
87
que los clivajes políticos y teóricos parecen uniformarse, sino que también
las propuestas políticas electorales se inscriben en un campo cuya nota sa-
liente es la indistinción.
3
Este sentimiento de impotencia reduce el pensa-
miento crítico a la denuncia y la acción política radical a la reacción episó-
dica y dispersa. Así, la tradición libertaria de izquierda parece encontrarse
atrapada en el dilema de una crítica impotente o una protesta fragmentada;
ambas igualmente ineficaces.
Actualmente, el neoliberalismo se erige como el verdugo de las tradiciones
políticas acuñadas en la Ilustración, a las que acusa de promover una visión
monista de la sociedad centrada en la primacía de lo “común”, lo “colecti-
vo”, lo “general”, lo “universal”, concepción que según von Hayek (1976)
es la raíz de los totalitarismos pasados y siempre potenciales de derecha e
izquierda. La crítica de este autor apuntaba enfáticamente al racionalismo
constructivista y su idea de sociedad —“la sociedad no existe”—,
4
a favor
de las bondades de un orden espontáneo en el que prima lo individual, lo
múltiple, lo diverso.
Pero desde aquella plataforma crítica que encarnó su formulación inicial, el
neoliberalismo se ha ido desplegando hacia un nuevo repertorio de concep-
tos y formas de percepción con relación al mercado, al Estado, a la propie-
dad de uno mismo y de nuestro cuerpo, de los cuerpos otros, de las relacio-
nes sociales, de maneras de vivir y producir, de nuevas formas de
subjetividad (Ciuffolini, 2015). En un primer sentido, la crítica neoliberal
del constructivismo resulta paradójica porque su propia imposición se ex-
tiende más allá de la múltiple diversidad de los individuos y se construye
socialmente como una pretensión monopólica. Una unanimidad artificial y
deliberada se descubre en su propia eficacia como idea hegemónica. Y la
múltiple diversidad de lo espontáneo se encuentra en lo que le resiste.
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
3
Al respecto, señala BADIOU (2016) que “hoy, el ejercicio de las políticas es el ejercicio
de muy pequeñas diferencias dentro del mismo camino global”. Por su parte, DE LAGAS-
NERIE (2015: 13) expresa: “en la totalidad de los sectores del campo intelectual circulan,
en efecto, análisis que pueden superponerse unos a otros, y que movilizan las mismas
percepciones, las mismas grillas de lectura ... que en lugar de desencadenar una multipli-
cidad de interpretaciones contradictorias, genera sentimientos análogos”.
4
Desde un razonamiento y propósito político diferente, el pensamiento posfundacio-
nal abona una tesis semejante. Si por posfundacionalismo entendemos, siguiendo a
MARCHART (2009: 14-15), “una constante interrogación por las figuras metafísicas
fundamentales, tales como la de totalidad, universalidad, esencia y fundamento... que
no implica la ausencia total de todos los fundamentos, pero sí a suponer la imposibili-
dad de un fundamento último... lo cual implica la creciente conciencia de la contin-
gencia y de lo político como momento de un fundar parcial y en definitiva siempre fa-
llido”.