85
1
Especial agradecimiento a PASTOR MONTOYA por las críticas y comentarios que ayuda-
ron a resolver imprecisiones y perspectivas, a FIDEL AZARIAN por su valiosa colabora-
ción en la corrección y edición de este artículo y a todos los miembros del Equipo de In-
vestigación “El Llano en llamas” por las provechosas discusiones y conversaciones
sobre la problemática.
*
Docente e Investigadora (UCC y UNC). Directora del Colectivo de Investigación “El
llano en llamas”.
La dinámica del neoliberalismo y
sus desplazamientos.
Para una crítica inmanente en
orden a su superación
1
María Alejandra Ciuffolini
*
Resumen
La racionalidad neoliberal ha redefinido de manera integral la reproduc-
ción de las relaciones de poder: se implantó un nuevo lenguaje de razón
que organiza nuestras percepciones y acciones y define los problemas y
las estrategias de solución. La racionalidad neoliberal adopta en cada es-
pacio modulaciones particulares: se articula, se desplaza, se superpone
con formas de racionalidad precedentes o aún vigentes con las que dis-
puta y/o entra en conflicto. El ejercicio que proponemos es interpretar la
experiencia histórica marcada por el neoliberalismo a partir de un punto
de referencia concreto, un conjunto de investigaciones empíricas que
permiten reflexionar sobre los desplazamientos operados: el desplaza-
miento de una racionalidad dirigida a la inclusión a una racionalidad
guiada por la competencia, el paso de un paradigma de poder regulador a
un paradigma de su gestión estratégica, de una división estricta entre lo
público y lo privado a la disolución de dicha dicotomía, el desplaza-
miento de la subjetividad política en el esquema“soberanía/legitimidad”
STUDIA POLITICÆ Número 40 primavera~verano 2016~2017
Publicada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
de la Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, República Argentina.
40 primavera-verano 2016-2017
86
STUDIA POLITICÆ
a la subjetividad política en el esquema “represión/captura/recodifica-
ción”. Analizamos cada uno de esos desplazamientos en los cuatro apar-
tados de este artículo y concluimos con una invitación a pensar caminos
emancipatorios sobre las contradicciones que abre la misma arquitectura
de este orden neoliberal.
Palabras clave: Racionalidad neoliberal – Crítica inmanente – Guberna-
mentalidad – Precariedad.
Abstract
The neoliberal rationality has redefined in an integra way there produc-
tion of power relations: a new reason language that organize sour per-
ceptions and actions has been implanted, which defines the problems
and strategies of solution. The neoliberal rationality adopts in inevery
space particular modulations: it articulates, moves, overlaps with forms
of rationality previous or still current with wich it disputes and/or con-
flicts. The exercise that wesug gest is to interpret the historical experien-
ce marked by neoliberalism from a specific reference point, a set of em-
pirical investigations that allow to account of the operated shifts: the
shift of a rationality directed to inclusión to a rationality guided by com-
petition, the shift from a model of regulating power to a model strategic
managment, from a strict división between public and private to a diso-
lution of said dichotomy, the shift from the political subjectivity in the
sovereignity/legitimacy out line to the political subjectivity in
the“repression/capture/recodification” out line. We analyze each of the
seshifts in the foursections of this article and we conclude with aninvita-
tion to thin kemancipatory way soverthe contradictions that opens this
neoliberal ordersown architecture.
Key words: Neoliberal rationality – Inmmanent critique –Governmenta-
lity – Precariousness.
A modo de presentación: ‘El Neoliberalismo en(tre) nosotros’
C
OMO aquella triunfal desventura del Iluminismo, por todas partes
resplandece la idea de que capitalismo y neoliberalismo se
conjugan como el único camino posible.
2
Tanto es así que no solo
se ha configurado un escenario intelectual de diagnósticos críticos en el
2
La imagen procede del comienzo del texto de ADORNO y HORKHEIMER (2007), Dialéc-
tica de la Ilustración, pero en términos actuales esta escena intelectual se remonta a la
polémica tesis sobre el fin de la historia de Francis FUKUYAMA, en su artículo “¿El fin de
la Historia?” en la revista The National Interest 16 (verano de 1989) y que luego amplió
en su libro El fin de la Historia y el último hombre (1992).
87
que los clivajes políticos y teóricos parecen uniformarse, sino que también
las propuestas políticas electorales se inscriben en un campo cuya nota sa-
liente es la indistinción.
3
Este sentimiento de impotencia reduce el pensa-
miento crítico a la denuncia y la acción política radical a la reacción episó-
dica y dispersa. Así, la tradición libertaria de izquierda parece encontrarse
atrapada en el dilema de una crítica impotente o una protesta fragmentada;
ambas igualmente ineficaces.
Actualmente, el neoliberalismo se erige como el verdugo de las tradiciones
políticas acuñadas en la Ilustración, a las que acusa de promover una visión
monista de la sociedad centrada en la primacía de lo “común”, lo “colecti-
vo”, lo “general”, lo “universal”, concepción que según von Hayek (1976)
es la raíz de los totalitarismos pasados y siempre potenciales de derecha e
izquierda. La crítica de este autor apuntaba enfáticamente al racionalismo
constructivista y su idea de sociedad “la sociedad no existe”—,
4
a favor
de las bondades de un orden espontáneo en el que prima lo individual, lo
múltiple, lo diverso.
