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Adriana Gallo
*
Resumen
Este trabajo se centrará en el análisis de dos instrumentos institucio-
nales que formaron parte de la agenda reformista latinoamericana de
las décadas pasadas (primarias/internas abiertas y sistema de doble
vuelta electoral) con el objeto de, no sólo exhibir los efectos aislados
de cada uno de ellos, sino básicamente de examinar con rigurosidad
las consecuencias de la aplicación concurrente de ambos. Estos dos
mecanismos se orientan a propósitos análogos: brindar a los ciudada-
nos más instancias de manifestación de preferencias, proveer de me-
jores condiciones democráticas a los partidos, incrementar la legiti-
midad popular de los candidatos consagrados, etc. Sin embargo, la
Un doble P.A.S.O electoral.
Análisis del debut del sistema de
primarias abiertas y de la vuelta
doble electoral en las elecciones
presidenciales argentinas de 2015.
(*) Investigadora adjunta CONICET / IEALC.
STUDIA POLITICÆ Número 41 otoño 2017
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
1
Código de Referato: SP.219.XLI/17
http://dx.doi.org/10.22529/sp.2017.41.02
41 otoño 2017
46
STUDIA POLITICÆ
incorporación formal e implementación conjunta de ambos ha dado
lugar a la conformación de un proceso de (dos o) tres fases para las
elecciones presidenciales, cuyos corolarios finales pueden entrar en
contradicción con aquellos objetivos iniciales.
En esta pesquisa se estudiará la elección presidencial argentina de
2015, en la cual por primera vez —y única hasta ahora— en la histo-
ria (después de 21 años de la instauración de la doble vuelta y seis
años de la incorporación de primarias abiertas simultáneas y obliga-
torias), el sistema electoral no sólo tuvo un formato trifásico, sino
que operó efectivamente con una mecánica de tres vueltas eleccio-
narias.
Finalmente, se evaluarán los resultados y se procurará determinar si
la utilización conjunta de estas dos técnicas institucionales —consi-
deradas como alternativas adecuadas para obtener ciertos resulta-
dos— potencia o cohíbe la satisfacción de los propósitos deseados.
Palabras clave: Primarias Abiertas y Simultáneas – Doble Vuelta
Electoral Presidencial – Elección argentina de 2015
Abstract
This paper is focused on the analysis of two institutional instruments
included in the Latin American reformist agenda of the last decades
(open primary method and majority run-off system), not only to exhi-
bit the effects of each, but to rigorously examine the consequences of
the concurrent application of both. These two mechanisms are direc-
ted to similar aims: to give citizens more instances to express their
preferences, to provide parties with better democratic conditions, to
increase popular legitimacy of elected candidates, etc. However, the
formal incorporation and simultaneous implementation of both me-
chanisms has led to the configuration of a (two- or) three-phase pro-
cess for presidential elections, the final corollaries of which can enter
into contradiction with those initial goals.
In this research we will study the Argentine presidential election of
2015, in which for the first -and only so far- time in history (after 21
years of the establishment of the majority run-off system and six
years of the simultaneous open primaries), the electoral system did
not only have a three- phase format, but it algo has operated effecti-
vely with a mechanics of three electoral turns.
Finally, the results will be evaluated and it’ll be determined whether
the concurrent use of the two techniques —conceived as appropria-
te alternatives to obtain certain results— can fulfill the desired
aims.
Key Words: Simultaneous Open Primaries – Majority Run – Off System
– Presidential Eelections in Argentina, 2015
47
ADRIANA GALLO
Introducción
E
L período histórico iniciado a partir del retorno a la institucionalidad
democrática en la Argentina, coincidió con el agotamiento de la ma-
triz estado-céntrica
1
(Cavarozzi, 1996) y su consiguiente reemplazo
por otra matriz vertebrada en el mercado y en el Estado mínimo, fundada
en la doctrina neoliberal. A su vez, las profundas transformaciones en la re-
presentación política experimentadas en las décadas pasadas —de las que
han dado cuenta múltiples autores
2
(Manin, 1993; Przeworski, 1998; Wol-
ton, 1998, entre otros)— derivó en un declive mundial de la denominada
‘democracia de partidos’ (Offe, 1985). En consecuencia, se fueron alteran-
do los vínculos de lealtad que los partidos políticos habían tendido con los
actores sociales durante el siglo pasado (Roberts, 2002) y el electorado se
volvió social y culturalmente más heterogéneo y menos abarcable por
aquéllos a través de su organización (Kirchheimer, 1966; Dalton y Watten-
berg, 1984; Wolinetz, 1991; Kitschelt, 1994). Esta conjunción de circuns-
tancias dificultó que la transición hacia la democracia fuera sucedida por
una etapa de reivindicación de los actores representativos y de reinserción
de la ciudadanía en el espacio público-político (Abal Medina, 2004)
A partir de estos cambios en las condiciones de representación y en el rol
del Estado, en nuestro país, al igual que en otros sitios del continente, co-
menzó a emerger la necesidad de realizar modificaciones legales tanto en
el ámbito constitucional, como también en el marco determinado por las
leyes electorales y partidarias (Alcántara Sáez, 2002).
Esto redundó en la reforma de la Constitución Nacional de 1994, destina-
da teóricamente a consolidar el sistema democrático, a equilibrar los pode-
res del Estado (González, 2014) y a adecuar a las organizaciones partida-
rias este nuevo contexto político (Cheresky, 2006). Posteriormente, a fines
de 2001, a partir de la profunda crisis sistémica precipitada por el colapso
del modelo neoliberal, emergió una agenda de reformas políticas, orienta-
das a incorporar procedimientos institucionales que permitieran, por un
lado, recomponer las funciones del Estado, abandonadas en los 90’ (Tu-
llio, 2011) y, al mismo tiempo, mitigar la crisis de las instituciones repre-
1
Es decir, del patrón de comportamiento político en el cual la política se organizaba
preponderantemente en torno a las acciones del Estado.
2
Se caracterizó a las democracias contemporáneas, como ‘democracias de la audiencia
o de lo público’ emergidas con la expansión de los medios de comunicación y un declive
de las estructuras partidarias tradicionales, propias de un tipo de representación surgida
a fines del siglo XIX con los partidos de masas (M
ANIN, 1993: 29)
41 otoño 2017
48
STUDIA POLITICÆ
sentativas (Chávez et al., 2008). Así, con las enmiendas posneoliberales se
buscó introducir mecanismos que recrearan los vínculos representativos, con-
solidaran liderazgos populares y que, a la vez, contribuyeran a recuperar la
centralidad de los partidos en la escena política (Roberts 2002; Muñoz, 2003).
Aquí se indagará acerca de dos mecanismos institucionales —las eleccio-
nes internas o primarias abiertas
3
presidenciales y el sistema de elección
de doble vuelta electoral (DV) o con balotaje
4
(Majority Run Off)— cada
uno de los cuales, en Argentina, fue incorporado formalmente en un mo-
mento histórico diferente,
5
pero que estuvieron inscriptos en una misma
agenda de reforma política continental y apuntaron al logro de objetivos
teóricamente semejantes (Colomer, 2004).
Veamos sucintamente los beneficios buscados con cada uno de ellos:
6
a) Otorgarle al ciudadano un mayor protagonismo y más oportunidades
para la expresión de su voluntad política, incorporando una instancia electo-
ral adicional para que éste ejerza su soberanía política (Escolar, 2011; Miño y
Busmail, 2015). En teoría, cada uno de estos dos sistemas, al suponer una
doble oportunidad de elección, permite que el ciudadano cuente con la op-
ción de expresar un voto sincero
7
o de referencia en la primera fase y pueda
luego ejercer un voto estratégico (o voto útil)
8
en la siguiente etapa (Bartoli-
3
Las primarias o internas abiertas —a diferencia de las cerradas, que restringen la
asistencia a los afiliados acreditados oficialmente al partido— constituyen un método de
nominación mediante el cual se autoriza a participar en la selección de candidaturas par-
tidarias a todo ciudadano empadronado en el registro electoral nacional del país (A
LCÁN-
TARA SÁENZ y FREIDENBERG, 2003; FREIDENBERG, 2003).
4
El sistema de doble vuelta o con balotaje es un procedimiento de desempate, que se-
ñala que el candidato debe lograr un porcentaje prefijado de votos (generalmente, aun-
que no siempre, la mayoría absoluta) en la primera ronda para vencer en la contienda.
De no conseguirse ese requisito legal, se celebra una segunda elección exclusivamente
entre los dos aspirantes más votados (F
RAGA, 2003).
5
El sistema de doble vuelta fue adoptado con la reforma constitucional de 1994, en ple-
na era neoliberal. Las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO), fueron for-
malizadas 15 años después, con la sanción de la Ley Nº 26.571 en el marco del período
caracterizado como posneoliberal (G
ALLO y BARTOLETTI, 2012).
6
Casi todos autores que se citan a continuación se refieren a uno solo de los dos siste-
mas. Sin embargo, todos los argumentos que se exponen han sido utilizados para respal-
dar ambos instrumentos.
7
Aquel voto que responde al ordenamiento genuino de preferencias (COX, 1997; REY-
NOSO, 2011).
8
Aquel comportamiento en el que el elector no vota quien preferiría según el resto de
los antecedentes del voto, sino a quien prefiere entre los que obtienen representación
(A
NDUIZA y BOSCH, 2004).
49
ADRIANA GALLO
ni, 1996; Cox, 1997; De Andrea Sánchez, 2003; Colomer, 2004), eligiendo al
segundo mejor en caso de que su opción favorita hubiera quedado afuera en
la primera instancia (Martínez, 1998), reorientando concientemente sus pre-
ferencias, considerando los resultados iniciales (Sartori, 2003: 24).
b) Racionalizar el sistema de partidos y ordenar la oferta política. Se aduce
que en sistemas partidarios fragmentados, en los que existe una oferta opaca
y compleja, cada uno de estos dispositivos facilita la gestión de esa fragmen-
tación, favoreciendo que la oferta de partidos y candidatos resultante respon-
da a las preferencias ciudadanas originarias (Martínez, 1998; Gallo, 2009;
Pomares, 2015). En efecto, se entiende que la incorporación de una instancia
electoral eliminatoria extra ayuda a reducir el número de fuerzas políticas
que compiten en la instancia decisiva (Abal Medina, 2009; Reynoso, 2015) e
induce a la cooperación entre los actores políticos, propiciando la conforma-
ción de alianzas interpartidarias entre fuerzas políticas afines, que defiendan
intereses comunes (Duverger, 1954: 240; Chasquetti, 1999; Astarita, 2009).
c) Mejorar el funcionamiento partidario. Se sostiene que cada uno de estos
mecanismos favorece la conformación de partidos cohesivos, fuertes e ideo-
lógicamente definidos (Sabsay, 1991; Astarita, 2009), ubicados de conformi-
dad con las principales líneas demarcatorias que cruzan el sistema político
(Martínez, 2006). A esto se suma que las primarias mejorarían a los partidos
al democratizar sus estructuras internas (Trent y Freidenberg, 2000; Zovatto,
2001; Alcántara Sáez, 2002; Morgenstern y Siavelis, 2003; Freidenberg,
2003) y la DV tornaría a los partidos más disciplinados (Tuesta, 1999).
d) Proveer de legitimidad (popular y partidaria) al representante electo
(Ware, 1996; Rahat y Hazan, 2001). De cada uno de los dos sistemas se
alega que permite consagrar al candidato más representativo y/o popular de
los que se postulan (Bromhead, 1970; Osborne, 1995; Aguilera de Prat y
Martínez, 2000; Abal Medina, 2009). A la vez, se sostiene que, al obligar a
quien aspira a la presidencia a refractarse más de una vez ante la opinión
pública, favorece una mayor responsabilización política (Gallagher y Mar-
sh, 1988; Bartolini, 1996; Serra, 2007; Navia, 2009), incentivando el buen
desempeño gubernamental (Sartori, 2003: 191).
Ahora bien, una vez desarrollados los beneficios que teóricamente comparten
el sistema de primarias abiertas y la doble vuelta electoral, en este trabajo se
procurará no sólo exponer el impacto real que aisladamente produce cada uno
de ellos, sino examinar con exhaustividad lo que ocurre cuando ambos están
incorporados en la legislación formal y son aplicados de modo concurrente. La
peculiaridad que posee la combinatoria de estos dos procedimientos de inge-
niería institucional es que da lugar a un sistema que, desde el punto de vista
técnico, posee tres niveles o estadios (Escolar, 2011; Zelaznik, 2014), en los
41 otoño 2017
50
STUDIA POLITICÆ
9
Los partidos deben superar en las PASO el 1,5 % de los votos válidamente emitidos
para poder compulsar en las elecciones generales (Art. 45, Cap. VII).
