurrieron: la Revolución Rusa, la crisis económica de 1929 y el
orden internacional que emergió en la primera posguerra, todos marcaron un
antes y un después en la manera de pensar la política nacional e internacio
-
nal. Estos acontecimientos llevaron a la necesidad dentro del país de delinear
una política internacional acorde a los tiempos y denir maneras de abordar-
la, a la vez que la nalización de la Primera Guerra Mundial modicó la per-
cepción de la labor diplomática y de los cónsules. La diplomacia adquirió un
rol fundamental como práctica de la política internacional y los diplomáticos
como representantes de los Estados ante sus pares. La política internacional
se construyó a partir de sus acciones, iniciativas y pensamiento. El desarrollo
de los estudios sobre la política internacional se vio fuertemente inuenciado
por la necesidad de contar con especialistas que representaran al Estado y
llevaran adelante su política exterior. En la Argentina, desde la década del
20 hasta mediados de los 40, la formación de diplomáticos profesionales se
materializó en el intento particular de la UNL por crear un cuerpo diplomá-
personalidades de dicha ciudad como Estanislao Zeballos y el presidente de la Bolsa de
Comercio local, Luis Colombo, entre otros.
48 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
tico entrenado académicamente en sus aulas, fuertemente inuenciado por
el derecho internacional público y, de manera subsidiaria, por el comercio
internacional. El hecho de que los estudios diplomáticos hayan servido de
puntapié para el surgimiento y desarrollo de un pensamiento y enseñanza de
las RRII permite identicar las características que adquirieron los primeros
desarrollos intelectuales sobre estas cuestiones. Así, la profesionalización de
los estudios diplomáticos y la posterior institucionalización de la Carrera de
Relaciones Internacionales hacen a los orígenes y la historia de la disciplina
de las RRII en el país (De Marco, 2013).
2. Diplomacia y Relaciones Internacionales
Considerar que el campo de las RRII se haya nutrido en su etapa inicial de
los estudios diplomáticos no implica considerar ambos campos de manera
intercambiable sino reconocer que se encuentran interrelacionadas por el ob
-
jeto de estudio que las congrega. Los estudios diplomáticos se han enfocado
en aquellas instituciones y procesos mediante los cuales el Estado y otros
actores se representan a sí mismos y a sus intereses frente a sus pares (Sharp,
2011), es decir, en las relaciones entre Estados “en primera persona”. Las
RRII, en cambio, se centran en el estudio de la realidad internacional, sus
actores e instituciones y las interacciones entre ellos. Sin embargo, en el
recorrido que atraviesa el largo proceso de autonomización y diferenciación
interna de la disciplina, el campo diplomático ha tenido un rol central para
el avance hacia la conformación de las RRII. Su grado de interrelación es tal
que en la actualidad los estudios diplomáticos se consideran un sub–cam-
po de las RRII (Wiseman, 2011). La diplomacia puede considerarse como
una actividad o mecanismo de representación, comunicación y negociación
a través del cual los Estados y otros actores internacionales establecen sus
vínculos. Por lo tanto, la política exterior puede denirse como la suma total
de decisiones hechas en nombre de una unidad política (por lo general un
Estado) en pos de la implementación de objetivos directamente relacionados
a su exterior. La política exterior se constituye, entonces, por la variedad de
factores que inciden en la toma de decisiones en política exterior, mientras
que sus resultados son un comportamiento característico del Estado en el
sistema internacional (Smith, et al., 2008).
En Argentina la diplomacia como práctica estuvo fuertemente vinculada a
la formación del campo de las RRII. Los diplomáticos fueron los actores
por excelencia de la política internacional, erigiéndose tanto en testigos y
MELISA DECIANCIO 49
cronistas como jóvenes analistas de los acontecimientos internacionales. Son
ellos quienes introdujeron las discusiones sobre lo internacional al campo
intelectual de las ciencias sociales y la política a través de cartas y publica-
ciones en la prensa como en revistas intelectuales
5
. Es también durante este
período que la diplomacia argentina alcanzó su punto de mayor prestigio,
de la mano de las gestiones del Ministro de Relaciones Exteriores, Carlos
Saavedra Lamas (1832–1938). De este modo, el rol internacional del país
impulsó el interés por la función diplomática, así como por contar con per
-
sonal mejor capacitado para la tarea. De la mano de las primeras escuelas de
formación de diplomáticos es que los estudios sobre lo internacional llegaron
a las universidades y comenzaron a delinear el campo de las RRII desde el
ámbito educativo.
En un principio, la mayoría de los trabajos sobre temas internacionales si
-
guieron los lineamientos propios de la historia diplomática, focalizado prin-
cipalmente en analizar las acciones diplomáticas, tratados y doctrinas a los
que el Estado podía recurrir para diseñar la solución a sus problemas (Cola
-
crai, 1992). El Estado–nación era la unidad de análisis y el nivel de las re-
laciones correspondía estrictamente al intergubernamental. Como resultado,
prevalecieron los trabajos sobre política exterior desde una perspectiva his
-
tórica. Esta no fue una característica privativa de los estudios internacionales
argentinos o latinoamericanos, sino que la inuencia de las diversas escuelas
europeas sobre los estudios internacionales –especialmente la francesa–, que
ponían gran énfasis en los enfoques histórico–jurídicos, tuvo una incidencia
signicativa en los académicos de la región (Colacrai, 1992).
Quizá uno de los más destacados internacionalistas de la época, Lucio More
-
no Quintana desarrolló sus trabajos sobre política internacional –término que
en la época se acuñaba de manera indistinta con el de política exterior– desde
la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos
Aires. Aunque se había especializado en Derecho Internacional Público, con
sus trabajos y conferencias inició el proceso de construcción del debate acer-
ca de la política exterior argentina. En sus seminarios dictados en la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires planteaba
a la Argentina como un país de doctrinas internacionales (Deciancio, 2016).
5
Un ejemplo de ello son los trabajos publicados en la Revista Argentina de Ciencias Políti-
cas y en la Revista de Historia, Derecho y Letras. Ver deciancio (2018) “Puentes para pen-
sar lo internacional en los albores del siglo XX: La Revista Argentina de Ciencia Política
(1910–1928) y la Revista de historia, derecho y letras (1898–1923)”. Revista Ciclos en la
historia, la economía y la sociedad.
50 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
Sin embargo, destacaba la falta de una “política y una doctrina argentina
denida en materia internacional” (Moreno Quintana, 1948: 7). Quintana
denió a la política internacional como la política que realiza el Estado, en el
orden exterior, para asegurar los objetivos políticos de la Nación. Según sus
propias palabras, esta concepción de la política internacional rompe con la
tradición francesa, reemplazándola por otras de corte más cientíco como las
escuelas alemanas y la positivista italiana. Su enfoque cambia la concepción
de la política internacional como subsumida al derecho internacional, para
pasar a reconocer que “el derecho internacional no es sino un instrumento de
aplicación de la política internacional, de acuerdo con los intereses de cada
estado” (Moreno Quintana, 1948: 7). Esta visión se sustentó en el supuesto
de que la evidencia histórica ayudaba a entender por sola los procesos y
que al derecho correspondía darle la solución (Colacrai, 1992).
Quintana entendía a la política internacional como un arte, al que llamaba
diplomacia, “el conjunto de conocimientos y principios necesarios para di
-
rigir con acierto los negocios públicos entre los estados” (Moreno Quintana,
1948: 13). El rol asignado a la diplomacia como artíce de la política interna
-
cional le confería un carácter pragmático, pero no por eso restaba relevancia
a la necesidad de capacitación. Para él, la carrera diplomática era necesaria
para proveer a los representantes de un país en el exterior de los conocimien-
tos necesarios (Moreno Quintana, 1948). Como queda demostrado en los
trabajos elaborados en esta época, gran parte de la producción académica se
preocupó más por contrarrestar el poder de las grandes potencias en el conti-
nente que por cuestiones de naturaleza teórica o metodológica.
