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mente a la virtud, por la sencilla razón de que las mayores dificultades para
la construcción de una esfera pública democrática tienen su origen precisa-
mente en el hecho de que las fuentes de la virtud se han agotado. Fiarlo
todo a la virtud en la situación presente, es como poner el carro delante de
los bueyes.” (ibíd.: 33).
Al respecto, cabe aclarar que compartimos con Greppi la crítica y rechazo
a una concepción republicana perfeccionista, sustentada sobre el valor in-
trínseco de las virtudes cívicas y una concepción comprehensiva de la idea
de bien común. No obstante, adherimos a la defensa de una concepción
neorepublicana deliberativa, la cual afirma el valor instrumental de las vir-
tudes cívicas dirigido al cumplimiento de la meta última que es la libertad
política entendida como no dominación, y se sostiene sobre una definición
política deliberativa, no comprehensiva de la idea de bien común (Martí,
2006a, 2006b, 2007; Pettit, 2012; Lovett, 2010).
Sin embargo, en este aspecto Greppi nuevamente cae en una forma de re-
duccionismo, al pensar a todas las concepciones democráticas republica-
nas como pasibles de aquellos defectos, sin saber o peor aún silenciando,
que las posturas neorepublicanas actuales más atractivas tales como la de
Pettit (1997, 2012), Martí (2006a, 2006b, 2007) y Ovejero Lucas (2008,
2016), son no perfeccionistas, no paternalistas, y se sostienen sobre una
definición negativa del valor libertad política, una concepción política no
comprehensiva del bien común, y una perspectiva instrumental de las vir-
tudes políticas.
Estos neorepublicanismos sostienen que el valor de las virtudes es instru-
mental a la satisfacción del valor último que es la libertad política defini-
da de manera negativa como no dominación, siendo necesario no solo
educar en civilidad al ciudadano, sino construir instituciones dialógicas
que promuevan las virtudes sistémicas del gobierno. En este sentido, des-
tacados deliberativistas como Nino (1992, 1997), Rawls (1996, 1999) y
Gargarella (2014a, 2014b) señalan que esta versión no perfeccionista, ni
paternalista, no excesivamente moralizante, que otorga valor instrumental
a las virtudes, y que no define a la libertad política en sentido positivo
(emancipación o participación cívica) sino negativo (no dominación), es
respetuosa de numerosos, aunque no todos los postulados del liberalismo
igualitario.
Sin embargo, Greppi defiende una concepción plenamente representativa
de la democracia deliberativa, en vez de asumir una participativa, y seña-
la que el empleo de las virtudes cívicas para mejorar la performance po-
lítica ciudadana conlleva siempre a una suerte de teología política o bien
un exceso de ingenuidad, en lugar de señalar que es necesario afirmar al
NICOLÁS EMANUEL OLIVARES