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Código de referato: SP.231.XLII/17
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2017.42.03
Construir y encarnar la amenaza
islamista en la Federación de
Rusia: construcción discursiva del
enemigo Checheno en los años 2000
Fernando Avakian
1
Resumen:
A partir de 1999, el Kremlin redefinió sus políticas con relación a la
República de Chechenia a la luz del discurso antiterrorista. Las organi-
zaciones yihadistas presentes desde la primera guerra chechena (1994-
1996) en esta república caucásica fueron presentadas como una amena-
za mayor para el Estado ruso. En lo sucesivo, toda forma de
heteronomía o de divergencia —laica o religiosa, armada o no arma-
da— con respecto a los proyectos políticos federales en Chechenia pasó
1
Trabaja sobre las lógicas de radicalización violenta en Chechenia y el uso político de
las medidas antiterroristas rusas a partir de 1999. Se desempeña como consultor en la
UNESCO y como asistente de investigación para el CNRS (Centro Nacional para la In-
vestigación científica, agencia nacional francesa de investigación).
STUDIA POLITICÆ Número 42 invierno 2017 – pág. 73-105
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
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STUDIA POLITICÆ
a ser considerada como terrorismo o “wahabismo”. A través de distintas
prácticas, fueron movilizadas representaciones negativas profundamen-
te enraizadas en la cultura rusa respecto al Otro checheno, recreando su
identidad colectiva en tanto que terroristas. A partir de una base episte-
mológica postestructuralista, este trabajo pretende ser un análisis de las
relaciones entre el diseño de la amenaza terrorista representada colecti-
vamente por la población chechena y la incriminación individual del
sujeto terrorista en la Rusia de los años 2000. El trabajo parte del su-
puesto de que las amenazas a la seguridad nacional son construcciones
discursivas modeladas principal pero no exclusivamente por el campo
securitario. Ciertas prácticas concretas llevadas a cabo por el Estado
para construir tal amenaza son analizadas: el lenguaje utilizado por la
élite política, la práctica judicial y policial, el despliegue de las “opera-
ciones antiterroristas” y el arsenal legal federal; en particular, la Ley de
la Lucha contra las Actividades Extremistas (2002) y la Ley de la Lucha
contra el Terrorismo (2006), así como determinados artículos del Códi-
go Penal utilizados con fines políticos contra la oposición no sólo en el
Cáucaso Norte sino también en toda Rusia. La relación entre el nivel
general de la enunciación de la amenaza y su encarnación individual es
explorada a través del affaire creado en torno a Zara Murtazalieva, jo-
ven chechena condenada a prisión por terrorismo en 2004 tras un juicio
teñido de irregularidades, para explorar la imagen del terrorista movili-
zada durante el juicio.
Palabras clave: Federación de Rusia, Chechenia, construcción discursi-
va de las amenazas, seguridad nacional, terrorismo islámico.
Abstract:
Since 1999, the Kremlin redefined its policies concerning the Chechen
Republic in the light of the anti-terrorist discourse. The jihadist
organizations operating in the Caucasian republic since the first
Chechen war (1994-1996) were presented as a major threat to the
Russian State. Henceforth, any form of heteronomy or divergence —
religious or non-religious, armed or unarmed— with respect to the
federal political projects towards Chechnya was to be regarded as
terrorism or “Wahhabism”. Through different practices, deeply rooted
negative representations of Chechens were put forth in order to recreate
their collective identity as terrorists. From a poststructuralist approach,
this paper aims to be an analysis of the relations between the
conception of the terrorist threat collectively represented by the
Chechen population and the individual incrimination of the terrorist
individual in Russia during the 2000s. This paper assumes that the
threats to national security are discursive constructions shaped mainly
but not exclusively by the national security field. Concrete practices
carried out by the State for constructing such threat are analyzed: the
language used by the political elite, practices of law enforcement
organs, military-led “counter-terrorist operations” and the federal legal
arsenal; in particular, the Federal Law on Countering Extremist Activity
75
(2002) and the Federal Law on Counteraction of Terrorism (2006), as
well as certain articles of the penal code widely used with political ends
against opposition not only in the North Caucasus but in all of Russia
as well. The bridge between the general level of the threat and its
individual incarnation is explored through the case of Zara
Murtazalieva, a young Chechen woman sentenced to prison for
terrorism in 2004 after a biased trial, in order to delve into the image of
the terrorist individual put forth during the trial.
Key words: Russian Federation, Chechnya, discursive construction of
threats, national security, Islamic terrorism.
Introducción
U
NA rápida revisión de la literatura académica sobre la segunda gue-
rra en la República de Chechenia (1999-2001)
2
dejaría entrever
que los móviles de la misma parecen haber tomado, en la época y
hasta la actualidad, un carácter religioso. Los términos “Yihad”, “islamis-
mo” o “wahabismo” parecen estar dotados de cierto poder explicativo.
Aunque el elemento religioso estuvo indudablemente más presente en la
segunda guerra chechena que en la primera (1994-1996) —al menos en el
discurso de los actores—, la preeminencia de la radicalización islamista
como clave interpretativa de la contienda, tanto en los trabajos académicos
como en el lenguaje de los líderes políticos rusos y en los medios, obede-
ce a una serie de prácticas discursivas llevadas adelante por el Kremlin
con el fin de reelaborar el sistema de significados en torno al conflicto.
3
A
partir de 1999, la enunciación oficial de la amenaza islamista y el discurso
securitario al que dio origen trajeron aparejadas la asignación y la articula-
ción de nuevas identidades sociales, lo que podríamos llamar una redistri-
bución de significados, en particular en lo que respecta al grupo social
“chechenos”. Concretamente, la imagen de la población chechena como
encarnación de tal amenaza terrorista se construyó a través de diversos me-
canismos discursivos. Así, las operaciones militares lanzadas por el Kre-
FERNANDO AVAKIAN
2
Una revisión cronológica detallada del proceso de secesión de Chechenia, así como de
la primera y la segunda guerra, excede los límites del presente trabajo. Para un sucinto
pero claro resumen, ver M
ERLIN (2004).
3
El hecho de que el Kremlin siempre haya utilizado la expresión “operaciones antite-
rroristas” en lugar de la palabra “guerra” para referirse a las actividades militares a gran
escala en el Cáucaso Norte desde 1999 (a diferencia de la guerra de 1994) revela este
cambio discursivo.
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STUDIA POLITICÆ
mlin en 1999 que desembocaron en la toma de la república independentis-
ta de Chechenia fueron justificadas a través de esta nueva interpretación
del conflicto, según la cual el Estado se protegía ante la difusión del isla-
mismo radical.
A partir de una base epistemológica postestructuralista, este trabajo pre-
tende explorar el diseño de la amenaza islamista representada colectiva-
mente por la población chechena, así como su relación con la incrimina-
ción individual del “sujeto terrorista” en la Rusia de los años 2000. Como
veremos, ambos niveles de la enunciación de la amenaza se influyen mu-
tuamente. Va de suyo que tal distinción (nivel micro y macro de la formu-
lación de la amenaza) es puramente analítica, pero útil para abordar las
distintas capas del discurso antiterrorista. En un primer momento, explora-
remos la creación discursiva de la amenaza del terrorismo islámico, en su
nivel general, a través del estudio del lenguaje de altos representantes po-
líticos rusos, del despliegue regional de operaciones antiterroristas (KTO
en ruso, acrónimo de kontrterroristícheskaya operatzia), del arsenal legal
en materia de antiterrorismo y antiextremismo, de la práctica policial y ju-
dicial, y de la práctica institucionalizada de los casos de terrorismo fabri-
cados. Partimos del principio de que la amenaza a la seguridad nacional
es, como todo objeto social, una construcción discursiva, y no una entidad
externa que los actores del campo securitario solamente deben identificar
y contrarrestar (Campbell, 1998). La atribución de una identidad terrorista
al grupo checheno se basa, a su vez, en una serie de representaciones ge-
neralmente negativas, enraizadas en la cultura rusa desde el siglo XIX, en
la que el checheno es, por excelencia, el Otro que ha de ser temido, com-
batido y civilizado.
Las relaciones bidireccionales entre el nivel general e individual de la
amenaza del islamismo checheno son estudiadas a través del caso testigo
de Zara Murtazalieva, joven chechena arrestada en Moscú y encarcelada
entre 2004 y 2012 por terrorismo, tras un juicio teñido de irregularidades,
según observadores rusos e internacionales, quienes no dudan en calificar
el caso como un affaire fabricado.
4
Por medio de operaciones simbólicas
4
Zara Hassanovna Mourtazalieva (1984- ) es una joven chechena que, siendo estudian-
te, se trasladó en 2003 a Moscú en busca de trabajo. Consigue un puesto en una compa-
ñía de seguros, donde conoce un checheno llamado Said Ajmaev. Este último proporcio-
na alojamiento a Mourtazalieva de forma gratuita. El inmueble en cuestión pertenecía en
realidad al FSB, y Ajmaev resulta ser un agente de la Dirección de la Lucha contra el
Crimen Organizado en Moscú, una rama del Ministerio del Interior. Dos jóvenes rusas
convertidas al Islam se instalan con Murtazalieva en connivencia con los agentes del
Ministerio del Interior, para intentar obtener información comprometedora. Constante-
77
y de prácticas institucionales concretas tendientes a presentar a la deteni-
da a la imagen del terrorista esbozado por el discurso securitario, Murta-
zalieva se convirtió, a los ojos de la opinión pública, en una viuda ne-
gra
5
ejemplar. Para ello, en paralelo a la acción de las fuerzas del orden,
los medios tuvieron un papel privilegiado, en un contexto donde la pren-
sa es estrictamente controlada. Por cuestiones de espacio, no se profundi-
zará en el rol de los medios en la consolidación de la imagen del terroris-
ta típico.