Asimismo, la mayoría de los autores fueron hombres más ligados a la po
-
lítica que a la vida académica. Sin duda, una de las guras que puso a la
diplomacia y a la política exterior argentina en el apogeo de su prestigio fue
el Ministro de Relaciones Exteriores entre 1932 y 1938, Carlos Saavedra
Lamas. Su actuación internacional como representante del país en el exterior
marcó la política internacional y nacional. Durante su mandato, una serie de
acontecimientos elevaron el perl de la diplomacia argentina: el país reingre-
só a la Sociedad de Naciones; ejerció la presidencia del organismo en 1936;
participó activamente de las gestiones para concluir la guerra del Chaco entre
Paraguay y Bolivia (1935); por su parte el canciller recibió el Premio Nobel
de la Paz producto de su iniciativa de un Pacto Antibélico de No Agresión y
Conciliación (Paradiso, 1993). Como resultado de su proyección internacio
-
nal, el país se centró en una estrategia orientada a jugar la instancia universal
en desmedro de la regional y minimizar los compromisos políticos en be-
MELISA DECIANCIO 51
necio de los económicos, evitando cualquier intento de acercamiento a los
Estados Unidos y su política hegemónica en el continente.
Su objetivo fundamental consistió en incorporar a la Argentina, con ideas
propias, serias y atrayentes, a la corriente de cooperación internacional ba
-
sada fundamentalmente en el mantenimiento de la paz y la seguridad inter-
nacionales, la solución pacíca de las controversias y el respeto al princi-
pio de la no intervención (Ruda, 1988). Reconocía como técnicas y usos de
conciliación pacíca de los Estados la negociación, la mediación (el arreglo
pacíco de las controversias por medio de los buenos ocios) y el arbitraje y
sostenía que ser miembro de la Sociedad de las Naciones representaba más
de lo que era posible concebir, ya que este organismo cumplía funciones de
ayuda social y sanitaria, consagrando viejos principios de solidaridad inter
-
nacional (Fernández Bengoechea, 2007). Estos valores, aplicados a su inter-
vención para la nalización de la Guerra del Chaco, le valieron el Premio
Nobel de la Paz en 1936.
En Por la paz de las Américas, Saavedra Lamas expuso las bases de su pen
-
samiento sobre la guerra y la paz. Edicó su posición sobre los principios de
convivencia y cooperación entre las naciones, cimentados en el permanen-
te mantenimiento de la paz y la seguridad internacional, que posibilitaba el
respeto al principio de no intervención en los asuntos internos de un Estado
soberano y la solución pacíca de las controversias. De esta manera, se in-
corporó a los debates que desvelaban a los teóricos de la política internacio-
nal desde la segunda mitad del siglo XIX referidos a la convivencia pacíca
entre las naciones. Elaboró, dentro del marco teórico descrito, un enfoque
personal, historicista, que, sin ser original, signicó un aporte al derecho in
-
ternacional. En efecto, con el reconocimiento tácito de la inuencia del ló-
sofo Herbert Spencer, concebía en forma clara la gestación de los conictos
desde la responsabilidad individual o colectiva.
Para Saavedra Lamas las relaciones exteriores de un país no debían limitar
-
se simplemente a la discusión de principios abstractos, sino que el análisis
de los problemas más fundamentales se debía relacionar con el estudio de
fenómenos y doctrinas propulsoras del prestigio del país en el exterior. Por
eso pensaba que el manejo de la política internacional no debía ser encarado
con un criterio exclusivamente jurídico, sino con el concepto práctico de las
conveniencias inmediatas y ulteriores de la nación. La diplomacia era una
fuerza viviente y el diplomático debía ser un experto y un gestor audaz de los
negocios vitales de su país, ya que las relaciones comerciales estaban regidas
por normas y convenios que se remontaban a una etapa lejana.
52 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
a. La diplomacia argentina en el sistema internacional
En 1914 se inició el período de lo que Hobsbawm (1998) calicó como “31
años de guerra mundial”, que se extendió hasta 1945 (Hobsbawm, 1998). El
año de1914 signicó el n de la paz como se la conocía hasta el momento y
dio comienzo a un período dominado por el enfrentamiento entre las grandes
potencias que volvió a repetirse una segunda vez y a recongurar, como re
-
sultado, el presente mapa mundial. Las guerras tuvieron un impacto no solo
político e ideológico, sino también económico y social. Sin dudas, el escena-
rio internacional fue completamente redenido durante este período, con su
consiguiente impacto a nivel regional y nacional. La revolución bolchevique
en Rusia, por otra parte, marcó el comienzo de la expansión sin parangón del
comunismo, así como la lucha de sus detractores contra la avanzada. Por otro
lado, estos años estuvieron marcados por el inicio del proceso de emancipa-
ción colonial y, en el contexto europeo, el ascenso, por un lado, de la política
socialdemócrata, pero también del fascismo.
En términos económicos la Gran Depresión, que siguió al quiebre de la bolsa
de Wall Street en 1929, afectó a las economías de los centros mundiales y
tuvo su consiguiente repercusión en la periferia. La crisis facilitó la instaura
-
ción en el poder, tanto en Alemania como en Japón, de las fuerzas políticas
del militarismo y la extrema derecha, decididas a conseguir la ruptura del
statu quo mediante el enfrentamiento, si era necesario militar, y no mediante
el cambio gradual negociado. Cabe destacar que en ese entonces, mientras
que los economistas liberales apuntaban a que el mismo juego del mercado
restablecería el equilibrio, nuevas voces proponían una mayor intervención
estatal para poder afrontar la crisis. Hacia 1932 Gran Bretaña debió abando-
nar el patrón oro y para 1933 solo seis países pudieron mantenerse en ese sis-
tema, siendo los últimos en abandonarlo Estados Unidos y Sudáfrica, ambos
productores de este metal. Con esta situación, el mundo capitalista se dividió
en tres grupos de zonas monetarias, donde cada uno adoptó una política dis-
tinta. El dólar estadounidense agrupó a los Estados Unidos y a los países con
tendencia a la inación; el bloque del oro fue liderado por Francia y tendía a
la deación; mientras que el bloque de la libra esterlina era encabezado por
Gran Bretaña. Junto con la caída del patrón oro se intensicaron las medidas
proteccionistas (Rapoport, 2003).
El orden de posguerra marcó el surgimiento de un nuevo escenario interna
-
cional donde las relaciones internacionales adquirieron un lugar central. La
creación de los organismos internacionales que buscaron traer cierto orden
MELISA DECIANCIO 53
a la “anarquía” del sistema internacional trajo consigo la exigencia a los di-
plomáticos argentinos de estar a la altura de las circunstancias. El primer
proyecto fuerte de conformación de un sistema institucional internacional
que sirviera de barrera de contención a los conictos sucintos entre los países
fue la Sociedad de Naciones. Impulsada por el presidente norteamericano
Woodrow Wilson, nació en 1919 con el n de la Primera Guerra Mundial
en un intento por evitar un nuevo desastre en Europa que repercutiera en el
resto del mundo y la posibilidad de restablecer los lazos internacionales en la
postguerra. De su mano surgieron también la Organización Internacional del
Trabajo y la Corte Permanente de Justicia Internacional. En esta instancia de
institucionalización y formalización de las relaciones internacionales, Argen-
tina no fue ajena a lo que estaba sucediendo en el resto del mundo aun con
las dicultades propias del momento. Como uno de los países fundadores de
la Sociedad de Naciones, ingresó al organismo bajo la condición de que se
reconocieran los principios de universalidad y la igualdad de todos los Esta-
dos soberanos para ser admitidos, incluidos los derrotados (Paradiso, 1993).
El gobierno radical que había asumido en 1916 con el presidente Hipólito
Yrigoyen buscó explotar las oportunidades económicas del conicto rati
-
cando su postura neutralista. De la mano del canciller Honorio Pueyrredón,
intentó darle al neutralismo una dimensión latinoamericana y lo mantuvo
a pesar de las presiones en favor de la ruptura con las potencias centrales,
incluso desde el interior de las propias las del ocialismo, por Marcelo T.
de Alvear a la cabeza. El ministro Pueyrredón sostuvo los principios de un
orden internacional equitativo y la igualdad soberana de los Estados, adscri-
biendo a la tradición pacista argentina (Paradiso, 1993; Lanús, 2002).