10
En Uruguay, las internas son compulsivas para los partidos y opcionales para la ciu-
dadanía (BUQUET, 2004).
11
Esto supone que para imponerse en la primera elección, una fórmula presidencial
debe conseguir el 45 % más uno del total de votos emitidos en la primera vuelta o el
40 %, existiendo una distancia superior a los diez puntos con su inmediato contendiente
(Art. 98, Cap. II, C. N.).
que participan los mismos actores y se aplica sobre el mismo cuerpo electoral
desde el principio al final: las primarias abiertas funcionan como una primera
vuelta eleccionaria, las elecciones presidenciales constituyen una segunda ins-
tancia eleccionaria nacional, y el balotaje —en el caso de que fuera necesario
utilizarlo— operaría como un tercer momento de votación.
La Argentina, junto con el Uruguay, son los únicos dos países de América Latina
en los cuales —por imposición legal— los comicios presidenciales transcurren a
través de (dos o) tres fases eleccionarias consecutivas. En nuestro país, coexis-
ten el mecanismo de primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) para
los cargos de elección popular nacional, mediante el cual se exige que todos los
partidos las celebren
9
y también que todos los ciudadanos empadronados parti-
cipen en ellas
10
(Art. 19, Cap. I), y un sistema de doble vuelta electoral, de ma-
yoría especial/calificada o doble exigencia de umbral y distancia.
11
Sin embargo, pese a que el sistema electoral adquirió un formato trifásico,
hasta ahora siempre había operado con una mecánica de una sola vuelta
eleccionaria. Pero en la elección presidencial de 2015, por primera vez, por
un lado, varios partidos presentaron competencia en las PASO y, por otro,
se llevó a cabo una segunda vuelta electoral. De allí, surge el interés en
centrar el análisis en la primera —y única hasta ahora— ocasión en la en la
historia argentina reciente en la que el proceso eleccionario presidencial
quedó desdoblado en tres fases consecutivas diferentes.
Así, este trabajo se estructurará en tres partes. En la primera de ellas, se ana-
lizarán, teóricamente, las consecuencias de la implementación conjunta del
mecanismo de primarias abiertas y el sistema de DV, ordenadas en función
de los cuatro beneficios comunes buscados, recién expuestos (a. Mayor pro-
tagonismo ciudadano; b. Racionalización del sistema partidario; c. Mejo-
ramiento partidario; d. Legitimación del representante). Para eso, dedicare-
mos un apartado a cada uno de ellos, estableciendo los logros pretendidos
teóricamente con estos mecanismos, los costos ocultos y/o efectos colatera-
les que la utilización de cada uno puede acarrear; como así también el im-
pacto que tiene la combinación de ambos simultáneamente. En segundo lu-
gar, se considerará a aquellas cuatro ventajas estipuladas teóricamente como
51
ADRIANA GALLO
variables de análisis y se elaborarán indicadores conmensurables para poder
evaluarlas. Por último, se indagará en detalle acerca de la elección presiden-
cial argentina de 2015, en la cual —a 21 años de la instauración de la DV y
a seis años de la incorporación de las PASO— el proceso eleccionario trans-
currió mediante tres fases. Se buscará establecer si en este caso se lograron
o no los beneficios pautados con estos sistemas, si se potenciaron o neutrali-
zaron los costos ocultos que cada uno de ellos acarrea, si la coexistencia si-
multánea de ambos bloqueó el cumplimiento de alguno de los objetivos y/o
si ésta produjo efectos particulares dadas las circunstancias peculiares del
caso. Dejamos asentado, desde ya, que las conclusiones serán acotadas y re-
ducidas a un solo acontecimiento; sin embargo, buscaremos establecer su
congruencia o incongruencia con lo estipulado a raíz de la discusión teórica.
Primarias abiertas y doble vuelta electoral: objetivos comunes y
aplicación conjunta
Aquí analizaremos en detalle cada uno de los puntos mencionados, aten-
diendo a las particularidades que pueden producirse con la aplicación con-
junta de los dos mecanismos institucionales:
a) Más oportunidades para la expresión de la voluntad política ciudada-
na. En este esquema trifásico, el ciudadano podría votar hasta de tres ma-
neras distintas en cada una de las oportunidades (Reynoso, 2015), combi-
nando la emisión del voto sincero y el voto estratégico. Así, en las
primarias abiertas el votante escoge a su precandidato favorito; en la elec-
ción general elige al candidato que prefiere dentro del conjunto de candida-
tos existentes (Cox, 1997); y en la segunda vuelta –en caso de que se la re-
quiera- se decanta por su segunda o tercera preferencia inicial (Martínez,
1998; Molina, 2001; Sartori, 2003; Martínez, 2006).
En la medida en que las tres instancias se organizan de menos dilucidatoria
a más dilucidatoria, sería esperable que los tres votos fueran de más since-
ro (privilegiando la concordancia con sus ideas y valores) a más estratégico
(privilegiando la competitividad electoral del contendiente).
Ahora bien, aquí habría que determinar conforme a qué criterio los indi-
viduos elaboran esa ordenación de preferencias.
12
Y es aquí donde emer-
12
Partimos de que los electores ordenan transitivamente sus preferencias (RIKER,
1995), las cuales se estructuran de acuerdo a ciertos ejes (partidario, ideológico, perso-
nalista, apoyo-oposición al gobierno, etc.), que constituyen los principales criterios de
alineamiento en el comportamiento electoral.
41 otoño 2017
52
STUDIA POLITICÆ
13
En Argentina, siete de cada diez ciudadanos se considera independiente (ZULETA PU-
CEIRO, 2015).
14
Esto implica que los partidarios de unas fuerzas intervengan en internas ajenas en
orden a seleccionar a un rival más conveniente para confrontar en las elecciones genera-
les (R
EYNOSO, 2015).
15
Esto fue lo que sucedió en la interna uruguaya de 1999, en la cual un número consi-
derable de votantes frenteamplistas se habrían volcado por Jorge Batlle en la interna co-
lorada (G
ALLO, 2011).
ge la primera contradicción respecto de los objetivos teóricos del sistema
de primarias. Por un lado, cada elección primaria es reservada para selec-
cionar al candidato del partido o coalición partidaria (Colomer, 2004: 96).
En efecto, en las PASO ha de nominarse al candidato único y oficial de
cada partido político (o coalición de partidos) (Art. 44, Cap. VII), entidad
que –por ley- ostenta el monopolio de la postulación de candidaturas a
cargos electivos (Art. 38 CN). Así, el hecho de que el partido constituya
la unidad de competencia político-electoral presupone que el criterio par-
tidario sea la principal variable que los ciudadanos consideran a la hora
de configurar sus preferencias políticas (Gallo, 2015). Sin embargo, con
la obligatoriedad del voto en las primarias se busca promover la partici-
pación de los electores independientes (que, cuantitativamente, en nuestro
país son muchos más que los miembros partisanos
13
) (Harmel y Janda
1982; Haro, 2002; Mutti, 2005), quienes, no obstante, suelen utilizar cri-
terios diferentes al partidario para elaborar sus preferencias (Abal Medi-
na, 2004)
A su vez, la probabilidad de que un votante sufrague sincera o estratégica-
mente en la primaria abierta tendrá que ver con la congruencia entre prefe-
rencias (en este caso, partidarias, subpartidarias y/o no partidarias) y expec-
tativas (respecto del posicionamiento general de los partidos y candidatos
en la opinión pública) (Cox, 1997: 165).
En efecto, si bien sería esperable que los electores que priorizan el criterio
partidario fueran los más predispuestos a sufragar sinceramente en la elec-
ción primaria, es factible que éstos opten por manipular su voto desde la
primera fase, señalando al precandidato partidario más viable (aún en con-
tra de su favorito), en pos de garantizar la conveniencia de su partido de
cara a la elección general (Abramowitz, 1989; Geer, 1988; Carey y Polga-
Hecimovich, 2006). A su vez, pese al objetivo buscado con la simultanei-
dad en la competencia —que era evitar el voto estratégico cruzado
14
(Rey-
noso, 2015)— aquellos que pertenezcan a un partido cuya interna esté
claramente definida hacia su candidato preferido, pueden volcarse estraté-
gicamente a la interna de un partido rival.
15
53
ADRIANA GALLO
Los votantes sin preferencias partidarias consolidadas serán menos procli-
ves aún a inclinarse por su candidato favorito en la fase inicial. En con-
tiendas disputadas, en las que uno de los postulantes principales suscita
un amplio rechazo popular, es probable que los electores de este tipo vo-
ten estratégicamente en la instancia de la primaria —ya sea de modo di-
recto o diferido
16
— por el oponente más competitivo (frecuentemente,
concibiéndolo como un “mal menor”), teniendo como norte evitar que su
opción menos preferida logre ser finalmente consagrado triunfador (Ga-
llo, 2011).
Por su parte, en un sistema de doble vuelta, puede suceder que —contraria-
mente a lo previsto teóricamente— un elector racional no se encuentre mo-
tivado a pronunciarse por su primera preferencia sincera en la primera ron-
da: por ejemplo, si existen dos o más postulantes cerca de empatar por el
segundo puesto
17
(Cox, 1997) o, en un sistema de mayoría calificada
como el argentino, si el candidato visto como el “mal mayor” lleva la de-
lantera, pero hay un contrincante (capaz de superarlo en el balotaje) con
chances de clasificar a la segunda vuelta. En estos casos, es factible que el
elector se incline por el contendiente más viable y competitivo en la elec-
ción general.
18
Vemos así que pese a que ambos sistemas, al constar de dos vueltas electo-
rales, otorgan al ciudadano la posibilidad de emitir un voto sincero y otro
estratégico, sin constreñir de antemano la expresión de sus preferencias,
con la aplicación efectiva de cada uno de ellos, se producen circunstancias
que dificultan el cumplimiento de ese objetivo. Esto se acentúa cuando el
dispositivo, en lugar de dos, posee tres vueltas electorales. En efecto, como
se trata de una misma elección desdoblada en tres, el votante instrumental-
mente racional —aún aquél motivado por cuestiones partidarias— debe to-
mar decisiones intermedias, que pueden llevarlo a establecer estrategias
cruzadas ante expectativas en varios niveles, considerando que el resultado
16
De modo directo implicaría votar en la primaria del partido del candidato “mal ma-
yor” (en caso de que ésta sea competitiva) para sacarlo de carrera cuanto antes. Y de
modo diferido consistiría en señalar a un oponente externo, para posicionarlo mejor de
cara a las elecciones generales.
17
En la elección presidencial argentina de 2003, que no llegó a haber segunda vuelta,
muchos votantes habrían elegido estratégicamente a Néstor Kirchner para evitar que en
el balotaje se enfrentaran dos opciones de derecha (el ex presidente Carlos Menem y el
ex ministro de economía Ricardo López Murphy).
18
Esto habría sucedido en Uruguay, con los simpatizantes colorados que terminaron
votando por el PN en la primera vuelta, porque era el mejor adversario del FA. En Perú,
en las últimas tres elecciones (G
ALLO, 2009).
41 otoño 2017
54
STUDIA POLITICÆ
de la/s primera/s jugada/s adquiere real significado cuando hubo concluido
el procedimiento trifásico (Gallo, 2010).
b) Racionalizar el sistema de partidos y ordenar la oferta política. Como
regla general, la contracción de la oferta partidaria puede producirse por
cuestiones mecánicas del sistema (Benoit, 2006) y también por razones es-
tratégicas de sus actores (Cox, 1997).
Respecto del primer punto hay que decir que en cada una de las tres ruedas
eliminatorias rige un criterio determinado por el cuál se restringe el acceso
de los partidos y de los candidatos y se genera un M.