El presente artículo se basa en un extensivo trabajo de campo llevado a
cabo en Moscú y en Grozni en 2016. Podríamos dividir el corpus de esta
investigación en dos grupos, según se trate del análisis a nivel general o in-
dividual de la amenaza terrorista, con sus respectivas herramientas metodo-
lógicas. Por un lado, con relación a la formulación general de la amenaza,
se analizarán discursos y comunicados del presidente Vladimir Putin y de
otros representantes políticos rusos. Se examinará, asimismo, el texto de
las leyes y de los artículos del código penal invocados en juicios de terro-
rismo, especialmente la “Ley de la Lucha contra las Actividades Extremis-
tas” (2002) y la “Ley de la Lucha contra el Terrorismo” (2006). Este último
FERNANDO AVAKIAN
mente bajo vigilancia a través de cámaras instaladas en el apartamento, Murtazalieva es
detenida en el distrito de Kitay-Gorod el 4 de marzo de 2004 por oficiales de policía
para una revisión de documentos. A fines de establecer su identidad, es llevada a un de-
partamento de policía ubicado en la avenida Vernadskiy. Una vez allí, según la detenida,
un pequeño artilugio explosivo le es plantado por agentes de policía en su mochila. Es
acusada en virtud del artículo 222 del Código Penal de Rusia (adquisición, posesión y
transporte ilegal de materiales explosivos). El tribunal estatal de Moscú la condena el 17
de enero de 2005 a 9 años de prisión en una colonia penal de la República de Mordovia,
declarándola culpable de “preparación e intento de delito” (artículo 30.1 del Código Pe-
nal), “preparación de un acto terrorista” (artículo 205), “alistamiento en actividades te-
rroristas” (artículo 205.1) —acusándola de querer reclutar a sus compañeras de cuarto—
y “posesión de sustancias explosivas” (artículo 222.2). Se la acusó también de haber
participado en la primera guerra chechena formando parte del bando de los nacionalis-
tas. La sentencia fue acortada a ocho años y medio por decisión del Tribunal Supremo
de Rusia. El caso fue ampliamente difundido como un éxito en la lucha antiterrorista, y
Murtazalieva presentada según el perfil típico de la chechena radicalizada. Habiendo
cumplido su condena en 2012, obtiene asilo político en Francia. Dadas las limitaciones
en cuanto al espacio, más detalles de este caso que son sin duda relevantes para las con-
clusiones del presente artículo no podrán ser elaborados. Para una cronología del affai-
re, ver, entre otros, el informe de la Federación Internacional de los Derechos Humanos
(2009) sobre las políticas antiterroristas en Rusia, o Svetova (2012).
5
Tal es el nombre que los medios rusos dieron a las mujeres chechenas involucradas en
atentados suicidas tras haber perdido un ser querido, generalmente de género masculino,
durante alguna de las dos guerras.
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STUDIA POLITICÆ
6
Por ejemplo, Said Ajmaev, el agente del Ministerio del Interior que se encargó de “fa-
bricar” el affaire y que a su vez fue detenido en agosto de 2016 por extorsión, o la jueza
del caso, M. A. Komarova, del Tribunal Municipal de Asuntos Penales de Moscú. Los
agentes del FSB que llevaron a cabo la investigación nos han resultado igualmente inac-
cesibles.
instrumento jurídico nos sirve, a su vez, para analizar el despliegue de la
masiva y duradera KTO en todo el territorio de la República de Chechenia,
siendo esta operación un elemento crucial en el establecimiento de la sino-
nimia entre “chechenos” y “terroristas”. Utilizando fuentes primarias (en-
trevistas) y secundarias (reportes de organizaciones de derechos humanos),
nos explayaremos también en la práctica institucionalizada y sistemática de
los casos de terrorismo fabricados.
Respecto de la creación de la imagen del terrorista a través del caso parti-
cular, las entrevistas abiertas con los actores que intervinieron en el affaire
de Murtazalieva son una fuente primaria esencial: abogados, fiscales, acti-
vistas de derechos humanos, periodistas del diario estatal “Rossiykaya Ga-
zeta” y de publicaciones disidentes presentes en el juicio, funcionarios y la
misma detenida. Accedimos, así, a sus interpretaciones del arresto y del jui-
cio, incluidos los cargos de acusación, las pruebas o los indicios de los que
se sirvió la fiscalía, para analizar la representación que se vehiculizaba a
través de la detenida. Ciertos actores directamente ligados al affaire son
completamente inaccesibles.
6
En lo que respecta al papel de los medios en
la construcción de la imagen de Murtazalieva, por cuestiones de tiempo y
de recursos nos hemos concentrado solamente en la prensa escrita, más
precisamente en dos periódicos que difundieron intensamente el affaire:
Rossiyskaya Gazeta y Novye Izvestia. Si bien el caso tuvo una amplia re-
percusión en varios medios, estas dos publicaciones fueron elegidas porque
la primera, órgano del gobierno ruso, se hace eco de la versión oficial de
los hechos, mientras que la segunda la cuestiona. En ese sentido, estos pe-
riódicos pueden ser considerados como representativos de la escena mediá-
tica en el momento de los hechos, en 2004. Hemos aplicado el método del
análisis de discurso a ciertos artículos relacionados con este affaire y con
casos de terrorismo en general entre 2004 y 2012, con el fin de determinar
la manera en que se representa el terrorismo checheno en general, y la per-
sona de Murtazalieva y su affaire en particular. Se analizan las categorías
utilizadas, las relaciones conceptuales efectuadas, los estereotipos movili-
zados y las representaciones esbozadas de los grupos sociales pertinentes.
Sin embargo, como se dijo, limitaciones en cuanto al espacio hacen que el
rol de los medios no pueda ser tratado aquí. Las minutas del juicio son in-
accesibles incluso para los actores directamente implicados, pues ningún
79
FERNANDO AVAKIAN
documento relativo a los casos por terrorismo puede consultarse o difundir-
se por motivos de confidencialidad. Los entrevistados sólo pudieron pro-
porcionarnos fragmentos del veredicto.
Breves consideraciones epistemológicas
Para el postestructuralismo, todo objeto social es construido por los discur-
sos que tratan sobre él: todo objeto es objeto de un discurso que lo crea
como tal. Decir que los objetos son el resultado de prácticas discursivas in-
dica que su significado se adquiere en el interior de, y a través de, un dis-
curso determinado, entendido como un conjunto de enunciados que pueden
pertenecer a campos diferentes, pero que obedecen a reglas de funciona-
miento comunes y que generan estrategias de poder (Foucault, 1969). Di-
cho de otro modo, los discursos son sistemas de significados (o más bien
sistemas de prácticas cargadas de significado), que forman la identidad de
los sujetos y los objetos. En consecuencia, el lenguaje, en un sentido am-
plio, no es sólo un espejo que refleja los objetos “externos”, sino que es
constitutivo, o más bien performativo, con respecto a lo que designa. Ana-
lizar discursos —en nuestro caso, el discurso antiterrorista ruso— implica,
pues, analizar el corpus (lingüístico y no lingüístico) como formas discursi-
vas o textos: éstos se conciben como conjuntos de prácticas cargadas de
significado, constituyendo una parte de un discurso que, a su vez, crea su
realidad.
Los conceptos de articulación y de punto nodal, tal como los esbozaron
Laclau y Mouffe (1985), son centrales en este trabajo. Por articulación,
debe entenderse la puesta en relación de elementos significativos, de forma
tal que sus significados atribuidos socialmente se modifiquen. Estos siste-
mas de significados son, por naturaleza, altamente contingentes y, por lo
tanto, las identidades nunca se fijan de una vez por todas. La estructuración
de los elementos significativos se efectúa alrededor de un punto nodal, un
significante de referencia, un punto privilegiado que liga los elementos
para así crear el discurso. En nuestro objeto de estudio, el punto nodal del
discurso antiterrorista ruso es el de terrorismo islámico, en torno al cual se
articulan varios elementos significativos preexistentes en el campo discur-
sivo, recreando la identidad del grupo “chechenos”. La reinterpretación de
estos elementos significativos (“Islam, Yihad, chechenos, guerra, bandidos,
independencia, combatientes, radicalización”) en torno al punto nodal del
“terrorismo islámico” moviliza, a su vez, representaciones negativas de los
chechenos profundamente ancladas en la cultura rusa: el checheno, que fue
siempre el salvaje, el bandido, el mafioso o el rebelde, “reactualiza” su es-
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7
Sin aludir directamente al concepto de amenaza, Castoriadis evoca esta cuestión al de-
cir: “Los problemas reales no pueden ser problemas, no se constituyen como aquellos
problemas que tal época o tal sociedad se propone resolver, sino en función de un imagi-
nario central de la época o de la sociedad consideradas. Esto no significa que esos pro-
blemas sean enteramente inventados, que surjan de la nada y en el vacío, sino que lo que
para cada sociedad conforma un problema, en general, es inseparable del sentido preci-
samente problemático con el que inviste al mundo y se ubica en éste” (C
ASTORIADIS,
1975: 187).
8
Para más detalles sobre la construcción de la noción de seguridad y de la amenaza,
véase C
EYHAN (1998) y HUYSMANS (1998).
tatus de agente de la ilegalidad, esta vez bajo la etiqueta del terrorismo.
Una “identidad social terrorista”, a falta de un mejor término, es atribuida
al grupo social “chechenos”. En las entrevistas y en los textos que sirven
de corpus para esta investigación, veremos cómo ciertas asociaciones de
conceptos y de ideas ayudan a construir la imagen de los chechenos —to-
dos los chechenos, si se toma como referencia el discurso securitario en su
forma más dura en los años 2000— como potenciales terroristas radicali-
zados.
El concepto de amenaza a la seguridad nacional merece, asimismo, ser
desnaturalizado o “desesencializado”. Según Campbell (1998), las amena-
zas contra la entidad estatal también son construcciones discursivas, y no
una condición externa u objetiva, en la medida en que es necesario que el
propio Estado designe quién o qué le presenta un peligro para que tal obje-
to se convierta en una amenaza. En otras palabras, éstas se construyen por
la misma acción performativa de considerar determinado fenómeno como
amenaza, delineando al mismo tiempo los límites de la misma.
7
La seguri-
dad se convierte de este modo, en una práctica discursiva autorreferencial
que otorga a las amenazas un carácter de urgencia, justificando, a su vez, la
adopción de medidas excepcionales.
8
En el caso de la Rusia post 1999,
puede datarse la génesis de la amenaza islamista en el momento en que el
poder federal redefinió la manera de afrontar la cuestión chechena, en el
marco de la creación de un nuevo orden social (un Estado fuerte y nueva-
mente centralizado, una sociedad cívicamente menos activa y más controla-
da, una Chechenia reincorporada a Rusia). Este nuevo enfoque con respec-
to a Chechenia se centró, como dijimos, en la lucha contra el islamismo
“extranjero” que encontró un nicho en la república caucásica. Así, es el
discurso antiterrorista el que crea la amenaza islamista y no a la inversa.
Ello no quiere decir, en absoluto, que la amenaza se haya engendrado de la
nada y sin base alguna. Ciertamente, había sujetos organizados e involucra-
dos en operaciones terroristas en territorio ruso pero, enfatizamos, para que
81
el terrorismo se convirtiera en una amenaza, es el Estado quien debía con-
cebirlo como tal. Al hacerlo, los límites de lo que constituye el objeto “isla-
mismo radical” son desplazados para encerrar lo que el poder desea englo-
bar en este nuevo enemigo.
Volviendo a los términos de Laclau y Mouffe (1985), las prácticas hege-
mónicas buscan articular diferentes subjetividades e identidades en un pro-
yecto político común, en torno a uno o a varios puntos nodales, para dar
origen a nuevas formas de orden social. Al intentar estabilizar estos puntos
nodales que dan un sentido determinado a todo el sistema de significados,
la mayor cantidad posible de elementos (significados flotantes) deben ser
articulados para poder consolidar el orden social deseado. En nuestro caso,
el discurso de la amenaza islamista en Rusia fue central para fortalecer el
proyecto político de Putin, implicando la redefinición de las identidades de
los sujetos sociales y las relaciones entre ellos, especialmente en lo tocante
a las categorías de rusos y chechenos.