El país ha participado en los principales debates que hacen a la seguridad y
búsqueda de la paz internacionales y ha llevado uno de las cuestiones prin
-
cipales de su agenda interna para ser tratada en el recinto: el conicto por
las Islas Malvinas que se mantiene (aún en nuestros días) con Gran Bretaña.
Poniendo en evidencia la importancia que se le daba a la diplomacia y a la
participación en organismos internacionales, el primer reclamo ante el or-
ganismo se realizó en 1945, durante su proceso de constitución, antes de su
institucionalización formal. El gran logro de la diplomacia argentina dentro
de este foro se produjo con la aprobación de la resolución 2065 en 1965, que
conminaba a Gran Bretaña a negociar con la Argentina sobre esta cuestión.
Así la disputa adquirió trascendencia internacional y fue incluida como una
problemática de Naciones Unidas.
54 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
La tradición diplomática argentina también se desenvolvió dentro de los -
mites del propio continente. Hacia 1889 el país ya formaba parte de la Pri-
mera Conferencia Panamericana, donde tuvo un rol central en el debate sobre
la propuesta del gobierno norteamericano de conformar una unión aduanera
panamericana (Fawcett, 2005; Schulz, 2014; Scar, 2014; Deciancio, 2016).
A partir de esta reunión diplomáticos argentinos participaron de cada una de
las sucesivas conferencias panamericanas y latinoamericanas marcando po-
siciones y utilizando todas las armas diplomáticas para incidir en la agenda
(Morgenfeld, 2011). Este ímpetu se proyectaba en todos los temas, exten-
diéndose muy particularmente a las numerosas conferencias sanitarias regio-
nales donde el país desplegó una activa diplomacia sanitaria de coordinación
con países vecinos (Herrero & Tussie, 2015). Sobre todo, luego de la crisis
del 30, que obligó a reemplazar los mercados británicos por nuevos merca-
dos americanos, Argentina comenzó a tener un rol cada vez más activo en el
continente, interesándose por entablar nuevas relaciones de amistad con los
demás países y mejorar las delicadas relaciones con sus vecinos.
El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial dejó de maniesto el fracaso
de la Sociedad de Naciones en cumplir con una de sus principales misiones.
Sin embargo, con un objetivo similar, pero con mayor predisposición por
parte de los países miembros, surgió en 1945, después de la Segunda Guerra
Mundial, la Organización de Naciones Unidas (ONU). En esta oportunidad,
nuevamente, Argentina se convirtió en uno de los 51 socios fundadores del
organismo luego de declarar la guerra al Eje y manteniendo un rol activo
desde entonces. Pasada la Segunda Guerra Mundial, bajo la marcada inuen
-
cia de Estados Unidos la región buscó celebrar una serie de acuerdos que
garantizaran la paz y estabilidad en el continente. La Conferencia de Chapul
-
tepec
6
, a principios de 1945, se centró en dos cuestiones especícas: por un
lado, la conveniencia de resolver las controversias y cuestiones de carácter
interamericano, preferentemente, según métodos y sistemas interamericanos,
en armonía con los de la Organización Internacional General y, por el otro, la
necesidad de dar adecuada representación a América Latina en el Consejo de
Seguridad (Dallanegra Pedraza, 1994). Estos puntos tenían como principal
propósito reducir el papel predominante de las grandes potencias y dar ma
-
yor protagonismo a los países de la región en dichos foros. Esta conferencia
buscó por sobre todas las cosas reforzar el sistema interamericano, objetivo
6
En febrero y marzo de 1945 se celebró en la ciudad de Chapultepec, México, la Conferen-
cia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz, conocida como Conferencia
de Chapultepec.
MELISA DECIANCIO 55
que tendría su corolario con la rma, durante la Conferencia de Río de 1947,
del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la creación de
la Organización de Estados Americanos (OEA) durante la Novena Conferen-
cia Panamericana de Bogotá en 1948. En esta oportunidad, Argentina bajo el
gobierno de Perón también tuvo un papel destacado a través de la presencia
de su canciller Bramuglia. Éste fue el encargado de presentar la estrategia
de política exterior que iba a caracterizar a dicho gobierno (la “tercera po
-
sición”) y que intentó hacerse un lugar en la región planteando una postura
rme en pos de la defensa de la soberanía de los países latinoamericanos
frente a los intereses de Estados Unidos y la confrontación Este–Oeste. Así,
en ambas conferencias los dos países se enfrentaron duramente en cuestiones
fundamentales del ordenamiento regional.
La participación activa de Argentina en los organismos internacionales mul
-
tilaterales de la posguerra, tanto en el ámbito global como regional, formal
o informal, demuestra la voluntad del país de involucrarse cada vez más
en los asuntos globales, participar del armado de un andamiaje institucional
más allá del nivel doméstico e intentar incidir en la elaboración de reglas
globales presentando propuestas propias en base a su concepción del mundo
y para la defensa de sus intereses particulares. Este escenario, surcado de un
conjunto de foros multilaterales, marcó desde las primeras décadas del siglo
XX la necesidad de contar con un cuerpo diplomático capacitado que pudiera
representar los intereses argentinos en el exterior.
2. La Universidad Nacional del Litoral y la formación diplomática y con
-
sular
a. La carrera de formación consular y diplomática en los orígenes de
las RRII argentinas
7
La Universidad Nacional del Litoral —heredera natural de la Universidad de
Santa Fe, fundada en 1890— se creó mediante la sanción de la Ley 10.861,
promulgada del 17 de octubre de 1919 y del Decreto del 18 de marzo de
1920, que jó su constitución y organización (Grüning Rosas, 1940). Esta
universidad fue el resultado del trabajo de los estudiantes que actuaron entre
7
Para un detalle pormenorizado y exhaustivo sobre esta cuestión ver de Marco (h.), Miguel
ángel (2013). “Universidad y Política Exterior. La formación de expertos y diplomáticos
en la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas de Rosario, 1920–1968”,
Cuadernos de Política Exterior Argentina, CERIR, Rosario.
56 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
1912 y 1921, con la cooperación de destacadas personalidades de la política
y la intelectualidad de la época, entre ellos, los gobernadores de Santa Fe
y Entre Ríos, Manuel Menchaca y Miguel Laurencena, el Dr. Rodolfo Ri-
varola y el entonces presidente de la Nación, Hipólito Irigoyen, entre otros
(Grüning Rosas, 1940). Su surgimiento ocurrió en un contexto de debate
acerca de la reforma y nacionalización de las universidades provinciales de
Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, que tenía como objetivo la creación de
una universidad regional de carácter nacional. Esta propuesta se manifestó a
partir de distintos proyectos de ley presentados en el Congreso de la Nación:
“en la Cámara Nacional, por los diputados Víctor Pesenti, Estanislao Ze-
ballos y Rafael Castillo; en el Senado de la Nación por el doctor Joaquín
V. González; y en el Senado de Santa Fe por el Doctor Luis V. González
(este último, con la implícita solidaridad del poder ejecutivo de la Pro-
vincia)” (Grüning Rosas, 1940). Finalmente, fue el proyecto del diputado
Jorge Raúl Rodríguez el que se convirtió en ley y dio origen a la UNL, con
su sede central en la ciudad de Santa Fe y otra sede en Rosario, donde se
ubicó la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas creada
mediante Resolución del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública el 17
de agosto de 1920.
La Facultad ubicada en la ciudad de Rosario estaba orientada a la formación
de hombres de Estado, que no solo estuvieran capacitados para ejercer la
función pública, sino que contaran también con una formación académica
(Lesgart & Ramos, 2002; Gluck & Mutti, 2010; Guardamagna, 2011). De-
bía cumplir con la necesidad de “comprender la doble función cientíca y
profesional inherente a los estudios superiores” que se debían emprender
con “inclinación desinteresada por esta rama de la ciencia” y con el deseo
de “seguir los estudios con el propósito de alta cultura o de versación en
materias económicas y políticas, ajenas a una especulación meramente pro-
fesional” (Gluck & Mutti, 2010: 149). Desde su creación, la Facultad incor-
poró las carreras diplomática y consular, siendo la primera en dictar esos
cursos de manera sostenida en el tiempo, luego del fallido intento realizado
en la Universidad de Buenos Aires en la década anterior (Deciancio, 2016).
