
EDUARDO JAVIER PEREYRA 143
reere a la juventud en relación con una postura y actitud ante la vida. Lo
juvenil es vitalidad, alegría, capacidad de cambio, de (re)aprender el mundo,
de tener todo un futuro por delante. Y, por último, las y los jóvenes como ge-
neración futura, que al convertirse en personas adultas llevarán las “riendas”
de la sociedad para garantizar su reproducción.
Ahora bien, Quapper (2001) visualizó a estas deniciones como conserva
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doras, homogeneizadoras y fundamentalmente adultocéntricas, es decir que
todas parten de la denición que el mundo adulto hace de lo juvenil y por
ende determina qué es y qué se espera de esta generación. En este sentido,
Bourdieu arma que la multiplicidad juvenil se encorseta conceptualmente
bajo la denominación en singular de “la juventud” ya que “…con un abuso
tremendo del lenguaje se puede colocar bajo el mismo concepto universos
sociales que no tienen casi nada en común” (Bourdieu, 2002: 165)
Así entendido, Quapper arma que estas versiones han generado “trampas”
para poder comprender de manera compleja e integral el mundo de las y los
jóvenes. La primera trampa tiende a denir la juventud de manera universa
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lizadora y homogeneizadora. La juventud es una, lo que vale consignar que
todas las personas jóvenes son iguales, sin distinción alguna en relación al
género, las clases sociales, estilos culturales, etc. La segunda trampa es la
que genera una estigmatización del grupo social juventud, donde es visto
como un problema o bien un sujeto con problemas, que obstaculiza el de-
sarrollo “normal” de la vida en sociedad en relación a “el orden, la paz y el
progreso”. La tercera trampa consiste en la invisibilización de la complejidad
de lo juvenil, ya que, al verse simplemente como una etapa del ciclo vital, se
produce un encasillamiento determinista en la que las personas son una cosa
y luego otra. En tal sentido, se es una persona joven o adulta, sin posibilidad
de que exista un complejo entramado de convivencias dentro del mismo ci-
clo vital. Por último, la cuarta trampa genera una idealización normativista
del deber ser joven. Los aspectos positivos de lo juvenil se asientan en que
las y los jóvenes son el futuro, los que deben transformar la realidad; son la
esperanza y tienen la responsabilidad, por el hecho de ser jóvenes, de formar-
se para “salvar el mundo” (Quapper, 2001).
En consecuencia, ya no puede hablarse a través de un concepto monolítico
y uniforme de juventud, sino que se hace necesario entender e interpretar las
diversidades existentes en función del plano histórico, social, económico y
cultural, porque de ese modo se encuentran diferentes juventudes convivien
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do en la misma realidad social. Se postula entonces un cambio de concep-
ción: de “juventud” a “juventudes” (a la cual este trabajo adhiere) siendo