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BENJAMÍN GARCÍA HOLGADO
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Perón justifica mediante diferentes argumentos la conveniencia de la eliminación de
feriados religiosos, de la equiparación legal de los derechos de hijos naturales y legíti-
mos y del divorcio (P
ERÓN, 1958, p. 64, 1973, pp. 52-53; LUCA DE TENA, CALVO y PEI-
CHOVICH, 1976, p. 177). Tomando como excusas estas leyes, Perón sostiene que “mu-
chos sacerdotes se lanzaron a una abierta campaña opositora, pero no era ésta la
verdadera causa, sino el pretexto. A los curas, ¿qué carajo les importaba eso? Lo hacían
por política. Porque estaban metidos en política y trabajaban políticamente contra mí”
(L
UCA DE TENA, CALVO y PEICHOVICH 1976, p. 177).
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La misma se reproduce en su totalidad en MARSAL (1955, p. 82-84).
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Sobre este punto consultar MAKIN (1984, p. 166), los panfletos compilados en LA-
FIANDRA (1955) y las memorias de FLORES (1956).
1987: 91-101; Bianchi, 2001: 298-299). También se eliminó la asimetría
de derechos entre los hijos legítimos y aquellos nacidos por fuera del ma-
trimonio. Respecto de las purgas administrativas, numerosos laicos católi-
cos debieron renunciar a sus cargos, tanto a nivel nacional como provin-
cial. Por último, el 30 de diciembre se legalizó la prostitución
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(Lubertino Beltrán, 1987: 106; Bianchi, 2001: 299).
A comienzos de diciembre, la Iglesia buscaba evitar una mayor confron-
tación y, para ello, debía “inmovilizar cualquier reacción de los laicos”
(Caimari, 2010: 253). En consecuencia, emitió un comunicado el 2 de di-
ciembre firmado por el cardenal Copello donde se les prohibía participar
de cualquier acto público de carácter religioso que no fuera autorizado
por la Iglesia (de Hoyos, 1970: 170-176). Si bien el objetivo era prevenir
manifestaciones de católicos que se opusieran al Gobierno para evitar que
se profundizara aún más el conflicto, muchos reaccionaron frente a la ac-
ción de Copello (de Hoyos, 1970: 171). Un grupo de laicos, autodenomi-
nados “católicos argentinos”, distribuyeron como panfleto una “carta
abierta” a Copello. Allí cuestionaban su “silenciosa” y “prudente” reac-
ción al comportamiento del Gobierno y sus reuniones secretas con Perón
y Borlenghi.
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Advertían que la “tiranía anticristiana” no sería derrotada
con “cabildeos a espaldas de sus hermanos en el episcopado”, y que fren-
te a los “planes divisionistas del Gobierno” solamente una “postura varo-
nil, sólida, unánime” de todos los católicos podría frenar el ataque. Esta
posición de un grupo de laicos frente a la Iglesia también puede observar-
se a comienzos de enero de 1955, en un panfleto donde les reclamaban a
los sacerdotes que no fuesen “cobardes” frente al Gobierno: “Si un cléri-
go o religioso tiene miedo, ¿qué valor puede pedírsele a un laico que tie-
ne mujer, hijos, empleo?” (Lafiandra, 1955: 44-47).
En este contexto, el surgimiento de la “campaña de panfletos” tuvo un
impacto en las preferencias de los militares,
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aumentando las “inquietu-