Además de las citadas carreras, se aprobaron en esta Facultad los planes
del Doctorado en Ciencias Económicas, la Carrera Actuarial, la de Contador
Público, Calígrafo Público y la Ciencia Política, siendo la primera en dictar
una carrera de grado y un doctorado en diplomacia en el país, concebida “con
una orientación eminentemente nacional, y en lo posible, regional” como se
detalla en la ley de su creación (Ley 10.861).
MELISA DECIANCIO 57
La Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas se erigió como
la primera Facultad en una universidad nacional en dictar la carrera y el Doc
-
torado en diplomacia de América Latina, siendo una de las precursoras en la
institucionalización de los estudios internacionales y la formación de profe
-
sionales en dicho campo. Los intentos por organizar el funcionamiento del
cuerpo diplomático se remontan a la década de 1860, cuando ya se detecta-
ban problemas de funcionamiento en el Servicio Exterior de la Nación, es-
pecialmente por no tener una legislación que respaldara su funcionamiento,
ni claramente establecidos los derechos y obligaciones de los diplomáticos
(Rizzo, 2012). En 1923 se emitió la primera disposición legal sobre la carre
-
ra consular, a partir de un decreto rmado por el Canciller Ángel Gallardo
donde se establecían las condiciones para el ingreso, como el requisito de
poseer título secundario y aprobar una serie de exámenes (Solveira, 1997).
El surgimiento de los estudios especializados en diversas áreas del Estado,
así como la producción de conocimiento en dichos temas, se encontró di
-
rectamente relacionado con el proceso de constitución del Estado moderno.
Por otro lado, es necesario considerar la situación particular de Rosario: una
ciudad puerto, principalmente habitada por inmigrantes e hijos de inmigran
-
tes, cuyos investigadores universitarios (integrantes en gran parte de aquellas
familias que cimentaron su próspera posición económica, social y cultural en
la comercialización del cereal de la región) abrieron sus propios canales para
legitimar y certicar sus aptitudes. Estos investigadores se insertaron en las
elites transnacionales del conocimiento, crearon cátedras en nacientes disci-
plinas, establecieron nuevos títulos universitarios y propusieron al gobierno
nacional el diseño de una política exterior que por otra parte también ree-
jaba la permeabilidad de la Universidad a los requerimientos económicos de
los grupos de poder y el peso de la tradición secular de la dirigencia local
(De Marco, 2013).
Algunos autores señalan que la emergencia por crear las nuevas carreras es
-
tuvo vinculada a las críticas a la democracia de masas realizadas tanto a
nivel mundial como nacional (Gluck & Mutti, 2010), lo que habría lleva-
do a la necesidad de justicar la formación de cuadros “idóneos” para ocu-
par cargos de gobierno (Rizzo, 2012). Asimismo, la necesidad de las elites
rosarinas de encontrar un lugar tras la desarticulación de los esquemas de
poder tradicionales con la llegada del radicalismo al poder ha sido de parti
-
cular relevancia en este aspecto (Gluck & Mutti, 2010). Posteriormente, el
proceso de industrialización de las décadas de 1930 y 1940 complejizó las
estructuras económico–sociales y emergió la discusión sobre cuáles serían
los medios adecuados para organizar y planicar las acciones requeridas por
58 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
este proceso por parte del Estado (Rizzo, 2012). En este marco, la creación
y surgimiento de la Licenciatura y el Doctorado en Servicio Diplomático y
Consular fue el reejo de un proceso de modernización y profesionalización
estatal así como de una decisión institucional puntual: contribuir “al mejora
-
miento institucional de la dinámica gubernativa y administrativa mediante la
formación y preparación de universitarios para la política y la diplomacia”
(RFCECP, 1928: 250).
En sus inicios, la Licenciatura en Servicio Diplomático y Consular tenía una
duración de tres años, compartiendo la mayoría de los cursos con las demás
carreras de la Facultad. El plan de estudios estuvo dividido en la Licenciatura
para el Servicio Diplomático, estructurada en quince materias, un seminario
y dos idiomas; y la de Licenciado para el Servicio Consular que, a diferencia
de la primera, no contaba con la materia Práctica Notarial. Ambas se erigie
-
ron como la base de los estudios diplomáticos desde el ámbito universitario
(que años más tarde pasaría a manos del Estado a partir de la creación del
ISEN en 1963) y dieron el puntapié para la creación de los estudios interna
-
cionales en la Argentina. Estas carreras tenían un alto contenido juridicista y
estaban orientadas a la formación profesional de hombres de estado, sin re
-
ejar un estudio sistemático, teórico y metodológico sobre lo que conocemos
como estudios internacionales en la actualidad. Así, para Russell
buena parte de la reexión académica inicial se preocupó más por la
forma de contrarrestar el poder de las grandes potencias en el continente,
primero de Europa y luego de Estados Unidos, que por cuestiones de natu-
raleza teórica o metodológica (Russell, 1992: 8).
Sin embargo, vale destacar que, en este momento histórico, las cuestiones de
naturaleza teórica no primaban en las agendas sobre lo internacional, mucho
más marcadas por la búsqueda de una inserción pragmática y realista del país
en el mundo, guiada por el comercio internacional y la necesidad de exportar
productos agrícolas. Es por ello, que no se pueden pasar por alto las limita-
ciones existentes al pensar una historia de la disciplina que incorpore estas
carreras. Se trata de puntos de partida que sirvieron a la conformación y de-
limitación del campo, aunque no reejan aún un corpus coherente de cono-
cimiento con el objetivo de denir su sujeto de investigación (Cohen, 2008).
En un intento por profesionalizar y ampliar los contenidos en la formación
de diplomáticos, hacia 1927, el destacado jurista Rafael Bielsa,
8
decano de la
8
Sobre Rafael Bielsa ver de Marco, Miguel ángel, (2007). “Estado, Universidad y Polí-
tica en la modernización argentina, 1927– 1930. El aporte de lo regional al proceso nacio-
MELISA DECIANCIO 59
Facultad, propuso nuevos planes de estudio que incluían la creación del Doc-
torado en Ciencias Económicas, el Curso de Contador, la Carrera Actuarial,
Curso de Perito Partidor, Curso de Calígrafos Públicos, Licenciatura para
el Servicio Consular, Carrera de Idóneo para la Administración Pública, el
Doctorado en Ciencias Políticas y Doctorado en Diplomacia. Este último es
considerado como el primer antecedente del estudio universitario de la políti
-
ca exterior en el país y en el continente, surgido 35 años antes que el Instituto
del Servicio Exterior de la Nación (ISEN). Este hecho se dio prácticamente
en simultáneo con el inicio del estudio de las RRII como disciplina cientíca,
con la nalización de la Primera Guerra Mundial y la Conferencia de Paz
de París, en la que los delegados británicos y norteamericanos decidieron
fundar instituciones para la investigación en la temática que tuvieron como
corolario la creación de la mencionada Cátedra Woodrow Wilson en Estudios
Internacionales, en la Universidad de Aberyswyth, Inglaterra, en 1919, el
Royal Institute of International Affairs en Londres, en 1920 y el Council on
Foreign Relations en Nueva York, Estados Unidos, en 1921.
9
La creación del Doctorado en Diplomacia se encuadró dentro de una decisión
institucional puntual: la necesidad de equipararlo a los requerimientos exi
-
gidos en el Doctorado en Economía y en el Doctorado en Ciencias Políticas,
bajo la gran consigna de contribuir “al mejoramiento institucional de la di
-
námica gubernativa y administrativa mediante la formación y preparación de
universitarios para la política y la diplomacia” (De Marco, 2013: 11). Bielsa
se había mostrado disconforme con la cantidad de conocimientos impartidos
en la Licenciatura en Diplomacia (la que dejó de gurar en los planes de
estudios en 1929) y consideró la necesidad de incorporarle contenidos de
economía política y derecho público. Así, en el nuevo plan de estudios, los
doctorados tenían una duración de dos años, que se agregaban a las materias
cursadas durante las licenciaturas. El programa de estudios de la Licenciatura
en Servicio Consular contenía las siguientes asignaturas:
nal”, Temas de Historia Argentina y Americana, (11), Buenos Aires; Boasso, pedro anto-
nio, (2011). Juristas rosarinos del siglo XX 1900–1980. Buenos Aires: Editorial Dunken.