Pero desde aquella plataforma crítica que encarnó su formulación inicial, el
neoliberalismo se ha ido desplegando hacia un nuevo repertorio de concep-
tos y formas de percepción con relación al mercado, al Estado, a la propie-
dad de uno mismo y de nuestro cuerpo, de los cuerpos otros, de las relacio-
nes sociales, de maneras de vivir y producir, de nuevas formas de
subjetividad (Ciuffolini, 2015). En un primer sentido, la crítica neoliberal
del constructivismo resulta paradójica porque su propia imposición se ex-
tiende más allá de la múltiple diversidad de los individuos y se construye
socialmente como una pretensión monopólica. Una unanimidad artificial y
deliberada se descubre en su propia eficacia como idea hegemónica. Y la
múltiple diversidad de lo espontáneo se encuentra en lo que le resiste.
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
3
Al respecto, señala BADIOU (2016) que “hoy, el ejercicio de las políticas es el ejercicio
de muy pequeñas diferencias dentro del mismo camino global”. Por su parte, DE LAGAS-
NERIE (2015: 13) expresa: “en la totalidad de los sectores del campo intelectual circulan,
en efecto, análisis que pueden superponerse unos a otros, y que movilizan las mismas
percepciones, las mismas grillas de lectura ... que en lugar de desencadenar una multipli-
cidad de interpretaciones contradictorias, genera sentimientos análogos”.
4
Desde un razonamiento y propósito político diferente, el pensamiento posfundacio-
nal abona una tesis semejante. Si por posfundacionalismo entendemos, siguiendo a
MARCHART (2009: 14-15), “una constante interrogación por las figuras metafísicas
fundamentales, tales como la de totalidad, universalidad, esencia y fundamento... que
no implica la ausencia total de todos los fundamentos, pero sí a suponer la imposibili-
dad de un fundamento último... lo cual implica la creciente conciencia de la contin-
gencia y de lo político como momento de un fundar parcial y en definitiva siempre fa-
llido”.
40 primavera-verano 2016-2017
88
STUDIA POLITICÆ
Pero más allá de su crítica inmanente, también es cierto que el neolibera-
lismo se ha ido fijando como un nuevo sustrato para demandas de demo-
cratización: una serie de luchas que han dado lugar a importantes conquis-
tas.
5
Visto así, desde su paradójica positividad o eficacia real, el
neoliberalismo nos plantea el desafío de pensar contra él pero sin caer en
lenguajes restauradores de un orden perimido, en el lugar común de la
despolitización: la denuncia moral.
Si tomamos en serio al neoliberalismo, como idea dotada de una fecundi-
dad paradójica, podemos afirmar que él es la racionalidad configuradora
de nuestra experiencia presente (Laval y Dardot, 2013). Sus principios y
normas están profundamente inscriptos no solo en políticas gubernamenta-
les y prácticas institucionales, sino en la propia subjetividad de los indivi-
duos. Por lo tanto, someter a una crítica radical esta nueva forma de gu-
bernamentalidad exige pensar desde lo que el neoliberalismo ya ha
producido y produce. Esto significa reconocer su incidencia incluso en la
configuración de los conflictos y en las luchas que habilitó en aquellos
que se organizaron para resistirlo, con la apertura hacia nuevas libertades.
Insistir con postular una crítica desde una posición de pura exterioridad
nos llevaría, parafraseando a Marx, “a una crítica preneoliberal del neoli-
beralismo”. Esto es disponerse a sucumbir al actualmente ascendente pen-
samiento neorestaurador y/o neoconservador en nombre de un pasado de-
finitivamente dejado atrás.
Pensar contra el neoliberalismo —proceder a su crítica inmanente— im-
plica reconocer la caducidad de otras críticas. En particular, se trata de to-
mar distancia de una corriente de impugnación al neoliberalismo que se
dispone, frecuentemente, desde una perspectiva nostálgica del orden ante-
rior que agita el fantasma del autoritarismo y el neofascismo. Conjurar esa
deriva predominante en el pensamiento crítico de nuestros días, supone
examinar al neoliberalismo a partir de la singularidad de los problemas
que plantea y el modo como los plantea. La racionalidad neoliberal ha re-
definido de manera integral la reproducción de las relaciones de poder: se
implantó un nuevo lenguaje de razón que organiza nuestras percepciones
y acciones, que define los problemas y las estrategias de solución. Este es
a nuestro entender el curso de análisis que propone Foucault, cuando afir-
ma: “el problema del neoliberalismo... pasa por saber cómo se puede ajus-
tar el ejercicio global del poder político a los principios de una economía
5
Por ejemplo, todas las luchas que enarbolaron la bandera de la diversidad —étnica,
racial, sexual, de género— que conquistaron importantes libertades como son el matri-
monio igualitario, la ley de identidad de género, la autodeterminación cultural de los
pueblos, entre otras.
89
de mercado” (Foucault, 2007: 157). Esta línea de trabajo es la que propo-
nemos continuar en el presente artículo.
La racionalidad neoliberal, entendida, siguiendo a Laval y Dardot
(2013:15), como “el conjunto de los discursos, de las prácticas, de los dis-
positivos que determinan un nuevo modo de gobierno
6
de los hombres se-
gún el principio de la competencia”, adopta en cada espacio modulaciones
particulares; se articula, se desplaza, se superpone con formas de raciona-
lidad precedentes o aún vigentes con las que disputa y/o entra en conflic-
to. El ejercicio que proponemos es dilucidar la especificidad de la raciona-
lidad actual tomando como referencia aquellas.
