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ANA LUCÍA MAGRINI - MARÍA VIRGINIA QUIROGA
pertinentes para un abordaje no esencialista ni sustancialista de las identi-
dades políticas y populares (Magrini, 2010). En principio, la teoría de las
mediaciones de Jesús Martín-Barbero parte de una distinción fundamental
entre lo popular y lo masivo. Lo popular “hace posible la expresión de las
aspiraciones y expectativas colectivas producidas por y desde los grupos
sociales de base. Tanto mayoritarios como minoritarios, tanto a nivel pa-
tente como latente” (2002, p. 118). Lo masivo se presenta como una nega-
ción de lo popular y remite a una cultura producida para su masificación y
control, un tipo de cultura con tendencia a negar las diferencias. No obs-
tante, la lectura de Martín-Babero complejiza la mutua oposición entre
ambos términos al advertir que lo masivo se configura como una media-
ción de lo popular en la cual las expectativas y los sistemas de valoración,
“los gustos populares”, son moldeados interpretados o leídos desde lo ma-
sivo. “Lo masivo es entonces la imagen que la burguesía se hace de las
masas, o mejor la imagen de sí mismas que estas deben interiorizar para
que cotidianamente sea legitimada la dominación que aquella ejerce”
(2002, p. 119). El filósofo y especialista en comunicación propone enton-
ces pensar lo popular desde su imbricación masiva, ello implica no hacer
de lo masivo un mero sinónimo de alienación y manipulación, ya que la
masividad no remite a un mecanismo aislable de lo social, sino que se en-
cuentra en su propia lógica, en el sistema educativo, en las formas de re-
presentación, en las prácticas religiosas, en los modos de consumo y hasta
en los usos del espacio (2003, p. 319). Desde este punto de vista, lo popu-
lar involucra diversidad y heterogeneidad, muchas veces de carácter ambi-
guo y conflictivo.
Si pensamos el concepto de populismo desde estas reflexiones podría-
mos advertir que ha sido la idea de masas como mayorías irracionales y
fácilmente manipulables la que ha predominado en las nociones peyora-
tivas del populismo, en las que masa y pueblo se identifican mutuamen-
te y se consideran como la base social de formas políticas autoritarias
(“populistas”).
Desde el espacio de la política oficial, a derecha y a izquierda, tanto las
masas como lo masivo serán mirados con recelo. La derecha con una po-
sición a la defensiva: las masas ponen en peligro acendrados privilegios
sociales, y lo masivo disuelve sagradas demarcaciones culturales. La iz-
quierda ve en las masas un peso muerto, un proletariado sin conciencia ni
clase, ni vocación de lucha, y en lo masivo un hecho cultural que no cua-
dra en su esquema, que desafía e incómoda su razón ilustrada. Solo para
los populistas la presencia de la masa urbana pareció implicar un hecho
político nuevo ... (Martín-Barbero, 2003, p. 218).