9
Representación de los chechenos en la primera y segunda guerra:
de combatiente por la liberación nacional a terrorista islámico
En 1991, la elite chechena declaró unilateralmente su independencia de la
República Socialista Federativa Soviética de Rusia, basándose en un dis-
curso eminentemente nacionalista: se buscaba crear una entidad estatal
distinta conformada en torno a la pertenencia étnico-cultural.
10
No es el
FERNANDO AVAKIAN
9
La resistencia al discurso antiterrorista federal y a su redistribución de identidades
sociales no son tratadas en este trabajo por falta de espacio. Ciertamente el carácter ago-
nístico de tal reordenamiento social hace que éste nunca sea lineal; los sistemas de signi-
ficados son cuestionados y, por lo tanto, dinámicos. Numerosos actores domésticos e in-
ternacionales (organizaciones de derechos humanos, ciertos sectores de la disidencia
política, etc.) contestaron tal discurso.
10
Sin embargo, es necesario deconstruir la interpretación reduccionista según la cual la
primera guerra fue nacionalista y la segunda, religiosa. En primer lugar, porque en el
fondo se trata de un conflicto poscolonial que se reactualiza bajo diferentes formas, pero
sobre todo porque una distinción tajante entre nacionalismo y religión es artificial y en
el mejor de los casos puramente analítica. El aspecto religioso fue tanto para los nacio-
nalistas como para los salafistas chechenos un marcador identitario que se integró a la
noción de pertenencia étnica. Además, una interpretación eminentemente religiosa de la
segunda guerra es el resultado deseado por el discurso antiterrorista instaurado por el
Kremlin desde 1999. El público ruso, la prensa internacional y los círculos académicos
terminaron por aceptar y por reproducir esta interpretación.
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STUDIA POLITICÆ
objeto de este artículo indagar las motivaciones de la independencia che-
chena ni de las dos guerras, sino analizar las bases sobre las que se cimen-
tó, a partir de 1999, la imagen del terrorista checheno proyectada por el
discurso hegemónico. Si bien la guerra comenzaría tres años después, des-
de la declaración de la independencia la imagen de los separatistas que el
gobierno de Yeltsin expuso fue la de un grupo de criminales que violaban
los principios constitucionales de Rusia,
11
en particular su integridad terri-
torial (Le Huérou, 2003). Los independentistas fueron criminalizados a
través del uso indiscriminado de la palabra “bandido” y fueron presenta-
dos como una red criminal, dirigida por el general Dzhojar Dudáyev,
12
que intentaba instaurar un territorio sin ley: los combatientes son bandidos
que aprovechan el momento de confusión en Rusia para debilitarla aún
más tras el desmantelamiento —considerado de por sí injusto— de la
URSS. El argumento que esgrimió la administración Yeltsin para iniciar
las operaciones militares con el fin de recuperar Chechenia en diciembre
de 1994 fue el de “restablecer el orden constitucional” y poner fin al ban-
dolerismo checheno. La criminalización de los separatistas conllevaba in-
trínsecamente la deslegitimación de sus demandas. La vieja representación
de los chechenos como un pueblo propenso a la anarquía y al delito, al
cual haremos referencia más adelante, volvió a aparecer en el discurso po-
lítico, y si bien las palabras “terroristas” o “extremistas” fueron utilizadas
por los dirigentes políticos, éstas no tuvieron ni la connotación ni la am-
plitud que tomaron después de 1999.
Sin embargo, es necesario señalar que la primera guerra no recibió un apo-
yo masivo de la población rusa. Hacia 1995, según distintas estimaciones
(Haney, 1995, entre otros), un 70 % de los ciudadanos de la Federación se
oponían a la continuación de la guerra, la cual consideraban costosa, injus-
ta y mal organizada. Según ciertos autores (Haney, 1995; Le Huérou, 2003;
Russell, 2005), esto se explica parcialmente por la relativa libertad de los
medios rusos e internacionales para acceder a la zona de conflicto —des-
cribiendo la guerra como una lucha por la liberación nacional—, pudiendo
televisar la violencia desproporcionada del ejército ruso hacia la población
civil chechena. Además, antes y durante la primera guerra, Chechenia con-
11
Posteriormente, este argumento se reforzó con la adopción de la nueva Constitución
de la Federación de Rusia de 1993, cuyo artículo 4 afirma que su soberanía se extiende
en la totalidad de su territorio y que la Federación asegura su integridad e inviolabilidad.
Chechenia se negó a ratificar esta constitución.
12
Dzhojar Dudáyev (1944-1996) fue un político y militar checheno, líder independen-
tista y primer presidente de la autoproclamada República Chechena de Ichkeria entre
1991 y 1996.
83
FERNANDO AVAKIAN
taba con el apoyo de otras repúblicas caucásicas,
13
que veían en las tentati-
vas independentistas de Grozni un símbolo de resistencia (Merlin, 2004).
Este apoyo —que nunca tomó una forma militar, fuera de la participación
voluntaria e individual de ciudadanos de los países vecinos— se atenuó a
causa del caos que siguió a la primera guerra, pero sobre todo luego del
ataque del grupo salafista comandado por el checheno Shamil Basáyev
14
a
Daguestán en 1999.
Un episodio importante en relación con el cambio de la imagen del enemi-
go checheno —el paso gradual de la figura del independentista que lucha
por su liberación a la del terrorista radicalizado— fue la masiva toma de re-
henes en el hospital de Budennovsk (Krai de Stávropol) en 1995, cuyas
víctimas fueron civiles rusos. Por primera vez, la guerra, que se desarrolla-
ba en la periferia, traspasó los límites de Chechenia y alcanzó “territorio
ruso”. La percepción del avance de la guerra hacia las ciudades rusas es
esencial porque, años más tarde, el impacto de los atentados terroristas en
Moscú fue el elemento decisivo que provocó el cambio en la opinión públi-
ca en contra de las reivindicaciones chechenas.
Los acuerdos de Jasaviurt en 1996 marcaron el fin de la guerra, acordándo-
se que el estatuto final de Chechenia se resolvería de común acuerdo antes
del año 2000. De facto, la república caucásica se convirtió en un Estado in-
dependiente sin reconocimiento internacional. Durante los años que siguie-
ron, los medios rusos destacaron constantemente el caos en el que se había
sumido la república caucásica. Aunque en ese periodo la situación general
en Rusia estuviera marcada por el desorden y la crisis, las condiciones de
13
Recordemos que el Cáucaso Norte, una región de aproximadamente 355.000 kiló-
metros cuadrados situado al norte de los montes Cáucasos, está compuesto por seis re-
públicas integradas a la Federación de Rusia (Karacháevo-Cherkesia, Kabardino-Balka-
ria, Osetia del Norte, Ingushetia, Chechenia y Daguestán), más el “krai” (territorio) de
Stávropol. Predomina el Islam sufí desde el siglo XVIII, aunque la religión se hallaba
presente desde el siglo VIII. Pueblos como el oseto profesan el cristianismo ortodoxo.
La región se caracteriza por su extrema diversidad etno-lingüística.
14
Shamil Basáyev (1965-2006) fue un líder militar checheno. Tras haber combatido en
Abjasia y en Nagorno Karabaj, formó parte de los grupos independentistas durante la
primera guerra chechena. Luego de los acuerdos de Jasaviurt que ponen fin a la contien-
da, Basáyev no depone las armas y su discurso se carga cada vez más de elementos reli-
giosos. Con el yihadista saudí Ibn al-Khattab, lanza un ataque a Daguestán en agosto de
1999 para tomar tres pueblos declarados “salafistas”, episodio que el Kremlin utilizó
como excusa para reanudar las operaciones militares en el Cáucaso. Luego de la segun-
da guerra, organiza y reivindica varios atentados, entre ellos, la toma de rehenes en la
escuela de Beslán en Osetia del Norte (2004). Muere en la explosión de un coche bomba
en Ingushetia en 2006. El FSB declara haber organizado su asesinato.
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STUDIA POLITICÆ
la posguerra en Chechenia se volvieron especialmente duras (desempleo,
infraestructura destruida, grupos armados reconvertidos al negocio de los
secuestros) y se vieron exacerbadas por el “cordón sanitario” que el Kre-
mlin instauró a su alrededor. El nacionalista Aslán Masjádov fue electo pre-
sidente en las elecciones de 1997, aunque su gobernabilidad se vio seria-
mente comprometida por las bandas de ex combatientes armados.
En el verano de 1999, dos hechos fueron invocados por el Kremlin para
reanudar las operaciones militares en Chechenia: una serie de atentados en
edificios civiles en Moscú y otras ciudades rusas,
15
y el ataque a Dagues-
tán por parte de un grupo de combatientes salafistas (chechenos, daguesta-
níes y árabes) liderado por Shamil Basáyev. La asociación que efectuó el
gobierno federal entre estos dos hechos es central en la génesis del discur-
so antiterrorista contra Chechenia.
Según Le Huérou y Regamey (2008), el poder federal fomentó voluntaria-
mente la confusión entre las operaciones militares de Basáyev en el Cáu-
caso y los atentados en Moscú, atribuidos sin pruebas a las organizaciones
salafistas chechenas, quienes no los reivindicaron. Más aún, se asociaron
estos dos episodios con la dirigencia de la República de Chechenia, a pe-
sar de que el presidente Masjádov condenó con firmeza los atentados en
la capital y el ataque a Daguestán, llamando a Basáyev a deponer las ar-
mas. Esta serie de confusiones obedece a la construcción del nuevo mode-
lo de enemigo de Estado: el terrorismo islamista checheno bajo la influen-
cia del yihadismo internacional. Así, el poder federal presentó una Rusia
víctima de las redes globales del terrorismo islámico, que utilizaban a
Chechenia como plataforma regional para expandirse.
Ciertamente, combatientes salafistas
16
extranjeros penetraron en el Cáu-
caso entre 1994 y 1996 para luchar contra las fuerzas federales rusas en
15
Entre agosto y septiembre de 1999, tuvieron lugar cinco atentados en las ciudades de
Moscú, Volgodonsk (óblast de Rostov) y Buinaksk (Daguestán). Un atentado fue frustra-
do en Riazán. Algunos edificios civiles fueron alcanzados por las explosiones de bom-
bas escondidas o de coches bomba. Según las estimaciones oficiales, cerca de 290 per-
sonas perecieron. El FSB atribuyó la responsabilidad a los yihadistas chechenos.