9
En Francia la modernización de los saberes diplomático políticos se había realizado con la
caída de Napoleón III y la comuna de Paris. Ver: Kissinger, 1995.
60 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
Tabla 1. Plan de estudios Licenciatura en Servicio Consular – UNL (1927)
Primer año
Derecho Civil I
Derecho Internacional Público
Filosofía General
Geografía Económica I
Régimen Constitucional
Segundo Año
Derecho Civil II
Derecho Comercial
Economía Política I
Geografía Económica II
Legislación Consular y Práctica de Cancillería
Tercer año
Derecho Administrativo
Derecho Internacional Privado
Economía Política II
Finanzas
Derecho Marítimo y Comercial Comparados
Fuente: Boletín de la Universidad Nacional del Litoral
Además, el programa contemplaba un trabajo de seminario y la aprobación
del idioma obligatorio de la carrera (inglés o francés). Por su parte, el Docto-
rado contemplaba en sus dos años de cursada las siguientes materias:
MELISA DECIANCIO 61
Tabla 2. Plan de estudios Doctorado en diplomacia – UNL (1927)
Cuarto año
Economía Política (curso de especialización)
Finanzas Comparadas
Historia de la Diplomacia Argentina y Latinoamericana
Política Comercial y Régimen Aduanero Comparado
Trabajo de Seminario.
Quinto año
Derecho Diplomático
Historia del Comercio y de la Industria
Legislación del Trabajo y Régimen Agrario
Sociología
Trabajo de Seminario
Idiomas y Tesis
Fuente: Boletín de la Universidad Nacional del Litoral
Sin duda, la etapa dirigida por Rafael Bielsa (que se extendió hasta 1946)
fue una de las más prósperas para la carrera y durante la cual los estudios de
derecho público y el comercio internacional predominaron en el conjunto
de su investigación y producción. Los profesores que integraron el Consejo
Directivo de la Facultad y que acompañaron a Bielsa en sus distintos deca-
natos fueron: Mario Antelo, Alberto Arévalo, Juan Luis Ferrarotti, Diógenes
Hernández, Manuel Núñez Regueiro y Jorge Raúl Rodríguez, entre otros,
siendo profesores titulares: Juan Álvarez, Mario Hiram G. Galógero, Emilio
Cardarelli, Ricardo Foster, Faustino Infante, J. Daniel Infante, Julio Marc,
Alberto Arévalo, Mario Hiram G. Calógero y Alcides Greca, entre otros (De
Marco, 2013; Rizzo, 2012).
En nueve años de su existencia egresaron diez Licenciados en Diplomacia.
Entre ellos puede mencionarse a Manuel Núñez Regueiro (Cónsul de Uru
-
guay en Rosario y Decano del cuerpo consular entre 1930 y 1946, quién como
62 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
profesor y concejero de la Facultad promovió las reformas conducentes a la
creación del Doctorado, según lo reconociera el propio Bielsa, sobre la base
de su libro Preparación integral de cónsules y diplomáticos, el problema de
la buena representación, publicado en Buenos Aires en 1928); Jorge R. For-
tezza (sucesor de Núñez Regueiro al frente del Consulado uruguayo), José
de Aneizu, Raúl Martino, Víctor Hugo Molinari y Pedro Napoleón Martínez.
La primera colación de grado del Doctorado tuvo lugar el 21 de septiembre
de 1932. Los primeros doctores en Diplomacia fueron seis: Rodolfo Barrios,
Guillermo J. de la Riestra, María Naidich, Raúl Rodríguez Araya, Ricardo
J. Siri y Roberto Tixi Massa. Los dos últimos ingresaron al poco tiempo al
cuerpo consular de la Nación en el que permanecieron por veinte años (De
Marco, 2013).
Todos ellos señalaban su ación por los valores del sistema republicano,
pero, sobre todas las cosas compartían su convicción por la defensa de los
intereses de Rosario. En una publicación de 1928, uno de los estudiantes de
la Licenciatura Consular, Próspero Grasso, publicó en la revista de la Fa
-
cultad el primer artículo sobre el sistema consular argentino sintetizando el
pensamiento dominante en la casa donde resaltaba el impacto que la Primera
Guerra Mundial había tenido sobre la relevancia otorgada a los cónsules por
los gobiernos y la necesidad de unicar el servicio diplomático con el consu-
lar, tal como sucedía en Estados Unidos. La colocación de productos deter-
minaba las relaciones internacionales del presente y por eso la modicación
del comercio exterior argentino, de productor de materias primas a productor
industrial, requeriría, según Grasso, que los cónsules tuvieran un protagonis-
mo fundamentaly asumieran una ocupación de la “que estaban liberados por
el modelo agroexportador” (De Marco, 2013: 6–7).
Asimismo, las tesis doctorales culminadas en este período reejan el cre
-
ciente interés por temas de política exterior. Estos trabajos ya no estaban
reducidos solo a las cuestiones más tradicionales del derecho internacional
público (codicación, aplicación o interpretación del derecho), sino que se
abocaban a la comprensión de fenómenos de la realidad internacional y de
los vínculos entre Estados mucho más asociadas a la práctica diplomática y
sus objetivos. Esto se ve reejado en tesis como la de Alberto Grassi, “Las
relaciones internacionales de la América Contemporánea”; la de Rodolfo E.
Barrios, “Nuevos rumbos para la política comercial argentina”, la de Ricardo
J. Siri, “Situación diplomática de la República Argentina ante el gobierno de
los soviets de Rusia”, o la de Calixto Armas Barea, “La política exterior de
la Primera Junta de Mayo”.
MELISA DECIANCIO 63
En consonancia con los acontecimientos de la vida política e intelectual de la
época, al igual que sucediera con el intento de crear la carrera de diplomacia
en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, la gura de Es-
tanislao Zeballos fue central tanto para la Facultad como para la elite liberal
rosarina
10
. En tributo a su memoria, profesores y estudiantes crearon el Cen-
tro de Estudios Internacionales “Estanislao Zeballos” integrado por Carlos
Alberto Alcorta, Mario Antelo, Alberto Baldrich, Rodolfo E. Barrios, Emilio
Cardarelli, Diógenes Hernández, Julio de la Riestra, María Elena Sambruno,
Roberto Tixi Masa, José C. Vittone y Guillermo J. Watson. Otra de las gu-
ras paradigmáticas de esta etapa de la Facultad fue el jurista Manuel Antelo,
fundador del Partido Demócrata Progresista (por el que llegó a ser Diputado
Nacional) y de la propia Facultad.
El primer egresado del Doctorado en Diplomacia fue Ricardo J. Siri, quien
luego ingresó al Servicio Exterior de la Nación e integró la delegación argen
-
tina en Estados Unidos, asumiendo en 1935 como Segundo Secretario de la
Embajada Argentina en Washington. Además, integró la delegación de nues
-
tro país ante la Primera Asamblea de la Organización de las Unidas (ONU),
que tuvo lugar en Londres en enero de 1946. Sostuvo la consigna de que
la República Argentina, por su situación geográca, naturaleza privilegiada
y poca población, era y debía continuar siendo esencialmente agropecuaria
porque su industria se “estrellaría fatalmente” contra la competencia de los
países superpoblados. Luego de presentar su tesis doctoral, Siri se especiali-
en derecho internacional, promovió el camino trazado por las Conferen-
cias Panamericanas y la organización de la Unión Panamericana con sede
en Washington. El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue abordado en
distintas tesis doctorales como la posible derivación de la política económica
ultra proteccionista y en un par de ellas como el resultado de la crisis del
capitalismo. Todas subrayaron que la política internacional de la Cancillería
argentina había tenido una clara vocación por la paz y la integración, eviden
-
ciada en las sucesivas reuniones o conferencias panamericanas del período.