A los fines de proceder más allá de la crítica inmanente del neoliberalismo
pero sin reincidir en una especulación abstracta, se trata de identificar este
‘estado de cosas’. Interpretar la experiencia histórica marcada por el neoli-
beralismo, a partir de un punto de referencia concreto, un conjunto de in-
vestigaciones empíricas
7
que permiten reflexionar sobre los desplazamien-
tos operados:
8
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
6
La noción de gobierno aludida no refiere a la institución sino al gobierno como activi-
dad, tal como lo sugiere FOUCAULT en el Nacimiento de la Biopolítica y en la introduc-
ción del tercer tomo de Historia de la Sexualidad.
7
El desarrollo del presente artículo se desprende de un conjunto de investigaciones
que por más de cinco años han trabajado de manera sistemática sobre la racionalidad
desde la que se opera la profunda transformación urbana. Los proyectos son: “Territo-
rios en Disputa. Un estudio sobre los conflictos territoriales urbanos y rurales en la
Provincia de Córdoba”. Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales, Universidad
Nacional de Córdoba y Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales,
Universidad Católica de Córdoba; Proyecto: PIO 2011, Ministerio de Ciencia y Tec-
nología de la Provincia de Córdoba. Res. Nº 000216/2011. 2012-2015; Proyecto: “Se-
mántica de la conflictividad social en Córdoba (período 2013-2014)”. Centro de In-
vestigaciones Jurídicas y Sociales. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.
Universidad Nacional de Córdoba. Resolución Secyt 203/14 y Resolución Rectoral
1565/14. 2014-2015; Proyecto: “Prácticas espaciales desobedientes, de posesión y re-
sistencia. Análisis comparativo de procesos de apropiación/expropiación de la territo-
rialidad social en ciudades argentinas”. Centro de Desarrollo Urbano, Universidad Na-
cional de Mar del Plata. FONCYT - Convocatoria PICT 2053. 09/2014 a 03/2015;
Proyecto: “Cuando lo cotidiano se vuelve trágico: riesgo y seguridad en los procesos
de relocalización territorial en la Ciudad de Córdoba”. Centro de Investigaciones Jurí-
dicas y Sociales. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de
Córdoba. Cod. Secyt Nº 05/D481.2010-2011.
8
Pensar en términos de desplazamientos, implica necesariamente la referencia a ese or-
den anterior que se abandona o reformula. Haremos una breve referencia a ello en el de-
sarrollo de cada uno de los puntos arriba mencionados.
40 primavera-verano 2016-2017
90
STUDIA POLITICÆ
1. El desplazamiento de una racionalidad dirigida a la inclusión a una ra-
cionalidad guiada por la competencia.
2. Del paradigma del poder regulador al paradigma de su gestión estraté-
gica.
3. De la división estricta de lo público y lo privado a la disolución de la
dicotomía clásica.
4. El desplazamiento de la subjetividad política en el esquema soberanía/
legitimidad a la subjetividad política en el esquema represión/captura/reco-
dificación.
El desplazamiento de una racionalidad dirigida a la inclusión
a una racionalidad guiada por la competencia
Si la política de bienestar puede resumirse en el diseño de contrapesos o
compensaciones a procesos económicos salvajes respecto a los cuales se
admite que en sí mismos van a inducir efectos de desigualdad y provocar
perjuicios sociales que pueden resultar destructivos y desestabilizadores;
ahora se trata de introducir el principio de mercado como regulación de
la sociedad, operación que se traduce en mecanismos de normalización y
disciplinamiento de la sociedad basados en la competencia. Al respecto,
precisa Foucault: “Un juego regulado de empresas dentro de un marco
jurídico institucional garantizado por el Estado: esa es la forma general
de lo que debe ser el marco institucional en un capitalismo renovado.
Regla de juego económico y no control económico social deseado”
(2007: 209). Estos mecanismos de regulación deben tener la mayor su-
perficie y espesor posibles y también ocupar el mayor volumen posible
en la sociedad. Mientras se extiende el juego de las transacciones, la for-
ma “empresa” ya no se circunscribe a una organización o institución que
persigue fines económicos, sino que se hace extensiva —como forma— a
los individuos.
El principio de competencia se ha cristalizado socialmente e informa
prácticas tanto individuales como colectivas a través de una nueva escala
de percepción en la que ocupan un lugar destacado el desarrollo autodiri-
gido de la empresa de sí mismo, la individualización de la responsabili-
dad y los procedimientos pragmáticos orientados al resultado. En este pa-
radigma no solo se inscribe y regula la vida individual, sino también se
despliegan y fundan los dispositivos políticos tanto en el ámbito público
como privado. Estos modos de percepción —insisto: el desarrollo autodi-
rigido de la empresa de sí mismo, la individualización de la responsabili-
91
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
dad y los procedimientos pragmáticos orientados al resultado— se con-
densan, por ejemplo, en esa tan extendida y ponderada batería de progra-
mas destinados a fomentar la actividad emprendedora: programas de
consolidación y adquisición de destrezas para cuentapropistas; programas
crediticios; incubadoras de empresas; y el auge del financiamiento a mi-
croemprendimientos.
La misma matriz de modulación de la subjetividad se reconoce en los pro-
gramas de calificación y cualificación para la inserción laboral de la fuer-
za de trabajo dirigido focalmente a poblacionales como jóvenes, mujeres,
entre otras. Podemos citar como ejemplos el Programa Primer Paso (PPP),
el PPP Aprendiz; Programa por mí; dispositivos en cuya genética está el
modo “empresa” como unidad de ordenamiento y regulación. En todos los
casos “la responsabilidad individual respecto a la valorización del trabajo
de uno mismo en el mercado se ha convertido en el principio absoluto”
(Laval y Dardot, 2013: 340), atrás quedaron las lógicas de contrapesos y
compensaciones que el Estado social había desarrollado. La forma de ca-
pitalismo que promueve el neoliberalismo resulta esencialmente desactiva-
dora de la dimensión colectiva de lo social.