16
Es necesario precisar algunos términos y categorías que en el discurso político y me-
diático tienden a confundirse. Desde 1999, las autoridades federales y locales utilizan el
término “wahabita” de manera peyorativa para designar a los combatientes salafistas, o a
quienes el poder quiere representar como tales. De hecho, el término es ampliamente
utilizado como sinónimo de terrorista por los medios y por el poder. Sin embargo, no to-
dos los wahabitas se involucran necesariamente en la violencia político-religiosa. Esta
corriente estricta, conservadora y puritana del Islam sunita nació en Arabia Saudita en el
siglo XVIII y sigue siendo la corriente oficial del Islam en ese reino. El wahabismo re-
85
Chechenia, en lo que consideraban un escenario local de la Yihad glo-
bal. Para algunos, el Cáucaso se convirtió en un sustituto de Afganis-
tán.
17
Estos grupos, a los que los chechenos también se integraron y cu-
yos nombres cambiaban continuamente, permanecieron armados durante
el período de entreguerras y, a pesar de ser numéricamente minorita-
rios,
18
tuvieron cierto peso en la política interna chechena por su rol en
la primera guerra. Comandados principalmente por Basáyev y por el
saudí Khattab,
19
representaron un desafío para la gobernabilidad del
presidente nacionalista Aslán Masjádov, en un contexto de fragmenta-
ción política y violencia generalizada. Es importante señalar que en su
retórica (cargada de elementos religiosos, interpretados desde la óptica
salafista), estos grupos declaraban que querían crear una entidad política
pancaucásica bajo la Sharia o la ley islámica, incluyendo también a las
repúblicas vecinas
20
.
FERNANDO AVAKIAN
pudia toda innovación en el Islam y considera que el Corán y los Hadices son las únicas
fuentes de la religión. En un sentido estricto, esta corriente está geográficamente anclada
en la Península Arábiga. La corriente salafista comparte la interpretación rígida del Is-
lam del wahabismo. En su versión violenta, promueve la Yihad llamada “externa” contra
los no musulmanes o los musulmanes considerados heréticos, con el objetivo de retornar
a un gran califato idealizado, que existió supuestamente en la época de Mahoma y que
comprendía toda la Umma.
17
Notemos que la guerra de Afganistán (1979-1989) fue el catalizador del yihadismo
global, en donde los grupos neosalafistas adquirieron poco a poco una proyección global
y una estructuración cada vez más compleja.
18
Incluyendo a los salafistas venidos del extranjero y los chechenos, el número total de
miembros de estas organizaciones se estima entre tres o cuatro mil hacia el final de la
primera guerra, según L
ARZILLIÈRE (2003).
19
Ibn al-Khattab (1969-2002) fue un yihadista saudí que combatió en Afganistán, en
Tayikistán y en Nagorno Karabaj. Participa de la primera guerra chechena y se convierte
en un jefe militar de alto perfil cercano a Basáyev. Junto a este último, Khattab organiza
y lleva a cabo el ataque en Daguestán en 1999. Muere en 2002, en una operación espe-
cial del FSB.
20
Más allá de los objetivos ideológicos declarados, es difícil indagar las motiva-
ciones reales de estos grupos. El hecho de no haber depuesto las armas una vez ter-
minada la guerra y de mantener un ambiente de violencia es una conducta observada
en diferentes contextos y en varios grupos armados irregulares, que obtienen su po-
der precisamente del estado de guerra y de confusión política. La existencia prolon-
gada de estos grupos armados obedece a una sociología muy particular, sobre todo
porque hay “yihadistas profesionales” y mercenarios allí presentes. Véase, por ejem-
plo, C
HAPLEAU y MISSER (1998). BYMAN (2012) propone que la intensificación del
discurso islamista en estos grupos chechenos a partir de la segunda guerra sirve para
atraer fondos y recursos de las redes salafistas globales, tras el debilitamiento de los
yihadistas caucásicos. Sin duda, esta cuestión excede los objetivos y límites del pre-
sente artículo.
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STUDIA POLITICÆ
No obstante, el proceder del Kremlin (dirigido principalmente por el enton-
ces primer ministro Vladimir Putin, proveniente del antiguo KGB —poste-
riormente FSB— y elegido por Yeltsin para sucederlo) apuntaba a agrupar
todas las formas de divergencia con respecto a sus propias proyecciones
políticas hacia el Cáucaso, incluyendo a los nacionalistas moderados o ra-
dicales en la categoría de “terrorismo wahabita”. En otras palabras, el nue-
vo proyecto hegemónico buscaba rearticular las identidades de los actores
políticos del Cáucaso en torno al punto nodal del terrorismo islamista en la
búsqueda de un nuevo orden social. De este modo, la identidad de todo el
grupo “chechenos” se reactualizó a la luz de la lucha antiterrorista. El cam-
po securitario, de donde provenía el propio Putin, declaró así la existencia
de una nueva amenaza contra el Estado, la del islamismo internacional, en-
carnada colectivamente por los chechenos. El lanzamiento de las “opera-
ciones antiterroristas” en 1999 en la república caucásica confrontó así esta
amenaza hacia la sociedad rusa.
Esta nueva perspectiva en materia de seguridad está acompañada —o
más bien forma parte— de varias transformaciones en la escena política
interna, en el momento de génesis de la “vertical de poder” de Putin. El
discurso securitario no sólo sirvió para recuperar Chechenia y deslegiti-
mar los reclamos independentistas: en los años 2000, tal discurso se uti-
lizó para consolidar las instituciones estatales durante la constitución del
nuevo régimen, con el objetivo de reconstituir un Estado fuerte y centra-
lizado. Tras la conmoción de los atentados, la declaración oficial que
afirmaba que Rusia luchaba en Chechenia contra el terrorismo interna-
cional sirvió de trampolín para la popularidad de Putin, quien ganó las
elecciones presidenciales de marzo del año 2000. Contrariamente a la
primera guerra, las “operaciones antiterroristas” tuvieron un apoyo po-
pular masivo, acompañado de la intensificación de los sentimientos na-
cionalistas y “caucasofóbicos”. En otras palabras, la guerra tuvo un pa-
pel esencial para legitimar a los nuevos dirigentes y la centralización del
poder que éstos operaron (Mendras, 2012). La retórica antiterrorista se
utilizó para justificar medidas sin relación directa con el terrorismo, por
ejemplo, las relativas a la restricción progresiva de ciertas libertades (es-
pecialmente la libertad de prensa), o el nombramiento directo por parte
del Kremlin de los gobernadores de las regiones y de los presidentes de
las repúblicas luego de la toma de rehenes en la escuela de Beslán en
2004.
La confusión voluntaria entre la categoría “terroristas” y el colectivo “che-
chenos” es la operación central en la atribución de una nueva identidad a
este grupo dentro del proyecto hegemónico. Como veremos, hay impreci-
siones en el discurso oficial y en el de los medios —y ciertamente también
87
FERNANDO AVAKIAN
en las medidas políticas concretas que adoptó el poder— sobre quién es te-
rrorista (real o potencial) y quién no lo es. De a poco, aparece la idea de
que en este conflicto “no hay realmente civiles”, o al menos que todo che-
cheno puede ser considerado un combatiente. Por extensión, es difícil saber
si la segunda guerra es contra el terrorismo o contra Chechenia.
21
El ene-
migo interno sigue siendo el checheno, aunque en adelante bajo el estan-
darte del yihadismo internacional. La imagen del bandido o separatista deja
lugar al terrorista “wahabita”, con motivaciones diferentes: la propagación
del Islam radical.
Los elementos del discurso antiterrorista: el Estado como arquitecto
de la amenaza en el nivel abstracto
Va de suyo que el procedimiento de identificar puntualmente la totalidad
de los elementos del discurso antiterrorista implementado por el Estado es
imposible. Por “elemento de discurso” entenderemos aquí las prácticas
creadoras de sentido que sirven para rearticular las identidades sociales al-
rededor de determinado punto nodal. Por razones de espacio, sólo tratare-
mos aquí aquellos elementos que consideramos más importantes para la
formulación de la amenaza en el nivel general.
Declaraciones de los responsables políticos y militares
Entre otras prácticas, las declaraciones oficiales contribuyen a dar forma a
lo que el poder desea para los chechenos en el marco de su proyecto hege-
mónico. Aunque los contornos de esas identidades atribuidas sean siempre
difusos y dinámicos, el esquema general puede ser el siguiente: los cheche-
nos que se resisten al proyecto federal son terroristas que deben ser comba-
tidos, mientras que quienes lo aceptan son tolerados e integrados —en una
posición determinada y en los términos que define el poder— en el nuevo
orden social creado.
Según el análisis de las fuentes de la presente investigación, a partir de los
atentados de agosto de 1999 y del ataque islamista en Daguestán, las auto-
ridades rusas prácticamente reemplazaron en su lenguaje las categorías
“nacionalistas” y “separatistas” por el calificativo de “terroristas” para de-
signar tanto a los dirigentes chechenos elegidos en el sufragio de 1997
21
Acerca de la imprecisión del enemigo de Rusia en la segunda guerra (¿los chechenos
o los terroristas?), véase REGAMEY (2007).
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STUDIA POLITICÆ
(principalmente Masjádov) como a las organizaciones islamistas de Basá-
yev y Khattab, sin hacer ninguna distinción. El término “bandidos” conti-
núa utilizándose pero como sinónimo de terrorista. Este cambio de lengua-
je —así como llamar “operaciones antiterroristas” a la recuperación de
Chechenia— tiende a amalgamar a todas las categorías de opositores a la
política del Kremlin bajo la bandera del yihadismo. El mantenimiento del
orden constitucional invocado durante la primera guerra había pasado a un
segundo plano: la defensa de Rusia frente a la ofensiva de los terroristas se
convertía en el argumento principal. De este modo, los dirigentes rusos in-
virtieron la lógica de agresión-defensa para legitimar las acciones en el te-
rreno en nombre de la protección de los ciudadanos rusos ante el riesgo de
difusión del Islam radical.
Por poner algunos ejemplos, ya en el comienzo de las operaciones milita-
res, el entonces primer ministro Putin rechazó las tentativas de negociación
con Masjádov en los siguientes términos: “El gobierno ruso está listo para
el diálogo político y la cooperación con los representantes de la República
de Chechenia que no tengan las manos manchadas de sangre. (…). Tene-
mos una idea de con quién y cómo sería posible negociar. ¿Quién podría
forzar, por ejemplo, a nuestros pares estadounidenses a negociar con Bin
Laden, quien hizo volar edificios y mató a numerosos ciudadanos estado-
unidenses? Ellos intentan capturarlo bombardeando —y con toda razón—
el territorio de otro país. Porque esa es la única manera de hablar con los
terroristas”. La persona de Masjádov es puesta en la misma categoría que
los responsables de Al Qaeda. En cuanto a la eventual toma de Grozni,
Putin afirmó: “No queremos eso, no pensamos hacerlo, no lo prevemos.
Pero tampoco lo descartamos. (…) Los fines y los objetivos siguen siendo
los mismos: neutralizar a los terroristas en sus bases y crear condiciones
en las cuales ya no puedan reaparecer”.