En el período comprendido entre su creación en 1919 y la modicación del
plan original en 1954 —cuando se unicaron las carreras de Ciencias Políti
-
cas y diplomacia y se mantuvieron ambos Doctorados, uno en Diplomacia y
otro en Ciencias Políticas y Diplomacia— el proyecto académico de forma-
ción diplomática en la Universidad del Litoral sentó las bases para múltiples
10
Sobre Zeballos, ver el trabajo de enriQue shaW (2017) “Zeballos y la imaginación de Ar-
gentina, 1898–1904”, tesis de Maestría presentada en la Universidad Nacional de Rosario.
64 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
iniciativas que inuyeron de una u otra manera en el devenir de las RRII
argentinas y que marcaron a la ciudad de Rosario como el epicentro de los
estudios sobre la disciplina. Por un lado, estas carreras sirvieron de base para
la posterior creación de una escuela de formación de diplomáticos a nivel
nacional que avanzó sobre la profesionalización de aquellos que represen-
tarían al país en los asuntos de la agenda internacional. Por otro lado, tanto
las carreras como la posterior creación del Doctorado incorporaron un cariz
académico a la formación de estos funcionarios, a través de una visión más
asociada al análisis de la política exterior, aunque sin abandonar su sesgo
juridicista. Sin duda, así como los estudios diplomáticos tuvieron un gran
impulso en estos años, la práctica diplomática y los desafíos de política ex
-
terior también contribuyeron a impulsar y delinear un campo incipiente de
estudios sobre lo internacional. En este sentido, mientras Carlos Saavedra
Lamas estuvo a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores (entre 1932 y
1938), “la diplomacia argentina elevó su perl y alcanzó los puntos más altos
de su prestigio” (Paradiso, 1993: 85) en lo que Ruda describió de la siguiente
manera: “Ni antes, ni después, tuvo la Nación la presencia, la iniciativa y la
inuencia internacional que gozó entre 1932 y 1938” (Ruda, 1988: 42).
3. El Doctorado en Diplomacia como “semillero” de los estudios inter
-
nacionales
Una vez que la carrera y el Doctorado en Diplomacia ya habían alcanzado
un lugar destacado en la formación diplomática y se aanzaban académica
-
mente en Rosario y en Buenos Aires, se volvió evidente el lugar que la UNR
tendría en el desarrollo del campo de las RRII. Docenas de diplomáticos
fueron formados en Rosario y muchos administradores y políticos siguieron
la carrera de Ciencia Política en universidades nacionales y privadas a par-
tir del proceso modernizador de las ciencias sociales abierto hacia nes de
la década del 50. La Universidad incidió de manera denitoria a través de
tres acontecimientos en paralelo que dieron un ímpetu sin antecedentes en
el campo de los estudios internacionales. Por un lado, la creación de la ca-
rrera y el Doctorado en Diplomacia fueron el punto de partida para que años
más tarde, en un proceso que se abordará a continuación, surgiera la carrera
en Relaciones Internacionales en su concepción moderna. Paralelamente, la
disputa política por la formación de diplomáticos incentivó la creación de
instituciones formadoras desde el Ministerio de Relaciones Exteriores: la
Escuela de Política Internacional (1947) y el Instituto del Servicio Exterior
MELISA DECIANCIO 65
de la Nación (1963)
11
. Por último, pero no por ello menos relevante, desta-
cados investigadores de esta Universidad ayudaron a crear un nuevo campo
de conocimiento, el de la ciencia política y las relaciones internacionales
(Fernández & Guardamagna, 2012) y fue precisamente de esta escuela de
donde surgió uno de los más destacados académicos y especialista en RI de
Argentina, Juan Carlos Puig (1928–1989).
a. De la diplomacia a las relaciones internacionales: el camino hacia la
Licenciatura en Relaciones Internacionales de la UNR
En 1968, el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas y
Ciencias Políticas (FCECP) resolvió la creación de la Escuela de Ciencia
Política y Relaciones Internacionales, bajo la órbita de la entonces Facultad
de Derecho de la UNR. Finalmente, el 4 de octubre de 1973 se logró la au
-
tonomía y se creó la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacio-
nales, asumiendo como Decano José Fausto Rieffolo Bessone, ex alumno
del Doctorado en Ciencias Políticas durante el período de Bielsa, en el que
se desempeñó también como investigador. Así, la Licenciatura Consular y
Diplomática creada en los años 20 concluyó en la creación de la Licenciatura
en Relaciones Internacionales, a la que años más tarde se sumó el Doctorado
y las Maestrías en dichas áreas.
Desde el comienzo de sus actividades, la FCECP se fue organizando a través
del sistema de cátedras, de las cuales se desprendían los institutos
12
. Estos se
organizaban como prolongaciones de las cátedras y el personal de estas se
incluía a ellos por extensión de funciones y ad honorem. De esta manera, cada
director de cátedra era, a su vez, director del instituto y de su correspondiente
revista. Hacia 1936, se fundaron en la Facultad diversos institutos, entre ellos
el de Contabilidad, el de Economía, el de Derecho Público y el de Derecho de
Gentes. Estos dos últimos a cargo de las cátedras de las licenciaturas y doc-
torados en estudios internacionales. De hecho, lo que hoy conocemos como
11
Sobre la constitución del servicio exterior ver solveira, B. (1997). La evolución del
Servicio Exterior Argentino entre 1852 y 1930. Córdoba: Centro de estudios históricos; y
sobre el proceso de institucionalización del ISEN ver
rizzo, n. (2012). “Los profesionales
de estado en Argentina: El caso del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN)”.
Cuadernos de Política Exterior Argentina, enero–marzo. Issue 107
12
Hasta la creación del CONICET en 1957, el sistema universitario se anclaba principal-
mente en la docencia y no en la investigación. Fue a partir de la creación de dicho organis-
mo que se organizó la carrera de investigador cientíco y se comenzaron a otorgar becas
para esta tarea.
66 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
RRII, se condensaba en el derecho internacional público, que aglutinaba a
las diferentes áreas de formación y contenía en su seno variados temas, tales
como derecho consular, derecho diplomático, historia de la diplomacia y de-
recho internacional privado. El Instituto de Derecho de Gentes se convirtió
en Instituto de Derecho Internacional en 1949 y en 1962 adquirió el nombre
del fundador y primer profesor titular de la cátedra de Derecho Internacional
Público, Dr. Mario Antelo. Así, hasta el año 1940/1 el director fue el Dr. Mario
Antelo y, después de su muerte, ocupó el cargo interinamente Julio Marc. Más
adelante, los directores del Instituto fueron Alfredo Arni (1949–1950), Ro
-
dolfo Piccirilli (1951–1955), Dr. Raúl Rodríguez Araya (1956–1958) y el Dr.
Calixto Armas Barea (1959–1965). Durante el período liderado por Antelo,
fueron formados en el instituto personalidades que marcaron el rumbo de las
RRII y que fueron aquellos formados en las carreras: Juan Carlos Puig, María
San Martín, Mario Cámpora, Iris Laredo, Roberto Puig, B. Bensuley, Eduardo
Sutter Schneider y Artemio Luis Melo (De Marco, 2013).
Entre las universidades públicas, la UNL logró la autonomía académica en
1968 y creó la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la
Facultad de Derecho, bajo la dirección de Juan Carlos Puig. Cuando a nes
de 1968 se fundó la Universidad Nacional de Rosario (UNR), se incluyeron
tanto la Facultad de Derecho como la citada Escuela. En 1973 se conformó
la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales separándose de
la de Derecho. Puig marcó signicativamente los estudios internacionales
argentinos, no solo desde lo institucional sino también desde lo teórico, lo
conceptual y lo metodológico. Desde su lugar en la UNR creó en 1972 en
Buenos Aires el Centro de Estudios Internacionales de la República Argen
-
tina (CEINAR) con el objetivo de realizar y promover investigaciones de
carácter interdisciplinario, fundamentalmente empíricas, en el campo de las
RRII con especial énfasis en la Política Exterior argentina y latinoamericana.