Dada esta forma empresarial, el fetiche que encubre la dominación ya no
es la mercancía ni la plusvalía extraída gracias a la explotación alienante
de los trabajadores industriales asalariados; en esta nueva racionalidad lo
prioritario o, mejor aún, lo esencial no es el mercado —como comúnmen-
te se cree— sino la competencia. E igualmente errónea es la idea del re-
traimiento del Estado. Como advierten Laval y Dardot (2013: 332): “más
multiplicamos las empresas, más se autoobliga la acción gubernamental a
dejarlas actuar, más multiplicamos las superficies de fricción entre ellas y
más multiplicamos las oportunidades para cuestiones litigiosas, y por lo
tanto más multiplicamos el arbitraje jurídico”.
La juridización de lo social y la socialización del derecho, como bien des-
cribe Santos (2003), es una dimensión fundamental —de la racionalidad
neoliberal—, que desplaza el procesamiento político de los conflictos y
demandas sociales al campo jurídico. Este papel central de la administra-
ción de justicia en la esfera pública se expresa, por ejemplo, en las accio-
nes colegislativas a través de sentencias;
9
en el hecho de que sea el poder
9
Para citar un caso de alta repercusión en la Provincia de Córdoba, cabe mencionar
la suspensión por parte de la justicia local de la adhesión al “Protocolo para la aten-
ción integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo” elabo-
rado por el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable del Minis-
terio de Salud de la Nación en abril de 2015, que aún espera por la sentencia
definitoria del TSJ.
40 primavera-verano 2016-2017
92
STUDIA POLITICÆ
judicial la cara del gobierno y, en consecuencia, su legitimador frente a los
reclamos sociales y colectivos;
10
en la penetración de manera directiva y
correctiva sobre ámbitos como el de familia otrora claramente inscriptos
en la resguardada esfera de lo privado. Esta inflación del intervencionismo
jurídico es la necesaria contrapartida del no intervencionismo económico
y visibiliza la modulación operada en la relación gobierno y sociedad, en
la que un protagonismo cada vez mayor le cabe al poder judicial, pues la
administración de justicia es el canal que vehiculiza esa relación, por ex-
celencia. Aunque el intervencionismo protagónico del poder judicial tiene
profundas consecuencias sobre el ámbito de la política, su papel, sus fun-
ciones el tratamiento de este tema nos lleva directamente al desplazamien-
to siguiente.
Del paradigma del poder regulador al paradigma de
su gestión estratégica
El paradigma moderno de la política erigió el tema de la soberanía, el po-
der y el derecho en el núcleo del hacer político y en ellos enraizó las po-
sibilidades de emancipación. En ese marco, el arte de gobernar se desple-
gaba intrínsecamente ligado a dispositivos ideológicos de representación
que diagramaban la modalidad del ejercicio del poder, de constitución de
las relaciones políticas, de administración del Estado. Ese orden de repre-
sentación es el que disuelve la racionalidad neoliberal y que se expresa en
la indistinción ideológica. Como bien lo señala Wendy Brown: “el neoli-
beralismo puede imponerse como gubernamentalidad sin constituir la
ideología dominante” (citado en Laval y Dardot, 2013: 394).
La racionalidad neoliberal se presenta como una superficie sobre la que
pueden extenderse una diversidad de paradigmas ideológicos, pues disocia
la técnica de gobierno de la representación política. Tal escisión deja la po-
lítica como una cobertura ineficaz o cuya posibilidad de cambiar la forma
de la tecnología de gobierno neoliberal es muy limitada. Esta fractura entre
representación y técnica de gobierno ha significado la suplantación de la
10
La judicialización de la protesta y la criminalización de la demanda es la tecnología
de poder desplegada para hacer frente a la problemática de tierra para habitar. Tal opera-
ción implica la conversión al código delincuencial e ilegal, de lo que otrora no podría
ser juzgado más que como una demanda política y ciudadana legítima. Datos exhausti-
vos al respecto se encuentran en el informe elaborado por el Equipo de Investigación el
Llano en Llamas: “Criminalización de la pobreza y judicialización de las luchas políti-
cas/sociales en la Provincia de Córdoba (junio de 2014)”.
93
política y las categorías clásicas de la democracia ciudadanía, derechos,
soberanía popular como fundamento y discurso legitimador de la guber-
namentalidad. En su lugar, la racionalidad neoliberal propone la plataforma
del interés y de la utilidad su maximización como el espacio configu-
rativo del orden político. Este deslizamiento del sujeto de derecho político
al sujeto del interés privado
11
trasunta en una nueva modalidad de subjeti-
vidad y de relación entre los individuos, que se articula a partir de un poder
concebido como norma oblicua destinada a configurar escenarios estratégi-
cos, donde, por un lado, se despliegan, incondicionadas, las lógicas del in-
terés y la maximización de utilidades, mientras, por otro, se vuelve cada
vez más densa la vigilancia del espacio público y cada vez más preciso el
control sobre los movimientos de los individuos.