19
Las primarias abier-
tas, además de presentar una dinámica interna propia (que concierne a las
élites y bases de cada uno de los partidos), cumplen —dentro del marco del
sistema partidarios en su conjunto— la función de determinar el número de
candidatos totales (M) y el número de candidatos viables que competirían
en la elección general. En relación al M, en las PASO rige, además de un
criterio interno,
20
uno externo, equivalente a la cantidad de partidos que
clasifiquen para competir en las elecciones generales (M=número de parti-
dos que supere 1,5 %), que es un número desconocido de antemano. En se-
gundo lugar, las PASO —que, por su propia estructura y naturaleza, operan
como una “preelección”— constituyen la instancia en la que se establece la
viabilidad de las candidaturas
21
que competirán en la verdadera —y, posi-
blemente la dilucidatoria— elección; y los resultados de aquéllas propor-
cionan claves para el ejercicio de un voto útil en la primera vuelta electoral
(Serrafero, 2011).
En la elección general, a su vez, M equivale a la cantidad de finalistas que
obtienen los porcentajes estipulados para pasar a la siguiente fase (M=2), y
el número de candidatos viables podrá ser igual a tres (M+1) (si se produje-
ra un equilibrio duvergeriano) o mayor a tres (>M+1) (con un equilibrio no
19
M= Magnitud (COX, 1997). Implica la cantidad de cargos en juego o de puestos a
cubrir.
20
Este es M=1, porque luego de las PASO sólo queda un candidato por partido (Art.
19, Cap. I).
21
Actualmente, los resultados de los sondeos constituyen el principal filtro respec-
to de la viabilidad de las candidaturas (ANDUIZA y BOSCH, 2004) (ya que la etiqueta
partidaria ha ido perdiendo valor como guía táctica). De las PASO, se adujo que
operarían como una gran encuesta nacional (S
ERRAFERO, 2011; GONZÁLEZ, 2014),
con mayor poder predictivo que cualquier encuesta, en la medida en que se pronun-
cia el conjunto de los empadronados a nivel nacional (TULLIO, 2011). Además, el
acotado timing intereleccionario (de sólo 10 semanas) entre primarias y comicios
generales, no otorga margen para grandes variaciones en el comportamiento ciuda-
dano (G
ALLO, 2015).
55
ADRIANA GALLO
duvergeriano
22
) (Palfrey, 1989; Cox, 1997: 49). Se suele argumentar a fa-
vor de la DV que con este sistema —a diferencia de los esquemas de gana-
dor único (M=1 en los que los electores tienden a asociarse alrededor de
dos centros de referencia diferenciados (M+1)— al existir potencialmente
dos ganadores (Payne, Zovatto y Mateo Díaz, 2006), los votantes no se ven
forzados a concentrar sus votos en los dos candidatos mejor posicionados
(Duverger, 1954; Molina, 2001: 115).
En síntesis, en el sistema trifásico, tras la primera instancia (las PASO) se
establece el número de candidatos totales (M=np>1,5 %) y de candidatos
viables (=M+1 ó >M+1) que se presentan en la segunda etapa (la elección
general); de los cuales, dos (M) pasarían a la tercera fase (el balotaje), en
caso de que ésta fuera necesaria.
De todos modos, como se expuso anteriormente, para el cumplimiento de
los objetivos teóricos, esto requiere que se escoja en cada instancia a la pri-
mera preferencia de las que compiten: que en las PASO se seleccione al
candidato preferido del partido preferido, que en la primera vuelta se elija
al partido preferido (de los que pasen las PASO) y que en balotaje se seña-
le —como veremos a continuación— al partido perteneciente a la familia
política de su preferencia (Martínez, 2006) o al polo ponderado del eje po-
lítico activado (Gallo, 2009); ya que si se adelanta la manipulación del
voto, pueden terminar siendo seleccionados los contendientes con mayores
condiciones de supervivencia, independientemente de su ubicación en de-
terminado espacio o familia política.
Con respecto al segundo punto, otra forma en la que ambos sistemas pro-
moverían la reducción de competidores es a través de la conformación de
alianzas partidarias,
23
a partir de la coordinación estratégica de los actores.
Para que haya disposición de los partidos para coaligarse, deben coexistir
varias organizaciones partidarias alineadas del mismo lado de un eje de-
marcatorio, con un espacio competitivo continuo (Shugart, 2007). En la Ar-
gentina, no obstante, el sistema de partidos es discontinuo, descentralizado
y fuertemente territorial (Calvo y Escolar, 2005; Caramani, 2004; Abal Me-
dina, 2004) y los partidos principales —al carecer de un perfil ideológico
homogéneo (Lodola y Seligson, 2013; Lodola, 2013)— suelen oscilar entre
espacios diferentes (Gallo, 2009).
22
En caso de que haya dos o más candidatos significativos cerca de empatar por el se-
gundo puesto.
23
Para ello, la legislación electoral promueve constitución de alianzas entre dos o más
fuerzas (Art. 6), de confederaciones partidistas, y también contempla la fusión entre par-
tidos (Art. 8).
41 otoño 2017
56
STUDIA POLITICÆ
A este contexto de por sí desfavorable, se agrega que según la ley argen-
tina, las alianzas formalizadas para competir en las PASO deben mante-
nerse sin modificaciones hasta el final del proceso eleccionario (Art. 6);
lo cual genera una lógica de suma cero que no permite aprovechar los in-
centivos que el sistema de la doble vuelta proporciona para la unificación
de agrupamientos entre la primera y la segunda elección (Reilly, 2000).
Así, la constitución de una alianza pluripartidista puede ser una opción de
última ratio para las fuerzas cuya propia supervivencia esté en peligro
(Gallo, 2010), o bien puede responder a la necesidad de coordinación
contra un postulante o partido caracterizado como “mal mayor” (Tullio,
2015), coaligándose en torno al principal desafiante (Linz y Valenzuela,
1994; Chasquetti, 1999), conformando un consenso negativo (Pachano,
2007). A su vez, como los acuerdos pluripartidistas se realizan en un mo-
mento en el que no se sabe cómo va a salir el candidato resistido ni en la
primera ni en la segunda fase (o sea, antes de las PASO), se torna incier-
ta la viabilidad y permanencia de los mismos de cara a las instancias sub-
siguientes.
En estas circunstancias se estimula el establecimiento de dos tipos de alian-
zas diferentes: explícitas (las recién mencionadas) e implícitas (las que se
acuerdan, informalmente, una vez que se conoce el nivel de apoyo conse-
guido por los protagonistas). Estos arreglos coyunturales y oportunistas
conllevan el riesgo de que los postulantes terminen negociando apoyos con
sus recientes antagonistas políticos, aún contra sus principios e ideología
(Márquez, 2001).
En consecuencia, este tipo de sistemas no promueven que el acuerdo elec-
toral que conduce a un candidato a la victoria se traduzca en una alianza
estratégica gubernamental (Chasquetti, 1999); situación per sé poco pro-
bable en un sistema presidencialista (Mainwaring y Shugart, 2002: 257). A
su vez, el nivel de solidez de las coaliciones impacta directamente sobre la
responsabilidad y rendición de cuentas del mandatario (Mainwaring y
Shugart, 2002; Chasquetti, 2001), otra de las ventajas agenciadas a ambos
mecanismos. Efectivamente, cuando las coaliciones son efímeras, se tien-
de a la personalización del poder y a la centralización en la figura presi-
dencial; a lo cual se suma que el balotaje promueve la construcción de
mayorías artificiales, que pueden inducir a los mandatarios a olvidar su
minoritaria situación de partida y a sobredimensionar su peso relativo (Va-
ladés y Serna, 2000: 240), creando una ilusión plebiscitaria (Crespo,
2008).
c) Mejoramiento partidario. Para sostener que cada una de estas herra-
mientas contribuye al cumplimiento de este objetivo, deberían establecerse
57
ADRIANA GALLO
coaliciones sólidas y homogéneas para competir
24
y éstas deberían salir
fortalecidas una vez concluido el proceso eleccionario trifásico. Para ello,
luego de las PASO, cada formación debería consagrar a un candidato que
fuera representativo de su posición política, al tiempo que ésta debería rete-
ner a los votantes de las listas derrotadas en esa primera instancia, sin que
se generaran defecciones ni fugas hacia los competidores externos, en la
elección general (Reynoso, 2015; Malamud, 2015); lo que denotaría el ni-
vel de solidez y consistencia de la agrupación (Tullio, 2015).
Empero, como vimos, con el nuevo marco regulatorio argentino se pro-
mueve la conformación de coaliciones poco consistentes, heterogéneas y,
por ende, poco disciplinadas; por eso, es factible que el nivel de retención
sea reducido y que se reconfigure el voto en las elecciones generales; con
lo cual las chances de lograr este objetivo son bajas. Sucede que cuando
la alianza interpartidaria no aglutina a sus miembros a partir de algún ele-
mento de afinidad política definido, los votos terminan no siendo mecáni-
camente endosables de una fase a la otra (Navia y Joignant, 2000); sino
que tiende a originarse una traslación de votos problemática (Martínez,
2006: 8).
En suma, cuantas más instancias para pronunciarse electoralmente existan,
mayor esfuerzo deben realizar las organizaciones partidarias para retener el
apoyo hasta el final del ciclo eleccionario. A su vez, el hecho de que los
partidos deban someterse al veredicto de la ciudadanía en dos o tres opor-
tunidades, promueve que desarrollen estrategias catch all y adopten un per-
fil programática e ideológicamente inconsistente (Gallo, 2010).
Con respecto al argumento de que las primarias abiertas democratizan a los
partidos, hay que decir que en coaliciones conformadas ad hoc, las PASO,
más que un mecanismo democrático de selección, constituyen un proceso
coalicional
25
(Zelaznik, 2014), destinado a establecer la correlación de
fuerzas intestinas al interior de una alianza que, a su vez, paradójicamente,
es tributaria a la instauración de la cláusula de las PASO. Cabe señalar
también que, según múltiples estudios, las primarias abiertas —no sólo que
no necesariamente son más democráticas que otros métodos electivos de
selección de candidatos (Muñoz, 2003; Gallo, 2011)— sino que además
24
Esto depende de su permanencia en el tiempo, la focalidad de la etiqueta, su presen-
cia territorial, la homogeneidad y cercanía ideológica de los componentes, etc. (C
OX,
1997; ABAL MEDINA, 2004).
25
Es decir, no amplían el selectorado de fuerzas presuntamente poco democráticas ya
existentes, sino que anexan diversos selectorados, que apoyarán a sus fuerzas de origen
(G
ALLO, 2015).
41 otoño 2017
58
STUDIA POLITICÆ
26
La entrada estratégica con este sistema trifásico, concluye el día de la inscripción de
listas para las PASO. Si bien la ley permite que un candidato consagrado en las PASO,
baje su candidatura, éste no puede presentarse por otra fuerza ni para otro cargo; lo cual
lo disuade de montar una campaña sin chances.
27
Esta cláusula, junto a aquella referida a las coaliciones (Art. 6) mencionada en el
apartado precedente, promueve una lógica de suma cero; lo cual también resta margen a
una política de alianzas (SERRAFERO, 1997).
28
Según la ley, la obligación de competir en las PASO rige aun cuando se presente una
sola lista (Art. 19).
acarrean consecuencias negativas, en la medida en que pueden originar en-
frentamientos fratricidas innecesarios y desgastantes al interior de las orga-
nizaciones partidarias (Boix, 1998; Colomer, 2001; Gallo, 2011). A su vez,
el sistema de tres fases prolonga y multiplica las instancias de conflicto y
conflagración; lo cual puede terminar exacerbando aún más la orientación
confrontacional de la política nacional (Pachano, 2007).
d) Proveer de legitimidad (popular y partidaria) al representante electo.
Se sostiene que luego de las primarias queda expuesto cuál candidato re-
presenta mejor a su partido de origen y recibe mayor apoyo ciudadano, po-
sicionándolo más favorablemente para la fase subsiguiente (Pierce, 1999).
Del sistema de DV se dice que provee de una “legitimidad a toda prueba”
al postulante electo (Sabsay, 1991), en tanto impone que éste obtenga, por
lo menos como segunda opción, un apoyo mayoritario, exigiendo altos ni-
veles de aceptación popular (Martínez, 1998).
Así, en un esquema de tres vueltas se van descartando sucesivamente a los
contendientes menos representativos, más débiles y/o más impopulares.
Teóricamente, el indefinido conjunto de competidores potenciales que
emerge en la antesala de la entrada en la contienda electoral (Cox, 1997),
se va reduciendo, a lo largo del proceso, a un conjunto definido de candi-
datos reales (Colomer, 2004: 96). Sin embargo, el sistema argentino actual
promueve un efecto disuasorio para la presentación de contendientes en la
fase inicial. Por un lado, los candidatos potenciales que resuelvan retirar
prudentemente su candidatura, por temor a ser víctimas de un abandono es-
tratégico (Cox, 1997: 49 y 195), deben hacerlo antes de la inscripción de
listas para las PASO.