22
El gobierno independentista es
inequívocamente amalgamado a los terroristas (“para neutralizar a los te-
rroristas hay que tomar Grozni”), mientras que la situación caótica de Che-
chenia bajo su gobierno es presentada como terreno fértil para la difusión
del Islam radical, lo que desliza el sobreentendido de que dicha situación
puede imputarse a los dirigentes chechenos.
El elemento extranjero del yihadismo checheno a menudo se señala en las
declaraciones públicas. Así, al dirigirse a la asamblea federal el 18 de abril
de 2002, Putin (ya presidente) expresa: “Después del 11 de septiembre del
22
Palabras tomadas del sitio de noticias lenta.ru (pero difundidas por varios medios),
07/11/1999. Disponible en https://lenta.ru/russia/1999/11/07/chechnya/. Consultado el
22/08/2016.
89
23
El texto integral del discurso en ruso puede consultarse en el sitio del Kremlin: http:/
/kremlin.ru/events/president/transcripts/21567. Consultado el 17/08/2016.
24
En el documental “Presidente”, producido y emitido por el canal “Rusia 1” el 26/04/
2015 en la ocasión del decimoquinto aniversario de Putin en el poder, el presidente re-
afirma todas estas tesis y asegura que la lucha contra el terrorismo y, en particular, el
lanzamiento de las “operaciones antiterroristas” en el Cáucaso eran necesarios para ga-
rantizar la seguridad de los ciudadanos rusos y la integridad de Rusia frente al terroris-
mo internacional. El documental puede verse en http://www.vesti.ru/doc.html?id=
2537306&tid=108309. [Consultado el 24/08/2016].
25
Viktor Kazantsev (1946- ) fue el enviado del Kremlin en el Distrito Federal del Sur
de 2000 a 2004 y uno de los principales responsables de las operaciones militares en el
Cáucaso.
año pasado, el mundo entendió que la guerra fría había terminado. Enten-
dimos que a partir de ahora, hay otras amenazas, otra guerra está en cur-
so: la guerra contra el terrorismo internacional. Su peligrosidad es evi-
dente, no hacen falta nuevas pruebas. Me permito subrayar que esto
concierne plenamente a Rusia. (…) El desarrollo del extremismo constitu-
ye una amenaza seria para la estabilidad y el orden público en el país. Se
trata en primer lugar de quienes (…) organizan atentados, atacan y matan
gente”.
23
Aunque no se evoque directamente el Cáucaso del Norte, en el
contexto de las operaciones antiterroristas en curso está claro que la puerta
de entrada de esa amenaza se encuentra en Chechenia.
24
Cierta ambigüedad rodea esta amalgama entre “terroristas” y “chechenos”
en los discursos orales: la confusión que se mantiene desde el comienzo
de la segunda guerra entre las categorías de civiles, combatientes y terro-
ristas se mezcla ocasionalmente con eventuales declaraciones que descri-
ben a la población civil chechena como rehén de los terroristas. Por un
lado, el conocido ultimátum del 6 de diciembre de 1999 dirigido a los ha-
bitantes de Grozni indicaba claramente que quienes no dejaran la ciudad
serían considerados terroristas y que, como tales, se los podía matar (Wil-
helmsen, 2017). El 11 de enero de 2000 el general Viktor Kazantsev
25
declara que en la República de Chechenia “solamente los niños de menos
de diez años, los hombres de más de sesenta y cinco y las mujeres serán
considerados como refugiados” (citado en Le Huérou y Regamey, 2008:
115). El resto de la población es vista como combatientes o como poten-
ciales terroristas. Semejante confusión conceptual tiene consecuencias rea-
les sobre la población civil chechena durante el desarrollo de la guerra.
En el territorio, para el ejército ruso, la población chechena es a priori
dudosa, peligrosa, sospechosa de apoyar y proteger a los terroristas” (ibí-
dem). Por otro lado, desde el principio de la guerra se puede constatar la
FERNANDO AVAKIAN
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90
STUDIA POLITICÆ
26
Ramzán Kadírov (1976- ) es el actual presidente de Chechenia, nombrado en 2007
por Putin luego del atentado que acabara con la vida de su padre Ahmet Kadírov en
2004, quien ocupaba tal cargo.
27
El texto integral del discurso puede consultarse en el sitio del Kremlin. Disponible
en http://kremlin.ru/events/president/transcripts/21565. Consultado el 17/08/2016.
creación paralela de una categoría que reúne a los chechenos que no se
oponen a los planes del Kremlin en el Cáucaso, categoría que tendrá par-
ticular importancia luego de la llegada de Ramzán Kadírov
26
a la presi-
dencia de la república caucásica. Éstos son considerados rehenes de los te-
rroristas. Por ejemplo, el 17 de abril de 2002, durante una reunión con
industriales, emprendedores y financieros chechenos en donde se hablaba
de su compromiso con la normalización de Chechenia tras la guerra, Putin
afirmó: “Tenemos muchos estereotipos. Por lo general, en todos los paí-
ses, (…) no siempre se corresponden con la realidad. Uno de esos este-
reotipos, que fue arraigándose progresivamente en el transcurso de los
últimos años, es el que indica que los chechenos siempre resuelven sus
problemas por la fuerza y que no conocen otros métodos. Pienso que us-
tedes, los aquí presentes en esta reunión en el Kremlin, prueban exacta-
mente lo contrario. (…) La gran mayoría del pueblo checheno está cansa-
do de los combates y de las operaciones especiales desde hace mucho
tiempo. La gente quiere una vida normal, condiciones de vida normales,
estabilidad política, previsibilidad. Quieren ser dueños de su propia tie-
rra. La Constitución de la Federación de Rusia (…) otorga plenamente
esta posibilidad. Sólo quienes toman como rehén a su propio pueblo con
planes ambiciosos pueden resistirse. Si observamos la situación en Afga-
nistán, por ejemplo, vemos que de hecho las fuerzas extremistas han to-
mado el país y al pueblo afgano como rehén. Pero sabemos que en el
caso de ustedes [el caso de Chechenia], (…) la política está, en gran me-
dida, determinada por extranjeros. Y eso fue lo que ocurrió: (…) tomaron
a su propio pueblo como rehén”.
27
El arsenal legal contra el terrorismo y el extremismo
Una definición legal ambigua y extensiva del terrorismo junto con un uso
abusivo de las leyes antiterroristas se convirtieron en elementos esenciales
para la instauración del discurso securitario en contra de los chechenos y
de los opositores al régimen en general. Es interesante notar que varios
instrumentos legales creados en el contexto de la segunda guerra chechena
—en particular, la ley antiterrorista de 2006— sirvieron luego para intimi-
91
28
Para un análisis en profundidad del uso abusivo de la legislación antiterrorista,
véanse los informes de la Federación Internacional de los Derechos Humanos (2008 y
2009).
29
En el caso de Murtazalieva, por ejemplo, la condena tuvo lugar en virtud de los artí-
culos 30.1, 205, 205.1 y 222.2 del código penal (respectivamente, “preparación y tenta-
tiva de crimen”, “preparación de un acto terrorista”, “enrolamiento en una actividad te-
rrorista” y “tenencia de sustancias explosivas”). El affaire tuvo lugar antes de la
adopción de la ley antiterrorista.
dar, perseguir o encarcelar a disidentes que no necesariamente estaban
vinculados con el Cáucaso del Norte.
28
En el escenario post 1999, dos leyes federales y ciertos artículos del códi-
go penal ruso —modificados en 2006— se utilizaron frecuentemente en
la lucha antiterrorista.
29
La definición legal de terrorismo en el artículo
205 del código penal no es muy diferente de las utilizadas en otros países
occidentales: “El hecho de perpetrar una explosión, de ocasionar un in-
cendio intencional u otra acción que apunte a provocar el terror en la
población (…) con el objetivo de ejercer presión sobre los órganos del
Estado o las organizaciones internacionales, así como también la ame-
naza de ejecutar las acciones anteriormente citadas (…)”. Sin embargo,
según fuentes primarias pertinentes (entrevistas a individuos detenidos y
militantes de derechos humanos) y secundarias (reportes de organizacio-
nes internacionales trabajando en el terreno), la fabricación de affaires en
virtud de éste u otros artículos del código penal es una herramienta políti-
ca recurrente para incriminar por terrorismo, sin pruebas, a personas pro-
venientes de los grupos que son objeto del discurso securitario, sean o no
sospechosas, como enseguida veremos. Además, otros artículos no nece-
sariamente relacionados con la lucha antiterrorista también pudieron ser
invocados en los affaires arreglados, como ocurre con el artículo 228 res-
pecto de la compra o tenencia de drogas ilegales.
El uso del artículo 282 del código penal presenta un interés particular. Este
artículo aborda la incitación al odio o a la animosidad contra una persona o
un grupo “debido a su sexo, su raza, su nacionalidad, su lengua, su origen,
su relación con la religión, pero también a su pertenencia a cualquier gru-
po social”. Mientras que los bienes jurídicos protegidos parecen ser la ar-
monía social y la dignidad humana, en la práctica, una interpretación ex-
tensiva y políticamente sesgada del concepto de “incitación al odio”
encierra también toda reivindicación chechena que se aleje de los proyec-
tos federales relativos al Cáucaso del Norte. Dicho de otro modo, tanto el
propio discurso independentista como toda crítica de las acciones de las
FERNANDO AVAKIAN
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30
La lista de organizaciones consideradas como terroristas o extremistas por el Servi-
cio Federal de Vigilancia Financiera y las personas físicas ligadas al terrorismo puede
consultarse en el sitio del periódico del Estado Rossiyskaya Gazeta. Estas personas físi-
cas y morales son ubicadas en esta categoría en virtud de los párrafos 6 y 7, y del párra-
fo 2.1 del artículo 6 de la ley federal Nº 115-FZ “De la neutralización del blanqueo de
los productos del crimen y el financiamiento del terrorismo” (del 7 de agosto de 2001).
Murtazalieva aparece allí. Disponible en https://rg.ru/2011/07/06/extremism-dok.html.
[Consultado el 23/08/2016]. La “Lista federal única de las organizaciones, incluidas las
organizaciones extranjeras e internacionales reconocidas, conforme a la legislación de la
Federación de Rusia, como terroristas” puede consultarse en el sitio del FSB: http://
www.fsb.ru/fsb/npd/terror.htm. [Consultado el 21/08/2016].
31
Para un análisis de estos dos casos, ver FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE LOS DERE-
CHOS HUMANOS (2009).
32
Ley federal Nº 114-FZ. Adoptada por la Duma el 27 de junio de 2002 y aprobada
por el Consejo de la Federación el 10 de julio de 2002. Texto integral en ruso en https://
rg.ru/2002/07/30/extremizm-dok.html. [Consultado el 21/08/2016].