La suplantación de las categorías clásicas de legitimación política de la
actividad gubernamental y la suspensión de la regulación a favor del libre
desarrollo del interés y la utilidad tienen como correlato la intensificación
de la fabricación de riesgos universalizados. En este escenario de apro-
piación individual de beneficios y socialización de daños, se ha redefini-
do lo común y lo colectivo como un estado de inseguridad. Precisamente,
la inseguridad es la consecuencia misma de la desenfrenada búsqueda de
utilidades, de una apropiación privada que reduce la sociabilidad humana
a un entorno hostil, una fuente incesante de riesgos y peligros. Tales ries-
gos en tanto amenaza externa y permanente se distribuyen desigual-
mente en la sociedad, haciendo algunas poblaciones más precarias que
otras. Dice Lorey: “ser considerado como alguien que pertenece a un in-
terior o a un exterior, o considerarse tal, no es para Castel una disyuntiva,
sino más bien un camino procesual entre zonas. Antes que un límite es-
tricto, imagina una especie de umbral de ambivalencia entre inclusión y
exclusión, entre la “zona de integración” y la de “desafiliación”. La
“zona intermedia, inestable” es la de la “precariedad”, la inseguridad y la
fuente de peligro. La “precariedad” corresponde a una “nueva forma de
inseguridad que cabe atribuir al desmoronamiento y la disolución de las
estructuras protectoras que se habían desarrollado dentro de la sociedad
del trabajo asalariado. Por consiguiente, cabe hablar [...] de una inseguri-
dad que continúa viéndose rodeada y penetrada por estructuras de protec-
ción” (Lorey, 2016: 64-65).
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
11
FOUCAULT dice: “adopta aspectos muy distintos el sujeto de derecho al sujeto de in-
terés, este último desborda al sujeto de derecho” (2007: 315). El primero acepta la limi-
tación, la obediencia a la ley; mientras que el segundo no renuncia jamás a su interés, no
detiene el proceso de maximización de su utilidad en nombre de exigencias presentadas
como superiores (2007: 334-335).
40 primavera-verano 2016-2017
94
STUDIA POLITICÆ
Tras la fractura mencionada y la precariedad protegida, el desplazamiento
operado se traduce en un abanico de tecnologías con las que el poder esta-
tal gestiona la “amenaza”. Por un lado, nos encontramos frente a un con-
junto de dispositivos configurados a partir de una filosofía que tiene como
base la indemnización; en esta línea se encuentran las políticas destinadas a
morigerar los efectos de exclusión y desafectación social: se crearon pro-
gramas —como la AUH (Asignación Universal por Hijo), Argentina Traba-
ja, entre otros— que administran la inclusión a partir de cuotas mínimas de
acceso al consumo como instancia de supervivencia. También podemos
mencionar los programas destinados a paliar los efectos del desempleo y
que suponen la adquisición de destrezas y conocimientos para un mercado
altamente competitivo, fluctuante y expulsivo.
12
Pero si la gestión de una protección limitada a la subsistencia mínima se
preserva en lo precario, por otro lado se adensa la vigilancia del espacio
público, se hace cada vez más preciso el control sobre los movimientos de
los individuos, su virtual confinamiento. Un orden espacial enteramente
transparente, donde se visibilizan completamente las jerarquías, pertenen-
cias y desigualdades de la población, requiere ciertas condiciones para su
producción y reproducción. Hablar de estas condiciones de aseguramiento
policial remite al creciente proceso de policialización/militarización del te-
rritorio. Un proceso en que se combinan los más variados mecanismos re-
gulatorios, de control y disciplinamiento (que van desde la instalación de
cámaras de seguridad hasta la aplicación constante del Código de Convi-
vencia Ciudadana sobre una población cada vez más indefensa y despojada
de derechos civiles y políticos).
El espacio en general —y la ciudad en particular— que se organiza con ta-
les ideas y principios de aseguramiento teje la faz oscura de la racionalidad
neoliberal, lo que hemos llamado un nuevo Estado policial. Éste asume
casi exclusivamente el ejercicio de mantener a raya los sectores potencial-
mente peligrosos, es decir, los pobres en general, quienes pueden todavía
organizarse y resistir en lo concreto y lo cotidiano. En palabras de Butler:
“... esta forma particular de poder prepara el terreno para crear la necesi-
dad de seguridad como ideal político máximo, un ideal que sirve para
acumular poder dentro del Estado y de las instituciones empresariales a
la par que produce un nuevo tipo de sujeto. Las poblaciones se definen
ahora, no por la crítica y la resistencia, sino por su necesidad de paliar su
12
Los programas de capacitación para el empleo, desarrollados desde mediados de los
90 e intensificados pos crisis del 2001, dan cuenta de esta condición. En Córdoba: PPP,
PPPP, PPP Aprendiz, Programa Por mí, entre otros.
95
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
inseguridad y, por ende, de valorizar formas de policía y control estatal,
promesas de inversión global e instituciones de gobernanza global” (But-
ler, 2016: 14).
Donde el viejo Estado Benefactor pretendía una solución, el nuevo Estado
Policial genera un problema y alcanza el reverso de la legitimación hobbe-
siana. Es la plasticidad neoliberal de un mercado excluyente y potencial-
mente destructivo, que se legitima la gubernamentalidad como gestión in-
demnizatoria pero también como ejercicio policial del poder. De esta
manera, el Estado Policial legitima su existencia como aparato burocrático
de aseguramiento de la subsistencia precaria, de promoción y regulación de
la inseguridad.
De la división estricta de lo público y lo privado a la disolución de
la dicotomía clásica: intervencionismo negativo, articulación partici-
pativa aparente y administración de la excepción, el privilegio de la
corporación privada, inequidad e imprevisibilidad.