26
Por otro lado, como la fórmula presidencial debe
mantenerse sin alteración ni cambios luego de las PASO (Art. 44 Cap.
VII), se dificulta la compensación para los perdedores (Zelaznik, 2014),
desincentivando la competencia interna en esta fase;
27
por eso, es bastante
plausible que algún partido o coalición termine presentándose en las prima-
rias con un solo postulante partidario
28
(Gallo, 2015). Si esto sucediera
con todas las fuerzas políticas (o al menos, con las principales) —como su-
59
ADRIANA GALLO
cedió en las PASO de 2011— no se lograrían las presuntas ventajas men-
cionadas inicialmente: por un lado, el votante ya no contaría con una doble
instancia para ejercer su soberanía política; y, por otro lado, las PASO ope-
rarían como una primera vuelta, sin un tope prefijado de candidatos —en la
que deberían quedar seleccionados tantos candidatos como partidos clasifi-
caran para las elecciones generales) (Cox, 1997)— perdiendo su razón de
ser originaria.
A su vez, las condiciones que cada candidato ungido en las PASO debe
cumplir para lograr esta doble legitimidad (ser representativo y competiti-
vo) no suelen ser compatibles entre sí: en primer lugar, éste debe, ostentar
una posición acorde con la de su partido de origen (Gimpel, Hoffman y
Kaufmann, 2000) y, al mismo tiempo, debe tener más chances de imponer-
se en las elecciones generales que sus competidores internos (Bromhead,
1970: 88). En ese sentido, paradójicamente, una preponderancia del voto
sincero en las primarias podría no derivar en la consagración de los candi-
datos más representativos de los partidos existentes (Key, 1964); a la vez,
un predominio del voto estratégico podría conllevar que el ganador Con-
dorcet
29
fuera eliminado sin poder siquiera competir en la elección general
(Ranney, 1998; Colomer, 2001; Navia y Rojas Morales, 2008).
No obstante, es posible argumentar que esta falencia propia de las prima-
rias opcionales puede compensarse con la existencia de un sistema en el
que se combinen de manera formal ambos mecanismos, ya que, por un
lado, la obligatoriedad del voto en las PASO evitaría la incidencia mayori-
taria del “público intenso” que predomina en las internas opcionales (Sar-
tori, 2003) y que suele conducir a la elección de candidatos extremistas
(Key, 1964). Por otro, la doble vuelta electoral impediría el triunfo del per-
dedor Condorcet (Colomer, 2004; Martínez, 2006: 18), favoreciendo la se-
lección de un candidato moderado, que —aun sin ser el predilecto de la
mayoría de los electores— se encontrara en alguna de las familias de prefe-
rencias predominantes (Martínez, 1998: 174), penalizando la ideologiza-
ción y los extremismos (Shugart, 2007).
Sin embargo, al respecto puede contraargumentarse que, en primer lugar,
ciertos elementos de la ley argentina actual atentarían contra el logro de ese
objetivo,
30
facilitando la postulación (y eventual triunfo) de personajes pe-
29
El ‘ganador Condorcet’ a aquel capaz de vencer en iguales enfrentamientos a los
restantes candidatos. El ‘perdedor Condorcet es aquel que es derrotado en toda elección
por pares frente a cualquiera de sus contendientes.
30
A saber: posibilita que en las PASO se presenten extrapartidarios (TULLIO, 2011);
otorga a todos los competidores espacios de publicidad gratuita en medios audiovisuales
41 otoño 2017
60
STUDIA POLITICÆ
(Art. 43, Ley 26.215); estipula que el ganador interno se consagra con la mera mayoría
simple dentro de su partido (ZELAZNIK, 2014).
31
Este escenario -menos frecuente que la doble primera vuelta (aquél en el que se im-
pone quien había sido más votado originariamente)- implica que el segundo en primera
rueda le termine ganando al primero (CREVARI, 2003).
riféricos y/o carentes de trayectoria partidaria (González, 2014: 12), pu-
diendo redundar en un vaciamiento programático e ideológico de las fuer-
zas políticas (Freidenberg y Sánchez López, 2002). En segundo lugar, res-
pecto de la ventaja atribuida a la DV recién mencionada, hay que decir que
con este sistema no siempre se evita que el triunfo de un perdedor Condor-
cet (Colomer, 2004; Shugart, 2007; Crespo, 2008), ya que existe el riesgo
de que se produzca una reversión del resultado inicial
31
(Pérez Liñán,
2002; Pachano, 2007). En un esquema de tres ruedas, en el que rige tam-
bién la instancia de las primarias, a ese efecto —que ya de por sí suele te-
ner efectos negativos sobre la gobernabilidad (Pérez Liñán, 2002; Pérez Li-
ñán, 2004)— se le añade la posibilidad de que se origine una doble
reversión. Es decir, puede resultar consagrado presidente un candidato que
no haya sido (a nivel individual) el más votado ni en las PASO ni en las
elecciones nacionales. Por todo esto, un sistema con PASO y DV con ma-
yoría rebajada como el argentino, recoge los aspectos negativos de ambos
instrumentos: mientras que el ganador Condorcet tiene considerables chan-
ces de ser derrotado en la interna de alguno de los partidos, el perdedor
Condorcet goza de ciertas probabilidades de imponerse en la primera ronda
y de ser electo presidente, sorteando la instancia del balotaje; lo cual, con-
trariamente al propósito trazado, produciría un impacto deslegitimante so-
bre el candidato finalmente electo.
En suma, tras el análisis exhaustivo de las cuatro presuntas ventajas de es-
tos dos sistemas y sus múltiples derivaciones, tanto particulares como oca-
sionadas por la conjunción de ambos, observamos que existen grandes li-
mitaciones para que efectivamente aquéllas puedan lograrse; con lo cual,
inferimos que no es fácil la consecución de los objetivos trazados con los
promotores de cada uno de ellos, particularmente en esquemas elecciona-
rios trifásicos como el vernáculo.
Hipótesis, variables y elementos de análisis
La pregunta de investigación queda planteada del siguiente modo: qué im-
pacto tiene la utilización conjunta de ambos procedimientos institucionales
61
ADRIANA GALLO
(primarias abiertas y doble vuelta electoral), con las peculiaridades que re-
viste el caso argentino (obligatoriedad de las primeras y mayoría especial
con umbral rebajado y distancia, del segundo), teniendo en cuenta los pre-
suntos beneficios comunes trazados teóricamente con cada uno de ellos.
Frente a ello, esbozamos la siguiente hipótesis: en un sistema eleccionario
trifásico —producto del establecimiento conjunto de primarias y DV— es
difícil que se logren los objetivos propuestos por los defensores de ambos
mecanismos, a saber: otorgarle al ciudadano un mayor protagonismo y
más oportunidades; racionalizar el sistema de partidos y ordenar la oferta
política; mejorar el funcionamiento partidario y proveer de legitimidad
(popular y partidaria) al representante electo.
En lo que sigue, se evaluará el grado de satisfacción obtenido respecto de
estos cuatro propósitos buscados con cada uno de estos sistemas (utilizados
como variables de análisis) y con la combinatoria de los mismos, en el caso
particular de las elecciones presidenciales argentinas de 2015.
Ahora veamos las variables, con sus indicadores y la expectativa teórica
que supondría la consecución de los objetivos esbozados con cada uno de
estos instrumentos:
a) Más oportunidades para la expresión de la voluntad política ciuda-
dana.
• Criterios/ ejes ordenadores de preferencias activados (partidario/iden-
titario; ideológico; gobierno-oposición; personalista, etc.) y elementos que
inciden en la decisión del voto ciudadano.
32
• Voto sincero y voto estratégico hacia los principales contendientes, en
cada fase. Las opciones son: “voto sincero” (puro o impuro), “voto semi-
sincero” y “voto estratégico”
33
(los nombres son arbitrarios, solo respon-
den a un esfuerzo taxonomizador propio).
Expectativa: que en las PASO prevalezca el criterio partidario (o, al menos,
que tenga una incidencia significativa); que no se manipule el voto de en-
32
Aquí no procuramos establecer qué factores estructurales y/o comportamentales pu-
dieron haber incidido en el voto ciudadano, sino meramente evaluar la influencia que
pudo haber tenido el criterio partidario.
33
Consideraremos como “voto sincero” al nivel de votos recibido por el candidato en
todas las instancias, desde las primarias en adelante (para que el voto sincero sea “puro”
tiene que haber habido competencia en la primaria); “voto semisincero”, al nivel de voto
recibido en la primera vuelta (que excede el agenciado en las PASO) y “voto estratégi-
co”, al nivel de voto recibido en la segunda vuelta (que supera lo acopiado en las dos
instancias previas).
41 otoño 2017
62
STUDIA POLITICÆ
trada; que el sufragio vaya de más sincero a más estratégico en un incres-
cendo entre las diversas fases; que el ganador final sea quien concite más
voto sincero (con lo cual tendrá más chances de ser respaldado por un con-
senso sólido).
b) Racionalización del sistema de partidos y ordenamiento de la oferta
política.
Tipo de coaliciones configuradas para competir (contemplando su ni-
vel de solidez, homogeneidad, consistencia ideológica, implantación terri-
torial, focalidad de la etiqueta, etc.).
• Cantidad de partidos resultantes: número de partidos habilitados para
competir en la elección general y número efectivo de partidos (NEP elec-
toral).
• Cantidad de candidatos totales (M) y de candidatos viables, en cada
fase.
Expectativa: que se haya reducido el número de partidos y candidatos (de-
jando en pie menos que cuando el sistema de primarias no existía); que se
hayan formado coaliciones estables, perdurables y consistentes (que tras-
ciendan la mera instancia electoral y se conviertan en alianzas de gobier-
no); que luego de las PASO emerjan tres (M+1) candidatos viables.
34
c) Mejoramiento partidario.
• Tipo de candidato seleccionado en las PASO: evaluar si éste es o no
es representativo de la orientación ideológica o cosmovisión unitaria del
partido.
• Nivel de retención de votos de las fuerzas partidarias: en la primera
vuelta (respecto de las PASO) y en el balotaje (respecto de la primera vuel-
ta). Aquí hay que diferenciar las primarias sin competencia —o sea, que
presenten un candidato único (que sólo tiene como cometido retener votos
propios)— de aquellas con competencia (y dentro de éstas, competitivas de
no competitivas).
• Posibles transferencias interfásicas de los votos de los agrupamientos
expelidos, determinando si esto se hace de una manera consistente (entre
partidos pertenecientes a la misma familia política o alineados en un mis-
mo eje) o de forma no consistente/ aleatoria.
34
Si bien un sistema de DV contempla que puedan emerger más de 3, como vimos; lo
cierto es que para que se logren otros de los objetivos, debería existir una coordinación
que no deje más de esa cifra de candidatos en pie.
63
• Comparación entre las PASO y otros mecanismos de selección de can-
didatos (en función de su nivel de democratización e inclusividad). Aquí
sólo se puede efectuar una comparación diacrónica (es decir, respecto de
los métodos usados previamente por los partidos), pero no sincrónica (ya
que, por ley, todos los partidos deben someterse a ellas
35
). Empero, en este
trabajo tampoco se podrá realizar la comparación diacrónica, dado que de
las agrupaciones que compitieron, sólo una se constituyó formalmente an-
tes de la aprobación de la ley.
Expectativa: que en cada agrupamiento resulte elegido un candidato repre-
sentativo ideológica y/o programáticamente de la fuerza política por la que
se postula (lo cual requiere que ésta tenga un perfil ideológico y programá-
tico mínimamente definido), que cada uno sea capaz de retener a los votan-
tes luego de las PASO (habiendo presentado más de un candidato competi-
tivo en ellas
36
) y que, en lo posible, en las instancias siguientes pueda
anexar los votos de las fuerzas afines que hayan quedado fuera de juego.
d) Legitimación (partidaria y popular) del representante electo.
Legitimación partidaria: se contemplará lo obtenido en el ítem anterior,
evaluando si hay afinidad entre triunfador final y la ideología o línea unita-
ria de la fuerza política de procedencia.