33
Ley federal Nº 35-FZ, entrada en vigor el 6 de marzo de 2006. Adoptada por la
Duma el 26 de febrero de 2006 y aprobada por el Consejo de la Federación el 1 de mar-
zo de 2006, en reemplazo de la ley antiterrorista que databa de 1998. Texto integral en
ruso en http://kremlin.ru/acts/bank/23522. [Consultado el 19/06/2016].
tropas federales, o aún las inquietudes acerca de las violaciones de dere-
chos humanos en la región, son considerados como “incitación al odio étni-
co” según la práctica judicial, en particular durante la segunda guerra. En
el siguiente capítulo veremos que esta sinonimia entre la crítica de la gue-
rra y la incitación al odio étnico (hacia los rusos) aparece en el juicio de
Murtazalieva. Por su parte, el artículo 282.2 dispone que es punible “[la]
organización de actividades de un grupo social o religioso o de otra orga-
nización que el tribunal ya haya suspendido o a los que haya prohibido
funcionar por haber desarrollado actividades extremistas”.
30
Ahora bien,
los tribunales rusos proscriben regularmente por extremismo ciertas ONG,
partidos políticos, periódicos, grupos religiosos u otras organizaciones crí-
ticas del poder federal, regional o local, en particular en lo relativo a los
abusos de poder en nombre de la lucha antiterrorista. Fue el caso, por ejem-
plo, del sitio web ingushetya.ru, del Grupo Helsinki de Moscú o de la So-
ciedad de Amistad Ruso-Chechena.
31
Por otro lado, la “Ley de la Lucha contra las Actividades Extremistas”
32
(2002) y la “Ley de la Lucha contra el Terrorismo”
33
(2006) tienden tam-
bién a securitizar la cuestión chechena y aun a “legalizar” las acciones ya
en curso en el terreno. La primera inicialmente apuntaba en particular a los
grupos anarquistas, neonazis y skinhead rusos. Sin embargo, se la modificó
en 2007 para extender la noción de extremismo a la incitación al odio reli-
93
gioso, racial, político y social y, a su vez, se reformó la definición del cri-
men de odio del artículo 63 del código penal (“Circunstancias agravan-
tes”). Como en el caso del artículo 282, numerosos representantes de la so-
ciedad civil del Cáucaso del Norte o de Moscú fueron detenidos o sus
actividades fueron proscritas en virtud de esta ley, debido a sus críticas ha-
cia las prácticas abusivas del poder. Una interpretación muy amplia de lo
que es extremismo permite englobar toda disidencia.
34
Por su parte, la “Ley de Lucha contra el Terrorismo” promulgada en marzo
de 2006 complementa un decreto presidencial anterior (del 15 de febrero
de 2006) que crea el Comité Nacional Antiterrorista (Natsionalnyi Antite-
rroristícheskii Komitet, o NAK), que ha de centralizar las políticas antite-
rroristas. Mientras que la ley no explicita bajo la responsabilidad de qué
agencia funcionaría el NAK, el decreto precisa que el director del FSB pre-
side el comité, lo que marca el final de la querella entre el FSB y el Minis-
terio del Interior por el control de la política antiterrorista. Siendo el NAK
un comité interministerial, el director puede solicitar el apoyo del personal
y los recursos materiales de otras agencias de seguridad, defensa o mante-
nimiento del orden. Así, la ley confiere muchas prerrogativas al poder eje-
cutivo.
Los gobernantes de las regiones han perdido, de este modo, sus funciones
operativas relativas al antiterrorismo, principalmente debido a los proble-
mas de coordinación entre los diferentes niveles del gobierno durante la
toma de rehenes de Beslán. Fuera de la redistribución de las responsabili-
dades entre las diferentes agencias del ejecutivo, esta ley se caracteriza
por un abordaje predominantemente represivo del fenómeno terrorista, en
el sentido de que se focaliza únicamente en el plano operacional. En el
fondo, la ley se basa en la creencia de que tal amenaza puede controlarse
mediante el desarrollo y la integración de todos los instrumentos de repre-
sión disponibles. Es esencial señalar que la definición del terrorismo es
deliberadamente amplia y ambigua. En el artículo 3, el terrorismo es defi-
nido no solamente como las “prácticas que apuntan a influenciar decisio-
nes políticas aterrorizando a la población o por medio de otras formas de
acción violenta ilegal”, sino también como “cualquier ideología que pro-
pugne la violencia”. En esa misma línea, se considera como “actividad te-
FERNANDO AVAKIAN
34
Para un análisis en profundidad del uso abusivo de la ley antiextremista, véase el in-
forme de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Euro-
pa (2013). Posteriormente, esta ley también se utilizó en contextos muy alejados del
Cáucaso del Norte, en particular debido a las tensiones en curso entre Rusia y Ucrania
desde 2014.
42 invierno 2017
94
STUDIA POLITICÆ
rrorista” la propaganda de ideas terroristas, la propagación de informacio-
nes que llamen a ejecutar una actividad terrorista, el apoyo o la justifica-
ción de dichas actividades y cualquier forma de asistencia (como la comu-
nicación de informaciones que pudieran ayudar a los terroristas). Estas
definiciones amplias y ambiguas permiten arrestar a las personas en nom-
bre de su supuesta voluntad de cometer un acto terrorista, con pocas prue-
bas materiales.
Las posiciones contrarias a la política oficial del Kremlin en el Cáucaso a
menudo se interpretan como “ideologías que propugnan la violencia”,
amalgamando terrorismo y disidencia. Además, en varios juicios en contra
de ciertas ONG o publicaciones, el hecho de hacer públicos los abusos de
las tropas federales en Chechenia durante la guerra fue interpretado como
difusión de información que podía ayudar a los terroristas, es decir, como
una actividad terrorista. La difusión de pedidos de los terroristas, por ejem-
plo, o de los datos acerca del número de rehenes diferentes de la estima-
ción oficial puede también considerarse como una forma de “asistir a los
terroristas”. Finalmente, no hace falta decir que las posiciones independen-
tistas chechenas fueron consideradas como “ideologías que propugnan la
violencia”. Siguiendo una línea represiva dura, el artículo 16.1 enuncia que
durante las negociaciones con terroristas, sus reivindicaciones políticas
no deben ser tomadas en consideración”.
Un punto esencial para la instauración del discurso antiterrorista hacia
Chechenia es la posibilidad que otorga esta ley de instaurar “zonas de
operaciones antiterroristas” o KTO en las que las disposiciones legales
que aseguran un Estado de derecho pueden ser derogadas. En cuanto la
ley se aprobó, se instauró una KTO en la totalidad del territorio de Che-
chenia —central para el amalgama entre “chechenos” y “terroristas”—
hasta el año 2009, aunque en la realidad, las operaciones se desarrollaban
en un contexto cercano al derecho de excepción, sin ningún fundamento
jurídico que las sostuviera, y ya bajo el nombre de “operaciones antiterro-
ristas”. Dicho de otro modo, esta ley hizo legales numerosas operaciones
que ya estaban en curso en el terreno. Según la ley, una KTO no tiene lí-
mite ni de duración ni de espacio. El director del NAK puede declarar un
área de operaciones antiterroristas en un “territorio con un número impor-
tante de residentes”, en donde varias libertades se restringen y las garan-
tías constitucionales no están aseguradas, sin control parlamentario algu-
no. Muchas disposiciones de las KTO restringen más las libertades
individuales que las disposiciones de estado de urgencia (bloqueo total de
las comunicaciones y de la información, violación directa de la propiedad
privada, requisición de bienes privados, inexistencia de una duración
máxima de la KTO).
95
Finalmente, a menudo se utiliza a la justicia para frenar la actividad del
sector asociativo, en particular de las organizaciones de defensa de los de-
rechos humanos que trabajan en Moscú o en el Cáucaso y que denuncian
precisamente esas mismas prácticas. La ley antiterrorista y la ley antiextre-
mista son invocadas con este fin. Las asociaciones musulmanas “no tradi-
cionales” (es decir, las que escapan al control directo del Estado) son espe-
cialmente vigiladas en varias regiones de Rusia, aun cuando estuviera
constatado que no poseen lazos con grupos involucrados en actividades
violentas.
35
La práctica policial y judicial: los affaires fabricados
Los affaires individuales fabricados y llevados ante la justicia parecen ser
una práctica habitual, incluso instituida, de la policía y los servicios de in-
teligencia, con la participación activa de los tribunales, los fiscales y otros
actores del poder judicial en el marco de la lucha antiterrorista. Los dete-
nidos en estos casos suelen ser ciudadanos venidos del Cáucaso. Abundan
ejemplos de ello, que alientan indirectamente la atribución de una identi-
dad colectiva terrorista a los chechenos. Por cuestiones de espacio, presen-
taremos sólo un caso muy ilustrativo relativo a la necesidad de mostrar re-
sultados en la lucha antiterrorista, inflando las cifras de radicalizados
detenidos: el affaire de Zaurbek Talkhigov.
36
Nacido en la RSSA de Che-
chenia-Ingushetia, Talkhigov se muda a San Petersburgo durante la prime-
ra guerra chechena. Como se encontraba en Moscú durante la toma de re-
henes en el teatro Dubrovka en 2002 a manos de un comando checheno,
Talkhigov se presenta en el lugar de los hechos a raíz de un llamado ofi-
cial que solicitaba a los chechenos que ayudaran personalmente en las ne-
gociaciones con los secuestradores. Siguiendo las órdenes de los policías a
cargo, Talkhigov contacta a los terroristas por teléfono e intenta ganar su
confianza con el objetivo de hacer salir a los rehenes. Todas las conversa-
ciones se desarrollan en presencia de agentes de los servicios de inteligen-
cia. Sin embargo, tras el fracaso de las negociaciones y el ataque al teatro,
el FSB detuvo a Talkhigov, acusado de complicidad con los terroristas.
Talkhigov fue condenado a ocho años y medio de reclusión por la Corte
FERNANDO AVAKIAN
35
Acerca del acoso a las organizaciones musulmanas en virtud de la ley antiterrorista y
la ley antiextremista, véase Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia del
Consejo de Europa (2013).
36
Para un resumen detallado de este caso, véase FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE LOS
DERECHOS HUMANOS (2009: 28-29).
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STUDIA POLITICÆ
Municipal de Moscú en virtud de los artículos 30, 205 y 206 del código
penal. Varios militantes de derechos humanos (entre los cuales se encon-
traba la periodista Anna Politkóvskaya, asesinada en 2006) consideraron
que el FSB procedió a arrestar a Talkhigov porque ningún secuestrador
fue detenido ni llevado ante la justicia (los casi cuarenta terroristas fueron
abatidos durante el ataque).