El orden neoliberal disuelve el principal pilar del liberalismo clásico: la es-
tricta división entre lo público y lo privado. Este principio central sitúa la
libertad individual como el valor a resguardar de toda intromisión y, en
consecuencia, delimita con toda precisión su lugar de despliegue: el “ámbi-
to privado”. La libertad individual nace y se desarrolla intensamente en el
espacio privado y por eso se distingue de su opuesto: el “ámbito público”.
Incluso la existencia del Estado tiene sentido si garantiza que ese valor de
la libertad sea resguardado y protegido. Desde este paradigma, cualquier
misión del Estado que no sea asegurar y proteger la libertad individual es
vista como violencia y/o vulneración del principio de libertad. Esta estricta
división de aquello que correspondía al ámbito estatal —que monopolizó el
sentido de “lo público”— y de aquello que correspondía al ámbito privado,
es lo que la racionalidad neoliberal diluye.
En la actualidad, un discurso recurrente señala como rasgo típico del neoli-
beralismo la retirada del Estado; sin embargo, a nuestro entender se trata
de un “intervencionismo negativo” más que de “una retirada”. Esto signifi-
ca que, como nunca antes, el Estado prepara y organiza las condiciones de
su repliegue, al tiempo que deja abonado el terreno para el desarrollo del
capital (Ciuffolini, 2011). De este modo, las condiciones de reproducción
capitalista se terminan diagramando desde la misma estatalidad. Por ejem-
plo, la percepción de que las grandes corporaciones extractivas actúan en
los territorios como un “otro Estado” dentro del Estado explica la denuncia
de que el mismo se autoexcluye de su intervención sobre extensas áreas te-
40 primavera-verano 2016-2017
96
STUDIA POLITICÆ
rritoriales sujetas a su soberanía. En los hechos, esto supone la sustracción
de distintos territorios a la regulación estatal, lo que sucede tanto en espa-
cios urbanos —por ejemplo en barrios “cerrados”, donde viven tanto los ri-
cos como los pobres— como en las áreas no urbanas o rurales —por caso,
la explotación de recursos naturales por empresas transnacionales—.
Aquí, no observamos una “renuncia o retirada” del Estado, sino una re-
configuración de las formas de dominación estatal. Por ello, el cambio no
puede enfocarse simplemente en el tamaño del Estado, en la mayor o me-
nor presencia del Estado en el territorio, sino en la transformación de sus
estrategias de dominación. En general, lo que se vuelve una tendencia es
la producción de espacios de imprevisibilidad o excepcionalidad, donde el
Estado suspende o delega poder y dominio sobre el territorio, limitando su
control a lo que por él circula.
Precisamente, la figura paroxística de la disolución de la dicotomía clásica
del mundo político moderno se descubre tras los denominados programas
de concertación público-privada. En el vocabulario de la administración
pública son nombrados como mecanismos de “concertación”, “alianzas”,
“diálogo” y “participación”. En el lenguaje de la gestión, se propone el
paso desde los paradigmas “reglamentaristas”, fuertemente centralizados
desde el Estado y construidos de arriba hacia abajo, hacia paradigmas “es-
tratégicos”, de formulación y ejecución de políticas públicas, abiertos a la
participación de los actores más directamente involucrados o afectados por
cada temática en particular.
Más allá de la retórica administrativa, este lenguaje se verifica cada vez
más en instancias locales de tomas de decisiones y producción de ciudad:
los planes y programas de ordenamiento territorial, instrumentos de articu-
lación público-privada. En Córdoba, por ejemplo, el Municipio establece
excepciones a los criterios del código de edificación y a las normativas so-
bre usos del suelo conforme a requerimientos de los desarrollistas; mientras
les exige como contrapartida la realización de obras de infraestructura ur-
bana. Estos acuerdos, que se presentan como un ahorro en materia de obra
pública y se respaldan en un discurso de “captación de plusvalías urbanas”,
conllevan un mejoramiento de las áreas de interés del capital, dejando solo
la inversión estatal en obra pública como subsidiaria y estrictamente focali-
zada, con los consabidos desequilibrios e inequidades que esto provoca a
nivel territorial. En ese sentido, la primacía de criterios de mercado e inte-
reses particulares en materia de producción urbana tienen como consecuen-
cia profundos desequilibrios y asimetrías geográficas en la provisión de
bienes y servicios urbanos, al tiempo que no pueden garantizar el uso equi-
tativo y sustentable de la propiedad y la reproducción de la ciudad.
97
El desplazamiento de la subjetividad política en el esquema soberanía-
legitimidad a la subjetividad política en el esquema represión/captura/
recodificación
Las estrategias de subjetivación en el paradigma clásico de la política el
de la soberanía jurídica debían articularse dentro de los parámetros del
contrato social y la legitimidad de ese orden descansaba en el cumplimien-
to del derecho; toda transgresión a él devenía en su polo contrario: la opre-
sión. En la actualidad, tales estrategias se desplazan al interior de un nuevo
esquema que asocia mercado y represión, donde el papel del poder político
consiste en “reinscribir perpetuamente toda relación de fuerza, por medio
de una especie de guerra silenciosa, y reinscribirla en las instituciones, en
las desigualdades económicas, en el lenguaje, hasta en los cuerpos de unos
y otros” (Foucault, 2000: 29).