Legitimación popular: se considerará si el ganador ha recibido mayor
apoyo popular que sus congéneres. Para ello, se evaluará el margen de vic-
toria por el que se impone, el tipo de consenso configurado (por la positiva
o por la negativa) y el escenario de balotaje surgido (doble primera vuelta
o reversión del resultado inicial), en caso de que éste tuviera lugar.
Expectativa: que el ganador, por un lado, cumpla con lo exigido en el pun-
to anterior y, por otro, que se trate de un ganador Condorcet (o que, al me-
nos, no sea el perdedor Condorcet) y que se imponga por un margen de
victoria amplio, construyendo un consenso por la positiva y que si se so-
mete al balotaje, en lo posible se configure un escenario de doble primera
vuelta.
ADRIANA GALLO
35
Por ende, no se puede comparar la performance de los candidatos electos mediante
primarias vis a vis los que fueron consagrados por otros procedimientos. En esa compa-
ración se centran, precisamente las investigaciones que evalúan el impacto democratiza-
dor de las primarias abiertas (C
OLOMER, 2001; ALCÁNTARA SÁEZ, 2002; DE LUCA, JONES
y TULA, 2002; CAREY y POLGA-HECIMOVICH, 2006; NAVIA y ROJAS MORALES, 2008; GA-
LLO, 2011).
36
Desde ya que la expectativa teórica del buen funcionamiento de las PASO implica,
por principio, que en ellas exista competencia (y en lo posible también competitividad).
41 otoño 2017
64
STUDIA POLITICÆ
A continuación, buscaremos establecer si en esta elección presidencial sin
precedentes se ha logrado el cumplimiento de las expectativas previstas
con ambos mecanismos en estas cuatro áreas. Dadas las múltiples varia-
bles que intervienen en cada una de ellas, no centraremos el análisis en el
comportamiento electoral,
37
sino que procuraremos abordar este complejo
acontecimiento eleccionario desde sus diversas aristas. Aclaramos también
que aquí no tenemos la pretensión de utilizar los resultados obtenidos en
el estudio de un solo caso para elaborar conclusiones con un grado de ge-
neralización relevante; no obstante, consideramos que lo arrojado por el
análisis empírico puede contribuir a echar luz a la hipótesis planteada,
ilustrando el posible efecto de la combinación simultánea de estos dos
procedimientos institucionales.
El proceso eleccionario trifásico argentino de 2015
Como se mencionó, en Argentina, recién en la elección de 2015, las prima-
rias abiertas presidenciales presentaron competencia intrapartidaria,
38
al
tiempo que a más de 20 años de la reforma constitucional que incorporó la
figura del balotaje, la elección presidencial por primera vez se terminó de-
finiendo en una segunda vuelta. Por lo tanto, el interés en el análisis de este
peculiar comicio presidencial estriba en que en éste se produjo efectiva-
mente el debut del proceso eleccionario bajo un ciclo trifásico. Veámoslo,
en función de las claves planteadas precedentemente:
En los comicios estudiados, el eje gobierno-oposición (o continuidad-cam-
bio) habría sido el principal elemento organizador de las preferencias ciu-
dadanas (Fornoni, 2015; Ramírez, 2015). Al tratarse de una elección con
alternancia presidencial, este eje resultó ser más fluido que con el escenario
reeleccionista precedente;
39
estableciéndose en cambio un continuum
37
Aquí no se pretende testear la influencia de determinadas variables en la configura-
ción de preferencias ciudadanas y su decisión del voto (que implicaría el análisis de
múltiples variables operando simultáneamente, excediendo los objetivos aquí trazados).
Los índices estadísticos serán utilizados sólo de modo complementario, para evaluar la
incidencia del criterio partidario (que es el que teóricamente debería prevalecer en las
PASO).
38
Las PASO se habían estrenado en 2011. Como todos los partidos postularon a un
solo candidato en las ellas, esta fase operó como una suerte de primera ronda electoral
sin tope prefijado de candidatos (G
ALLO, 2015).
39
En 2011, Cristina Kirchner se presentaba a la reelección La reelección presidencial
es una situación más proclive al predominio de aquel eje y, a su vez, tiende a aumentar
65
ADRIANA GALLO
“Continuidad/ Continuidad con cambio/Cambio con continuidad/ Cam-
bio”
40
(Aragón y Asociados, 2015; Fornoni, 2015).
A la vez, en esta elección, desde su inicio, se desarrolló una competencia
de índole personalista. Desde el comienzo de la campaña emergió una dis-
puta muy pareja entre tres candidatos, provenientes de tres espacios políti-
cos diferentes, con una intersección de votantes muy grande entre ellos
41
(Isonomía Consultores, 2014). Estos eran: Daniel Scioli (Frente para la
Victoria), gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien no estaba cla-
ramente identificado con el kirchnerismo y tenía un pasado menemista;
42
Mauricio Macri (Cambiemos), jefe de gobierno porteño; y Sergio Massa
(UNA), quien había sido funcionario del gobierno kirchnerista hasta el año
2013. Entre estos tres candidatos no había grandes diferencias programáti-
cas: ninguno era un miembro orgánico partidario, tenían una ubicación
ideológica cercana (la centro-derecha), representaban intereses similares y
a nivel personal exhibían un estilo semejante, mostrándose partidarios del
diálogo y renuentes a la confrontación. De los tres, Scioli estaba más aso-
ciado con la idea de “continuidad con cambio”; Macri, más vinculado al
cambio” y Massa iba fluctuando entre los puntos intermedios de aquel
continuum (Germano, 2015; Riorda, 2015).
Dicho esto, ahora veamos qué unidades partidarias se presentaron para
competir en las PASO:
la propensión al voto económico, o sea, se potencia el elemento económico dentro de los
factores determinantes del sufragio (SERRAFERO, 1997: 257). En ellos, existe una función
mucho más clara de premios/castigos; por eso, la idea de apoyo-oposición al gobierno
suele estar asociada al apoyo o no a la gestión gubernamental en términos económicos
(K
EY, 1964; KRAMER, 1971); razón por la cual este eje es más rígido en escenarios de re-
elección que de alternancia.
40
Éste eje era variable. En marzo, el 70 % de los encuestados quería «cambio» y el
30 % «continuidad» (FORNONI, 2015). Desglosando esos porcentajes, el 51 % quería
«cambio»; el 19 % «más cambio que continuidad»; el 13 % «más continuidad que cam-
bio»; el 15 % «continuidad» (G
ERMANO, 2015). En julio, el 49 % quería «continuidad» y
el 48 % buscaba «cambio» (IBARÓMETRO, 2015; http://www.pagina12.com.ar/diario/el-
pais/1-277727-2015-07-23.html).
41
Al terminar el año 2014, se podía registrar un escenario de triple empate, en el que
una buena parte de la ciudadanía que podría votar por cualquiera de los tres candidatos
indistintamente (GERMANO, 2014).
42
Scioli entró en la política en 1997, luego de imponerse en las internas del PJ, simbo-
lizando al sector menemista (http://www.lanacion.com.ar/71069-con-scioli-menem-lo-
gro-quebrar-el-sistema-del-pj).
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66
STUDIA POLITICÆ
Coalición
Frente para la
Victoria (FPV)
Cambiemos
Una Nueva
Alternativa (UNA)
Progresistas
Frente de Izq. y
de los Trabajadores
(FIT)
Compromiso
Federal (CF)
Componentes
PJ, PpV, FG, PI, PF,
Kolina, M. Evita, NE, PH,
FHPS, FORJA, PPSP, P.
Sol y EDE
PRO, UCR, CC, Fe, PDP,
CP y Partido del Diálogo
FR, UPC, PNC-UNIR,
MID y UP
GEN, LdS, PS y PSA
PO, PTS e IS
Es Posible y MIJD
Conformación
Previa (2003)
Ad hoc (2015)
Ad hoc (2015)
Ad hoc (2015)
Previa (2011)
Previa (2011)
Presencia
territorial *
24 distritos
19 distritos
8 distritos
9 distritos
9 distritos
4 distritos
Composición
(coherencia nacional y subnacional)
Dispar y (levemente) heterogénea **
Dispar y heterogénea
Dispar y heterogénea
Dispar y heterogénea
Homogénea y relativamente pareja
Homogénea y relativamente pareja
Ubicación ideológica
Centroizquierda/
progresista
43
Centroderecha
Centroderecha
Centroizquierda
Izquierda
Centroderecha
Tabla 1. Coaliciones presentadas (PASO 2015). Composición, longevidad y consistencia:
* La cantidad de distritos en los que compitió bajo la etiqueta expuesta.
** Sus elementos centrales se mantuvieron, pero presentó diferentes componentes en las distintas provincias.
43
Aquí no se concibe al kirchnerismo como una fuerza de centroizquierda, superadora del neoliberalismo, sino que se lo ve como una prolongación del
PJ, con una orientación nacionalista burguesa, que dado el momento histórico en el que le tocó asumir, tomó medidas inscriptas en un ideario posneolibe-
ral (G
ALLO y BARTOLETTI, 2012). No obstante, a los fines de este trabajo, consideraremos el perfil ideológico que el gobierno pretendió darse. Y considera-
remos “progresistas” a aquéllos que simpatizaban con el FPV por adherir a sus banderas progresistas.
Fuente: elaboración propia sobre la base de http://www.andytow.com/blog/suscripcion-al-atlas-electoral/.
67
ADRIANA GALLO
44
La organización posee más de tres millones de miembros (FREIDENBERG y LEVITSKY,
2007) y cuenta también con una fornida red clientelar dependiente de los recursos del
Estado (L
EVITSKY, 2003).
45
Luego de un pedido público de la Presidenta (http://www.ambito.com/
noticia.asp?id=789691).
46
Casi todas las encuestas pronosticaban que obtendría la mitad del apoyo de Scioli
(Poliarquía, 2015). Incluso las que manejaba el oficialismo les daban resultados poco
favorables (Glanz, 2015).
47
Scioli era resistido entre los kirchneristas duros (http://elestadista.com.ar/?p=5358), al
no considerarlo representativo del ideario progresista, posneoliberal (Tiempo Argentino, 5/
1/2015). El exponente de Carta Abierta, Horacio González posteriormente manifestaría:
“Vamos a votar a Scioli desgarrados y con cara larga” (http://www.clarin.com/politica/).
48
Esa primaria hubiese podido fracturar a la coalición oficialista, en tanto a este tipo
de partido no se lo conduce desde la derrota (http://elestadista.com.ar/?p=5928).
“FPV” era la coalición oficialista, la más longeva y territorialmente im-
plantada de las que compitieron, cuyo partido mayoritario era el Partido
Justicialista (PJ), el cual le proveía de una estructura partidaria histórica,
disciplinada y con arraigo territorial
43
(Levitsky, 2003).
En este frente, para las PASO —luego del retiro prudente de tres potencia-
les precandidatos—
44
quedaron en pie Scioli y el Ministro Florencio Ran-
dazzo, quien se mostraba como la verdadera continuidad del modelo guber-
namental (Bosoer, 2015). La postulación cuasi testimonial de Randazzo
45
otorgaba a los kirchneristas progresistas la opción de emitir un voto since-
ro dentro de su partido de preferencia (FPV) en las PASO, pudiendo esgri-
mir que el inevitable voto a Scioli (considerado “mal menor”
46
) recién en
la elección general, implicaba el ejercicio de un voto estratégico —basado
en la lealtad y la disciplina— ante la derrota de su candidato predilecto en
la instancia previa.
De todos modos, presentar a un precandidato en la primaria sabiéndolo de-
rrotado, suponía un costo político muy elevado,
47
para un partido del sta-
tus quo, orientado a mantenerse en el poder, como el peronismo (Ramos Ji-
ménez, 2001). Por ello, el gobierno terminó apoyando al gobernador
bonaerense, pero designó a Carlos Zannini (hombre del riñón kirchnerista)
como su compañero de fórmula. Con esta medida se buscó suturar antes de
las PASO el hiato existente entre Scioli y los partidarios progresistas del
kirchnerismo,
48
alineando a este candidato con la idea de continuidad de-
purada; lo cual derivó en un inmediato retiro estratégico de Randazzo (en
la medida en que Scioli fue desplazado hacia el nicho que él ocupaba).