El tipo ideal del terrorista checheno en los tribunales:
Zara Murtazalieva como encarnación del enemigo de Estado
La amenaza a la seguridad nacional se diseña en los niveles más altos de
decisión política pero son los órganos de mantenimiento del orden quienes
identifican a las personas físicas que representan el peligro, aquellos suje-
tos que “dan carne” e inminencia a la amenaza
37
(Daucé, 2010). La incri-
minación individual aporta los detalles precisos del sujeto amenazante, su
fisonomía fina; el affaire de Zara Murtazalieva es una ilustración perfecta
de esto. El caso en cuestión es particularmente interesante porque todo pa-
recía mostrar que la acusada no tenía vínculos reales con el terrorismo, ra-
zón por la cual la persona de Murtazalieva constituía una especie de tabula
rasa en la que se podían inscribir las características negativas del sujeto
amenazante. En otras palabras, los rasgos asignados por la fiscalía a la per-
sona de Murtazalieva nos ayudan a develar elemento por elemento lo que
es considerado peligroso o indeseable para el orden social que desea el dis-
curso dominante. Ciertos elementos manifiestamente falsos (un pasado de
combatiente inventado, el supuesto entrenamiento en campos terroristas) se
mezclan con atributos existentes pero reinterpretados (el hecho de escuchar
cierta música, de ir a la mezquita o de denunciar la guerra). El resultado es
la imagen de una persona que se corresponde con la representación del te-
rrorista concebida por el proyecto hegemónico, una imagen que se vuelve
“real” a través de la repetición, por medio de otros juicios similares y de la
influencia de los medios.
37
En este caso en particular, agentes del Ministerio del Interior (concretamente, la Di-
rección de Lucha contra el Crimen Organizado), del FSB y el personal de la comisaría
de la región administrativa oeste (Zapadnyi Administrativnyi Okrug) trabajaron conjun-
tamente. La Dirección de Lucha contra el Crimen Organizado, a través de la interven-
ción de Ajmaev, vigiló a Murtazalieva y preparó el affaire. El personal de la comisaría
procedió a arrestarla, mientras que los agentes del FSB (servicio federal de la región
Moscovita) llevaron a cabo la investigación y prepararon el expediente de acusación. El
juicio se desarrolló en el Tribunal Municipal de Asuntos Criminales de Moscú, presidido
por la jueza Komarova, especializada en asuntos de terrorismo.
97
38
Desde la época del imperio multicultural zarista, cierto esencialismo primario se
impone al momento de describir a todos los grupos étnicos que viven en Rusia. En
lo esencial, las características asignadas a cada nacionalidad se mantienen inaltera-
das y facilitan la perpetuación de los estereotipos de cada grupo. Esta esencializa-
ción a veces se hallaba al origen de ciertas decisiones políticas. Por ejemplo, señale-
mos que la nacionalidad era una categoría administrativa en el interior de la URSS
(inscripta en el pasaporte), formalizándose la pertenencia étnica de los ciudadanos
soviéticos en los trámites administrativos. En base a estas representaciones a veces
creadas en el siglo XIX, esta “petrificación” de las supuestas características étnicas
o nacionales permite explicar, por ejemplo, la supuesta propensión instintiva de los
chechenos a la criminalidad en todas sus formas. Ver F
ILIPPOVA (2010) y GOUJON
(2006).
39
En la misma línea, aunque desde una posición contraria, en el relato de Svetlana
Gannushkina, militante de derechos humanos de la asociación Comité de Asistencia
Cívica que participó activamente en la defensa de la acusada, aparecen varios de los
rasgos del terrorista típico enumerados en esta lista cuando ella explica por qué, en
su opinión, Murtazalieva fue objeto de una incriminación de terrorismo: “Un amigo
nuestro [del Comité de Asistencia Cívica] del periódico Novaya Gazeta, que era mi-
litar y que tiene vínculos con los órganos de mantenimiento del orden y con el FSB,
logró obtener una respuesta oral sobre por qué habían elegido a Zara Murtazalie-
va. La respuesta fue simple. Una mujer chechena, sola, viene a Moscú para buscar
trabajo por iniciativa propia: es un comportamiento muy poco habitual para una
A través de entrevistas con los actores presentes en el juicio y los docu-
mentos de éste al que pudimos acceder, hemos distinguido las característi-
cas que evocaron en forma recurrente el fiscal y la jueza de instrucción (y
detrás de éstos, el Ministerio del Interior y el FSB que prepararon su dos-
sier), y que reutilizaron posteriormente los medios. En otros términos, lo
que para el poder eran los rasgos de un terrorista. A saber:
La pertenencia al grupo étnico checheno: no hace falta aclarar que la
pertenencia a este grupo —o, por extensión, a cualquier grupo étnico
del Cáucaso— es la principal característica del terrorista en la Rusia de
los años 2000.
Un modo de vida no tradicional para las mujeres: ser una joven que
vive “sola” (es decir, sin la tutela de los padres, del esposo o de los her-
manos; de un hombre, en definitiva) no se percibe como un comporta-
miento tradicional para las mujeres chechenas, dada cierta esencializa-
ción de las llamadas “características nacionales” de los distintos grupos
viviendo en Rusia.
38
Esta desviación se interpretaba a menudo como un
signo de radicalización y de paso a la acción, con el telón de fondo del
fenómeno de las mujeres chechenas que llevaban a cabo ataques suici-
das durante los años 2000.
39
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joven chechena, sobre todo en un momento en el que había explosiones en casas y
la sospecha recaía sobre los chechenos. (…) Ellos [los agentes del Ministerio del
Interior] recibieron el permiso para vigilarla constantemente, tanto afuera como
adentro, en el departamento que le fue otorgado (por cierto, gratuitamente), en
donde se habían instalado aparatos de escucha. No había nada. No encontraron
nada. Luego se dijeron que ya habían gastado mucho dinero. Había que justificar-
lo. Se equivocaron, pero no podían equivocarse. Y solamente porque habían gasta-
do ese dinero, abrieron el affaire de Zara [Murtazalieva]. (…) [Sin embargo, al
principio] la hipótesis era la siguiente: esta joven tiene que ser terrorista porque se
comporta de forma extraña para ser chechena”. Entrevista en el marco de la inves-
tigación, Moscú, 15/03/2016.
40
En efecto, ésta fue una de las acusaciones que recibió Murtazalieva (“reclutamiento,
venta a domicilio o toda otra implicación de una persona con vistas a cometer actos de
terrorismo”, artículo 205.1 del código penal).
41
Según el segundo abogado de Murtazalieva, Vladimir Suvorov, la expresión “hablar
mal de los rusos” reaparecía en el juicio cada vez que se aducía que la acusada hacía re-
ferencia a la situación de guerra. Entrevista con V. K. Suvorov en Echo Moskvy el 17/03/
2005. Disponible en http://echo.msk.ru/programs/beseda/35174/. Consultado el 07/07/
2016.
La percepción de una alta religiosidad: el hecho de “hablar a menu-
do del Islam” (expresión reiterada durante el juicio, tomando por base
las grabaciones hechas en el apartamento de la detenida), de ir seguido
a la mezquita o de leer literatura musulmana aparece frecuentemente en
los relatos de los entrevistados. Independientemente de la corriente del
Islam de la que se trate, la percepción de tener intensos sentimientos re-
ligiosos atraía las sospechas en la época del affaire.
La percepción de “proselitismo religioso”: en conexión con el ele-
mento anterior, el miedo a la difusión del Islam violento o no violento
entre la población rusa aparece regularmente, aunque de forma sutil. El
peligro que representaban los terroristas que “convertían” a los jóvenes
rusos (como las dos compañeras de cuarto de Murtazalieva) al “waha-
bismo” es central en este affaire.
40
Mostrarse crítico con respecto a las operaciones militares en Cheche-
nia: hablar de las violaciones de derechos humanos en Chechenia o de la
guerra (como lo hizo Murtazalieva según las grabaciones hechas en su
apartamento) conllevaba a menudo la acusación de “incitación al odio ét-
nico” contra los rusos, y de hecho fue considerado como preparación psi-
cológica para reclutar a sus compañeras de cuarto.
41
La defensa de toda
otra alternativa a la política oficial con respecto a Chechenia hacía de al-
guien “un opositor activo a la Rusia constitucional”. Por otro lado, esta
última expresión aparece en el veredicto de Murtazalieva.
99
42
Extracto del veredicto aportado por el actual abogado de Murtazalieva ante la Corte
Europea de Derechos Humanos, Kirill Koroteev. Traducción no oficial.
Sospechas de lazos internacionales: el discurso securitario conside-
raba la radicalización violenta como un producto del Islam extranjero
—vagamente definido como wahabismo— que se arraigó en el Cáucaso
del Norte (tradicionalmente sufí) y que había que erradicar. Los lazos
reales o supuestos con redes musulmanas internacionales provocaban la
sospecha de radicalización. En el caso de Murtazalieva, se hizo referen-
cia a supuestos viajes al interior y al exterior de Rusia para remarcar el
carácter internacionalista del islamismo caucásico.
Reinterpretación de la primera guerra chechena: el apoyo de las tentati-
vas independentistas de la primera mitad de los años 1990 se reinterpreta a
la luz de la amenaza islamista. Quienes tienen un pasado real o supuesto de
compromiso en la guerra de 1994 o con el gobierno al que dio lugar son
potenciales terroristas. Se etiqueta retrospectivamente no sólo a los hechos
sino a los actores: figuras como la del independentista Dudáyev se convier-
ten en terroristas. La participación como combatiente que se atribuye
a
Murtazalieva en los años 1990 se toma como prueba irrefutable de su com-
promiso con la Yihad. Además, el hecho de poseer casetes de música consi-
derada “revolucionaria” (cantantes como Vladimir Vysotsky o el bardo Ti-
mur Mutsuraev) da cuenta de su supuesta radicalización.
Estas características aparecen de forma recurrente en todas las fuentes que
hemos consultado para esta investigación. Por ejemplo, la imagen del suje-
to amenazante que se puede deducir del veredicto reúne las características
ya mencionadas.
“Zara Hassanovna Murtazalieva, miembro activo de las formaciones de
bandidos combatiendo contra las fuerzas federales en la República Che-
chena de la Federación de Rusia, tras haber ido a un campo de entrena-
miento especial de terroristas suicidas en los alrededores de la ciudad de
Bakú, República de Azerbaiyán, llegó a Moscú en septiembre de 2003 para
organizar actos terroristas. En la aplicación de su plan criminal, y con el
objetivo de encontrar cómplices entre la población rusa de Moscú que pro-
fesa el Islam, Murtazalieva se presentó en octubre de 2003 en los locales
de una mezquita con la intención de reclutar kamikazes. Entabló una rela-
ción de confianza con dos ciudadanas rusas que profesan el Islam, Anna
Kulikova y Daria Voronova. Entre octubre de 2003 y marzo de 2004, Mur-
tazalieva se dedicó a prepararlas moral y psicológicamente para cometer
un acto terrorista de tipo atentado suicida (…)”.
42
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43
Ver NACOS (2005) para un estudio sobre la representación de actos de terrorismo lle-
vados a cabo por personas de género femenino en los medios occidentales.
En primer lugar, se presenta a alguien que pertenece a los “grupos o formacio-
nes de bandidos” en el Cáucaso. La palabra “bandido” no es neutra. Como ya
se dijo, desde la primera guerra, pero sobre todo después de 1999, en Cheche-
nia, toda forma de heteronomía con respecto al proyecto político del poder fede-
ral (tanto los nacionalistas extremos o moderados como las organizaciones sala-
fistas) entra en la categoría de bandido, que luego se asoció a la de terrorista.