La dinámica del poder desplegada por la racionalidad neoliberal ya no se
presenta como un programa ideológico determinado aunque en algunos
casos lo hace sino como un arsenal de mecanismos ‘microfísicos’ que se
localizan en los intersticios de las instituciones pero que dirigen nuestra
percepción y nuestras prácticas incluso más cotidianas. La penetración de
las reglas de la competencia, la conducción de la propia vida como si se
tratara de una empresa, la desregulación del deseo y la reproducción, la
aceleración del tiempo y su extrema mercantilización son trazos de esta ra-
cionalidad, que paradójicamente ha hecho de aquella pretensión teórica de
un orden espontáneo y abierto, un orden hegemónico de gestión del cuer-
po, la vida, el espacio y el tiempo. Al respecto Anderson (2006: 389) dice
con escepticismo: “hoy no hay alternativa a esto, se trata de un sistema go-
bernante de ideas de alcance planetario. Estamos refiriéndonos a la ideolo-
gía política más exitosa en la historia mundial”.
Este alcance global de la racionalidad neoliberal, esta condición hegemó-
nica es, por un lado, resultado del juego articulado entre consentimiento
y represión
13
y, por otro, producto de la ductilidad estratégica que la ca-
racteriza. La racionalidad política neoliberal se despliega en un movi-
miento ambivalente en el que la regresión o la progresión, la repetición o
la superación del pasado se ponen en juego en cada coyuntura. Se mani-
fiesta como una racionalidad localizada, operativa y práctica dirigida a
conjurar la incertidumbre que reproduce como precariedad, inseguridad y
despojo.
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
13
Para Gramsci, “consentimiento más coerción” era la fórmula plena de un orden he-
gemónico.
40 primavera-verano 2016-2017
98
STUDIA POLITICÆ
Su terrible efectividad descansa en el hecho de constituirse en cada escena-
rio de crisis como un dispositivo que se desenvuelve, regular y recurrente-
mente, en la secuencia represión/captura/recodificación. Así, por ejemplo,
frente a la ola de movilizaciones y levantamientos del año 2001,
14
primero
fue la violencia y la represión; luego ocurrió una “captura” semántica de
las palabras, que ya no designaban con claridad aquello a lo que las luchas
aludían en los tiempos de mayor crisis política; a esto le siguió una “reco-
dificación” política y luego “organizativa” en términos estatales de los con-
tenidos políticos más filosos de las luchas.
Esa disposición repetida en la secuencia de violencia, captura y recodifica-
ción tiene una enorme capacidad desactivadora de las estrategias de lucha y
resistencia. En la dinámica de tal reinterpretación, sustrae y reinscribe en
su propia lógica los elementos más subversivos del orden. Esa operación
de vaciamiento por sustracción y recodificación resulta siempre en un or-
den social renovado y al mismo tiempo preservador del status quo. Otro
caso de tal operación neoliberal se descubre en la reintroducción de las de-
mandas de reconocimiento en el mismo código neoliberal: luchas feminis-
tas, antirracistas, por la diversidad conquistan nuevas libertades a la que
hoy pocos querrían renunciar; pero en la misma operación de poder se mo-
dula la rebeldía, la potencia corrosiva y antisistémica de esas luchas. Por
ejemplo, la ley de matrimonio igualitario cambió la familia y modificó la
tradición heredada admitiendo la pareja homosexual pero dejó sin afectar el
orden económico de la propiedad privada. Incluso podríamos decir que en
su dispositivo de singularización de la vida y de desregulación normativa
“cada uno tiene el derecho a vivir como le parezca, a elegir lo que quie-
ra, a obedecer a las modas que prefiera” volvió extemporáneo e improce-
dente tanto conceptual como políticamente las categorías de las mino-
rías.
15
En definitiva la racionalidad neoliberal ha establecido un escenario
de pulsiones modernizadoras y a la vez arcaizantes, de estrategias preserva-
dores del status quo y de otras que significan la revuelta y renovación del
mundo (Rivera Cusicansqui, 2010: 55). Una crítica inmanente a la raciona-
lidad neoliberal no muestra ni podría mostrar todavía una salida. Sin em-
bargo, solo si se admite el impacto ontológico de sus desplazamientos di-
14
Un tratamiento exhaustivo respecto de las luchas del 2001, se encuentra en CIUFFO-
LINI (2010).
15
Un tratamiento exhaustivo de esta hipótesis respecto de la devaluación del concepto
de minorías entendido como aquel “que suponía preferencias y/o conductas disidentes
de las mayorías y en nombre de estas últimas justificaba tratamientos morales, políticos,
económicos y jurídicos diferenciados”, exigiría un mayor desarrollo y excede en mucho
los propósitos de este trabajo.
99
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
micos y el carácter constitutivo del presente en el que somos, solo un
pensamiento que no rehúya a la realidad dialéctica y paradójica ni se entre-
gue a la especulación pura, solo un pensamiento de ese tipo pueda quizás
orientar la lucha hacia una superación afortunada de la represión y poner
fin a la gestión del cautiverio.
Para no concluir: las aperturas de lo posible
Dejar de lado la comodidad de las críticas que miran la racionalidad neoli-
beral desde tradiciones conceptuales y políticas previas y en su lugar pro-
poner una crítica inmanente no implica que mucho de lo que hay en aque-
llas no pueda articularse para pensar los caminos de la resistencia. Pero si
exige que estos caminos emancipatorios se piensen y cabalguen sobre las
contradicciones que la misma arquitectura de este orden abre. No hay ya
lugar para retornos nostálgicos, tampoco para éxodos de la guber-
namentalidad neoliberal surgidos “del rechazo al autogobierno capitaliza-
ble, y de la orientación hacia una conducta propia que ponga a prueba nue-
vos modos de vivir en la desobediencia” (Lorey, 2016:107). Solo un
pensamiento y una acción política crítica sobre el presente puede abrir la
senda de su superación y darnos otro porvenir.