“Cambiemos” era un frente constituido ad hoc, encabezado por el PRO,
en el cual se anexaron la Coalición Cívica y la UCR, con el propósito ex-
plícito de respaldar la postulación de Macri (Ramírez, 2015), en tanto ex-
41 otoño 2017
68
STUDIA POLITICÆ
ponente más viable y competitivo de la oposición al kirchnerismo. A dife-
rencia del caso del PJ, que constituyó el pivote del FPV, aquí la histórica
UCR (ubicada espacialmente en el centro o centroizquierda
49
) terminó
brindando su estructura territorial para el sostenimiento de una coalición de
centroderecha (lo que también provocó múltiples resistencias internas
50
),
dentro de la cual quedó, como se verá, completamente relegada.
“UNA” se denominó al frente coyuntural liderado por Massa, quien,
después de una destacada performance en 2013, comenzó a sufrir un des-
moronamiento en la opinión pública.
51
En un momento intentó sin éxito
aliarse con el macrismo con el objeto de armar una gran alianza opositora,
pero finalmente acordó este frente con el peronista opositor José Manuel De
la Sota (con lo cual procuraba traccionar votos de origen peronista, que no
adherían al gobierno nacional). Factiblemente, el zigzagueo constante entre
continuidad y cambio le haya dificultado a este candidato garantizarse el
monopolio de un segmento específico de la opinión pública (Cox, 1997).
49
Los intelectuales K, sumamente reacios a la candidatura de Scioli en un comienzo, a
partir del nombramiento de Zannini, sostuvieron su apoyo absoluto a la misma (http://
www.ambito.com/).
50
Se lo ubicaba en 4.48 y 3.9 en una escala ideológica del 1 al 10 (PPAL, 1997/2006).
51
La UCR celebró una polémica Convención para decidir si apoyaba al PRO. Un gran
sector del partido cuestionó la decisión tomada (http://www.lanacion.com.ar/1775807-
la-convencion-de-la-ucr-clave-para-el-proceso-electoral).
Tabla 2. Resultados PASO (09/08/2015)
Nota: en negrita figuran los seis candidatos calificados para competir en las elecciones
generales. La mitad de las alianzas se formaron ese mismo año y la mayoría tenía una
baja implantación territorial.
Fuente: elaboración propia sobre la base de http://www.elecciones.gob.ar/.
Partido/ Coalición
FPV
Cambiemos
UNA
Progresistas
FIT
CF
Candidato
D. Scioli
M. Macri (PRO)
E. Sánz (UCR)
E. Carrió (CC)
S. Massa (FR)
J.De la Sota (UPC)
M. Stolbitzer
N. Del Caño (PTS)
J. Altamira (PO)
A. Rodríguez Saá
Votos
8.720.747
5.523.457
753.832
514.053
3.230.900
1.408.521
781.477
375.874
356.978
472.347
413.193
Porcentaje
100%
81,33%
11,10%
7,57%
69,64%
30,36%
100%
51,29%
48,71%
100%
100%
Porcentaje
38,67%
30,11%
20,57%
3,47%
3,25%
2,09%
1,83%
Otros que no superaron las PASO
(UP, MAS, MST, PP, MAV)
69
Recordemos que en las PASO, por la propia lógica de al ley, el criterio orde-
nador de preferencias debería ser el partidario/ identitario; es decir, los elec-
tores deberían votar por su partido (o frente) preferido, emitiendo un voto
sincero por su candidato preferido. Sin embargo, por un lado, como se expu-
so, en la Argentina de por sí, la cantidad de ciudadanos que se identifican
con los partidos existentes es inferior que la de votantes sin preferencias par-
tidarias;
52
al tiempo que en los últimos años se había acentuado el proceso
de despartidización del electorado, afectando particularmente al sector no
peronista del mismo (Torre, 2003). A la vez –y en estrecha relación con esto
último- como se observa en el cuadro, en esta elección, la competencia se
estableció principalmente entre tres coaliciones heterogéneas; de las cuales
dos además eran circunstanciales y estaban formadas por elementos prove-
nientes de distintas tradiciones políticas, partidarias e ideológicas;
53
y la
única agrupación cuya etiqueta estaba asociada fuertemente a un partido his-
tórico (FPV)
54
presentó a un postulante internamente resistido, quien no era
un insider partidario. A esto se suma que desde el comienzo de la campaña,
los medios de comunicación habían cifrado la elección en términos de una
contienda entre tres candidatos individuales.
55
Estos elementos plausible-
mente hayan dificultado que el criterio partidario prevaleciera como variable
usada por los ciudadanos para ordenar sus preferencias y decidir su voto.
En cuanto al número de competidores (totales y viables) establecidos tras
las PASO, en primer lugar, vemos que de las once fuerzas partidarias ini-
cialmente presentadas, sólo seis superaron el piso del 1,5 % (M = np >
1,5 % = 6) y quedaron habilitadas para competir en la elección nacional.
ADRIANA GALLO
52
Massa salió primero en la provincia de Buenos Aires, con 3.943.056 votos
(43,95 %) y obtuvo 16 curules (http://andytow.com/atlas/l). Posteriormente, comenzó a
caer en las encuestas; al tiempo que diputados, intendentes, asesores y dirigentes, deser-
taban a diario de su partido (http://www.infonews.com/nota/147141/).
53
Según el informe de Latinobarómetro de 2015, el 62,2 % de los argentinos no se
siente representado por ninguno de los partidos existentes (http://www.latinobarometro.
org/latOnline.jsp).
54
Incluso, algunos de los partidos miembros eran socios en un nivel y competían en
otra instancia (en Mendoza, Entre Ríos Salta y Jujuy, el PRO y el massismo formaron
parte de la misma coalición).
55
Hubo una correlación positiva entre el voto histórico peronista y el voto a Scioli en
las PASO (0,568); mientras que la correlación entre el voto histórico a la UCR y el pro-
nunciamiento por Cambiemos en las PASO es estadísticamente irrelevante (0,073). Cál-
culos propios, utilizando el coeficiente de Pearson, tomando las provincias argentinas
como unidades de análisis, sobre la base de http://andytow.com/atlas/totalpais. Esto per-
mitiría pensar que de los votantes de Scioli habría habido quienes utilizaron el criterio
partidario, es decir, que lo votaron por su pertenencia peronista.
41 otoño 2017
70
STUDIA POLITICÆ
56
De por sí los medios ponderan a los candidatos por sobre los partidos (PARAMIO,
1999; CHERESKY, 2006).
Vemos que en la elección de este año se presentó el número de candidatos
presidenciales más bajo desde la recuperación democrática hasta la actuali-
dad; lo cual, para ciertos analistas, constituía un indicador del logro del ob-
jetivo de achicar la oferta electoral (Pomares, 2015). Sin embargo, como
podemos observar, en estas PASO se postularon 15 precandidatos, la se-
gunda cifra de competidores más alta (no sólo de las tres últimas décadas,
sino desde la incorporación del sufragio universal masculino en 1916
56
);
lo cual impide concluir que haya habido, efectivamente, una reducción del
número de contendientes. A la vez, si bien el NEP bajó desde que se instau-
ró esta ley (aunque tampoco de un modo tan drástico), en esta última elec-
ción adoptó un valor similar al de los últimos comicios presidenciales pre-
vios a la aprobación de la enmienda; al tiempo que, si se considera también
el número de contendientes/ listas que entran en la compulsa, ha habido
una tendencia hacia la proliferación y no hacia la reducción de la cantidad
de competidores.
Por otro lado, como se dijo, en un sistema de DV lo esperable es que el nú-
mero de candidatos viables de cara a la elección general sea de tres. Empe-
* El número efectivo de partidos (NEP), según la fórmula de M. Laakso y R. Taagepera
(1979), pondera a los partidos según su tamaño relativo: N=1/»si², donde s i es la
proporción de votos (NEP electoral).
Nota: la línea punteada delimita los casos que se produjeron antes de la instauración de
la ley, de los que sucedieron con su aplicación. Entre paréntesis el número de
competidores (listas y precandidatos) en las PASO.
Fuente: elaboración propia sobre la base de http://www.andytow.com/blog/suscripcion-al-
atlas-electoral/.
Tabla 3. Elecciones presidenciales (1983-2015). NEP electoral * y nro. de candidatos
Año
1983
1989
1995
1999
2003
2007
2011
2015
NEP electoral
2,326
2,948
2,744
2,557
5,656
3,408
(3,646) 2,906
(4,671) 3,313
Candidatos presidenciales
12
10
14
10
18
14
(10) 7
(15) 6
71
ADRIANA GALLO
ro, en este caso, paradójicamente, la expectativa expresada por analistas,
consultores y especialistas era que, luego de las primarias, se produciría
una polarización entre los dos candidatos más votados (González, 2014;
Germano, 2015; Malamud, 2015). Sucede que, desde la incorporación de
la DV, todas las elecciones presidenciales se habían definido en la primera
ronda. Así, dado el patrón de dependencia existente, se concebía a la elec-
ción general como la instancia definitoria (es decir, con un M = 1); lo cual
implicaba un incumplimiento de las presuntas ventajas previstas con el sis-
tema de DV (ver pág. 7).
Efectivamente, tras las PASO hubo una tendencia hacia la concentración
binaria: un primer postulante (Scioli), con un porcentaje cercano al re-
querido para imponerse en primera vuelta (a 1,33 % del umbral) y un se-
gundo contendiente (Macri) a pocos puntos (8,57 %) de aquél. No obs-
tante, después de las PASO el postulante que salió tercero
(Massa) comenzó a crecer en la opinión pública;
57
a partir lo cual buscó
mostrarse como el ganador Condorcet; aludiendo a que, según las en-
cuestas, era el único candidato capaz de derrotar al FPV.
58
Así, este con-
tendiente actuaba como si se hubiera establecido un equilibrio duverge-
riano con M + 1 (tres) candidatos viables en un escenario de balotaje;
59
mientras que desde los otros dos espacios se apostaba por la polarización
en torno a dos candidaturas, cual si fuera un sistema de pluralidad simple
(M = 1).
En este contexto, cada uno de los tres candidatos principales convocó al
ejercicio de un voto útil en la elección general
60
(aunque de naturaleza di-
ferente):
57
Sólo en 2003 hubo 18 postulantes, considerando que se trató de la elección posterior
a1 2001, en una situación de excepcionalidad inusitada (cálculos propios, sobre la base
de http://andytow.com/atlas/totalpais/index.html).
58
Con las denuncias contra el candidato de Cambiemos, Fernando Niembro se produjo
una caída en las encuestas de Macri (Aresco, Haime, Rouvier) y una curva ascendente
para Massa (http://www.lapoliticaonline.com).
59
Según las encuestadoras Ipsos, PollData, González y Valladares y Raúl Aragón y
Asoc., M&F, en una eventual segunda vuelta entre Massa y Scioli, ganaría Massa, aca-
parando, además de sus votos, también los de Macri (F
ORNONI, 2015; http://
www.eltribuno.info).
60
El resultado de las PASO, podía leerse de dos maneras diferentes: si se tomara como
un esquema de dos vueltas (M=2), se habría producido un equilibrio duvergeriano (con
una razón de 0.157). Pero si se concibe que la primera vuelta es la instancia definitoria
(M = 1), el equilibrio obtenido sería no duvergeriano (con una razón de 0.683) (cálculos
propios, sobre valores de Tabla 2).
41 otoño 2017
72
STUDIA POLITICÆ
61
En contraste, los postulantes de la izquierda (Del Caño) y de la centroizquierda
(Stolbitzer) procuraron —como en las PASO— evitar el voto estratégico, convocando a
los ciudadanos a sufragar según sus preferencias sinceras.
62
Referentes académicos de la región respaldaron a Scioli y alertaron sobre el riesgo
del triunfo de la “derecha neoliberal” (http://www.pagina12.com.ar). Pese a que los mis-
mos kirchneristas habían considerado que la figura de Scioli no era representativa del re-
lato oficial, buscaron asociarlo con las conquistas sociales gubernamentales, estrategia
que, como veremos luego, se acentuaría en el balotaje (http://www.cronista.com/eleccio-
nes2015/).
63
Empero, a lo largo de los 12 años de gobierno fue quedando en evidencia la verda-
dera orientación ideológica del kirchnerismo (que se ilustra en medidas como el Proyec-
to X, las leyes antiterroristas, la represión a pueblos originarios y trabajadores, la desig-
nación de Milani como jefe del Ejército, la extranjerización de la economía, etc.), a
partir de lo cual se fue desacoplando el eje ideológico respecto del eje gobierno-oposi-
ción (G
ALLO, 2014).