Para llevar adelante su propósito el Centro contó con el apoyo del CONICET
y, a pesar de su reducida planta de investigadores, funcionó durante toda
la década del 70 y principios de la del 80. Durante la dictadura, lograron
readaptar los temas de investigación, dejando de lado los más sensibles, de
manera que, en lugar de hablar de imperialismo, hablaban de colonialismo y
no mencionaban el Movimiento de No–Alineados sino a Asia y África. Así
lograron “sobrevivir”, con un bajo perl, a las presiones que marcaba el es-
cenario político local (Lechini, 2015). La gura de Puig resultó fundamental
para los estudios de política exterior argentina, a partir de su desarrollo teóri-
co sobre la autonomía que se abordará más adelante. No solo en Rosario y en
MELISA DECIANCIO 67
todo el país, sino en toda la región, Puig marcó a las RRII latinoamericanas
planteando un enfoque autóctono para su análisis (Corigliano, 2014)
13
.
Los académicos formados en Rosario tuvieron un rol fundamental en el de
-
sarrollo de la disciplina en las aulas de las universidades a nivel nacional.
Siendo los primeros y más especializados profesionales en el campo de las
RRII, participaron como docentes y referentes en la creación de gran parte
de las carreras y maestrías de RRII de instituciones como la Universidad
Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad
Nacional de Mendoza, la Universidad de La Rioja, la Maestría en Relaciones
Internacionales de la Universidad de Villa María, entre otras. Asimismo, en
la Sociedad Argentina de Análisis Político, desde su primera reunión en mu-
chos de los docentes de RI de la UNR (Bologna, 2014).
b. La puja por la formación de diplomáticos y la creación del Instituto
del Servicio Exterior de la Nación
La profesionalización de la administración pública, y en ella la de los di
-
plomáticos, implicaba la formación de recursos idóneos para la inserción
del país en el sistema internacional. Con la Ley del Servicio Exterior de la
Nación de 1954 (el ISEN recién se crearía en 1963) se propuso la eximición
del examen de ingreso a aquellos profesionales que contaran con titulaciones
en Doctor en Jurisprudencia, en Ciencias Económicas, en Diplomacia y a los
abogados. Frente a esto, el Instituto de Derecho Internacional de la FCECP,
propuso considerar especialmente a los títulos de Doctor o Licenciado en
Diplomacia o en Ciencias Políticas y Diplomacia y a Licenciados para el
Servicio Consular. Con ello, la FCECP se aseguraría que un cupo de sus
egresados pudiera ingresar al Servicio Exterior a cumplir con sus funciones
y sostener como bandera indiscutible que la integración económica en Amé-
rica del Sur era el camino más seguro para alejar los peligros de la guerra en
la región y avanzar en el desarrollo de un mercado común (De Marco, 2013;
Rizzo, 2012).
Sin embargo, con la creación del ISEN en 1963, el ingreso de los egresa
-
dos de la Carrera Diplomática de la UNL dejó de ser prioritario. Ante ello,
docentes y directivos de la carrera solicitaron al Embajador Zabala Ortíz el
13
Para francisco corigliano, el CEINAR marcaría el punto de partida de las RRII argenti-
nas de manera institucionalizada. Rescata los trabajos de Juan Carlos Puig y sus “alumnos
más destacados”, como Carlos Moneta, Carlos Pérez Llana y Alfredo Bruno Bologna como
fundacionales de la disciplina (corigliano, 2014).
68 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
cumplimiento de la ley sancionada en 1954. El criterio aplicado, según deta-
lló el Profesor Alfredo Bruno Bologna (Bologna, 2014) era que si el Estado
nanciaba la formación de profesionales a través de la universidad pública y,
a la vez, creaba un Instituto de formación para la política exterior, la Facultad
debía contar con un cupo de egresados que entraran directamente al ISEN
14
.
Sin embargo, los reclamos fueron ignorados. Finalmente, con el golpe militar
de 1966 que derrocó al Presidente Arturo Illia, el gobierno de Onganía volvió
todo a la situación anterior a 1963 (Rizzo, 2012).
Juan Carlos Puig (quien fuera Ministro de Relaciones Exteriores en 1973,
durante la Presidencia de Héctor J. Cámpora) sostuvo que de las dos Escue
-
las que en la Argentina expedían certicados de diplomacia, la de la Facultad
de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y la de la FCECP, era esta
última “la que gozaba de mayor prestigio”, más incluso que el Instituto Río
Branco y la Escuela Diplomática Española, “consideradas modelos y pro
-
totipos” de enseñanza a cargo de los Ministerios de Relaciones Exteriores.
Señalaba a su vez que los egresados rosarinos “cursaban la carrera por simple
vocación”, porque al graduarse, después de cinco años de estudios, no se
les reconocía derecho de ingresar a la carrera diplomática. A pesar de esto,
varios diplomados habían sido designados en el Ministerio de Relaciones
Exteriores y Culto, demostrando conocimiento cientíco y “su amor por la
carrera” (De Marco, 2013).
4. La Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas (1949–
1981)
A medida que fueron creándose espacios de producción de conocimiento en
RRII, dentro y fuera de las universidades, algunas veces los mismos centros
de investigación crearon sus propias publicaciones, otras veces, los organis
-
mos nacionales o internacionales nanciaron y sostuvieron publicaciones de-
dicadas a la difusión de investigaciones sobre determinadas líneas temáticas.
La Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas de Rosario
puede decirse que constituyó la primera revista dedicada a temáticas de las
RRII en el país y en América Latina. Su aparición data de 1949 y constituyó
14
En 1964, los docentes realizaron una serie de protestas cortando las calles en la puerta del
Congreso y de la Cancillería en reclamo por el reconocimiento de la carrera y un acuerdo
de cooperación con la Cancillería que diera un tipo de acceso preferencial a los egresados
de esa carrera (lechini, 2015; Bologna, 2014).
MELISA DECIANCIO 69
un logro signicativo para su promotor: el Instituto de Derecho Internacional
“Manuel Antelo” de la Universidad Nacional del Litoral. Si bien su edición
fue bastante irregular, salió bajo el mismo nombre hasta 1981 y reunió una
importante cantidad de artículos, doctrinas, documentación internacional y
bibliografía (Sarthou, 2012). Además, sirvió como instrumento de difusión
de las actividades del Instituto y para el intercambio de material con centros
de Estados Unidos y Europa. Como su nombre lo sugiere, esta publicación
tuvo un fuerte carácter juridicista. Los artículos allí publicados no se separa-
ban de los temas de investigación de los integrantes del instituto centrados en
el derecho internacional, en organismos internacionales, en la organización
del Ministerio de Relaciones Exteriores y en la selección del personal del
Servicio Diplomático. Básicamente, las personas que publicaban en esta re-
vista eran las que integraban las cátedras que componían el Instituto: Roberto
y Juan Carlos Puig, Iris Laredo, Eduardo Sutter Schneider, Mario Cámpora,
Calixto Armas Barea, Artemio Luis Melo.
Estaba dividida en las secciones de “Doctrina”, “Documentación Internacio
-
nal” y “Bibliografía”. Su aparición fue bastante irregular hasta que, en 1956,
el Instituto decidió regularizar la aparición de los números de la revista, como
así también ampliar las secciones. Así, en 1957 apareció el número 12 de la
revista, un año después el 13 y, a partir de 1959, dos números por tirada. Las
nuevas secciones se ordenan de la siguiente manera: “Estudios”, “Historia
Diplomática”, “Notas”, “Legislación”, “Jurisprudencia”, “Actividades del
Instituto”, “Recensiones”. Los temas abordados no se modicaron, aunque
se observan algunos énfasis como el de la actualización de los organismos
regionales y mundiales (OEA, OIT, UNESCO, ONU) y varias cuestiones de
la ciencia política.