El carácter internacional —o más bien internacionalista— del terrorista esboza-
do también se señala en el veredicto. Murtazalieva supuestamente se entrenó en
un campo terrorista en Bakú e hizo varios viajes a través del Cáucaso. Se resal-
ta la naturaleza extranjera y global del islamismo caucásico. Por otra parte, el
recorrido vital que se le atribuye se parece al de Shamil Basáyev, figura terroris-
ta por excelencia después de la primera guerra: tras haber combatido en Abjasia
y en Nagorno Karabaj regresa a Chechenia en el momento de los combates de
1994 y posteriormente organiza atentados en las grandes ciudades rusas.
El reclutamiento de las jóvenes rusas no es un elemento accesorio. La ima-
gen que dio el veredicto describía a alguien que intentaba, por medio de
una “preparación moral y psicológica”, llevar a la juventud rusa a la Yihad
tras haber creado lazos de confianza. El modus operandi de los terroristas
cambia, pues ya no se envían viudas negras chechenas desde la periferia
caucásica, sino que se intenta formar terroristas suicidas en el centro mis-
mo de Rusia. El peligro es particularmente temible porque el enemigo ata-
ca a la sociedad rusa desde su interior.
Además, la acusación contra Murtazalieva según la cual ella ya habría
combatido en la primera guerra como francotiradora refuerza la imagen del
yihadista experimentado, y también amalgama esta categoría con la de los
combatientes nacionalistas de la primera mitad de los años 1990. La “pro-
fesionalización” de las personas acusadas de ser yihadistas es crucial para
poder representarlos como mercenarios, al conjugarse con su supuesta mo-
vilidad internacional dentro de las redes globales de combatientes islamis-
tas que ya hemos mencionado.
Por añadidura, en el caso de Murtazalieva esta representación de ex comba-
tiente se mezcla con la imagen de la viuda negra que descarga su venganza
sobre la sociedad rusa por la pérdida de un ser amado en la guerra: un tipo
ideal altamente poderoso para transmitir la imagen del peligro islamista.
Más aún, al igual que en otros contextos, hay un sesgo de género a la hora
de representar a las terroristas mujeres.
43
En general, las mujeres terroristas
101
son percibidas como intrusas en un mundo de hombres. Se constatan mu-
chas diferencias en los medios con respecto a la manera en que se represen-
ta a los terroristas masculinos: a menudo se ponen de relieve la dimensión
sentimental y las referencias a las expectativas sociales en torno a ideas cul-
turalmente ancladas de femineidad. Esto sirve a su vez para evitar entrar en
una explicación más seria de los móviles del terrorismo: se presupone que
las mujeres llevan a cabo los atentados para vengar la muerte de un ser ama-
do, poniendo énfasis en el emotivismo, sin entrar en un análisis real de las
motivaciones profundas (sociológicas, políticas, psicológicas) para cometer
acciones terroristas y pasando a silencio cualquier reivindicación política.
El checheno como el Otro absoluto en el Imperio Ruso y la URSS:
bases de las representaciones negativas
Como se anticipó, la imagen del checheno como portador del peligro yiha-
dista no fue creada de la nada, sino que se fundó en una serie de atribuciones
negativas con respecto a este grupo que están profundamente arraigadas en el
imaginario ruso. Las guerras caucásicas (1816-1856), durante las cuales el
Impero Ruso conquista por primera vez el Cáucaso Norte, marcan el comien-
zo de un siglo y medio de una relación de desconfianza y animosidad. Varios
autores (Ispa-Landa, 2003; Ram, 1999; Regamey y Serrano, 2004; Russel,
2005) estudiaron intensamente la historia de estas representaciones.
Los chechenos tuvieron un lugar análogo al de los pueblos de América con
respecto a los europeos: permitieron que operara la lógica “salvajismo -
barbarie - civilización” y que los conquistadores se posicionaran en el pa-
pel moral de civilizadores. La conquista de los chechenos fue un desafío
para los rusos en la medida en que permitió repensar la relación de Rusia
con el resto del mundo y concebirse como nación en el sentido europeo del
término. Esto se reflejó principalmente en la literatura rusa decimonónica.
De hecho, durante el siglo XIX prevaleció una representación dual de los
caucásicos en general, y de los chechenos en particular, que se encuentra
presente en la obra de escritores como Pushkin, Tolstoi o Lérmontov, en-
tre otros. Por un lado, los chechenos encarnan el “buen salvaje” que per-
sonifica los valores de libertad, de apego a la condición natural, de honor,
de respeto a la comunidad e incluso de inocencia, en las antípodas de una
vida corrupta en el Estado burocrático del Imperio zarista.
44
Pero por
FERNANDO AVAKIAN
44
La comparación entre el Cáucaso salvaje pero libre y la Rusia corrompida aparece
en el poema “Adiós, Rusia mal lavada” de Lérmontov (1841).
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otro lado, el checheno aparece también como el bárbaro al que se debe
civilizar, que constituye un peligro constante para los cosacos debido a su
naturaleza agresiva en la inestable frontera sur de Rusia. Los chechenos
son al mismo tiempo los salteadores de caminos y los bárbaros que hosti-
gaban los asentamientos rusos. Se les atribuye un carácter esencialmente
agresivo por el hecho de que los primeros contactos de los rusos con
ellos tuvieron lugar en un contexto de expansión colonialista especial-
mente violento. Según Ram, “[by] refusing assimilation into the territo-
rial boundaries and rationalizing power of the Russian state, the Che-
chens were thus said to cling to a natural condition where liberty is
indistinguishable from anarchy, and the freedom fighter from the crimi-
nal” (1999: 4).
45
Ya en el siglo XX, tras haber resistido contra el avance del bolchevismo
y luego contra la colectivización de la agricultura, los chechenos inte-
graron la URSS como república autónoma dentro de la RSFSR. En
1944, la acusación de Stalin hacia los chechenos de colaboracionismo
con la Alemania Nazi acarreó la deportación de toda la población ingu-
setia y chechena hacia Asia Central, lo que tuvo como consecuencia, se-
gún diferentes estimaciones, la muerte de entre un tercio y la mitad de la
población. En el transcurso de este episodio, Stalin alentó la asimilación
entre chechenos y fascistas, término muy cargado de significación nega-
tiva para los rusos. Luego de su regreso al Cáucaso al momento de la
desestalinización, la imagen de los chechenos fue asociada a las redes
mafiosas y la economía gris de la URSS, sobre todo a través de los me-
dios, de la literatura y de las series policiales en la televisión (Russell,
2005). Frecuentemente se establecían vínculos entre el teip (clan fami-
liar checheno) y la mafia de tipo siciliano. Para los rusos, la palabra
bandido” acompañó pues la imagen del checheno a lo largo de los si-
glos XIX y XX. Por supuesto, la significación de ese término ha ido va-
riando según los momentos históricos pero, sobre todo, según el tipo de
enemigo “necesario” en cada época: el bárbaro al que se debe conquis-
tar, el enemigo de la Revolución, el enemigo interno que traiciona la Pa-
tria soviética, el criminal mafioso y, en los años 1990, el nacionalista
que apunta a destruir la unidad de Rusia, para finalmente convertirse en
el terrorista radicalizado que ataca a civiles rusos en connivencia con las
redes yihadistas internacionales.
45
Es interesante notar que, ya en 1996, en el periodo de entreguerras, los medios rusos
movilizarán la idea de la anarquía reinante en la república independentista, contexto en
el que se toleran todos los crímenes como condición natural de los chechenos.
103
Conclusiones
A lo largo de este trabajo hemos podido ver las interrelaciones entre el di-
seño general y abstracto de la amenaza del islamismo caucásico y su encar-
nación concreta en la persona de Murtazalieva. A través del análisis de am-
bos niveles, hemos examinado la manera en que se lleva a cabo la
rearticulación dentro del discurso antiterrorista de elementos significativos
que apuntan a una nueva redistribución de identidades que modifica los
significados atribuidos al grupo “chechenos”. La reinterpretación de estos
elementos significativos (“chechenos, guerra, bandidos, combatientes, radi-
calización, independencia, Islam”) en torno al punto nodal del “terrorismo
islámico” que efectuó el proyecto hegemónico del régimen de Putin trajo
aparejado el cambio de la imagen del enemigo checheno, en base a ciertas
representaciones negativas preexistentes: en líneas generales, en el imagi-
nario ruso, los chechenos se convirtieron en un grupo étnico compuesto de
terroristas en potencia y de integristas islámicos. Así, el proyecto hegemó-
nico saca provecho de la instauración del discurso antiterrorista en la bús-
queda del orden social que desea el poder (es decir, un Estado fuerte y cen-
tralizado, la ausencia de una sociedad civil crítica, el resurgimiento del
nacionalismo ruso, una Chechenia incorporada nuevamente a Rusia).
Se puede constatar una gran coherencia entre el nivel colectivo y el nivel
individual de la amenaza, ambas influyéndose mutuamente. Murtazalieva
tenía un modo de vida no tradicional para una joven chechena bajo las “ca-
racterísticas nacionales” de los grupos étnicos de Rusia naturalizadas o
esencializadas. Ella mostraba signos de alta religiosidad, dado que “iba a
menudo a la mezquita” y que hablaba del Islam con jóvenes rusas (esto se
interpretó como “proselitismo religioso”). Murtazalieva también se mostra-
ba crítica con respecto a la guerra en Chechenia y a las exacciones del ejér-
cito ruso, lo que fue calificado como “incitación al odio étnico” por los fis-
cales y la jueza. Se le inventó un pasado que la ligaba a redes yihadistas
internacionales y a los combatientes independentistas de la primera guerra
chechena que se había entrenado en una base terrorista en Bakú para con-
vertirse en una viuda negra, reclutando a su paso a la juventud rusa para la
Yihad. Como vemos, la imagen que se creó de Murtazalieva corresponde a
la amenaza general esbozada por el poder. Diversos actores estatales y no
estatales intervienen en el proceso de dar forma a la amenaza islamista, si
bien el campo securitario (principalmente el FSB y el poder ejecutivo) tie-
ne un rol privilegiado. En el presente trabajo, sólo ciertas prácticas oficia-
les pudieron ser examinadas; el rol de otros sectores, como los medios,
tuvo que ser sólo mencionado. Es interesante notar que a partir de la llama-
da “chechenización” de la política rusa en el Cáucaso tras la segunda gue-
rra, es decir, el mantenimiento del dominio ruso a través de proxies locales
FERNANDO AVAKIAN
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104
STUDIA POLITICÆ
como Kadírov, la imagen de los chechenos ha ido variando para poder inte-
grarlos en la nueva narrativa nacional rusa fomentada por el poder federal,
cuestión que no hemos abordado en este artículo.
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Fecha de recepción: 31/03/2017
Fecha de aceptación: 03/05/2017
FERNANDO AVAKIAN