64
Se inclinó hacia la idea de «cambio con continuidad», al habérsele informado que
casi el 40 % de los argentinos querían que el próximo gobierno «cambie unas pocas co-
sas y mantenga la mayoría» (A
RAGÓN Y ASOCIADOS, 2015).
Desde el oficialismo se apeló al voto estratégico contra la “derecha neo-
liberal’,
61
activando el eje ideológico (o, mejor dicho, revitalizando el par-
teaguas simbólico que le había permitido al kirchnerismo originariamente
aglutinar fuerzas en torno a un consenso posneoliberal
62
).
Macri, a su vez, buscó un voto útil opositor genérico, convocando a los
partidarios de la idea de cambio en abstracto, sin muchas especificidades ni
definiciones de contenido; pero evitó confrontar abiertamente con el go-
bierno nacional.
63
Por último, Massa solicitó un voto útil opositor “diferido”, que —como
se expuso— implicaba instar a los antikirchneristas a sufragar en la elec-
ción general de modo tal de generar el equilibrio de coordinación más opti-
mista para la siguiente instancia.
Esto último, no obstante, requería de ciudadanos con un nivel de sofistica-
ción política discordante con los cánones del país y con los escasos antece-
dentes en la utilización de estas reglas (Gallo, 2015). Por ello, lo esperable
era que los votantes instrumentales sufragaran por una de las dos opciones
más votadas en las PASO. En efecto, en todos los sondeos de opinión se
vislumbraba una disputa entablada entre Scioli y Macri en la elección ge-
neral. Para el final de la campaña, las encuestas ubicaban al primero muy
por encima del segundo, considerando como una opción plausible la defini-
ción en primera vuelta.
64
73
ADRIANA GALLO
65
Léase http://www.perfil.com/politica/Scioli-ganaria-en-primera-vuelta-vence-a-Ma-
cri-en-ballottage-pero-no-a-Massa-20151017-0163.html
66
El gobierno sostenía que el cambio propuesto por Macri significaba un retorno al
pasado neoliberal. El discurso de Scioli seguía esa línea, aunque procuraba desmarcarse
del gobierno kirchnerista, aspirando a captar a los que buscaban una continuidad con
cambio (nicho ocupado desde el inicio) (http://www.lapoliticaonline.com//).
67
Incluso, en la elección general, la correlación entre el voto histórico al PJ y el voto a
Scioli fue más robusto que en las PASO (0,627) (cálculos propios).
68
Además el PRO, en esa misma jornada conquistó la gobernación de la provincia de
Buenos Aires, un hecho histórico para una fuerza política no peronista.
Tabla 4. Resultados. Elección general (25/10/2015)
Nota: en negrita figuran los dos candidatos calificados para competir en la segunda
vuelta electoral.
Fuente: elaboración propia sobre la base de http://www.elecciones.gob.ar/
Candidato y coalición
D. Scioli (FPV)
M. Macri (Cambiemos)
S. Massa (UNA)
N. Del Caño (FIT)
M. Stolbitzer (Progresistas)
A. Rodríguez Saá (CF)
Votos
9.338.490
8.601.131
5.386.977
812.530
632.551
412.578
Porcentaje
37,08%
34,15%
21,39%
3,23%
2,51%
1,64%
En la primera vuelta, sorpresivamente, los dos primeros contendientes estu-
vieron mucho más cerca de lo augurado. En efecto, la discordancia entre
expectativas y resultados concretos produjo un golpe de efecto en el oficia-
lismo que, a partir de allí, desarrollaría una “campaña negativa”, fomentan-
do la polarización y la ideologización del eje cambio-continuidad.
65
No
obstante, este tipo de campaña refuerza el apoyo de los votantes más parti-
sanos e intensos
66
(Ansolabehere y Iyengar, 1995), pero, a la vez, tiende a
producir rechazo en los moderados e indefinidos (Navia y Rojas Morales,
2008); que son aquellos a quienes se debería seducir en la instancia del ba-
lotaje.
En cambio, el macrismo —beneficiado por un resultado electoral que supe-
raba las expectativas previas—
67
siguió con el mismo discurso anterior,
asegurando que con él se mantendrían las principales conquistas sociales
del kirchnerismo (Riorda, 2015), con lo cual buscaba garantizarse el apoyo
de quienes abogaban por un “cambio con continuidad”, intentando neutra-
lizar, a la vez, el impacto de la activación del eje ideológico por parte del
oficialismo.
68
41 otoño 2017
74
STUDIA POLITICÆ
Cabe mencionar que tanto Macri como Scioli eran vistos por una porción
de la población como un “mal mayor”
69
y, por consiguiente, cada uno de
ellos acaparaba un “consenso por la negativa”, construido por quienes,
ante todo, priorizaban su rechazo al contrincante y/o a lo que éste simboli-
zaba.
70
La incógnita de cara a la segunda vuelta era cómo se reacomoda-
rían los votantes de las fuerzas expelidas en la elección general: Macri ne-
cesitaba que se expandiera el “consenso antigubernamental”, lo cual
implicaba mantener activo el continuum que iba desde el cambio a la con-
tinuidad, procurando la prevalencia de los puntos cercanos al primer térmi-
no. Scioli, por su lado, necesitaba que se impusiera el “consenso antineoli-
beral”; lo cual requería una ponderación del eje ideológico y una
superposición entre esta línea demarcatoria y el eje gobierno-oposición.
Aquí vemos que se produjo una doble reversión del resultado y que no se
superó la paradoja de Condorcet, ya que de todos los candidatos postulados
inicialmente, el ganador final del balotaje (Macri) había salido segundo
tanto en las PASO como en la primera vuelta.
71
69
Según varias encuestas, más del 70 % de los argentinos consideraba que el Estado
debía tener un papel muy importante en la economía (http://www.lapoliticaonline.com/
nota/90991/; http://www.pagina12.com.ar/diario).
70
Ambos se encontraban entre los tres políticos con peor imagen en el país (http://
www.clasepolitica.com.ar/wp-content/uploads/2015/09/Encuesta-imagen-Massa-
MAcri.png; http://www.perfil.com/politica/).
71
La principal razón que se aducía en contra de Scioli era su pertenencia al oficialis-
mo, que era desaprobado por un importante sector del electorado (http://
www.libreexpresion.net/).
Tabla 5. Resultados. Balotaje (22/11/2015)
Fuente: elaboración propia sobre la base de http://www.elecciones.gob.ar/.
Candidato y coalición
D. Scioli (FPV)
M. Macri (Cambiemos)
Votos
12.317.330
12.997.937
Porcentaje
48,66%
51,34%
Veamos ahora qué porcentaje de sufragios retuvo cada una de las coalicio-
nes en cada fase:
75
El nivel de retención de sufragios de las tres coaliciones más votadas fue
muy alto. Sin embargo, esto no atribuible a su grado de solidez o consisten-
cia interna: en el FPV se debe a la ausencia de competencia y en Cambie-
mos y UNA, a la falta de competitividad. En estos dos últimos agrupamien-
tos, la asimetría en el peso de las fuerzas asociadas y la escasa gravitación
electoral de las listas derrotadas —que habían buscado asociarse con el
mero objeto de promover a un candidato individual que se daba como ga-
nador por anticipado—
72
explicaría la ausencia de fugas de apoyos entre
las fases. A su vez, en las dos fuerzas menos votadas, aun no habiendo pre-
sentado competencia interna, curiosamente, hubo una considerable reconfi-
guración del sufragio en la elección general; lo cual permitiría pensar que
ADRIANA GALLO
72
Desagregando los resultados en unidades geográficas inferiores, en las PASO, la
precandidatura de Macri había salido primera en un solo distrito (CABA), segunda en
18, y tercera en 5. Y la agrupación Cambiemos, en su conjunto, solamente había obteni-
do el primer lugar en dos distritos (CABA y Mendoza). En la elección general, esta fuer-
za política con la candidatura unitaria de Macri, salió primera tan sólo en cinco distritos
y en el balotaje triunfó en nueve (resultando derrotada en 15 provincias) (ver tablas
anexo).
Tabla 6. Nivel de retención de votos de las tres coaliciones principales:
Nota: Si bien estos resultados son producto de una inferencia ecológica, a ellos se arribó
habiendo establecido las diferencias electorales a nivel de de departamentos (cálculos
propios).
Fuente: elaboración propia sobre la base de http://www.lanacion.com.ar/1839396-
elecciones-2015-resultados-en-vivo-por-provincia-municipio-y-comuna; http://www.la
nacion.com.ar/1846694-elecciones-2015-mapa-de-resultados-del-ballottage-por-
provincia-municipio-y-comuna
Coalición y candidato
FPV (D. Scioli)
Cambiemos (M. Macri)
UNA (S. Massa)
FIT (N. Del Caño)
Progresistas (M. Stolbitzer)
CF (A. R. Saá)
Primera vuelta
(respecto de lo
obtenido por la
coalición en las
PASO)
99,08%
99,75%
93,51%
96,35%
79,59%
86,45%
Competencia y
competitividad
Ninguna
Competencia, sin
competitividad
Competencia, sin
competitividad
Ambas
Ninguna
Ninguna
Balotaje
(respecto de lo
obtenido en la
primera vuelta)
99,68%
100%
-
-
-
-
41 otoño 2017
76
STUDIA POLITICÆ
Observamos que sólo una porción minoritaria de todos los electores habili-
tados —tan sólo el 17 %, como máximo—
73
habría concebido al actual
Presidente como su candidato predilecto inicial. Por su parte, Scioli habría
acaparado una mayor porción de voto sincero, aunque impuro; efectuado,
éstas habrían sido víctimas del abandono estratégico, en pos de alguno de
los postulantes con más chances (quienes, por lo tanto, habrían recibido en
la primera vuelta, votos de aquéllos que no los consideraban su opción fa-
vorita de entre todos los postulados en esa instancia).
Veamos el posible voto sincero y estratégico hacia los candidatos en cada
fase, sobre el porcentaje de votos recibido por ellos sobre el total de los
electores habilitados:
* Aquí “voto sincero” implica el pronunciamiento por la opción predilecta dentro de las
que competían. La pureza de este voto se relaciona con la cantidad de opciones que
cada fuerza presentó originariamente.
** En el caso de Scioli, este porcentaje excluye a quienes lo votaron en la primaria pero
no así en las elecciones subsiguientes (situación que no se produjo con los otros
candidatos).
Nota: en la primera columna figuran los porcentajes de votantes que habrían sufragado
por cada uno de los contendientes en todas las instancias en las que se presentaron,
desde las primarias en adelante; en la segunda, los que lo eligieron en la primera vuelta
sin haberlo votado en las PASO y en la tercera, aquellos que lo votaron en la segunda
vuelta sin haberlo señalado antes. Si bien estos resultados son producto de una
inferencia ecológica, a ellos se arribó habiendo establecido las diferencias electorales a
nivel de de departamentos (cálculos propios).
Fuente: elaboración propia sobre la base de http://www.lanacion.com.ar/1847691-mapa-
interactivo-para-repasar-los-resultados-de-las-paso-y-de-la-primera-vuelta; http://www.la
nacion.com.ar/1839396-elecciones-2015-resultados-en-vivo-por-provincia-municipio-y-
comuna; http://www.lanacion.com.ar/1846694-elecciones-2015-mapa-de-resultados-del-
ballottage-por-provincia-municipio-y-comuna
Tabla 7. Distribución de apoyos y preferencias hacia los tres candidatos principales
Candidato Voto sincero * Voto semisincero Voto estratégico Total
D. Scioli 26,95 % ** 2,17 % 8,92 % 38,04 %
M. Macri 17,22 % (puro) 9,6 % 13,42 % 40,24 %
S. Massa 10,08 % (puro) 6,72 % - -
73
No obstante, en el caso de UNA, en la provincia de Córdoba, Massa retuvo menos
del 60 % de los votos obtenidos por la coalición en las PASO (cálculos propios) (ver ta-
bla anexo).
77
ADRIANA GALLO
factiblemente, por miembros de un núcleo duro inelástico peronista/kirch-
nerista.
74
Es decir, en la medida en que todos los que votaron al FPV en
las PASO, eligieron a Scioli, no podemos diferenciar entre quienes lo vie-
ron como su opción predilecta originaria y quienes lo concibieron de este
modo luego de la deserción de los otros contendientes internos. Paralela-
mente, el voto sincero al candidato del FPV resultó insuficiente para com-
pensar el escaso nivel de voto estratégico recibido en la instancia final.