A partir de 1972, la revista se modernizó e incorporó un Consejo de Re
-
dacción y nuevas secciones. El Consejo quedó integrado por Calixto Armas
Barea, Iris Laredo y Roberto y Juan Carlos Puig. Las secciones se ordenaron
en: “Estudios”, “Estudios de actualidad”, “Legislación”, “Jurisprudencia”,
“Recensiones”, “Revistas” y “Revista de Revistas”. Su contenido se amplió
a nuevos temas tales como el análisis de organismos como la OEA o la ONU;
problemas de actualidad (Tercer Mundo, Guerra Fría, Derechos Humanos,
política exterior soviética, unión latinoamericana, cuestión Islas Malvinas,
problemas constitucionales, desarrollo y subdesarrollo, guerra de guerrillas).
La Revista de Derecho Internacional y Ciencias Diplomáticas presentó en
su contenido un mayor grado de especicidad, delimitado por el tema que
congrega en su título. Evidencia la necesidad del Instituto de contar con un
70 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
espacio donde dar visibilidad a sus trabajos, centrados en derecho interna-
cional, organismos internacionales, la organización del Ministerio de Rela-
ciones Exteriores y la selección de personal del Servicio Diplomático. Esto
también marca unas de las características de la revista, donde la mayoría de
los autores provienen de la UNR, o son asociados a ella. Tal es el caso de
Calixto Armas Barea, José Bianco, Lilia Claret de Voogd, Nelly Chiesa, Iris
Laredo, Eduardo Sutter Schneider y Roberto y Juan Carlos Puig, Werner
Goldschmidt, entre otros.
Asimismo, la revista se constituyó en el espacio privilegiado para la difusión
de los primeros trabajos de Juan Carlos Puig, donde publicó artículos como
“La segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar”
(N°23/24 de 1963); “El laudo arbitral británico en el caso del río Encuentro”,
“El conicto uvial con el Paraguay y el Tratado de Navegación de 1967”,
“La jurisdicción marítima argentina según la ley 17.094 y los acuerdos con
Brasil de 1967” (N°29/32 de 1966/1967); “Derecho de la comunidad interna
-
cional y Derecho interno (A propósito del caso ESSO)” (N° 33/34 de 1968)
y, tal vez uno de sus trabajos más relevantes “El movimiento por la unidad
latinoamericana. Ensayo de sistematización en base al método estructural”
(N°37/38, de 1970) junto a Delia Colombo Imaz de Puig. Allí los autores
analizaban el sistema interamericano y proponían un abordaje metodológico
para su estudio.
Además de su especicidad, la revista adquirió relevancia como ámbito de
discusión intelectual especializado en el Derecho Internacional y la diplo
-
macia. Aunque asociado a los acontecimientos marcados por la coyuntura
política, no se limitaba solo al ámbito nacional, sino también al internacional.
A su vez, imprimió un enfoque más cienticista al publicar trabajos de in-
vestigación desarrollados en el Instituto, por parte de intelectuales que se
dedicaban a la tarea especíca de investigación y docencia, y formados, la
mayoría de ellos, en las aulas del Doctorado en Diplomacia de la Facultad.
La revista se publicó hasta el año 1983.
Consideraciones nales
La diplomacia, así como los estudios histórico–jurídicos, imprimió un nuevo
carácter al proceso de constitución del campo de las RRII argentinas. En
primer lugar, como resultado de la necesidad de profesionalizar la actividad
estatal dedicada a llevar adelante las relaciones exteriores del país, la forma
-
ción diplomática sirvió de disparador para la creación de cursos, carreras y
MELISA DECIANCIO 71
doctorados en el ámbito universitario, primero en la Universidad de Buenos
Aires (Deciancio, 2016) y luego en la UNL. Tanto la Licenciatura como el
Doctorado en Diplomacia de la UNL fueron los antecesores naturales de la
actual carrera y Doctorado en Relaciones Internacionales de la UNR.
La creación de la Licenciatura en Estudios Consulares y Diplomáticos en Ro
-
sario siembra una nueva semilla en la constitución del campo de las RRII. Lo
que en un principio se pensó como destinado a cubrir las necesidades estata-
les fue adquiriendo cada vez más un matiz cientíco, al incorporar posgrados
y un perl mucho más académico y multidisciplinar a los planes de estudio.
Allí sobresale la creación del Doctorado en Diplomacia, de donde surgen
muchas de las guras hoy reconocidas con el campo de las RRII. La reforma
universitaria de 1918 democratizó el acceso a la universidad, habilitando es
-
pacios para nuevos sectores sociales y ampliando, así, el acceso a los cargos
estatales. Una vez establecida, la carrera atraviesa uno de los momentos de
mayor visibilidad internacional de la diplomacia argentina, representada por
la tarea de Carlos Saavedra Lamas, lo que otorga un peso aún mayor al rol
del diplomático en la política exterior del país. Como resultado, la diploma-
cia establece un contacto entre el dominio de la doctrina y el estudio de las
realidades políticas y sociales que abrirá paso al estudio de la acción que, a
su vez, abrirá paso al estudio del sistema internacional. El aporte de los es-
tudios diplomáticos permite tomar conciencia sobre la necesidad de estudiar
el campo internacional como bisagra donde conuyen no solo la perspectiva
del Estado y sus actores, sino también “lo internacional” en cuanto tal.
El interés por crear un cuerpo capacitado a los nes de servir al Estado,
condujo paralelamente a la creación de una comunidad de expertos que pro
-
fundizaron en la investigación y enseñanza de los estudios internacionales
con la consiguiente creación de cátedras, institutos y revistas cada vez más
especializados. La diplomacia impulsó el estudio de la política exterior ar-
gentina, que marcó al campo de las RRII argentinas casi por denición. En
este sentido, el proceso de diferenciación interna que fue surgiendo en esta
etapa embrionaria de la disciplina tomó forma de la mano de los enfoques
acerca de la práctica diplomática, que llevaron al análisis, por parte de los
nuevos especialistas, sobre la política exterior argentina y las estrategias que
esta debía adoptar de acuerdo a sus objetivos y lugar relativo en el sistema
internacional.
Los avatares del campo de las RRII argentinas se vinculan estrechamente con
la búsqueda y denición de una identidad propia frente a otras ciencias, así
como al accionar estatal y la denición de la política exterior. Sin embargo,
72 STUDIA POLITICÆ Nº 50 otoño 2020
el encuentro de esa autonomía se produjo más por la aparición de ciertas
coyunturas nacionales que provocaron cambios generales en las universi
-
dades nacionales que por la producción, por parte de actores interesados, de
oportunidades para su logro.
Los aportes realizados desde la diplomacia y las carreras de formación en
la UNL primero, y en la UNR después, marcaron el rumbo del proceso de
autonomización de la disciplina. Esto se debió a que se generó en Rosario un
colectivo especializado en RRII que persiste hasta nuestros días y que tuvo
un rol fundamental en el desarrollo de la disciplina en las aulas de las univer
-
sidades a nivel nacional. Siendo los primeros y más especializados profesio-
nales en el campo de las RRII, participaron como docentes y referentes en la
creación de gran parte de las carreras y maestría de RRII creadas en univer-
sidades nacionales de otras ciudades como La Plata, Córdoba, Mendoza, La
Rioja y Villa María, entre otras (Bologna, 2014). Además es desde Rosario
que se desarrolló en ese colectivo una de las teorías más relevantes para el
análisis de la política exterior argentina y de los países periféricos, la teoría
de la autonomía de Juan Carlos Puig (Míguez, 2010, 2013; Simonoff, 2012;
Corigliano, 2006; Bologna, 2008).
El trabajo realizado en Rosario no solo ha sido un sello de fuego en el cam
-
po de las RRII, sino que además, en gran medida por la herencia de Puig,
ha hecho un esfuerzo especial por realizar aproximaciones a los estudios
internacionales desde una perspectiva propia. Esto se evidencia en los temas
trabajados en la vasta producción de sus investigadores y en el ímpetu por
formar académicos especializados fuertemente inuenciados por la perspec-
tiva de la autonomía. Asimismo, los académicos de la UNR han tenido un rol
central en el desarrollo y difusión de la disciplina a nivel nacional, colabo-
rando con la creación de carreras y cursos de posgrado en universidades de
varias provincias argentinas (Deciancio, 2016).
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