Necesitamos imaginar carreteras teóricas que exploren tránsitos de desin-
gularización de la vida y así tal vez podrán deconstruirse las relaciones de
sujeción y su dinámica en la constitución de subjetividades. Sabemos ya de
la importancia de situarnos “fuera del marco de la filosofía del derecho y
de los mitos de la política para buscar —agregamos nuevas claves— de
cómo fundar una práctica teórica de la resistencia, la lucha y la insumisión”
(De Lagasnerie, 2015: 92).
Para nosotros interrogarnos respecto de cómo la racionalidad neoliberal
opera es el primer paso de una ruptura. Desentrañar su lógica, quizá sea
una vía para fundar una práctica teórica de la resistencia, la lucha y la
transformación que no apele a las retóricas pasadas. Un nuevo lenguaje es
imprescindible y solo será subversivo de este orden si se despliega desde
dentro, desde sus propias contradicciones...
Bibliografía
ADORNO, T. & HORKHEIMER, M. (2007). Dialéctica de la Ilustración. Madrid: Editorial
Akal.
40 primavera-verano 2016-2017
100
STUDIA POLITICÆ
ANDERSON, P. (2006). “Las ideas y la acción política en el cambio histórico”. En BORÓN,
A.; AMADEO, J. y GONZÁLEZ, S. (Coomp.). La teoría marxista hoy. Problemas y
perspectivas. Buenos Aires: CLACSO.
———. (2004).“El papel de las ideas en la construcción de alternativas”. En BORON, A.
Nueva hegemonía mundial. Alternativas de cambio y movimientos sociales. Buenos
Aires: CLACSO.
BADIOU, A. (2016). Durante el horror de una profunda noche. Reflexiones sobre las re-
cientes elecciones en EE.UU. Disponible en: http://anarquiacoronada.blogspot.
com.ar/2016/11/durante-el-horror-de-una-profunda-noche.html
BUTLER, J. (2016). “Prefacio”. En LOREY, I. Estado de inseguridad. Gobernar la preca-
riedad. Madrid: Ed. Traficantes de sueños. Disponible en: https://www.traficantes.
net/sites/default/files/pdfs/Estado%20de%20inseguridad.%20El%20gobierno
%20de%20la%20precariedad_Traficantes%20de%20Sue% C3%B1os.pdf
CIUFFOLINI, M. A. (2015).“El hilo rojo: subjetivación o clase”. En Revista Crítica y Re-
sistencias. Núm. 1. Disponible en: http://criticayresistencias.comunis.com.ar/
index.php/CriticaResistencias/article/view/2/5
———. (2011).“Control del espacio y los recursos sociales: lógicas, relacionesy resis-
tencias en la constitución de lo urbano”. En NÚÑEZ, A. y CIUFFOLINI, M. A. Política
y territorialidad en tres ciudades argentinas. Buenos Aires: El Colectivo.
———. (2010) Resistencias. Luchas Sociales Urbanas en Córdoba post-2001.Córdoba:
EDUCC.
DE LAGASNERIE (2015). La última lección de Michel Foucault. Sobre el neoliberalismo,
la teoría y la política. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
EL LLANO EN LLAMAS (2014). Criminalización de la pobreza y judicialización de las lu-
chas políticas/sociales en Córdoba. Disponible en: http://www.llanocba.com.ar/
index.php?option=com_content&view=article&id=407:criminalizacion-de-la-pobre-
za-y-judicializacion-de-las-luchas-politicassociales-en-la-provincia-de-
cordoba&catid=59&Itemid=161
FOUCAULT, M. (2008). Historia de la sexualidad 3. La inquietud de sí. Buenos Aires: Si-
glo veintiuno editores.
———. (2007). Nacimiento de la biopolítica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econó-
mica.
———. (2000). Defender la sociedad. Curso en el Collège de Francia (1975-1976).
Fondo de Cultura Económica: Buenos Aires.
FUKUYAMA, F. (1992). El fin de la historia y el último hombre. Bogotá: Editorial Planeta.
———. (1989). “¿El fin de la historia?”. En revista The National Interest. Núm. 16 (ve-
rano de 1989).
LAVAL, C. y DARDOT, P. (2013). La Nueva Razón del Mundo. Barcelona: Editorial Gedisa.
LOREY, I. (2016). Estado de inseguridad. Gobernar la precariedad. Editorial Traficantes
de sueños: Madrid. Disponible en: https://www.traficantes.net/sites/default/files/
pdfs/Estado%20de%20inseguridad.%20El%20gobierno%20de%20la%20
precariedad_Traficantes%20de%20Sue%C3%B1os.pdf
MARCHARAT, O. (2009). El pensamiento político posfundacional. La diferencia política
en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
101
MARÍA ALEJANDRA CIUFFOLINI
RANCIÈRE, J. (2016). El Racismo, una pasión que viene de arriba. Disponible en: http://
anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2016/11/el-racismo-una-pasion-que-viene-
de.html
RIVERA CUSICANQUI, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa. Una reflexión sobre prácticas y dis-
cursos descolonizadores. Buenos Aires: Tinta limón.
SANTOS, B. de S. (2003). Crítica de la razón indolente. Contra el desperdicio de la ex-
periencia 1. Para un nuevo sentido común: la ciencia, el derecho y la política en la
transición paradigmática. Bilbao: Desclee de Brouwer.
VON HAYEK, F. (1976). Camino de servidumbre. Madrid: Editorial Alianza.