Como advertía Richard Rose (1983), la doble vuelta tiende a castigar a los
partidos que, como el FPV/PJ, tienen muchos adeptos, pero más enemigos
que seguidores (algo esperable en una fuerza política que llevaba el des-
gaste de 12 años en el poder). Ese resultado, a su vez, denota un fracaso de
la estrategia oficialista en la etapa final (consistente en activar el eje ideoló-
gico para polarizar la elección y en mostrar a Scioli como representante de
un programa antineoliberal
75
). En contraste, la estrategia macrista sí habría
sido fructífera: se habría conseguido que las transferencias interfásicas se
produjeran en función del eje activado originariamente (gobierno-oposi-
ción o continuidad-cambio) y que Macri concentrara el voto útil antiguber-
namental,
76
revirtiendo en el balotaje los resultados previos. En ese senti-
do, Macri resultó un mejor exponente de un consenso opositor vago que
Scioli de un polo oficialista intenso e ideologizado.
De todos modos, este difuso y heterogéneo consenso congregado por el
candidato triunfador ha constituido una base endeble para la construcción
de poder gubernamental. En efecto, el armado de Cambiemos, como coali-
ción, carece de la densidad y estructura política nacional para dar garantía
de gobernabilidad, y en la medida en que ni la UCR ni la CC han tenido
cargos en el gabinete nacional, la alianza electoral que condujo a Macri a
la presidencia, no ha devenido alianza gubernamental. Esto se vincula con
otro de los subproductos no deseados del sistema de DV, antes mencionado
—la ausencia de huestes legislativas sólidas— que ha tenido lugar en esta
74
Ya que esto supondría que no hubiera habido manipulación hacia este candidato en
la instancia inicial. Cuando en realidad, muchos antikirchneristas duros, lo habrían ele-
gido desde el comienzo, para fortalecerlo (G
ALLO, 2015).
75
Aquí se simplifica esta categoría identitaria (que ameritaría establecer matices entre
peronistas tradicionales, kirchneristas progresistas, etc.), ya que a los fines de este traba-
jo, lo que interesa resaltar es que el voto partidario habría sido efectuado mayoritaria-
mente por el sector que se pronunció por Scioli.
76
Muchos de los electores que priorizaban el eje ideológico habrían votado en blanco
en el balotaje. De hecho, el llamamiento de los partidos de izquierda al voto en blanco
apuntaba a romper con esa falsa dicotomía (http://www.po.org.ar/prensaObrera/digital-
2015-11-02/politicas/declaracion-del-partido-obrero-ante-el-balotaje).
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STUDIA POLITICÆ
ocasión. Curiosamente, esto último le sirvió de pretexto a Macri para vali-
dar una de las primeras acciones de su gestión, de claro corte decisionista,
que fue no convocar a sesiones legislativas extraordinarias en el Congreso
Nacional. Todo esto se condice con los riesgos anteriormente apuntados
que supone combinar fragilidad coalicional con un apoyo electoral artifi-
cialmente construido.
Conclusiones
Aquí hemos indagado acerca de la utilización de dos sistemas: el mecanis-
mo de doble vuelta electoral o balotaje, y el método de las primarias abier-
tas simultáneas y obligatorias; los cuales originariamente habían surgido de
una agenda de reformas común, que se expandió a escala continental en las
décadas pasadas, buscando adaptar las instituciones democráticas formales
a los cambios acontecidos en la representación política.
En nuestro país, el primero de estos sistemas fue incorporado con la refor-
ma constitucional de 1994, en pleno período neoliberal y el segundo fue
instaurado con la reforma electoral de 2009, bajo un gobierno autodenomi-
nado posneoliberal. La aplicación combinada de ambos fue efectivizada re-
cién en 2015, derivando en la instauración de un proceso electoral trise-
cuencial.
Aquí, primero, pasamos revista por los argumentos teóricos que suelen uti-
lizarse para justificar la aplicación de cada uno de estos mecanismos, orga-
nizándolos en función de cuatro ejes que consideramos relevantes, en tanto
que cruzaban a uno y a otro. A partir de allí, buscamos establecer las limi-
taciones propias de cada uno de ellos y aquellas derivadas de su aplicación
concurrente. Luego, analizamos en detalle la elección argentina de 2015; a
partir de lo cual, pudimos observar que en esta ocasión no se lograron los
objetivos comunes esbozados respecto de cada uno de estos instrumentos.
Veámoslo en detalle:
a) Más oportunidades para la expresión de la voluntad política ciudadana.
Aquí vimos que para que se lograra el efecto deseado, en las PASO, los
ciudadanos deberían emitir un voto sincero utilizando el criterio partidario,
posponiendo el señalamiento de las opciones más viables. Sin embargo, en
la elección estudiada, se habría impuesto, desde el comienzo, el eje gobier-
no-oposición (bajo la forma de un laxo continuum entre continuidad y cam-
bio) y la variable personalista. A la vez, los ciudadanos, como regla gene-
ral, no habrían optado por emitir un voto sincero primigenio, un voto
semi-sincero posterior y un voto estratégico ulterior, sino que habrían su-
79
fragado de manera semejante en las instancias del proceso eleccionario;
pronunciándose estratégicamente por alguno de los candidatos con más
chances.
A raíz de la experiencia analizada no es posible inferir que la multiplica-
ción de eventos electorales intermedios que deriva de la utilización conjun-
ta de ambos sistemas, tienda a ampliar las opciones y oportunidades ciuda-
danas; sino que más bien hemos podido observar una tendencia a
incentivar comportamientos oportunistas e insinceros desde la instancia ini-
cial, contribuyendo a que los ciudadanos se vuelvan crecientemente más
estratégicos y especuladores.
b) Racionalizar el sistema de partidos y ordenar la oferta política. Obser-
vamos que en el caso analizado, no se propició el establecimiento de una
matriz partidaria ordenada y representativa, con pocas (pero fuertes) agru-
paciones. En cuanto a la posibilidad de reducir el número de partidos por
fusión o agrupamiento, vimos que las alianzas forjadas para competir en las
elecciones de 2015 no fueron producto de una asociación entre fuerzas per-
tenecientes a la misma familia de partidos (con la excepción del FIT, con-
formada cuatro años antes), sino que su unión provino de criterios ad hoc
ligados a la coyuntura. Efectivamente, dos de las tres coaliciones mejor po-
sicionadas (Cambiemos y UNA) eran alianzas electorales efímeras, cir-
cunstanciales, sin programas claros, que habían sido establecidas en el mo-
mento mismo de la inscripción de candidaturas. En efecto, el frente
triunfador Cambiemos ha sido una alianza explícita electoral, que no cuajó
en una coalición gubernamental.
En relación a la reducción cuantitativa de las fuerzas que competían, vimos
que en la elección general de 2015 se presentó el número más bajo de can-
didatos presidenciales (6) desde la vuelta a la democracia hasta la fecha,
pero también el segundo número más elevado (15), si consideramos a los
precandidatos de las primarias (lo cual también produce confusión en el
elector, opacando la oferta política presentada). Así, por lo visto en este
caso, entendemos que los costos de introducir una instancia electoral fil-
trante en la que se presenten múltiples precandidaturas internas
77
no ame-
ritan el presunto beneficio, en términos de reducción del número de parti-
dos, de obtener resultados marginalmente superiores a los precedentes.
A su vez, como se expuso, después de las PASO, el voto ciudadano se con-
centró en torno a dos candidatos viables, desaprovechando las ventajas que
ADRIANA GALLO
77
Un tercio de quienes lo votaron en la segunda vuelta, no lo habían votado antes (cálcu-
los propios).
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supondría contar con tres oportunidades para expresar las preferencias po-
líticas.
c) Mejoramiento partidario. En cuanto al objetivo de mejorar el rol del
partido, a partir de la consagración de candidatos representativos de su
ideología y programa, vimos que esto se torna difícil de lograr en coalicio-
nes endebles, carentes de una orientación ideológica clara y de una cosmo-
visión unitaria. Inclusive, en este caso la coalición oficialista, la más esta-
ble y duradera de las tres principales, presentó a un candidato al que no
consideraba como ideológicamente afín (y que, de hecho, tenía un perfil si-
milar y compartía el mismo nicho ideológico que sus principales contrin-
cantes externos). Por otro lado, si bien los principales frentes partidarios
han tenido un muy alto nivel de retención de votos, esto no fue producto
del desarrollo de vínculos de lealtad ni de la construcción de puntos de
consenso por la positiva entre los miembros consocios; sino que se debió a
la falta de competencia (en el caso de la coalición oficialista) y de competi-
tividad (en el de los dos frentes opositores principales). En efecto, como se
expuso, sin competencia ni competitividad en la primaria, el nivel de reten-
ción deja de ser un indicador válido para medir la fortaleza de la coalición
interpartidaria.
En relación al punto relativo a la democratización interna partidaria (que,
por las razones expuestas, no pudimos evaluar), hay que decir que el meca-
nismo de primarias abiertas fue instaurado por el kirchnerismo con el pre-
texto de democratizar y abrir los partidos a nivel interno (Abal Medina,
2009; Tullio, 2011). Sin embargo, paradójicamente, el FPV (el único frente
del cual se podría haber efectuado una evaluación diacrónica, ya que había
participado de elecciones antes de la sanción de la ley) presentó una candi-
datura presidencial única tanto en 2011 (la de la mandataria incumbente),
como en 2015, en la cual terminó prevaleciendo la digitación verticalista
por parte de la presidenta.
d) Proveer de legitimidad (popular y partidaria) al representante electo.
En la elección analizada, el candidato que finalmente resultó consagrado
Presidente, Mauricio Macri no obtuvo una legitimación de un tipo ni del
otro. Respecto de la partidaria, esto se debió a las características de su
agrupamiento, antes descriptas. En efecto, este caso ilustra que con el siste-
ma actual, lejos de propiciarse una legitimación partidaria, se relega el rol
del partido como estructura de selección; es decir, se promueve que los
candidatos decidan competir en las PASO en función de su posicionamien-
to global en la opinión pública y que posteriormente resuelvan por medio
de qué vehículo partidista hacerlo (permitiendo incluso crearlo en el mo-
mento mismo de la competencia). Y esto se conecta con la ausencia de le-
81
gitimación popular: en este caso vimos que, desde el inicio del proceso
electoral, Macri se presentó como el candidato opositor más competitivo,
logrando que se configurara en torno a su figura un tipo de consenso por la
negativa. Vimos también que, leyendo las elecciones en términos indivi-
duales, el líder de Cambiemos salió segundo en las dos primeras fases y le-
yéndolas en términos agregados, esa fuerza política no fue la más votada
en ninguna de ellas. A su vez, el presidente actual se impuso en el balotaje
por un margen de victoria estrecho (2,68 %), en el cual surgió un escenario
de reversión del resultado inicial (que, combinado con los guarismos post
PASO, derivó en un esquema de doble reversión); no habiéndose superado
tampoco la paradoja de Condorcet.
En suma, a partir del análisis aquí desarrollado, hemos concluido que en la
primera experiencia de una elección presidencial pautada a través de tres
ruedas eliminatorias, tras la aplicación concurrente del sistema de PASO y
el de DV en la Argentina, no se cumplieron las expectativas teóricas (que
ya habíamos advertido, eran difíciles de obtener, dadas las contradicciones
que planteaba la combinatoria de ambos sistemas), en ninguno de los cua-
tro planos desarrollados. En decir, en esta ocasión no se obtuvo un mayor
protagonismo ciudadano; ni se logró conformar una oferta de partidos más
organizada y representativa, compuesto por fuerzas políticas sólidas, disci-
plinadas e internamente democráticas ni se consiguió que el representante
electo obtuviera una mayor legitimación (ni partidaria ni popular). De to-
dos modos, del análisis de este único caso no es posible extraer ningún tipo
de generalización concluyente aún, pero sí permite abrir el camino para
continuar con la misma línea de investigación. En efecto, dada la novedad
en la implementación conjunta de ambos mecanismos y de los escasos an-
tecedentes directamente comparables en el continente, queda abierto un
enorme campo de exploración que irá siendo abordado en investigaciones
futuras.
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41 otoño 2017
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Fecha de recepción: 26/04/2016
Fecha de aceptación: 14/12/2016
ADRIANA GALLO